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Vaya, ramona, vaya


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VAYA, RAMONA, VAYA

De José Ignacio Serralunga

Registro propiedad Intelectual Nro. 290.065

José Ignacio Serralunga

9 de Julio 3433

(3000) Santa Fe Argentina

Teléfono 54-342-4530558

jose_serralunga@yahoo.com.ar

dramaturgio@hotmail.com

Todos los derechos reservados

VAYA RAMONA VAYA


Personajes: Señora Mónica, dueña de casa

Ramona, su empleada doméstica

Escena I
Alguna habitación de la casa de la señora Mónica. La señora Mónica mira un recuerdo de Primera Comunión, ante la mirada ansiosa de Ramona.

SRA MONICA – Ay, Ramona qué lindo, muchas gracias. Lástima que no pude ir. Justo Fernanda tenía partido de hockey y yo estaba en la comisión organizadora, así que no me pude escapar. Pero me estuve acordando todo el tiempo de usted.

RAMONA – Yo les había dicho a todos en casa que ojito con las malas palabras y las peleas, que iba a venir la señora Mónica a la Comunión. Le traje un pedazo grande de la torta señora para que la pruebe. La sidra se la debo. Se la tomó toda mi marido.

SRA MONICA – ¿Y qué tal todo? ¿Lindo?

RAMONA – Hermoso, señora. Por suerte un día de sol precioso, que si llegaba a llover no sé dónde nos íbamos a meter. Y debajo del paraíso se está fresquito. La Yoli estaba de contenta. Le manda cariños señora.

SRA MONICA – Ay, con lo del partido no hice tiempo, ahora mismo me voy hasta el centro y le compro una pavadita para que le lleve. ¿Qué preferirá, un dijecito, un par de aritos? Se va yendo ¿Biblia tiene? O un rosario, ya voy a ver, en el centro hay de todo. Vuelve Ramona, este domingo no, el otro, no se me olvide de la Comunión de Fernanda ¿eh? Mire que tengo un montón de invitados y no me da el cuero para atenderlos como Dios manda.

RAMONA – No, señora, cómo me voy a olvidar de la Comunión de Fernandita, mi amor. cómplice Le estoy bordando una cosita para que le quede de recuerdo.

SRA MONICA – Ay, Ramona, usted siempre tan cumplida.

RAMONA – Vaya tranquila al centro señora. Yo termino con el dormitorio suyo y sigo con el comedor.

SRA MONICA – Vaya, Ramona. Vaya.

Escena II


Ramona sacude un felpudo, la señora Mónica tose.

SRA MONICA – Sacuda afuera el felpudo, Ramona, que me llena de ácaros la habitación.

RAMONA – Disculpe, señora... ¿Sabe qué? Yo le quería pedir por el Juancito, si el señor no tendrá un puestito para él en la fábrica.

SRA MONICA – ¿Pero qué edad tiene el Juancito?

RAMONA – Dieciocho, señora.

SRA MONICA – ¿Ya dieciocho? Dios mío, claro si es un poquito más grande que Fernandita.

RAMONA – No, señora. Fernandita es del 15 de enero del 86 y Juancito es de Julio del 81. La que tiene la misma edad que Fernandita es la Yoli ¿se acuerda que yo venía con la panza hasta último momento porque usted tuvo que hacer reposo todo el embarazo?

SRA MONICA – Ay, sí, Ramona, no me haga acordar. Qué desgano tenía. Una angustia. Ansiedad era. En cambio usted es un toro, Ramona.

RAMONA – Una vaca será, señora.

SRA MONICA – Ay, Ramona, qué ocurrente. Tiene razón, Juancito es más grande. Le voy a decir a mi esposo. ¿Y qué sabe hacer Juancito?

RAMONA – Ah, él se da maña para cualquier cosa ¿eh? Y comedido como él solo. Tiene una voluntad, mire. Y sobre todo, honrado. De chiquito. Incapaz siquiera de pensar algo incorrecto es.

SRA MONICA – Bueno, Ramona. Le voy a decir a mi esposo del Juancito.

RAMONA – Gracias, señora. Tiendo la ropa y después plancho ¿sabe?

SRA MONICA – Vaya, Ramona. Vaya.

Escena III

Ramona está lavando los platos. La señora Mónica hojea una revista.



SRA MONICA – Ojo con la fuente esa, Ramona. Dele con la esponjita verde.

RAMONA – Sí, señora. ¿sabe qué, señora? El jueves yo le quería pedir si me puedo ir un ratito antes.

SRA MONICA – ¿El jueves?

RAMONA – Sí, le voy a organizar una sorpresita a la Yoli para el cumpleaños.

SRA MONICA – ¿La Yoli? ¿Cuál es la Yoli?

RAMONA – La cuarta. La cuarta mujercita. Es la sexta, porque los dos más grandes son varones. Hombres ya.

SRA MONICA – Claro, la Yoli. Sí, sí, la Yoli.

RAMONA – Ay, yo no sé por qué Dios me la hizo tan bonita a esta hijita mía. Un cuerpito echó. Nos va a dar más de un dolor de cabeza. Es divina. Divina es. Unos ojos que no son ni verdes ni, tienen unas chispitas así color miel, tienen un color... escupida de mate diría la yegua de mi cuñada, son de un color así como... si el padre se entera me mata, pero yo no me podía negar. Es tan linda. Hace como dos meses que me la venían bichando, y al final le propusieron hacer de modelo. Cosas chicas, por ahora, nada del otro mundo. Por ahora. Una kermesse, una cosita de allá del club, nada del otro mundo, todavía. Y es buenita, es de su casa ella, me pide permiso para todo, pobrecita, que hay cada chinita en el barrio que son un cuete mire, pero ella no. ¿Cómo le voy a decir que no? Lo que pasa es que al padre esas cosas no le gustan. Lo único que le gusta al señor es el chupi.

SRA MONICA – ¿Cuánto cumple la Yoli?

RAMONA – Quince añitos. La niña bonita.

SRA MONICA – Claro, como Fernanda. ¿Y tiene novio, Ramona?

RAMONA – ¿Yo?


SRA MONICA – La Yoli, Ramona. La Yoli.

RAMONA – Y, le andan rondando, más de uno le andan rondando. Pero es nenota ella, medio que hasta le da vergüenza (gesto de tetas grandes) anda toda encogidita que yo le doy en la espalda y le digo yo, enderezate nena que te vas a jorobar de tanto andar así. Pero no, novio no tiene. Repaso la terraza y después riego el césped señora.

SRA MONICA – Vaya, Ramona, vaya.

Escena IV

La señora Mónica lee el diario


SRA MONICA – Pero qué animales, mirá cómo quedó ese auto...(lee) biribiribiribiri coupé Fuego ¡Una cupé Fuego era, mirá cómo quedó, hecha pedazos quedó, qué animales! ...Peñaloza al 5800, sábado a la madrugada, y claro, a esa hora están todos chupados, drogados, locos. lee Ricardo Juárez, conocido proxeneta...y claro, andaría juntando la recaudación, hijo de mil puta, bueno, andá a juntar plata al infierno, cafisho, fiolo, gigoló. Ay, Dios mío, dos menores, dos chicas. Dos putitas, seguro. Che, 3 muertos en un solo accidente, también, mirá lo que es esto, claro es una columna de alumbrado esto, se la puso de sombrero. Qué animales... Bueh, por lo menos no mataron a nadie más. salta, alarmada ¡La gran puta, será posible! ¡Feriado bancario otra vez! ¡Esto ya no se aguanta más! suena el teléfono

Hola ¿Ramona? ¡Mija, son las 9 de la mañana! ¿Qué problema tiene ahora? Siempre una cosa distinta, ¿qué es ahora? fastidiada No, Ramona, si llora no le entiendo nada silencio, golpe bajo, cambia Ramona, no me diga eso por favor. ¿La Yoli? Ay, Ramona, no... Cálmese, Ramona, ¿la Yoli? Ay, Ramona, no sé qué decirle. Acabo de ver en el diario, pero cómo me iba a imaginar, si encima era un fiolo el de la cupé Fuego... pero entonces, ¿la Yoli...iba con él? ¿Y qué hacía la Yoli con un tipo de esos? ¿Pero usted no sabía con quién andaba la Yoli, mija? Ay, Ramona, ¿y ahora? No, sí, ya sé, quédese tranquila, ya sé que no va a venir a trabajar. No, si yo me arreglo, se me complicará un poco la casa, pero no se preocupe, en cualquier momentito se queda un par de horitas más y listo... ¿Y dónde la...? ¿¡En su casa!? ¿no tienen ninguna cobertura, ningún servicio? Sí, sí, ya sé que no está como para pensar, pero no se puede ser tan desprevenida, mija. ¿Y tienen lugar en su casa para velarla? Sí, ruegue que no le llueva, si no ya veo el desbande. Bueno, mija, bueno. Dígame bien la dirección, por si voy, no le garantizo, vio que yo en ese barrio mucho no me animo, y si no ¿a qué hora la llevan? Mañana a las 9, sí, sí el municipal. Bueno, mejor voy al ¿hola? ¡hola! ¡Ramona! Se le cortó la comunicación.



marca un número inmediatamente mientras sigue hablando

Pobre mujer, venir a enterarse que la Yoli...qué vergüenza, pobre mujer. ¿Cecilia? Me pasa con mi esposo, por favor. Gracias. Carlos. Disculpá que te interrumpa. Un horror, la Yoli, de Ramona. No, la cuarta, la sexta. La Yoli. Bueno no importa. Se mató en un accidente ayer a la madrugada. Un horror. Un horror. Olvidate de la cena esta noche.



Escena V

Ramona sentada tomando un mate cocido, se la ve angustiada. La señora Mónica está de pie a su lado.


SRA MONICA – Termine tranquila el mate cocido, Ramona, no hay apuro.

RAMONA – Sí, señora.


SRA MONICA – ¿Y su marido qué dice?

RAMONA – Está mal, pobre hombre, no lo puede creer.

SRA MONICA – A mí no me entra en la cabeza, Ramona, yo cuando vi el diario y decía que el tipo este...

RAMONA – No puede creer que esté muerta, señora.

SRA MONICA – Claro, seguro, sí, eso decía yo. Pobre hombre.

RAMONA – No hace otra cosa que chupar. En el velorio se agarró a trompadas con varios tipos que no conocía.

SRA MONICA – No lo puedo creer. Pobre Ramona.

RAMONA – empieza a trajinar El Juancito al final se lo llevó, le dio vino hasta que se durmió de la chupa. Por eso no la saludó en el entierro, señora, disculpeló, no lo hizo de mal educado. Me dio una vergüenza, señora Mónica, que no la saludara.

SRA MONICA – A mí me llamó la atención, pero, bueno, estaba mal pobre hombre, no se preocupe.

RAMONA – Ahora antes de venir para acá se agarró con el Juancito. Y el Juancito está grande y le hace frente. Yo le pedí al Juancito que se vaya unos días porque tengo miedo de que pase algo grave. No sabe lo que fue el velorio, señora. Uno sacó un fierro y casi se arma. Nosotros no somos de esa gente, señora. Se me llenó la casa de gente peligrosa, por eso mi marido estaba así.

SRA MONICA – Menos mal que no fui.

RAMONA – Sí, señora, menos mal. Mire el susto que se iba a pegar si iba.

SRA MONICA – La alfombra déjela para después, Ramona. Deme una manito con la habitación de Fernandita que es un desorden total. Se pasa la noche chateando por internet y comiendo porquerías. Ya le dije, yo, si se lleva más de dos materias que ni sueñe con el viaje a Disney.

RAMONA – No sea tan severa con ella, señora Mónica. Cómo quisiera yo que la Yoli estuviera acá para malcriarla un poco. Si la hubiera cuidado más, esto no hubiera pasado.

SRA MONICA – Es que hay que ser más rígida, Ramona. Si usted no controla a sus hijos, chau. Para colmo Fernandita es mi única hija. Sufrí tanto en el parto que no me animé a tener más hijos. Imagínese si le llegara a pasar algo.

RAMONA – Ay, no, señora, ni me lo haga pensar.

SRA MONICA – Porque si, ponga el caso, usted tiene seis chicos más que cuidar, y, de alguna manera, el hueco se va como llenando, usted tiene seis hijos Ramona. Dios la bendijo a usted, usted tiene que pensar eso, Ramona. Mire si me faltara Fernandita. Me muero. Yo me muero.

RAMONA – Ay, no, señora, no me haga imaginar que me pongo mal.

SRA MONICA – ¿Sabe qué? Deje nomás, Ramona, vaya a su casa. Yo le voy a comprar alguna cosita en el centro a Fernandita se retira porque hay que disfrutarlos mientras están con uno a los hijos.

RAMONA – Gracias señora. reflexiona Pobre señora Mónica, no sé si ella resistiría una situación así. Una, gracias a Dios, está más curtida.

SRA MONICAgrita desde afuera Vaya, Ramona, vaya.

Escena VI


Ramona trajina con ropa sucia. La señora Mónica se lima las uñas.
SRA MONICA – Ay, Ramona, qué desastre este país. Yo no sé dónde vamos a ir a parar. Mi marido está, pobrecito, que no sabe qué hacer. No, la camisa azul no la lave con el resto que antes hay que sacarle unas manchas de salsa golf. No puede comer langostinos sin mancharse este hombre. Y de noche se desvela, anda como un sonámbulo. Hasta el año pasado la cosa no venía como para decir guaaaau pero se sobrevivía, che. Este año están achicando gastos como loco en la fábrica. Y el otro día, usted no comente nada Ramona, pero me dijo: aflojá un poco con los gastos superfluos. Eso sí, a Ramona no me la tocás, porque yo sin Ramona soy un cero a la izquierda. Pero imagínese que hace rato ya que dejamos de pagar los impuestos. Alguna moratoria saldrá, dice mi marido, más adelante. Pero fíjese Ramona: cien pesos de agua, porque cobran por superficie cubierta, doscientos cincuenta pesos de impuesto inmobiliario, como estamos en ochava nos mata eso ¿Y el gas, Ramona? Ochenta pesos de gas, che. ¿Usted cuánto paga de gas, Ramona?

RAMONA – No, señora, no tengo gas, yo. ¿Se acuerda que usted me vendió tirados los tubos viejos suyos? Que ya ni los usamos señora, porque cada vez que había que cambiar uno era un sufrimiento, medio sueldo se me iba. Así que ahora, garrafita. Uno se mide más así.

SRA MONICA – ¿Y la luz, Ramona? ¿Es de oro? Doscientos pesos de luz. Está bien que se usa mucho el aire acá en casa, vio lo que es el verano en esta ciudad, Ramona. Pero doscientos pesos, déjese de jorobar. ¿Usted aire no tiene, no?

RAMONA – se ríe No, señora.

SRA MONICA – Lo bien que hace, Ramona. El aire acondicionado, a fin de cuentas, a mí me seca la garganta, me da alergia.

RAMONA – Y agradezca que mi marido, que para eso sí se da maña, hizo la colgadita, que si pagáramos luz no comemos. Cada tanto pasan de la empresa de energía y desenganchan a los que están colgados. se ríe No hacen dos casas que ya salen los vagos de adentro y se enganchan de vuelta. Son terribles, che, no le tienen miedo a nada.

SRA MONICA – ¿Ve? Es envidiable. Ustedes no se hacen tanto problema. ¿Hay? Se compra. ¿No hay? No se compra. Yo, con la tarjeta, estoy metida hasta el cuello, mire. Y mi marido, le decía, está loco el pobre. Incluso, él mucho no me comenta para que yo no me preocupe, pero me parece, usted no diga nada Ramona, pero me parece que hasta tuvo que reducir el personal en la fábrica. ¿Qué me dice? Así se va todo al diablo, Ramona.

RAMONA – Yo no quería decirle nada a usted para que no se preocupe, pero el Juancito ya hacía como 5 meses que venía trabajando salteado, una quincena sí, una no, y el mes pasado ya se quedó sin nada.

SRA MONICA – ¿Ha visto? Entonces tenía razón yo. ¿Y dónde está trabajando ahora el Juancito?

RAMONA – No, señora Mónica, qué va a conseguir, si no hay nada.

SRA MONICA – ¿Vio Ramona? Qué desastre este país. Mi marido está loco.

RAMONA – Barro la vereda y después lo baño al Bobi, ¿sabe señora?

SRA MONICA – Vaya, Ramona, vaya.

Escena VII


Ramona realiza alguna actividad hogareña, la señora Mónica irrumpe a los gritos.
SRA MONICA – Ramona, urgente, encienda el aire acondicionado, y enchufe todas las estufas a cuarzo que encuentre.

RAMONA – ¿Que enchufe qué, señora?

SRA MONICA – Todo, mija, todo. Cafetera, microondas, procesadora, todo lo que tenga resistencia. La plancha, Ramona, la plancha.

RAMONA – se asusta, cree que enloqueció ¿Qué pasa, señora?

SRA MONICA – La tortuguita, mija, va más rápido de lo que debiera andar.

RAMONA – ¿La tortuguita? mirando al piso ¿Y desde cuándo hay una tortuga en la casa?

SRA MONICA – La tortuguita del medidor, Ramona, no sea lenteja ¿quiere?, tenemos menos kilowats consumidos que el mes pasado, vamos a ir presos todos, qué vergüenza.

RAMONA – No entiendo nada, señora.

SRA MONICA – Usted no tiene que entender, Ramona, usted tiene que enchufar. Enchufe Ramona, enchufe. Ramona comienza a enchufar cosas Enchufe. Enchufe.

RAMONA – Enchufo, señora, enchufo. ¿Quiere que aproveche y haga unos huevitos duros en el microondas?

SRA MONICAguaranga No rompa los huevos Ramona.

RAMONA – No, señora, nunca se me rompen a mí.

SRA MONICA – Haga lo que quiera, si quiere haga huevos duros, Ramona. Pero enchufe, Enchufe. recuerda y se enoja mucho Usted tiene la culpa, Ramona, usted me calentó la cabeza, me dijo que en su barrio nadie paga luz, a mí me dio mucha bronca. Si ustedes no pagan la luz yo no voy a ser la única pavota que pague. No sé para qué cuernos la escucho yo a usted. Usted tiene la culpa.

RAMONA – Enchufo todo y después lustro la platería, señora ¿le parece?

SRA MONICA – Vaya, Ramona, vaya.

Escena VIII


Ramona cruza la habitación con una pila enorme de platos, llorando con disimulo. La señora Mónica está cómodamente arrellanada en un sillón, tomando un té.
SRA MONICA – Cuidado con esos platos, Ramona.

RAMONA – en un suspiro Sí, señora.

SRA MONICA – Bueno, Ramona, levante ese ánimo, mija. Anda lloriqueando por todos los rincones. recrimina Al final me termina amargando la vida a mí, usted.

RAMONA – Disculpe, señora.

SRA MONICA – Ahora, también usted, Ramona ¿no ve las cosas usted? ¿En qué mundo vive? ¿No vigila con quién andan sus hijos?

RAMONA – Señora, el Juancito tiene 19 años, ni bolilla me da cuando le hablo.

SRA MONICA – Mientras viva con usted la tiene que respetar, Ramona.

RAMONA – Qué quiere. Desde que se quedó sin trabajo estaba todo el día al cuete al lado de mi marido. Le fue entrando de a poco al porrón y ahora se sacan chispas. Y por el olor a yuyo quemado me parece que más de uno de los vagos del barrio entraban a mi casa cuando yo no estaba.

SRA MONICA – ¿Y no hacía nada usted Ramona?

RAMONA – Señora, vengo todos los días a las 7 a su casa y me voy a las 8 de la noche.

SRA MONICA – ¿Y los domingos, Ramona?

RAMONA – Lavo la ropa, señora.

SRA MONICA – Y claro, así se le va de las manos la casa, Ramona.

RAMONA – Y, sí.

SRA MONICA – Yo por eso a Fernandita la acompaño. No la vigilo, la controlo que es distinto. Yo la mantengo ocupada en otras cosas: hockey, inglés, taller de teatro. ¿Le dije que a fin de año van a hacer La Casa de Bernarda Alba? De Moliere es. Usted debería mandar a sus chicos a hacer esas cosas, para que no terminen como el Juancito.

RAMONA – Sí, señora.

SRA MONICA – ¿Y le dieron cuánto? ¿Ocho años?

RAMONA – Sí, señora. Pero fue un accidente. Se asustó, y ahí se le escapó el tiro.

SRA MONICA – En Coronda sé que hay, en Las Flores no sé. Ramona no entiende de qué habla Taller de teatro, digo. Es bueno. Se entretienen por lo menos. No será Hollywood pero se entretienen. se va yendo Vamos, Ramona, arriba ese ánimo, mire qué lindo día.

RAMONA – secándose los mocos, se rehace Sí, señora. Termino con los platos y después encero el baño.

SRA MONICA – Vaya, Ramona. Vaya.

Escena IX

La señora Mónica está hecha un trapo en el sillón. Ramona trajina a su alrededor con un lampazo, silenciosamente.


SRA MONICA – No haga tanto ruido, Ramona, que se me parte la cabeza.

RAMONA – Discúlpeme, señora Mónica. ¿Quiere que le traiga una aspirina? ¿Un tecito?

SRA MONICA – Ay, Ramona, yo no sé si voy a soportar esto. Yo no estoy preparada. ¿Qué voy a hacer, Ramona? ¿Eh? Dígame.

RAMONA – No sé qué decirle, señora. Si yo pudiera ayudarla...

SRA MONICA – No se preocupe, Ramona, usted no tiene por qué hacerse cargo de mis problemas. No quiero abusarme, usted tiene sus cosas también.

RAMONA – Es que no puedo verla así. Dígame, señora, qué es lo que necesita de mí.

SRA MONICA – Yo no puedo con todo, Ramona, necesito alguien conmigo, y yo no confío en nadie más que en usted. pausa ¿Usted no vendría a mi casa...? Quedarse, digo. Si acomodamos la piecita de planchar, una semanita, no más que eso. ¿Será mucho pedir, Ramona? Un mes, cuanto más.

RAMONA – Sí, señora. De todo corazón, con todo lo que usted ha hecho por mí. Total en casa ni cuenta se van a dar de que falto.

SRA MONICA – No sé cómo le voy a pagar esto, Ramona.

RAMONA – No se preocupe, señora. Lo único, sabe que a mí me da un poco de miedo la Meli, por mi marido ¿vio? Dejarla sola en casa. Está muy violento, se levanta, reparte un par de bollos y se pone a chupar hasta que se acuesta. Yo le pediría, si no le es molestia, nos arreglamos las dos en la piecita, señora, si yo pudiera traerla conmigo acá.

SRA MONICAduda B..bueno, sí. Pero, ¿no le va a quedar muy lejos la escuela?

RAMONA – No, si la Meli dejó la escuela. Repitió dos veces primer grado. La primera vez la maestra dijo que “le faltaba madurar”, la segunda que era problema de desnutrición.

SRA MONICA – ¿Y usted le daba bien de comer a esa nena?

RAMONA – Como a todos mis hijos, señora. A mí no me cuentean, señora. Esta hijita mía salió bruta como la madre. No le da la cabeza para la matemática y esas cosas. ¿Sabe qué me dijeron? Que la mande a una escuela especial. Una escuela para burros, será. se ríe Por ahí la mandaba y me salía abanderada la Meli.

SRA MONICA – Ay, Ramona, usted me hace reír sin ganas.

RAMONA – Bueno, entonces termino de aspirar la sala y despejo un poco la piecita de planchar así mañana mismo vengo con la Meli.

SRA MONICA – Vaya, Ramona, vaya.

Escena X

Ramona hace un alto en su barrido, toma con ambas manos la escoba en la parte superior y apoya la barbilla en las manos. Comienza a hablar, ante la mirada inexpresiva de la señora Mónica.


RAMONA – Un año, ya, señora. Un año que se fue la Yoli. Pobrecita la Yoli. Se encandiló ella. En casa ¿qué tenía? Un padre que le pegaba, una madre que no estaba nunca. ¿Y qué podía esperar de la vida? Ni siquiera iba a terminar la escuela, si a su edad ya las chicas empiezan a emplearse en casas de familia para poder ayudar a la familia. Y la cosa nunca mejora. Y una cree que las cuida mucho y en la primera de cambio viene uno, la deja preñada, y pájaro que comió voló. Como me pasó a mí con el Juancito. Conclusión, que mi marido nunca lo pudo ver al Juancito porque no era de él. Y más de una vez se lo tuve que sacar de las manos. Esta marca acá, con un porrón me dio el animal. Rechupado estaba. pausa Se encandiló, pobrecita, se imaginó con ropa linda, una cama para ella sola, comida todos los días. Pobrecita. Ella fue una inocente. No sabía lo que hacía. Era una nena. Quince añitos. Un angelito. pausa Ahora está mejor. Pero cómo la extraño.

SRA MONICA – ¿Sabe qué extraño yo, Ramona?

RAMONA – No, señora.

SRA MONICA – El prendedor de brillantes que me regaló mi esposo cuando nos casamos.

RAMONA – ¿Cómo, señora?

SRA MONICA – El prendedor, Ramona. No se haga.

RAMONA – No entiendo, señora ¿Qué pasa con el prendedor?

SRA MONICA – Y, Ramona. Si usted no sabe, no sabe nadie.

RAMONA – Ay, señora, usted discúlpeme, tras que la cabeza no me da para mucho usted se hace la misteriosa.

SRA MONICA – ¿Así que no tiene nada para decirme?

RAMONA – No, señora. No entiendo.

SRA MONICA – Muy sencillito. El prendedor estaba acá, y ahora no está. ¿vio qué fácil?

RAMONA – No sé qué decirle, señora. ¿No lo habrá sacado Fernandita?

SRA MONICA – Ah, bueno, esto es el colmo. Yo le dí la oportunidad para que se arrepienta, es más, iba a olvidarme de todo, a hacer de cuenta que no había pasado nada, me estaba haciendo la zonza porque faltaban pavaditas, yo desconfiaba de la Meli, Ramona, pero no de usted. Y lo único que le faltaba, encima de chorra le echa la culpa a mi hija. No, Ramona, cualquier cosa, pero con mi hija no. Crápula. Tantos años de mi vida tratándola como de la familia, dándole un lugar en mi propia casa que más de una como usted quisieran tener. Usted, desagradecida, mordió la mano que le daba de comer.

RAMONA – Pero señora ¿Cómo me dice eso?

SRA MONICA – Chorra de cuarta, ya sabía yo que en la primera de cambio iba a mostrar la hilacha.

RAMONA – No, señora, yo no fui. Déjeme que lo busque, debe estar por ahí.

SRA MONICA – Claro, ahora va, lo encuentra milagrosamente, y chau, nunca desapareció. Tomeselás Ramona, no le quiero ver más el pelo. Mugrienta, negra de mierda, porquería.

RAMONA – Señora, no...llora

SRA MONICA – Por la puerta de atrás se me va, como los perros. Ahí la quiero ver ¿sabe? En la calle. Piojosa. Váyase antes de que llame a la policía. Ramona comienza a irse, se frena, hace el último intento

RAMONA – Señora por el amor de Dios.

SRA MONICAmás fría y dura que nunca Vaya, Ramona. Vaya.

Escena XI

Ramona sola. Ya no está en la casa de la señora Mónica.


RAMONA – Más o menos nos vamos arreglando nosotros. Alguna que otra changuita me rebusco. Lo que pasa es que está difícil porque ningún conocido de la señora Mónica quiere saber nada conmigo. Y en ningún lugar me tratan como en lo de la señora Mónica. Era como mi casa. Yo estaba mejor que en mi casa. Y la Meli también. Y una manito siempre nos daba la señora Mónica. Que un saquito, que un pulovercito. Nuevas las ropas ¿eh? Porque ellos usan la ropa un par de veces y después las dejan de usar. pausa Lo peor para mí es pensar que ella cree que la robé. Me hubiera cortado la mano antes que robarle un alfiler. la justifica Lo que pasa es que ella últimamente estaba muy nerviosa. También, pobre, con el señor se retuerce toda incluyendo la cara que es un monstruo como está, la mitad ésta paralizada, un inválido pobre hombre y no se le entendía nada lo que decía. Yo la compadezco pobre señora Mónica, ese hombre todo el tiempo chinchudo, había que tener una paciencia. Yo había días que lo hubiera ahogado. Y justamente él, que siempre fue un hombre emprendedor, optimista. Daba pena verlo así. piensa Yo nunca terminé de entender, porque la fábrica terminó cerrando –una lástima, quedó tanta gente en la calle- pero el señor como que alcanzó a salvar la plata, yo soy medio bruta, no entiendo bien. Menos mal, porque así la señora tiene con qué hacer frente a la situación. Que una señora que lo cuide al señor, que los gastos de la casa. A mí me cuenta todo el Jaime, que es el jardinero de la señora Mónica. Y a mí me da una angustia, una cosa acá cuando me cuenta. Me encantaría volver alguna vez a lo de la señora Mónica. A veces, ríe o sonríe melancólicamente hasta el final del párrafo qué pavota, a veces sueño que estoy trabajando en lo de la señora Mónica, haciendo alguna cosa, y ella desde la habitación de al lado, qué pavota, mirá lo que sueño, ella que desde la otra habitación me grita: vaya, Ramona, vaya.

Escena XII

La señora Mónica tiene un prendedor en la mano. Está indignada, dirigiéndose a su hija, a quien no se ve.


SRA MONICA – ¡Diez veces te pregunté Fernanda si vos habías agarrado el bendito prendedor! Pero no, la señorita muy ocupada con su chateo y su hockey y sus amiguitas para prestarme un cachito así de atención. Irresponsable de porquería. Yo la eché a Ramona como un perro y el prendedor lo había sacado la niñita. Después de veinte años...Con lo difícil que es encontrar gente que trabaje y que sea honesta, será posible. ¿Me querés decir dónde encuentro otra Ramona yo ahora? reflexiona, se calma Porque para bruta no había como ella, pero lo que tenía de bruta lo tenía de guapa y de gaucha, pobre Ramona. A mí me parecía muy raro que ella se hubiera robado el prendedor, También, está todo tan loco que uno no sabe en quién confiar, ya. No me entraba a mí en la cabeza que fuera ella. suspira Bueno, qué alivio por fin, saber que no fue ella. Un alivio. busca honestamente en su memoria ¿Dónde encuentro ahora otra Ramona, yo?

Escena XIII

Ramona, en su casa, le habla a su hija, a quien no se ve.


RAMONA – Vamos, Meli ¿A qué hora vamos a ir, mijita? Vamos, no busques. No hay pan. Lo poquito que había se lo comió tu padre. Vamos. No, no te saques las medias ahora que te vas a enfermar al cuete. Te las sacás cuando lleguemos a la peatonal. Vamos, Meli, vamos.

Escena XIV

Señora Mónica, al teléfono.


SRA MONICA – ¿Cómo que no vas a venir a fin de año, hija? Sí, ya sé que Roma no está a la vuelta de casa, pero desde que te fuiste no viniste ni una sola vez. No, si no te digo qué tenés que hacer con tu vida, yo lo único que te pido es que vengas a visitarme unos días. Dale, nena, acordate un poquito de tu mamá. Me siento sola, hija, la casa es tan grande. Pensá en mí, alguna vez. suplica ¿Vas a venir, Fer? más alto ¿Fer?


Escena XV

Ramona está sentada en el piso, pidiendo limosna en la peatonal. La señora Mónica se acerca. Cuando la ve, camina hacia ella.


SRA MONICA – Ramona.

RAMONA – Señora Mónica.

SRA MONICA – ¿Qué hace acá, mija?

RAMONA – Ay, señora, qué vergüenza.

SRA MONICA – No, Ramona, vergüenza siento yo, de verla así por culpa mía.

RAMONA – No, señora. La culpa la tiene este país que no tiene arreglo.

SRA MONICA – ¿Y su gente, Ramona?

RAMONA – Mi marido está borracho perdido, el Juancito ya sabe, tiene para 5 años más. Las nenas bien. La Meli está en la otra cuadra, al lado de la iglesia, la del gorrito azul ¿no la vio?

SRA MONICAtoma una firme decisión, es casi una orden Ramona, véngase a casa, a trabajar conmigo. Mañana mismo.

RAMONA – conmovida ¿En serio me lo dice, señora?

SRA MONICA – Sí, a partir de mañana. Pero ahora vamos a casa. Vamos a comer algo calentito. Vamos a buscarla a la Meli. pausa, se miran tiernamente Tenemos que decirnos muchas cosas. pausa, bache, las dos intentan, sin lograrlo, retener una carcajada que las supera, y terminan tentadas de la risa. Pierden los personajes

ACTRIZ DE SRA MONICA – Qué pelotudez, a quién se le ocurre.

ACTRIZ DE RAMONA – Te dije, para eso hacíamos La Cenicienta.

DIRECTOR- apareciendo desde un costado o desde atrás ¿Qué miércoles pasa con ustedes dos? ¿No pueden terminar una sola vez sin tentarse de la risa? ¿Son actrices o qué son ustedes?


ACTRIZ DE SRA MONICA – No te calentés. Entendeme. Yo me siento como una pelotuda retoma el personaje, ahora con tono de melodrama venezolano arrepintiéndome de mis pecados: exagera el tono venga, Ramoncita feroz, agresiva a poner sus patas sucias en mis manteles de hilo.

ACTRIZ DE RAMONAriéndose despiadadamente ¿Vos te imaginás la Ramona cayéndole con cuatro guachos piojosos tufientos a la señora Mónica? los imita, burlonamente, es desagradable ¡Pan! ¡Pan! ¡Pan! se desternillan de risa los tres

DIRECTOR – Qué final poronga. ¿Tenés un texto a mano? una de las actrices le alcanza un texto de la obra, estos son los autores, que les encantan las moralejas el director tacha y anota dos o tres palabras Este es el final. Esto es lo que pasa.

Las actrices pegan una mirada al nuevo texto, y se dirigen a sus lugares para actuar. El director vuelve a su consola, da la luz que corresponde.


Ramona se sienta el piso, pidiendo limosna. La señora Mónica se acerca. Al verla, instintivamente aminora el paso, pero lo retoma con más ritmo que antes. Simula muy mal no haberla visto, y queda en evidencia.

Silencio denso.

RAMONA – con una energía y una concentración inusitada en ella, mastica y escupe despacio, sólo tres palabras Hija de puta.

SRA MONICAen voz baja, con el mismo tono con que diría subió la nafta Qué horror. Pobre mujer. Qué horror.

Y nada más.

Santa Fe, 12 de abril de 2002



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