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Urbanización y Vivienda en Guadalajara Rafael López Rangel


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Urbanización y Vivienda en Guadalajara

Rafael López Rangel
INTRODUCCIÓN
En este estudio se analiza el proceso de autoconstrucción en Guadalajara, y adopta como perspectivas generales el problema de la vivienda y la urbanización regional. Para ello, se reconocen como básicas las siguientes aseveraciones: a) la autoconstrucción forma parte del crecimiento y la transformación de la ciudad en su conjunto; b) la autoconstrucción, la vivienda y la urbanización constituyen un solo problema, al cual determinan múltiples procesos, económicos, políticos, ideológicos, tecnológicos, etc.; c) la única forma de caracterizar científicamente tal problema es poner al descubierto esos procesos, bajo una perspectiva histórica y crítica; d) es fundamental la historia política de la ciudad en cuestión, así como la de la autoconstrucción que en ella se presenta. Aparte, en Guadalajara, centro de atracción regional, debe conocerse la historia de las relaciones entre la ciudad y su entorno. Por lo demás, es indispensable estudiar la actual polémica teórica acerca de la ciudad, la urbanización y la vivienda.
Otra situación práctica y específica de importancia es el creciente dominio cuantitativo de la autoconstrucción en las grandes ciudades. Tal hecho pone en evidencia la cada vez mayor penuria de numerosos sectores de la población urbana, y expresa al mismo tiempo el deterioro del campo. Tal grado alcanza este proceso que se ha vuelto incontrolable y aun presenta alarmantes rasgos de irreversibilidad. Guadalajara, a pesar de algunas opiniones optimistas, no es la excepción en este deterioro; si bien no es tan abrumador como en el área metropolitana del Distrito Federal, muestra ya características que no pueden pasarse por alto.
Ahora bien, la autoconstrucción y la urbanización deben enmarcarse en un contexto general e histórico, y ello nos obligó a realizar una revisión crítica de las propuestas teóricas más importantes acerca de los problemas urbanos, así como a buscar un planteamiento que permita abordar el asunto con mejores perspectivas que las actuales. En esa búsqueda, cobra relevancia la necesidad de definir y estudiar las relaciones entre el Estado y los agentes que intervienen en la autoconstrucción y la transformación de la ciudad. Asimismo, se tornó urgente poner en claro el papel histórico de las políticas, los programas y las acciones urbanas que el gobierno realiza. Tales tareas nos conducen al ámbito de la ciencia política, e incluyen además cuestiones de tecnología, como parte de procesos que son, en rigor, sociales.
La estructura de nuestro trabajo se rigió por esos propósitos, y a causa de ello, arranca de consideraciones teóricas básicas; en éstas, reclamamos la necesidad de una nueva actitud crítica -que aparte se traduzca en la práctica- frente a los problemas. Por ello mismo, proponemos la elaboración de la historia social de los procesos aquí sujetos a estudio. Más adelante, sintéticamente, presentamos un panorama de la disputa actual acerca de la ciudad y la vivienda: exponemos y comentamos las ideas de los representantes de las corrientes más influyentes en nuestros países: Manuel Castells, Jean Lojkine, Christian Topalov. Asimismo, reconociendo el escaso desarrollo de las tareas teóricas en torno a la autoconstrucción, intentamos establecer un esquema de los pensamientos que estudian, analizan y trabajan en ese campo. Se torna ahí insoslayable hablar someramente de los influyentes planteamientos turnerianos que tanta incidencia han tenido en el Tercer Mundo. El conocimiento de las diferentes posiciones y la incapacidad de la mayoría de ellas para enfrentar la actual problemática, reforzaron nuestra idea de hacer a un lado los reduccionismos imperantes. Y, ciertamente, dentro de dicho esquema incluimos a corrientes novedosas que plantean hoy una salida con respecto a aquellas que tuvieron auge durante la década de los setenta.
En el capítulo segundo intentamos un recorrido histórico -de la Colonia al siglo XIX- de las transformaciones de la ciudad de Guadalajara con respecto a su región. Nos interesó destacar la medida en que la historia política y los cambios en la economía influyeron de manera determinante en la configuración del sistema urbano en la zona. Pero sobre todo, nos propusimos seguir los procesos por los cuales Guadalajara se constituyó paulatinamente en centro de una comarca. Por razones de espacio y exposición, el tratamiento de este tema es sucinto, en tanto que el análisis de las diversas determinaciones se limitó por la información disponible. Enseguida, abordamos el crecimiento de la ciudad y las características de la región en la etapa posrevolucionaria. A partir de esa base, iniciamos el análisis detallado de las condiciones actuales en Guadalajara. Caracterizamos esta ciudad y el estado de Jalisco como un sistema irregular: con grandes concentraciones y vacíos. Dirigimos nuestro interés al crecimiento extensivo y la segregación espacial de la urbe, y ubicamos tales fenómenos como expresión de una modernidad que se ha construido privilegiando la ganancia privada y la circulación mercantil del suelo y de las edificaciones. En este mismo capítulo, nos acercamos a otro de los objetivos específicos de nuestro trabajo: los asentamientos urbanos de autoconstrucción, su ubicación en la estructura urbana y la definición de sus características generales. Cerramos el capítulo con una disertación, apoyada con datos recientes, acerca de la amenaza que pende sobre la segunda ciudad del país, a causa de las prácticas depredadoras del medio natural y social que se han empleado en su construcción.
En el capítulo tercero analizamos los procesos directos de la autoconstrucción en la capital de Jalisco, a fin de observarlos en su naturaleza histórica y social. Para ello, seguimos al autoconstructor desde cuando sale de su lugar de origen, y contemplamos las diversas formas de acceso a la tierra, así como el tipo de tenencia de ésta en el momento de ser ocupada. Una de las hipótesis en que basamos nuestras observaciones es la siguiente: complejas redes de poder, emanadas de intereses concretos de grupos que actúan en la ciudad y en su área de influencia, determinan la naturaleza y las formas del proceso social de la autoconstrucción. Y por su parte, cuando llegamos al momento en que la vivienda empieza a levantarse, hacemos una incursión en el problema general de la vivienda en Guadalajara pasando, naturalmente, por los problemas del suelo urbano.
Más adelante, reflexionamos acerca de los programas de autoconstrucción impulsada por el Estado tanto a nivel federal como estatal; intentamos caracterizar la naturaleza de las limitaciones de dichos programas. Nos interesó fundamentalmente, desentrañar el carácter ideológico de las acciones gubernamentales, tanto en Guadalajara como en el país. Luego consideramos la definición de la llamada autoconstrucción espontánea (concretamente en Guadalajara), y para ello tratamos de seguir el recorrido de la creación de la vivienda desde el pie de casa. Aquí nos interesó detectar las formas de asimilación a los esquemas establecidos, incluso los tecnológicos, en la adquisición de materiales y la elección de sistemas constructivos en vivienda y servicios urbanos.
En el capítulo cuarto, revisamos la autoconstrucción que realizan las familias provenientes del campo, como un elemento que transforma al individuo en sujeto urbano. La hipótesis de tal capítulo supone que la asimilación de lo rural por lo urbano se manifiesta, entre otros hechos, en la autoconstrucción. Pero, igualmente, la asimilación a la ciudad como organización compleja -de manera muy especial en el ámbito de la ideología- cuando el habitante citadino tiene la posibilidad de adquirir una casa propia.
El papel de los denominados Movimientos Sociales Urbanos (MSU), es de primera importancia para conocer todos los anteriores procesos. Según nuestra perspectiva, la autoconstrucción se inscribe en tales movimientos. Eso nos llevó a incursionar en aquellos MSU que se han producido en Guadalajara desde la década de los cuarenta. Nos interesa, sobre todo, definir la naturaleza política de los MSU, y nos dedicamos a desentrañar el significado de la acción de los grupos y las organizaciones independientes. La obtención de los servicios urbanos en las colonias de autoconstrucción es un ejemplo de los logros de los movimientos que estudiaremos.
Por último, en ese mismo capítulo, queremos tocar un punto polémico: los modelos urbano-arquitectónicos utilizados por los colonos de los barrios de autoconstrucción, han reproducido los valores negativos de la “ciudad consolidada”; sin embargo, también en ese nivel existen posibilidades de jugar un papel socialmente innovador.


URBANIZACION Y

AUTOCONSTRUCCION

DE VIVIENDA

EN GUADALAJARA

1. Consideraciones generales. Necesidad de una nueva actitud teórica.


Los procesos de autoconstrucción de la vivienda en México presentan día a día problemas de tal magnitud y complejidad, que ya no es suficiente abordarlos en los términos utilizados hasta ahora. La crisis urbana y de la vivienda -en la que aquellos procesos están inmersos- se ha vuelto incontrolable a causa del enorme conjunto de grupos y agentes (entre ellos el Estado) que intervienen en la construcción y transformación de la ciudad. Tal circunstancia se agrava junto con la crisis económica del país, al tiempo que el proyecto sociopolítico posrevolucionario muestra graves deficiencias para enfrentar y resolver las necesidades populares.
Así, las estrategias institucionales para abordar las vastas carencias de vivienda, equipamiento e infraestructura, y para combatir el deterioro de las condiciones materiales del hábitat, necesitan de una rectificación que incluya la revisión de sus dos líneas conceptuales básicas:
1) Aquella que piensa que el sector marginal o informal de la urbanización se puede incorporar gradualmente a la ciudad consolidada -la legal, poseedora de servicios satisfactores- conforme los habitantes de aquél van adquiriendo capacidad económica que les permita el mejoramiento de su vivienda. Esta manera de plantear la cuestión es típica de las tesis desarrollistas, en boga en América Latina durante las décadas de los cincuenta y los sesenta.
2) Aquella que establece una división tajante entre los vastos sectores marginados y la ciudad consolidada, lo que equivale a reforzar la segregación espacial, con lo cual deja intocados los procedimientos de construcción y transformación de dicha ciudad en su conjunto.
En el fondo de estas dos líneas se encuentran maneras específicas -ya rebasadas por innumerables teóricos- de entender la construcción de nuestras ciudades latinoamericanas. En ellas, una falacia queda a la luz: partir de la inevitable existencia de “la otra ciudad”, la de los pobres, la de los que siempre han autoconstruido y seguirán haciéndolo, como un destino o fatalismo histórico. Sin duda, tales formas de pensar son una vieja herencia de las concepciones urbanas coloniales.
Tampoco es suficiente reconocer que los procesos de autoconstrucción son ahora cuantitativamente dominantes. Y no basta plantear como estrategia única ante el problema el abatimiento cuantitativo, directo y operativo, de la cada vez más escandalosa carencia de casa.
Por otra parte, debemos reconocer que la ciudad consolidada (que tiene como otra característica el pertenecer al sistema impositivo y tributario) se halla en descomposición, y que en todo el país su crecimiento ha sido depredador. Por hablar sólo del caso más agudo, recordemos que los sismos de septiembre de 1985 exhibieron esto en una forma abrupta, y pusieron en evidencia la lenta agonía de millones de habitantes de la capital de la República. En ésta, la construcción de la modernidad se ha hecho sobre todo en función de la ganancia particular y del consenso político, así como de una desmedida concentración de actividades, pasando por alto la propia naturaleza del medio. En efecto, cada vez resulta más claro que las tecnologías empleadas han depredado el ecosistema del Valle de México, con graves consecuencias para la vida de los habitantes. Al mismo tiempo, esas formas de crecimiento han acelerado el deterioro de las condiciones materiales de la población. Por lo demás, también la autoconstrucción conforma esa modernidad urbana, incluso la caracteriza. Y tampoco las ciudades de provincia escapan a esos procesos modernizadores, si bien éstos presentan peculiaridades en cada lugar y son más agudos en las urbes mayores.
En rigor, no se deben tratar por separado -como si fueran distintos- los problemas urbanos de los sectores marginados y los de la ciudad consolidada. La estrategia teórica para enfrentarlos, y que más adelante detallaremos, se basa más bien en descubrir las conexiones o implicaciones mutuas de los múltiples procesos que intervienen en la transformación y el crecimiento de la ciudad. Ahora bien, con respecto a la autoconstrucción, el problema que se plantea, desde esta perspectiva unitaria, es el de encontrar las reales y complejas relaciones entre aquélla y la edificación de la ciudad en su conjunto.
Por cierto, no se trata sólo de un problema exclusivo de la ciudad, que se resuelva dentro de los marcos de ella misma. Tiene por el contrario raíces estructurales, como la propia naturaleza de la formación social mexicana posrevolucionaria y la pertenencia de nuestro país al área latinoamericana, con las peculiares relaciones internacionales, determinadas en gran medida por el mercado mundial. En el primer nivel (el de la formación social mexicana) basta con pensar en los obstáculos crecientes que presenta una economía de mercado en la crisis, para la producción y adquisición de vivienda a bajo costo, accesible a los numerosísimos grupos de escasos ingresos. Para el caso del segundo (nuestra pertenencia a una región más vasta) citemos un ejemplo reciente y revelador.
En la XII reunión de la Conferencia Permanente de Vivienda y Desarrollo Urbano (COPVIDU) de la región centroamericana (San José, Costa Rica, agosto de 1985), la representación de la Agencia Interamericana de Desarrollo (AID) hizo el planteamiento siguiente: ante la crisis económica, los gobiernos latinoamericanos no deben seguir subsidiando vivienda popular. La empresa privada debe asumir, como negocio, el financiamiento y la producción de esa mercancía. El papel del Estado sería solamente fijar normas al respecto. Agregando que, en virtud del cada vez mayor costo de la vivienda terminada, la estrategia tendría que ser la producción de componentes, para que los usuarios construyan su vivienda en forma progresiva. No es mera coincidencia entonces la similitud de líneas políticas, estrategias, planes y programas con ese propósito en países que tienen una economía de mercado; y sobre todo, en naciones que dependen de créditos internacionales.
Ahora bien, otra cuestión habría que considerarse en un análisis novedoso: la acción determinante de las complejas redes de poder que operan en los asentamientos humanos. Esto nos obligaría a desentrañar el papel económico, político e ideológico de los diversos grupos y agentes sociales que intervienen en la construcción de la ciudad.
A tal grado llega la necesidad de conocer la acción concreta de esos grupos, tanto en el nivel urbano como en el de la autoconstrucción misma, que no es exagerado afirmar que sólo con ella logramos una explicación radical de procesos que por tradición han sido considerados neutrales, esto es, apolíticos, como los tecnológicos. En efecto, se hace evidente que los criterios de selección de técnicas, sistemas y modos operativos para construir o transformar la ciudad, se ligan con los intereses, las aspiraciones y los proyectos de los grupos que deciden aquella construcción. Más adelante abundaremos en este aspecto.
2. La historia social en el análisis de la autoconstrucción
El tratamiento de la autoconstrucción como proceso social en un sentido amplio, conduce a la búsqueda de la participación de aquélla en la historia social del lugar, aun cuando el análisis se plantee en un nivel sincrónico. Así el obligado manejo teórico-histórico de los datos empíricos se produce por la necesidad de interpretar éstos a la luz de los procesos sociopolíticos. De esa forma la caracterización de nuestro objeto de estudio adquiere mayor riqueza y profundidad.
Con esta perspectiva, no es posible valorar con las mismas reglas a todos los sectores de autoconstrucción de una ciudad, aunque pertenezcan a una misma etapa y se hayan desarrollado dentro de procesos generales semejantes, como los de la autoconstrucción espontánea. Se requiere conocer la microhistoria de cada uno de los casos, ubicar éstos en el proceso general de la autoconstrucción e inscribirlos en el conjunto de formas de producción de la ciudad.
Este conocimiento (la microhistoria de las colonias) exige investigaciones específicas, que produzcan datos directos y les otorguen contexto. Para el caso de Guadalajara, dicha táctica ha sido fructífera, pues permite distinguir casos que, de otro modo, hubiéramos considerado como iguales, al juzgarlos sólo por sus rasgos comunes. Citemos desde ahora, en estas consideraciones generales, algunos ejemplos:
Las diferencias entre colonias como la Carlos Ramírez L., El Colli, Polanco y Polanquito, y las cuales ocurren por diversas condiciones políticas. A la primera, la intervención solidaria de grupos estudiantiles de la Universidad de Guadalajara y, sobre todo, del Frente Democrático de Lucha Popular, le confiere una pequeña historia de conquistas importantes, bien diferente a la de la segunda. A su vez, El Colli es una colonia enclavada en una zona residencial, y la presencia y la acción de grupos religiosos han sido relevantes en ella y han impreso un carácter social-cristiano a los logros en la ejecución de las obras urbanas. Asimismo, es notable la diferencia de otros procesos con los de los asentamientos inducidos en su totalidad o en parte por la Confederación Nacional de Organizaciones Populares (CNOP); como Polanquito, colonia que es producto de una invasión de gran magnitud, desalojada y luego vuelta a ocurrir de manera gradual, gracias a la presencia de una colonia obrera consolidada, la Polanco, la cual ha logrado algunos niveles de equipamiento en virtud de su combatividad, aun dentro de las organizaciones oficiales.
Ahora bien, en el presente trabajo sólo hacemos un acercamiento a la historia política de las colonias e intentamos la caracterización de los barrios estudiados en una visión general. Sin embargo, advertimos también que las caracterizaciones generales no pierden validez si se encaran con el enfoque totalizador a que nos hemos referido.
3. La polémica acerca de las ciudades y la autoconstrucción
A fin de que nuestra propuesta de análisis tenga eficacia, debemos tocar, así sea brevemente, la polémica que hay al respecto entre las diversas conceptualizaciones acerca del problema. En primer término, la posibilidad de una conceptualización de la autoconstrucción verdaderamente rigurosa y crítica sólo existe si se le inserta en las conceptualizaciones acerca de la ciudad en general y de los procesos de asentamiento. O, en su caso, de las formas específicas de la producción urbana; eso sucede, por ejemplo, con los procesos inmobiliarios. Se trata, como lo hemos dicho, de una búsqueda histórica y, en última instancia, pertinente cuando la requieren necesidades concretas. Por lo pronto, ubiquemos históricamente la polémica.
A partir del fracaso de las tesis desarrollistas, han surgido nuevos planteamientos de la cuestión urbana; pero éstos han tendido al reduccionismo, pese a sus pretensiones de científicidad. Tesis que iniciaron la polémica, en su momento innovadoras, ya están ahora desgastadas, pues por lo común se centraban en un solo aspecto del problema. Destaquemos aquellas tendencias influyentes del análisis económico que implícita o explícitamente consideran fundamental la lógica productiva de la vivienda o de cualquier bien urbano como mercancías; y no sólo fundamental: a veces casi la única posible en la estructura de la ciudad. Cuando surgieron estas corrientes -a fines de los años sesenta y primera mitad de los setenta- casi pulverizaron la visión arquitectónica urbanística de la cuestión de la vivienda, y exhibieron los mecanismos económicos de su producción, distribución y consumo. No podemos negar el valor que tuvieron en su momento ni el que tienen aún sus intentos de ver a la ciudad como economía, capital fijo, producto, fuerza productiva, etc. (1)
En cuanto al suelo urbano, calificado por algunas corrientes economicistas como soporte obligado del artefacto vivienda (o de cualquier otro que se construya en la ciudad), es harto conocido el interés enorme -casi fanático- que existe por desentrañar el complejo problema de la renta. De los análisis económicos, distingamos recientes esfuerzos por esclarecer los procesos de la producción inmobiliaria. Ante la exigencia de explicar su lógica y su tendencia imponerse en la producción urbana dentro de la lógica económica, se torna aún más obligatoria la ubicación histórica del fenómeno. Aunque también se corre así el peligro de abstraerse de situaciones concretas, las que se contemplan solamente a través de la perspectiva histórica.
La gran contribución de los trabajos que abordan el comportamiento económico, pierde eficacia en una caracterización radicalmente histórica en la medida en que ellos se abstraen de realidades concretas y hacen de lado o subestiman otras determinaciones no menos importantes que las económicas.
Resaltamos las tendencias economicistas porque han ejercido una gran influencia en nuestro país, tanto en los medios académicos como en los oficiales. Pero es necesario recordar

1. Aunque es muy amplia la lista de autores de esta tendencia, mencionaremos aquí algunos de los que nos parecen más representativos: Marino Folin. La Ciudad del Capital y otros Escritos. Ed. Gustavo Gili, Méx. 1977; Manuel Castells, sobre todo en su trabajo teórico sobre la estructura urbana en la Cuestión Urbana Ed. Siglo XXI, Méx. 1a edición 1974, Christian Topalov. La Urbanización Capitalista. Ed. Edicol, Méx. 1979. En nuestro medio han tenido influencia considerable los trabajos de Emilio Pradilla, tales como Autoconstrucción, explotación de la fuerza de trabajo en América Latina- en Ensayos sobre el problema de la vivienda en América Latina. E. Pradilla (compilador) Universidad Autónoma Metropolitana, UAM, México 1980. Pero sobre todo, Contribución a la crítica de la “Teoría Urbana”, del “espacio”a la “crisis urbana” UAM Xochimilco. México, 1984. Pradilla se distingue por su radicalismo economicista.


que éstas se encuentran enclavadas en una doble línea de controversia: la primera es un gran bloque de opiniones que se enfrentaron a la concepción funcionalista-espacial de la estructura urbana y la vivienda, concepción que correspondía a la idea desarrollista de que las ciudades irían logrando un mejoramiento gradual junto con un supuesto avance continuo de nuestros países. En segundo lugar, la discusión dentro del bloque mismo.
Al quedar en evidencia la falacia ideológica del planteamiento espacialista, que se manifestaba a través del pensamiento funcionalista y ecologista, surgen los intentos de explicación científica de la naturaleza real de las ciudades latinoamericanas, del origen y causa de su crecimiento segregado y en consecuencia, de los acelerados déficits de vivienda, equipamiento e infraestructura. Los enfoques dependentistas, que tienen su auge en la primera mitad de la década de los setenta, constituyen una respuesta de gran envergadura a esa problemática. Tales enfoques, dentro de sus diferencias, coinciden en demostrarnos que el desarrollo de nuestros países no es lineal, sino periférico y supeditado a los grandes centros internacionales del poder económico y político. Surgen así las influyentes tesis acerca del “urbanismo dependiente”, cuyo máximo representante es Manuel Castells. Destacan también Richard M. Morse, Oscar Yujnovusky, Alejandro Boris Roffman y otros. Los trabajos de estos estudiosos, se ocupan también por lo general de los ámbitos regionales y de su planeación urbana.
Las diferencias fundamentales entre los pensadores dependentistas surgen alrededor de la discusión del peso que tiene el sector externo en la determinación y en la crisis de nuestros sistemas urbanos, así como, en consecuencia, en el papel que juegan procesos internos económicos, políticos, ideológicos y tecnológicos. De ese modo, estudiosos como Enzo Faleto y Henrique Cardoso sugieren que la clave del conocimiento de nuestras sociedades (dentro de las cuales se inserta el problema urbano) son los procesos políticos; (2) en cambio, análisis como los de Vania Bambirra y los de Castells consideran los procesos económicos como los fundamentales. (3) Estas diferencias tienen su paralelo (y en algunos aspectos su fuente) en la polémica europea acerca del papel que la cuestión urbana juega en la transformación social. Son conocidos los actores de la polémica: Jan Lojkine, Christian Topalov, Jordi Borja, Castells y muchos otros más.

2. Fernando H. Cardozo y Enzo Faletto. Dependencia y Desarrollo en América Latina. Edit. Siglo XXI México, 1969.


3. Vania Bambirra, El capitalismo Dependiente Latinoaméricano. Ed. Siglo XXI 99 ed Méx 1983, y M. Castells cit.

La prioridad en el sector externo ha despertado dudas cuando se trata de encontrar explicaciones menos generales acerca del comportamiento interno de la dinámica y las contradicciones urbanas; sobre todo cuando se trata de plantear y ejecutar políticas al respecto. Por ello, la corriente de tesis dependentistas, ha perdido vigor, sin que a nuestro juicio se haya invalidado su descubrimiento fundamental: la imposibilidad del desarrollo de nuestros países en virtud de las relaciones de dependencia con respecto a las grandes economías centrales.


¿Cuáles son los problemas que ahora cobran actualidad y pertinencia en el aspecto urbano? El campo teórico se centra en las cuestiones siguientes: a) el papel del Estado en los procesos urbanos, b) la naturaleza de la planificación física con respecto a las necesidades del Estado y del resto de la sociedad; c) la intervención de los procesos de acumulación y de la cadena especulativa en la producción de la ciudad; d) la producción inmobiliaria y su acción concreta en la transformación urbana; e) la naturaleza política de los movimientos sociales urbanos (MSU) y sus posibilidades reivindicativas; f) el papel de la política en la transformación urbana, y g) las implicaciones sociales y las consecuencias ambientales de los usos tecnológicos en la construcción de la ciudad.
Las nuevas propuestas teóricas han planteado estas cuestiones; el resultado, en conjunto, todavía no es una sola visión con capacidad de consenso, sino varias que en no pocas ocasiones se enfrentan una a otra. Se han descubierto los límites que presentan los enfoques culturalistas, espacialistas y los sistémicos. Sobre todo cuando reducen la concepción de la ciudad a un nivel que no considera los procesos urbanos en su conjunto, sus jerarquías y su realidad histórica. Se puede constatar, que estas visiones se rezagan -sobre todo en nuestros países- fundamentalmente porque, a pesar de las aportaciones en aspectos meramente técnicos -es el caso de las sistémicas- (4) o exclusivamente formales, como sucede con las culturalistas, (5) hacen caso omiso de las contradicciones entre las clases sociales. También acontece que estas contradicciones son vistas como naturales -escuelas ecologistas y neoecologistas- o simplemente como datos, cuantificables y registrables estadísticamente.
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