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Violencia sexual infantil: debates, reflexiones y prácticas críticas corporación de Promoción y Apoyo a la Infancia ong paicabí. 2007 Registro de Propiedad Intelectual, Inscripción No 164. 109


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VIOLENCIA SEXUAL INFANTIL: DEBATES, REFLEXIONES Y PRÁCTICAS CRÍTICAS

Corporación de Promoción y Apoyo a la Infancia - ONG Paicabí. 2007

Registro de Propiedad Intelectual, Inscripción No 164.109

www.paicabi.cl

Compiladores:

Valeria Arredondo Ossandón

Psicóloga. Licenciada en Psicología de la Universidad de Valparaíso. Magíster en Psicología Social - Universidad ARCIS - Universidad Autónoma de Barcelona. Directora Centro de Intervención Especializada en Maltrato Infantil Grave – NEWEN, Viña del Mar – V Región, Chile. Miembro fundador de ONG de Desarrollo Corporación de Promoción y Apoyo a la Infancia – PAICABÍ. Docente Escuela de Psicología, Universidad del Mar - Valparaíso

Edgardo Toro Quezada

Trabajador Social. Licenciado en Servicio Social Universidad de Valparaíso. Magíster en Ciencias Sociales Aplicadas - Universidad de La Frontera Maestría en Ciencias de la Sociedad - Universidad Paris XII – Francia. Director Centro de Atención Especializada en Explotación Sexual Comercial Infantil ANTÚ, Valparaíso - Corporación PAICABÍ - V Región, Chile. Docente Escuela de Trabajo Social – Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.

II PARTE

LO VIOLENTO DE ESTA VIOLENCIA:

COMPRENSIÓN DESDE LA COMPLEJIDAD
Infancia y trauma desde una perspectiva familiar1

Edgardo Toro Quezada
INTRODUCCION

Buenos días a todas y a todos, un saludo y agradecimiento por la invitación y por la generación de esta iniciativa.

Encontrarse para compartir y reflexionar sobre un ámbito que nos convoca, a palabras del profesor Humberto Gianinni, nos implica y nos complica.

También nos encontramos para celebrar estos años de presencia de ustedes en la Región.

Y cuando algo es significativo, un aniversario, un instante, corresponde un alto en la rutina, una trasgresión al cotidiano.

Y aparece significativo celebrar por medio del pensar, como dice el filósofo Jorge Eduardo Rivera, “tomarle el peso a las cosas y que las cosas nos lleven”, “porque ignoramos, no sabemos”.

Sobre todo en este tiempo social de complejidad, en el cual las ciencias y disciplinas sociales se hacen cargo de la incertidumbre, de la fragilidad y fluidez de la época.

Y sobre todo en esta temática emergente, la Violencia Sexual Infantil, ya que es novedosa en su abordaje (relativo), pero de antigua data. Un ámbito de estudio de los últimos 40 o 50 años, pero de la cual sabemos de siglos anteriores.

A partir de lo solicitado la intención es compartir algunas inflexiones acerca del trabajo desde la intervención en violencia sexual infantil. Las reflexiones son producto de un trabajo colectivo. En este sentido estaré en parte como autor, coautor o vocero de ideas.

El esfuerzo, por tanto, es más que teorizar sobre la práctica, conceptualizar nuestras


prácticas.
Temas que emergen
De lo que hablamos inicialmente es de tres ámbitos del todo complejos para nuestra

sociedad:




  • Violencia, como una construcción social, desnaturalizada, desesencializada, fuera de categorías

morales (bien y mal) leída como una práctica social, como un modo de hacer algo.


  • Sexualidad, con toda la carga de erotización, comercialización, genitalidad y carencia de

formación. Espacio de lucha de los temas valóricos.


  • Infancia, como una categoría social que captura diversos y heterogéneos grupos sociales.

Ahora bien, tomando como punto de partida los elementos planteados en el título de la

presentación, elaboraremos algunas relaciones.
Cuando hablamos de la infancia, ¿en quién pensamos? ¿Quiénes son los niños, niñas y

adolescentes, qué imagen es la que aparece cuando hablamos de este grupo social?


Constatamos, más bien, que se nos aparece una cierta heterogeneidad. Por un lado la tensión

entre miradas que tratan de explicarnos sus posibilidades de acción, etapas de vida, estadios de

desarrollo y sus biografías cargadas de situacionalidad, es decir, posición en la estructura social y

modos de vida cultural.


Luego, esta infancia también se ubica en relación con el mundo adulto e iniciamos una

discusión entre el tránsito de lógicas de relación adultocéntricas a lógicas de relación donde decimos,

reconstruimos las relaciones entre el mundo adulto y el mundo infanto juvenil. Estamos en ese

tránsito que implica nombrar también ese momento de mayor respeto.


Finalmente, este grupo se nos presenta con un nuevo estatus, decimos “los niños ahora son

sujetos de derecho”. Incorporamos la Convención Internacional a nuestros discursos y a nuestras

prácticas.
En este sentido parece existir un cierto acuerdo social en esta incorporación, lo que sí parece

ser un desafío es la construcción social que significaría para los diferentes actores ser portador de

derechos y como se traduce en tipos y modos de relación.

Trauma y reparación
En relación ahora a la idea de Trauma, aparece muy claramente un proceso que suele ocurrir

en las ciencias y disciplinas sociales donde se utiliza una metáfora para señalar una situación y luego

la metáfora se convierte en un hecho.
La idea de herida, etimológicamente trauma, permite asociar esta forma de materialidad

visible a eso que le ocurre al individuo en su inmaterialidad. De ahí la ideas de daño y reparación.


Esta noción alojada en el individuo fue ampliada en Latinoamérica por la idea de trauma

psicosocial, aludiendo a la serie de procesos que no solamente dañaban al individuo en sus estructuras

psíquicas sino dañaban o causaban heridas tanto en la subjetividad como en los lazos sociales. Por

tanto, como manifiesta Martín-Baro, el trauma se instala no en los individuos sino en la sociedad,

dado que su génesis está en la sociedad. Otra idea expresada en este ámbito es la traumatización

extrema, refiriéndose a las situaciones totalitarias de violencia.


Desde un punto del micro espacio, de lo que hablamos es de la gestión del dolor o el

sufrimiento de los niños y sus familias, que en el caso de la Violencia Sexual Infantil, asumiendo las

diversas posibilidades y situaciones tiene que ver con la confianza, la intimidad, la sexualidad, los

vínculos, la percepción de control, la percepción de cambio.2

Sin embargo, en el mismo acto del dolor está dialécticamente la potencia del alivio, la

sanidad, lo que nosotros vemos todo el tiempo que de las situaciones “más dolorosas” emerge el

potencial de lo humano en sus relaciones solidarias y afectivas.


Aquí el primer desafío para los que trabajamos con otros: aceptar con fortaleza ese dolor y

saber cuánto y cuándo hacer algo por el otro potencia o limita la posibilidad de ser sujeto.


¿Qué descubríamos que hacíamos en el trabajo de “reparación”?, circulábamos por los

espacios de la violencia: relación de afecto, de confianza, de intimidad, relación adulto niño,

privada, y el quiebre justamente estaba en lo no abusivo y en la recuperación del control del niño

de la situación.



Sobre familia y familias
Vemos sistemáticamente, en variados espacios de conversación y/o formación (cursos,

seminarios o trabajos con padres y madres) que cuando se comienza a hablar de la familia, nada

más propio en tanto vivencia cotidiana, aparecen en general imágenes o construcciones sociales que

tienden a ponerla en un cierto lugar y adoptando ciertas cualidades que distan de las posibilidades

de realidad incluso de cada una de nuestras familias. Entonces, una primera consideración en las

miradas familiares: los relatos y por tanto las prácticas asociadas se constituyen desde espacios de

idealización y deber ser.
Este movimiento se tensiona con las transformaciones demográficas y culturales en curso,

tanto en los individuos como en la misma institución familiar.


Según datos del Informe de Desarrollo Humano 2002, por ejemplo, los encuestados expresan

que “Las familias en la actualidad son”:




  • Una institución en crisis, 31%




  • Una fuente de tensión y problemas, 28%




  • Un refugio frente a los problemas, 24%

  • Un

lugar de Amor, 15%


  • Un

NS-NR, 2%.3
Estos cambios han impactado significativamente en las relaciones familiares, tanto en las

formas de relación, como en las expectativas frente a la pareja, los hijos ser hombre y ser mujer.


Por tanto, la familia como institución se cualifica como un Espacio idealizado, un Espacio en

transformación, un Espacio de acogida y conflictos.


A partir de estos elementos vale plantear algunas consideraciones para el trabajo:


  • Salir de criterios morales (bien, bueno, mal, malo) en el análisis, es decir abandonar el lugar

del juicio, para ubicarse en el lugar de la comprensión analítica. Este giro tiene sentido

dado que primero, desde un punto de vista ético ¿quién nos puso en ese lugar?, por cierto

lugar privilegiado. Desde un punto de vista analítico esto implica tomar el devenir, es decir

las posibilidades que las condiciones de la situación otorgan versus el deber ser, ese lugar

predeterminado que genera la lógica de débito de ese ideal.


genérico como la figura masculina. Esto significa sostener una actitud de respeto por los padres,

independiente de lo que hagan estos, dado que se ve que algo que se sostiene imperturbable

(y con la conflictividad que implica) es la lealtad de las niñas, los niños y adolescentes por sus

padres (independiente que tengan contacto o vivan con ellos).




  • Un último punto a considerar se orienta a la instalación de una mirada familiar que incluya la

historicidad grupal, es decir una mirada familiar transgeneracional. En este sentido variadas

situaciones de violencia sexual infantil se hacen comprensibles si se revisan los antecedentes

históricos familiares y se visualizan los nudos de implicancia de generaciones actuales con

generaciones pasadas, las herencias o los mandatos familiares.


Para apoyar esta mirada, son útiles los desarrollos conceptuales del terapeuta Bert Hellinger,

quien ha planteado desde un punto de vista sistémico, algunos ordenes que, al verse alterados

transgeneracionalmente, implican al sujeto y sus relaciones familiares.
Estos ordenes serían: Pertenencia, es decir, que cada miembro de la familia (con la mirada

sistémica e histórica) tiene derecho a pertenecer por el sólo hecho de ser parte de esa familia.

Justamente cuando se excluye a algún miembro de la familia el sistema lo “vuelve a incluir” ya

sea a través de otro o a través de un síntoma. Jerarquía, es decir, que los que llegaron antes (en

el sistema familiar) son primeros que los que llegaron después. Antes no es mejor o peor, es sólo

antes. Se produce desorden cuando los que llegaron después toman el lugar de sus antecesores

(ejemplo: padres- hijos, parentalización). Equilibrio entre el dar y el tomar, las relaciones humanas

se sostienen sobre el intercambio entre lo que se da y lo que se toma: Este intercambio se moviliza

en el desequilibrio y la deuda que se instala al dar y tomar que sólo se restituye al nuevamente dar y

tomar del otro, Así si lo que se da es agradable y siempre se da un poco más, eso agradable aumenta.

Si lo que se da es desagradable y se da un poco menos, eso desagradable disminuye. Siempre existiría

un desequilibrio en la relación padres hijos ya que lo que ellos dan no se puede equilibrar, la vida.


Desde este planteamiento, lo que circula o se estanca en orden, desorden sería el amor, como

elemento central de las relaciones humanas y familiares.



Reflexiones y tensiones en el tema
A partir de estas incipientes reflexiones, podemos establecer como ejes de discusión:


  1. Tensión Público – Privado: Si se ve, tanto por las transformaciones socioculturales como

sociopolíticas, lo que acontece al interior de la familia tiene contenidos de intimidad que no serían

privativos (privados) de la discusión, supervisión o interés públicos, tanto de agencias como de

política pública. En ese sentido parece seguir siendo una tensión los límites de estos alcances, la

percepción de vulneración – protección que los individuos pueden otorgar a estas acciones y, por

otro lado, las demandas que los sujetos hacen de la acción pública.


  1. Obstaculizadores de la intervención: Vemos en el trabajo cotidiano, que algunas ideas

o principios que organizan o sostienen la intervención a veces se transforman en ciertos límites u

obstáculos para la misma. Tres ejemplos:




  • Confidencialidad de la relación, a veces este principio pone en jaque la posibilidad de la

develación de una situación o su denuncia, dado que la revelación puede darse en un cierto

tono emocional de intimidad, que potencialmente atrapa al interventor en cuidados o lógicas

que son más propias de la persona afectada que del que está allí para la relación de ayuda y

que limitan la posibilidad de desnaturalizar o descentrar la violencia.



  • El cuidado del Vínculo, bajo esta forma particular de relación, es decir el encuadre y subjetividad

creada en la relación de ayuda. A veces se utiliza el no rompimiento o pérdida del vínculo

como argumentación o fundamentación para no tomar medidas que pudiesen ser develatorias,

derivadoras o de control social. De todas maneras, hay algo del vínculo que es institucional y

por tanto posee una dimensión instrumental en el sentido que pretende algo (intencionado)

y es útil para alguien. En este caso generalmente lo que tensiona el vínculo es la protección

versus la confidencialidad o confianza.




  • La gestión de las crisis, de alguna manera frente a la complejidad de las situaciones de violencia

sexual infantil, aparece como criterio de orientación de ciertas acciones: evitar conversaciones

o medidas que generen crisis, entendida ésta ya sea como el desborde o la visibilización de

la problemática. Esto se ancla en elementos culturales que sin embargo aparecen contrarios

a algunos ejes de la intervención en violencia sexual como es contener/encauzar la crisis o

generar la crisis. Significa reconocer que de sí una situación de violencia sexual infantil se

instala como alteradora o crítica.




  1. Lugar de la Intervención: Nos parece interesante reconocernos desde los propios sujetos

que participan en nuestras organizaciones. Para ellas y ellos algo de la relación que se construye, y

con las cualidades con que aparezca (respeto, acogida, confrontación, enojo) tiene sentido porque es

una relación con una institución. A veces pasa que los propios interventores confunden la posición

y creemos que hay algo de personal en la relación. Es cierto que es a través de los individuos que se

vehiculiza la acción, sin embargo, esto no implica que la relación sea una relación de ayuda (en el

sentido más amplio del término) e institucionalizada.

Por otro lado, a partir de de evaluaciones de carácter cualitativo de los programas, cuando

se indagaba acerca de la violencia y como era significada por los participantes niños y adultos

participantes aparecía de manera recurrente que se hablara del mismo Centro y de los integrantes de

los equipos. Inicialmente se interpretaba como no haber entendido el sentido de las preguntas o de

lo que se quería indagar, sin embargo, nos pasó que contrario a un lugar distinto, los participantes

adultos y niños nos indicaban que nuestro lugar era dentro de la violencia. Podía ser un lugar

acogedor, el menos terrible o amenazador de la Violencia. Tomar conciencia de esta representación

de los participantes nos lleva a pensar en la idea de matriz de violencia, es decir la serie de redes

de relaciones que emergen a partir de los procesos y actos de violencia sexual infantil. Y allí se nos

ubicaba, en el entramado.



Para finalizar
Como se ve, se han indicado algunas reflexiones elementales que aparecen del cotidiano de

la intervención en violencia sexual infantil. Por cierto, nos queda un cúmulo de temas: los equipos y

la construcción de subjetividad, los efectos e impactos de la intervención, la relación entre cultura y

política pública, la cultura que sostiene las prácticas abusivas, las implicancias de los interventores

en tanto ciudadanos, entre otros.
Para finalizar, nos parece sí que, siguiendo las palabras de Luckman, en la realidad social

circula un conocimiento cotidiano sobre los cambios en el estado de las cosas. Ese conocimiento

establece cosas que no cambian. También establece que cambiarían por sí mismas en un devenir

desconocido y habría cosas que sólo cambiarían de mediar la acción humana.


Nos parece cada vez más que la violencia sexual infantil se estaría ubicando en esta última

coordenada, lo que nos devuelve todas las posibilidades como sujetos sociales



Bibliografía


  • Hellinger, Bert, “Los Órdenes del Amor” Editorial Herder, Barcelona , España, 2002




  • Luckman, Thomas, “Teoría de la acción social” Editorial Paidos, Barcelona España, 1996

  • Martín-Baró, I. “La violencia política y la guerra como causas del trauma psicosocial en El

Salvador”. Revista de psicología de El Salvador. 9 , 1, El Salvador 1999

  • Morales, G. “Subjetividad, psicología social y problemas sociales. Revista de psicología/ Universidad de Chile”. 6 , 1, Santiago de Chile, 1997

  • Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, “Informe de Desarrollo Humano 2002,

Santiago de Chile, 2003

  • Weber, Günthard, “Felicidad Dual”, Ediciones Herder, Barcelona, España, 2004



1Artículo basado en la ponencia del mismo título presentada en el Seminario: “Abuso Sexual Responsabilidad de Todos”, organizado por el CAVAS en Viña del Mar, Julio de 2006

2Estas reflexiones son tomadas a partir de diversos estudios realizados en el centro NEWEN (ONG PAICABÍ) entre los años

1998 y 2005.



3Fuente: Encuesta PNUD 2001, Informe de Desarrollo Humano 2002, Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, parte 5,

capítulo 1, Santiago de Chile, 2002.






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