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Vida y obra de don jose de san Martín Índice Pag. Introducción 1


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Vida y obra

de

DON JOSE DE San Martín

Índice

Pag.
Introducción 1

Conclusión 2



Primera Parte

1778 - 1820

Infancia, Su carrera militar en España. El Regreso 3

Creación del reg. d Granaderos a caballos. El combate de San Lorenzo. 5

Al mando del Ejército del Norte. San Martín en Córdoba y Mendoza.

Preparación del Ejército de los Andes.



Segunda Parte

1817 - 1822

El libertador de Chile. 11

La guerra del Perú. 17

El Protector del Perú - La entrevista de Guayaquil. 20

Tercera Parte

1822 - 1850

Nuevamente Chile. De regreso a su Patria. Europa. 22

En la rada de Buenos Aires. Otra vez Europa. Su muerte.

Bibliografía 26

Anexo 28


Máximas de José de San Martín para su hija Merceditas 45

1
Introducción


¿ Quién fue José Francisco de San Martín, libertador de Argentina, Chile y Perú ?

Para algunos un austero militar de profesión, sin ambición política alguna; para otros un sagaz estratega capaz de quebrar el dominio español en América junto con Bolívar ; un santo de la espada, para sus incondicionales admiradores.
¿ Qué significa para nosotros, jóvenes que estamos por arribar al siglo XXI, en medio de crisis muy profundas que muestran la corrupción de funcionarios, políticos, jueces, policía y la insensibilidad de los responsables de la suerte de niños, obreros, maestros, y jubilados del país.
¿ Sería posible encontrar en él un modelo de honestidad, solidaridad, desinterés, a alguién capaz de mostrarnos el camino a seguir tanto como ser humano como hombre público ?
Para dar una respuesta a estos interrogantes llevamos a cabo esta investigación sobre la “Vida y Obra de Don José de San Martín”.

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Conclusión

La vida de San Martín es ejemplar, porque es una síntesis de virtudes.
Varias repúblicas americanas lo tienen por su héroe, y patrias hermanas reconocen que sus limites fueron señalado por su espada.
A todos estos pueblos le hizo donación de sus afanes y desvelo, de sus luchas y de sus triunfos sin pedir retribución alguna.
Su desinterés personal fue de igual tamaño que su empresa emancipadora. Nació, vivió y murió modestamente. Huyó del lujo y de las condecoraciones. nunca fue rencoroso con el adversario vencido.
Su gloria mayor reside en haber sabido vencerse a sí mismo en cuantas oportunidades se le ofrecieron de convertirse en un dictador.
“No mandar”, “respetar la ley”, “amar la justicia” fueron sus pensamientos rectores, claros, justos.
Toda su vida es un ejemplo. Sencillo, honrado, veraz. No divaga nunca, no engaña ni a las personas ni a los pueblos. No va en busca de honores. Tiene fe en los destinos de una humanidad libre. Cree que se llega a la libertad por la tolerancia, el respeto mutuo, la mesura. su lema y el que debe ser nuestro. “Serás lo que debes ser, y si no, no serás nada”.

Primera

Parte

3

Infancia. Su carrera militar en España. El regreso.”



José Francisco de San Martín nació un 25 de Febrero de 1778 en la aldea de Yapeyú, situada en la margen derecha del Río Uruguay, uno de los pueblos de la de las misiones del Paraguay.
Su Padre Don Juan de San pueblos de las Misiones del Paraguay.

Su Padre Don Juan de San Martín Gómez era gobernador militar de Yapeyú, La Cruz, San Borja y Santo Tomé; su madre Gregoria Matorras era prima del gobernador de Tucumán. Ambos eran Españoles.


José Francisco era el menor de cinco hermanos: María Elena, nacida en 1771; Manuel Tadeo, nacido en 1772; Juan Fermín, nacido dos años más tarde, y Julio Rufino, nacido en 1776.
En 1781 obtuvo su Padre el traslado a Buenos Aires, donde pasó a residir con su familia.
En 1783, los persistentes deseos de los esposos San Martín de regresar a la Península para educar a sus hijos, fueron satisfechos con el nombramiento del padre como agregado al Estado Mayor del regimiento de Málaga.
Toda la familia partió en 1784 para Cádiz, donde arribaron en la primavera de ese año.
En 1785 ingresa en el seminario de Nobles de Madrid en donde hasta 1789 estudia retórica, matemática, geografía, ciencias naturales, nociones de francés, latín, dibujo y música.
Con doce años de edad San Martín presenta un petitorio, el 1 de julio de 1789 para incorporarse, como cadete, al regimiento de Infantería de Murcia.
A los trece años tuvo su bautismo de fuego combatiendo contra los árabes en Orán.
San martín tomo parte en la guerra de la Península, y fue edecán del general Solano, marqués del Socorro, gobernador de Cádiz. Cuando aquel general pereció asesinado por el populacho, San Martín escapo con dificultad de una muerte segura.
En Sevilla, la Junta que se había declarado poder supremo para España y sus colonias organizó su ejército bajo el mando del general Castaños, quien ordenó que las fuerzas de Cádiz salieran para Jaén al encuentro de los franceses.

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Parte de esa tropa dirigida por San Martín ocupó posiciones en Arjonilla, junto al Guadalquivir. San Martín no tenía orden de atacar al enemigo en inferioridad de condiciones, pero pese a ello, al llegar a la casa de postas situada en Santa Cecilia vio que los enemigos estaban formados en batalla y los ataco con tanta valentía que logro desvaratarlos completamente.


Este acontecimiento marco para el criollo dos importantes hitos: su primer contacto oficial con el arma de caballería, cuya táctica y estrategia habría de llegar a dominar en forma tan destacada; y, así mismo, la confirmación de sus condiciones de líder combatiendo personalmente en el campo de batalla frente a sus tropas.
Pero la acción personal de San Martín durante la Guerra de la Independencia aun esperaba su clima: esta llegaría en la famosa batalla de Bailen.
La victoria de Bailen supuso para San Martín el grado de teniente coronel de Caballería.
Al tomar conocimiento que en América había comenzado la empresa de la libertad obtuvo un pasaporte y se embarco para Inglaterra.
En Londres se entrevisto con Manuel Moreno y Tomas Guido, también se reunió con Alvear y Zapiola para discutir los planes de la Logia Lautaro, fundada por el patriota venezolano Francisco de Miranda, el precursor.
A estas reuniones asistieron también según testimonio de Zapiola el mexicano Servando Mier, los venezolanos: Andrés Bello y Luis López Méndez y los argentinos: Guido, Alvear, Zapiola, Chilabert, Vera, Arellano y Holmberg.
En la helada mañana del 20 de enero de 1812, San Martín partió desde el puerto londinense a bordo de la fragata británica GEORGE CANNING, con rumbo a la capital del antiguo virreinato del Río de la Plata, donde tras casi dos meses de navegación desembarcaron el 9 de marzo de 1812.

Segunda

Parte

5
Creación del Regimiento de Granaderos a caballo. El combate de San Lorenzo. Al mando del Ejército del Norte. San Martín en Córdoba y Mendoza. Preparacion del Ejército de los Andes”.

El desembarco de aquel hombre, providencial para muchos, significó un gran aporte para el esfuerzo de la argentina naciente, aunque pocos podían imaginarlos aquel día en los inicios del otoño austral. El teniente coronel criollo aportaría al Estado que procuraba nacer a la historia, una tecnología militar de avanzada.
Este arte de la guerra sanmartiniano, estudiado y ejercitado en los frentes más recientes de las conflagraciones europeas, seria por cierto magistralmente adaptado por el recién llegado a las características geopolíticas y sociales del nuevo teatro latinoamericano. También aporta San Martín un acabado conocimiento de las instituciones de gobierno ejercitadas por el liberalismo.
El Primer Triunvirato había perdido la iniciativa en las acciones militares que trataban de llevar el poder del nuevo régimen a todos los rincones del desgajado ex virreinato. La guerra contra los ejércitos realistas, que intentaban reprimir el alzamiento independentista, continuaba hacia el futuro incierto, especialmente después de la derrota criolla en Huaqui.
San Martín se incorporó al ejército de la revolución con el grado de teniente coronel y formó el cuerpo de Granaderos a Caballo, con el que intervino en la revolución del 8 de octubre de 1812, derrocando al Primer triunvirato, nombrado coronel en diciembre de 1812, fue encargado de vigilar las costas del Río Paraná, asoladas por una escuadrilla española procedente de Montevideo.
El 3 de febrero de 1813 se produjo el combate de San Lorenzo, que puso fin a los saqueos realistas en las costas del Paraná.
Testigo de ese episodio fue Guillermo Parish Robertson, comerciante inglés, poco antes llegado al país y que se encaminaba al Paraguay por Santa Fe, quien describe el combate de San Lorenzo en su libro Letters on Paraguay, transcripto por Busaniche, en su obra San Martín visto por sus contemporáneos.

Tercera

Parte

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Al respecto, cuenta que San Martín había sido destacado con ciento cincuenta granaderos a caballo y que había viajado solo de noche para escarmentar a los realistas, en tres jornadas para no ser observados. “Son doble en número, pero por eso no creo que tengan la mejor parte de la jornada”, le dijo San Martín.


“La suerte de la batalla, aun para un ojo inexperto como el mío, no estuvo indecisa tres minutos”... “De todos los que desembarcaron, volvieron a sus barcos apenas cincuenta. Los demás fueron muertos o heridos, mientras San Martín perdió en el encuentro, ocho de sus hombres”... “Esta batalla (si batalla puede llamarse) fue, en sus consecuencias, de gran provecho”... “pues los marinos se alejaron del río Paraná y jamás pudieron penetrar después en son de hostilidades”... (*)
A poco de triunfar San Martín en San Lorenzo, el ejército del Norte, al mando de Belgrano, obtuvo la victoria de Salta (20 de febrero de 1813) pero fue derrotado sucesivamente ese mismo año en Vilcapugio y Ayohuma. El gobierno de Buenos Aires acordó a San Martín, en 1813, el grado de coronel mayor, y le nombró general en jefe de aquel ejército que venía disperso del Alto Perú. En enero de 1814, asumió el mando de la fuerza que calificó como “tristes fragmentos de un ejército derrotado”.
Poco tiempo, tres meses, pasó en Tucumán. Desde allá escribió a Rodríguez Peña: “La Patria no hará otro camino por este lado del Norte que una guerra defensiva. Un ejército pequeño y bien disciplinado en Mendoza para pasar a Chile, ... etc”. Pensaba ya en la expedición al Perú.
En abril de 1814, San Martín cayó enfermo en Tucumán y pidió permiso al gobierno para pasar a Córdoba en busca de salud. En una casa de campo de Córdoba, le visitó el ilustre general Paz, entonces oficial del ejército del Norte.
Narra Paz, que San Martín estaba en una estanzuela, a cuatro leguas de la ciudad de Córdoba y que conversó con el largamente sobre nuestra revolución. “Entre otras cosas dijo: Esta revolucion no parece de hombres sino de carneros. Para probarlo refirió que ese mismo día había venido uno de los peones de la hacienda a quejársele de que el mayordomo, que era un español, le

(*) BUSANICHE, J. L., SAN MARTÍN visto por sus Contemporáneos, Solar, Bs. As., 1942, pags. 8 a 12.


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había azotado. Con este motivo exclamó: - ¡ Qué les parece a ustedes; despúes de tres años de revolución, un maturrango se atreve a levantar la mano contra un americano! - . (*)


Tres meses pasó San Martín en Córdoba. En Julio tuvo la buena noticia de la rendición de Montevideo, pero conoció también la abdicación de Napoleon, y la consiguiente restauración de Fernando VII en el trono de España; este último suceso, traería graves consecuencias en la guerra de la independencia americana. San Martín en buenos términos con el Director Posadas, pidió la gobernación de Cuyo, con asiento en Mendoza, y fue nombrado para ese cargo el 10 de agosto.
Un mes hacía que San Martín se hallaba en Mendoza, cuando llegaron a esta cuidad, desde Chile, en completa derrota, los restos del ejército chileno destruido por los españoles en Rancagua.
Perdido Chile, siguieron acontecimientos funestos para la causa emancipadora en América. El general español Morrillo, al frente de una poderosa expedición, que en un principio debió dirigirse a Montevideo y luego desembarcó en las costas de Venezuela, sofocó el movimiento revolucionario en aquella región del continente y en Nueva Granada (1815-1816).
Para ese último año solamente las Provincias Unidas del Río de la Plata manteníanse libres del poder español. San Martín, desde su llegada a Mendoza, dióse a organizar un ejército, con pericia y tenacidad genial. Ese ejército estaba llamado a salvar la causa de la emancipación.
San Martín, en fin, comenta Rojas, en su obra “El santo de la espada” se revelo como un verdadero estadista, racionalizando la economía del precario Estado cuyano, recogiendo mayores excedentes para su tesoro y administrándolos rigurosamente.
Su ejército de los Andes surgió practicamente de la nada, al faltarle el apoyo logístico del gobierno del Directorio. Con la ayuda de fray Luis Beltrán se fundieron cañones, cureñas, granadas, cartuchos y balas. Se había logrado, en suma, levantar una industria de guerra popular al servicio de la victoria de la revolución nacional.

(*) BUSANICHE, J. L., SAN MARTÍN visto por sus Contemporáneos, Solar, Bs. As., 1942, pag. 19.


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El Propio San Martín sintetizó cumplidamente la grave situación de los patriotas criollos en su célebre bando: Es llegada la hora de los verdaderos patriotas. Se acerca al río de la Plata una expedición de diez mil españoles (se refería a la de Morillo). Ya no se trata de encarecer ni exaltar las virtudes republicanas, ni es tiempo de exhortar a la conservación de las fortunas o de las comodidades familiares. el Primer interés del día es el de la vida: éste es el único don de los mortales. Sin ella también perece con nosotros la patria. Basta de ser egoístas para empeñar el último esfuerzo en este momento único que para siempre fijará nuestra suerte. A la idea del bien común y a nuestra existencia todo debe sacrificarse. Desde este instante el lujo y las comodidades deben avergonzarnos. la pobreza de las cajas de esta provincia no alcanza a las primeras atenciones, al paso que ellas se multiplican. Desde hoy quedan reducidos nuestros sueldos a la mitad. El empleado que no quiera donar lo que deja de percibir recibirá un boleto para su abono en mejores circunstancias. Yo graduaré el patriotismo de los habitantes de esta provincia por la generosidad, mejor diré, por el cumplimiento de la obligación de sus sacrificios. Al indolente se lo arrancaré imperiosamente a la fuerza, estrechando a servir la ley de la seguridad civil general. Cada uno es centinela de su vida.


Preocupaba al gral. San Martín el hecho que dar la guerra a España y procurar la libertad de los pueblos del Pacífico - Chile y Perú - excedían las atribuciones de un simple gobernador intendente. Su plan continental necesitaba el consenso de una política nacional.
Se trataba, de manifestar ahora, de una vez para siempre, ante todos los pueblos del orbe el anhelo de independencia. Esta fue formalmente declarada el día 9 de Julio de 1816 bajo el nombre de Provincias Unidas del Río de la Plata - aunque no concurrieron la Banda Oriental, Corrientes, Entre Ríos ni Santa Fe -.
Por fin contaba San Martín con el instrumento jurídico legitimador de sus sueños. Aunque llegaba en un momento en que los rioplatenses aparecían patéticamente aislados frente a una América donde aún ondeaba la bandera española en México, Nueva Granada, Venezuela, Quito, Chile, Perú y Alto Perú.
En histórico encuentro el 15 de Julio de 1816 en Córdoba San Martín y Pueyrredón sellan secretamente el futuro del ejército de los Andes. El 12 de agosto está San Martín de regreso en Mendoza, el congreso le nombra Capitán general de Provincias para poder dedicarse por entero a la gran empresa mientras la sustituye en la Intendencia de Cuyo el gral. Luzuriaga.
Durante este segundo año de preparativos del plan continental en Mendoza, ocurre un acontecimiento de gran trascendencia personal para el héroe: el nacimiento - el día 24 de agosto de 1816 - de la única hija de su matrimonio con Remedios

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de Escalada. Bautizada con los nombres de Mercedes Tomasa, fue apadrinada por el coronel Alvarez Condarco y doña Josefa Alvarez, amiga íntima de la madre.


Esta única hija sería el personaje más importante de la vida privada del prócer durante el aún lejano exilio europeo de sus últimos años.
Quizás debido a la nueva responsabilidad de padre de familia pensó en la posibilidad de establecerse en el campo, para lo cual pidió al gobernador civil de Mendoza le hiciera merced de una chacra en el sitio llamado El Retamo.
El gobernador civil Luzurriaga, por acuerdo general, decidió donar a San Martín el pequeño predio, más otro igual para la recién nacida hija del general. Este último fue rechazado por el general, pero tuvo al fin que aceptarlo cuando el fiscal del gobierno, doctor Ortiz, descalificó a San Martín para usar su potestad en perjuicio de los derechos de su hija.
Escribe Carlos Mamonde, en su libro “Jose de San Martín”: “en aquella primavera de 1816, el nuevo ejercito de los Andes, la gran unidad de combate que el estratega necesitaba para afianzar la libertad de América toma visos de realidad: contaba ya aproximadamente con 5.400 hombres, 10.000 mulas de silla y carga, 1.600 caballos de combate, 600 reses para alimentar la tropa en la travesía y el armamento compuesto por algunas piezas de artillería ligera, 2.000 sables, 2.000 balas de cañón y un número similar de metralla, 600 granadas y munición de fusil y carabinas. (*)
Afirma el investigador Dante Emanuel, en su trabajo “Breviario de la vida, ideales y muerte del gral. San Martín”: ... “ el paso de los Andes necesitaba actividad previa, muy especialmente el poder conocer la cituación imperante en Chile, la cantidad y calidad de fuerzas allí acantonadas, el estado anímico de la población, para ello se valía de los informes de todo viajero que emigraba de chile, de la guerra de zapa y de los partes de baqueanos espías”. (**)
Todas las referencias configuraban un estado general de efervescencia contra Osorio primero y luego contra Marcó.

(*) MAMONDE, Carlos, “José de San Martín”, Quorum, Madrid, 1987, pag. 44.


(**) Emanuel, Dante, “Breviario dela vida, ideales y muerte del gral. San Martín”, Inst. Nac. Sanmartiniano, Bs. As., 1979, pag. 13
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En estas tareas informativas se destacaron Manuel Rodríguez y Nicolás Chopieta. Los indios pehuelches fueron también confidentes y colaboradores de San Martín en la gran cruzada.
Al general San Martín lo rodeaba un Estado Mayor cuyo cuartel maestre era el Brigadier mayor Miguel Soler, el segundo jefe coronel Antonio Berutti para seguirle luego José María Aguirre, Manuel Acosta, Manuel Ariño, Francisco Meneses y Antonio Noboa.
Para ocuparse de lo relativo a sanidad se nombró cirujano mayor al coronel Diego Paroissien que llevaría como segundo al ya citado Dr. Juan A. Zapata.
El ejército de los Andes marcharía dividido en dos columnas, una al mando de Gregorio de Las Heras y la otra por Miguel Soler; la primera tomaría por la ruta de Uspallata y la otra la de los Patos. La Zona central y más abrupta de la cordillera limítrofe había sido elegida por San Martín para llevar la liberación a Chile.
Ya en plena campaña de preparación el propio general en jefe había explorado las zonas y tomado todas las providencias que a estrategia se refieren en relación al terreno a recorrer.

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El Libertador de Chile ”


El 17 de enero, el Ejército de los Andes emprendía su marcha por la cordillera. En los primeros días de febrero estaba en las cuestas occidentales, habiendo cumplido uno de los hechos más sorprendentes que registra la historia. El 12 triunfaba en Chacabuco.
El parte de la batalla enviado al gobierno por San Martín, reza: Una división de 1.800 hombres del ejército de Chile acaba de ser destrozado en Chacabuco por el ejército a mi mando en la tarde de hoy. La premura del tiempo no me permite extenderme en más detalles que terminaré lo más breve que me sea posible; en el entretanto debo decir a vuestra señoría que no hay expresiones para ponderar la bravura de estas tropas. El parte tardó catorce días en llegar, llevado por jinetes, a Buenos Aires.
El general San Martín expresó al dar cuenta de la victoria: Al Ejército de los Andes queda la gloria de decir: “En veinticuatro días hemos hecho la campaña, cruzamos las cordilleras más elevadas del globo, concluimos con los tiranos y dimos la libertad a Chile”.
Cuatro días después de la entrada en Santiago, los líderes políticos chilenos pretendieron nombrar a San Martín gobernador de Chile con omnímoda voluntad, en el transcurso de una asamblea convocada por el mismo general para la elección de nuevas autoridades. Pero San Martín rechazó la generosa oferta, siendo nombrado en cambio el brigadier Bernardo O’ Higins. El nuevo líder chileno, agradeciendo a San Martín su gesto, dijo: Nuestros amigos, los hijos de las Provincias del Río de la Plata, acaban de recuperarnos la libertad usurpada por los tiranos, al tiempo que anunciaba al mundo un nuevo asilo en estos países a la industria, la amistad y los ciudadanos todos del globo.
El trajín físico intenso, las largas vigilias y las conmociones nerviosas que estaba viviendo recrudecieron las antiguas dolencias que le hacen decir a San Martín en una carta dirigida a Tomás Godoy Cruz: “Mi salud sigue en un estado miserable. Conozco que el remedio es la tranquilidad por cuatro o seis meses, pero mi extraordinaria situación me hace ser víctima desgraciadas de las circunstancias”. Reiterando su estado le escribe a Narciso de Laprida: “Se sigue lidiando con díscolos, apáticos, sarracenos. Lo sensible es que la salud no ayuda para tamaña faena; yo creo pronto darán con mí en tierra, pero trabajemos hasta el extremo”. (*)

(*) EMANUEL, Dante, “Breviario de la vida, ideales y muerte del gral. San Martín”, Inst. Nac. Sanmartiniano, Bs. As., 1979, pag. 18

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Entraba a regir ya el segundo semestre de 1817 y el 21 de Noviembre recibía el comando del Ejército Libertador el general de brigada Antonio González Balcarce. San Martín al dejar el mando solicita no ser tratado como “Excelencia” de acuerdo a su grado y se le disminuya el sueldo de general al de coronel mayor. Ambos generales solucionan la situación para no causar grandes males a la opinión pública con el impacto del cambio de jefatura. En Diciembre la reasumirá nuevamente.
El 6 de Diciembre el ejército sitiador de Talcahuano fracasa en su intento de tomar por asalto las fortificaciones; con tal motivo San Martín ordena retirarse de la provincia de Concepción levantando el sitio y adoptar el sistema de campo arrasado como método estratégico. Fue así como toda la población zonal siguiendo al ejército en retirada llega a Talca.
Al no poder tomar Talcahuano o de haberlo intentado nuevamente hubiese sido muy riesgoso para el ejército en operaciones, espera el gran estratega, que las fuerzas realistas salieran de su inexpugnable refugio buscando recomponer lo que habían perdido en Chacabuco. Esto se elucubraba ya en Lima por intermedio de Pezuela y Osorio. Un enviado de San Martín, el sargento Domingo Torres que había estado en Lima con la misión de auxiliar a los prisioneros patriotas trajo las noticias de que fuerzas realistas peruanas se estaban alistando para desembarcar en costas chilenas.
Nuevamente cerníase sobre Chile la angustia de perder lo que habíase logrado con tanto sacrificio; San Martín conocedor de la situación interpreta que ha llegado el momento de proponer la proclamación de la Independencia chilena, la coincidencia con su propuesta es general y el 12 de Febrero de 1818 en solemne acto después del veredicto del pueblo, se jura la Independencia.
Bernardo Monteagudo, a la sazón en Chile hace la crónica de los festejos y al describir el acto en que también el delegado de las Provincias Unidas del Sur. Tomás Guido, hace votos por la felicidad de la república hermana, transcribe palabras del supremo Director del gobierno chileno: “El gobierno acepta por vuestro conducto con la mayor gratitud los sinceros votos de las Provincias Unidas y mirando siempre al Estado Argentino como el libertador del reino, consagrará lleno de placer sus esfuerzos para que la unión entre ambas naciones sea eterna e indisoluble”. (*)

(*) EMANUEL, Dante, “Breviario de la vida, ideales y muerte del gral. San Martín”, Inst. Nac. Sanmartiniano, Bs. As., 1979, pag. 19

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Todo esto fortificaría la resistencia opuesta al enemigo y los chilenos y argentinos tenían ya algo concreto que defender: sus propios Estados.
El ejército que fue integrándose en Santiago y alrededores salió hacia el Sur con el objeto de unificarse con el que operaba en la zona y así fue que comienza a llamarse Ejército Unido.
La columna de San Martín hace escala en Las Tablas y se reúne con las tropas de O’Higgins en San Fernando. Mientras tanto las localidades de Chile liberado hacen titánicos esfuerzos por mantener a sus organizaciones en campaña.
El encuentro entre realistas y patriotas se hace en Cancha Rayada donde parte del ejército unificado es vencido y dispersado. En su retirada su fija nuevamente a San Fernando como punto de reagrupamiento. San Martín marcha de regreso a Santiago precedido por O’Higgins que, herido en un brazo, tomaría nuevamente la presidencia del Directorio el 24 de Marzo.
Con respecto a la derrota se habla de traiciones y defecciones, San Martín, atribulado, pero no menos enérgico, lucha contra todas las contingencias e infunde nuevas energías a un ejército y a un pueblo.
Las Heras con sus regimientos que valientemente se habían batido en Cancha Rayada hace su entrada en Santiago el 19 de Marzo y desfila frente a quienes se habían apresurado pocos días antes a dejar el campo de batalla.
San Martín preparó y alentó este recibimiento con las mismas características con que había sido recibido él por la capital chilena después de Chacabuco. ¡honra a los valientes y escarmiento para los temerosos!
Reorganizadas las fuerzas fueron concentradas en la llanura de Maipú en las inmediaciones del valle de Aconcagua y el río Maipú. Las órdenes sanmartinianas para la batalla que allí pensaba librar al enemigo son rigurosas y forman parte de una reedición de aquella otra lucha en las Termópilas donde el valor espartano de Leónidas y la disciplina impuesta dejaron un rasgo imperecedero ...
Imbuído cada jefe, cada soldado, de la futura trascendencia de la victoria o la derrota fueron las divisiones tomando posiciones de combate.

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Una de ellas comandada por el general Las Heras, otra por el coronel Alvarado y la tercera de reserva por el coronel Hilarión de la Quintana. La caballería, a quien daría San Martín la mayor responsabilidad estratégica, dividida en dos alas, eran comandadas por Zapiola y Freire. El comandante general de la infantería era González Balcarce.


El 5 de Abril de 1818 desde su campamento al pie de las Lomas Blancas dirige la batalla que ya al anochecer se convertiría en victoria.
O’Higgins, que fue a su encuentro, al hallarse frente a frente exclama: “Gloria al salvador de Chile!” Responde al instante San Martín: “General, Chile no olvidará jamás al nombre del ilustre inválido, que en el día de hoy se presenta en el campo de batalla”.
Los destrozados restos de las fuerzas de Osorio retornan al puerto de Talcahuano el 14 de Abril.
San Martín confecciona el parte de la victoria y luego con las cartas de muchos chilenos que Osorio tenía en su poder y capturadas por su ayudante O’Brien cuando éste lo perseguía, las incinera. Con este acto muchos chilenos traidores salvaron su responsabilidad y el héroe de Maipú inscribe una nueva página de su idealismo: los objetivos no eran la venganza, a ésta debían suplirla el orden y la libertad.
La noticia se expande por América y Europa; se retempla el espíritu emancipador y se abre el camino hacia Perú. De mil maneras se resalta y festeja la victoria, San Martín, sereno, solo piensa que su misión debe aún completarse, nada lo turba, solamente le reconforta el reconocimiento de sus compatriotas.
Maipú conmociona a todo el reinado Español, en la metrópoli y virreinatos produce efervescencias y la desorientación con respecto a las colonias americanas comienza a prevalecer. San Martín regresa a Buenos Aires vía Mendoza donde nueva apoteosis lo esperaba, idéntico recibimiento lo recepciona en el Plata cuando llega el 11 de Mayo; se substrae lo más posible y con toda modestia a los festejos generales, pero asiste a la invitación que le hace el congreso de recibirlo en pleno. La intención no era recibir el homenaje de los congresistas sino que utiliza su presencia para solicitar lo imprescindible para proseguir con la causa libertadora llevándola al perú. Una nueva entrevista con Pueyrredón en su quinta de San Isidro concluye concretándose la expedición a Lima,

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la compra de buques en Estados Unidos y Europa, la compra de armas y vituallas en Buenos Aires. En las reuniones además de la responsabilidad de su grado militar y la jefatura del ejército Unido, representaba al estado chileno en todo lo referente al esfuerzo común en la gran empresa libertadora. Se conviene además la emisión de un empréstito destinado a esta última finalidad. Al remitirle a Tomás Guido, residente en Santiago, todas esas noticias, le encarece que Chile le proponga efectuar el mismo esfuerzo para obtener el definitivo éxito. La presencia de la marina en las costas del pacífico era para San Martín de suprema importancia y para obtenerla, emisarios argentinos parten con tal objetivo. Nuestro Libertador viaja con su esposa hacia Mendoza con la intención de pasar a Chile, un riguroso invierno lo impide y debe prolongar su estadía en Cuyo. La emisión del empréstito es recibida con frialdad por la población y el propio Pueyrredón transmite a San Martín su fracaso.


En Santiago las alternativas políticas y económicas no tienen mejor desarrollo y todo lo agrava las desaveniencias de O’Higgins con Guido que era representante argentino. Antes de que hiciera crisis el diferendo, Pueyrredón recurre a San Martín para que intervenga amistosamente: “Yo confío que usted con su prudencia, con su influjo y con la natural dulzura de su carácter, apagará cualquier pasión inflamada, haciéndoles entender y a mi nombre, si usted lo juzga conveniente, que los desvíos de un individuo jamás deben alterar la armonía de una familia escogida por sus virtudes para hacer la felicidad de nuestra Patria” San Martín desde Mendoza, intercede ante O’Higgins y Guido, logrando su cometido.
El empréstito fracasado imposibilita la expedición al Perú, es ello motivo, al que se suma su muy precario estado de salud, lo que le induce a presentar su renuncia a la jefatura del Ejército Unido: “Yo no quiero ser juguete de nadie y sobre todo quiero cubrir mi honor”.
Esta alternativa conmociona a Chile y Argentina; O’Higgins se apresura a remitirle una esquela: “Cuando me preparaba a estrecharlo entre mis brazos recibió la amargura de su resignación. San Martín es el héroe destinado para la salvación de la América del Sud y no puede renunciar la preferencia que la providencia Eterna le señala”. Juan Martín de Pueyrredón en su calidad de Director y gran amigo, le suplica retire su renuncia que, de no hacerlo, él adjuntará la suya: “Tenemos aún algo que sacrificar y es preciso hacerlo. Le comunico además que el empréstito se obtendrá mediante drásticas medidas a tomarse”. A pesar de ello el

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empréstito no llega a los quinientos mil pesos como estaba proyectado, solamente en efectivo se llega a los 300.000, el resto fue cubierto en armamentos y barcos costeado por el estado Argentino. Nuestro héroe después de 6 meses de ausencia regresa a Santiago de Chile el 26 de Octubre de 1816, cuando recién se lo permite pasar la Cordillera.


La batalla de Maipú alejó la amenaza realista que solamente aún incursionaba en la Provincia de Concepción. Reiteradamente fueron batidos por regimientos de granaderos a caballo comandados por Zapiola y sus oficiales: las victorias de Villa de Quisichué y Chillan entre ellas. El 2 de Octubre de 1818, Balcarce al frente del ejército sustituyendo a San Martín en otro de sus viajes a Buenos Aires anuncia la evacuación del puerto de Talcahuano, el embarque de Osorio y sus fuerzas y la destrucción que de esa plaza hacen los realistas.
Más tarde con la caída del fuerte de Nacimiento y la victoria de Bio - Bio, el sur chileno era incorporado al estado, ésta situación la hace conocer también el General Balcarce el 1º de Marzo de 1819, quien, durante un viaje por motivos de servicio a Buenos Aires, fallece el 6 de Agosto de 1819.
A poco de llegado San Martín a Chile, cayó el gobierno central argentino como consecuencia inmediata de la derrota sufrida por Rondeau en la batalla de Cepeda. el país quedó reducido a una Confederación de hecho, anarquizada en un principio, hasta que se acordaron tratados entre las provincias, y el gobierno local de Buenos Aires mantuvo el ejercicio de las relaciones exteriores. El general en jefe del Ejército de los Andes vióse obligado a tomar una determinación, tan arriesgada como la de Mendoza. Desaparecido el gobierno que le había confiado el mando supremo y a cuyo servicio figuró hasta entonces el ejército, reunió a sus oficiales en Rancagua y ante ellos declinó la autoridad de que estaba investido. el cuerpo de oficiales le reeligió como general en jefe por medio de un documento que se ha llamado el ACTA de RANCAGUA (abril de 1820).
Con este nombramiento, San Martín aceptó el cargo de Jefe del Ejército Libertador del Perú que le otorgó el gobierno de Chile. Los regimientos argentinos formaron en ese Ejército y el Libertador de Chile pudo reanudar su empresa continental. Bolívar había pasado ya los Andes venezolanos y entrado en Bogotá (agosto de 1819), pero Morillo seguía ocupando Caracas, los españoles dominaban el sur de Nueva Granada y Quito con Guayaquil. El virrey de Lima señoreaba todo el Alto y Bajo Perú.

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La guerra del Perú”


A mediados de aquel frío invierno chileno de 1820, las tropas comenzaron a concentrarse en Valparaíso, prontas a embarcar en la escuadra que las llevaría al Perú. Los efectivos de combate para el desembarco se calculan en más de cuatro mil hombres repartidos en tres divisiones al mando del coronel mayor Rudecindo Alvarado, del coronel mayor Alvarez de Arenales y el coronel Francisco Pinto. Jefe del Estado Mayor era el general Las Heras.
La flota estaba compuesta, finalmente, por siete navíos de guerra, con 240 cañones y naves de transporte auxiliar. El piloto y capitán de la escuadra era el marino europeo lord Cochrane, directamente a las órdenes del Libertador, embarcado en el San Martín, el barco más potente de las fuerzas, con 64 cañones.
El 20 de agosto de 1820, enarbolando la bandera chilena en todas sus naves, la flota partió desde el puerto de la bahía de Valparaíso.
Por fin, San Martín parecía encaminado a superar, desde Chile, la segunda etapa de su plan continental de liberación. Casi cuatro años había tardado en reunir la flota esencial, superando obstáculos que habían puesto a prueba su capacidad de político de Estado y de gran organizador, con una visión estratégica de la guerra insuperable en la América de su tiempo.
Su ejército era superado numéricamente en la proporción de tres a uno por las tropas realistas que, al mando supremo del virrey Pezuela, guardaban el enclave fortificado del Perú; llave del asentamiento militar español en Sudamérica. Aunque, en todo caso, existía un elemento favorable a San Martín que no había entrado en los cálculos iniciales: éste era la apertura de un nuevo frente de ataque a los realistas desde el norte, por parte de Bolívar que se hallaba en Nueva Granada, en la actual Colombia.
En la fase inicial de esta guerra del Perú había sido muy útil la estrategia de bloqueo por parte de la escuadra criolla de Cochrane de algunos puertos del pacífico americano, pues estas maniobras habían quitado movilidad a las fuerzas marítimas de Pezuela.
Las tropas realistas llegaban en el momento de invasión criolla a casi veinte mil soldados. No todos los oficiales de Pezuela

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eran partidarios leales del despotismo fernandino, viendo algunos incluso con simpatía personal la causa de los criollos republicanos.


La escuadra sanmartiniana pisó tierra peruana, cerca de Lima, en una bahía llamada Paracas, el 7 de septiembre, tras más de quince días de navegar hacia el norte, siguiendo la costa.
Un hecho que tuvo consecuencias en la guerra se había producido en España, a principios de ese año coincidente con la caída del Directorio en Buenos Aires: El pronunciamiento del general Riego, que restauró la constitución liberal española sancionada por las cortes de Cádiz en 1812 y abolida por Fernando VII. De este nuevo régimen liberal, se esperaba una nueva política del gobierno español con los independientes americanos. Circunstancia es esta que debe tenerse muy en cuenta para juzgar la situación de San Martín en el Perú.
El Libertador prometíase una victoria incruenta, por el estado de la opinión, por la situación de las autoridades españolas y sobre todo porque así convenía a su genio abnegado y altruísta. Proponíase también con desembarcos inesperados en toda la extensión de la costa peruana, mantener disperso y debilitar al ejército español, muy superior al suyo en efectivos.
Las tropas independientes obtuvieron éxito diversos y, el virrey Pezuela que había jurado en Lima la constitución liberal española de 1812, propuso un armisticio a San Martín. Cumplíase lo previsto por el Libertador. El general Guido, su ayudante de campo, y García del Río, su secretario, conferenciaron con los enviados de Pezuela en Miraflores. San Martín proponía, como condición esencial para la paz, la independencia del Perú.
Pezuela no aceptó y la expedición libertadora se hizo otra vez a la vela para desembarcar en Huacho, al norte de Lima, punto que se consideró más estratégico. Entretanto, Cochrane cumplía verdaderas proezas como marino en la bahía del Callao. Con la nueva operación militar, San Martín cortó las comunicaciones entre Lima y el norte del Perú que se plegó casi por entero a su causa. También Guayaquil se declaró por la causa revolucionaria bajo el amparo de San Martín y proclamo su independencia.
Por ese tiempo (noviembre 25 de 1820), Bolívar tuvo una entrevista con el general español Morillo en Trujillo, (Venezuela) donde firmaron un armisticio, abrazándose con mutuas protestas de confraternidad. Bolívar envió comisionados a España, para tratar la paz.

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Todo como resultado del cambio político operado en la Península. San Martín, dueño de la costa norte del Perú, y teniendo a Lima bloqueada, presionaba ya con su ejército en el interior. A fines de 1820, Arenales ganó la batalla de Pasco.


En enero de 1821, el virrey Pezuela fué depuesto por el ejército y sustituido por el general la Serna. Una parte del ejército libertador realizó desembarcos en la costa sur del Perú. El general Miller ocupó Pisco y después Arica. En esas circunstancias, (abril de 1821) llegó a Lima el comisionado especial del gobierno español, don Manuel Abreu.
San Martín se mostró dispuesto a entrar en negociaciones. El 3 de mayo previas conferencias de sus comisionados con los del virrey, tuvo una entrevista con la Serna en la hacienda de Punchauca, distante cinco leguas de Lima. La entrevista fué muy cordial, como había sido la de Bolívar con Morillo. San Martín había propuesto como condición esencial el reconocimiento de la independencia del Perú; luego la formación de una regencia compuesta de tres miembros nombrados por él y por la Serna.
Dos comisionados, irían a España en busca de un Príncipe que ocuparía el trono del nuevo estado. La Serna aceptó individualmente la propuesta, no así los jefes del ejército español, que negaron su aprobación.
San Martín explicó más tarde su actitud en carta del general Miller: “El general San Martín, que conocía a fondo la política del gabinete de Madrid, estaba bien persuadido de que él no aprobaría jamás este tratado”.
Se estableció un armisticio. La dificultades de todo tenor creadas por La Serna y sus colaboradores hacen que San Martín retire a sus delegados de la conferencia. La Serna abandona Lima ahondando el descontento de la población y de sus propios colaboradores.
Lima queda prácticamente indefensa. La caballería del Ejército Libertador entra a Lima el 9 de Julio entre el delirante y patriótico entusiasmo de la población y el 10 su jefe se hace presente en el ayuntamiento sin estridencia alguna; el pueblo espontáneamente lo rodeó, victorió y agasajó. Regresa a su campamento militar, declinando honores y el ofrecimiento del Palacio de los Virreyes para su residencia y el 15 de Julio el Cabildo

de Lima a su requerimiento jura la independencia.

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El Protector del Perú”

La entrevista de Guayaquil
Se concreta la fecha del 25 de Julio para que la ciudad en pleno jure la independencia, como lo hiciera ya el cabildo, en la plaza pública y es así que con la bandera que él mismo creara en su mano y desde una tarima así consagra el deseo del pueblo peruano: “El Perú es desde este momento libre e independiente por la voluntad general de los pueblos y por la justicia de su causa que dios defiende”. La bandera peruana flameaba en sus brazos de triunfador.
El 26 de Julio ofíciase un Tedeum y todas las corporaciones e instituciones juran la independencia y pocos días después, con el objeto de canalizar una autoridad que reencausace la vida pública, San Martín se declara protector del Perú.
La provincia de Guayaquil había solicitado la protección de San Martín que acudio prestamente a concederla por intermedio de Guido y Luzuriaga que luego deben optar por ausentarse del escenario por el accionar de los partidarios de Colombia que actuaban bajo los influjos del Libertador Bolívar.
Era preciso reparar el desastre de Ica y reiniciar lacampaña militar que pone esta vez en manos del general Arenales que se unirían a las fuerzas colombianas al mando del general Sucre. Se toman las provincias de Laja y Cuenca; surge luego la victoria de Río Bamba donde se lucen el capitán Juan Lavalle y sus granaderos y luego de Pichincha el ejército libertador toma Quito el 24 de Mayo de 1822.
Las victorias de los ejércitos argentino - peruano - colombiano actualizan la cuestión Guayaquil a donde llega Bolívar triunfalmente aclamado.
San Martín en viaje a Guayaquil invitado por Bolívar se entera en la isla de Puma donde estaba apostada la flota peruana, que Bolívar, durante un banquete celebrado en su honor, había anexado de hecho la provincia peruana al Estado de Colombia.
El 26 de Julio llega a Guayaquil, mantiene con Bolívar dos entrevistas, participa de un ágape que le brinda el libertador colombiano y de un agasajo que le ofrece el ayuntamiento de la ciudad; parte al amanecer del día 28 en compañia de su comitiva .

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Bolívar no correspondió a lo que el protector del Perú esperaba. Demostró que no deseaba compartir con San Martín la terminación de la guerra. Tampoco estuvieron de acuerdo respecto a la suerte de Guayaquil y a la política de los estados independientes.


La entrevista de Guayaquil se magnifocó a través de los años y en la misma forma que crecieron los interrogantes sobre sus motivos, sus decisiones y de como influenció en el ánimo de San Martín para indicarle la conducta a seguir.
Sobre suelo peruano, al retornar de Guayaquil tenía tomada la desición de eclipsarse del panorama político militar de América Latina.
Reasume el protectorado y prepara los acontecimientos para convocar al Congreso General, anunciándoleen misiva dirigida al general O’Higgins que, una vez reunido aquél, se embarcará al otro día con destino a Chile.

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Nuevamente Chile. De regreso a su patria. Europa. En la rada de Buenos Aires. Otra vez Europa.



Su muerte.
Durante este retorno a Santiago recibe la noticia de que Perú le ha nombrado Fundador de la Libertad Peruana mientras San Martín, había remitido su agradecimiento al gobierno de Lima por todas las atenciones recibidas.
Piensa regresar a su querida Mendoza y de allí a Buenos Aires. El viaje está ya dispuesto. Cuando el 28 de Enero de 1823 frente al Congreso, O’Higgins abdica a su cargo de Director Supremo de Chile, San Martín resida ya en Mendoza.
Dos figuras geniales eclipsadas y consumidas en el mismo fragor de las pasiones, el egoísmo, la ruindad y el desagradecimiento. Permanece en Mendoza diez meses hasta el mes de Noviembre en que inicia una larga trayectoria hacia Buenos Aires, en diligencia, que dura catorce días para llegar el cuatro de Diciembre.
El gobierno de Buenos Aires temía la presencia de San Martín en suelo patrio; se le custodiaba celosamente en Mendoza siguiéndole paso a paso, como también se hizo en su viaje a Buenos Aires. Donde su esposa muere el 3 de Agosto de 1823.
El Capitán General del Ejército de los Andes establecido en su casa de Buenos Aires, captó de inmediato el medio de intrigante que le rodeaba; la desconfianza que despertaba su presencia mitigada por la amistad de sus amigos, de parte de la familia Escalada y de su pequeña hija Mercedes.
San Martín ya había decidido ausentarse, integralmente del escenario de sus proezas, primero, recluyéndose en su chacra mendocina esperando se reconociera su gesto: al no hallar la tranquilidad que su propia conducta justificaba tampoco en Buenos Aires decide el viaje al extranjero que se inició el 10 de febrero cuando sueltas amarras el buque francés Le Bayonais.
El 23 de abril de la planchada del buque descendía en el puerto del Havre. El gobierno Francés al recibir tan monumental visita se alarma sobremanera, confisca sus bienes, abre sus pertenencias buscando escritos referidos a la libertad de los pueblos.

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Las gestiones de su hermano Justo, residente en París, tampoco tienen éxito para lograr su residencia permanente. El 4 de Mayo se reembarca con destino a Inglaterra. Después de la Estadía en Inglaterra, se traslada a fines de 1824, en compañía de su hija, a la ciudad de Bruselas, en los países bajos.


Mientras su hija, alojada en una pensión escolar, continúa su educación causando el agrado de su padre por los adelantos obtenidos en idioma, música y dibujo. Orgullo y satisfacción para el padre cariñoso. Dedicado a la jardinería, carpintería, y lectura pasa su vida en Bruselas acompañado también por su hermano Justo.
En cartas a Tomás Guido le transmite la idea de permanecer dos años en Europa y después: “Si me dejan tranquilo y gozar de la vida sentaré mi cuartel general en las costas de Paraná porque me gusta mucho y otro en Mendoza hasta que la edad me prive de viajar, pero si no me quieren dejar vivir en tranquilidad venderé lo que tengo y me vendré a morir a un rincón de ésta y les quedará el consuelo a mis enemigos de haber acibarado los últimos días de mi vejez”.
En 1828, San Martín anuncia la posibilidad de su próximo retorno al Río de la Plata que coincidía con la finalización de una parte de la educación de su hija, a quien dedica una serie de máximas que han pasado a la historia aleccionadora como vertebral columna formativa para toda joven a quien sus padres esperan verla integral mujer.
Con escala en Río de Janeiro y cuando había terminado la guerra con Brasil, en el lapso en que la Banda Oriental se convertía en nuevo estado y mientras tanto el Almirante Brown era gobernador interino de Buenos Aires con motivo de la caída de Dorrego, llegaba San Martín a la rada del puerto.
Solicita pasaporte para desembarcar en Montevideo dirigiéndose así al entonces ministro General Díaz Vélez: “A los cinco años justos de separación del país he regresado a él con el firme plan de concluir mis días en el retiro de una vida privada; más para esto contaba con la tranquilidad completa que me suponía debía gozar en nuestro país; pues sin este requisito sabrá muy bien que todo hombre que a figurado en revolución no podía prometérsela por estricta neutralidad que quiera seguir en el choque de las pasiones. Así es que en vista del estado en que se encuentra nuestro país y por otra no perteneciendo ni debiendo pertenecer a ninguno de los partidos en cuestión, he resuelto para

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conseguir ese objeto pasar a Montevideo, desde cuyo punto dirigiré mis votos por el pronto restablecimiento de la concordia”.


La disputa entre unitarios y federales había llegado a trágicas consecuencias: el 15 de diciembre caía Dorrego fusilado en Navarro. Decide no desembarcar.
Prescinde de las más diversas sugerencias para plegarse a las distintas fracciones que pugnan por el poder en ambas márgenes del Plata. El 9 de Abril de 1829 el general Rondeau le extiende el pasaporte y el 17 parte en otros de sus viajes el navío Chichester rumbo a Inglaterra desde donde retorna a Bruselas para reunirse con su hija. Había estado dos meses en Montevideo.
Desoyendo proposiciones que hubieran tentado a un militar ambicioso, se resolvió a regresar al viejo mundo, en donde probablemente le esperaban la escasez y los sinsabores del aislamiento.
Mientras él había consagrado su vida al triunfo de la causa de América, un compañero suyo de regimiento, el señor D. Alejandro Aguado, se encontraba poseedor de una inmensa fortuna, con la cual y empleando una exquisita delicadeza, salió al encuentro de las necesidades del ilustre camarada a quien tenía la dicha de abrazar después de largos años de una separación que ambos creían eterna.
Aguado conocía la dignidad del carácter de San Martín, y le asoció a sus consejos, depositando en él la más ilimitada confianza. Oigamos a éste mismo: “Hace pocos años, escribía en 1842 a unos de sus antiguos colegas en Chile, mi situación fue bastante crítica, y tal, que sólo la generosidad del amigo que acabo de perder, me libertó morir en un hospital, tal vez. Esta generosidad se ha extendido hasta después de su muerte, dejándome heredero de todas sus joyas y diamantes, cuyo producto me pone a cubierto de la indigencia en el provenir”.
Este amigo generoso era el señor Aguado. Pero algo más precioso para éste que sus diamantes, confió a la honradez y al juicio del compañero que le sobrevivía, pues le dejó la tutela y curatelas de sus hijos menores, herederos de una fortuna de príncipes.
El General San Martín se estableció definitivamente en las cercanías de la capital de la Francia, en una posesión denominada Grand Bourg. Allí pasó el resto de su vida, rodeado de sus nietas,

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cuidado por la más virtuosa de las hijas, respetado de cuantos le conocían, y visitado y acatado por todos los viajeros distinguidos de Sud América, a quienes recibía con sencillez y cordialidad en su modesto y sereno hogar. Grand Bourg era la casa de Cincinato. La hospitalidad que en ella se dispensaba a los amigos y compatriotas, era perfumada con las flores de un esmerado jardín y amenizada con la franqueza de buen tono, propia del soldado que desde su juventud frecuentaba la sociedad más escogida.


Su corva espada de combate, las grandes pistolas del arzón de su silla de granadero, su retrato envuelto en pliegues de la bandera que él ennobleció en Chacabuco, y el estandarte de Pizarro, bordado por la madre de Carlos V, tales eran los adornos de sus habitaciones en el asilo que le prestaba una tierra extranjera. Allí vivió hasta 1848, enterrado en la grave tristeza de sus recuerdos, como hoy yace inmortal, a la sombra de atributos de gloria.
Conservó notable agilidad hasta en los últimos años. Una persona que le visitó en su retiro de Grand Burg en 1843, ha escrito que las grandes cejas negras del General le subían hacia el medio de la frente, cada vez que abría sus ojos llenos aún de fuego de la juventud, y que su sonrisa simpática dejaba en su boca, a descubierto una dentadura fuerte aún hasta entonces.
Pero desde principios del año 1844, la estatura prócer del General comenzó a agobiarse, su voz a perder su timbre sonoro, su inclinación al retiro y al silencio a crecer, y considerando “su salud en mal estado”, escribió sus últimas voluntades con entrañas de padre y de patriota, legando su corazón a la ciudad de Buenos Aires.
Las acreditadas aguas de Eughien no pudieron restituirle las fuerzas perdidas, ni tampoco los aires y los baños tónicos del mar, a cuyas orillas se estableció más tarde, en la risueña ciudad de Boloña, en donde finalmente dio al creador su grande alma, a las tres de la tarde del 17 de Agosto de 1850.
Su cadáver, rodeado de deudos y amigos, fue depositado en la Catedral de aquella ciudad en la mañana del día 20.
Allí descansaron estos preciosos restos, hasta que fueron trasladados al cementerio del pueblo de Brunoy, en el Departamento del Sena y Oisa, en donde posee una propiedad el señor Balcarce, y ha levantado un sepulcro para su familia.

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Esta inhumación fue solemne: la caja mortuoria, durante las ceremonias religiosas propias de aquel acto, estuvo cubierta con el estandarte de Pizarro, que en ese mismo día pasó a poder del Representante del Perú, de acuerdo con las disposiciones del General San Martín.

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