Página principal

Vivimos al ritmo de internet. Sin embargo, lo inmediato, lo rápido y lo espontáneo no es lo propio del ser humano. Para poder elaborar un proyecto de vida y orientar los actos hacia él es necesario detenerse


Descargar 12.5 Kb.
Fecha de conversión21.09.2016
Tamaño12.5 Kb.
REFLEXIÓN: UNA HABILIDAD OLVIDADA

[Revista Nro.140 Por Luz Edwards


Vivimos al ritmo de internet. Sin embargo, lo inmediato, lo rápido y lo espontáneo no es lo propio del ser humano. Para poder elaborar un proyecto de vida y orientar los actos hacia él es necesario detenerse, pensar mientras actuamos y pensar por qué actuamos. Esto es reflexionar, una habilidad que todas las personas pueden desarrollar.
Un joven de 15 años va en la micro, sentado y escuchando música. En una parada se sube un hombre viejo. Si el joven se para y le deja el asiento habrá sido capaz de salir de sí mismo y mirar la situación de manera objetiva: “Yo voy cómodo, pero es a él a quien le corresponde mi asiento”, habrá pensado.

A esto se refiere la llamada habilidad reflexiva y es el arma perfecta para hacer frente al culto a la inmediatez y a seguir los impulsos que existen hoy día y que hacen más difícil tomar decisiones correctas. Porque reflexionar significa pensar sobre nosotros mismos; pensar sobre lo que pensamos y por qué lo pensamos; es evaluar nuestras propias acciones, sus causas y las consecuencias que tienen en mí y en los demás. Y esto no sólo en momentos especiales de quietud o en una hora semanal destinada a ello: la reflexión no es posterior a las acciones, sino que debe ser una actitud permanente que dirija todos los actos del ser humano.



El que quiere, puede

Reflexionar y enseñar a hacerlo suena algo difícil de conseguir y, en realidad, lo es. Sin embargo, se debe tener conciencia de que ser reflexivo no es más que actuar humanamente, es decir, una habilidad que todas las personas, por el hecho de serlo, pueden practicar y convertir en hábito. Los educadores -tanto padres como profesores- deben tener claro que para aumentar las probabilidades de que esto ocurra es importante comenzar a inculcar la reflexión en los niños desde sus primeros años de vida. Esto no significa que para un joven o un adulto sea demasiado tarde para aprender a reflexionar, pues nunca lo es. Pero teniendo en cuenta que los hábitos son conductas adquiridas, mientras antes los forme la persona, más fácilmente los interiorizará y los hará propios, como si siempre los hubiera tenido.


Al elegir, nos elegimos.

“La reflexión es la clave de la moralidad y, en definitiva, de la libertad”, afirma María José Ortúzar, licenciada y profesora en filosofía de la Universidad de los Andes. “Lo que distingue la vida animal de la humana es que el hombre puede conducirse a sí mismo hacia fines que él conoce y ha establecido. El hombre puede tener un proyecto de vida, preguntarse qué quiero hacer de mí, y eso se logra reflexionando, es decir, actuando de acuerdo a bienes objetivos y no según lo que mis impulsos o mis sentimientos dicten”, agrega.

María de los Ángeles Astaburuaga, profesora de antropología, dice que los padres deben educar a sus hijos con esta misma perspectiva, es decir, con visión de futuro, entendiendo que todo lo que se hace por un niño no es por un bien inmediato. “Los papás deben captar que la persona es un proyecto, que educar es modelar, guiar y dar herramientas. Y para lograrlo es necesario detenerse, parar el tiempo, pensar antes de decidir, salir del momento… Porque si no, te ahogas en el ‘papá quiero plata, quiero un auto’, que son peticiones que pueden ser infinitas por parte de los hijos”, aconseja María de los Ángeles Astaburuaga.

La habilidad de reflexionar y la capacidad de enseñarla suponen ver al hombre no como una cosa hecha, sino como un proyecto que se va constituyendo a través de las propias acciones de esa persona. “Desde luego que tenemos un temperamento, unos genes, un contexto social y cultural que nos condicionan, pero cada cual conduce su vida y lo que vives te va modelando”, explica María José Ortúzar. Por eso los niños deben saber desde chicos que tienen la libertad para decidir sus actos y que éstos no dan lo mismo, pues lo que hacen o dejan de hacer les repercute, los modifica, los aleja o los acerca hacia su meta. Es decir, los niños deben saber y sentir que son dueños de sí mismos y responsables de sus actos.


Quienes tengan esta visión de hombre, reflexionarán antes de actuar, pues tendrán conciencia de que al elegir, se están eligiendo a ellos mismos. Así, podrán incluso cambiar si es que no iban por el rumbo correcto. “Si un perro es muy violento, mátalo o enciérralo de por vida, en cambio a una persona ayúdala a darse cuenta de su error y a que tome conciencia de que es dueña de sí misma, que a través de la reflexión piense quién es, qué quiere y busque los bienes hacia los cuales quiere dirigirse”, ejemplifica María José Ortúzar. La reflexión también permite asumir de forma positiva los fracasos, que son inevitables en la vida de una persona, pues al descubrir dónde está el error se aprende y finalmente se saca ventaja de la situación.

Mientras más reflexivos, más humanos

La psicóloga y Doctora en Educación de la UC, Isidora Mena, explica que la habilidad reflexiva tiene dos componentes; uno biológico referido a la impulsividad, que determina cuánto le costará a la persona aprender esta forma de pensar que consiste en mirar las propias acciones y pensamientos desde afuera, con objetividad. El otro componente es la formación, donde influye la familia y el colegio, en términos de modelaje, de generar instancias de reflexión e incentivarla. “Este factor cultural puede corregir mucho la predisposición genética. Así, aprendiendo a reflexionar, alguien puede compensar las desventajas de su impulsividad natural”, asegura la psicóloga, quien dirige el programa Valoras UC.

Ser reflexivos tiene innumerables consecuencias positivas que se resumen en que permite trascender de lo inmediato e impulsivo, que es lo que nos acerca a lo animal.
En concreto, esta habilidad incide en cuatro áreas:


  • Desarrollo de la identidad: comprendemos mejor quiénes somos y lo que queremos ser.

  • Desarrollo de un proyecto de vida: permite fijarse metas y saber postergarse en función de ellas.

  • Actuar éticamente: ayuda a hacer congruentes las conductas y modos de actuar con los valores.

  • Sociabilidad: quien reflexiona sabe tomar la perspectiva del otro y, por lo tanto, valora y respeta a los demás.

Cómo fomentaar la reflexión



  • Hacer ver al niño que tiene las riendas de su vida y que es responsable de sus acciones.
  • Desde chicos ayudarles a postergar lo que quieren hacer en pos de lo que es mejor hacer.


  • Conversar mucho acerca de lo que sucede y por qué sucede, desde la puesta de sol hasta la pena que le dio, la rabia, los sucesos escolares o entre los hermanos, etc.


  • Enseñar un mirar sistémico: que se den cuenta de que la realidad no es lineal y simple, sino compleja; que una cosa o decisión influye en la otra y viceversa.


  • Preguntarle a los niños ¿por qué dices esto?, ¿qué piensas tú y por qué?, ¿cómo lo estás mirando para decir eso?, ¿que pensarían los demás de esto?


  • Pedir explicaciones de los errores para que el niño descubra qué acciones lo llevaron a equivocarse y así pueda aprender de ello.


  • No ser sobreprotector en el pensamiento: dejar que exploren y busquen respuestas; no hablarles tanto, sino preguntarles mucho.




La base de datos está protegida por derechos de autor ©espanito.com 2016
enviar mensaje