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Una perspectiva en el inicio del nuevo siglo para el análisis de las Relaciones de Trabajo. El desgaste de los consensos y sus consecuencias


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Una perspectiva en el inicio del nuevo siglo para el análisis de las Relaciones de Trabajo. El desgaste de los consensos y sus consecuencias.
Héctor Lucena

Universidad de Carabobo

23/08/06

hllucena@hotmail.com



Resumen
Se propone presentar un planteamiento que parte de la premisa de admitir que en el funcionamiento de las Relaciones de Trabajo –RT-, han sido fundamentales los consensos que se construyeron para el fomento de la democracia representativa y la industrialización sustitutiva. El creciente cuestionamiento a la primera y en buena medida agotada la segunda, lógico es plantearse dilemas en torno a que tipo de escenario tenemos ahora a los fines de entender el funcionamiento de las RT. Con los consensos en las RT, hay que tener presente el devenir histórico de cada sociedad, en donde los caminos para lograrlos han podido ser luchados, conquistados, o consensos impuestos o forzados. La tensión capital-trabajo está en el centro del problema.
Un prolongado período de deterioro de consensos frágiles y débiles en representatividad – en los 80 y 90s-, han dado lugar en el inicio del nuevo siglo, a una mayor centralización presidencialista. Empresariado y Sindicatos son objeto de recelo y desconfianza. En la presente etapa las relaciones con los actores sociales del mundo del trabajo se han diversificado, ya no se concentran en el clásico tripartismo de gobierno y las cúpulas sindicales y empresariales, ahora se invocan a otros actores, pero en todo caso no se ha llegado a la construcción y estabilización de instituciones de consulta y diálogo sobre los grandes temas del campo de las Relaciones de Trabajo.

Contenido
¿Cuál es el problema?
El mapa político latinoamericano ha venido cambiando sustancialmente en los últimos años. Por un lado el ascenso de fuerzas de la izquierda al poder político, a la conducción de gobiernos. En otros casos, si bien no ha ocurrido el ascenso al control de gobierno, se observan resultados electorales, en donde nuevas fuerzas disputan seriamente el poder a las elites tradicionales. Esto lleva a afirmar que el mapa político de la región viene cambiando sensiblemente. En este nuevo mapa se observan nuevos actores, que si bien no todos son realmente nuevos, lo que es llamativo ahora, es el protagonismo y la fuerza que han adquirido. Aquí se destaca los movimientos sociales vinculados con aquellos sectores más postrados y marginalizados, sea por la débil inserción laboral, así como por los bajos niveles de vida y consumo (Zibechi, 2005).
Todas estas categorías han estado presentes en la evolución sociopolítica de la región, pero en los últimos años hay una emergencia de movimientos que se hacen sentir en presiones y demandas como nunca antes.
El modelo industrializador sustitutivo si bien fue incluyente para amplios sectores, dejó por fuera a sectores sociales que sobrevivieron en las actividades económicas tradicionales, por supuesto sin disfrutar o disfrutando muy poco de las bondades del modelo, que como ha sido estudiado y reconocido, trajo consigo un conjunto de instituciones favorecedoras de los sectores trabajadores incluidos. Los agotamientos del modelo, fueron gradualmente reduciendo a los beneficiarios, a aquellos quienes a partir de un empleo tutelado y asistido por las instituciones de las Relaciones de Trabajo, gozaban de razonables condiciones de trabajo y de vida. Al implantarse políticas neoliberales para reorientar el modelo de desarrollo, los procesos de marginalización y exclusión adquirieron un nuevo impulso. Cada vez es más frecuente la situación de jóvenes que no consiguen inserción laboral y por tanto no llegan a constituirse en sujetos de las Relaciones de Trabajo (Castells, 2001).
Se puede afirmar que en la región, las Relaciones de Trabajo nacen como conquistas sociales, en donde el protagonismo descansó en los movimientos de trabajadores, las élites económicas y políticas, que concertaron determinado grado de reconocimientos mutuos. No se trata de afirmar que fue un proceso armonioso. Pero es importante reconocer que a partir de determinado grado de confrontación, y de desarrollo organizativo de las diversas fuerzas actuantes, se logró establecer las bases mínimas para el funcionamiento de las Relaciones de Trabajo. No fue un proceso en paralelo, que permitiera que en todos los sectores y actividades con uso del trabajo dependiente, se lograran los equilibrios necesarios para la implantación de las instituciones de las Relaciones de Trabajo. Algunos sectores alcanzaron niveles de institucionalización más temprano que otros, además de procesos más dinámicos en unas actividades que en otras. Por eso en las RT es preferible admitir que coexisten en una sociedad dada varias configuraciones, y que no hay un sistema de RT homogéneo que abarca al conjunto de las actividades productivas. Igualmente hay que señalar que han persistido amplios sectores para quienes las instituciones de las RT no le dicen nada, porque no son en absoluto sujetos laborales.
Con las políticas neoliberales el modelo económico fue reestructurado, en algunos países más que en otros, pero en todo caso en un momento dado, en los ochenta y noventa, la tendencia se extendió en todo la región. Luego de varios años de funcionamiento, en varios países se ha exacerbado la protesta social y popular. El balance muestra resultados satisfactorios en algunos sectores1, pero en general la situación económica ha contribuido al fomento de ambientes sociales y políticos inestables.
Consecuencia de lo anterior ha venido tomando cuerpo un cuestionamiento a los sistemas políticos que provienen de la ola democratizadora de los setenta, aunque en algunos casos de países que no cayeron en autoritarismo y dictaduras en esa etapa, y traen de períodos previos sistemas democráticos, como son los casos de México, Costa Rica, Colombia y Venezuela, también los cuestionamientos han tomado cuerpo.
Por tanto la palabra democracia por sí sola no es suficiente para entender su comprensión y para valorar su calidad. Es lo mismo que experimentó en los setenta y ochenta la palabra socialismo. Se adjetivó como socialismo real, para referirse a un sistema opresivo y secuestrador de libertades, y por tanto cuestionado por la derecha y por la izquierda. Con el sistema democrático ha ocurrido que se le adjetiva con el término formal, para llamar la atención que es sólo un ámbito de estricto sentido de procedimiento, y que se alejaba de la democracia real. Entonces tenemos democracia formal y democracia real, con lo que se construyó un desprecio a la primera, identificada con las élites burguesas (Ortiz, 2006). La segunda ha venido dando cabida y agregando al término democracia los adjetivos: participativa y popular, con lo que no deja de abrirse a prácticas no democráticas y autoritarias2.
Como se desprende, los cuestionamientos por razones económicas y razones políticas inflaman las protestas que se han generalizado, haciendo la gobernabilidad una tarea cada vez más compleja. Pero en las protestas ya no están centradas en los movimientos sindicales, sino en un espectro heterogéneo de fuerzas sociales, que se identifican más adelante.
En los párrafos siguientes el tema foco del presente documento se abordará con especial referencia al caso venezolano. Si bien este caso refleja las tendencias izquierdistas en la orientación gubernamental, luce junto a Bolivia, como los casos más radicales de la región. Por ello es interesante destacar que este hecho revela más nítidamente las causas de este cambio radical, así como las nuevas manifestaciones.
Los consensos: establecimiento y agotamiento
Se parte de la premisa de reconocer que en el funcionamiento de las Relaciones de Trabajo –RT-, han sido fundamentales los consensos, y en concreto en la etapa moderna de las sociedades, éstos se construyeron para el fomento de la democracia representativa y la industrialización sustitutiva3. Pero, el creciente cuestionamiento a la primera por no haber desarrollado suficientemente mecanismos transparentes de participación, y en buena medida agotada la segunda sin que se materializara una estructura productiva más autónoma, lógico es plantearse dilemas en torno a que tipo de escenario tenemos ahora a los fines de entender el funcionamiento de las RT. Con los consensos en las RT, hay que tener presente el devenir histórico de cada sociedad, en donde los diversos caminos para lograrlos han podido ser luchados y conquistados, o por otro lado consensos impuestos o forzados. La tensión capital-trabajo está en el centro del problema.
Pero los consensos en las RT fueron llevados a tal grado que algunos analistas identificaron que más que las dosis necesarias de concertaciones, se había llegado a situaciones de cierto grado de corporativismo (Salamanca 1998, Iturraspe, 2001). Con el corporativismo, los actores más que responder a las necesidades de sus afiliados, responden a las necesidades del gobierno, admitiendo que éste orienta sus políticas per se a favor de sus afiliados. Además sustentado en la enorme capacidad económica que otorga el hecho de que el Estado venezolano, con el primer boom petrolero se hizo del monopolio absoluto de la enorme riqueza petrolera -1976- , que hasta entonces, aunque propiedad del Estado, era explotada por transnacionales y aquel accedía a una cuota fiscal y de regalías importante, pero que al nacionalizarse además de estos ingresos se agregan lo de la rentabilidad del negocio, que como ya se sabía eran y siguen siendo muy sustanciosos.
Si bien la nacionalización petrolera como consecuencia de los ingresos del 1er y 2do boom petrolero en la década del setenta, satisfizo una aspiración nacionalista, los partidos que se alternaban en el poder – Acción Democrática y COPEI-, con los enormes ingresos que fueron derivados de la nacionalización petrolera, no llevaron a cabo políticas de profundización democrática, como también se empezaba a reclamar. Es por ello que los consensos en la década de los ochenta empezaron a ser cuestionados. Al funcionamiento del sistema político se le señala que el mismo se había congelado y había sido hipotecado por los partidos políticos beneficiarios del acceso al poder. El sistema político venezolano ha sido calificado como una democracia pactada (Karl, Terry, 1982).
La convulsionada situación política venezolana a lo largo de los noventa y en el primer quinquenio del nuevo siglo, es analizada para identificar causas relevantes que dieron lugar a la pérdida del consenso; en segundo lugar, para identificar las fuerzas emergentes y desplazadoras de los actores centrales del ámbito político y laboral; en tercer lugar, se pretende mencionar y analizar algunas de las nuevas institucionalidades y propuestas socio-laborales, a partir de evaluación preliminar adelantar algunas valoraciones de las mismas, teniendo presente el uso de mecanismos de consenso y consulta.
En los planteamientos medulares que dan origen a un nuevo escenario para el desenvolvimiento de las RT, ellos giran en torno al papel del Estado en la generación de propuestas que luego devienen en replanteamientos de los marcos regulatorios y construcción de políticas, que intentan llenar déficit de atención a necesidades sentidas por la sociedad, pero que sin embargo conllevan fricciones y tensiones con actores y prácticas laborales, que surgieron igualmente en un marco democrático.
El Estado venezolano, ha propuesto esquemas de intervención en las políticas laborales, que interesa analizar, ya que una de las preocupaciones de la investigación es valorar la sustentabilidad de las mismas. El nuevo régimen acumula ya siete años en el poder, nunca antes un gobierno democrático llego a tal duración, ya que los períodos eran de cinco años sin reelección inmediata. Importa apreciar cuales de sus políticas laborales encuentran mayor eco en los actores laborales, así como las que consiguen mayor resistencia. Cuales son propuestas novedosas en la misma sociedad venezolana, cuales son las viejas políticas con nuevo maquillaje. Otro ejercicio que se sugiere, aunque no se desarrolla en el presente documento, es valorar las políticas en el plano económico, es decir que significan ellas como inversión social, admitiendo que esta área aparece con menos instrumentos de análisis en el campo científico, y por tanto sus defensores y detractores con relativa inmediatez caen en el terreno de la negación de la crítica o de la negación de la evaluación.
Las manifestaciones del agotamiento de los consensos son diversas, y se pueden mencionar las siguientes:


  • Las elites económicas mantuvieron una relación unitaria con el liderazgo político partidista vigente desde la refundación democrática. Pero al ocurrir el primer boom petrolero, e inmediatamente la nacionalización de esta actividad productiva, el acceso a estos cuantiosos recursos produjo grietas en las elites económicas. El liderazgo político en funciones de gobierno mostró preferencias por unos grupos empresariales emergentes4.




  • La interrupción de la estabilidad cambiaria en 1983, que llevaba más de veinte años, y dio lugar a una etapa continuada de devaluaciones, con consecuente influencia en el deterioro de la calidad de la vida. El PIB per cápita pasó de más de 6 mil dólares en la mitad de la década del setenta a sólo 3 mil dólares a fines de los noventa.




  • A pesar de que el voto es obligatorio, aparece el abstencionismo electoral a partir de las elecciones presidenciales de 1988, que remonta al 18%, para entonces el más alto en la historia electoral moderna del país, en elecciones presidenciales. En las elecciones de 1993 que ganó R. Caldera, la abstención alcanzó el 39,84%. En las dos elecciones posteriores - 1998 y 2000 -, ganadas por H Chávez la abstención ha rebasado el 40%.




  • El 27 y 28 de febrero de 1989 se presentó un levantamiento popular – “El caracazo” o “sacudon”-que desafió radicalmente el status quo imperante. Fue efectivamente una acción demostrativa de descontento. Los pobladores, empleados, desempleados y subempleados tomaron las principales calles para llevar a cabo un intenso saqueo de comercios y lugares públicos. Los acontecimientos desbordaron a las fuerzas policiales, y luego de dos días de ausencia de gobierno, el levantamiento fue sofocado cruentamente con acciones militares. El liderazgo político, institucional y económico se comprometió en un mea culpa, reconociendo que el levantamiento de los pobladores, tenía fundamento en el hecho de que el sistema político y económico no venía dando respuesta adecuada a los problemas de pobreza y exclusión, que día a día se incrementaban. Pero luego del inicial mea culpa, al poco tiempo pareció que no había pasado nada, y se ignoraron compromisos de reformas políticas y económicas enunciadas nerviosamente al momento del levantamiento popular. El efecto de este fenómeno, apenas se sintió en los mecanismos formales del consenso laboral, en el hecho de que para estos días se estaba negociando la revisión del salario mínimo, y por supuesto el levantamiento ayudo a destrancar unas negociaciones que ya llevaban largos días.




  • Para el movimiento sindical este levantamiento significó una afrenta, ya que se evidenció su falta de sintonía para captar el sentimiento popular de los sectores más pobres. En un esfuerzo a posteriori por mostrar su capacidad de convocatoria, la CTV llama a un paro nacional de un día, el 18 de mayo de 1989. Sin embargo, las contradicciones en su liderazgo disminuyeron el impacto de dicha acción: mientras el Presidente de la CTV, Juan José Delpino, invoca como motivante del paro la lucha contra las políticas económicas del gobierno de orientación neoliberal, la Secretaría Sindical de AD, verdadero poder en el sector, coloca en primer lugar la lucha contra los especuladores, brindándole una coartada al gobierno, pero distanciándose de los sectores más afectados por la situación económica.




  • El sindicalismo en el marco de los consensos había llegado a su tu techo con un 30% de afiliación a principios de los ochenta, pero luego su tasa de afiliación empezó a declinar, llegando en el 2001 a un 14% (CNE, 2002). Es inevitable advertir que la declinación de la sindicalización es un fenómeno que trasciende las explicaciones que puedan darse en el desenvolvimiento de la dinámica política y macroeconómica venezolana. Hay que dirigir la mirada y el análisis a las complejas transformaciones que se suceden en los mercados laborales y en los sistemas productivos (Rodríguez, 1999; Bilbao, 1995). Venezuela no ha sido inmune a las mismas. Aunque sí hay que destacar que Venezuela fue uno de los países en donde la baja de la sindicalización fue más acentuada, en este mismo período, la baja de la tasa en Argentina y Brasil por ejemplo fue cinco veces menos que en Venezuela (Anner, 2006). Importa destacar que el esfuerzo organizativo del movimiento sindical privilegió a las grandes y medianas empresas, así como al sector público. Teniendo presente que la mayor parte de la fuerza de trabajo en el ámbito privado laboraba en las pequeñas empresas, así como en las actividades informales, resta entonces admitir que el movimiento sindical transitaba un camino que muestra claramente límites estructurales a sus propias posibilidades de crecimiento.




  • Dos levantamientos militares en 1992, en febrero y noviembre, agregan razones demostrativas de la profunda crisis política que vive el país. Los levantamientos evidencian la crisis del bipartidismo y con ello del sindicalismo tutelado, que en tanto movimiento social había perdido la sintonía con sus representados. Si bien los alzamientos fueron derrotados militarmente, dejaron sentir importantes consecuencias políticas: fueron el germen que en lo inmediato aceleró el descontento existente con el ejercicio presidencial, que se manifestó en un juicio que llevó a la Corte Suprema de Justicia a destituir el Presidente de la República, Carlos Andrés Pérez, en mayo de 1993, bajo cargos de corrupción. Este hecho no significó la superación de la crisis política, sino más bien expresión de su agudización. En general ante los levantamientos militares, la reacción del sindicalismo cetevista fue levantar las banderas de la defensa del sistema democrático, al igual que en los primeros años post dictadura perezjimenista, sólo que para aquel entonces el sistema democrático estaba dando sus primeros pasos y la población tenia esperanzas en sus contribuciones.



  • La pérdida de los consensos se manifiesta con los resultados de las elecciones presidenciales de diciembre de 1993. La primera derrota electoral de los partidos tradicionales, AD y COPEI, que desde 1958 venían alternándose en el control del gobierno y de las instituciones públicas y representaban las dos primeras fuerzas políticas en el movimiento sindical. El resultado electoral en 1993 fue capitalizado por un viejo dirigente fundador del partido socialcristiano, Rafael Caldera, quien se había separado del partido y aprovechó el fallido golpe militar -1992- para repotenciar su hasta entonces débil candidatura presidencial, deslindándose de las fuerzas políticas tradicionales. Pero su triunfo, con el apoyo de una multitud de pequeñas organizaciones partidistas, constituyó una precaria victoria electoral, con apenas el 30% de la población votante, hecho que colocó al gobierno naciente en situación de debilidad ante los órganos parlamentarios, las gobernaciones y las alcaldías, que seguían bajo el control de los dos partidos políticos tradicionales. Por tanto, no se emprendieron las profundas reformas políticas necesarias que contribuyeran a salir de la crisis. El país continúo deteriorándose. El gobierno, en sus dos últimos años, promovió y logró articular un proceso de diálogo social como vía para emprender reformas laborales, pero el grado de desconexión entre dirigentes y representados por parte de los actores de la producción, particularmente la representación laboral, conspiró en contra de la voluntad del Ejecutivo. Además, el grado exclusión existente en el ámbito de la fuerza de trabajo, sin vínculos estables con el mercado laboral y por tanto con la cúpula sindical, plantea un problema de viabilidad y legitimidad a todo esfuerzo de concertación que ignore a tan amplias capas sociales.




  • Avanzada la década del noventa -1996 y 1997-, los actores sociales realizan un interesante esfuerzo concertador – Fedecámaras y CTV- , con la convocatoria que animó el poder ejecutivo. Los temas abordados fueron complejos, ya que por un lado estaba latente la aspiración empresarial de revisar el régimen de prestaciones sociales, que había resistido las presiones al momento de la reforma de la Ley Orgánica del Trabajo en 1990. Por otro lado el ejecutivo y el movimiento sindical admitían la grave crisis del sistema de seguridad social, y aspiraban su revisión y reforma. Finalmente el movimiento sindical resentía la tendencia a la bonificación del salario. Las negociaciones se desarrollaron en los niveles cupulares, pero el producto final despertó polémicas, más por las reservas que se tenían con relación a la representatividad de la CTV, dado el deterioro reinante de los mercados laborales, que dejaba sin la existencia de organización alguna a la amplia mayoría de los trabajadores, que por los contenidos de los acuerdos en lo que respecta al cambio del régimen prestacional5.

Actores emergentes en la conducción político estatal
Se ha evidenciado que los consensos que sustentaban el modelo de Relaciones de Trabajo venían perdiendo piso. Los viejos actores, como eran los partidos políticos tradicionales, las centrales empresariales y sindicales, fueron señaladas como responsables del deterioro reinante en el funcionamiento del país. El discurso acusador fue demoledor y despertó entusiasmos en los sectores más pobres, y dado que la pobreza estaba tan extendida, esto significó la mayor parte de la población.
Ante las evidencias analizadas que dieron lugar a la pérdida de los consensos, no sólo en el ámbito laboral sino en el marco político que le sirve de contexto, se produce por tanto un vacío que vendrá a ser llenado por las fuerzas que logren el mayor grado de apoyo. Es justamente ello lo que ocurre en las elecciones presidenciales de 1998, al emerger nuevos actores políticos, dado el continuado deterioro de los actores tradicionales.
El gobierno, que asciende al poder electoralmente en febrero de 1999 –Hugo Chávez- basó su campaña electoral en una crítica radical al sistema político imperante. Criticó a la democracia representativa y promovió la democracia participativa. Calificó que la primera había sido hipotecada por el liderazgo político partidista de los partidos dominantes que se había repartido el poder a lo largo de varias décadas. Este nuevo liderazgo sí contó con suficiente apoyo electoral para plantearse y poder llevar a cabo cambios políticos radicales. La elección de una Asamblea Nacional Constituyente y la correspondiente elaboración de una nueva Constitución Nacional se convierten en las metas políticas fundamentales alcanzadas. Los eventos electorales nacionales celebrados entre diciembre de 1998 y 1999 evidencian que las organizaciones políticas que tradicionalmente habían dominado la escena política casi desaparecen del escenario. No obstante, en todos estos eventos, se mantienen altos niveles de abstención. Una nueva mayoría emerge en el espectro político, liderizada por militares que encabezaron los levantamientos de 1992, a los que se unen organizaciones de izquierda, que tradicionalmente competían en la política venezolana, pero con porciones menores que no superaron en su mejor momento el 12%. La activa participación del sector militar en funciones relacionadas con la administración pública y en la vida política en general, ha llevado a calificaciones de que el proceso político lleva la tendencia hacia el militarismo, aunque por la vía de mecanismos electorales (Norden 2003; Álvarez, 2004).

¿Que ocurre con los actores tradicionales o típicos en el funcionamiento de las Relaciones de Trabajo? La relación con los nuevos actores políticos al frente de las instituciones estatales ha sido tirante, en uno y otro sentido. Luego del agotamiento del consenso previo, la construcción de uno nuevo para el funcionamiento de las RT se encuentra en una etapa de transición. Se hacen propuestas que marcan distancia con la institucionalidad previa. Se está en una etapa de construcción de instituciones. Con los actores tradicionales de las RT, tanto del lado sindical como empresarial, se mantiene la tirantez, incluso el no reconocimiento a la central sindical tradicional ha sido un hecho constante ya por varios años6.

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