Página principal

Una visión de las oficinas salitreras del sistema shanks


Descargar 91.63 Kb.
Fecha de conversión18.07.2016
Tamaño91.63 Kb.
UNA VISIÓN DE LAS OFICINAS SALITRERAS DEL SISTEMA SHANKS

Nota sobre el aporte del periódico “El Abecé”

José Antonio González Pizarro*

El artículo se refiere a la prensa que informó sobre la industria salitrera en general y, se centra, específicamente, en el papel que le cupo al periódico “El Abecé” de Antofagasta, en el año 1923, cuando de modo especial dedicó una serie de artículos a las oficinas salitreras del Cantón Central de la mencionada provincia. La importancia de este conjunto de reportajes radicó en la comparación entre un grupo de oficinas que laboraban con el sistema Shanks tradicional y la construcción y expectativas en torno a la Oficina “Chacabuco” que emplearía el sistema modificado. Tomando como referentes la impresión general del asiento industrial, la infraestructura productiva y las condiciones de vida, se revela el aporte de “El Abecé” al conocimiento de la industria calichera de la zona.



Palabras claves: Salitre, Periódico “El Abece “, Oficinas Shanks.

This article is about the media coverage of the nitrate industry in general, and it focusses on the role that the newspaper El Abecé, published in Antofagasta, had in 1923, when it presented several articles about the nitrate exploitation sites of the main canton of the province. The importance of these articles is the comparison of a group of mines that operated with the traditional Shanks system and the construction and expectations around Oficina Chacabuco that was about to use the modified system. Taken as a reference the general impression of the industrial compound, the productive infraestructure, and the living conditions, El Abece makes a great contribution to the knowledge of the nitrate industry in the area.



Key words: Nitrate, Newspaper “El Abece” , Shanks plants.

La prensa nortina y su tipología ante la industria salitrera

La prensa nortina tuvo una especial actuación durante el denominado ciclo salitrero, 1880 - 1930. Fue una realidad tan rotunda como lo fue la industria del salitre para la vida cotidiana de los variados asentamientos mineros de la región. El salitre motivó, a través de la estructuración del movimiento obrero -el naciente proletariado salitrero- una conjunción que a veces no se ha puesto de relieve: una alfabetización espontánea, en torno a los núcleos de obreros con mayor “conciencia de clase”, como se postulaba en aquellos tiempos o con mayor sentido de las oportunidades. Esta alfabetización giró en torno a las escuelas nocturnas de las sociedades mutuales diseminadas en los centros urbanos de mayor importancia. De igual modo, hubo que adjuntar, la alfabetización promovida por determinadas empresas que auspiciaron las escuelas primarias, de hombres y mujeres, en la pampa salitrera. Y, naturalmente, la sostenida por el Estado, principalmente, a partir de la Ley de Educación Primaria Obligatoria.

Los espacios de sociabilidad pampina también generaron una preparación básica, en las gentes de las oficinas salitreras. Esta constituyó o una voluntad o, en su defecto, una presión social. Repárese, por ejemplo, en el papel de las filarmónicas, en cuanto a las exigencias de sus reglamentos donde, en cierto modo, se incentivó un grado de alfabetización.

El dato mayor es: si se compara el grado de alfabetización entre los espacios rurales y los espacios salitreros, el segundo registra un aumento considerable. Los obreros supieron de sus derechos, no sólo por la tradición de lucha, o la reivindicación discursiva de sus dirigentes, sino por la propia difusión de las acusaciones, de los vejámenes, de la evolución de los conflictos sociales, de la carestía de la vida, etc. Paradojalmente, todo lo que fundamentaba tenerlos.

En el norte, desde la incorporación de las provincias de Tarapacá y Antofagasta a la soberanía chilena, se promovió una prensa de variada índole. Una se vinculó a los intereses comerciales e industriales; otra se mantuvo en la corriente de la gran prensa observada tanto en Santiago como en Valparaíso. También, se apreció una importante red de periódicos con intereses corporativos o gremiales del trabajo y hubo otra, no menor, con una clara expresión de los ideales políticos que abrigaban vastos sectores tanto mesocráticos como populares (González Pizarro y Paniagua Solís, 1979; Bahamonde, 1965). Hubo, empero, convergencias en este caudal de periódicos, de desigual formato y duración (ésta transcurre desde la literalmente efímera, corta, mediana y prolongada duración) respecto a los acontecimientos de gran impacto público como de igual manera al formato de su tratamiento, en cierta medida estandarizada en la prensa de época: editorial, opinión, reportajes, noticias de la zona, breves policiales; además, a las consabidas hojas destinadas a propaganda y datos de utilidad general. Los periódicos más influyentes pudieron contar con servicios cablegráficos dando cuenta del panorama internacional y nacional.

Las diferencias se apreciarán en el tono general de la orientación de las noticias, la importancia asignada a un hecho o a la línea editorialista que postuló.

La distinción, entonces, entre la llamada prensa obrera, la prensa militante y la prensa salitrera, no sólo fue de naturaleza sino también por la cobertura noticiosa de los acontecimientos y por la forma de darla a difusión. Hubo una prensa que no sólo se conformó con dar información, sino con formar opinión. Tenuemente se pudo observar en ésta destellos interpretativos.

La prensa obrera cubrió todo el espectro social del trabajo. Abarcó no sólo a los operarios fabriles, sino que también a determinados sectores industriales (los ferrocarrileros, maestranza, los portuarios, los salitreros) como específicamente de oficios (los artesanos, panaderos, zapateros). Todos ellos asalariados (Arias Escobedo, 1970 y González Pizarro, 1997).

La prensa militante supuso una mirada ideológica clara y explícita: así hubo periódicos anarquistas, socialistas, demócratas, liberales, radicales, comunistas, que vincularon sus ópticas políticas a las temáticas de su visión del Estado y la sociedad. Incluso la prensa independiente manifestó su inclinación política a favor de puntuales gobiernos de turno e incluso de regímenes políticos.

La prensa salitrera y sus distinciones

La prensa salitrera de modo genérico implica sentar tres supuestos:

1. La generada en las oficinas salitreras o en poblados allende a regiones o cantones salitreras y, por consiguiente, cubrió una gama de noticias relativas a la vida que se desenvuelve en aquellas áreas. Un ejemplo didascálico de esto fue la prensa que emergió en el pueblo de “Pampa Unión” en el Cantón Central de Antofagasta. Prensa más festiva que noticiosa de la actividad. Más proclive al rumor que a la evidencia. En el poblado fundado por el Dr. Lautaro Ponce se difundieron: el semanario humorístico “Pocas Calchas”, entre abril de 1931 y enero de 1932; reapareció, posteriormente, en septiembre de 1933. No pasó de aquel año. “Palo Grueso”, fue otro diario que siguió la misma línea: satírico y humorístico. Circuló entre diciembre de 1931 a diciembre de 1932. Alejado del ambiente de “lo que se dice”, y buscando una mayor seriedad fueron “La Hoja Informativa”, de mayo de 1932, y “La Voz de la Pampa”, aparecido el 15 de junio de 1929, y que sorteó la crisis mundial y del salitre, pues duró cuatro años. La iniciativa correspondió a Luis Rojas Aspurúa. Este periódico que salía dos veces a la semana, buscó ser el medio de comunicación de todas las inquietudes del trabajador salitrero del Cantón Central que tenía, precisamente, a “Pampa Unión” como el poblado más importante donde abastecerse de todo (Panadés Vargas y Obilinović Arrate, 1988).

2. La que surgió como iniciativa empresarial salitrera y tuvo por finalidad dar cuenta de todo lo que acontecía en las oficinas salitreras adscritas a la propiedad suya. De esta forma, desenvolvió, o trató de impulsar, un rasgo identitario, donde cada faceta productiva, social, deportiva, vinculara al sujeto social, obrero u empleado, con la empresa, la oficina, la tierra pampina, su familia. El testimonio mayor de esta clase de prensa fue “Pampa” de la Compañía Salitrera Anglo-Lautaro, dueña de las oficinas salitreras “Pedro de Valdivia” y “María Elena” (González Pizarro, 1998). De otro signo fue “Caliche”, órgano del Instituto Científico e Industrial del Salitre, afín a las preocupaciones de la Asociación de Productores de Salitre. Ambos periódicos constituyeron visiones importantes sobre la industria salitrera en dos momentos importantes: “Caliche” durante la hegemonía del sistema Shanks y “Pampa” en el transcurso del predominio del sistema Guggenheim (González Pizarro, 2002).

De distinta calificación en esta taxonomía, fue la que le cupo a “El Mercurio de Antofagasta” cuando fue adquirido por la empresa salitrera Lautaro Nitrate. En el transcurso de las décadas ‘30, ‘40 y ’50. El periódico entregó una cobertura noticiosa muy relacionada y cuidadosa con los intereses de su dueño. Al retornar, a la familia Edwards, volvió a retomar el prestigio que le rodeó en sus comienzos.

3. Hubo una prensa que en su origen no fue salitrera. Empero, manifestó un interés por la riqueza del hinterland de Antofagasta, registrando tanto las oscilaciones productivas y de mercado, como toda manifestación que hablara de la vida pampina, desde las lides deportivas hasta los conflictos sociales. Nos referimos a una prensa que asignó una importancia a la pampa salitrera más allá de su riqueza, pues visualizó la existencia de una manera de vivir, en una actividad minera singular en el mundo. Y esto la impulsó a prestar una atención noticiosa amplia, rigurosa e incluso, a procurar tener en sus colaboradores o cuerpo de redacción, determinadas personalidades que pudieran dar cuenta (con autoridad de su saber o de su pluma). de la industria salitrera. Así, ésta prensa dio a conocer, en determinados momentos propicios, sea de crecimiento de la actividad, o, por el contrario, en épocas depresivas, lo que acontecía en los cantones o en particular, en alguna oficina salitrera. Aquellas líneas no sólo se constituyeron en fuente primaria de datos sino que quedaron estampadas como testimonio de cómo se justipreciaba esa conjunción tan cara en las regiones salitreras: el avance tecnológico, la capacidad productiva, la ocupación de mano de obra (González Pizarro, 2003: 83-115).

Registremos dos momentos capitales de esta clase de periodismo que procuró contar entre sus columnistas de temas salitreros con figuras notorias en el ambiente de la época.

“El Industrial”, un periódico de prolongada vigencia, a lo largo de sus años dispensó en sus páginas noticias de enorme interés. Entre los años 1904 - 1906, Isaac Arce Ramírez, entonces Administrador de “Pampa Central”, publicó una serie de artículos relativos al “renacimiento” de la actividad calichera en Antofagasta. El 31 de diciembre de 1904 inauguró aquella colaboración con “Noticias de la Pampa” dando cuantiosos registros de las oficinas “Lastenia”, “Anita”, “Ausonia”, ”Filomena”, ”Riviera”, “Florencia”,”Pampa Central” y ”Carmen Alto”. En mayo de 1905 escribió “Por la Región del Salitre” y en octubre de 1906 concluyó con “Crónica de la Pampa”. En este último artículo destacó la gravitación del recurso hídrico en la industria del nitrato de Antofagasta (González Pizarro, 2004. XXIX-XXXIII). Aquellos párrafos auxiliaron a Arce cuando redactó el capítulo treinta y nueve de su obra “Narraciones Históricas de Antofagasta” en 1930.

El periódico “Última Hora”, de corta duración, encomendó a un joven escritor, Andrés Sabella Gálvez, redactor del mismo, viajar a la nueva oficina salitrera “Pedro de Valdivia” que, nuevamente, había empezado a laborar. Había sido establecida en 1932. Entre noviembre de 1932 y agosto de 1934 estuvo paralizada. Sabella redactó sus denominadas “notas, apuntes e impresiones” bajo el título “A través de la Pampa. Un Viaje hacia Pedro de Valdivia, la Gigante”, que vieron luz a lo largo del mes de octubre de 1934. El escrito le sirvió para redactar el capítulo “Se lo está comiendo la Pampa” de su novela “Norte Grande”, de 1944 (González Pizarro, 2004:223-237).

En esta tipología hay que insertar al periódico “El Abecé”. Un diario de mediana duración en el panorama de la prensa regional.

El abecé” y su contribución al conocimiento de la industria salitrera

“El Abecé” fue un diario importante de Antofagasta. Su fundador fue el croata Mateo Skarnić, dueño de la Imprenta y Tipografía “Skarnić”. El periódico salió a luz el 14 de octubre de 1920.

Aún cuando su dueño estuvo vinculado al partido Radical, mostró una independencia en el tratamiento informativo de todo lo regional. Abogó, precisamente, por los intereses comunitarios de la provincia. Dio cumplida cobertura a todo lo que fuese de interés a la zona norte.

Cabe hacer notar que el mencionado periódico se dedicó a cubrir a lo largo del quinquenio los avances experimentados en las oficinas de las distintas empresas. Pero, sin duda, un hito en esta cobertura fue el mes de agosto de 1923, cuando dedicó extensamente amplios reportajes a la actividad calichera.

La razón de elegir esta etapa estriba en que el periódico nos pondrá en perspectiva comparativa lo que era una oficina salitrera del sistema Shanks y lo que debería constituir una oficina salitrera del sistema modificado Shanks.

“El Abecé” se planteó como el diario que podía canalizar las inquietudes de los asalariados, desde su propia voz, o exponer las necesarias innovaciones en la organización salitrera en lo concerniente a las remuneraciones y condiciones de trabajo, desde la asunción de tales problemáticas por la línea editorial. Ambas se dieron cita en el transcurso de la difusión de este panorama calichero en agosto de 1923.

En efecto: en la época en cuestión, “El Abecé” destinó a uno de sus periodistas a recorrer y pernoctar en las oficinas salitreras del Cantón Central. La secuencia de estos reportajes, escritos genéricamente por el “Cronista en Viaje”, fueron dados a conocer bajo el epígrafe: “En la región del salitre. Visitando la Oficina…”. Fueron columnas amplias, (por lo general a tres columnas) cubriendo gran parte de la página, y abarcando en dos o tres ediciones, el tratamiento de cada oficina salitrera.

De la secuencia de estas columnas, queremos poner de relieve, cómo la descripción de cuatro oficinas salitreras: “Francisco Puelma”, “Aconcagua”, “Filomena” y “Sargento Aldea”, del viejo sistema Shanks, debe encarar la expectativa cifrada en lo que sería el aporte de la Oficina Salitrera “Chacabuco”, con el mismo procedimiento modificado de elaboración. Todo esto en el denominado “Cantón Central de Antofagasta”.

La finalidad de esta serie de reportajes quedó recogida en la primera crónica enviada, el día 4 de agosto:

“Nuestro viaje a la región del salitre ha obedecido a los deseos de informar a nuestros lectores sobre el avance en las organizaciones de la industria salitrera dentro de sus propias oficinas, imponernos del movimiento obrero apreciando de cerca sus esfuerzos y sentir sus necesidades, a fin de solicitar de quien corresponda lo que a ellos pudiese convenirles dentro de la justicia y la equidad” (El Abecé, 4 de agosto de 1923).

Para nuestro análisis distinguiremos tres niveles de percepciones:

1. La impresión general de la Oficina. La perspectiva del entorno general: plazas, jardines, iglesia.

2. El ámbito productivo central: maestranza, casa de fuerza, maquinarias.

3. El asiento de la vida cotidiana: casas-habitaciones; hospital, ranchos, pulperías, escuelas, filarmónica, teatro.

Distinguiremos, a continuación, a contrapelo, esta realidad concreta con la que se visualizaba para la Oficina “Chacabuco”.

1. La impresión general de la oficina salitrera

La Oficina “Francisco Puelma” fue visitada el día 6 de agosto de 1923:

“Se encuentra esta oficina a pocos pasos de la estación Carmen Alto del F.C. de Antofagasta a Bolivia y es una de las más antiguas que posee la Compañía de Salitres de Antofagasta. La Oficina “Francisco Puelma” mantiene sus chimeneas inactivas y se estima que, después de realizar las reformas proyectadas y aumentar la dotación de sus cachuchos, dar término a sus campamentos, podrán encender sus fuegos en agosto de 1924. Por ahora, y hasta la fecha indicada, la oficina mantiene solamente un escaso personal que se preocupa de las reconstrucciones y recateos. El total de la gente en trabajo llega a 460 obreros, de los cuales 250 corresponde a la maestranza y el resto a las obras nuevas, reconstrucciones, etc” (El Abecé, 7 de agosto de 1923).

A la antigüedad del establecimiento salitrero, lo cual se traduce que en vez de plaza existía en el centro de la oficina un mero kiosko, típico del modelo Shanks más tradicional, se unía la situación financiera de ésta. No hay recursos para sostener un espacio de área verde. Tampoco estaba el Administrador. Existía un mínimo personal del denominado de “escritorio” y de “maestranza” que mostró las dependencias al reportero. La omisión de otros escalafones administrativos develaba la crítica situación por la que atravesaba.

Empero, la Oficina “Francisco Puelma” pudo revertir la situación descrita y para fines del decenio tenía un contingente de operarios sobre las dos mil almas.

La Oficina “Araucana” fue el centro del reportaje a partir de la edición del 9 de agosto. El cronista la describió:

“La Oficina “Araucana”, propiedad de los señores Baburizza, Lukinovic & Cía., situada al Este de la estación de Unión, y a más o menos 5 kilómetros de distancia, de la misma. La Oficina “Araucana” está servida por el siguiente personal superior:

Administrador, señor Policarpo Lucksić; Contador, señor Andrés Almonte; Cajero- ayudante contador, Sr. Antonio Peruzonić, Pasatiempo, señor Alfredo Medalla; Fichero, señor, Antonio Tavra; Ayudantes de escritorio, señores: Enrique Nicholls y Luis Treviño. La pampa está atendida por su joven como inteligente Jefe, señor Manuel Barile Loayza. Pasatiempo don Néstor Tocigl y Jefe de Correctores don José Aguilar. Nuestra impresión favorable la ocasionó la plaza y sus jardines con su hermoso kiosko destinado a la banda de músicos, conjunto de primer orden que alegra a la población casi noche a noche. Tiene la plaza de “Araucana” unos 800 metros de superficie correspondiendo de ellos unos 500 a un hermoso jardín en cuyas orillas forman fila una cantidad de pimientos que dan sombra al paseo. Un buen número de escaños constituyen una comodidad para los obreros y sus familias” (El Abecé, 9 de agosto de 1923).

La introducción al lector de la vista de esta oficina permitía a éste recrear lo siguiente: una estructura organizacional en funciones, que administraba unos 800 trabajadores que sumado a sus familias, arrojaba una población de 2.500 personas. Afianzaba esta operatividad de la oficina el hecho de producir 45.000 qq de nitrato mensual y haber embarcado desde sus canchas ya en el año salitrero dos tercios de su producción total. La presencia de personal yugoslavo en la administración superior delataba los capitales y la ascendencia étnica del propietario.

La Oficina “Aconcagua” fue visitada el día 24 de agosto y el reportaje se publicó en la edición del día 28 y siguientes días:

“La Oficina “Aconcagua” se encuentra al nor-este de la estación La Noria del F.C. de Antofagasta a Bolivia y a un kilómetro más o menos de distancia, el que se salva por medio de carritos de sangre. A las dos y media de la tarde, más o menos, llegábamos el viernes 24 a las puertas de la administración de “Aconcagua” y, después de esperar unos instantes la llegada del señor administrador, que en esos momentos se encontraba dirijiendo unos trabajos fuera de su oficina, fuimos amablemente atendidos por él” (El Abecé, 28 de agosto de 1923).

“La impresión que recibimos al visitar los campamentos de la Oficina “Aconcagua” fue la misma que nos produjo, hace algún tiempo, una visita que hiciéramos a uno de los cuarteles del Ejército, cuyo aseo y mantención higiénica era del todo irreprochable. Las calles en que están ubicadas las pintorescas casitas de los campamentos ostentan nombres de provincias, las de la dirección paralela, y las que atraviesan sus nombres corresponden a los principales minerales chilenos, diferenciándose de otras oficinas que todos los nombres de las calles pertenecen a héroes del Ejército, asunto muy simpático pero ya muy repetido. Todas las calles están perfectamente pavimentadas y éste en plena conservación. Ni un solo papelito, ni la demostración de un vecino desaseado se deja ver en todo el campamento general. Fue tal la limpieza, de las calles, de las casitas con sus ventanas de vidrios, luciendo vistosas cortinillas interiores, que hubimos de manifestarnos realmente asombrados” (El Abecé, 29 de agosto de 1923).

“Posee una plaza simpática, con sus caminos interiores diagonales y sus escaños colocados por la parte de afuera, protegidos por la sombra de robustos pimientos” (El Abecé, 30 de agosto de 1923).

Las anotaciones del viaje ponían el acento, no en la construcción de la plaza y su lugar de encuentro, sino en la excelente organización administrativa de la oficina. Lo llamativo, como lo expresa el cronista, tiene relación con la conducta de urbanidad. El aseo se estimulaba por la Compañía Lastenia de modo global: a la extracción de las aguas servidas diariamente y depositadas en la lejanía de la pampa se unía la medida del aseo de las calles, por las mañanas y tardes, regadas con la misma frecuencia para mantener la firmeza del pavimento y evitar todo polvo u olor desagradable.

A esta colaboración de la empresa al entorno general del campamento se agregaba el incentivo que ofrecía a cada vecino por exhibir sus casas más aseadas. Mensualmente se sorteaban premios especiales. Eran premios de mucho valor en la pampa salitrera: dos máquinas de coser; un catre de fierro con bronce; género blanco para sábanas o ropa interior. O sea, un mejoramiento de la calidad de vida y una ocasión de tener las herramientas para ejercer el oficio de costurera u modista, muy apreciado en el ámbito femenino laboral (González Miranda, 1991 y González Pizarro, 2003).

La Oficina “Filomena”, ligada también a la Compañía Lastenia, fue presentada el 31 de agosto en estos términos:

“El 15 de marzo último las chimeneas de la Oficina “Filomena” amanecieron inactivas. Las máquinas se detuvieron en solicitud de reposo. Estaban cansadas, debilitadas y no producían lo que de ellas se exigía. Era necesario tonificarlas. Rápidamente empezó a hacerse la soledad en aquella parte el desierto salitral y “Filomena” antes toda actividad, bullicio y alegría, quedó desierta y abandonada.

A fines de mayo último, o sea después de una quietud de tres meses, “Filomena” encendía sus luces para dar pago franco a un arsenal de herramientas y útiles manejados por expertos médicos que eran aplicados al organismo general, limpiándolo y extrayéndole lo malo, para reemplazar lo anticuado por lo moderno y necesario a fin de exigir con éxito una actividad futura tan gallarda como productora. Empeñados en las grandes reparaciones generales encontramos a todos los ingenieros, mecánicos, herreros, carpinteros, electricistas, etc. de la oficina, mientras que en la pampa se acopiaba con tesón el alimento que dentro de poco, habrán de ingerir las potentes y renovadas máquinas. Administrador de “Filomena” es el joven y preparado profesional señor Andrés Guic…conocíamos al señor Guic, nada menos que por referencias obreras llenas de alabanzas para su persona” (El Abecé, 31 de agosto de 1923).

Aún cuando existía una pequeña plaza, rodeada de árboles, situada al centro de un gran cuadrado, especie de avenidas; lo realmente significativo era el ánimo de empleados, profesionales y obreros de la oficina por el reinicio de sus actividades. La impresión es de una armonía hacia el fin común de todos: que la oficina produzca lo que se tiene planificado. Aquello colmaría las expectativas de sus habitantes.

Distinta es la descripción de la Oficina “Sargento Aldea”:

“El paradero del ferrocarril de Antofagasta a Bolivia, denominado “EL Buitre”, facilita el acceso a la Oficina “Sargento Aldea”, propiedad de la Cía. de Salitre de Antofagasta, la que queda a más o menos un kilómetro al norte del indicado paradero. A fines del año 1920 un voraz incendio destruyó gran parte de la Oficina, administración, casas para empleados y algunos campamentos. Hoy se haya reconstruida en parte y se ha aprovechado la reconstrucción para hacer innovaciones que favorecen a la clase obrera; pues, las casitas demolidas en número de 76 se han reconstruido de adobes y tienen 3 piezas; quedan de las antiguas 198 casitas de calaminas, pero que se irán renovando paulatinamente. La construcción nueva, que corresponde a la administración tiene sus comodidades necesarias a la vida de la pampa. En cuanto al rancho para empleados, su construcción es ligera y deja la impresión de haberse hecho con economía. El mismo hall del rancho sirve, en su extremo, de comedor dividido por un ligero biombo” (El Abecé, 11 de agosto de 1923).

Salta a la vista el cambio no sólo de estilo sino la imagen que proyecta la oficina. No hay un esfuerzo mancomunado. La reconstrucción no es de la misma energía y vitalidad que se pudo observar en la descripción de la Oficina “Filomena”. El lenguaje trasunta decepción, por no brindar al recurso humano la misma atención que a la infraestructura productiva.

Las pinceladas de estas impresiones iniciales muestran vivamente las desemejanzas no sólo del ímpetu empresarial entre las compañías y capitales nacionales y extranjeros, sino la división del trabajo y, algo más importante, la conjunción de una mirada colectiva hacia la industria del nitrato. Todo ello fue un rasgo del sistema Shanks que, no sólo fue un sistema tecnológico-productivo sino que también un modelo de estructurar el espacio de la oficina salitrera y un modelo de trabajo.

La Oficina “Chacabuco”, constituyó la primera crónica de este periplo por la región salitrera del cronista del periódico:

“Oficina “Chacabuco” de los señores Baburizza, Lukinović & Cía. Esta Oficina, que por la magnitud de su construcción y potencia elaboradora será la “coloso” de la pampa salitral, está ubicada a un kilómetro al norte de la estación Salinas del F.C. de Antofagasta a Bolivia. La potencia productora de las oficinas está clasificada por la cantidad de cachuchos de que dispone siendo la más grande que se conoce en toda la pampa salitrera de 36 cachuchos. Pues, bien: La Oficina “Chacabuco” constará de 54 cachuchos grandes o sea una diferencia de 18 cachuchos más que la mayor de las oficinas. En la parte céntrica de la Oficina se ha proyectado la Plaza cuyas dimensiones son de 150 metros por lado…Frente a uno de los costados de la plaza se encuentra la escuela y el teatro cuyas construcciones, muy adelantadas, procuran fácilmente una idea de lo que serán a su término. Enemigo de las mediocridades…la construcción del teatro es perfectamente adaptable a cualquiera ciudad. La fachada es elegante y su estilo de lo más moderno. Su interior es la de un coliseo pequeño ubicado en una ciudad modernista” (El Abecé, 4 de agosto de 1923).

El proyecto de construcción de un templo, era destacado:

“Una espaciosa iglesia, la que alegrará con los sones de su campana los días domingo y festivos estimulando las prácticas religiosas entre sus afectos y procurando la nota alegre del ir y venir de gentes a la misa luciendo sus trajes domingueros, limpios y aplanchados. La firma Baburizza, Lukinovic, respetando las creencias religiosas de cada cual y, especialmente del país que la cobija, no trepidó en intercalar en los planos de construcción de la “Chacabuco” una iglesia para los obreros creyentes y sus familias” (El Abecé, 6 de agosto de 1923).

La edificación e implementación de la oficina era obra del talento de un hombre: Williams J. Clayton, nacido en Chile y de padres ingleses. Se desempeñaba como Inspector de la firma Baburizza y se había especializado en la construcción de oficinas salitreras como del proceso de elaboración del salitre. Su capacidad la había demostrado en Tarapacá levantando las oficinas “Mercedes”, “Slavia” y “Santa Laura”. Había impulsado las innovaciones en la Compañía Lastenia. Y, ahora, se encontraba al frente de la ejecución de su proyecto de construcción de la Oficina “Chacabuco”. Destacaba el cronista que Clayton había mostrado una cercanía por las inquietudes de la clase obrera expresada no sólo por escuchar y tratar bien a ésta sino por sus modificaciones en las construcciones de viviendas para los trabajadores: “En el medio asalariado era muy apreciado” (El Abecé, 6 de agosto de 1923a).



2. El ámbito productivo central: maestranza, casa de fuerza, maquinarias

Existió en la literatura salitrera un tópico común cuando hubo de representarse lo constitutivo del sistema Shanks. Autores como Volodia Teitelboim, Oscar Bermúdez Miral, Luis González Zenteno o Andrés Sabella, dieron cuenta de una u otra forma del rasgo característico del sistema Shanks. Y este radicaba en su estructura de elaboración del salitre: chimeneas, cachuchos; todo el proceso de lixiviación.

La Oficina “Francisco Puelma” no escapaba a esta fisonomía:

“La maestranza, obras nuevas y otros servicios tienen como jefe superior al ingeniero alemán, señor Waldemar Schutz. La maestranza está dividida por una serie de grandes Pabellones de construcción metálica. Uno de ellos, de más o menos 150 metros cuadrados de superficie, lo ocupa el taller de fundición, en el cual se realizan trabajos de verdadera magnitud que producen grandes economías a la Compañía. Un segundo Pabellón está ocupado por la Calderería, dotada de maquinarias modernas y de escalonada potencia. Casi toda la maquinaria es movida por su motor correspondiente, evitando las trasmisiones. El tercer Pabellón lo ocupa la sección de tornos mecánicos y diversa maquinaria altamente valiosa destinada a miles de usos. Anexo a esta sección se encuentra el gran taller constructor de herramientas y sus almacenes correspondientes, los que son una verdadera novedad. Todas las dependencias de la maestranza están servidas por líneas de carros y grúas para la facilidad en la movilización de la maquinaria y materiales de gran peso…grandes bombas de émbolo, movidas a fuerza eléctrica. La fabricación de remaches y de pernos también llama la atención desde el primer momento….los grandes patios para reparaciones de material pesado, carros y locomotoras, etc” (El Abecé, 7 de agosto de 1923).

La infraestructura productiva de la Oficina “Araucana” no era de mayor interés para el cronista. Comprendía “elementos buenos y maquinarias de sistema moderno”. La firma Baburizza, Lukinović & Cía había decidido establecer en la Oficina “Chacabuco” la maestranza general de todas las oficinas salitreras que poseía. De ahí, también, la lacónica referencia a la bodega y su personal. Sí se destacaba la sección Química de la “Araucana” con “un laboratorio completo y moderno cuyo jefe es el químico y ensayador don Ceferino Azócar” (El Abecé: 10 de agosto de 1923).

Contrastando con la “Araucana”, la Oficina “Aconcagua” brindaba material suficiente para que el cronista se extendiese:

“Sección máquina en cuyos bajos se encuentran instaladas las grandes bombas centrífugas que sirven para dar movimiento a los líquidos de elaboración. Salidos de esta sección, pudimos notar los cachuchos para cuya operación se ocupa una gran cinta elevadora, la que -en uno de sus puntos de acarreo- está en combinación con una “balanza” especial destinada a indicar con precisión el peso de la materia prima acarreada. Este sistema modernísimo, único que hemos tenido hasta la fecha oportunidad de conocer es el mejor control que establece la cantidad de caliche entrado en la elaboración y ello evita toda discusión posible. En nuestro recorrido por la parte alta de la máquina, nos llamó la atención un sistema especial de protección para el obrero, impidiendo -por medio de rejillas o baranda- todo accidente que pudiera originarse por un descuido de los trabajadores. Antes de bajar a la planta de los calderos y otras secciones contiguas a la máquina, no pudimos dejar de admirar la artística techumbre del gran galpón en que está instalada la máquina, cuya forma esférica llama inmediatamente la atención del visitante. La maestranza cuenta con las maquinarias modernas y necesarias para su desenvolvimiento. Está separada por un gran taller de fundición de fierro y bronce. Tiene anexos especiales para depositar materiales que a ella corresponden como igualmente con guarda útiles y herramientas.

Sección calderos

La impresión más favorable que puede experimentar la persona que visita la sección maquinaria es la que proporciona la conservación de las diversas máquinas y la perfecta limpieza que en todas partes se nota. Los calderos y su instalación de bombas para la circulación del petróleo y agua parecen del todo recién instalados, después de haberlos extraído de su embalaje de fábrica. La planta motriz consta de 3 motores gigantes “Diessel” con un enorme generador eléctrico acoplado con potencia de 600 H.P. Las locomotoras de que dispone son seis y todas están en perfecto estado. La casa de Yodo, como se denomina la sección en que se elabora esta sustancia, está dotada de todos los útiles y enseres modernos y el movimiento de yodo extraído, en bruto, se estima entre 300 y 400 kilos.



El buzón para caliche

Un buzón que puede recibir hasta 90 carretadas de caliche. Es toda obra del señor Clayton, o sea un tipo de buzón ideado por él. Con la disposición del aludido “buzón” las acendradotas o “chanchos” como se les designa vulgarmente, hacen una labor perfecta reduciendo a solamente seis individuos en faena, en vez de los 30 obreros que se ocupaban antes para realizar igual cantidad de trabajo. Los hombres que sirven en las acendradotas están cómodamente instalados y la mayoría de su trabajo, fácil y liviano, lo ejecutan sentados frente a una de las bocas del buzón, en su parte correspondiente” (El Abecé, 28 de agosto de 1923).

La Oficina “Filomena”, con una capacidad instalada de 24 cachuchos, trabajaba en el traslado del caliche hasta la máquina por medio de carros de doble línea (subida y bajada), arrastrados por medio de un winche eléctrico, usando para ello un plano inclinado.

El cronista pudo constatar las mejoras en la Casa de Fuerza:

“cuenta con dos motores gigantes, de manufactura italiana “Tosi”, acoplados a dos generadores eléctricos, americanos,”Westinghouse”. La sección calderos “consta de seis calderos “Tosi” los que una vez reparados quedarán en las más perfectas condiciones. La maestranza es de más o menos 1200 metros cuadrados y está dotada de toda la maquinaria necesaria para dar impulso a las reparaciones. La maquinaria es movida, parte con fuerza eléctrica, parte a vapor. Consta de secciones especiales para guardar los útiles y herramientas. Una sala de dibujo mecánico se encuentra anexada a la maestranza en sitio adecuado” (El Abecé, 31 de agosto de 1923).

La Oficina “Sargento Aldea” exhibía ciertas particularidades al respecto:

“Frente al rancho está la máquina bien montada la que recibe el caliche por medio de una cinta transportadora en vez de emplear plano inclinado o ascensores como en otras oficinas. En un costado de la sección máquina, se encuentra la maestranza (que) cuenta con las maquinarias indispensable para los trabajos livianos de la oficina; pues, como es sabido la maestranza central de la Compañía de Salitres se encuentra instalada regiamente en la Oficina “Francisco Puelma”, a un paso de la anterior. Uno de los trabajos que llama la atención es el de la instalación del gran andarivel, considerado como una obra de la mayor importancia. Con este andarivel se podrá explotar fácilmente las grandes extensiones de calicheras que posee la “Sargento Aldea”, habiendo ubicado la estación de arranque o de carga, en la parte céntrica y fácil de acarreo en la pampa por explotar. El andarivel tiene una longitud de 700 metros más o menos y un gran poder de arrastre. Ha sido instalado por los ingenieros de la Oficina “Puelma” y revisada y armada su maquinaria eléctrica por uno de los ingenieros de la firma constructora. Su inauguración tendrá lugar talvez esta misma tarde que despachamos esta correspondencia” (El Abecé, 11 de agosto de 1923).

Las diferentes imágenes que el cronista daba cuenta de las oficinas tradicionales refieren de la preocupación de abaratar costos con la introducción de tecnologías apropiadas: unas la fuerza energética, otras la centralización de las reparaciones, o bien, la invención de dispositivos productivos que racionalizaran la mano de obra. Todas ellas viviendo el quinquenio que también mostraba lo cíclico de la industria: bonanza y paralización.

En este contexto, la Oficina “Chacabuco” se mostraba como una señal de confianza en la actividad calichera. En sus planos delineaba las innovaciones requeridas para mantener en vigencia el sistema Shanks.

El cronista nos revela un dato para comprender la magnitud de la infraestructura que se está instalando en la mencionada Oficina:

“Si empezamos por decir que la maestranza tiene una superficie de 10 mil metros cuadrados, ya puede imaginarse el lector la amplitud de esta soberbia construcción a la que la firma Baburizza, Lukinović & Cía., ha dado todo el alcance correspondiente, ya que ella vendrá a servir a las demás oficinas de la compañía. La construcción de la maestranza consta de tres naves, cada una de treinta metros de claro. En estas naves hay que observar una difícil obra de ingeniería ejecutada en los tijerales cuyos únicos apoyos radican en sus extremos y, por lo tanto, los claros sin apoyo alguno, miden cien pies o sea treinta metros” (El Abecé, 5 de agosto de 1923).

3. El asiento de la vida cotidiana: casas-habitaciones, hospital, ranchos, pulperías, escuelas, filarmónicas, teatro

Si la cantidad de cachuchos nos daba la medida de la importancia de la usina salitrera; la conformación del espacio al interior de la oficina, destinada a recibir y acomodar a sus operarios y familias, daba la nota sobre la calidad de vida. Un confort que podía reflejar la concepción administrativa en cuanto al hábitat y esa vinculación entre empresa y trabajadores.

Aún así, el rasgo dominante fue el clasismo evidenciado en la disposición espacial de las residencias y los ámbitos de sociabilidad.

La Oficina “Francisco Puelma” había comenzado a edificar nuevas casas, de dos y tres piezas, empleando el adobe y la calamina, con una cocina y un patio mediano. “Las viviendas antiguas, estrechas, incómodas e insalubres serán desocupadas paulatinamente y pronto desaparecerán en su totalidad”.

Llamaba la atención al cronista la libertad de comercio existente en la oficina, aún cuando había pulpería. La fonda de esta oficina era un ejemplo a seguir:

“Antiguamente se conocía por el nombre de “Fonda” al establecimiento adonde el trabajador no llegaba en satisfacción solo de su estomago, sino de sus vicios horribles, como el juego y la bebida. La fonda ya no tiene porqué tener ese nombre que hasta recuerda un lugar de desprestigio. Es simplemente un Restaurant Seco, por lo menos en la oficina visitada. En la Oficina “Puelma” la fonda proyecta dar la comida a precios bajos a las familias de los trabajadores, a fin de dar tiempo a las mujeres que ayuden a sus maridos ya en costuras u otras labores remunerativas. Como una contribución al más bajo precio de las comidas destinadas a las familias de los obreros prometimos dirigirnos al Primer Alcalde a fin de que, teniendo en cuenta que las fondas de la Compañía de Salitres no son lo que eran antes, haga una rebaja equitativa de las patentes cobradas, rebaja muy justa y lógica que vendría a beneficiar directamente al trabajador ya que el menor gasto de administración hace el menor costo del alimento” (El Abecé, 7 de agosto de 1923).

El hospital de la Oficina era uno de los mejores de la pampa. Cubría el servicio de todas las oficinas de la Compañía de Salitres:

“Consta de dos salas amplias: una para las mujeres y otra para los hombres, con 8 y 20 camas respectivamente. Médico residente de la oficina es el joven y estudioso profesional, doctor señor Vargas Rosa. Anexo al hospital están los departamentos de cirugía, botica y estadística, morgue y hornos crematorios. Los señores Rolando Toro y Eleodoro Núñez sirven los puestos de practicantes y el señor Salvador González el de farmacéutico titulado”.

Si esto era elogioso, el inmueble destinado a la escuela primaria mostraba una desatención grave de la empresa por este rubro: ocupaba un local fiscal completamente arruinado y a una distancia inconveniente para los niños. Se estaban reparando las instalaciones que albergaban a la filarmónica y al teatro. La pulpería “es pequeña y se puede decir que existe sólo para establecer el control de las demás. El comercio es libre, enteramente” (El Abecé, 8 de agosto de 1923).

La Oficina “Araucana” tenía sus establecimientos educacionales ubicados al frente de la plaza. Uno destinado para los hombres, el otro para las mujeres. Estaban atendidos por personal adecuado no sólo con relación al número de alumnos, 128 y 125 respectivamente, sino por su calificación. No dejaba el cronista de apuntar:

“El Gobierno ha dado a estas escuelas el carácter de mixtas sin tener en cuenta que la población escolar de la oficina es siempre numerosa y que las edades de los niños no permite la comunidad entre los sexos”. En la formación de los niños, se había instalado, al lado de las escuelas, el cuartel de la brigada de boy-scouts.

Un teatro muy simpático es el que los días martes, jueves, sábado y domingos, reúne a la población aficionada al espectáculo del biógrafo. Cuenta el teatro con dependencias interiores apropiadas para cantina y sala de fumar. La fonda tiene dos billares, dominó y damas (que) constituyen las entretenciones de los obreros. El licor que se expende es vino y cerveza, siendo restringido el consumo y paralizado la venta a las ocho y media de la noche. La gente obrera tiene libertad para adquirir artículos de primera necesidad, en la parte que le plazca, pero en la oficina no existe otro negocio que la pulpería, cuyos precios están estrictamente controlados por la superioridad del ramo. Las habitaciones pequeñas para obreros solteros constan de una pieza bien ventilada con su correspondiente ventana. Los obreros casados disponen de casitas verdaderamente cómodas e higiénicas que constan de tres y cuatro piezas con despensa, buen patio y cocina instalada. Las casas destinadas a empleados medios y superiores son confortables y reúnen todas las condiciones de salubridad y comodidad correspondientes” (El Abecé, 9 de agosto de 1923).

La parte sanitaria estaba a cargo de un médico y asistido por una matrona. Poseía una botica. Contaba con una sección de baños públicos, separados por sexos.

La administración y el rancho de los empleados, separados del resto de las instalaciones, mostraba la otra realidad, la high life de la Oficina:

“Iniciándonos desde un corto pasadizo llegamos a un amplio corredor a uno de cuyos lados se extiende un precioso jardín rodeado de un bosque de pimientos altos. Entramos a un lujoso hall dotado de muebles sencillos pero elegantes y de un buen piano eléctrico. Antes de abandonar el departamento de los empleados, conocimos su casino en el cual hay un buen billar de carambolas y una buena mesa de pin-pon” (El Abecé, 10 de agosto de 1923).

La Oficina “Aconcagua”, de la cual el cronista había elogiado el nivel de higiene pública del campamento, no decepcionaba en cuanto a determinados aspectos de su vida diaria: las calles sólo ofrecían paso por las veredas, cerrando los claros anchos con alambres de púas. Esto, que podía cuestionarse, obedecía a una medida que buscaba proteger a los hijos pequeños de la población obrera de ser atropellados por caballos o carretones.

Las casitas eran de material sólido o de madera, compuesta de tres a cuatro piezas bien ventiladas, con patio y cocina:

“La simetría de las construcciones, su aspecto exterior, con las chimeneas alineadas y de una sola altura, producen una vista simpática y atrayente. El campamento antiguo, se mantiene en perfectas condiciones de limpieza. La hilera de viviendas para trabajadores solteros, todas con sus ventanas con vidrios limpiecitos, son de una construcción tipo moderno. Los obreros se esmeran en adquirir para su piecesita el mobiliario más indispensable y, en varias de ellas, abiertas en los momentos de nuestra incursión por el campamento respectivo, pudimos notar catres buenos, camas limpias, sillas de mimbre, etc” (El Abecé, 29 de agosto de 1923).

Las comodidades del personal superior eran elocuentes. La casa del administrador estaba dotada de mobiliario elegante y de buen gusto:

“los jardines constituyen un verdadero recreo; los grandes pimientos, la variada hortaliza, los kioskitos cubiertos de enredaderas y los caminos sombreados al estilo de los armados para parrones, nos recuerda nuestro suelo sureño” (El Abecé, 30 de agosto de 1923).

La Oficina poseía una peluquería que, “por su compostura y buena presentación” el administrador la calificaba de “Marré en la Pampa”, en alusión a una famosa peluquería antofagastina.

Había una escuela fiscal no del todo amplia, pero con un profesorado conveniente:

“Los empleados y algunas secciones de obreros de la oficina sostienen una escuela que lleva por nombre “Benjamín Vicuña Mackenna” y que funciona muy regularmente. En el patio de esta escuela se han instalado juegos gimnásticos para los niños. Al lado del local de la escuela, se encuentra la “Sociedad de Filarmónica y Teatro”, cuyo interior es por demás agradable. Es un verdadero teatro en las proporciones necesarias, pero con capacidad para más o menos cuatrocientas personas. Su construcción es sólida y adecuada a su fin, con adornos arquitectónicos de mucho gusto. En un local anexo, se halla la” Biblioteca Obrera” que pertenece a la filarmónica, recinto que sirve de reunión aprovechable a los obreros que a ella acuden en demanda de una consulta o de posesionarse de algún conocimiento nuevo” (El Abecé, 30 de agosto de 1923).

Al igual que el resto de las oficinas, ésta tenía una fonda con las mismas características de las antes referidas. Se podía consumir vino y cerveza. Poseía dos billares. La pulpería era amplia y en la sección tienda, como en el almacén, recova y carnicería y panadería se observaban precios módicos. Las secciones estaban atendidas por cinco pulperos.

El servicio médico de la “Aconcagua”, a cargo del médico Manuel Contreras Macaya, era el asiento de atención al resto de las oficinas pertenecientes a la Compañía Lastenia. Se ponía de relieve la atención de hospitalización en Antofagasta, con cargo a la Compañía, de aquellos funcionarios que lo requerían.

La Oficina “Filomena” mostraba conjuntos de edificios similares a la Oficina “Aconcagua”, como ser el teatro. Se destacaba, entonces, de esta Oficina, la biblioteca, que estaba al lado del teatro:

“La biblioteca cuya instalación es muy digna de aplauso. Se trata de una sala construida especialmente para el uso que se le destinara; con dotación de muebles adecuados. Un amplio como elegante armario guarda no menos de seiscientos volúmenes de buenas obras, todas convenientemente empastadas y en magnífico estado de conservación. Una sección especial registra todos los diarios de la ciudad y la mayor parte de la República sin exclusión alguna de los diarios obreros de cualquier tendencia política o ideas que sustenten. Al centro de la sala de lectura se halla un escritorio o pupitre doble, para usarlo por ambos lados, y en los costados se han instalado escritorios unipersonales para que los obreros puedan utilizarlos en su correspondencia, etc.” (El Abecé, 31 de agosto de 1923).

Concluyamos dando cuenta de lo que brindaría la Oficina “Chacabuco” a sus habitantes:

Se planificaba un edificio que albergaría las escuelas de ambos sexos. “Cada sección del edificio (una para hombres y la otra para mujeres) consta de cinco salas, un vestíbulo, una pieza para los útiles, una salita para las profesoras, otra para el servicio higiénico” (El Abecé, 4 de agosto de 1923).

El edificio de la filarmónica “es enteramente adecuado al objeto y constará de una gran sala con sus anexos de camerinos divididos (para hombres y mujeres)., lavados, excusados, etc. Simétrico al edificio anterior habrá un local para foot-ball (Centro Social). y, además, otro para una estudiantina. Además está proyectado la formación de un Club Social obrero con instalación de juegos, billar, palitroque, etc.” (El Abecé, 5 de agosto de 1923).

Las casas para empleados de categoría media, constaban de cuatro piezas, cómoda despensa, instalación de armarios, cocina instalada. Sumaban 36. Eran de tipo inglés. Las casas para empleados superiores podían compararse con las llamadas “confortables” de cualquiera ciudad. Estaban configuradas de un hall, cuatro dormitorios, una sala, un comedor, un costurero, pieza de baño. Para la servidumbre tenían habilitadas piezas adecuadas, con instalación de baño separada. En el centro del patio, espacioso, se le había instalado un kiosko. Al fondo del patio se encuentran los gallineros con dependencias especiales. Las casas para el inspector general y el administrador eran tan soberbias, anotaría el cronista, que de “su confort podrían tomar amplia nota las mejores construcciones de Antofagasta. Con esto queda dicho todo”. La novedad introducida por Williams Clayton, que era el Inspector General, era el uso de un parquet nacional en los pasillos. Apostaba el periodista que el ensayo le iba a brindar la posibilidad de emplear el parquet en otras casas.

Se destacaba el espacio destinado a la pulpería, donde, además de contar con las secciones consabidas iba a contar con tres grandes hornos destinados a su panadería. La fonda en “Chacabuco” “será simplemente un gran hotel con las dependencias necesarias”. Los campamentos iban a albergar un gran barrio obrero, con casas modelos:

“Todas las casitas para trabajadores casados son de un tipo uniforme de construcción. Una parte son de tres piezas y otra de cuatro. Todas poseen una ventana a la calle y un buen patio con cocina especial, en el fondo, con su instalación. El material empleado es adobe, madera y calamina para los techos. En la parte inmediata al gran barrio obrero se está construyendo dos manzanas: una para baños y otra para escusados, lo que permitirá a la gente de trabajo y sus familias llevar una vida de limpieza. En el proyecto de todas y cada una de las secciones de la Oficina “Chacabuco” existen cañerías de desagüe que empalmarán en un gran colector” (El Abecé, 6 de agosto de 1923).

Conclusión

La serie de reportajes llevados a cabo por el periódico “El Abecé” dieron cuenta a la población regional de dos realidades evidentes: por un lado, las transformaciones operadas en el sistema Shanks variaban de empresa a empresa y de oficina a oficina. Y esto no podía esconder una realidad angustiante: se vivía no sólo la decadencia de la industria salitrera vinculada a este modelo tecnológico sino que las inversiones que debían llevarse a cabo eran cada vez más menguadas y distanciadas en el tiempo. Y ello se reflejaba en el uso de las maquinarias, en los adelantos de la vida material, en la combinación de perspectivas espaciales que no introducían los avances de la legislación social en el periodo y el cambio de los tiempos políticos y sociales (González Pizarro, 2003a). Por otro, la apuesta de Baburizza, Lukinović & Cía. en la construcción de la Oficina “Chacabuco”. Se puede percibir la envergadura no sólo de los capitales sino la centralización de diversas operaciones en la pampa calichera en torno a “Chacabuco”. Es el modelo postrero de las modificaciones del modelo Shanks en el Cantón Central. Lo esbozado por el periodista se cumplió. “Chacabuco” fue una joya en la pampa salitrera, no sólo por su arquitectura salitrera (Garcés Feliz, 1999) sino por su impresionante infraestructura productiva (Valenzuela, 1927). Empero, nunca pudo superar los dos tercios de su producción mensual estimada en quince toneladas métricas mensuales (Bermúdez Miral, 1967).

Consignemos, como colofón, que a partir del año 1926 en la Oficina “Coya Norte”, del “Cantón del Toco”, los hermanos Guggenheim van a empezar a experimentar con un nuevo sistema tecnológico en el salitre: su propio método, el Guggenheim. La Oficina “Coya Norte” será rebautizada como Oficina “María Elena”.

Dos años antes, en 1924, había finalizado la construcción de la Oficina “Chacabuco”. La compañía inglesa Lautaro Nitrates Co. Ltd. adquirió de Baburizza, Lukinović & Cía., la propiedad de la Oficina “Chacabuco”.

La crisis de 1929-1930 pasó la cuenta al viejo modelo Shanks. Entre 1930-1945 desaparecieron las oficinas que el cronista de “El Abecé” había noticiado de modo amplio y perspicaz en 1923. La primera fue la Oficina “Francisco Puelma” en 1932. “Chacabuco” pudo prolongar su historia algunos años más. En otro lugar (González, 2004b), hemos determinado la periodización siguiente:

Entre 1924 - 1938 funcionamiento total de la Oficina.

Entre 1938 - 1945 es un mero campamento.

Desde 1945 a 1971 se verifica el proceso de desarme y declaración de monumento nacional.

Entre 1973 - 1974, se transforma en campo de concentración.

Así, “Chacabuco”, la denominada por el cronista de viaje de “El Abecé”, “madre de todas las oficinas conocidas”, desapareció.

Bibliografía

a. Periódicos

El Abecé, periódico de Antofagasta:

Ediciones 4-5-6 de agosto de 1923: En la región del salitre. Una visita a la oficina en construcción “Chacabuco”. La magnitud de los trabajos y estado en que se encuentran.

Ediciones 7-8 de agosto de 1923: En la región del salitre. Visitando la Oficina “Francisco Puelma”.

Ediciones 9-10 de agosto de 1923: En la región del salitre. En la Oficina “Araucana” de los señores Baburizza, Lukinoviv & Cía.

Edición 11 de agosto de 1923: Recorriendo la pampa salitrera. Nuestra visita a la Oficina “Sargento Aldea” de la Compañía de Salitres de Antofagasta.

Ediciones 28-29-30 de agosto de 1923: En la región del salitre. Una visita a la Oficina salitrera “Aconcagua” de la Compañía Lastenia.

Edición 31 de agosto de 1923: En la región del salitre. Una visita a la Oficina salitrera “Aconcagua” de la Compañía Lastenia (alude a la Oficina “Filomena”).



b. Bibliografía

Arias Escobedo Osvaldo, La prensa obrera en Chile. Editorial Prensa Latinoamericana, Santiago. 1970.

Bahamonde Mario, El viejo periodismo nortino. Ancora. Revista de Difusión Cultural. Universidad de Chile, Sede Antofagasta, Nº 1. 1965.

Bermúdez Miral Óscar, Las Oficinas salitreras adyacentes a la línea del ferrocarril de Antofagasta a Bolivia. Apartado del Boletín de Geógrafos de Chile. Santiago. 1967.

Garcés Feliú Eugenio, Las ciudades del salitre. Un estudio de las oficinas salitreras en la región de Antofagasta. Editorial Orígenes. 1999.

González Miranda Sergio, Hombres y Mujeres de la Pampa: Tarapacá en el Ciclo del salitre (Primera Parte). Taller de Estudios Regionales. Iquique. Chile. 1991.

González Pizarro José Antonio; Paniagua Solís Jorge, Historia Cultural de Antofagasta. Primera época, 1870-1930. Universidad del Norte. Antofagasta. Memoria de Título. 1979.

González Pizarro José Antonio, La prensa antofagastina y el proceso social, económico y cultural en las postrimerías del ciclo salitrero. Norte. Revista de Divulgación de Ciencia, Tecnología y Cultura. Universidad Católica del Norte. Año 2, Nº 2. 1997.

González Pizarro José Antonio, Marco ideológico y política comunicacional en las relaciones laborales entre la empresa y los trabajadores en las oficinas salitreras de Antofagasta durante la post-guerra (1947-1960). Revista de Ciencias Sociales Nº 8. Ediciones Campvs, Universidad Arturo Prat, Iquique. Chile. 1998 . pp. 35-48.

González Pizarro José Antonio, La “memoria salitrera” construida desde el poder. La industria del salitre en las revistas “Caliche” y “Pampa”, 1917-1967. X Jornadas Nacionales de Historia Regional de Chile. Universidad de Magallanes. 2002.

González Pizarro José Antonio, La pampa salitrera en Antofagasta. Auge y ocaso de una era histórica. La vida cotidiana durante los ciclos Shanks y Guggenheim en el desierto de Atacama. Corporación Pro Antofagasta. 2003.

González Pizarro José Antonio, La normativa del mundo social y laboral en la industria salitrera. El ciclo Shanks. Revista de Derecho Administrativo Económico Nº 1. Pontificia Universidad Católica de Chile. 2003

González Pizarro José Antonio, Estudio preliminar Personalidad y obra de Isaac Arce Ramírez, historiador del salitre, en Isaac Arce, Narraciones Históricas de Antofagasta. Corporación Pro Antofagasta. 2004

González Pizarro José Antonio, Andrés Sabella y la cultura del norte grande. Aproximaciones a la vida y obra de un hombre del desierto de Atacama. Ediciones Universitarias. Universidad Católica del Norte. 2004

González Pizarro José Antonio, La oficina salitrera “Chacabuco”. Un trozo de la historia social de Chile, 1924-1974. VII Reunión Internacional de Historiadores Latinoamericanos de la Minería. Universidad de Guanajuato, México. 2004

Panadés Vargas Juan; Obilinović Arrate Antonio, Pampa Unión: un pueblo entre el mito y la realidad. Universidad de Antofagasta, Antofagasta. 1988

Valenzuela Juvenal, Álbum zona norte de Chile. Santiago. 1927

Notas


* Historiador. Universidad Católica del Norte. Correo electrónico: jagonzal@ucn.cl.


La base de datos está protegida por derechos de autor ©espanito.com 2016
enviar mensaje