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Universidad de Chile

Facultad de Derecho



Introducción al Corporate Governance

Memoria de Grado



Cristián Eyzaguirre Court
Postulante al Grado de Licenciado en

Ciencias Jurídicas y Sociales

Santiago

2001


Introducción al Corporate Governance

Cristián Eyzaguirre Court


Postulante al Grado de Licenciado en

Ciencias Jurídicas y Sociales


Universidad de Chile

Santiago


2001


Introducción

En la actualidad y desde hace más de 10 años, el tema del Corporate Governance, que no es otra cosa que la expresión anglosajona de la forma de administrar, dirigir y controlar una sociedad, en especial las sociedades anónimas, ha tomado especial importancia constituyéndose en un tema en sí mismo.

En esta introducción al Corporate Governance, intentaremos caracterizar lo que la doctrina y el derecho comparado entiende por tal, cuales son los principios y objetivos de esta nueva tendencia de estudio del derecho de sociedades y cuáles han sido las metodologías adoptadas para lograr dichos objetivos. Dentro de esto último abordaremos los llamados Códigos de Conducta, los cuales para algunos se pueden contraponer o complementar con las reformas de las respectivas legislación de valores y de sociedades anónimas, dejando para el final algunos breves comentarios respecto de las modificaciones que introduce a nuestro ordenamiento jurídico la Ley Nº 19.705 sobre Oferta Pública de Adquisición de Acciones y Gobierno Corporativo.

Ha motivado esta memoria el hecho de constatar que, pese a la casi inabarcable literatura jurídica y económica comparada de las últimas dos décadas acerca del gobierno de las sociedades (traducción al español de Corporate Governance)1, este fenómeno no se ha reflejado en la doctrina nacional, la cual, salvo estudios generales de derecho societario, no ha tratado esta materia en la profundidad e importancia como se le ha dado en otras latitudes.

Esta memoria de grado tiene la intención de ser un primer acercamiento a este tema aportando un visión general y panorámica de la situación en que se encuentra hoy en día.

Podemos enunciar desde ya como causa por que el tema del gobierno de la sociedades se haya convertido en un asunto de interés público alrededor del mundo, como asimismo, el porqué los directorios de las grandes sociedades anónimas, se han convertido en el principal objetivo de esta atención, la responsabilidad que sin duda cabe a los órganos de administración frente a los dueños de la sociedad, es decir, los accionistas. Esta responsabilidad de la administración se relaciona tanto con el desempeño de la sociedad misma, como el cumplimiento de normas legales y éticas, lo que se ha traducido en la difundida demanda por una mayor grado de responsabilidad en la dirección de las sociedades que se agudiza con el surgimiento de un mercado global.

Es evidente que las sociedades anónimas, en especial las abiertas, siempre han sido instituciones poderosas, pero se percibe que su influencia ha aumentado notablemente por su internacionalización, lo que a su vez, las vuelve menos dependientes a una sola jurisdicción u ordenamiento jurídico: "Corporations determine far more than any other institution the air we breathe, the quality of the water we drink, even where we live. Yet they are not accountable to anyone".2

Como expresa Fernández de la Gándara, “de ahí la necesidad de elaborar un nuevo sistema que, a la par que favorece la descentralización, especialización y coordinación de funciones entre los accionistas proveedores de capital y los administradores proveedores de capacidad gerencial, responda con criterios de eficiencia a la competencia del entorno y a al racionalidad de los agentes económicos”.3

Sin embargo es necesario tener presente que no existe y no puede existir un modelo único de buen gobierno de las sociedades. Como advierte la OCDE en sus Principios para el Gobierno de las Sociedades, los “diferentes sistemas legales, marcos institucionales y tradiciones significan que pueden desarrollarse diferentes enfoques alrededor del mundo. No obstante, es común a todos los regímenes el alto grado de prioridad en los intereses de los accionistas que confían sus depósitos en corporaciones para que sus fondos de inversión se usen de manera más eficaz y efectiva”.

El tema del gobierno de las sociedades está en la primera línea de la discusión actualmente, pero como concluye Esteban Velasco: “El tiempo nos dirá si estamos ante una moda pasajera –de revoque de fachada con fines de mejorar la apariencia externa – o ante un recodo de la historia sobre las tendencias de evolución de la forma de encara el gobierno de las grandes sociedades.”4



Estructura de la Memoria.
En el Capítulo I comenzaremos aclarando el concepto de sociedad anónima y las características de la anónima abierta, objeto principal de nuestro estudio. Posteriormente, expondremos cuál ha sido la evolución de la forma de administrar y controlar las sociedades de capital en forma paralela entre Europa Continental y los países de tradición anglosajona. Esto permitirá contextualizar históricamente las causas del movimiento del Corporate Governance, y los caminos que este ha seguido. Continuaremos con una reseña acerca del debate sobre los diferentes sistemas de gobierno de las sociedades anónimas, conocidos en doctrina como sistema monista y dualista, atendido que las funciones de dirección y de control de la sociedad se radican en un solo órgano (monista) o en órganos separados (dualista). Finalmente, esbozaremos conceptos que intentan ser comprensivos de lo Corporate Governance significa actualmente.

En el Capítulo II, mencionaremos y en algunos casos profundizaremos las diferentes causas, antecedentes o factores que han dado impulso o están presentes en el Corporate Governance, como son el proceso de globalización, las privatizaciones de empresas públicas y la importancia cada vez mayor de inversionistas institucionales.

En el Capítulo III nos ocuparemos de los objetivos del movimiento del gobierno de las sociedades, esto es, establecer nuevos equilibrios de poder y control entre los intereses de los distintos partícipes de la sociedad anónima. Indagaremos en las razones que generan este problema en las sociedades anónimas y cuales son los intereses involucrados en la empresa societaria.

En nuestro último Capítulo, el número IV, compararemos las metodologías que se han aplicado para hacer efectivas las propuestas de reformas de la tendencia del gobierno de las sociedades, en especial, los Códigos de Conducta que constituyen unas las principales manifestaciones del auge del Corporate Governance. Veremos que estos Códigos no son sino recomendaciones emanadas de los propios agentes del mercado y que son asumidos por las sociedades voluntariamente, en contraposición o en forma complementaria a la introducción de las modificaciones que plantea esta nueva doctrina por vía legislativa. Por último, dedicaremos este Capítulo IV a comentar las modificaciones que introdujo la Ley Nº 19.705 sobre OPAS en lo pertinente al gobierno de las sociedades.


Abreviaturas


art.

Artículo

LMV

Ley Nº 18.046 de Mercado de Valores y sus modificaciones.

LSA

Ley Nº 18.046 sobre Sociedades Anónimas y sus modificaciones.

LOPA

Ley Nº 19.705 sobre Oferta Pública de Adquisición de Acciones y Gobierno Corporativo

OPA

Oferta Pública de Adquisición de Acciones.

pp.

Página

S.A.

Sociedad Anónima

SVS

Superintendencia de Valores y Seguros


Capítulo I.

El Concepto de Corporate Governance.

El gobierno de las sociedades o Corporate Governance, como veremos en el presente trabajo, no es otra cosa que la forma como se dirige y controla una empresa en su manifestación jurídica, cual es la sociedad, principalmente la sociedad anónima.5

Como se podrá suponer la forma de administrar, dirigir y controlar una empresa es una materia que atañe a variadas disciplinas que pueden estudiarla desde sus diversos puntos de vista. Nuestra intención será entregar algunas luces sobre un aspecto del ropaje jurídico de esta realidad económica, sin perder por ello de tener en cuenta que el Derecho en este ámbito, como en otros, pretende por un lado reconocer y consagrar situaciones que lo preceden y por el otro amoldar dicha realidad a determinados objetivos, no siempre teniendo el éxito esperado.

Asimismo, es necesario tener claro al estudiar esta materia que, sin perjuicio de la estrecha relación entre empresa y sociedad, aquél y éste son conceptos distintos que no pueden confundirse. En este sentido, el profesor Esteban Velasco, en su libro El Poder de Decisión en las Sociedades Anónimas, publicado veinte años atrás, al reflexionar acerca de las tendencias de reforma que se vivían en Europa y constatar que el derecho de sociedades caminaba hacia la ordenación sobre la base de nuevos principios, pero de ambiguos contornos, reparó en la relación entre la sociedad y la empresa con las siguientes palabras:


“Para la concepción tradicional, aunque la empresa aparezca en el tráfico como unidad económica-social, jurídicamente está adscrita a un sujeto y sólo tiene relevancia como objeto o como actividad de aquél. La ordenación de la empresa (sistema de adopción de decisiones sobre bienes y personas adscritas al sujeto por diversos títulos jurídicos) corresponde a la sociedad, que es la que en definitiva tiene la titularidad sobre la empresa. Y la sociedad no es sino la organización de los aportantes de capital. Desde el punto de vista interno el fenómeno de la empresa queda subsumido en la sociedad. Los nuevos fenómenos que va recogiendo la legislación (obligación de informar a distintos interesados o de considerar otros intereses, derechos de participación de no aportantes de capital, etc.) y que son debidos a distintas causas, entre ellas la complejidad del proceso económico empresarial y a los cambios en las concepciones sociales y económicas, no se deben ver para esta orientación sino como límites a la libertad de organización de la sociedad sólo admisibles en cuanto no alteran el contenido esencial de los principios organizativos societarios.” 6

Para introducirnos en el concepto de Corporate Governance, comenzaremos exponiendo brevemente acerca de la sociedad anónima, de las características de la denominada anónima abierta y de la evolución en la estructura orgánica de la S.A. Finalmente, en este capítulo haremos mención a diversas perspectivas con que la doctrina ha abordado el concepto de Corporate Governance.



1. La Sociedad Anónima.7
En nuestro derecho, la Ley Nº 18.046 sobre Sociedades Anónimas, publicada en el Diario Oficial el 22 de octubre de 1981 define en su artículo 1º a la sociedad anónima como una persona jurídica formada por la reunión de un fondo común, suministrado por accionistas responsables sólo por sus respectivos aportes y administrada por un directorio integrado por miembros esencialmente revocables. Agrega el art. 31 LSA que la administración de la sociedad anónima la ejerce un directorio elegido por la junta de accionistas.

En derecho comparado encontramos diversas formas societarias y tipología de sociedad. No obstante ello, en casi todos los distintos ordenamientos jurídicos se reconoce un tipo de sociedad equivalente a nuestra sociedad anónima, que tiene el carácter de sociedad de capital y en la cual rige el principio de la no responsabilidad de los socios por las obligaciones sociales.8 Si bien estas características básicas concurren en todas estas sociedades, no ocurre lo mismo respecto de la administración y control de las mismas, esto último debido a la existencia de sistemas de administración y control diferentes, los cuales se pueden agrupar, unos bajo los denominados sistemas monistas, como el consagrado en nuestra Ley de Sociedades Anónimas, y otros bajo los denominados sistemas dualistas, como el que impera en Alemania.


1.1 La Sociedad Anónima Abierta.
Un tipo especial de sociedad de capital es la sociedad anónima abierta, que recibe la denominación de “cotizada” en la doctrina española, o public corporation en su denominación anglosajona, la que en derecho comparado se ha caracterizado por lo siguiente:9
1) Contar con una dimensión destacada (capital, facturación número de trabajadores, etc.) lo que se traduce en la aplicación de una legislación complementaria específica (contabilidad, publicidad, participación de los trabajadores, etc.)
2) Estar involucrada en la prestación de actividades o servicios públicos esenciales o de alto valor estratégico (Banca, electricidad, telecomunicaciones, etc.) lo que supone una regulación ad hoc bajo la estrecha tutela de la Administración (régimen de concesiones, autorizaciones, política tarifaria y de dividendos, garantías de solvencia, etc.)
3) Presencia bursátil, esto es, que sus acciones se coticen en Bolsa. Se acude al mercado de valores como medio de captar el capital-ahorro de un colectivo heterogéneo de inversores, aplicándose una normativa dictada al objeto de garantizar la transparencia y el rigor necesario y suficiente para el buen funcionamiento del mercado bursátil.
4) Generalmente constituyen cabecera de un grupo empresarial (Holdings o Matrices). Estas sociedades lideran generalmente un grupo empresarial, constituido por distintas sociedades que actúan en distintos segmentos del mercado.10
5) Permanente vigilancia estatal. El Estado permanece atento a la evolución de estas sociedades, en las que interviene en mayor o menor grado, resultando significativa su preocupación por el control en el supuesto singular de privatizaciones de empresas nacionalizadas. 11
Este tipo especial de sociedad anónima está expresamente reconocido en nuestro derecho por el artículo 2º de la Ley de Sociedades Anónimas, el cual, recientemente modificado por la Ley Nº 19.705, distingue entre sociedades anónimas abiertas y cerradas y califica de abiertas a las siguientes:
1) Aquellas que tiene 500 o más accionistas;
2) Aquellas en las que a lo menos el 10% de su capital suscrito pertenece a un mínimo de 100 accionistas excluidos los que individualmente, o a través de otras personas naturales o jurídicas, excedan dicho porcentaje, y
3) Aquellas que se inscriban en el registro de Valores voluntariamente o en cumplimiento de una disposición legal.
Por exclusión, el inciso segundo del artículo citado agrega que son sociedades anónimas cerradas las no comprendidas en la categoría anterior. Esta nueva clasificación viene a sustituir la anterior que no era del todo clara en determinar la naturaleza de las sociedades anónimas que, siendo naturalmente cerradas, se sometían voluntariamente a la regulación de las abiertas.

En efecto, es preciso señalar que esta nueva clasificación entre anónimas abiertas y cerradas, zanja la discusión sobre la naturaleza, si abierta o cerrada, de las sociedades anónimas que, no haciendo pública oferta de sus acciones, se regían voluntariamente por las normas de las abiertas. El antiguo artículo 2º de la LSA disponía que eran sociedades anónimas abiertas aquellas que hacían oferta pública de sus acciones en conformidad a la LMV; aquellas que tenían 500 o más accionistas y aquellas en las que a lo menos el 10% de su capital suscrito pertenecía a un mínimo de 100 accionistas. Hoy en día con la nueva redacción de este artículo es claro que la sociedad que inscribe sus acciones en el Registro de Valores es sociedad anónima abierta no importando si la inscripción es voluntaria u obligatoria. Por su parte, aquellas sociedades que quieran hacer oferta pública de sus acciones, atendido lo dispuesto por el artículo 6º de la LMV, deben inscribirse en el mencionado registro por cuanto dispone esta norma que, sólo podrá hacerse oferta de valores cuando éstos y su emisor hayan sido inscritos en el Registro de Valores.

En este sentido, también es importante destacar que hoy en día, la denominación de sociedad anónima abierta no implica necesariamente que sus acciones se transen en Bolsa, sino más bien que es un tipo de sociedad de capital está especialmente regulado en ciertas materias de manera más estricta (por ejemplo la entrega de información, las formalidades de citación para el funcionamiento de sus órganos, ciertas incompatibilidades y el número de directores, etc.) y bajo la supervigilancia de una entidad autónoma como la Superintendencia de Valores y Seguros. Esta distinción entre S.A. “abierta” y S.A. “que hace oferta pública de sus acciones” tiene importancia especialmente en disposiciones como las contenidas en la Ley Nº 19.705 sobre Oferta Pública de Adquisición de Acciones (OPA), las que hacen obligatoria la adquisición de acciones a través de una OPA, en los casos que se pretenda tomar el control de una “sociedad que hace oferta pública de sus acciones” y no sobre una S.A. abierta, sin perjuicio que dicha característica implica ser anónima abierta, pero no viceversa.12
1.2 Evolución de la forma de Administración y Control de la Sociedad Anónima.
A continuación, revisaremos cuál ha sido la evolución de la forma de la administración y control de la sociedad anónima con respecto a su estructura de poder, tanto en el derecho anglosajón como en el derecho europeo continental, antecedentes necesarios para poder comprender de mejor forma la tendencia denominada Corporate Governance. 13
a) Siglo xix hasta mediados del Siglo xx.
La sociedad anónima europea del siglo xix cuyo régimen se extenderá hasta prácticamente mediados del siglo xx, respondió a un contexto socioeconómico que requirió de un mecanismo que sirviera de canalización del ahorro al sistema productivo, en un momento en que el proceso técnico industrial exige de grandes capitales. Lo anterior explica, que la legislación de sociedades anónimas recogida en los Códigos y Leyes especiales del siglo xix se ocupara básicamente del régimen del capital y su división en acciones. En cambio, la legislación de la época, no reguló o lo hizo con carácter meramente dispositivo el régimen estructural u orgánico de la sociedad, y en todo caso, dicha regulación tuvo por base del otorgamiento de las competencias de gestión y administración, desde y a través de la Junta General de Accionistas, la cual funciona en virtud del principio de mayoría del capital.

En ese contexto histórico la esencia es la acción, la cual hace posible representar en un título valor la posición de socio (hoy un valor negociable), y que circule como si de un bien se tratara, facilitando así, la desinversión vía traspaso de la acción. Por lo tanto se protege así este tráfico y a ello se une la limitación del riesgo a sólo el capital desembolsado.

La S.A. del siglo xix en Europa se configura, en consecuencia como forma o tipo ligado a la gran empresa industrial con vocación de captación de capitales del público, del ahorro, lo cual sin embargo, no será obstáculo para que su estructura dispositiva, a través de una casi total libertad estatuaria, se pueda adaptar a otras realidades empresariales (S.A. cerradas desligadas de los mercados de valores y capitales).

Paralelamente, el derecho anglosajón de sociedades anónimas de la segunda mitad del siglo xix, especialmente en los Estados Unidos, donde de acuerdo a la Constitución las materias propias de Corporation Law, son de competencia estatal y no federal, como si son en cambio, las materias propias de Securities que son de competencia federal, se caracteriza por una gran desregulación respecto del régimen orgánico de la S.A. como consecuencia de la remisión de la mayoría de las leyes estatales sobre esta materia a la autonomía estatutaria. A lo anterior se une el reconocimiento de la necesidad en la gran empresa de una administración más autónoma frente a la Junta de Accionistas y con un ámbito más amplio de competencias de gestión, que se acrecienta con la introducción de limitaciones a los derechos del accionista en aspectos sustantivos, como por ejemplo la dilución del voto a través del sistema de representación o proxy, las limitaciones al derecho de suscripción preferente, etc. En última instancia, se entrega a los estatutos de cada sociedad el establecimiento de la distribución de competencias entre órganos, y con ello, el régimen de control de la dirección de la empresa.

Desde finales del siglo xix y principios del siglo xx, la mayor dimensión económica de la gran empresa americana frente a la europea, unido con el rápido desarrollo del mercado de valores y capitales norteamericano, determinará una preocupación del legislador federal estadounidense por aspectos que podríamos denominar extrasocietarios como son la protección de la competencia frente a las tendencias monopolistas de las grandes sociedades y la protección tanto del inversor como del mercado de capitales frente a fraudes en las emisiones y negociaciones de valores. Aparece así algo típico del derecho anglosajón: la configuración de instancias externas de vigilancia, es decir, de vías extrasocietarias de control de la gestión y dirección de la gran empresa en protección de determinados intereses públicos o generales.14
b) Mediados del Siglo xx hasta Década de los Setenta.
Sin perjuicio de lo señalado anteriormente, hasta mediados del siglo xx la sociedad anónima europea no presentaban grandes diferencias en comparación con la anglosajona. Sin embargo, en materia estructural u organizativa, las reformas europeas de mediados de siglo iniciadas tras la Ley AktG alemana de 1937, marcarán una clara separación del derecho europeo respecto del derecho anglosajón.

La Europa continental opta en esta época, frente a la desregulación, que importaba un amplio margen a la autonomía estatutaria (característica de las leyes de sociedades anónimas del siglo xix), por una regulación imperativa-dispositiva del régimen orgánico o estructural. No sucederá lo mismo en el derecho anglosajón de mediados del siglo XX, particularmente el norteamericano, en el que seguirá predominando la desregulación en materia orgánica, sin perjuicio de una amplia construcción jurisprudencial acorde con el singular sistema de fuentes anglosajón.

La reforma del derecho de anónimas continental europeo en las leyes de mediados del siglo xx todavía hoy vigentes (Leyes alemanas de 1937 y de 1965, Legislación francesa de 1966, Códice italiano de 1942 y Leyes españolas de 1951 y del 89, entre otras) suponen un cambio sustantivo de política jurídica: introducción de un régimen crecientemente imperativo en materia orgánica y configuración de la posición jurídica del socio. Se reduce así, en consecuencia, el ámbito de la desregulación y autonomía estatutaria, pero se mantendrá la plurifuncionalidad del tipo S.A. permitiendo su utilización para sociedades cerradas de base personalista (elevación de quórum; emisión de acciones privilegiadas; limitaciones a la libre transmisibilidad de las acciones; etc.).

La S.A. europea se sigue considerando como la forma jurídica para la gran empresa y de hecho, el punto de partida de este movimiento de reforma de mediados del siglo xx, la Ley alemana de 1937, se orienta precisamente a ofrecer una estructura o modelo organizativo más eficaz, acorde con las necesidades de gestión de una gran empresa, separando control y gestión, propiedad y gestión.

Líneas básicas de la reforma serán:
- La reserva de un ámbito propio y autónomo de competencias al órgano de dirección tal y como exige la complejidad y profesionalización de la gran empresa moderna;
- La transformación de la Junta General de Accionista de un órgano de competencias generales a un órgano de competencias especiales en cuanto sede de la propiedad (reserva a la Junta de competencias básicas en materias económicas, como aumento y disminución de capital, emisión de obligaciones; materias estructurales, como fusiones, divisiones, transformación; y materias constitutivas, como modificación de estatutos y, en último caso, la disolución);
- Respecto de las funciones de control de la administración, se configurará en algunas legislaciones con carácter imperativo (modelo alemán), en otras como opción voluntaria (modelo francés) y en otras como órgano necesario a partir de cierta magnitud empresarial (países del norte de Europa), un nuevo órgano, el comúnmente llamado Consejo de Vigilancia, como instancia delegada de la Junta General de Accionistas para un control más directo, continuado y eficaz de la dirección, órgano éste de control que presenta variantes sustantivas.
En los países en los que no se opta por imponer, o ni siquiera se contempla la creación de una instancia orgánica de control (los que siguen el llamado modelo monista), el desarrollo del propio modelo legal irá consagrando en la praxis una separación de funciones dentro del propio Órgano de Administración (dirección y control) a través fundamentalmente de la delegación de facultades, la figura del Presidente o equivalentes.

En uno y otro modelo (monista y dualista) subsisten las vías de control al interior de los órganos o interorgánicas (nombramiento y cese de administradores, acción de responsabilidad social frente a los mismos, aprobación de cuentas y aplicación de resultados, etc.) y las vías de control directas de las minorías (derecho de información, acción subsidiaria de responsabilidad, legitimación para la impugnación de acuerdos, sistema de representación proporcional, etc.).

A su vez, este movimiento de reforma en la Europa continental de mediados del siglo xx pretende también tener presente la evolución en la estructura y composición de los accionistas. La constante ausencia y falta de interés por concurrir a las Juntas de Accionistas del accionista inversor (pequeño accionistas en contraposición con el accionistas controlador), en la gran empresa que hace oferta pública de sus valores, provocará nuevas figuras jurídica (acciones sin voto, una nueva configuración del ejercicio por representante de los derechos de socio, etc.).

En cambio, al otro lado del Atlántico, la desregulación típica del derecho de sociedades anónimas anglosajón del Siglo xix en materia de órganos no se altera en los movimientos de reforma legislativa referidos. De esta manera, el régimen orgánico o estructural, fundamentalmente las vías de control de la dirección o management (el Directorio), será objeto de una construcción y desarrollo esencialmente jurisprudencial sobre la base del “case law”. Así, por ejemplo, la posición fiduciaria de los administradores servirá de base a la jurisprudencia norteamericana para imponerles como deberes los denominados “duty of care” y “duty of loyalty”. Estos deberes se extienden a los ejecutivos u “officers” de la sociedad en base a la denominada relación fiduciaria de “agencia”, sometiendo también a especiales deberes cuasifiduciarios a los accionistas de control y admitiendo la “derivative action” frente a los administradores, construcciones jurisprudenciales que tienen continuidad y desarrollo hasta la actualidad en el derecho norteamericano.

Por ello, debe matizarse en qué sentido se habla de “desregulación”. No se trata de falta o ausencia de regulación sino de la escasa tipificación legislativa de las normas o reglas como consecuencia del singular sistema de fuentes anglosajón en el que sin perjuicio de la “norma tipificada” emanada del poder legislativo predominará “la creación judicial de la regla”.

En el sistema del Common Law, el propio legislador se remite y asume la construcción jurisprudencial que, partiendo de los hechos, establece las normas mediante un sistema de creación “ex post facto” de la regla. De lo anterior se sigue que, cuando se hace una referencia a la “desregulación” no debe equipararse a la ausencia de norma, sino al predominio de la “creación jurisprudencial” de la misma frente a la “tipificación legislativa”, esta última, característica del sistema continental europeo, los que implica asimismo, un singular juego de la autonomía de la voluntad frente a la tipificación imperativa o dispositiva de la norma.

Este peculiar sistema de fuentes facilitará, la llamada “construcción contractualista del Derecho de sociedades” basada en la falta de necesidad de la norma (imperativa e incluso dispositiva) sobre la base que el propio mercado se encargará de evaluar las formas de organización establecidas negociadamente, es decir, en los estatutos.

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