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¿William Blakely?


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¿William Blakely?

Dios mío, querrás decir Blockade Billy. Nadie me ha preguntado sobre él en años. Por supuesto, nadie me pregunta mucho aquí, además de si me gustaría anotarme en el Polka Night en el K del P Hall en el centro de la ciudad o algo llamado Bowling Virtual. Ése está en el Common Room. Mi consejo para usted, señor King —no me preguntó por uno, pero se lo voy a dar— es que no envejezcas, y si lo haces, no dejes que tus familiares te pongan en un hotel de zombies como éste.

Es algo gracioso envejecer. Cuando eres joven, la gente siempre quiere oír tus historias, especialmente si eres un profesional en baseball. Pero cuando eres joven, no tienes tiempo de contarlas. Ahora que tengo todo el tiempo del mundo, parece que a nadie le importan esos viejos días.  Pero todavía me gusta pensar en ellas. De seguro, te contaré sobre Billy Blakely.  Una historia horrible, por supuesto, pero esas son las duran más.

El baseball era diferente en esos días. Tienes que recordar que Blockade Billy jugó para los Titanes sólo diez años después que Jackie Robinson rompió el color de la barrera, y los Titanes desaparecieron hace tiempo. No creo que Nueva Jersey tendrá otro Liga Principal otra vez, no con dos centrales eléctricas cruzando el río en Nueva York. Pero era la gran cosa para entonces —nosotros éramos la gran cosa— y jugábamos en un mundo diferente.

Las reglas eran las mismas. Esas no cambian. Y los rituales eran bastante similares, también.  A nadie se le permitiría usar la gorra corrida a un lado, o rodear el borde, y tu cabello tenía que estar prolijo y corto (la forma en que éstos tontos lo usan ahora, Dios mío), pero algunos jugadores se cruzaban entre ellos antes de entrar al campo, o dibujaban en la tierra con la cabeza de sus bates antes de tomar su posición, o saltaban sobre la línea de base cuando corrían para tomar sus lugares. Nadie quería pisar la línea de base, se consideraba la peor suerte hacer eso.

El juego era local. La televisión había comenzado a venir, pero sólo los fines de semana. Teníamos un buen negocio, porque los juegos eran en WNJ, y todos en Nueva York podían verlos. Algunos de los locutores eran realmente graciosos. Comparado con la manera que hacen los juegos de hoy, todo era todo una noche aficionada en Dixie.  La radio era mejor, más profesional, pero por supuesto que era local, también. No había locuciones vía satélites, ¡porque no había satélites! Los rusos enviaron el primero durante el Yanks-Braves World Series ése año. Según recuerdo, ocurrió en un día que no jugamos, pero puedo equivocarme. Luchamos durante un tiempo, por parte gracias a Blockade Billy, pero sabes cómo eso resultó. Es por eso que has venido aquí, ¿no?

Pero a esto me refiero: Porque el juego era pequeño en un contexto nacional, los jugadores no eran la gran cosa. No estoy diciendo que no eran estrellas —chicos como Aaron, Burdette, Williams, Kaline, y por supuesto El Mick — pero claro que no eran conocidos de costa a costa como jugadores como Alex Rodriguez y Barry Bonds (no muy profesionales, si me lo preguntan). ¿Qué hay de los otros chicos? Te lo puedo decir en dos palabras: fiambres trabajando. El sueldo promedio en esa época era de quince grandes por año, menos que lo que hace un profesor de secundaria en su primer año de trabajo hoy en día.

Fiambres trabajando, ¿entienden? Como George Will dijo en uno de sus libros. Sólo que él habló de eso como si fuera algo bueno. No estoy seguro de que lo fuera, si fueses un campocorto de treinta años con esposa y tres hijos y tal vez unos siete años para retirarte. Diez, si tuviste suerte y no saliste lastimado. Carl Furillo terminó instalando ascensores en el World Trade Center y pasando las noches como cuidador, ¿sabías eso? ¿Sí? ¿Piensas que ese tipo Will lo sabía, u olvidó mencionarlo?

El tema era así: Si tenías las habilidades y podías hacer tu trabajo hasta con resaca, tenías que jugar. Si no podías, te rajaban como a una chatarra. Era simple. Y brutal. Lo que me lleva a nuestra situación de esa primavera.

Estábamos en buena forma en el campo, que para los Titanes era en Sarasota. El catcher era Johnny Goodkind. Tal vez no lo recuerdes. Si lo recuerdas, es de seguro por la forma en que terminó. Tuvo cuatro buenos años, bateó más de 300, puso ganas en casi todos los juegos. Sabía  cómo manejar a los lanzadores, no le costaba nada. Los chicos no se atrevían a sacudirlo. Él golpeó cerca de 350 esa primavera, con docenas de ding-dongs, uno tan profundo y lejos como ninguno que vi en el estadio Ed Smith, donde la pelota no se manejaba bien. ¡Rompió el parabrisas de algunos reporteros de Chevrolet, já!

Pero también bebía mucho, y dos días antes de que el equipo fuera al norte y abriera la temporada en casa, atropelló a una mujer en la calle Pineapple y la mató tan muerta como a una lira. O lo que sea que el dicho diga. Después el estúpido intentó correr. Pero había un coche de policía en la esquina del parque Orange, y  las personas dentro vieron todo. No había que dudar mucho sobre el estado de Johnny, tampoco. Cuando lo sacaron del auto, él olía como un barril de cerveza y apenas podía estar parado. Uno de los policías se inclinó para ponerle las esposas, y Johnny le vomitó en la parte trasera de la cabeza. La carrera de Johnny Goodkind en baseball terminó antes de que el vómito se hubiera secado. Hasta El Bebe no podría haberse quedado en el juego después de atropellar a una ama de casa haciendo sus compras matutinas.

Su respaldo era un tipo llamado Fran Farady. No era malo detrás de su profesión, pero un bateador en su plenitud. Fue cerca de uno-cincuenta. No a granel, lo que lo puso en peligro. El juego era difícil en esos días, señor King, con un montón de “vete a la mierda”.

Pero Faraday era lo que teníamos. Recuerdo a DiPunno decir que no duraría mucho, pero ni siquiera Jersey Joe tenía idea de cuánto tiempo.

Faraday estaba detrás del lugar de bateo cuando jugábamos nuestra última exposición de aquel año.

Fue contra los Reds. Hubo un juego tenaz. Don Hoak en el lugar de bateo. Un gran hombre –creo que era Ted Kluszewksi- en la tercera. Hoak golpea la pelota justo hacia Jerry Rugg, quien estaba lanzando para nosotros ese día. Big Klew rompe hacia el lugar del bateo; 270 kilos de él corriendo. Y estaba Farady, tan delgado como Flav’r Straw, parado en un pie. Sabías que iba a terminar mal.

Rugg la lanza a Faraday. Faraday se vuelve para poner el tag. No pude mirar.

Faraday se aferró a la bola y quedó fuera., le voy a dar crédito por eso. Sólo que era un entrenamiento de primavera, tan importante como en un gran régimen de cosas como un leve pedo en un fuerte viento. Y ése fue el final de su carrera de baseball. Un brazo roto, una pierna rota, una contusión –ésa fue su puntuación. No sé qué fue de él. Terminó lavando parabrisas por propina en una estación de Esso en Tucumcari, hasta lo que sé. No debió ser el único.

Pero aquí está el punto: perdimos a ambos lanzadores en cuarenta y ocho horas y teníamos que ir al norte sin nadie a quién poner en la zona de bateo, excepto por Ganzie Burgess, quién pasó de bateador a lanzador a principio de los cincuenta. Tenía treinta y nueve años en esa temporada y era bueno, pero era un pícaro, como Satán. Él dijo que me pondría a primero. Supe que estaba bromeando –yo sólo era un viejo entrenador de la tercera base con las pelotas prácticamente colgando hasa mis rodillas- pero la idea me dio escalofríos.

Lo que Joe hizo fue llamar a la oficina Front en Newark y dijo: “Necesito un chico que pueda atrapar la pelota de Hank y la curva de Danny Doo sin caerse en sus nalgas. No me importa si juega en Los Testículos Tirantes de Tremont, sólo asegúrate que tenga un buen guante y tenlo en el Swamp a tiempo para el Nacional Anthem. Después búscame un nuevo lanzador. Si quieres tener una posibilidad de ser parte del juego, ésta es.” Después cortó y encendió lo que probablemente fue su cigarrillo número dieciocho ése día.

Qué vida la de un manager, ¿eh? Un catcher enfrentado los cargos por homicidio; otro en el hospital, envuelto en tantas vendas que se parecía a Boris Karloff en La Momia; un lanzador no muy viejo para afeitarse o para estar listo para la Sociable Security; Dios sabe qué punto poner sobre el equipo y ponerse en cuclillas detrás de la zona de bateo el Día de Apertura.

Volamos al norte ese año en vez ir en tren, aunque se sintió como el recorrido de un tren. Mientras, Kerwin McCaslin, quien era el GM de los Titanes, nos llamó y nos encontró un bateador para empezar la temporada: William Blakely, pronto a ser conocido como Blockade Billy. No recuerdo ahora si vino de Doble o Triple A, pero puedes fijarte en tu computadora, supongo, porque el nombre del equipo de donde vino: los Davenport Cornhuskers. Unos pocos jugadores vinieron de allí durante los siete años con los Titanes, y nosotros siempre preguntábamos cómo era jugar para los Cornholers. O a veces los llamaban los Cocksuckers (chupa pollas). El humor del baseball no es lo que llamarías sofisticado.

Abrimos la temporada contra los Red Sox ése año. A mitad de abril. El baseball empezaba tiempo después en aquella época, y tenía una programación sana. Llegué al parque temprano ese día –antes de que Dios saliera de su cama, en realidad- y había un hombre joven sentado en el parachoques de un viejo camión Ford en el estacionamiento de los jugadores. La matricula de Iowa colgaba de un cable en la parte trasera del parachoques. Nick, el guardia, lo dejó entrar cuando el chico le mostró su carta de la oficina y su licencia de conducir.

-Debes ser Bill Blakely –dije, estrechando su mano-. Es un gusto.

-Es un gusto también –dijo él-. Traje mi uniforme pero está un poco golpeado.

-Oh, creo que podemos encargarnos de eso allí, compañero –dije, soltándole la mano. Tenía una curita envolviendo su dedo índice, justo debajo del nudillo-. ¿Te has cortado mientras te afeitabas? –pregunté, señalándolo.

-Sí, me corté mientras me afeitaba –dijo él. No supe si ésa fue su forma de demostrarme que entendió mi broma, o si estaba tan preocupado de echar todo a perder que pensó que debería estar de acuerdo con lo que dijéramos. Después me di cuenta que era así; él tenía el hábito de hacer eco a lo que se le dijera. Me acostumbré a eso, incluso me agradó.

-¿Eres el manager? –me preguntó-. ¿El señor DiPunno?

-No –dije-. Soy George Grantham. Puedes llamarme Granny. Yo entreno en la tercera base. También soy el manager de los equipos. –Que era verdad; yo hacía dos trabajos. Ya dije que los juegos no eran a gran escala como ahora-. Te lo arreglaré, no te preocupes. Todo un traje nuevo.

-Todo un traje nuevo –dijo-. Excepto por el guante, tengo que tener el viejo guante de Billy, ¿sabes? Billy Junior y yo hemos recorrido millas.

-Bueno, no tengo problema con eso. Y fuimos a lo que los escritores deportivos solían llamar esos días el Old Swampy.

Dudé en darle el 19, porque era el número del pobre de Faraday, pero el uniforme le quedó a la perfección como si no fueran pijamas, así que se lo di. Mientras se cambiaba, dije:

-¿No estás cansado? Debes haber conducido sin parar. ¿No te enviaron dinero para venir en avión?

-No estoy cansado –dijo-. Deben haberme enviado dinero para tomarme un avión, pero no lo he visto. ¿Podemos mirar el campo?

Dije que sí, y lo llevé por el corredor y por la cabina. Él caminó hasta la zona de bateo afuera de la línea de faltas con el uniforme de Faraday, el azul 19 destellando bajo el sol matutino (eran las ocho de la mañana, los jardineros acaban de empezar lo que sería un largo día de trabajo).

Desearía poderte decir cómo se sintió verlo tomar el camino, señor King, pero las palabras son lo suyo, no lo mío. Sólo sé que de espaldas se parecía más a Faraday que nunca. Era diez años menor, claro… pero la edad no muestra mucho de espaldas, a excepción de la forma de caminar de un hombre. Además era delgado como Faraday, y delgado es la manera que quieres a tu campocorto y a tu hombre de segunda base, no a tu bateador. Los bateadores deberían ser como los hidrantes de agua de las calles, como lo era Johnny Goodkind.

Éste parecía estar esperando un montón de costillas rotas.

Tenía un cuerpo más firme que el de Frank Faraday, culo más ancho y muslos más gruesos. Era delgado desde la cintura para arriba, pero observando el final de su culo desaparecer en sus pantalones, recuerdo haber pensado que se parecía a lo que probablemente era: un chico de Iowa de vacaciones en la escénica Newark.

Él fue hacia la zona de bateo y se volteó para ver el centro. Tenía el pelo oscuro y una mata de él colgando en su frente. Se lo empujó hacia atrás y se quedó allí parado observando –el silencio, asientos vacíos donde más de cincuenta mil personas estarían sentadas esa tarde, los palos de falta pintados de azul, los jardineros empezando a regar. Era una vista fantástica, siempre pensé, y no pude imaginar qué pensaba el chico, quien probablemente había ordeñado vacas una semana atrás y esperando a los Cornholers para empezar a jugar a mediados de mayo.

Pensé: El pobre chico finalmente está imaginando. Cuando me mire, veré pánico en sus ojos. Tendría que atarlo al cuarto de casilleros para mantenerlo alejado de saltar en ese viejo camión y volver al país de Dios.

Pero cuando me miró, no había pánico en sus ojos. No había miedo. Ni siquiera parecía tener miedo, que es lo que todo jugador siente en un Día de Apertura. No, él parecía estar perfectamente normal parado detrás de la zona de bateo en sus pantalones Levi’s y una chaqueta luminosa.

-Yuh –dice, como un hombre conformando algo que está muy seguro de eso-. Billy puede batear aquí.

-Bien por él –le respondo. Era todo lo que pude pensar.

-Bien –responde. Después –lo juro- el dice-: ¿Crees que esos tipos necesitan ayuda con sus mangueras?

Solté una risa. Había algo raro sobre él, algo apagado, algo que hacía a la gente ponerse nerviosos… pero ese algo hizo que la gente lo acepte, también. Un poco dulce.

Algo que te hacía quererlo a pesar de pensar que él no era lo principal de la historia. Joe lo sintió de inmediato. Algunos de los jugadores, también, pero eso no les impidió que les agradase. No sé, era como que cuando le hablabas lo que volvía era el sonido de tu propia voz. Como el eco en una cueva.

-Billy –dije-, ser jardinero no es tu trabajo. El trabajo de Billy es ponerle ganas y batear a Danny Dusen ésta tarde.

-Danny Doo –dijo.

-Ése. Veintiséis el año pasado, debería haber ganado el Cy Young, pero no lo hizo. Tiene el culo rojo por eso todavía. Y recuerda esto: si te sacude, no te atrevas a hacerle lo mismo. No a menos que quieras tu polla y el agujero de tu culo cambiar lugares después del juego. Danny Doo está a cuatro juegos de haber ganado doscientas veces, y va a ser tan malo como el infierno hasta que llegue a ése lugar.

-Hasta que llegue a ese lugar –asintió.

-Eso es.


-Si me sacude, haré algo diferente.

-Sí.


-¿Tiene buena velocidad?

-¿Tienes dos piernas? Los Doo han ganado ciento noventa y seis partidos. No haces eso sin una buena velocidad.

-No haces eso sin un velocidad –dijo-. Está bien.

-Y no te lastimes allá afuera. Hasta que la oficina pueda hacer un trato, eres lo que tenemos.

-Soy eso- dijo-. Te entendí.

-Espero que sí.

Otros jugadores iban llegando, y yo tenía unas miles de cosas que hacer. Después vi al chico en la oficina de Jersey Joe, firmando lo que sea que se necesita firmar con Kerwin McCaslin cerca de él como un buitre sobre un animal muerto en la carretera, señalando todos los lugares. Pobre chico, probablemente seis horas de dormir en las últimas sesenta, y estaba allí firmando cinco años de su vida. Más tarde lo vi con Dusen, yendo a la línea Boston. Los Doo estaban hablando, y el chico escuchaba. Ni siquiera preguntó algo, por lo que vi, lo que era bueno. Si el chico hubiera abierto la cabeza, Danny lo hubiera sacado afuera.

Una hora antes del juego, fui a la oficina de Joe para ver la carta de jugada. Tenía al chico bateando en la octava, que no me sorprendió. Por nuestras cabezas el murmullo había comenzado y podías escuchar las pisadas de los pies en las tablas. En los Días de Apertura la multitud siempre llega temprano. Escucharla me hizo sentir mariposas en mis intestinos, como siempre, y yo pude ver que Jersey Joe sintió lo mismo. Su cenicero estaba desbordando.

-No es lo que esperaba –dijo él, señalando el nombre Blakely en la carta de jugada-. Que Dios nos ayude si lo barren.

-¿McCaslin no encontró a alguien más?

-Tal vez. Habló con la esposa de Hubie Rattner, pero Hubie ha salido de pesca en algún lugar de la temperatura anal, Michigan. Fuera de servicio hasta la semana siguiente.

-Cap. Hubie Rattner tiene cuarenta y tres.

-Los mendigos no tienen opción. Y eso lo sé. ¿Cuánto tiempo piensas que el chico durará en las grandes?

-Oh, probablemente una taza de café –dije-. Pero tiene algo que Faraday no tenía.

-¿Y eso sería…?

-No lo sé. Pero si lo vieras estado parado detrás de la zona de bateo mirando el centro, te sentirías bien por él. Es como si estuviera pensando “No es la gran cosa como pensé.”

-Va a descubrir la gran cosa cuando Ike Delock le tire una en la nariz –dijo Joe, y encendió un cigarrillo. Fumó una calada y empezó a piratear -. Tengo que renunciar a éstos Luckies. “Ni un poco de tos en un vagón” mi culo. Te apuesto veinte dólares que el chico deja a Danny Doo ir a través de sus postigos. Entonces Danny va a estar enojado, sabes como se pone él cuando le joden algo, y Boston va a estar fuera por las carreras.

-¿No eres sólo el alegre Cherrio? –pregunté.

-Él sacará su mano. ¿Apostamos?

Y porque supe que él trataría de maldecirlo, estreché su mano. Gané esos veinte, porque la leyenda de Blockade Billy comenzó ése día.


No podía decir que él llamó un buen juego, porque no lo llamó. El Doo lo hizo. Pero el primer lanzamiento –a Frank Malzone- fue una cuerva, y el chico la atrapó bien. No sólo eso. Era un pelo de coño en el aire y nunca he visto a un catcher atraparla tan rápido, ni siquiera a Yogi. Ump llamó un strike uno y éramos nosotros a las carreras, por lo menos hasta que William bateó en la quinta. Pusimos la nuestra en la sexta, cuando Ben Vincent puso una. Después en la séptima, tuvimos un corredor en la segunda –creo que fue Barbarino- con dos fuera y el nuevo chico en la zona de bateo. Fue su tercer bateo. La primera vez él se ponchó mirando, la segunda se balanceó. Delock lo engañó ésa vez, lo hizo ver tonto, y oyó el único BOOS que oyó mientras usaba el uniforme de los Titanes.

Él pisa el campo, y mira a Joe. Lo ve parado en la línea, mirando el piso y sacudiendo la cabeza. Si el chico hubiera caminado un poco, el Doo lo hubiera seguido, y el Doo no podría batear un lanzamiento lento en un juego de softball con una raqueta de tennis. Como un bateador el chico era jodidamente terrible.

No voy a aumentar el suspenso, esto no es una novela de deportes infantil. Aunque el que dijo que la vida imita al arte estaba en lo correcto, y lo demostró ése día. El contador fue de tres y dos. Después Delock lanzó de la forma que engañó al chico tan mal la primera vez y maldición si el chico caía otra vez. Excepto que Ike Delock fue el tonto ésta vez. El chico la atrapó cerca de la punta de sus zapatos de la manera que Ellie Howard solía hacer y lo hizo de una sentada.

Todos en el campo estaban de pie, gritando con sus gargantas, pero el chico no parecía oírlos. Sólo se paró allí un segundo, sacudiéndose el polvo de sus pantalones. No estuvo allí mucho tiempo, porque los Doo fueron hacia él; que lanzó el bate como siempre hacía y comenzó a correr.

Entonces tal vez es una novela de deportes infantil, después de todo, como la que se lee en la primaria en el salón de estudios. Alto en el noveno y los Doo buscando todavía la línea.

Pasa a Malzone, y un cuarto de la multitud cayó en sus pies. Pasa a Klaus, y la mitad de la muchedumbre está a sus pies. Después viene Williams –el viejo Teddy Ballgame. El Doo lo agarra de la cintura, después se debilita y camina hacia él. El chico comienza a caminar hacia el montículo y Doo lo agita –siéntate y haz tu trabajo, Sonny. Así que Sonny lo hace. ¿Qué más va a hacer? El chico en el montículo es uno de los mejores bateadores en baseball y el chico detrás de la zona de bateo estaba tal vez jugando a Little Pickup Ball detrás del granero esa primavera para mantener la forma después de ordeñar las vacas.

¡El primer bateador, diablos! Williams despega un segundo. La pelota estaba en la tierra, difícil de manejar, pero de todas maneras el chico hizo una jodida lanzada. Casi atrapa a Teddy, pero como sabes, sólo cuenta con herraduras de caballo. Ahora todos están de pie, gritando. El Doo le grita al chico –como si fuera la culpa del chico en vez de porquería del lanzador- y mientras Doo le dice que es un perdedor, Williams pide tiempo fuera. Se lastima la rodilla un poco deslizándose hacia la bolsa. Porqué robó una bolsa ése día, no lo sé. De seguro no era un golpea-y-corre, no con dos fuera y el juego en línea.

Entonces Billy Anderson busca a tientas a Teddy… quien probablemente fue regiamente tostado por el manager sólo por el hecho de ser Teddy. Y Dick Gernert entra al campo, 425 baboseando porcentaje o algo así. La multitud se torna molesta, la bandera flamea, las envolturas están alrededor, las mujeres están llorando, los hombres están gritando para que Jersey Joe le dé un tirón a El Doo y que ponga a Stew Ranking –él es lo que la gente llamaría el íntimo hoy en día, aunque en aquella época era conocido como un especialista en el alivio.

Pero Joe cruzó los dedos y se apegó a Dusen.

El contador va tres y dos, ¿no? Anderson en el campo, ¿no? Porque él puedo correr como el viento y el chico detrás de la zona de bate es una torre de primer juego. Gernert, ese hombre no muy seguro, va bajo la curva y le da un pitido –no lo grita pero le da un pitido- detrás del montículo del campo, fuera del alcance de Los Doo. Él está ahí como un gato. Anderson corre a tercera y Los Doo lanzan desde sus rodillas. Ésa cosa fue una jodida bala.

Sé que estás pensando yo estoy pensando, señor King, pero está equivocado. Nunca se me ha cruzado por la mente que nuestro novato catcher iba a ser lastimado como Faraday y tener un solo juego en las grandes. Por un una cosa, Bill Anderson no era ningún alce como Big Klew; más que un bailarín de ballet. Por otra… bueno… el chico era mejor que Faraday. Creo que lo supe la primera vez que lo vi, sentado en el parachoques de su camión hecho mierda con su tan usado equipo de baseball.

El lanzamiento de Dusen fue bajo. El chico la atrapó entre sus piernas, después giró, y lo vi sosteniendo sólo el guante. Pensé en qué error de novato era ése, cómo olvidó el dicho dos manos para los principiantes, cómo Anderson iba a golpear la pelota y cómo intentaríamos ganar el juego. Pero el chico bajó su hombro izquierdo como un hombre de línea de fútbol. Nunca presté atención a su mano vacía, porque estaba mirando su guante de catcher, como todos allí. Entonces no vi con exactitud qué ocurrió, y nadie tampoco lo hizo.

Lo que observé fue esto: el chico corrió el guante hacia el pecho de Anderson mientras estaba a tres pasos de él. Después Anderson golpeó el hombro izquierdo del chico. Él se levantó y cayó detrás a la izquierda de la caja del bateador. El árbitro levantó su puño en señal de FUERA. Después Anderson comenzó a gritar y a agarrase el tobillo. Pude oírlo desde lejos, así que sabe que fue un grito desgarrador, porque los fans estaban aullando. Pude ver que los extremos de los pantalones de Anderson se tornaban rojos, y sangre comenzó a emanar de entre sus dedos.

¿Puedo tomar un poco de agua? Ponga un poco en el vaso de plástico, ¿quiere? Los vasos de plástico es todo lo que nos dan en las habitaciones, ¿sabes?; ningún vaso de vidrio permitido en el hotel zombie.

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