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Industria cultural, empleo y región

Ancízar Narváez Montoya

Universidad de Manizales


Centro de Investigaciones de la Comunicación

Manizales-Colombia

2000-01

Industria cultural, empleo y región




1. Introducción
La Industria Cultural es hoy el centro de la discusión sobre las transformaciones culturales de la modernidad, a tal punto que, como se ha sostenido en otra parte, “el proceso de modernidad es el proceso de industrialización de la cultura o la industria cultural resume el ideal de la cultura moderna”.
No obstante las discusiones teóricas que se han realizado alrededor del concepto, el punto de partida para esta etapa del análisis ha de ser el concepto de Industria Cultural que define José Joaquín Brunner y que nos permite situar empíricamente un corpus de análisis. La llamada Industria Cultural, dice Brunner, “... es el modo de producción moderno de bienes simbólicos cuyos productos alcanzan primero una difusión masiva en la sociedad.
El fenómeno de la Industria Cultural representa pues un nuevo subsector del campo1 que se hace cargo de la producción, comercialización, reproducción y almacenaje de bienes y servicios culturales (mensajes e ideologías livianas) a escala industrial, teniendo presentes consideraciones de rentabilidad económica y de difusión masiva que ... operan cada vez más fuertemente desde el sector privado y/o sujeta a reglas de financiamiento que son típicamente mercantiles”2.
Con capital grande o pequeño, pero con ánimo de lucro, las entidades aquí estudiadas caben dentro de la categoría de empresas. Pero como la diversidad de bienes y servicios culturales es bastante amplia, se ha hecho una clasificación de la industria cultural por sectores, según la actividad que realiza cada empresa. Así, se han identificado 11 sectores a saber:

  1. Empresas de arte; 2. Exhibidores de cine; 3. Distribuidores de discos; 4. Empresas editoriales; 5. Empresas de espectáculos; 6. Distribuidores de libros; 7. Periódicos; 8. Empresas de publicidad; 9. Empresas de radio; 10. Empresas de televisión; 11. Tiendas de videos.




  1. La industria cultural en el contexto mundial

Mucho se habla actualmente de las posibilidades redentoras de la industria cultural dentro de la economía contemporánea, especialmente como una opción de ingresos para los países del tercer mundo.. Los datos indican, sin embargo, que el entretenimiento en todas sus formas representaba 350.000 millones de dólares anuales de gasto en consumo y ocupaba unos 5 millones de personas en Estados Unidos3. Esto traducido a proporciones significa aproximadamente un 4.4% del PIB y un poco más del 9% de la PEA.


Aún en aquel país no son muchas las grandes empresas dedicadas a la I.C., tal como fue definida en este estudio, que tengan una figuración importante dentro del universo de las grandes compañías. En una muestra de 469 compañías de 55 sectores económicos distintos, analizadas por expertos para la revista Fortune, apenas aparecen clasificados dos sectores: entertainment y publishing and printing. Dentro del sector del entertainment, apenas figuran cinco grandes empresas, a saber: Walt Disney, Time Warner, Viacom, News America Publising y CBS. Dentro del sector publishing and printing, figuran sólo 10. Esto significa sólo el 3% de las compañías importantes de los Estados Unidos. Pese a que algunas de ellas tienen una imagen bastante extendida en casi todo el mundo, su clasificación interna no es tan importante. En el ranking de las 100 empresas más grandes de aquel país sólo se sitúa una del sector del entretenimiento, Walt Disney, que es, a la vez, la primera del sector, pero que en la clasificación general apenas alcanza el puesto 53º4. Las demás no alcanzan a aparecer. Los ingresos de esta compañía son insignificantes si se los compara con el producto interno bruto de los Estados Unidos: 23.657 millones de dólares en 1998 frente a casi 8.5 billones (millones de millones), pero son significativos si se los compara con el PIB de un país como Colombia, pues en este caso significaría más de la cuarta parte del mismo. Ahora, si se mira su valor de mercado, 73.5005 millones de dólares, comienza a ser significativa, pues se acerca al 1% del PIB de los Estados Unidos y sería aproximadamente igual al PIB de Colombia. Estas proporciones son las que ameritan un análisis de la Industria Cultural para mirar su poder como negocio y como orientadora de políticas, pues es un hecho que, por lo menos económicamente, resultan más poderosas las empresas que muchos Estados.
Pero, por otro lado, las expectativas no son muy claras en este sector de la industria. A pesar de la diversificación de sus negocios, de haber incursionado en Internet, y de que se sigue cotizando en la bolsa como una acción en crecimiento, la empresa líder del entretenimiento en Estados Unidos y en el mundo no registra precisamente una situación favorable, aunque no ha perdido su liderazgo. En efecto, durante los primeros 9 meses de 1999, sus ingresos declinaron un 17%, sus ganancias netas un 26% y sus ganancias por acción un 27%6.
En parte, esto es un producto de la competencia y de los cambios en las reglas de juego de la industria de la comunicación masiva, pues las situaciones de monopolio, privado o público, que prevalecían hasta la década de los ochentas, fueron reemplazadas por una competencia feroz, gracias a la utilización de las nuevas tecnologías. “El mundo de los negocios observó la tendencia y aprovechó la oportunidad. Se realizaron megafusiones y se movilizó capital a lo largo del mundo para tomar posición en la industria de los medios, una industria que podía unir el poder en las esferas económica, cultural y política”7. En esa toma de posición las diferentes empresas se han ido reacomodando, sobre todo en materia de expansión internacional, aprovechando la apertura de los espacios y la desregulación impuesta por la ola neoconservadora de los años ochentas, algo en lo que, pese a su reconocimiento mundial, Walt Disney no tiene muchas ventajas, pues apenas un 21% de sus ingresos proviene del exterior. El otro lado de la moneda, sin embargo, indica que allí hay una buena oportunidad, pues como señala el presidente de Viacom, “quienes ignoran que el 96% de los telespectadores está fuera de Estados Unidos van a pagarlo muy caro”8.
Sin embargo, los problemas pueden ser más de fondo. Es posible que tengan que ver con cambios estructurales en la oferta, no sólo con una deficiente estrategia de mercado. Se trata de que el mercado no está creciendo en la misma medida que los capitales invertidos y que los competidores que pujan por ingresar en él. Según Castells, en Estados Unidos, “el número de canales independientes aumentó durante los años ochenta de 62 a 330... En los países de la Unión Europea, el número de canales aumentó de 40 en 1980 a 150 a mediados de la década de 1990, un tercio de los cuales emitía por satélite... De 1980 a mediados de la década de 1990, el número de canales por satélite en el mundo aumentó de ninguno a 300”9. Esto no resiste ninguna comparación con el ritmo de crecimiento de la población ni de la economía, que son, al fin y al cabo, en los cuales se asienta la industria cultural.
Lo anterior ha conducido a una mayor fragmentación del mercado, como la que ocurrió en Estados Unidos en donde las tres principales cadenas controlaban el 90% de la audiencia a principio de los ochenta pero apenas superaban el 60% en 199510. En términos económicos esto debe inducir a la centralización del capital, es decir, que la única manera de seguir obteniendo ganancias, si el mercado no crece, es apropiándose de las ganancias de los competidores, con lo que se llega a lo que en un lenguaje eufemístico se llaman fusiones, como la que ocurrió en 1995 entre Disney y ABC y más recientemente entre AOL y Time Warner.

Tal vez la causa de este desfase sea mucho más profunda. Manuel Castells demuestra que lo que existe es un cambio que podríamos llamar estructural en las audiencias. Por una parte, el fin de las audiencias masivas, la segmentación y especialización de los públicos, que no permite producir masivamente sino a escala global. Por otra, lo que es más decisivo, la no correspondencia entre el crecimiento de la oferta y la disponibilidad de las audiencias. “El tiempo también es un recurso escaso. Hay indicios de que el tiempo dedicado al ocio en los Estados Unidos descendió un 37% entre 1973 y 1994 ... entre 1985 y 1990, el tiempo dedicado a leer y ver televisión y películas disminuyó hasta 45 horas anuales; las horas pasadas viendo televisión, disminuyeron un 4%; y las horas para ver emisiones televisivas de las cadenas principales descendió (sic) un 20%. Si bien la disminución del tiempo dedicado a los medios de comunicación parece estar más ligada a una sociedad que trabaja demasiado (...) que a falta de interés, las empresas multimedia apuestan por otra interpretación: la falta de un contenido suficientemente atractivo”11.


Sea como fuere, el hecho es que la industria cultural está haciendo una apuesta demasiado fuerte por un mercado que, como siempre ocurre, ofrece menos posibilidades de las que esperan los que quieren lucrarse de él y, por lo tanto, muchos de los apostadores quedarán en el camino.


  1. La industria cultural en colombia

La situación de la industria cultural en Colombia, como fenómeno estructural, no es diferente a la descrita en Estados Unidos y la Unión Europea, en el sentido de que viene creciendo la oferta, como corresponde a una sociedad mediatizada12, pero no parece ser un sector económico tan fuerte como lo indicaría la apariencia. De hecho, entre las 100 empresas más grandes del país no aparece ninguna de las clasificadas como “de medios, información o entretenimiento”13.


¿Cómo se sitúan entonces las empresas de medios en Colombia? Según la revista Semana, entre las 300 empresas más grandes del país, sólo se sitúan 5 empresas de la industria cultural en 1998: (Tabla 1).

Tabla 1.

Clasificación de las empresas de la industria cultural dentro de las 300 más grandes del país.


Empresa14

Puesto

Ventas U$*











Casa Editorial

El Tiempo



102

98.000.000










Publicar S.A.

183

51.000.000










Caracol Radio

227

40.000.000










Grupo Legis

252

33.000.000










Cine Colombia

269

30.000.000










Es importante anotar que aquí sólo se quiere resaltar la magnitud de las empresas dentro del universo de las grandes del país, medida principalmente por las ventas que realizan. Pero, desde luego, quedan muchas de ellas por fuera. Por ejemplo, no aparece la magnitud de la inversión realizada por los canales privados de televisión a los cuales la mera concesión les costó 204 millones de dólares, lo que equivale casi a medio punto del P.I.B. del país, inversión que no alcanza todavía a reflejarse en ventas.


Sin embargo, esto sirve para confirmar la tendencia central del momento, en el sentido de que los medios funcionan especialmente como empresas (sin discutir su carácter de instituciones culturales). En efecto, la Casa Editorial El Tiempo ya no es sólo un periódico sino un grupo empresarial con intereses en otros periódicos, en la televisión y en la distribución de cine, de discos15 y videos. Este es un ejemplo de conversión de los medios en empresas por la vía de la expansión.
Por otro lado, Caracol Radio es subsidiaria del primer grupo empresarial del país, dueño, de esta manera, de 4 de los más importantes medios de carácter nacional, en radio (Caracol), televisión (canal Caracol), prensa escrita (El Espectador) aunque este haya pasado de ser el segundo a ser el tercer diario del país, y la revista Cromos. Este es un ejemplo de conversión por la vía de la absorción.
La dinámica de fusiones y adquisiciones en el sector de la I.C. obedece a la misma causa que los procesos similares en EE.UU. Se trata de un reacomodo obligado a las nuevas condiciones de mercado, un mercado en el que la audiencia no crece en la misma medida que la oferta y, por tanto, las cuotas de ganancia se reducen, por lo que irán desapareciendo oferentes, al menos como empresas independientes. En efecto, en la última década hemos pasado de tener tres cadenas nacionales de T.V. y un canal regional, a contar 5 canales nacionales, 6 canales regionales, 2 canales locales, fuera de dos empresas de televisión satelital que ofrecen un número superior a 100 canales, a parte de la televisión por cable, las parabólicas y los canales locales. Tampoco en este caso hay comparación posible con el crecimiento de la población. Sin embargo, es un hecho que el problema de fondo sigue siendo económico y que la competencia es ante todo por posicionarse, en un momento marcado, como lo dice una publicación, más por el target que por el rating, esto es, más por las características de consumo (culturales, si se quiere) del público que por la magnitud cuantitativa del mismo. De ahí que los medios estén cada vez más interesados en estudios de mercado basados en lo sociológico que en lo económico.
El hecho más elocuente es el de los medios televisivos. Por ejemplo, el canal RCN realizó ventas en 1998 por 8 millones de dólares y utilidades por 473 millones de pesos (aproximadamente 240.000 dólares) una cifra ínfima en comparación con el monto de la inversión, que, incluyendo la concesión, superará los 350 millones de dólares48 (lo mismo que Caracol) e invertirá 270 millones de dólares más para llegar a todo el país16. Es decir, 620 millones de dólares. Caracol, además, acaba de recibir un préstamo de 20 millones de dólares más, con lo que ya asciende a 370 millones de dólares su inversión. Estas inversiones se realizan en un momento en el que por ejemplo los concesionarios de los canales 1 y A perdieron, por su parte, 535 millones de pesos (unos 270.000 dólares) en el primer trimestre de 199917.
Las inversiones de los canales privados alcanzaron, pues, 990 millones de dólares, es decir, más del 1% del PIB del país calculado para 1999 que es de 87.945 millones de dólares, cifra en verdad exhorbitante si se considera que se produce en medio de una economía en recesión18. Pero el riesgo es cada vez mayor si se tiene en cuenta que la publicidad en televisión nacional representa, entre octubre de 1997 y octubre de 1998, 1.167 millones de dólares de un total de 2.221 millones19, es decir, el 52.5% de la inversión; pero para el año 1999 sólo el 35% se invierte en este medio, de una parte cada vez más reducida por la recesión20. Sin embargo, lo que está en juego es la apropiación de una significativa parte del producto interno bruto representado en publicidad, pues lo invertido en televisión equivale al 1.2% del PIB de 1998, mientras el total de inversión asciende al 2.3% del PIB del mismo año, calculado en 142.871.716 millones de pesos21.
Tabla 2.

Inversión publicitaria en medios. Octubre 1997 – 1998 (miles)22


Medios

Inversión U$

T.V. nacional

1.167.000.000

T.V regional

288.000.000

Radio

419.000.000

Prensa

267.000.000

Revista

80.000.000

Las inversiones de los canales privados no alcanzarán un punto de equilibrio sino hasta el quinto o sexto año de operación según la misma fuente. Pero esto lo compensa su apuesta estratégica: posicionarse en el mercado, lo que ya logró Caracol al colonizar el 33.6% de la audiencia en un solo año23.


Desde luego, esta apuesta estratégica sólo pueden hacerla empresas que cuentan con el respaldo financiero y de gestión de grandes grupos económicos. Esta tendencia reducirá aún más el espacio para pequeñas empresas independientes y sobre todo para el florecimiento de una industria cultural regional.


  1. Industria cultural y región

Si la situación de las empresas de la Industria Cultural en el mundo y en el ámbito nacional es difícil, para las empresas de carácter regional lo es aún más, teniendo en cuenta que su mercado es más restringido, mientras que las exigencias técnicas no se puede relajar.


En todas las regiones de Colombia las empresas más sólidas son las sociedades editoras de periódicos, seguidas de los canales regionales de televisión, como lo demuestran las siguientes cifras, que muestran ventas y utilidades, respectivamente: (Tabla 3).

Tabla 324

Empresas de medios regionales25.


Ciudad

Empresa

Ventas*

Utilidades**

Medellín

El Colombiano Ltda.

40520




Medellín

Sociedad de Televisión de Antioquia




771952

Cali

El País S.A.

31629




Cali

Compañía Editora de Occidente

2500




Cali

Sociedad de Televisión del Pacífico




459328

Bucaramanga

Galvis, Ramírez y Cía.

13626




Manizales

Editorial La Patria S.A.

6521




Manizales

Telecafé Ltda.




246012

Barranquilla

Telecaribe Ltda.




228430

Sin estas empresas realmente la industria cultural en las regiones no existiría como agente económico, pues hay que tener en cuenta, como se demostrará más adelante, que son las empresas que producen y no las que sólo distribuyen bienes y servicios culturales las que contribuyen en mayor magnitud al empleo, tanto en cantidad como en calidad.




  1. La industria cultural en la región del eje cafetero

La Industria Cultural es un producto de la sociedad moderna que nace de la dinámica industrialización-urbanización-masificación. Aunque la industrialización no haya sido lo suficientemente sólida para conformar una verdadera sociedad urbana en el Eje Cafetero colombiano, la urbanización se ha extendido acicateada por causas como la violencia y las actividades comerciales ligadas al café.


Estas causas históricas, con toda su importancia, no serán aquí objeto de análisis. Como hecho sincrónico podemos resaltar la tendencia que se da durante los últimos 5 años y que muestra un crecimiento de la población absorbido por las áreas metropolitanas. En efecto, el Eje Cafetero pasó de tener 1.712.870 habitantes en las cabeceras municipales, según datos de población ajustada en 1995, a tener 1.852.440 habitantes concentrados en junio de 1999, según proyecciones del DANE, constituyéndose en un ambiente potencialmente propicio para la industria cultural. Sin embargo, la industria cultural no tiene un lugar destacado dentro de la actividad económica de las ciudades del Eje Cafetero. Lo que allí se puede considerar el subsector de la industria cultural está constituido por 197 empresas, con predominio de algunas francamente coyunturales como las de publicidad y espectáculos. (Gráfico 1). De ahí que su incidencia en el empleo, pese a su número, sea insignificante.
G
ráfico 1. Nº de empresas por sector.


5.1. La industria cultural, el empleo y la actividad productiva
Existe una tendencia de época en materia de empleo, propia de la era de la información, consistente en un cambio en la estructura del mismo y los consiguientes cambios en las competencias requeridas por los trabajadores presentes y futuros, como lo explica Manuel Castells a propósito de la sociedad red.26
La reestructuración del empleo consiste en el desplazamiento del peso de la responsabilidad productiva de aquellas actividades repetitivas, de baja calificación y de operación, a las actividades técnicas de mayor conocimiento incorporado, más especializadas y, por tanto, de mayor valor agregado, en el campo técnico; y hacia actividades administrativas, de ventas y, en general, más relacionadas con el mercado, en el campo de la dirección de la producción.
Esto conlleva desplazamientos importantes en cuanto a los saberes de los trabajadores, quienes requieren mayor formación académica y técnica, pero no como saberes estáticos, sino como saberes flexibles con los que se puedan interpretar los cambios constantes tanto en las condiciones de la producción (tecnología dura) como en las condiciones de administración y mercado (tecnología blanda). Esto es, que puedan adaptarse a los procesos de reconversión y de reestructuración, respectivamente.
Así mismo, cambian las condiciones laborales entendidas en términos de tipos de contratación, de nuevas escalas salariales según la productividad y la oportunidad y la permanencia o adscripción a una empresa según las condiciones de mercado. En una palabra, trae la flexibilización laboral, con todas sus aplicaciones buenas y malas según las condiciones del empleado.
En estas circunstancias la industria cultural no representa una alternativa importante en materia de empleo para las ciudades del Eje Cafetero, a juzgar por la magnitud de la fuerza laboral de las ciudades, la población económicamente activa, los niveles de desempleo y el tipo y la calidad de los empleos ofrecidos por los diferentes sectores de aquella industria.
Si miramos la participación de la industria cultural dentro de los agregados de empleo elaborados por el DANE, tenemos que en total, la industria cultural ocupaba, en el primer semestre de 1999, en la ciudad de apenas al 0,9% del total de personas ocupadas y a un 0,7% de la población económicamente activa, mientras que el desempleo alcanza niveles del 21,3%.. En Pereira, sólo ocupa al 0,4% de la población ocupada y al 0,3% de la población económicamente activa, frente a un desempleo del 24%. Se puede decir que en términos de solución al desempleo la I.C. es insignificante.
El alto porcentaje de empleados llamados por los agentes entrevistados personal administrativo, sugiere una amplia orientación de las empresas hacia las actividades de venta y comercialización de bienes y servicios ya elaborados y no hacia la producción, la cual requeriría más personal técnico. Además, este volumen incluye muchas veces a los mismos propietarios de los establecimientos, quienes son, a la vez, una especie de trabajadores por cuenta propia, pero quienes por el hecho de tener invertido un capital se consideran empresarios.
Por último, el alto porcentaje de personal vinculado a actividades denominadas de servicios generales (21,6%), que por su carácter debería ser marginal, indica que la demanda de personal calificado no es mucha, y que son personas que pueden desempeñarse en otras actividades económicas, dada su escasa especialización.
Es evidente que los sectores que emplean un mayor porcentaje de personal técnico, en su orden los impresos, la radio, la televisión, y en alguna medida las empresas editoriales, son aquellos cuya actividad primordial es la producción, más que la distribución de los bienes y servicios culturales (Gráfico 2). Así mismo, estos sectores destacan por el tamaño y la magnitud de las empresas y por el número promedio de empleados por unidad económica.





Gráfico 2. Personal ocupado por tipo de actividad por sector

5.2. Industria cultural, productividad y remuneración
Las características del tipo de actividad que realizan los trabajadores de la industria cultural son coherentes con los resultados que arroja el análisis de la variable sobre el nivel de remuneración. En efecto, al establecer las escalas salariales es evidente el predominio de empleados situados en los niveles más bajos de remuneración, esto es, hasta dos salarios mínimos mensuales (43%).27 Desde luego que detrás de este agregado se esconden realidades mucho más contundentes, como la de que la mayoría de las personas que efectúan tareas de servicios generales, como aseo o mensajería, no devengan más de un salario mínimo, pero para el caso no es tan relevante.
Es preocupante, sin embargo, el desfase existente entre el porcentaje de trabajadores que realizan dichos oficios (el 21%, según el apartado anterior), y el porcentaje de personas que devengan menos de dos salarios mínimos mensuales, quienes suman casi la mitad de los trabajadores, de lo cual se infiere que trabajos presumiblemente más especializados (las ventas, la administración o los que realizan ciertos operarios) son igualmente de bajísima remuneración.
Con todo, estos niveles de remuneración parecen ser mejores que los del resto del país en general. Según el DANE, a marzo de 1999, el 30% de los trabajadores colombianos (6 millones de ocupados en total) devengaba 1 salario mínimo y el 36% entre 1 y 2 salarios mínimos mensuales, lo que significa que más de dos terceras partes están situados dentro del primer rango propuesto en este estudio. Apenas el 10% recibía entre 2 y 3 salarios mínimos28.


    1. La Industria cultural y el conocimiento aplicado

Observando detenidamente la información, es claro que, si bien el número de personas son apenas educación primaria es insignificante (1,8%), más de dos quintas partes no tiene sino algún grado de educación secundaria, pues dentro de este nivel están clasificados tanto los que la terminaron como quienes han realizado algún año de estudio en este nivel.


Por definición, la educación secundaria no ofrece ningún nivel de especialización, por lo que ese 42% constituye claramente una fuerza laboral sin ninguna calificación. Ello no coincide con el peso de los servicios generales dentro de las actividades productivas (21%), lo que hace suponer que quienes se desempeñan en funciones llamadas administrativas, en realidad son personas polifuncionales por su escasa calificación. En cambio esta cifra sí es coherente con el porcentaje de personas que son escasamente remuneradas, quienes, como se vio, son el 43% frente al 43,8% que es la proporción de trabajadores que apenas tienen algún grado de primario o secundaria.
Las personas que presumiblemente tienen algún tipo de calificación, es decir, los que han alcanzado un nivel de formación técnica, apenas suman el 14% de la fuerza laboral ocupada en la industria cultural, mientras que los que tienen formación universitaria (que no implica terminación de una carrera) llegan al 29%. Aún así, este porcentaje es inmensamente superior al de las personas que devengan 4 o más salarios mínimos, apenas el 13%. Esto se explica por el hecho de que entre quienes aparecen con formación universitaria se incluyen aquellas personas que no han terminado su carrera y a quienes, por tanto, tampoco se les considera especialistas.
Por sectores, nuevamente los dedicados a la producción son también los que ocupan una mayor proporción de personas con alta escolaridad. (Gráfico 3).
En síntesis, la industria cultural en el Eje Cafetero es un sector de baja especialización del trabajo, baja calificación de los trabajadores y, por ello, vulnerable a la crisis de consumo, por leves que ellas sean.

G
ráfico 3. Personal ocupado por escolaridad por sector.



    1. La industria cultural, calidad del empleo y la flexibilización laboral

El indicador más importante sobre la calidad del empleo es, sin duda, el tipo de vinculación del trabajador con la empresa. En este sentido, la industria cultural ofrece un panorama optimista en la medida en que una gran mayoría de los trabajadores vinculados a ella (6 de cada 10) tienen contratos a término indefinido, es decir, un trabajo en el que, salvo eventualidades económicas excepcionalmente negativas o un desempeño visiblemente deficiente, el trabajador conserva su puesto de trabajo.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que entre quienes figuran como empleados a término indefinido también están incluidos en algunos casos los propietarios, lo cual es especialmente visible en sectores como la distribución de videos y la distribución de libros, lo que sesga la tendencia hacia la contratación indefinida. Hay que reiterar que siendo alta en general la tasa de vinculación a término indefinido, es muy importante señalar como relevantes aquellos sectores que, ocupando mayores cantidades de personas al mismo tiempo mantengan esa tasa alta de contratos indefinidos. Aquí vuelven a ser fundamentales los dos sectores más tradicionales y productivos: la radio y los periódicos (Gráfico 4).
G
ráfico 4. Personal ocupado por tipo de vinculación por sector

El otro indicador sobre la calidad del empleo es la permanencia en el mismo. En este sentido, las tendencias coinciden con las señaladas sobre las contrataciones a término indefinido.
En efecto, observando el número de trabajadores sobre los cuales se obtuvo información, es claro que la estabilidad laboral es una de las características más destacadas de la industria cultural, pues casi una quinta parte tiene niveles de antigüedad superiores a 5 años y más de una cuarta parte, entre 2 y 5 años. Teniendo en cuenta que los contratos a término fijo no san superiores a un año, esta es una clara muestra de estabilidad laboral, que en el conjunto se acerca al 50%, pese a las evidentes distorsiones que, como en el caso anterior, causa el hecho de que entre quienes figuran con mayor antigüedad se encuentra también un gran número de propietarios.
Esta situación tiene también su lado discutible. El hecho de que la industria cultural no haya sido afectada por la flexibilización laboral en grados más altos también se explica por la ausencia de una masa crítica de trabajadores calificados que se encuentre en posibilidades, dado su nivel de especialización, de negociar, en condiciones favorables, su trabajo como free lance con una o varias empresas a la vez; así mismo, por la ausencia de una demanda de este tipo de profesionales por parte de las industrias de la región. Como en este caso también la permanencia es en general muy alta, hay que fijar la atención en los sectores de mayor número de empleados para determinar la importancia de la estabilidad. Sigue siendo destacado el papel de los sectores productivos sobre los distributivos.

En cambio aquí son visibles las debilidades de la publicidad y la actividad editorial (33% y 14% respectivamente). Es de destacar también que las empresas tradicionales, es decir, la radio, los impresos, la distribución de libros, mantienen un alto porcentaje de empleados con antigüedades de más de 5 años. (Gráfico 5)


G
ráfico 5. Personal ocupado según permanencia (meses)


  1. A manera de conclusiones

Con todas las deficiencias anotadas a lo largo de la exposición, quedan algunas conclusiones provisionales que vale la pena resaltar.


Las áreas metropolitanas son lugares con características urbanas especialmente por la alta cobertura de los servicios públicos y por el predominio de actividades económicas del sector terciario y secundario, en ese orden. Su potencial se halla en el proceso de conurbación en marcha que tiende a constituir un corredor urbano entre Manizales-Armenia-Cartago, convirtiéndose así en la cuarta ciudad del país, con aproximadamente 1,4 millones de habitantes.
En este contexto se encuentra inscrita la industria cultural de la región, que puede considerarse más virtual que real, si nos atenemos a las características descritas:
Es una industria constituida en su mayor parte por empresas pequeñas y de escasa competitividad, que se dedican en lo fundamental a actividades de distribución e intermediación pero que no tienen altos índices de producción. Por lo anterior, la industria cultural representa niveles ínfimos de ocupación en comparación con la población ocupada de la región y también con los niveles de desempleo. Es una industria de trabajadores poco calificados, con baja escolaridad, con escasa productividad y niveles precarios de remuneración. El único punto a favor es que mantiene altos índices en cuanto a la calidad del empleo, entendida como vinculación a término indefinido y estabilidad para los trabajadores.
Estos atisbos de conclusión empírica remiten necesariamente a una pregunta de fondo: en la era de la globalización, ¿cuáles son las posibilidades de las regiones de hacer parte efectiva de un mercado de bienes y servicios de la industria cultural? Hay que partir de que la industria cultural como toda industria se rige por la racionalidad económica, la cual implica obtención de utilidades o, en términos más ortodoxos, valorización del capital. Lo único que garantiza la valorización del capital invertido tanto en bienes y servicios culturales como en los de cualquier otro tipo, es la existencia de un mercado.
Un mercado se puede considerar como un circuito, en términos comunicacionales, en el que los emisores, es decir, los oferentes, necesitan llegar a una población, en este caso consumidores, dispuestos a aceptar la oferta del productor y que además tenga capacidad adquisitiva para ello. En un circuito cultural el receptor es el equivalente del consumidor en el mercado.
El consumidor de la oferta de la industria cultural tiene las mismas características que el consumidor de cualquier mercado, pero con una diferencia sustancial: el consumidor cultural se estratifica no sólo por características económicas o sociales, por tradiciones nacionales, regionales o lingüísticas, sino también por una serie de competencias culturales adquiridas en el proceso de modernización de la sociedad, como la cultura urbana y la cultura global.
El consumidor cultural se organiza en forma de audiencia, pero la audiencia ya ha superado los estrechos límites nacionales para conformar las comunidades mundiales de lectores, de tal suerte que cada vez hay más diferencias entre las segmentos de población de una región en cuanto a hábitos de consumo cultural, pero cada vez hay más afinidad entre algunos estratos de la población con los hábitos de estratos análogos de otras regiones y países; cada vez es más difícil producir para una audiencia regional e incluso nacional y cada vez es más imperativo producir para audiencias globales, a fin de tener una producción a escala con un mercado suficientemente amplio que permita la valorización del capital. .
En este sentido las regiones tienen cada vez menos posibilidades. Por un lado, por razones económicas. Por otro lado, las audiencias regionales como tales son difíciles de identificar empíricamente y todo parece indicar que la identidad regional es un tanto mítica, en la medida en las poblaciones regionales también tiene segmentos no sólo socioeconómicos sino culturales, entre lo rural y lo urbano, lo juvenil y lo adulto, lo letrado y lo oral, etc. que hace que existan también varias audiencias muy diferenciadas. En tal caso, las empresas regionales tienen dificultades para producir tal variedad para una masa de consumidores restringida. Así que la diversidad de las audiencias es más fácil complacerla a través de producciones nacionales o extranjeras que son adaptables a esas audiencias particulares. De esta manera, las empresas regionales tienen mayores posibilidades como distribuidoras que como productoras, pues el costo es inferior y el beneficio infinitamente superior.
Pero aun suponiendo una industria dedicada a labores de distribución de producciones nacionales o transnacionales, esto no garantiza tampoco la sobrevivencia de dichas empresas por cuanto está emergiendo una forma de interacción directa entre los productores y los consumidores que es el comercio electrónico.
Aunque el comercio electrónicos es todavía un negocio que da pérdidas, es bastante dinámico en sectores como la distribución de discos, el cual, simultáneamente, es uno de los de menor vigor en la industria cultural regional.
En síntesis, en la nueva división internacional del trabajo de producción y distribución cultural en el mundo, a las regiones periféricas les espera sólo mantenerse como asentamientos de puntos de distribución de los productos, pero compitiendo con las posibilidades de distribución directa de bienes y servicios que ofrece Internet. Pero como Internet sigue siendo de élite, la intermediación de la industria cultural se acentuará en aquellos bienes y servicios dirigidos a los sectores más bajos y de menos poder adquisitivo de la población.
7. Bibliografía
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7.1. Publicaciones periodísticas
Revista Fortune

Revista Fortune Ammericas.

Revista Forbes

Revista Semana.

Diario El Espectador.

Diario El Tiempo.

Diaro Portafolio.

Periódico Caja de Herramientas.




1 “El campo cultural es un sector estratégico de la sociedad, compuesto por los siguientes subsectores: el subsector educacional, el de la ciencia y tecnología, el de la industria cultural, el de las artes y el de los aparatos culturales religiosos”. Cfr. BRUNNER, J.J. y otros. Chile: Transformaciones culturales y modernidad. FLACSO. Santiago, 1989. p.p. 26-28

2 Ibídem, p. 24.

3 CASTELLS, Manuel. La era de la información. Vol I. La sociedad red. Siglo XXI editores. México, 1999. P. 399.

4 Revista FORTUNE AMERICAS. 23 de abril de 1999. P. 9.

5 Idem.

6 GUNTHER, Marc. Atrapado en su ratonera. Revista FORTUNE Americas. 10 de septiembre de 1999. P.p. 10-11.

7 CASTELLS, Manuel. La era de la información. Vol II. El poder de la identidad. Siglo XXI editores. México, 1999. P. 283.

8 FORTUNE Américas. 16 de julio de 1999. P. 11.

9 CASTELLS, Manuel. Op. Cit. Vol I. La sociedad red. P. 371.

10 Idem.

11 Ibídem. P. 400.

12 MATTA, María Cristina. De la Cultura masiva a la cultura mediática. Revista Ddiálogos No 56. Felafacs. Lima, 1999.

13 Revista Semana. Bogotá, abril 19 de 1999. P. 102.

14 Según otra fuente, RCN Radio tuvo ventas por 94.176 millones en 1998, lo cual la situaría en el puesto 202 en la clasificación nacional por en cima de Caracol. El Tiempo. Dos años perdidos. Santafé de Bogotá, 10 de octubre de 1999. El Espectador, 26 de septiembre de 1999. P. 5B.

* Valor aproximado según el tipo de cambio de aquel año.

15 Portafolio, 4 de junio de 1999. P. 3.

16 El Espectador, 26 de septiembre de 1999. P. 5 B.

17 El Tiempo, mayo 2 de 1999. P. 24 A.

18 El Tiempo. Dos años perdidos. Bogotá, 10 de octubre de 1999. P.P. 14 A y 15 A.

19 Portafolio. Danza de negocios en los medios. Bogotá, 13 de noviembre de 1998. P. 4.

20 El Tiempo. Canales de T.V. piden cacao. Bogotá, 2 de mayo de 1999. P. 12 A.

21 El Tiempo. Bogotá, octubre 10 de 1999. P. 13 A.

22 Portafolio. Bogotá, 13 de noviembre de 1998. P. 4.

23 El Espectador, 26 de septiembre de 1999. P. 5 B.

24 *Millones ** Miles de pesos

25 PORTAFOLIO. Santafé de Bogotá, 5 de febrero de 1999. P.p. 1 y 6.

26 CASTELLS, Manuel. Op. Cit. Vol I. La sociedad red. Cap. 4.

27 Un salario mínimo equivale aproximadamente a 130 dólares mensaules.

28 Caja de Herramientas. El empleo necesita un pacto. Santafé de Bogotá, junio de 1999. P. 20.



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