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Vivencias de Lourdes José María Macarulla Greoles


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Vivencias de Lourdes
José María Macarulla Greoles

La proximidad espiritual y geográfica a Lourdes nos ha propiciado a mi familia y amigos numerosas visitas a la gruta de Massabielle, en ocasiones muy diversas. En este momento recuerdo las cinco principales.


Revisión individualizada
La primera visita la realicé con mis padres en autocar desde Lérida. Una emoción especial fue pisar tierra francesa por primera vez, porque mi architatarabuelo Martín Greoles fue un militar napoleónico que cayó herido en Cataluña y, en vez de rematarlo, lo acogieron y curaron, de modo que se quedó y casó con mi architatarabuela catalana. En la gruta de Lourdes todos saludamos y rezamos a nuestra Madre la Virgen que nos aparecía tal como la habíamos visto en las postales.
La segunda la hice como despedida de mis compañeros de bachillerato. En el regreso, después de pasar por el Túnel de Viella, nos apeamos del autobús colectivo en Pont de Suert e hicimos un recorrido montañero, mediante camping itinerante, por el Pirineo leridano. Entre otras maravillas, vimos isards en el parque nacional de Aigües Tortes y nos cruzamos – a dos metros - con un jabalí en el Portarró d´Espot.
Historias colaterales
Al empezar mis estudios universitarios, la dueña de mi pensión, Dª Teresa, natural de Montblanc, me contó una curación milagrosa de la Virgen de Lourdes que no figura en los registros oficiales pero que ella conocía de primera mano. Por lo visto, una niña de 7 años sufría parálisis en las piernas debida a la polio. Sentada en su silla de ruedas se puso delante de la imagen de la Virgen y le rogó en voz alta que la curase. Al ver que no se cumplía su deseo, se enfrentó a Santa María con unas frases que suenan a grave irreverencia. Le dijo: “¡Mala, más que mala; podías haberme curado y no has querido. En cuanto lleguemos al pueblo me chivaré a tu madre!” (Por lo visto, Santa Ana es la Patrona de Montblanc). Durante el regreso en tren estuvo taciturna y enfurruñada. Pero al bajar la silleta del vagón, ya en el andén, la niña se encontró curada de repente; está claro que la Señora quiso premiar así la firme y robusta fe de la chiquilla y a la vez librarse de una regañina materna.
Cambio de domicilio acercándome aún más al Santuario
La tercera visita ya la hice cuando era Profesor, todavía soltero, de la Universidad de Navarra y acaban de operarme del estómago. Supe que mis padres irían a Lourdes desde Lérida y se hospedarían en el Hotel Martín. Yo tomé el tren desde Pamplona para coincidir con ellos en la villa pirenaica. Como llegué un poco antes, pregunté a la recepcionista del hotel, en mi mezcla particular de francés y catalán, cuándo llegarían mis progenitores. Ella, sonriente y guasona me respondió: “Oh! Vou parlé patuá!” y continuó: “Pobre petit enfant, il ha perdut a son pare e sa mere!”. Yo tenía entonces 25 años.

Como me quedaban molestias estomacales postoperatorias, hice la debida cola para la piscina y me bañé en aquellas gélidas aguas. Al salir me encontré tan mejorado que en los 54 años siguientes el estómago no me suele causar molestias apreciables.


La cuarta la hice con mi mujer e hijos para presentarlos a la Virgen, aprovechando que mis padres acababan de regalarnos un SEAT 600. Visitamos la gruta, rezamos una Salve colectiva y acampamos junto al río, al otro lado del Santuario. Como detalle curioso diré que en el regreso, a golpe de mapa, nos metimos en carreteras tortuosas de montaña, con curvas y puertos capaces de desesperar al santo Job. ¡Errores de un conductor novato!
Aproximaciones de profesionales
La quinta visita la hicimos mi mujer y yo en el regreso de un Curso de Ultracentrifugación celebrado en Munich (Baviera). Un colega de Pamplona se nos apuntó a nuestro coche para el regreso y…. no había estado nunca en Lourdes. Por ello fue un placer desviarnos un poco de la ruta más corta para saludar, otra vez, a la Señora de Massabielle.
Conclusiones
Ahora, cuando ya no puedo desplazarme para ver a nuestra Madre de Lourdes, veo que mis nietas, al regresar de sus visitas al Santuario, me traen unas botellitas de agua de la gruta y me las regalan. Siempre he pensado que la Virgen ha velado y vela por nuestras familias; sino ¿cómo se explicaría que en tantos viajes, cargados como vamos de niños, jamás hemos tenido la más mínima avería, ni percance, en los coches utilitarios en que solemos viajar?


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