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Vicarius filii dei


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Advenimiento: Revista Bíblico Teológica OLIVARES: El 666 y el “Vicarius Filii Dei” en la interpretación….

Advenimiento, 1.2 (2004): 25-48
EL 666 Y EL “VICARIUS FILII DEI” EN LA INTERPRETACIÓN ADVENTISTA: DESAFÍOS ACTUALES
Carlos Olivares

Misión Central de los Adventistas del Séptimo Día

Chile
El “Vicarius Filii Dei”, como se analiza en breve, ha sido la interpretación que por años muchos adventistas le han adjudicado al número 666 (Ap 13:18). Sin embargo, ¿es esta la única explicación que la cifra ha recibido en los anales de la exégesis Adventista? Lo cierto es que no. Para demostrarlo, se investiga bibliográficamente en el tiempo, el comentario que el número ha tenido en la opinión de escritores y eruditos de la Iglesia. Lo cual incluye un examen sobre la veracidad histórica del título, así como una indagación de las posibles razones de la perpetuación de este en la interpretación adventista. Al finalizar, se reflexiona a la luz de los desafíos naturales del estudio.

Por tanto, este artículo no se propone interpretar el 666, sino que procura delinear el significado que el mismo ha experimentado en la historia adventista. Partiendo desde los albores, con la predicación de William Miller en 1831; hasta el año 2002, cuando fue publicado un significativo comentario del número 666 en la “Guía de Estudio de la Biblia de la Escuela Sabática”.

(1) Desde William Miller al “Chasco” de 1844 (1831-1844)
Si bien William Miller inicia su predicación escatológica en agosto de 1831,1 no es sino hasta 1832, en respuesta a numerosos pedidos, que publica en forma impresa sus conceptos, en una serie de dieciséis artículos en el periódico bautista “Vermont Telegraph”.2

Al año siguiente, tales artículos, los incorpora en un folleto de 64 páginas titulado “Evidence from Scripture and History of the Second Coming of Christ about the year A. D. 1843, and of His Personal Reign of 1000 years”, en el que señalaba que el número 666 representaba los “seiscientos sesenta y seis” años en que la primera bestia, que él interpretó como la Roma pagana, sujetó bajo su poder al “pueblo de Dios”.3

Esta interpretación, por la cual Miller era reconocido incluso en periódicos no milleritas,4 es repetida y ampliada en ediciones posteriores de su libros,5 así como en un diagrama explicativo de las fechas proféticas de las visiones de Daniel publicado en el periódico millerita “Sings of the Times” de 1841, en el que recibe una explicación detallada por parte de C. French.6 Es en este mismo periódico sin embargo, que un año antes, William Allen argüía como una posibilidad entre varias, datar el surgimiento del anticristo en el año 666 d. C, quien a diferencia de Miller, que lo asociaba con la Roma pagana, lo conectaba al papado.7

Pero tal análisis no era nuevo. Mientras en el siglo XIII el Papa Inocencio III se refirió a la cifra como los años en que la religión de Mahoma predominaría,8 Martín Lutero en el siglo XVI entendió el número como una referencia a los años de dominación papal.9 Una característica que se repitió, si bien con diferencias, en varios intérpretes protestantes posteriores.10 Pero que fue abandonada finalmente por el movimiento millerita en 1843, cuando en el diagrama profético ideado por Charles Fitch y Apollos Hale, se omite su conexión.11

Josiah Litch por su parte, aunque alrededor de 1838 opinaba similarmente a Miller, su aplicación la realizaba además en el campo de la “gematría”. Resultado que, luego de sumar un número específico en cada una de sus letras,12 resultaría en el 666. Específicamente en el cómputo de Litch, se descifraría en la frase griega “h latin basileia” (el reino latino), la cual conectaba al reino del papado.13 Haciendo eco de la interpretación propuesta por el teólogo metodista Adam Clarke.14

En 1843, en el periódico millerita “Midnight Cry” aparece un artículo titulado “The Number 666 in Roman Letters”, donde se cita una obra de 1797, refiriendo la identificación del número en la “gematría” del título papal “Vicarius Filii Dei”.15 Un año antes, el pastor bautista Richard Cunningham Shimeall, identificaba en su comentario el número con el título aludido.16 Esta interpretación ocurre aparentemente por primera vez alrededor del año 1611 d. C, en la obra “Antichristus Romanus” del teólogo luterano alemán Andreas Helwig.17

Aunque en 1843 George Storrs en su obra “The Bible Examiner: Containing various Prophetics Expositions,” no hacía alusión al tema,18 en ese mismo año Charles Fitch interpretaba el número como las “seiscientas sesenta y seis” sectas que conformaban la bestia, oponiéndose a interpretarlo en la “gematría”.19 Aunque él no alude por nombre a la “gematría,” claramente declara su desacuerdo: “and I confess, that the idea of getting the victory over the worthless multitude of the beast, looks to me far more consistent, and far more likely to be ascribed by inspiration to the mind that hath wisdom and understanding, than the usual idea of getting the victory over the Hebrew, or Greek, or Roman letters whose numerical value amounts to 666.” (énfasis añadido). Lo cual era idéntico a la interpretación que Horace Winchell, un no millerita, realizaba como el número de sectas anticristianas o babilónicas del hombre de pecado referido por Pablo (cf. 2 Ts 2:3).20

Finalmente, en septiembre de 1844, a un mes de ocurrir el “chasco”,21 William Miller publica “Remarks on Revelations Thirteenth, Seventeenth and Eighteenth”, donde insiste en ver el número 666 como simbolizando los años del dominio romano,22 a pesar del abandono de esta interpretación por parte del cuerpo millerita.23

Por tanto, desde 1831 hasta 1844 no existe una definición exacta del número. Entendiéndose su significado variadamente. Una única mención del “Vicarius Filii Dei” no constituye propiamente un derrotero interpretativo, sobre todo al tener en cuenta las diferencias en la interpretación de los años posteriores.
(2) Después del Chasco a su Organización Eclesiástica (1844-1863)
Cerca de dos meses después de ocurrido el “chasco”, un corresponsal del “Western Midnight Cry” se refería a la cifra como “el número de denominaciones” que presumiblemente existían en los Estados Unidos.24 Una alusión, que con leves diferencias, se repetiría a lo largo de los años.25

Con todo, inicialmente James White26 y George W. Holt,27 en 1847 y 1850 respectivamente, aunque omitían el significado específico del número, a diferencia de Miller relacionaban el 666 con la segunda bestia de Ap 13, la cual era interpretada en términos de la “imagen del papado”. Concepto que es preservado y destacado en el primer diagrama pictórico posterior al chasco, publicado por Otis Nichols en 1850.28

Esta vinculación fue repetida por J. N. Andrews, quien en 1851 emparentó el número con la segunda bestia, un símbolo de los Estados Unidos. Si bien no aclaró el significado de la cifra, mencionó la probabilidad de representar un gran número de sectas.29 Una conjetura que en 1853 adoptó J. M. Stephenson, asegurando que el número se descubría en la división de “seiscientas sesenta y seis” sectas en que el protestantismo se había dividió de la ramera.30 No obstante, a diferencia de los anteriores, Stephenson asociaba el 666 con la primera bestia.31

Contrariamente a lo que hasta ese momento se sostenía, Sylvester Bliss en 1853, en su obra “A Brief Commentary on the Apocalypse,” utilizó la “gematría” para identificar a la iglesia católica, en su conexión con “lateinos” en griego32 y “romiith” en hebreo.33 La palabra “lateinos”, aunque había sido anteriormente mencionada por Isaac Newton en 173334 y por E. B. Elliott en 1844,35 entre otros,36 aparece por primera vez en el siglo II en una famosa obra llamada “Contra las Herejías”, de la autoría de Ireneo (c. 140 - 202 d. C), el obispo de Lyons.37 Interpretación que es seguida un siglo después en el comentario idéntico de Hipólito (c. 170- c. 235 d. C), presbítero y maestro de la iglesia de Roma.38 En el mismo sentido, tempranamente en el período de la reforma, Felipe Melanchton no sólo había reconocido la identificación papal en la expresión “lateinos”, sino que también hallaba un cumplimiento similar en la palabra hebrea “romiith”.39 Significado que se repite en el comentario de dos escritores no milleritas: Robert Reid en 182840 y Thomas Newton en 1833.41 En 1854, J. N. Loughborough, definidamente se alió al pensamiento de Stephenson al citar la explicación que éste había realizado en un libro titulado “The Two-Horned Beast”,42 y en un artículo homónimo publicado en la “Review”.43 Similarmente, R. F. Cottrell asociando el número con la imagen de la bestia, lo interpretó como los “seiscientos sesenta y seis” nombres de las denominaciones cristianas que completarían la imagen.44 Seguido de M. E. Cornell, quien supuso ver en el número una representación de los cuerpos sectarios del protestantismo.45

Un año después, en 1855, en un artículo en la “Review”, J. N. Andrews nuevamente adjudica el 666 a las varias clases de blasfemia que el cuerpo religioso apóstata de la imagen de Apocalipsis 13 “reclama”.46 Seguido en 1857 por J. N. Loughborough, quien reedita y amplía su libro de 1854, enfatizando otra vez la opinión de que el número representaba la división de “seiscientas sesenta y seis” sectas que constituían el protestantismo.47 Criterio que se reitera, aunque tangencialmente, en artículos y cartas de los números posteriores de la “Review”, aparecidas entre 1858 y 1861, unos pocos años antes de la organización de la Iglesia en 1863,48 como evidencia del concepto mayoritario que por ese entonces se manejaba.49

Por tanto, aunque entre 1844 y 1863 nuevamente no existe una designación única del número, se observa mayormente una interpretación que ve el 666 como refiriéndose a un número de cuerpos religiosos. Bien que no existe mención alguna al “Vicarius Filii Dei”, en los años que siguen el curso de la interpretación repentinamente cambiará, particularmente después de 1863, cuando la iglesia adventista se organiza como un cuerpo establecido.


(3) Desde su Organización Eclesiástica Mundial hasta la Muerte del Último Pionero Adventista: J. N. Loughborough (1863-1924)
La fecha de 1865 es crucial para este estudio. Pues es en este año que Uriah Smith publica “Thoughts, Critical and Practical, on the Book of Revelation”, donde asocia el número con la primera bestia, utilizando en su metodología interpretativa la “gematría” en el título “Vicarius Filii Dei”.50 Tal explicación si bien es repetida el año siguiente en una serie de artículos publicados en la Review,51 no es sino entre 1881-1882 que ese primer libro, el cual es combinado en un solo volumen junto con su comentario a Daniel, populariza esta identificación a un público no adventista a través de la obra del colportaje.52

Aunque en escritos posteriores continuó aseverando la relación del título con la “gematría”,53 la única evidencia primigenia que pudo presentar para respaldar la existencia de la inscripción en la “mitra”, fue citar una obra anónima de 1832 titulada “The Reformation”.54 En esta se relataba el testimonio de Mrs. A. y Miss Emmons, quienes asistiendo en Roma a una ceremonia en la cual estaba presente el papa, se percataron que en su “mitra” se observaba el título aludido. Inmediatamente sacaron un lápiz y contabilizaron el número de las letras, lo cual arrojó 666.55

Esta interpretación influyó en J. N. Andrews, quien en 1876 readapta su visión del 666, aplicando también la “gematría” en el título papal propuesto en la obra de Smith.56 Este concepto incluso alcanza el comentario de las lecciones de la Escuela Sabática, que en 1904, en su primer estudio sistemático del apocalipsis, menciona el rótulo papal y su relación gemátrica.57 Por otro lado, en ese mismo año J. N. Loughborough, el último pionero adventista, quien fallece el 7 de abril de 1924, publica su última obra en la que trata el tema profético llamada58 “Last-Day Token”, en la que no ofrece una interpretación del 666.59

Entre este tiempo, la vinculación del 666 con el “Vicarius Filii Dei” es nuevamente palpable en el comentario al Apocalipsis de Stephen Haskell, en 1905,60 y de Louis Richard Conradi, en 1911.61 Así como en una serie de lecciones catequísticas preparadas por O. A. Johnson tituladas “Bible Doctrines”, donde incluso invita en este caso puntual a consultar la obra de Smith.62 Dentro del tiempo señalado, es interesante que en 1906, la “Review” publicaba el testimonio del pastor D. E. Scoles, quien reconocía que hasta ahora ningún obrero adventista había sido capaz de ver tal inscripción.63 No obstante, para demostrar su validez, citaba las declaraciones de un ex sacerdote católico, ahora convertido en un observador del sábado, llamado M. De Latti, así como el testimonio de un pastor presbiteriano, B. Hoffman, como testigos presenciales de la validez de la existencia del título.64 Dicha validez se dio por sentada en 1912 por sentada en un artículo de W. W. Prescott, quien sostuvo el cumplimiento del número en el título en estudio.65

Por tanto, entre 1863 y 1924, la identificación del 666 se centra exclusivamente en la “gematría” del título papal “Vicarius Filii Dei”. Su fecha exacta inicial, puede ubicarse en 1865, con la publicación del comentario al Apocalipsis de Uriah Smith.66 Se debe destacar que J. N. Loughborough nunca mudó su interpretación de que el 666 señalaba la constitución numeral del cuerpo protestante. Un detalle valioso, pues él nunca consideró el “Vicarius Filii Dei”, aún siendo el último pionero adventista en morir.

Es curioso que las únicas pruebas sobre la existencia del título sean testimonios presenciales. ¿Será que no existen pruebas concretas sobre este? Antes de proseguir, se hace necesario analizar esta pregunta.


(4) ¿Es el “Vicarius Filii Dei” un Título Oficial del Papado?
“Vicarius” es una palabra latina que significa “sustituto” o “representante”, que en la Iglesia Católica se aplica al papa, quien como Cristo (cf. Jn 21:16-17), pretende la jurisdicción universal.67 Su origen se puede rastrear hasta el siglo V d. C, cuando Gelasius I (492-496 d. C), en el Sínodo de Roma (495 d. C), fue saludado como “Vicarium Christi te videmus”.68

Sin embargo, aunque informalmente algunos obispos alrededor del siglo IX se llamaron ocasionalmente a sí mismos como “Vicarios de Cristo”,69 no es sino hasta el siglo XIII que el papa Inocencio III se convirtió en el primer pontífice en auto-designarse bajo éste título.70 Este, que llegó a ser un emblema corriente,71 desplazó el habitual rótulo “Vicario de Pedro” que por ese entonces también designaba al obispo romano.72 Exaltando a la persona del papa, no sólo como la cabeza terrenal de la iglesia,73 sino además otorgándole el gobierno del mundo.74

Por el contrario, si bien el título “Vicario de Cristo” es un rótulo históricamente utilizado por la Iglesia Católica, no ocurre lo mismo con el “Vicarius Filii Dei”. El que aparece aparentemente por primera vez en un documento espurio llamado “Donación de Constantino”.75 El cual, si bien había sido publicado entre el 755 y 766 d. C, profesaba supuestamente haber sido escrito por el emperador Constantino, quien concedía, en el año 324 d. C, la ciudad de Roma y la región occidental del imperio al papa Silvestre I.76 Asegurando que esta dádiva de Constantino era en agradecimiento a Silvestre I por haberlo curado de la lepra en el momento de la administración de su bautismo.77

Aunque en el renacimiento Nicolás de Cusa y Lorenzo Valla después de analizar filológicamente el documento concluyeron que el tal era una falsificación del siglo VIII,78 el título pontificio de igual forma pasó a otros escritos católicos.79 Un ejemplo de esto es que Lucii Ferraris, en el siglo XVIII, en su “Prompta Bibliotheca” citó autoritativamente la “donación de Constantino” en su descripción de la autoridad papal, mencionando el texto que le nombra “Vicarius Filii Dei”,80 aunque sin señalar directamente que éste era su título oficial. A esto se agrega lo expresado en una obra de 1869 de la autoría del Cardenal Henry Edward Manning, donde aunque no cita la “donación de Constantino”, llama al papa “Vicar of the Son of God” (Vicario del Hijo de Dios), prefiriendo esta equivalencia inglesa, en vez de su voz latina.81 Vínculo que, como en el caso anterior, no dice expresamente que corresponda a un nombramiento oficial del papado.

No obstante, el 14 de noviembre de 1914, en la revista católica “Our Sunday Visitor”, se admitía en una sección dedicada a las consultas de sus lectores, que las letras grabadas en la “mitra” papal correspondían al título “Vicarius Filii Dei”.82 Objetando a su vez, las acusaciones que relacionaban la suma de sus letras con el 666. Para esto señalaba la opinión de Ernest Reginald Hull, quien razonaba que el resultado del número podía darse en cualquier nombre, incluso el de él mismo.83 Luego, el 18 de Abril de 1915, en la misma sección de esta revista se reconocía otra vez la existencia de este título en la “mitra”.84 En su argumentación se sostenía que el “obispo de Roma”, como cabeza de la iglesia, se le había conferido el título “Vicario de Cristo”.85 En este sentido, posiblemente la mención de ambas designaciones en un mismo argumento, “Vicarius Filii Dei” y “Vicario de Cristo”, reflejaban en la mente del autor un mismo significado intercambiable. O por el contrario, denotaban una falta de rigurosidad académica, al momento de elaborar sus argumentos. Esto queda en evidencia, cuando la misma revista, en su edición del 16 de septiembre de 1917 afirmaba que el título ni está inscrito en la “tiara” papal ni es un título oficial.86 Lo que es repetido el 3 de agosto de 1941, señalando nuevamente la falsedad de las declaraciones de que en la “tiara” existiese una inscripción tal.87

Esta confusión entre “tiara” y “mitra”, y de paso las disímiles afirmaciones sobre la inscripción “Vicarius Filii Dei”, se pueden entender de diversas maneras.88 Inicialmente las declaraciones referentes a la inscripción en la “mitra” pueden haber sido una opinión personal del escritor que respondió a las preguntas, no necesariamente la opinión de la Iglesia Católica. Posiblemente en el transcurso de los años pudo haber más de un escritor, esto explicaría las diferencias de parecer entre las cuatro declaraciones. Además, si bien en las dos primeras citas se afirma taxativamente la existencia de la inscripción “Vicarius Filii Dei” en la “mitra”, no se da ninguna fuente en la cual se pueda corroborar tal aseveración. Lo que podría llevar a suponer que quizás la inscripción existió en algún momento de la historia, pero posteriormente fue abandonada. No obstante, el asunto medular no es ese. Pues, aunque existe una diferencia entre la “mitra” y la “tiara”, el debate en cuestión se centra en la existencia histórica del título, no tanto en la inscripción o en la ausencia de éste en alguna de sus coronas.

Esta controversia, por lo menos actualmente, no tiene asidero. Pues en el catolicismo contemporáneo, tanto en documentos del “Concilio Vaticano II”,89 como en el “Catecismo” reciente,90 no se reconoce al “Vicarius Filii Dei” como uno de los títulos oficiales del papado, sino que se prefiere, entre otros,91 llamarlo “Vicario de Cristo”92. El que si bien también constituye una blasfemia contra Jesucristo, en su locución latina, “Vicarius Christi”, no suma el “666” del “Vicarius Filii Dei”, sino que arroja un tímido “214”.93 No obstante, esta conclusión no significa que con esto se niegue la vinculación del papado con la bestia de Apocalipsis 13 (Apoc 13:1-8). El punto en cuestión no es la identidad de la bestia. Eso está claro. Sino la interpretación de su número, en relación al título pontificio.

Por tanto, no existen pruebas ciertas de la inscripción del Vicarius Filii Dei en alguna de las coronas papales. Así como tampoco es posible hallar oficialmente la pertenencia del título con el papa, especialmente en la interpretación actual. Esto no implica que el papado no sea el cumplimiento profético de la “bestia” que surge del mar (Ap 13:1-8), o de paso el “cuerno pequeño” de libro de Daniel (Dn 7:8, 20-21, 24-25). Sino que supone que es imposible, e incluso errado, determinar dogmáticamente que únicamente por éste título, que hasta ahora es oficial e históricamente inexistente, se llegue a esa conclusión.


(5) Razones de la Perpetuación del “Vicarius Filii Dei” en la Interpretación Adventista
Entonces, si la existencia oficial del título no es plenamente demostrable, ¿por qué se ha perpetuado en la interpretación adventista? La respuesta a esta pregunta principalmente debe considerar la fuerza impulsora de los primeros años, en particular desde 1863, cuando la iglesia se organiza, y más específicamente desde 1865 a 1924, tiempo en el que se da inicio a la interpretación del “Vicarius Filii Dei” (1865) y la muerte de J. N. Lougborough (1924). Fuerza que se materializó en cuatro fuentes básicas de información y formación, tanto del nuevo miembro como del antiguo, las que pueden enumerarse como sigue:

(a) Libros

(b) Revistas

(c) Folletos de la escuela sabática

(d) Estudios bíblicos.

Con seguridad los evangelistas, y otros predicadores, entre 1865 y 1924 hicieron mención del tema. Lamentablemente no se tienen registros sobre el asunto. Y si bien, esta sería una quinta fuente de información sobre la perpetuación del número, su importancia, aunque tácita, también constituye una potencia formadora en la interpretación del Apocalipsis, así como en la actualidad lo sería la información contenida en la “internet”.94


(a) Libros:

Inicial y fundamentalmente se debe reconocer la influencia de Uriah Smith en la interpretación profética adventista. Al él se le debe la sistematización del pensamiento profético de la naciente iglesia,95 el que posteriormente sirvió de derrotero en diversos intérpretes del Apocalipsis.96 Su primer comentario de 1865 es sólo el principio. En los años siguientes, no sólo re-publica y aumenta este libro,97 sino que también en otras obras analiza porciones o temas específicos de la profecía, donde el “Vicarius Filii Dei” continúa en su interpretación.98 De particular interés es la publicación de su libro “The Prophecies of Daniel and the Revelation”, que entre 1881-1882 se convirtió en la primera obra de colportaje que externamente comunicaba a los hogares no adventistas la explicación del “Vicarius Filii Dei”, alcanzando una extensión mayor que la inicial de 1865.99


(b) Revistas

En las revistas denominacionales se observa similarmente un alcance territorial extenso. Sobre todo al observar el propósito operacional de la “Review”, que entre 1863 y 1983, funcionaba como un boletín de la iglesia para el campo mundial.100 Esto es sumamente importante, teniendo en consideración que un año después del lanzamiento del primer comentario de Uriah Smith, éste publique en la “Review”, el 20 de noviembre de 1866, idénticos comentarios que los editados en el libro.101 A lo cual se agrega el testimonio escrito de dos personas, un observador del sábado y un pastor presbiteriano, que declaran haber visto personalmente la inscripción “Vicarius Filii Dei” en la “tiara” papal102; así como la interpretación del 666 en el rótulo pontificio, por parte de W. W. Prescott.103

(c) Escuela Sabática

La intención de Jaime White al fundar la Escuela Sabática fue que ésta se constituyera en un lugar de adoctrinamiento.104 De ahí que su propósito fundamental sea educar a la iglesia en el mundo.105 Es decir, su alcance no es sólo territorial, sino también instructivo, por lo que la determinación de los símbolos en los estudios proféticos constituiría para sus lectores la resolución oficial del tema. De esta manera, la identificación del título papal en el estudio de la Escuela Sabática de 1904,106 marca oficialmente el respaldo doctrinal desde que en 1878 se conformara la “Asociación General de Escuelas Sabáticas”.107

(d) Estudios Bíblicos

Los estudios bíblicos como método evangelístico comenzaron a ser usados oficialmente por la iglesia adventista a partir del año 1883, por S. N. Haskell.108 En relación con esto, en 1917, O. A. Johnson mientras actuaba como cabeza del departamento de religión del “Walla Walla College”,109 prepara una serie de lecciones catequísticas tituladas “Bible Doctrines”, donde aparece la mención del título papal.110

Por tanto, el motor impulsor que hubo de mantener y extender la interpretación del “Vicarius Filii Dei”, se relaciona a la literatura que la iglesia, entre los años de 1865 a 1924, entregó. Información, que bajo las vías oficiales de la denominación adventista, dio su sanción inicial y precursora.

Desde 1924 en adelante, el efecto de estos inicios continúo. Principalmente por la fuerza que estas cuatro fuentes de información mantuvieron repitiendo.


(6) Desde 1924 hasta el 2002
En 1928, el pastor y profesor William French, cuatro años después de la muerte de J. N. Lougborough, en un artículo de la publicación adventista “Watchman Magazine”, señalaba que el significado del 666 se remitía a la hechura humana que constituía el sistema papal.111 Esta, si bien es una temprana referencia a una comprensión simbólica del número, no establece el patrón de interpretación que en años posteriores mayoritariamente se seguiría. Esto, porque en los años subsiguientes Charles T. Everson,112 J. L. Tucker,113 Daniel Guild114 y J. E. Gregory,115 por ejemplo,116 continuaron la identificación del 666 con el título pontificio. Dicho comentario tiene su significación mayor en el análisis del número que ocurre en la serie del “Seventh-day Adventist Bible Commentary” publicada en 1957, el cual aunque reconoce “que en el criptograma puede implicarse más de lo que contiene esta interpretación,” prefiere el “Vicarius Filii Dei” como opción interpretativa.117

Explicación que se reitera en los “Folletos” del estudio de la Biblia en la Escuela Sabática, donde se hace mención a la porción de Ap 13:18. Los cuales, aunque si bien en los años de 1937,118 1958119 y 1980120 no hacen alusión al 666, en 1945,121 1949,122 1951,123 1974124 y 1989125 el comentario del número lo centran exclusivamente en el “Vicarius Filii Dei”.

Esto nuevamente se repite, entre 1922 y 1934, en múltiples artículos de las revistas “Signs of the Times”,126 “The Watchman Magazine”127 y en “Ministry”128. En esta última, resalta el material evangelístico ofrecido para ser usado en conferencias evangélicas, en el que se hace mención del rótulo papal.129 Destacándose un anuncio aparecido entre junio y septiembre de 1998, demandando enviar material para las misiones mundiales, donde entre otras cosas, se solicitan documentos sobre el “Vicarius Filii Dei”.130

Sin embargo, William Wirth en 1934, en una sección de preguntas en la revista “Signs of the Times”, respondía en esencia que no existían pruebas para determinar la inscripción en la “tiara” papal, aunque lo importante, según él, era el hecho de que el papa ostentaba el título.131 Un mes después, en la misma tribuna, reconoce que si bien el título no es utilizado actualmente por el pontífice, si lo es en el “espíritu”.132

Una respuesta incierta, que tiene su contraparte en un artículo histórico de W. W. Prescott publicado en 1939 en la revista “Ministry” titulado “The Official Title of the Pope”. En éste, Prescott reconocía, después de un acabado análisis de fuentes católicas, que el único título oficial del papado era “Vicario de Cristo”.133 Esto es significativo, pues Prescott innegablemente había mudado de opinión, pues en 1912 en un artículo para la “Review” había determinado el “Vicarius Filii Dei” como el cumplimiento del número.134

Unos años después, en 1948, Leroy Froom, al responder una consulta similar sobre la “tiara” en la revista “Ministry”, mencionaba claramente la nula existencia de pruebas para determinar tal inscripción.135 Opinión que es fortalecida por C. D. Vineyard, que en 1951, en una tesis de maestría para el “Seventh-day Adventist Theological Seminary” titulada “The Papal Tiara”, aseveraba no haber encontrado pruebas que aseguraran su presencia.136

Con todo, aunque esta opinión que niega la validez del título, en la actualidad está presente en los escritos de Mervyn Maxwell137 y Ángel Manuel Rodríguez,138 en la interpretación contemporánea la mayoría de los escritores y eruditos de la iglesia adventista interpretan el número simbólicamente. No tanto por la falta de evidencia histórica del título, sino más bien en relación al orden imaginario que permea el Apocalipsis. Una excepción a esto, es el comentario de un abogado brasilero llamado Alceu da Silva Oliveira, que ha visto el cumplimiento del número en el nombre del actual papa, Juan Pablo II.139 Fallando, no sólo en personificar en un “individuo”, es decir un papa, la conexión que exegéticamente debe representar a la institución del papado140; sino que también se equivoca al transliterar el nombre de “Juan Pablo II”, a un latín con defectos sintácticos, el que correctamente vocalizado daría como resultado el número “671”, o incluso uno menor, “63”, pero en ningún caso la cifra deseada.141

Por otro lado, autores como Ranko Stefanovic142 y Jacques Doukhan,143 así como las observaciones sobre Apocalipsis 13 de parte de Hans LaRondelle144 y William Johnsson,145 entre otros,146 prefieren ver el 666 como un símbolo de la imperfección o la humanidad. En este mismo sentido, Desmond Ford147 y Kenneth Wade148 en publicaciones en “Ministry” y Felix Cortés, en la edición para Sudamérica de la misma revista,149 así como William Shea en el “Journal of the Adventist Theological Society”,150 participan de la misma opinión.

No obstante, el mayor destaque corresponde a las declaraciones contenidas en la “Guía de Estudio de la Biblia” de la Escuela Sabática del año 2002, donde en un folleto preparado oficialmente por el “Departamento de la Escuela Sabática de la Asociación General”, se reconocía un significado emparentado con la imperfección de la humanidad.151 En especial, cuando este había sido preparado por Ángel Manuel Rodríguez, el actual Director del “Biblical Research Institute”152, organismo encargado de favorecer la doctrina, y la correcta interpretación.153

A pesar de ello, no se observa un avance similar en los estudios bíblicos,154 donde en concreto se instruye a los nuevos adventistas. Aunque Alejandro Bullón, evangelista de la división sudamericana de los adventistas del séptimo día, recientemente ha publicado un libro de colportaje sobre el Apocalipsis, donde comenta el simbolismo del número,155 los estudios bíblicos continúan perpetuando su relación gemátrica con el “Vicarius Filii Dei”.

Por tanto, si bien en la actualidad tanto libros, como revistas y la escuela sabática han optado por una comprensión simbólica del número, los estudios bíblicos que adoctrinan primariamente a los “nuevos adventistas” aún continúan enseñando sobre la existencia del “Vicarius Filii Dei”.
(7) Elena de White y el “Vicarius Filii Dei”
Es interesante que, si bien los contemporáneos a Elena de White aludieron diversamente al número, no existe en sus escritos alguna referencia explícita sobre el significado del 666 (Ap 13:18).156 Un único antecedente claro es la vinculación de la cifra con el papado, en relación con la primera bestia de Ap 13 (13:1-8).157 Dejando en evidencia que ella nunca mencionó el “Vicarius Filii Dei” como la interpretación del número de la bestia.

Con todo, en abril de 1847, en un párrafo de un folleto titulado “A Word to the Little Flock”,158 aparece como una supuesta opinión de Elena de White, una referencia entre paréntesis del número, en relación con la imagen de la bestia: “I saw all that ‘would not receive the mark of the Beast, and of his Image, in their foreheads or in their hands,’ could not buy or sell.

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