Página principal

Valle de antier


Descargar 8.66 Kb.
Fecha de conversión24.09.2016
Tamaño8.66 Kb.
CRONIC - ACADEMIA

CANTOS DE TRABAJO EN EL “VALLE DE ANTIER”

Josefina Ríos de Hernández
El Loló es uno de esos cantos de trabajo, de origen ancestral en la sociedad campesina vallespirituana donde los participantes en las diferentes etapas de la producción y, en particular, en el transporte de la cosecha, dramatizaban y entonaban cantos al trasladarse desde el lugar de recolección hasta el sitio de acopio en el pueblo, propiciando una actividad festiva, de la cual no era ajena la mayor parte de la comunidad. Tuvimos el privilegio de presenciar el último Loló que se realizó en El Valle del Espíritu Santo, a fines de los años cincuenta, intento de algunos viejos agricultores de mantener las tradiciones y trasmitirlas a las nuevas generaciones, en condiciones en que la agricultura rápidamente dejaba de ser la principal actividad económica de la población vallespirituana. Con nostalgia, el Loló es recordado por los más viejos y los menos viejos, con un fuerte arraigo en las costumbres y tradiciones de su pueblo: ¡Con cuanto entusiasmo se habla del “Loló”! y que deseos­­ de reeditarlo, al menos para aplacar nostalgias. La mayoría de las personas que cantaban el Loló ya han muerto, de allí que, recoger esa tradición y trasmitirla a las nuevas generaciones, también es parte del homenaje que debemos rendir a esos hombres y mujeres que cargaron en sus hombres el pesado trabajo campesino. Por boca del maestro Agapito Salgado y Don Higinio García, ya fallecidos nos enteramos de los detalles de esta particular expresión de cantos de trabajo y Nacho Mujica, que con sus 85 años sigue haciendo labores de, con orgullo asegura que esto sólo se daba en El Valle. Como expresión cultural, el canto del Loló está emparentado con las procesiones religiosas y con las “diversiones” que alegraban las navidades isleñas, representadas éstas como pantomimas a semejanza de hechos reales e irreales donde se combinan, música, canto, danza y escenografía en torno a figuras de la fauna y de la flora. El nombre Loló lo toma del estribillo que acompaña el canto. Régulo Hernández, el cronista de García, nos dice que los cargadores-cantadores “formaban una entusiasta columna, cada uno con saco al hombro, caminando a ritmo de procesión, improvisando coplas por turno; todos haciendo coro con el ¿Ay loló, lololó, después de cada verso y uno sonando el caracol de botuto instrumento heredado de los guaiqueríes.”
Oímos a Don Higinio cantar la copla modelo:

Yo sembré, otro sembró

Una mazorca en verano

Ah loló lo lo ló

Yo cogí, otro cogió

De cada mazorca un grano

Y Nacho Mujica, me recitó estos versos del loló:

Brota la tierra el calor

Del manantial nace el río

Brota la neblina el frío

Y el corazón el amor
No se conoce a ciencia cierta el origen del Loló. Al menos, los últimos practicantes de esta tradición sólo sabían que “su origen es antiguo”, como recordaba Don Higinio “... eso viene desde muy lejos. Yo ya cuando abrí los ojos se cantaba, yo entiendo que eso ha sido desde que se sembraba por esos cerros. De esos cerros era que más bajaban con eso. Se dejó de cantar cuando la gente dejó de sembrar en los cerros-... cuando no hubo maíz que ‘cargá’, con qué lo iban a hacer? Con estopa? Acaso?. Hasta que se retiraron las lluvias y ya ahorita no hay ni quien trabaje pa’ sembrar el maíz… el último canto de loló por aquí fue el de Goyo Guerra.”. Es posible que esta expresión musical esté ligada o encuentre sus primeros orígenes en los “alalas” que, según estudiosos del tema, son los cantos más antiguos, puros y más característicos de la música tradicional gallega. Pobladores gallegos, de quienes se tiene noticia se asentaron en la colonia en ese rincón de la comunidad de El Valle que nacía bajo el amparo de un generoso río que corría por un lecho pedregoso, pueden haber sido portadores de este cantar que, en un proceso de transculturación, adquirió especificidad en función del nuevo contexto ambiental. Huella de ese parentesco cultural son las “pedrices” que aún subsisten entre el verdor de Las Piedras de El Valle, sirviendo de cerca para delimitar las propiedades, como también tuvimos oportunidad de admirar en un recorrido por la región de Galicia.

NOTA ESPECIAL: Publicamos nuevamente este artículo por su significativo valor sociológico, en el cual nuestra compañera Josefina Ríos de Hernández demuestra el conocimiento, su compromiso social y el amor por nuestra tierra margariteña.


cronistademacanao@gmail.com


La base de datos está protegida por derechos de autor ©espanito.com 2016
enviar mensaje