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Why I follow christ


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Fecha de conversión18.07.2016
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WHY I FOLLOW CHRIST
I have not seen clear statistical evidence that fewer Christians die of cancer than non-believers or that they are immune in greater degree from the diseases that afflict the human race. Some of the kindest, most selfless persons I have known have had more than their share of bad health.  The fact that they belong to Christ did not insulate them from disease.

Therefore, I will not follow Christ for promised healing

I will not deny or dispute evidence of restoration of health.  I will rejoice at every recovery from what seems to be hopeless, threatened death. I will not hesitate to pray for recovered health for my loved ones and acquaintances.  I will set no limits on what God may do but I will not follow Christ for promised healing.

I see no sign that Christians escape disaster and accident more often than others. I've helped dear friends empty muddy water out of dresser drawers and new appliances after a disastrous flood.  I remember as a child taking clothes to a widow with five children whose house had burned to the ground.  A bullet makes no detour around the body of a believer. .

Therefore, I will not follow Christ for any promised protection from disaster.

I will not scoff at amazing survivals nor deny that providence has and continues to work for the good of God's own.  I will continue to pray for protection from wicked men and tragedy, but I will not follow Christ for promised protection from accident or catastrophe.

I do not observe that Christians are especially favored with prosperity.  Like James, we've all seen the rich oppressing the poor and justice is rarely perfect in this world.  The psalmist has said that he "had not seen the righteous forsaken, nor his seed begging bread" and in the deepest needs of this life, that is certainly true but all of us have known people of integrity who have not prospered.

Therefore, I will not follow Christ for promised freedom from physical want or hope of affluence.

I'm not sure that Christians have stronger personalities or fewer neuroses than non-believers.  I do know that there is no bitterness like religious bitterness and no arrogance more insufferable.  I have watched Christians suffer emotional and mental disabilities and though it may seem heretical, I am not sure that I would really enjoy living in the same house with either the Apostle Peter or Paul.
God wills that the mind of Christ be formed in us and there is no doubt in my mind that the Christian's attitudes and actions will be improved by his Christianity, but I will not follow Christ for any promise of personality enhancement or perfection.

Why then follow Christ?  Why become a disciple of Jesus when life may become more complicated as He so often warned?

For one reason alone:

In Jesus we behold the face of God.  He is the truth, the everlasting truth, God in the flesh.  I know that in His life, death, and resurrection, I am reconciled to God, the giver of life.

I believe that nothing can separate us from the love of God.  He has all power and goodness and I trust Him and His promises.  To him, I offer my life, damaged or whole, brief or full of years.  It matters not.  He is the one certain thing in an uncertain world.  He is to be worshiped, not so something will happen to me or to the world.  Something already has happened to me and the world, but because He is God who, through Christ, has reconciled the world to Himself.  He saves me.  He is my justification.  He is the center that holds. To worship the God of our salvation, to offer sacrifices of praise and thanksgiving; that alone is our vocation.  We offer our lives to God, not so as to be healthy, wealthy, or wise, not even so to gain the strength to do great things for Him; we offer our lives to Him because He alone has claim upon us.  God is not a means to an end.

John C. Hutchinson Jr.




Por qué sigo a Cristo
No he visto evidencias claras en las estadísticas de que menos cristianos mueren de cáncer que los no creyentes o que ellos son inmunes en mayor grado a las enfermedades que afligen a la raza humana.

Algunas de las personas más bondadosas y más desinteresadas que he conocido han tenido su porción de mala salud. El hecho de que pertenezcan a Cristo no los protege de las enfermedades.

Por lo tanto, no voy a seguir a Cristo por promesas de salud.

No voy a negar la evidencia de diferencias o de la restauración de la salud. Yo me alegraré en cada recuperación de lo que parece ser imposible o una muerte sin esperanza. No dudaré en orar por la restauración de la salud de mis seres queridos y conocidos. No colocaré límites a lo que Dios pueda hacer, pero no voy a seguir a Cristo por promesas de sanidad.

No veo ninguna señal de que los cristianos escapen de los desastres y accidentes con más frecuencia que otros. He ayudado a queridos amigos a vaciar el agua lodosa de los cajones de su tocador y de sus electrodomésticos nuevos después de una inundación desastrosa. Recuerdo que cuando era niño llevamos ropa a una viuda con cinco niños cuya casa se había quemado totalmente. Una bala no se desvía alrededor del cuerpo de un creyente.

Por lo tanto, no voy a seguir a Cristo por ninguna promesa de protección contra los desastres.

Yo no haré el ridículo a las supervivencias asombrosas ni negaré que la providencia ha trabajado y sigue trabajando por el bien de los que pertenecen a Dios. Voy a seguir orando por protección contra las tragedias y contra hombres malvados, más no seguiré a Cristo por promesas de protección contra los accidentes de las catástrofes.

Yo no observo que los cristianos sean especialmente favorecidos con la prosperidad. Como Santiago, todos hemos visto la opresión de los ricos hacia los pobres y la justicia rara vez es perfecta en este mundo. El salmista dijo que "no había visto justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan" y en las necesidades más profundas de esta vida, esto es totalmente cierto, pero todos hemos conocido a personas de integridad que no han prosperado.

Por lo tanto, no voy a seguir a Cristo por promesas de liberación de las necesidades físicas o por la esperanza de prosperidad.

No estoy seguro de que los cristianos tengan personalidades más fuertes o menos neurosis que los no creyentes. Sé que no hay amargura, como la amargura religiosa ni arrogancia más inaguantable. He visto a creyentes sufrir problemas mentales y emocionales y aunque pueda parecer una herejía, no estoy seguro de que realmente me guste vivir en la misma casa, ya sea con el apóstol Pedro o Pablo. Dios quiere que la mente de Cristo se forme en nosotros y no hay duda en mi mente de que la actitud de los cristianos y las acciones se mejorarán por su cristianismo, pero no voy a seguir a Cristo por ninguna promesa de perfección o de mejora de la personalidad.

¿Por qué entonces seguir a Cristo? ¿Por qué convertirse en un discípulo de Jesús, cuando la vida puede ser más complicada, ya que tan a menudo El lo advirtió?
Por una sola razón:

En Jesús contemplamos el rostro de Dios. Él es la verdad, la verdad eterna, Dios en la carne. Sé que en su vida, muerte y resurrección, estoy reconciliado con Dios, el dador de vida.

Creo que nada puede separarnos del amor de Dios. Él tiene todo el poder y la bondad y confío en él y sus promesas. Para él, yo ofrezco mi vida, deteriorada o intacta, breve o llena de años. Eso no importa. El es la única cosa segura en un mundo incierto. Él debe ser adorado, no para que algo me suceda a mí o al mundo. Algo ya ha sucedido conmigo y con el mundo, porque El es Dios quien, a través de Cristo, ha reconciliado al mundo consigo mismo. El me salvó. El es mi justificación. Él es el centro que sujeta todo. El adorar al Dios de nuestra salvación, el ofrecer sacrificios de alabanza y acción de gracias, esto en sí es nuestra vocación. Nosotros no ofrecemos nuestras vidas a Dios, para estar sanos, ser ricos, ni sabios, ni siquiera para adquirir la fuerza necesaria para hacer grandes cosas para él; ofrecemos nuestras vidas porque Él es el único que tiene derechos sobre nosotros. Dios no es un medio para conseguir un fin.
John C. Hutchinson Jr.


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