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Viii congreso internacional de costos I congreso de la asociacion uruguaya de costos


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VIII CONGRESO INTERNACIONAL DE COSTOS
I CONGRESO DE LA ASOCIACION URUGUAYA DE COSTOS


La Función de Producción Alternativa
Hacia el Costeo del Potencial

Prof. Alfredo Kaplan

Prof. Enrique S. Pèes Boz

Universidad de la Empresa del Uruguay

Asociación Uruguaya de Costos
Tel. (0598) 2 902 9083

e-mail: aurco@adinet.com.uy


Palabra Clave: Costeo del Potencial.

Temas: El Costo y la Toma de Decisiones.
Aplicaciones de los Sistemas de Costos en relación con la competitividad y productividad.

Recursos Audiovisuales: Proyección de presentación en PowerPoint.




La Función de Producción Alternativa

Hacia el Costeo del Potencial

Palabra Clave: Costeo del Potencial.

Temas: El Costo y la Toma de Decisiones.
Aplicaciones de los Sistemas de Costos en relación con la competitividad y productividad.

RESUMEN

El trabajo se orienta a promover la incorporación de un Sistema de Costeo Variable Estándar del Potencial, para el seguimiento y la prospectiva de la gestión empresarial, mediante la inclusión, en los Cuadros de Mando, de indicadores de oportunidad y distancia al punto de quiebre de la Función de Producción activa y, consecuentemente, al nivel de producción y venta que fundamente la oportuna toma de decisión, sobre la migración hacia una Función de Producción alternativa.


El contenido incluye una introducción de carácter macroeconómico, en la cual se describen los aspectos vinculados al Producto Potencial, así como un desarrollo de la evolución de los distintos conceptos integrados a los Sistemas de Costos y, en particular, a la Función de Producción, en la Historia del Pensamiento Económico. Ya en el nivel microeconómico, a continuación se fundamenta la necesidad del método, diferenciando, básicamente, los requerimientos empresariales sobre eficiencia y potencial. Finalmente, se incorpora la propuesta de un Costeo del Potencial, a través de la contabilidad de la empresa o, alternativamente, en esquemas de benchmark extracontable.
Las características de la Propuesta, estructurada a partir de estudios previos y especializados de los autores, conducente a la discusión preliminar de las ideas que desde el trabajo se impulsan, exime a su contenido de incursionar en los detalles de implementación, lo que actualmente es objeto de investigación complementaria que, concluida, posibilitará la difusión del consecuente software de aplicación.




  1. OBJETIVOS Y ALCANCE

El trabajo se orienta a promover la incorporación de un Sistema de Costeo Variable Estándar del Potencial, para el seguimiento y la prospectiva de la gestión empresarial, mediante la inclusión, en los Cuadros de Mando, de indicadores de oportunidad y distancia al punto de quiebre de la Función de Producción activa y, consecuentemente, al nivel de producción y venta, que fundamenten la oportuna toma de decisión, sobre la migración hacia una Función de Producción alternativa.


Las características de la Propuesta, sustentada en obras anteriores de los autores –“Un Puente Milenario; Evolución de la Economía en la Historia”(1) de Enrique S. Pèes Boz y, “El MOEP y el PEEP, luces amarillas en el tablero de las decisiones empresariales”(2) de Alfredo Kaplan- y conducente a la discusión preliminar de las ideas que desde el trabajo se impulsan, exime a su contenido de incursionar en los detalles de implementación y desarrollo del método, lo que actualmente es objeto de investigación que, concluida, posibilitará la difusión del consecuente software de aplicación.



  1. MARCO CONCEPTUAL I: EL APORTE MACROECONÓMICO




    1. Macroeconomía: El Producto Potencial

Un recorrido previo por la macroeconomía, nos permite encontrarnos con el concepto de Producto Potencial, generalmente definido como “el máximo Producto que una economía puede alcanzar, sin generar alzas inflacionarias”(3), las que, en otras palabras, constituyen desequilibrios indeseados en el desarrollo económico. Y en un paralelismo preliminar con el ámbito empresarial, reconocida es la ineficiencia que ocurre a partir de la utilización de la infraestructura y de los recursos humanos, más allá de determinada capacidad que, superada, producirá deseconomías, tales como excesivos costos incrementales, imprevisibles y, finalmente, generadores de eventuales paralización de los procesos.

La tendencia estimada del Producto Potencial, contribuye a ubicarse sobre el sendero del crecimiento sostenible, mientras que la cuantificación de la brecha entre aquel y el Producto Real, aporta información de referencia para la evaluación de probables acontecimientos, en el corto plazo, tales como las mencionadas presiones inflacionarias. La propia discriminación entre tendencia y ciclo, “enriquece la comprensión del fenómeno económico y permite tomar medidas más adecuadas ante eventos aleatorios, en función de cuál sea el componente afectado.”(4) Y en microeconomía, el empresario, en conocimiento de su actual capacidad utilizada y, fundamentalmente, de su participación de mercado y perspectivas, requerirá, para el mantenimiento de una prospectiva permanentemente actualizada, no solamente de indicadores sobre su capacidad ociosa y los consecuentes costos de oportunidad, que el Costeo Variable Estándar le podrían proveer, sino también de elementos de juicio para la toma de decisiones, sobre un oportuno cambio de la selección y combinación de factores de producción.
Uno de los enfoques que los economistas utilizan para la evaluación de las brechas o “output gaps”, específicamente recomendado por el Fondo Monetario Internacional (FMI), es el Enfoque de la Función de Producción, el que procede a ajustar una expresión de tipo Cobb-Douglas(5), vinculante del Producto con el capital, el trabajo, según la calidad de la mano de obra y, la productividad total de los elementos integrados (PTF). El Producto Potencial se estima como aquel que “resulta cuando las tasas de utilización de la capacidad instalada son normales, cuando la utilización de la mano de obra es consistente con la tasa natural de desempleo y cuando la PTF está en su nivel de tendencia. Es decir, el Producto Potencial es aquel nivel de producto que se obtendría si todos los factores de producción fueran totalmente utilizados.”(6) Generalmente, al método se le ha cuestionado su exclusiva vinculación a una forma funcional en particular. Consecuentemente, se han desarrollado instrumentaciones complementarias, tales como el filtro de Beveridge-Nelson (BN), el de Hodrick-Prescott (HP) y el de la tendencia segmentada, asumiendo esta última que la tasa de crecimiento del Producto Potencial, se verá afectada por los cambios ocasionados por quiebres estructurales ocurridos en momentos específicos, siendo, en el resto, constante.

Y una vez más encontramos similitudes con el devenir, en el campo microeconómico, de nuestra particular ciencia o arte: el costeo y la extracción de indicadores para la toma de decisiones empresariales. En efecto, desde los primeros sistemas formales de costos, publicados por John Walker en Liverpool, Inglaterra, en el año 1875, bajo el título de “Costo primo para ingenieros, fundidores de acero, constructores de puentes y calderas, etcétera, explicado prácticamente con el método para obtener los promedios necesarios(7), claramente vinculados a costear lo ya ocurrido y, consecuentemente, a los sistemas de costos históricos, surgirán, en el siglo XX, las críticas y las iniciativas de Harrington Emerson, en 1910 y de G. Charter Harrison, en 1922, dando lugar a los “Sistema de Costos Standard”. Serán luego complementados, durante las décadas de los 20 y de los 30, con la incorporación del “presupuesto flexible”. A partir del año 1934, las distorsiones provocadas por las variaciones de volumen, se investigarán por Jonathan Harris y G. Charter Harrison, quienes desarrollarán las bases de lo que conoceremos como el Costeo Directo o Costeo Variable. Finalmente, C. Robert Fay, quién había participado en el diseño del presupuesto flexible, como integrante del equipo de técnicos de Westinghouse, introducirá el “Costeo Directo Standard”, que actualmente identificamos como origen del Sistema de Costeo Variable Estándar.


Es esta una evolución que mucho valoramos, aunque estrictamente focalizada en el perfeccionamiento de la cuantificación de los costos reales y de la identificación del nivel de eficiencia alcanzada. La competitividad que en el siglo XXI se demanda, por parte de consumidores cada vez más sofisticados, intercomunicados y cambiantes, requiere del empresario una constante atención en la evolución tecnológica y en la logística e innovación intra-grupo, intentando rescatar el “beneficio extraordinario” que definieran Joan Robinson (1903-1983) y Edward H. Chamberlin (1899-1967)(8), lo que exige una oportuna provisión de indicadores de costo-beneficio por parte del asesor, respecto a cuándo proceder al cambio de Función de Producción y comercialización. A esta nueva exigencia, ubicada más allá de la propia explotación eficiente de la capacidad instalada, atiende nuestra propuesta de incorporar el Costeo del Potencial, expandiendo la tecnología del Costeo Variable Estándar, hacia una evaluación permanente de la brecha entre los resultados actuales, los eventualmente obtenibles por mejoras en la eficiencia y, finalmente, los que podríamos conquistar a través de un cambio de mezcla de factores de producción.


    1. Los Costos en la Historia del Pensamiento Económico


El fin del comienzo(9)
Los gremios de artesanos, los “putting-out” y las protofábricas, con la escasa competencia y una vida económica estrictamente reglamentada, que caracterizaba a la Edad Media, no eran el escenario más adecuado para el desarrollo de un perfeccionado sistema de costeo e indicadores derivados, para la toma de decisiones. Será a partir de la Revolución Industrial y, especialmente, con su desarrollo acelerado durante el siglo XIX, donde, impulsados por la mano visible - identificando por tal a los nuevos escenarios de negocios y, en particular, a sus técnicas y estrategias para la conducción- de Alfred D. Chandler Jr.(10), se diseñarán los primeros “Sistemas de Costos”, en el año 1875, por parte de John Walker, cuando ya había comenzado la Gran Depresión (1873-1895) y la medición de los insumos utilizados en la producción, se volviera un requerimiento impostergable. Walt W. Rostow(11), aplicando sus cuatro etapas del crecimiento econó­mico, concluiría que, a partir de la sociedad tradicional que rigió la vida euro­pea hasta el siglo XVI, será en el siglo XVII y principios del siglo XVIII, cuando se verifi­quen las condiciones previas para el impulso inicial, especialmente en Inglaterra. Identificará a la Revolución Industrial con el impulso inicial o take off, constituyéndose en la “gran línea divisoria en la vida de las sociedades modernas”. Ven­drán luego la marcha hacia la madurez y, finalmente, la era del alto consumo en masa. Un enfoque similar, sería desarrollado por Friedrich List(12), quien nos dejará un legado por demás interesante, expresando que, “el poder de crear riqueza, es infinitamente más importante que la riqueza misma”. Una interpretación empresarial de este último aserto, servirá para diferenciar el potencial productivo, de la producción corriente y, adicionalmente, de la propia capacidad ociosa.
La Función de Producción y el Rol del Empresario
Jean-Baptiste Say (1767-1832), discípulo francés de Adam Smith, afirmará que, en tanto el trabajo, los recursos naturales y el capital deban ameritar su remuneración y, consecuentemente, tengan valor sólo si proporcionan servicios productivos para crear utilidades, será el empresario quien desempeñe el rol protagónico, en la búsqueda de una integración óptima de la Función de Producción. En su teoría del empresario, Jean-Baptiste Say lo incorpora a la propia vida económica, como responsable de vincular a los mercados de bienes y servicios, con los mercados de factores de producción. Aseverará Say que, los empresarios, “son los intermediarios que demandan los servicios productivos requeridos por todo producto, en relación con la demanda del producto”(13). Si recordamos su Ley de los Mercados –que en suma expresaba que toda oferta genera su propia demanda- comprenderemos lo que el empresario representa, para el logro de los equilibrios económicos deseados. Su forma de razonar, esencialmente marginal y no retrospectiva, será destacada, medio siglo después, por Stanley Jevons(14) (1835-1882), quién integró la primera generación neoclásica.
Los últimos años del siglo XIX y los comienzos del siglo XX, serán el escenario para la profundización en conceptos como los “costos marginales”, los “rendimientos decrecientes” y, en particular, la diferenciación de los costos fijos y variables, en relación con los períodos considerados. La Curva de Oferta, de inclinación positiva, para Alfred Marshall (1842-1924) representará la evolución de los costos marginales y, más específicamente, el tramo superior de los mismos, una vez que aquellos han superado al costo medio. Surgirá entonces el precio, en competencia perfecta, el que deberá responder a las características impuestas por los cuatro períodos que Marshall distinguía: el período de mercado; el período corto; el período largo; y, finalmente, el período secular, durante cuyo transcurso no sólo se podrán variar los componentes de la oferta, sino que, también, son esperables cambios generacionales en la demanda, ejemplos de los cuales serían las modas, los gustos y las costumbres.(15)
Los rendimientos decrecientes en la evolución de los costos y, en especial, en el formato de la curva de costos marginales, Marshall los asociará –ahora en una perspectiva del largo plazo- con la escasa e insuficiente evolución de la capacidad de dirección empresarial, la que se transformaría en la limitante y, en particular, en la causa de la evolución en “U”, de la curva de costos. Consecuente-mente, sostendrá que, “... la capacidad de dirección es a la evolución de los costos, en el largo plazo, como lo es, en el corto plazo, la rigidez limitante de los equipamientos fijos”(16). Joseph A. Schumpeter (1883–1950), en su obra The Theory of Economic Development, publicada en el año 1911, también identificaría al empresario como el causante del desequilibrio recurrente que caracteriza al Capitalismo. Y no lo hará peyorativamente, sino que, por el contrario, estimando su actuación como promotor decisivo del éxito del Sistema. El capitalista, con su “espíritu animal” –como lo denominara John M. Keynes (1883-1946)- provocaría la célebre destrucción creativa de Schumpeter(17), según la cual, mediante la constante introducción de nuevos productos y modos de organización, el desarrollo económico se constituiría en un continuo de ciclos de construcción y destrucción de equilibrios transitorios, proceso este promovido por la actuación de empresarios innovadores.
Alfred Marshall, incorporando la productividad marginal, establecerá que el precio de cada factor de producción, será igual a su aporte al producto. La variable de ajuste del sistema, surgirá del principio de sustitución, que Marshall integra, por el cual los factores serán intercambiables entre sí, hasta llegar al equilibrio, donde precio y productividad se igualarán. En suma, señala que la distribución o conformación de la Función de Producción, se realizaría de acuerdo con el valor o productividad marginal de cada factor productivo, sea este el trabajo o, alternativamente, el capital en sus diversas formas. A largo plazo y en mercados realmente competitivos, los precios normales y los costos de los factores, tenderían a igualarse. Sin embargo, en el corto y mediano plazo, aparecerán los primeros indicios de lo que el empresario debería, dinámicamente, usufructuar, aún en el contexto de “grupos”, destacados por Robinson y Chamberlin. El precio de equilibrio que, según Léon Walras (1834-1910), se alcanzaría a través de los tatonnements o martilleros ficticios, determinaría lo que Marshall identifica como los respectivos excedentes, del consumidor y del productor.(18) El excedente del productor -el triángulo inferior a la línea horizontal donde se define el precio- representa el beneficio que obtienen aquellos productores que, ahora, como consecuencia también de los mercados, pueden vender a un precio mayor al que inicialmente aspiraban, en atención a su ventajosa curva de costos marginales.
Los primeros modelos de “equilibrio general” que Léon Walras desarrollara, incluirían en su Función de Producción a los “coeficientes de fabricación”, entendiendo por tal, a la cantidad de cada servicio que se debe utilizar para la obtención de una unidad de cada bien. Incorporado este nuevo elemento, concluirá sobre la existencia de una relación precisa, entre los precios de equilibrio de los diversos bienes y, por otra parte, las cantidades demandadas de los factores de producción. Henri Denis(19) afirma que, en la primera edición de su obra, Walras sostendría que los coeficientes de fabricación eran constantes y, además, independientes del precio de los servicios. Sin embargo, en el año 1896, en la tercer edición de Éléments d’économie politique pure, influenciado por los trabajos de John Bates Clark (1847-1938), reconocerá que dichos coeficientes son una función de los precios de los factores productivos, en tanto que cada empresario utilizará una cantidad de cada uno de ellos, para la cual, la productividad marginal se iguale al precio. Una postura, ciertamente, más cercana a nuestra propuesta.
En suma, el cambio en la mezcla productiva o, al menos, la necesidad de su permanente evaluación, aparecen como una constante en el pensamiento económico y en la propia gestión empresarial. Schumpeter aseveraría que el desarrollo económico es un continuo de ciclos de construcción y destrucción de equilibrios transitorios, evolución ocasionada por el comportamiento y la actividad incesante de empresarios innovadores. En fechas recientes, conoceríamos circunstancias similares y, aún, más dramáticas, motivadas por las disruptive technologies que, constantemente, amenazan con aparecer en el escenario económico, transformando paradigmas productivos pre-existentes. Arthur M. Okun (1928-1980) desarrolló su teoría, contemplando las variaciones coyunturales de la demanda y la reacción que, prioritariamente, se produciría, ante los propios incrementos de los costos. El empresario –dirá Okun- tarda en reconocer una demanda marginal, pero reacciona, casi instantáneamente, ante mínimos aumentos en los costos de producción.(20)
El Rol del Asesor: costos fijos y variables
En la todavía limitada perspectiva de Alfred Marshall –dicho esto con absoluto respeto por quien ayudó a interpretar la “primera globalización” de fines del Siglo XIX y primeras dos décadas del Siglo XX- la dedicación del asesor dependería del plazo en el cual su actuación tuviese lugar. En lo que Marshall identificara como el período de mercado, donde la oferta resultaba exógena al sistema, sólo le restaría al profesional, un análisis de la demanda y su comportamiento. En el corto plazo, en el cual, al menos se podría actuar sobre los componentes de la Función de Producción caracterizados como factores variables, el contador o economista debería abocarse a la búsqueda de la mejor utilización de la capacidad instalada, “tomando” precios del mercado y administrando los costos variables de su propia producción. En el largo plazo y en el período secular, donde el equipamiento empresarial ya no se asumiría como fijo, sería su función el análisis de diversos proyectos de inversión en equipamiento. El escenario profesional y empresarial ha evolucionado. Otras ocupaciones también integran el menú de actividades del asesor de nuestros días, entre las que la administración de los recursos humanos, el mejor uso de la tecnología, el desarrollo y aplicación del conocimiento, ocupan lugares preponderantes.
Y más allá de la competencia perfecta ...(21)
La Corriente de la Concurrencia Imperfecta, que agrupara a profesores como George J. Stigler (1911-1991), Harvey Leibenstein (1922-1994) y Friedrich von Hayek (1899-1992), considerado este último, además, entre los ultra-liberales, concentrará su esfuerzo de investigación en lo que la propia pertenencia a esta escuela, implica: el reconocimiento de las imperfecciones en la competencia perfecta. Al respecto, Stigler aportará evidencia y desarrollará su teoría sobre los “Costos de la Información”, demostrando las diferencias que, en las concurrencias a los mercados, los “Costos de Transacción” provocan. Leibenstein insistirá con el análisis de las consecuencias provocadas por la imperfección de la información, a lo que agregará la propia inercia de las variables que actúan en los mercados. A partir de las ventajas de los mercados libres, desarrollará su teoría de la eficiencia, según la cual la competencia presiona sobre la empresa y, consecuentemente, el empresario deberá, necesariamente, trasladar dicha presión sobre los recursos productivos. Douglas North, miembro de la Corriente Neo-Institucionalista, profundizará en los diversos costos que se agregarían a los más comunes costos de producción. Criticará el enfoque neoclásico y, en especial, a su visualización del funcionamiento de los mercados, según la cual los Costos de Transacción se asumen como nulos, lo que la evidencia empírica se encargaría de negar. Consecuentemente, insistirá en su propuesta de adicionar, a los costos de producción, los respectivos costos por la búsqueda de la información, así como los emergentes de la negociación y de la aplicación de los contratos, a los que identificaría como enforcement costs. Marcará, entonces, la diferencia entre las sociedades primitivas, en las que los costos de producción serían generalmente elevados, mientras que los costos de transacción prácticamente no pesaban y, por otra parte, las sociedades desarrolladas, para las cuales los términos se invierten.
Competencia y competitividad en el siglo XXI
Richard Sennett nos recordaría que, culminada la Segunda Guerra Mundial, la vida económica se organizó en “grandes burocracias piramidales”, fuertemente ligadas a la figura de los estados-nación. Sería a partir de los años 70, que este escenario cambiaría. La empresa privada y, en particular, la trasnacional, comenzaría a cortar los estrechos vínculos existentes entre los estados-nación y la economía de cada país. Ahora, gradual pero continuadamente, se procedería a sustituir aquella solidez burocrática, por “redes más fluidas y flexibles, conectadas con todo el mundo.”(22) Años antes, en su obra, publicada en 1993, “El Capitalismo del Siglo XXI”, Robert B. Reich nos anunciaba que habría comenzado un proceso de profundas transformaciones de la política y del ejercicio económico. Según este autor, en el siglo XXI, que recientemente iniciáramos, ya “no existirían productos ni tecnologías nacionales, ni siquiera industrias nacionales”. Y, avanzando aún más, afirmaba que “...ya no habrán economías nacionales”. ¿Qué quedaría de los estados-nación? Su gente! Y será respecto a la calidad del recurso humano, que desarrollará buena parte de su teoría, muy vinculada a la corriente del Capital Humano, que impulsaran Irving Fisher (1867-1947), Theodore W. Schultz (1902-1998) y a Gary Becker.
Reich enfatizará la relevancia del recurso humano, tanto en lo macro como en lo microeconómico. Los acontecimientos de los últimos años, habrían implicado una nueva revalorización de los que Robert B. Reich identificaría como “servicios simbólico-analíticos” –por oposición a la mano de obra tradicional, con escaso requerimiento cultural- así como una exigencia inevitable de capacitación y formación continua. Sin embargo, será el crecimiento asimétrico, lo más relevante e influyente del nuevo modelo: ahora será posible crear más riqueza, con menos trabajo!(23) Con respecto a los demás integrantes de la mezcla productiva y, en particular, a su disponibilidad, en la nueva geografía económica y social “sin fronteras”, la antigua cartografía ya no sirve, nos dirá Kenichi Ohmae. Los mapas centrados en los estados-nación que antes utilizábamos, hoy sólo nos confundirían. En el presente, nuestra atención se centra en la cobertura de las señales de radio y televisión, la disponibilidad de comunicación satelital y, muy especialmente, en el acceso a la información. Concluye Ohmae que, a medida que esta tendencia se profundice, el poder sobre la actividad económica se trasladaría, inevitablemente, desde los gobiernos de los estados-nación, hacia “la red sin fronteras de las innumerables decisiones individuales, basadas todas ellas en el mercado.”(24) Lester C. Thurow también pondrá de relieve la vigencia de “...una economía global, donde todo se puede hacer y vender en cualquier lugar”, magnificando la presencia de los commodities y su articulación en la moderna Función de Producción. Y sintetizando, en forma magistral, la ubicación y proyección de los mercados de bienes y factores, John K. Galbraith nos presenta el escenario que nos espera: “El futuro surgirá del conflicto entre la autonomía social y económica de los países individuales, y el atractivo económico y político de las comunidades más amplias”, que oportunamente hemos identificado como mega-regionalismos,(25) en cuyo marco será imprescindible que el empresario ajuste, permanentemente, su actividad y los consecuentes procesos productivos.



  1. MARCO CONCEPTUAL II: DE LA MACRO A LA MICROECONOMÍA




    1. Desafío empresarial: Competitividad, Eficiencia y Cambio


Estrategia competitiva
Michael Porter, desde la Universidad de Harvard y a través de varias obras y artículos publicados, de los cuales destacamos The Competitive Advantages of Nations(26) y On Competition(27), ha desarrollado su teoría sobre la estrategia competitiva que debe orientar la gestión empresarial en los respectivos “sectores”, denominación esta última con que identifica a los “grupos” de Joan Robinson (1903-1983) y Edward H. Chamberlin (1899-1967)(28), los que incorporando al pensamiento económico la “competencia imperfecta”, los describieran como “... el conjunto de empresas que producen bienes diferenciados y sustituibles”. Entre las “cinco fuerzas” que caracterizan la “estructura” de cada grupo o sector, Porter incluirá a la “amenaza de nuevas incorporaciones” y la “amenaza de productos y servicios sustitutivos”, además del poder de negociación de proveedores y consumidores, así como la propia rivalidad existente entre los competidores. Estos factores, sin lugar a dudas que son suficientes, para justificar la constante preocupación del empresario sobre eventuales cambios a asumir, en la medida que deba, al menos, conservar su participación en el mercado. Y su respuesta no siempre podrá esperar al largo plazo.
Ante dichos requerimientos, las capacidades que cada empresa ostenta, son por demás relevantes para la toma de decisión, sobre el cambio y su oportunidad. Al respecto, Robert M. Tomasko(29) advierte que no todas las capacidades tienen el mismo valor, especialmente si las clasificamos según su potencial. Al respecto, distingue las “complementarias” o “funciones de apoyo”, cuyo nivel adecuado nos permite permanecer, pero no superarnos en lo comercial. En este aspecto, las “nucleares” son las aptitudes que nos identifican con el resto del grupo, con su nivel básico de competitividad. Serán aquellos componentes de nuestra Función de Producción actual, calificados como “críticos”, los que fundamenten la ventaja competitiva corriente. Y lo más relevante, será la identificación de las capacidades de “vanguardia”, reconociendo por tales a aquellas que nos permitirían, realizando los ajustes correspondientes, alcanzar la “competitividad sustentable”, en el futuro del sector o grupo. James C. Collins y Jerry I. Porras propondrán, en su obra “Built to Last - Successful habits of visionary companies(30), consejos aplicables tanto a la micro como a la macroeconomía. Utilizando el tradicional diagrama de la perfecta complementación, argumentarían sobre la imprescindible protección de la cultura organizacional, al tiempo que promoverían el estímulo del cambio y del progreso. Preservar los valores y la misión institucional, e incentivar todo aquello que debe cambiar, para adaptarse a los nuevos tiempos: objetivos, estrategias y prácticas operacionales o productivas, son sus principales recomendaciones. Thomas L. Friedman(31) argumentará, con similar profundidad y sencillez, sobre el desafío del tiempo que vivimos. En esta era de globalización, nos dirá que deberemos buscar un adecuado balance entre la necesaria preservación de nuestra identidad, y el esfuerzo por sobrevivir en el Sistema. A tales fines planteamos nuestro “Costeo del Potencial”, enmarcado en la estructura empresarial con que en el presente nos identificamos, sin desconocer las oportunidades que, una nueva mezcla productiva, nos proporcionaría.
Productividad y Eficiencia
La búsqueda de la eficiencia productiva y la consecuente medición de los desvíos respecto a la capacidad normal instalada, son los objetivos básicos de sistemas como el Costeo Variable Estándar, en tanto que cuadros decisionales derivados, como los desarrollados en base al perfeccionamiento de los esquemas de costeo variable, basados en el Margen Operativo Específico y Programable (MOEP) y al Punto de Equilibrio Específico y Programable (PEEP), contribuyen a la toma de decisiones sobre la conveniencia de mantener determinados productos en la mezcla comercial. Sin embargo, estos y los demás instrumentos generalmente utilizados, limitan su evaluación a la Función de Producción vigente, sin incorporar potenciales beneficios netos, emergentes de implementar cambios en su integración. Y siendo este el objetivo de nuestra propuesta, a continuación establecemos una descripción básica de las mencionadas metodologías, a los efectos de facilitar la interpretación del Costeo del Potencial.
El Costeo Variable Estándar(32)
La diferencia fundamental entre los costos estimados y los estándar, radica en la forma en que se fija el costo predeterminado y, en particular, en las consecuencias de las variaciones que ocurran. Los costos estimados son proyecciones, con el alto grado de determinismo que caracteriza a la previsión clásica, basadas en la historia de la empresa, mientras que los costos estándar representan lo que el costo unitario debería ser en condiciones eficientes, en un ejercicio más cercano a la prospectiva, incorporando, además de la tendencia histórica, eventos y propósitos empresariales, aunque en el marco de la Función de Producción corriente. Ambos sistemas utilizan, a los efectos del registro contable, el costo fijado antes de la producción. Sin embargo, la manifiesta diferencia radica en los costos finalmente asumidos. En costos estimados, los costos reales serán los relevantes, mientras que en el estándar, serán estos los que se considerarán, imputándose las variaciones a los estados de resultados de la empresa.
John G. Blocker(33) define a los costos estándar, estableciendo que “son costos predeterminados, basados en especificaciones técnicas, y que representan una producción altamente eficaz en lo que concierne a los standard de cantidad, que predicen las futuras tendencias del mercado en lo que se refiere a standard de precios, con un monto fijo expresado en dinero para cada factor de costo en particular, referido a una cantidad estimada de productos en cada etapa de la actividad”. Las especificaciones técnicas a que se refiere Blocker, se explicitan a través de documentos que describen cómo debe realizarse la producción, estableciéndose las bases para la fijación del costo estándar. La producción industrial es la consecuencia de un programa de trabajo de la empresa –exclusivamente, su Función de Producción corriente- en el que se ha establecido la franja de mercado que se va a atender, y de acuerdo a ella es la calidad del producto que se va a elaborar. La especificación técnica debe contemplar estos aspectos, ya que la misma se refiere al proyecto que la empresa ha decidido producir y vender, y no a un proyecto de ingeniería del mejor producto. En la actualidad, la velocidad del cambio impone considerar, permanentemente, combinaciones productivas alternativas, a través de mediciones de la eficacia empresarial o, al menos, de los costos de oportunidad por no incorporar el avance tecnológico.
El costo estándar es, en suma, un costo predeterminado, que separa, para cada factor, la cantidad del precio. En la cantidad busca la mayor eficiencia de la productividad de la empresa y, en el precio, el mejor aprovechamiento de las oportunidades de compra o contratación. El costo estándar no varía en el corto y mediano plazo, y sólo se justificaría su ajuste cuando cambien las “formas de producción”, lo que generalmente se asume para el largo plazo. Y será esta una de las limitaciones más reconocidas: su rigidez, ya que mientras las potenciales mezclas productivas cambian constantemente, las especificaciones técnicas se ajustan muy esporádicamente. Por otra parte, Wilmer Wright nos presenta a los Sistemas de Costeo Directo o Variable, como “aquellos que separan los costos periódicos o de largo plazo, de los costos directos o de corto plazo, y mantienen esta separación en todos los registros contables e informes ... Costos directos o variables son aquellos que varían en relación directa al volumen de producción ... En otras palabras, el costo directo de un producto determinado lo constituye el desembolso realizado o por realizar, para producirlo y ponerlo a la venta, gasto que naturalmente no se ocasionaría si dicho producto no se hubiera fabricado ... En consecuencia, el Costeo Directo – o Costeo Variable- es un sistema contable que separa los gastos que varían con el volumen de producción, de aquellos que no se comportan en tal forma.”(34) Y más específicamente, sobre el Sistema de Costo Variable Estándar, nos dice Wright, que combina los caracteres de control del sistema convencional de costo estándar y presupuestos flexibles, con los de planeamiento y toma de decisiones del costo variable. Concluye que “por el simple medio de cargar los gastos fijos a ganancias y pérdidas, en vez de hacerlo a inventarios, se elimina la confusión que origina la variación del volumen.”(35)

Ambos sistemas procuran, en el marco de la Función de Producción de que se dispone, el mejor aprovechamiento por unidad, de los factores disponibles. El control se explicita a través de la comparación de los costos reales y los estándares respectivos, mediante la cuantificación de las variaciones, las que identifican a las irregularidades observadas, respecto a la eficiencia deseada. En el sistema tradicional de Costeo Estándar, los gastos de fábrica implican cálculos más complejos que los demás factores, en atención a la incidencia del volumen de producción en las cargas fijas. Adicionalmente, deberán clasificarse en gastos fijos y variables, siendo estos últimos los que aumentan o disminuyen, de acuerdo al nivel de la producción. Será, consecuentemente, tarea previa a la fijación de los estándares, la determinación de las capacidades teórica, práctica, mínima, real, ociosa y normal, siendo esta última definida como aquella con la cual la empresa alcanza su volumen óptimo de operaciones, aunque no llegue a utilizar la capacidad máxima, en un esquema que los economistas llamarían de equilibrio parcial o con subempleo de factores. Por su parte, el Costeo Variable Estándar incluye, como costos de los artículos producidos, solamente los gastos variables, asignando la totalidad de los fijos a resultados. Consecuentemente, los gastos de fábrica y, en particular, las variaciones que de ellos se desprendan, tendrán un tratamiento similar a los demás factores, requiriéndose exclusivamente la separación previa entre costos fijos y variables. No existirá una variación capacidad, por lo que al no considerarse los costos fijos y su prorrateo, la cuota estándar y sus componentes, afectables en el costeo tradicional por el volumen, en este caso no variará. La variación presupuesto se transformará en una variación precio similar a los demás factores productivos, ocurriendo algo similar con la variación eficiencia, la que se identificará como una variación cantidad.


Los indicadores de la eficiencia, a saber, las respectivas variaciones, tanto para la Materia Prima, la Mano de Obra, como para los Gastos de Fabricación, se cuantifican de la siguiente forma:
Variación Cantidad = (Cantidad Real – Cantidad Estándar) Precio Estándar;
Variación Precio = (Precio Real – Precio Estándar) Cantidad Real.
En suma, el Sistema de Costeo Variable Estándar nos permitiría evaluar el nivel de eficiencia alcanzado por la empresa, proporcionando información para la fijación oportuna de precios, otorgando criterios adecuados para la valorización de inventarios y la determinación de los consecuentes resultados de la gestión y, en particular, brindando información para la toma de decisiones estratégicas. Y es en este último aporte, donde consideramos que se deberá perfeccionar el método de análisis, avanzando, desde la eficiencia, hacia el potencial de una nueva mezcla productiva y comercial.

El MOEP y el PEEP(36)
La oportuna y más detallada clasificación de los costos fijos, con el propósito de profundizar en el análisis Costo-Volumen-Utilidad, sustenta el desarrollo de esquemas que, en el tablero decisorio del empresario, posibilitarían avanzar más allá de los tradicionales “márgenes de contribución”, determinando para cada producto o línea de productos, el “Margen Operativo Específico y Programable” (MOEP) y el “Punto de Equilibrio Específico y Programable” (PEEP). Al respecto, el trabajo que a este VIII Congreso Internacional de Costos, presentara el Prof. Alfredo Kaplan, defiende el principio de imputar al producto, línea o departamento, sus costos fijos directos, siempre que, además, se pueda actuar sobre los mismos, en el corto plazo.
Respecto a las clasificaciones de los costos fijos, la primera deberá dividir a estos en:


  • Costos fijos directos o específicos de un producto o actividad; y




  • Costos fijos indirectos o no específicos.

Complementariamente, se considerarán a los costos fijos como:




  • Costos fijos programables, asumiendo por tales a aquellos sobre los cuales se puede actuar en el corto plazo; y




  • Costos fijos no programables, a los que sólo se puede ajustar o alterar en el mediano y largo plazo.

Sintéticamente expuesta, la propuesta del trabajo antes mencionado, luego de adjudicar los costos fijos programables y específicos a cada producto de la mezcla productiva y comercial, permite obtener los respectivos MOEP, lo que habilita a la toma de decisiones sobre cada uno de ellos, sin perjuicio de alcanzar, luego, indicadores de utilidad final, al descontar los costos fijos no específicos ni programables. Adicionalmente, con criterios similares, se establecen mecanismos para identificar los Puntos de Equilibrio Específicos y Programables (PEEP) correspondientes a cada producto o línea de productos, los que resultarán de dividir los costos fijos específicos y programables, sobre los respectivos “márgenes o razones de contribución”. Su valor agregado, sería “prender una luz amarilla en el tablero de decisiones, para mejorar la calidad de las mismas”. Un sentido que compartimos, e intentamos complementar, con la presente iniciativa.


Y más allá de la eficiencia ...
La homogeneidad de la Escuela Neoclásica, sería definitivamente eliminada por Joan Robinson (1903-1983) y Edward H. Chamberlin (1899-1967)(37), no solamente respecto a los bienes y servicios, sino también, respecto a quienes ofrecen los mismos. Incorporarán también la competencia monopólica, de acuerdo con la cual –teniendo en cuenta la actuación del “grupo”- los elementos a considerar como factores controlables por la empresa, serían, entre otros, la cantidad a producir y la calidad del producto. En este esquema competitivo –alejado del paradigma de la competencia perfecta- con que Robinson y Chamberlin visualizan la realidad económica, el productor, aislado, obtendría un “beneficio extraordinario”, consistente en la diferencia entre el ingreso medio y el costo medio, de dicha empresa solitaria. La aparición de la dinámica interior del “grupo”, eliminaría dichos beneficios extraordinarios, en la medida que la competencia intra-grupo que los nuevos ingresos provocarían, se concretará en la adopción de las ventajas competitivas iniciales, de la empresa aislada, por el resto de los integrantes. En términos gráficos, el costo medio y el ingreso medio se igualan, desapareciendo el beneficio extraordinario que, originariamente, obtuviera la empresa pionera. En el caso de Edward Chamberlin, destaca que cada empresa tiene una especie de monopolio, sobre su propia marca, a pesar de los posibles sustitutos. Dividirá su análisis en dos tipos de “grupos”: grandes y pequeños. Para los primeros, visualizará un comportamiento similar a la competencia perfecta, pero con diferenciación de productos. En el caso de pequeños grupos, aparecerán los oligopolios y las “barreras de entrada”. En los albores del nuevo milenio, Will Hutton(38) sostendría que, a diferencia de lo ocurrido en los años 50 y 60, donde se verificara un desarrollo capitalista más controlado y regulado, ahora sus objetivos se vincularían, fundamentalmente, a los intereses de los propietarios y accionistas, bajo la óptica de una convicción ideológica que calificaría a todos los potenciales obstáculos a sus fines, necesariamente eliminables. Utilizando la conceptualización de Joseph Schumpeter, sobre la destrucción creativa del capitalismo, concluye que estaríamos viviendo una “suprema orgía de autodestrucción”.(36)
Y sin llegar a escenarios como los planteados, aún en marcos más próximos a la competencia perfecta y a la armonía que Alfred Marshall intentara recuperar para el pensamiento económico y, consecuentemente, para la vida económica en particular, resulta notoria la dinámica del cambio a que la empresa se encuentra sujeta, no ya en el largo plazo, sino en la gestión diaria, ajustando su devenir a las nuevas mezclas productivas, como condición impostergable, para su permanencia en los mercados. La eficiencia constituye una de la variables, de carácter endógeno y reactivo. La promoción del cambio y la adopción oportuna de nuevas Funciones de Producción, constituye una estrategia proactiva, que avanza hacia la búsqueda del “beneficio extraordinario” a que Robinson y Chamberlin hacían referencia, como una etapa que se proyecta más allá de los límites impuestos por la propia capacidad teórica y práctica disponible.



  1. LA PROPUESTA: HACIA EL COSTEO DEL POTENCIAL




    1. El Sistema de Costeo Directo Estándar del Potencial


Aspectos introductorios
Metodologías como los Costos Estándar, contribuyen al conocimiento de la brecha entre los rendimientos vigentes y la eficiencia esperable de la Función de Producción activa. Nuestra propuesta intenta avanzar hacia indicadores de oportunidad y distancia respecto a Funciones de Producción alternativas. Consecuentemente, a partir de los conceptos del Costeo Variable Estándar, de los Márgenes Operativos (MOEP) y de los Puntos de Equilibrio Específicos y Programables (PEEP), incorporaremos respuestas que los Cuadros de Mando empresariales deberán proveer, respecto a cuándo migrar hacia un nuevo esquema de producción y comercialización, con el propósito de mantener la presencia competitiva de la empresa en los mercados.
El empresario, en conocimiento de su capacidad utilizada y, fundamentalmente, de su participación y perspectivas, requerirá, para el desarrollo de una prospectiva permanentemente actualizada, no solamente de información sobre su capacidad ociosa y los consecuentes costos de oportunidad, que el Costeo Variable Estándar le podrían proveer, sino también de elementos de juicio para la toma de decisiones, sobre un oportuno cambio de combinación de factores productivos. Las amenazas de “nuevas incorporaciones o productos y servicios sustitutivos”, que Michael Porter pusiera de manifiesto, así como la necesidad de identificar y consolidar nuestras “capacidades de vanguardia” –según lo explicitara Robert M. Tomasko- en el marco de la creciente competitividad “intra-grupo”, que Robinson y Chamberlin destacaran, sobradamente justificarían la aplicación del Costeo del Potencial, especialmente por aquellas empresas que se sustentan en “tecnologías de punta” -por ejemplo, en el área de la Information Technology (IT)- como condicionante de su vigencia competitiva.

El benchmark: cuantificación del potencial
La puesta en práctica de un Costeo del Potencial, como ocurre con los Sistemas de Costos Estándar, requerirá de la instrumentación de las “especificaciones técnicas”, ahora no ya sobre la Función de Producción activa, sino de la combinación de factores productivos que, el avance tecnológico, hoy habilitaría a incorporar o, en otros términos, a la Función de Producción alternativa. En el documento, se deberá describir el proceso, con técnicas similares a las recomendadas para la implantación de costos estándares, así como identificar los cambios relevantes y sus consecuencias, en términos de costos fijos y variables, directos e indirectos, tanto desde el punto de vista de la producción efectiva, como de los aspectos vinculados a la introducción de la nueva tecnología y la correspondiente “curva de aprendizaje”, proyectada esta sobre la mano de obra, así como de los proveedores de la materia prima y de los servicios requeridos. Ya no se tratará de la búsqueda de la eficiencia, sino de la eficacia empresarial, por lo que la referencia se focalizará en el mejor proceso, para el mejor producto o servicio que, el avance tecnológico, ofrezca, dando respuestas a los requerimientos de los consumidores que el “grupo” atiende. Ya no procuraremos, solamente, la eficiencia de lo que disponemos, sino la factibilidad de lo que podríamos obtener! Y a diferencia del costo estándar, el costo variable estándar del potencial deberá ajustarse frecuentemente, según la asiduidad con que el “grupo” enfrente cambios tecnológicos, lo que podrá ocurrir trimestral, semestral o anualmente.
Para cada factor de la Función de Producción alternativa, deberemos establecer los correspondientes estándares del potencial, establecidos tanto para la cantidad, como para el precio de cada factor.



  • Materia Prima: Estándar de cantidad del potencial

Procediendo en forma similar al costeo estándar tradicional, se deberán identificar las especificaciones técnicas de cada producto o servicio, los distintos tipos y nuevas combinaciones que la Función de Producción alternativa requieren de la materia prima, la que podrá variar, notoriamente, respecto a la mezcla vigente, como consecuencia de la tecnología que podría ser incorporada. Rendimientos, desperdicios y mermas no evitables, se integrarán a los respectivos cálculos, siendo aspectos sensibles al cambio que sirve de punto de referencia, en tanto que podrían ser objeto de mejoras, en el caso de implementarse la nueva tecnología. Los subproductos que actualmente la empresa obtiene, como consecuencia de ciertas mermas, así como la realización de parte de los “deshechos”, también deberán ser considerados.




  • Materia Prima: Estándar de precio del potencial

Se deberá determinar el precio unitario para cada materia prima integrada a la forma productiva del potencial o referencia, investigándose el costo total que se supone vigente al momento que se requiera para el consumo, dentro de la Función de Producción alternativa. El criterio para la cuantificación del costo total, podrá ser el más habitual en la empresa, a saber, el costo de compra más todos los gastos necesarios para incorporar la materia prima a los depósitos de la empresa o, alternativamente, aquellos factores no atribuibles a los Departamentos de Compras y Almacenes, incorporándose éstos como gastos de fabricación y, consecuentemente, no imputables a la materia prima. Los cambios en volumen y estacionalidad del consumo de las distintas materias primas que la mezcla potencial impondría, deberán ser tomados en consideración, recomendándose un uso ajustado al nuevo proceso, de la experiencia corriente en la empresa. Aspectos y técnicas generalmente utilizados, como el presupuesto de ventas de la empresa y la política de stock, serán requeridos para proporcionar información, con la cual se procederá a la determinación del tamaño del lote más económico de compra, estableciendo el punto de pedido óptimo, de acuerdo con el costo de compra y de mantenimiento del stock. Los costos de abastecimiento, los de mantenimiento y los propios “costos de ruptura”, deberán ahora ser avaluados desde el punto de vista del benchmark seleccionado.




  • Mano de Obra: Estándar de cantidad del potencial

Como ocurre durante la determinación del costo estándar de la mano de obra, en nuestro caso también deberemos considerar la cantidad de trabajo directo necesario para la producción de una unidad de producto o servicio, asumiendo la misma medición física que para la materia prima. La mano de obra indirecta, quedará excluida, siendo parte de los gastos indirectos de fabricación. La identificación del estándar del potencial de la mano de obra, se realizará de acuerdo a los requerimientos de aptitudes y actitudes que la Función de Producción alternativa requiere, así como tomando en consideración los estudios de tiempos y movimientos relativos a la misma. La “curva de aprendizaje” será la principal protagonista en esta etapa del análisis. No escapará a la interpretación del lector que, aquí, nos encontraremos con una de las mayores dificultades del método. Sin embargo, las consecuencias negativas de incurrir en el cambio, sin la necesaria investigación previa de estos factores, justifican sobradamente los costos para disponer de una fundamentada información, en forma previa a la toma de decisiones. Los tiempos improductivos y las tolerancias, deberán ser parte del estudio, así como potenciales cambios en la cadena y los ciclos de producción.





  • Mano de Obra: Estándar de precio del potencial

El precio estándar del potencial surgirá de cuantificar, en dinero, la mano de obra directa requerida por la Función de Producción alternativa, considerando los salarios y las demás erogaciones derivadas. Una vez más, deberán diferenciarse las aptitudes y actitudes que la nueva mezcla implicaría, costeándose a los consecuentes escalafones o laudos. La reducción de tales cálculos a una tarifa global, surgirá del promedio ponderado de la plantilla total de que debería disponerse.





  • Gastos de Fábrica: Estándar de cantidad del potencial

Como en el Costeo Variable Estándar, nuestro referente para el planteo del Costeo Variable Estándar del Potencial, incluimos como costos de los artículos producidos solamente los gastos variables, asignando la totalidad de los fijos a resultados. Consecuentemente, los gastos de fábrica predeterminados y, en particular, las variaciones que de ellos se desprendan, tendrán un tratamiento similar a los demás factores, requiriéndose la separación previa entre costos fijos y variables. Los Gastos de Fábrica, como costos indirectos de la producción, incluirán la materia prima indirecta y los materiales, la mano de obra indirecta y los gastos generales. Y como en el caso del costeo estándar, serán necesarias etapas de análisis sobre la potencial puesta en marcha de la nueva mezcla productiva, respecto a la planta industrial y los demás departamentos de apoyo. Si bien no serán utilizadas, como en el caso del costeo tradicional, las diversas capacidades, se recomienda su estimación respecto a la combinación productiva alternativa y, en especial, la determinación de la capacidad normal esperable de utilización, de la infraestructura de referencia.





  • Gastos de Fábrica: Estándar de precio del potencial

Asumida la mezcla de producción alternativa, se deberá establecer el presupuesto de gastos, de acuerdo con la filosofía que la empresa utilice: estático o flexible, siempre referido a la nueva Función de Producción. Para el Costeo del Potencial, un presupuesto flexible, con varias opciones de volumen, sería el más recomendable, siempre que se cuente con la información necesaria para su confección.


El gap del potencial: avaluación y evaluación
Transcurridos determinados períodos, nuestro Sistema de Costeo Variable Estándar del Potencial deberá, como ocurre con el Costeo Variable Estándar, proceder a comparar lo ocurrido, con respecto a los elementos del benchmark oportunamente adoptado. El Costeo Variable Estándar procura, en el marco de la Función de Producción activa, el mejor aprovechamiento por unidad, de los factores disponibles. El control se explicita a través de la comparación de los costos reales y los estándares respectivos, mediante la cuantificación de las variaciones, las que identifican a las irregularidades observadas, respecto a la eficiencia deseada. Por su parte, el Costeo Variable Estándar del Potencial que proponemos, procederá en forma similar, en lo que al cálculo de variaciones se refiere. Sin embargo, la más relevante diferencia surgirá una vez que las variaciones se hubieren establecido. En efecto, mientras que para los Sistemas de Costeo Estándar, las variaciones serán imputadas directamente a los resultados de la empresa, en tanto que se consideran como verdaderos costos, a los establecidos como estándares a alcanzar, en el Costeo del Potencial propuesto, los valores predeterminados representan exclusivamente un benchmark, útil para la determinación y evaluación de los costos de oportunidad emergentes de no asumir el cambio. Consecuentemente, los costos reales o estándares que la empresa haya asumido en su sistema contable formal, serán los válidos a todos los efectos, utilizándose las Variaciones del Potencial, como instrumentos de estimación y análisis, respecto a la migración hacia una nueva Función de Producción alternativa.
A los efectos de la presente exposición del método, asumiremos que la empresa desarrolla, concomitantemente a nuestro Costeo del Potencial, un Sistema de Costeo Variable Estándar. En caso contrario, las evaluaciones que realizaremos, a partir de las mediciones de la eficiencia respecto a la Función de Producción activa, se establecerían, directamente, con relación a los costos reales, resultando de la cuantificación correspondiente, un brecha compleja, que incorporaría la eficiencia y la eficacia empresarial, esta última respecto a la mezcla alternativa. Para los tres tipos de factores de producción, la formulación será similar:
Variación Cantidad = (Cantidad Estándar – Cantidad Potencial) Precio Potencial;
Variación Precio = (Precio Estándar – Precio Potencial) Cantidad Estándar.
La interpretaciones básicas de las respectivas variaciones, serían, sintéticamente expuestas, las siguientes:


  • Variaciones de Materia Prima del potencial

Los resultados obtenidos representarían las ventajas o pérdidas, en otros términos, las menores o mayores cantidades y precios de la materia prima a utilizar, que la incorporación de una Función de Producción alternativa significaría para la empresa, para el volumen de producción y venta alcanzado y, fundamentalmente, a partir de una máxima eficiencia. La eventual incorporación, en niveles críticos, de materia prima sustitutiva, como consecuencia del cambio de la mezcla de factores productivos, se constituye en una dificultad para el análisis y, consecuentemente, para la implementación del método, aspecto que las investigaciones en curso, deberán contribuir a resolver.




  • Variaciones de Mano de Obra del potencial

De ambas variaciones –cantidad y precio- deberán deducirse las interpretaciones respecto a los potenciales efectos, sobre la mano de obra, de un cambio de la Función de Producción activa, teniendo en cuenta, en particular, la “curva de aprendizaje” y los costos resultantes, especialmente para el corto y mediano plazo. Eventualmente, podrán surgir signos contrarios y, en particular, compensaciones entre las respectivas variaciones, como consecuencia de menores requerimientos en cantidad y mayores exigencias en calidad.




  • Variaciones de Gastos de Fábrica del potencial

En atención a que hemos asumido un Costeo Variable Estándar del Potencial, no existirá una variación capacidad, por lo que al no considerarse los costos fijos y su prorrateo, la cuota estándar y sus componentes, afectables en el costeo tradicional por el volumen, en este caso no variará. La variación presupuesto se transformará en una variación precio similar a los demás factores productivos, ocurriendo algo similar con la variación eficiencia, la que se identificará como una variación cantidad. Los resultados que se obtengan, representarán los efectos que sobre los gastos generales de la empresa, e indirectos de materia prima y mano de obra, implicaría un cambio de la Función de Producción activa, medidos a partir de su eficiencia máxima.





    1. El Cuadro de Mando: señales sobre eficiencia y eficacia empresarial.


Desarrollo conceptual

La implementación de Cuadros de Mando, que brinden información sobre los resultados de una eventual migración hacia una Función de Producción alternativa, es el corolario de nuestra propuesta, referente a la instrumentación de un Sistema de Costeo Variable Estándar del Potencial. A lo desarrollado por el Cr. Alfredo Kaplan, con relación a la adjudicación de los costos fijos programables y específicos a cada integrante de la mezcla comercial, lo que permitiría obtener los correspondientes Márgenes Operativos (MOEP) y Puntos de Equilibrio Específicos y Programables (PEEP), facilitando la toma de decisiones respecto a productos o líneas de productos, sin perjuicio de alcanzar, finalmente, indicadores de utilidad total, al descontar los costos fijos no específicos ni programables, adicionamos la posibilidad de concretar una evaluación de los resultados que podrían obtenerse, de ser incorporada una nueva forma productiva. Sin alterar los costos reales o estándares por los que la empresa haya optado para su sistema contable formal, se afectarán los indicadores de la eficiencia corriente, mediante la consideración de las Variaciones del Potencial, que el sistema de Costeo del Potencial aportaría, así como por las inversiones marginales requeridas, distribuidas entre los costos programables y específicos, y aquellos “otros costos fijos”. En suma, una oportunidad de investigar, sistémicamente, lo que una nueva Función de Producción, acorde con el progreso tecnológico, proyectaría sobre cada uno de los componentes de la empresa.


Evaluar, permanentemente, la oportunidad del cambio y, en particular, las consecuencias por no asumirlo, es una de las obligaciones del empresario actual, resultando muy atendible su reclamo, de contar con un tipo de información que, impulse y respalde, la decisión. Una decisión que deberá tener en cuenta no solamente los costos marginales asociados a las inversiones que se requieran y la evolución global de la utilidad a obtenerse, sino también los ajustes que, indefectiblemente, ocurrirán en el conjunto de las actividades de la empresa y, en particular, respecto a la combinación de sus diversos factores productivos, todo lo que, generalmente, se identifica con el concepto de las “curvas de aprendizaje”. No se trata de evaluar cambios de “grupo”, sector, misión o focalización empresarial, sino de apoyar la cuantificación de mejoras en los productos o líneas de productos, que permitan alcanzar el “beneficio extraordinario” y, muy especialmente, mantenerlo. Un sistema de benchmark o punto de referencia, contable o extracontable, que ofrezca indicadores sobre el Costo del Potencial, forma parte prioritaria de las interrogantes del empresario, a las que los técnicos deberemos otorgar ajustada respuesta.

Un caso práctico
Finalmente, y a los efectos de ejemplificar la utilización del Sistema de Costeo Variable Estándar del Potencial o, alternativamente, su cuantificación extracontable, e inclusión en los Cuadros de Mando de la empresa, retomamos el caso que el Cr. Alfredo Kaplan planteara en su trabajo, avanzando desde la identificación de los respectivos MOEP, ahora mediante la nueva información que dispondría el empresario, a partir de la implementación de la metodología propuesta. Se trataría de una empresa que produce los artículos A, B y C, cuyas ventas, costos variables, costos fijos específicos y programables y otros costos fijos, se detallan en el cuadro siguiente:


PRODUCTOS:

A

B

C

TOTALES

VENTAS

10.000

60.000

30.000

100.000

COSTOS VARIABLES (I)

5.000

36.000

9.000

50.000

MARGEN DE CONTRIBUCION

5.000

24.000

21.000

50.000

COSTOS FIJOS ESP. Y PROG.

4.000

25.000

6.000

35.000

MARGEN OPERATIVO E. Y PR.

1.000

-1.000

15.000

15.000

OTROS COSTOS FIJOS










10.000
UTILIDAD










5.000
  1   2


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