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Uso del punto y extensión de las frases


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Uso del punto y extensión de las frases
Por:

Carlos Montoya Álvarez



Profesor Comunicaciones
No hay un número de palabras o frases que nos pueda decir hasta aquí. Usualmente el punto se coloca al final de una oración con sentido completo, es decir, cuando sentimos que hemos terminado de redondear una idea, en este caso se llama punto seguido; de igual manera se coloca al final de un párrafo cuando sentimos que concluimos el tema de que hablábamos, lo cual llamamos punto final. También se puede usar el punto para lograr ciertos efectos, por ejemplo, cuando deseo que mi lector se detenga un poco a pensar sobre lo que le acabo de decir, lo cual no lograría con una coma que implica un receso más corto. De igual manera puedo imponer un ritmo de lectura más lento con frases seguidas de punto o uno más rápido con sentencias seguidas de coma. El periodismo, la correspondencia comercial, la redacción legal y la publicidad exigen frases más cortas, lo cual implica más puntos, pero se debe más a un asunto pragmático: necesitan mayor claridad y contundencia en lo expresado. De igual manera el espacio disponible puede ser determinante al momento de elegir: las comunicaciones en la red, las presentaciones audiovisuales, los casi desaparecidos telegramas exigen oraciones más cortas y, por ende, más puntos. Los escritos destinados a ser leídos en voz alta (como discursos y conferencias) deben llevar frases cortas, para que el orador no se asfixie y los oyentes no se duerman. La literatura anglófona suele utilizar frases cortas seguidas de punto, costumbre que ha permeado a la literatura latinoamericana, pero en el español no se hace tan necesario; por nuestro ritmo de hablar y la manera en que hilamos las frases se nos hace más fácil y práctico incluir comas, dos puntos y puntos y comas que estar colocando puntos a cada renglón.
Podríamos agregar, como conclusión, que existen reglas para colocar signos ortográficos (se pueden consultar en cualquier manual) pero éstas se encuentran circunscritas al lenguaje escrito, que siempre será mucho más limitado que el verbal. De esta manera, si deseamos lograr para el lenguaje escrito la misma versatilidad y riqueza del verbal, tendremos que ser más creativos y, sobre todo, intuitivos; así, escribir se vuelve más un asunto de estilo propio y de oído musical que de reglas. En materia de lenguaje las reglas pueden ser una herramienta que nos ayuda a comunicarnos mejor o una camisa de fuerza que nos impide expresarnos. Cómo las asumamos, es nuestra elección.


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