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Una experiencia testimonial


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LA FUNDACIÓN DEL PARTIDO COMUNISTA DEL ECUADOR

UNA EXPERIENCIA TESTIMONIAL
(Entrevista realizada a César Endara, en 1986, uno de los fundadores del PCE)
 "He creído conveniente dar una exposición que comprenda los períodos que tuvo el Partido Socialista hasta cuando se transformó en Partido Comunista del Ecuador. Naturalmente que la herencia que nosotros hemos asimilado a través de la conformación del Partido tiene diferentes circunstancias que, de acuerdo a los procesos históricos y al desenvolvimiento del país, fueron formando las distintas facetas de desarrollo del Partido. Puede decir que de estas facetas se conformó el Partido Comunista que tenemos actualmente. Un Partido que se basa en los principios marxistas—leninistas y que tiene como objetivo supremo la transformación de esta sociedad caduca y la construcción de la nueva sociedad: la sociedad comunista.

Es evidente que todas las mencionadas etapas tienen su condicionamiento en la realidad social económica de la sociedad, y que por lo tanto, nosotros, al hacer una historia real del desarrollo el Partido Comunista desde su fundación en 1926, tenemos también que hacer un pequeño es quema de las condiciones sociales y económicas que paralelamente han ido existiendo en el país.

A través de toda la historia del Ecuador ha habido insurgencias profundas y radicales. Estas insurgencias, como ya señalara Marx, son expresiones de la constante lucha de las clases sociales que, en el presente siglo, se ha reflejado en diversos aspectos, desde la Revolución Liberal de 1895 hasta los acontecimientos de la fundación del Partido en 1926.

Las insurgencias que se .dieron alrededor de 1922 fueron insurgencias contra el sistema feudal, que era lo que predominaba entonces. En este contexto habíamos un grupo de obreros, intelectuales, escritores e inclusive elementos de origen popular que luchábamos por la transformación y las reivindicaciones, y luchábamos contra las formas atrasadas de la economía, en las que predominaba, especialmente, el elemento clerical; contra la forma de dominación de los grandes terratenientes, y también, contra los sectores de la nueva burguesía (que se iba formando en Guayaquil), una burguesía esencialmente comercial y bancaria,

Para principios del siglo, la revolución mexicana, que fue una lucha antifeudal, levantó en ciertos sectores de artesanos y de elementos antifeudales del país una simpatía bastante considerable. Sin embargo, no puede decirse que de por sí la revolución mexicana haya tenido una verdadera influencia en el Ecuador. Pero sus objetivos democráticos, sin lugar a dudas, influyeron en los sectores más avanzados.

En 1925 concurrió a nuestro país como Encargado de Negocios del Gobierno Mexicano, Rafael Ramos Pedrueza. El organizó en Quito un pequeño grupo de tendencia marxista. Ramos Pedrueza, miembro del Partido Comunista de México, se preocupó de reunir a un pequeño grupo de intelectuales y obreros (especialmente de las artes gráficas) que llegaría a denominarse para la historia el Grupo de Acción "LENIN".

Un año antes, esto es 1924, se había ya formado un periódico que se llamaba "ANTORCHA" que dirigía el compañero Ricardo Paredes; Ricardo Paredes, quien jugará un papel importante en la conformación, organización y desarrollo del Partido. "LA ANTORCHA", que él dirigiera, cumplió un papel importante en la consolidación de nuestro movimiento, pero, previamente tenemos que considerar a una serié de intelectuales que tenían atisbos de concepciones socialistas, influenciados ellos no sólo por la revolución mexicana sino por el inmenso impacto de la primera revolución socialista en el mundo, la Revolución de Octubre de 1917.

Entre ellos había algunos que hablaban ya, en cierta manera, cuestiones de carácter proletario; y en concordancia con esto, se fue generando una tendencia positiva en varios sectores, la cual se caracterizaba por la intención de crear una fuerza que tendría que ser la que abra el camino para las transformaciones del país.

Nuestro partido principió a conformarse con la reunión de pequeños grupos en distintas provincias del país, en parte inspirados por la tendencia de Ramos Pedrueza quien impulsaba la conformación de un Partido Comunista en el Ecuador. Entonces, el Partido principió a organizarse con una serie de grupos de carácter intelectual y de grupos reducidos de obreros (no olvidemos que la industria era muy incipiente). Además de todo esto, tuvo su vigorosa trascendencia el hecho de que en 1917 sé había producido la revolución rusa, de tal modo que este acontecimiento unido a los demás, daba, diríamos, un impulso a los sectores interesados en buscar una transformación que diera salida a los ingentes problemas económicos y sociales, en la necesidad de desarrollar económicamente al país-e incentivar la posibilidad de formación y robustecimiento de una clase obrera.

En este contexto, el 15 de Noviembre de 1922 fue una clara muestra de la capacidad de lucha de las masas populares y, en particular, de los trabajadores, en aras de las transformaciones ambicionadas. La crisis agotaba al país en ese período: la crisis del cacao que repercutió en el nivel de vida de todo el pueblo ecuatoriano. La oligarquía guayaquileña, por medio de los bancos, ejercían un control sobre la situación. Las inversiones del imperialismo en el Ecuador no eran de consideración, pero por el mismo hecho de su dominio del mercado, siendo ellos los compradores y consumidores del cacao, era notable su incidencia en la economía del país en los momentos de la crisis. Fue entonces que sectores inclusive de la burguesía se pronunciaron contra el dominio de carácter económico que ejercía ya el imperialismo en el Ecuador.

La crisis condujo pues a una situación revolucionaria. Para todos es bien conocido lo que significó el 15 de Noviembre de 1922, en el que se sacrificó a un conjunto de masas populares que se manifestó en el sentido de reivindicaciones de carácter obrero en un programa que abarcaba, además, otros aspectos, y en el se proponía un avance en la lucha, especialmente contra la oligarquía guayaquileña.

Aquí tenemos el complejo de circunstancias históricas de carácter nacional e internacional que crearon un ambiente favorable para que los sectores más progresistas y revolucionarios buscaran formar un nuevo Partido.

Se debe considerar también en 1922 la fuerte influencia que ejercieron en las luchas ciertas tendencias anarquistas que se propagaron y tuvieron su asidero en algunos sectores del proletariado en formación y de los intelectuales. Aunque la influencia anarquista en el Ecuador perdió el alcance que había logrado hasta 1922, aún era bastante extendida y no dejó de tener su influencia en ciertos sectores receptivos, a través de medios literarios como libros y folletos que llegaban a algunas librerías de Quito y Guayaquil. Por esta misma vía fue decisiva la influencia que ejerció el conocimiento del proceso de la revolución socialista de Octubre.

En 1926 se da en Cayambe un movimiento de campesinos y pobladores en la lucha por la tierra: se toman la hacienda Guachalá con el intentó de recuperar —más que expropiar— la tierra de manos de los terratenientes. Pero esta valerosa actitud de la población de Cayambe y de los campesinos pertenecientes a la hacienda de Bonifaz, fue reducida al fracaso a través de la expulsión y la represión de los trabajadores por el Ejército. Sin embargo este hecho favoreció a la formación de un panorama apto, propicio, para la creación de una nueva orientación de orden político, de una organización que aglutinara a todas estas fuerzas y que conformara una fuerza política nueva. Y la única forma de hacer esto era organizando un partido político y este partido político fue el Partido Socialista.

En 1925 se produce la transformación del 9 de Julio. Muchos tratadistas e historiadores consideran que fue un movimiento de gran avanzada; yo considero que en cierta manera tuvo sus atisbos progresistas. Recordemos la contradicción profunda existente entre los terratenientes de la sierra y los grupos de comerciantes que dominaron la banca, en especial el Banco Comercial y Agrícola. Estos dirigían la economía e inclusive imponían las sucesiones presidenciales. Después del arrastre de los Alfaro en 1912, naturalmente los liberales perdieron la confianza popular y, bajo la bandera del liberalismo, los elementos oligárquicos reaccionarios y la Banca que ejercía el dominio económico, impusieron sus presidentes. Córdova fue uno de ellos y así muchos, inclusive puedo decir de los anteriores presidentes como Tamayo, que fue el que gobernaba durante el período en que se dio la criminal masacre de los trabajadores guayaquileños en un día nefasto para la historia nacional: el 15 de noviembre de 1922.

Como ustedes podrán ver, con la revolución del 9 de Julio de 1925 se formó un Gobierno en el que, naturalmente, había contradicciones profundas. Un sector que deseaba dar impulso a esa revolución con una actitud positiva de solucionar determinados problemas económicos: el mismo hecho del 15 de Noviembre, la situación económica creada, la ausencia de una libertad electoral que permita al pueblo manifestarse, etc. El asunto de la libertad electoral fue una tesis profundamente democrática entonces. Recordemos que el número de electores era completamente reducido. Marginándose a gran parte de la población del proceso electoral.

Pero la revolución del 9 de Julio fracasó en su intento. Fracciones de la clase dominante criolla tomaron la dirección del proceso, impulsando la vía reaccionaria del desarrollo capitalista en condiciones de dependencia con respecto al imperialismo, en particular al imperialismo norteamericano.

Frente al fracaso y a la necesidad de organizar las fuerzas sociales y políticas que lleven adelante los anhelos de transformación del país, continuamos agrupando y organizando nuestras fuerzas. En ese entonces, se empezó a destacar una figura importante para la izquierda ecuatoriana, me refiero al Comandante Mendoza, que desde Guayaquil, con sus actitudes radicales respecto a los acuciantes problemas económicos y sociales del país, influyó en nuestro ánimo. A él se le empezó a conocer como el "Lenin del Ecuador".

Hasta mayo de 1926 ya estábamos organizados en distintas ciudades y zonas: en Cuenca, en Loja, el Otavalo, en Ambato; en Tulcán se había organizado el Grupo "La Reforma"; en Ibarra el Grupo "LENIN"; en Riobamba, ciudad donde nació Ricardo Paredes, el denominado Partido Socialdemócrata; el Grupo; "28 de Marzo" y la Asamblea Socialista en Guayaquil.

No solamente existía el grupo que habíamos organizado en Quito, sino que ya había a escala nacional los elementos necesarios para crear un Partido Político organizado. Esta tarea, para honra nuestra, la -encabezó, la dirigió y organizó Ricardo Paredes, quien cumplió, precisamente, un papel destacado e importantísimo en la realización de la Conferencia del 16 al 23 de Mayo dé 1926; y, si mal no recuerdo, es con la concurrencia en todas estas provincias que se constituye el Partido Socialista Ecuatoriano.

En este I Congreso de fundación y organización del Partido, de hecho tuvieron que aflorar las diferentes tendencias ideológicas que expresaron los distintos intereses de los grupos sociales que conformaron el Congreso, donde hubo, predominio de los intelectuales y elementos de clase media, y que inclusive tuvo como delegado a uno de los grandes terratenientes de entonces, el coronel Juan Manuel Laso quien no sólo formó parte sino que auspició la realización de la I Asamblea Socialista Nacional.

Puedo asegurar que había una realmente escasa representación de la clase obrera. La clase obrera todavía no jugaba un papel muy importante, pero estuvimos presentes un número aunque reducido de obreros, especialmente gráficos (entonces yo era obrero tipográfico y concurrí al congreso como su representante). Entre nosotros, los tipógrafos, existían tendencias anarquistas, pero también existían elementos del pensamiento revolucionario de carácter Marxista—Leninista. ¡Era tan escasa la literatura de que nosotros disponíamos! De todas maneras había confusión en la exposición de las ideas y en los conceptos mismos de lo que debía ser un Partido de la clase obrera.

Decía que en el Congreso se manifestaron diferentes tendencias: desde la puramente socialdemócrata o reformista; otra, de carácter abiertamente liberal; hasta la tendencia de carácter comunista, influenciada por la Revolución Rusa. El Grupo de Ramos Pedrueza tuvo sus delegados en el Congreso y fue un núcleo combativo que mantuvo su participación activa y que ejerció su influencia en el desarrollo del Congreso. Hubo serios problemas, serias discusiones y discrepancias. La mayoría de representantes de la intelectualidad y de la clase media, planteó problemas, en general, de carácter "humanistas". Este I Congreso —a mi entender— no tuvo una fisonomía propia de un Partido al que podría denominarse BOLCHEVIQUE (pese a nuestra participación como Grupo Comunista y de la presencia de delegados obreros que representamos el 17 o/o del total de delegados del Congreso), es decir, el Congreso de un Partido bajo la influencia y con las formas de organización y formas programáticas del Marxismo—Leninismo. Y esto no se dio porque, como dije, existían una serie de tendencias que se definieron y enfrentaron en el período del Congreso.

En fin, después de que en el Congreso se expresaron diversas opiniones (en su mayoría contradictorias), tuvimos dificultades en tomar una Resolución que garantice el desarrollo del Partido. En este proceso emergieron dos tendencias ideológicas claramente definidas: la socialdemócrata y la marxista—leninista, a la cual nos adheríamos como Grupo LENIN, y que tendía a forjar un Partido de carácter revolucionario proletario.

Como dije anteriormente, creíamos nosotros que lo necesario era darle esa fisonomía revolucionaria con la creación de un Partido Comunista, aunque con el nombre de Partido Socialista. En "este punto, La discusión tuvo verdaderamente un alcance ideológico profundo —de extraordinaria importancia histórica— para las condiciones de ese entonces. Nosotros planteamos la tesis de la adhesión a la INTERNACIONAL COMUNISTA a fin de darle un carácter ya de orientación dentro de los conceptos marxistas—leninistas a nuestro naciente Partido.

El Congreso no pudo resolver este problema ya que las discrepancias surgidas fueron, de tal intensidad y naturaleza que impidieron conseguir una votación en favor a la adhesión a la Internacional Comunista. Además, se suscitó en el Congreso un incidente que de no habérselo enfrentado hubiese tenido nefastas consecuencias. Numerosos elementos reaccionarios dirigidos por el clero, y especialmente por los Jesuitas, invadieron el local del Municipio, situado en la plaza de la Independencia, donde nos encontrábamos sesionando. El ataque fue violento por parte de esta banda reaccionaria. Pero los delegados al Congreso y asistentes en la barra supieron responder con energía a la provocación. Recuerdo que en todo este enfrentamiento hubo compañeros heridos y golpeados. Pero, una vez rechazada la agresión, el Congreso pudo continuar sesionando normalmente. Este incidente, en cierto sentido, nos dio aliento en el debate; manifestándose muchos compañeros en la necesidad de formar realmente un Partido Revolucionario, un Partido que tienda a una transformación radical y profunda de la sociedad ecuatoriana. Sin embargo, no se pudo conseguir una mayoría que hubiese permitido decidir nuestra adhesión a la Internacional Comunista, y en estas condiciones, el Congreso resolvió a último momento lo siguiente:

La Resolución aprobada en la sesión de clausura en la qué se demandaba la adhesión a la Internacional Comunista, facultó al Consejo Central Ejecutivo Socialista que, previa la aprobación de la Mayoría de los Consejos Provinciales, debía resolver si el Partido debía o no adherirse a la Internacional. Esta disposición se cumplió posteriormente, Cuando, en mis funciones de Secretario General del Consejo Central, dirigí una Circular a todos los Consejos Provinciales consultándoles sobre el particular, a lo que respondieron dando su aprobación.

Recuerdo que para esto, el Congreso de 1926 nombró su Consejo Central, con representación provincial, que quedó integrado de la siguiente manera: el poeta César Carrera Andrade, en representación de la provincia del Carchi; Pablo Charpentier, ingeniero, por Imbabura; Emilio Uzcátegui, Profesor hace poco fallecido, en representación de la Provincia de Pichincha (tanto Emilio Uzcátegui como Pablo Charpentier fueron miembros de la tendencia comunista); el abogado Juan Genaro Jaramillo, por la provincia de León; por Tungurahua, me nombraron a mí; Ricardo Paredes, médico, por Chimborazo; Hugo Moncayo, intelectual pequeño burgués, por la provincia de Bolívar; Adolfo Símons, que después llegó a ser director del Periódico El Telégrafo de la ciudad de Guayaquil, por la provincia del Guayas; el abogado Gregorio Cordero León, por el Azuay; por la provincia del Cañar, estuvo como representante el ilustre poeta ecuatoriano, amigo y compañero, Jorge Carrera Andrade; por Loja, Ángel Modesto Paredes (hermano de Ricardo); Luis Anda Rumazo, Profesor de Enseñanza Secundaria, por la Provincia de El Oro; por Los Ríos, Segundó Dávila Castro, también profesor; por Manabí, Evangelista Príftes (un compañero comunista de nacionalidad griega que vino al país y luchaba muy decididamente por sus concepciones comunistas); por Esmeraldas, Luis F. Chávez, abogado; y por el Oriente, Leonardo J. Muñoz, quien desde entonces era librero.

Como se puede observar, en la composición social del Consejo Central del Partido la clase obrera no tuvo casi ninguna representación, sin que esto signifique que los intelectuales ahí representados fueran anticomunistas en su conjunto. Al contrario, la mayoría de ellos fueron decididos defensores de la causa comunista y firmes adherentes a la Internacional.

He aquí, en breves rasgos, ciertas características políticas de los miembros que formaron el primer Consejo del Partido Socialista.

Es así que después de dirigida la circular y con la aprobación de los diferentes Comités Provinciales del país, resolvimos adherirnos a la Internacional Comunista, solicitud que fue aceptada en el Sexto Congreso de la Internacional realizada en Moscú. El Partido entró a formar parte, entonces, como destacamento nacional o sección de la Internacional.

Debo señalar que, con anterioridad, hubo varias manifestaciones de adhesión a la Internacional Comunista. Todas ellas provenientes de los integrantes del Grupo Lenin, dirigido por el compañero Ramos Pedrueza. Claro está, es comprensible que un organismo como la Internacional no podía adoptar una resolución de aceptación de una sección si ésta provenía simplemente de un Grupo y no de una organización mucho más amplia y de carácter nacional. Requisito fundamental, recuerdo que era, el de que la adhesión sean expresión de un movimiento nacional. Por esta razón el Grupo Lenin no fue reconocido como Partido Comunista en sentido estricto. Para eso se hizo necesario que la adhesión surgiera de un Partido de alcance nacional, el Partido Socialista Ecuatoriano, solicitud que envié a Moscú en nombre del Comité Central del Partido y con la aprobación de todas las organizaciones provinciales, para que la Internacional Comunista nos aceptara como su sección.

Es necesario subrayar que las funciones de Secretario General, cargo que asumí por voluntad del Comité Central del Partido, no tenían ni el ámbito ni el control en el comando como lo tiene actualmente. Al contrario, el Secretario General era un funcionario que, en definitiva, tenía que poner en resolución los acuerdos, hacer comunicaciones, etc.; pero de todas maneras, como Secretario General tuve que dirigir es circular a las provincias, cumpliendo con el mandato del I Congreso, eso fue en 1928, cuando recibí la aceptación de todos los organismos para nuestra adhesión a la III Internacional.

En ese año fui designado como estudiante becario para el Curso en la Universidad Comunista de los Trabajadores de Oriente. Designación que recayó también en 3 compañeros más. Entonces habíamos publicado un periódico que se llamó "La Fragua" que además fue conocido como el “Órgano de los Amigos de Lenin” cuyos Redactores eran precisamente Enrique Terán, como director, el poeta Jorge Carrera Andrade y yo. Poco tiempo estuve al frente del cargo de Secretario General, puesto que mi viaje a Moscú —para fines de ese año— hizo inminente mi separación.

Mas, para entonces, con nuestro periódico y con el desarrollo del Partido, de su Comité Central y de los Comités Provinciales, se sentía, la necesidad de forjar un Partido revolucionario de nuevo tipo, un Partido que garantice la conducción de la revolución ecuatoriana hacia la liberación definitiva de los trabajadores, un Partido que comprendiera no sólo los problemas generales del país, sino además, los problemas particulares que surgían con una clase obrera en crecimiento.

Lógico es suponer que nuestra clase obrera, la de la década del 20, era aún tímida, cohibida, no sólo por su falta de experiencia en los combates de clase sino también por las formas represivas y violentas que utilizaban los patrones y el Estado contra cualquier pronunciamiento obrero.

Nuestro I Congreso, consciente de estas debilidades de nuestra clase, trazó una serie de tareas para la organización de los trabajadores en Sindicatos. En particular, dio una concepción un tanto humanista (que no entendíamos bien) sobre el problema. Creo que ésta fue una debilidad teórica tremenda para nuestro movimiento, porque en el Manifiesto aprobado en el Congreso de 1926, en una de sus partes decía: “. . .el egoísmo que preside a todos los actos humanos engendra el insaciable afán de predominio personal (. . .)", etc., etc. ¡Marx con su poderoso genio hubiese destruido esta concepción ideológica!

Estas frase, ¡solo esta frase!, nos da la idea de que nosotros, en general, no teníamos un concepto preciso sobre la lucha de clases, sobre la clase obrera y .sobré la necesidad de reivindicarla desde el punto de vista de que en el Ecuador nacía ya una clase que debía encabezar y dirigir, a través de la lucha de clases, la toma de poder político y la constitución de una sociedad socialista.

En el MANIFIESTO DEL PARTIDO SOCIALISTA de 1926 se observa nuestra limitación teórica. Aquel "egoísmo" no era sino el egoísmo propio del sistema capitalista y de sus mecanismos de explotación. Pero nosotros no tomamos en cuenta al desarrollo del capitalismo, en condiciones de dependencia, que ya entonces se desenvolvía muy lentamente en la economía nacional. Casi parece ser que éste no existía para nosotros. Si no cómo se explica aquella afirmación que hacíamos en el Manifiesto:

"El hombre combate al hombre y la sociedad y el Estado, que deben cumplir con el sagrado deber de armonizar los derechos de todos, de proteger al débil para que no cunda una porfiada lucha de la humanidad, consagra por el contrario el mal (.. .)", etc., etc.

Nuevamente las frases huecas, las palabras vacías. Pero, sin embargo, á través del estudio de las obras clásicas del marxismo—leninismo que empezaron a llegar gracias a la política de una editorial española y a nuestro propio desarrollo teórico y práctico, fuimos madurando, tomando conciencia y creciendo como cuadros políticos, comprendiendo que nuestra TAREA FUNDAMENTAL ERA PENETRAR CON NUESTRA ORGANIZACIÓN & IDEOLOGÍA AL INTERIOR DEL MOVIMIENTO OBRERO, y lo debo decir, compañero, que llegamos a definir una política y una lucha intransigente contra todas las formas atrasadas y caducas de
producción, especialmente en el campo, donde imperaba la forma despótica feudal de la economía terrateniente y todas sus lacras sociales de miseria y atraso.

Desde entonces nuestra lucha —en mi juicio, histórica— hizo hincapié y puso mucho énfasis en la necesidad de la transformación agraria antifeudal de un sector importantísimo de la economía del país. Este es un mérito indiscutible de nuestro Partido en el presente siglo. Es decir, tuvimos la sensibilidad de levantar una consigna profundamente democrática y progresista que la burguesía criolla fue incapaz, históricamente incapaz, de llevarla adelante desde 1895. El Partido hizo suya la bandera del campesinado y del movimiento indígena por la Reforma Agraria y la liquidación del latifundismo, comprendiendo que para ello se hacía necesario desarrollar y vigorizar la alianza entre la clase obrera y el campesinado. Alianza que empezó a germinar allá, en 1926, cuando indígenas auténticos, indígenas huasipungueros y ex-conciertos, formaron parte del I Congreso de fundación del Partido, y, entre ellos, como firme combatiente por el derecho a la tierra, JESÚS GUALAVISI, quien asistió en representación del movimiento indígena de Cayambe.

Como podemos observar, todas estas situaciones Objetivas y subjetivas (desde el trabajo en los Frentes de Masas hasta las discusiones internas sobre la definición de nuestra política) fueron creando una serie de contradicciones en el seno del Partido a fin de clasificar los conceptos, las consignas y, lo más importante, la de clasificar la verdadera orientación que debíamos seguir como Partido Revolucionario, como Partido Bolchevique. La lucha interna, como es lógico suponer, supuso un período de crisis entre nosotros y, como efecto, hasta el año de 1930 el Partido tuvo que crecer lentamente. Pero lo importante es que esto permitió desarrollarlo y organizarlo en forma cualitativamente nueva, quiero decir, que a través de las pugnas y las luchas internas nos fuimos depurando de concepciones erróneas, de ciertas actitudes socialdemócratas reformistas, con el fin de forjar un Partido que respondiera a los principios establecidos por la ideología comunista y entre estos principios el de la liberación nacional, antiimperialista y el progreso social.

Hacia 1930 nos encontrábamos en Moscú como estudiantes de la universidad de los trabajadores de Oriente. ! 0h, sorpresa nuestra, cuando nos invitaron a una reunión con los dirigentes de la sección latina de la Internacional que la presidía el c. Ercoli (Palmiro Togliati). El objeto de la reunión era esclarecer un problema surgido a raíz de una comunicación enviada por Enrique Terán, quien me había reemplazado en las funciones de Secretario General del Partido Socialista.

Dicha comunicación sin duda preocupó seriamente la atención de la dirección de la sección latina de la Internacional Comunista por lo que requirieron de nosotros una información de la composición y condición social de los miembros del Comité Central del Partido Socialista Ecuatoriano.

A mi regreso a Ecuador se me informó que la sección Latina de la Internacional Comunista había enviado una comunicación al Comité Central del Partido Socialista Ecuatoriano, en la que no se recriminaba ni planteaba crítica alguna de orden ideológico, sino que, únicamente, se insinuaba se diera una mayor participación a representantes de la clase obrera en la composición del Comité Central del Partido.

Posteriormente, en conversación con un camarada que dijo haber tenido conocimiento de esa comunicación, me manifestó que ésta contenía una propuesta de un personaje norteamericano ofreciendo conceder una cantidad de dinero con el objeto de hacer la revolución en el Ecuador, con la condición única de que a cambio de esa cantidad, se le concediera el monopolio de la exploración y explotación petrolífera del país.

El conocimiento que se tuvo aquí de la comunicación de la Internacional Comunista dirigida al Comité Central del Partido, disgustó a determinados miembros del Comité. Esto ocurrió a fines de 1930, cuando ellos lanzaron en Febrero un Manifiesto al País, en el que decían que la Internacional desconocía los problemas existentes a nivel nacional y que, por lo tanto, ellos no aceptaban la insinuación de la Internacional Comunista, resolviendo —así lo hicieron— separarse de las filas del Partido.

Lo importante es que el Partido siguió conservando su integridad interna. El fraccionalismo de los intelectuales y de algunos elementos burgueses no debilitó la estructura interna.

Ya Ricardo Paredes, comprendiendo que la situación creada daba lugar a una serie de equívocos en la conducción del Partido, planteó la necesidad de cambiar la denominación del Partido Socialista por la denominación de Partido Comunista del Ecuador, Sección de la III Internacional creada por Lenin.

Ricardo jugó un papel histórico importante en aquellos momentos. Tomó una actitud firme y decidida sobre el problema y dirigió la lucha por la defensa de la adhesión a la Internacional Comunista, por el afianzamiento de las resoluciones correctas tomadas por el Partido y por la organización de un nuevo Congreso que discuta y resuelva los problemas surgidos. Así fue como en 1931, reunido el II Congreso del Partido Socialista Ecuatoriano se resolvió cambiar el nombre del Partido y denominarlo Partido Comunista del Ecuador. Puede decirse que se afianzó orgánicamente la necesidad de estructurar y desarrollar un Partido Obrero. Esta tarea guió indiscutiblemente nuestros esfuerzos por organizar y elevar el nivel de conciencia del movimiento obrero ecuatoriano y, conjuntamente, con la firme idea de unificar las luchas de los obreros y campesinos, empezamos a trabajar con energía en la organización del campesinado, tarea que ya habíamos iniciado desde la fundación del primer sindicato campesino de Cayambe, presidido por Gualavisí, en 1926, como frente de lucha contra todas las formas de opresión feudal que subsistían en el campo.

Nuestro Partido, el Partido Comunista, el Partido de la clase obrera, tiene un mérito de ser el primero que emprendió una lucha tenaz en defensa de los campesinos y de los indígenas de la sierra y de los campesinos de la costa. Nuestra influencia decisiva fue en Milagro, para la costa, mientras para la sierra éramos conscientes entonces de la necesidad de crear una organización sólida de fuerzas indígenas, porque naturalmente el indigenado era el trabajador agrícola, era el campesino, el huasipunguero o el proletario en el campo. La agricultura, puede decirse, se basaba predominantemente en una economía terrateniente tradicional y conservadora, asentada sobre una inmensa masa de campesinos indígenas en su mayor parte adscritos a las grandes haciendas.

El Partido tomó la decisión de crear una gran Organización Campesina de Indígenas. Para esto, en el año de 1931 (por el mes de Agosto), convocó a una concentración campesina general a realizarse en Cayambe y que hubiese sido la I Gran Asamblea de los Indígenas de la sierra en nuestra historia contemporánea. Pero, parece ser, que el Gobierno de Isidro Ayora y los sectores terratenientes se alarmaron por esta Convocatoria del Partido a la Asamblea Campesina, que se calculaba en más de 1.000 compañeros asistentes, delegados de todas las zonas indígenas del país. Considero que llegó a tal grado el susto, el nerviosismo del Gobierno y de los terratenientes, que de inmediato (si mal no recuerdo) decretaron un estado de sitio que imposibilitó la movilización de los delegados indígenas hacia Cayambe, y así nos frustraron realmente la convocatoria de esta concentración que hubiera tenido —de realizarse— una gran significación en el futuro desarrollo del movimiento indígena del país.

Sin embargo, en ningún momento el Partido dejó de considerar que una de sus tareas fundamentales era la organización del movimiento indígena en las diferentes regiones del país. Producto de este ingente esfuerzo fue la constitución de la Federación Ecuatoriana de Indios (FEI) en 1944.

El Partido, a través de sus luchas, de sus nuevas concepciones, de su preparación ideológica, etc., iba tomando su matiz, sus características propias para convertirse en lo que hoy es el Partido Comunista del Ecuador, como destacamento avanzado de la clase obrera y de los trabajadores del país.

Los inicios fueron duros, difíciles y confusos. Nos acompañaba solo una firme voluntad de construir una organización política que exprese y dirija los más altos intereses de la nación y de los trabajadores. El camino —considerado desde mi perspectiva— desde el año de fundación del Partido ha sido largo, lleno de sacrificios, de victorias, fracasos y errores. En esos años iniciales fuimos pocos. Un puñado de luchadores provenientes de distintos sectores sociales, pero que nos unía un mismo ideal de lucha y combate por la independencia nacional, la democracia, la paz, el progreso social y el socialismo. Junto a Ricardo estuvimos Floresmilo Romero, Antonio Ruíz, Regatto, luego engrosaron nuestras filas Enrique Gil Gilbert, Joaquín Gallegos Lara, Pedro Saad, Dolores Cacuango, Luisa Gómez, Segundo Ramos y tantos combatientes que merecen ser recordados.

En 60 años hemos sabido ser firmes y consecuentes con nuestros principios. Hemos sabido mantener en alto los principios marxistas—leninistas. Hemos sido consecuentes con el internacionalismo proletario y no ha habido problema nacional sobre el cual el Partido no haya dado su opinión y orientado la hiena. Hemos-estado y estamos presentes en todos los combates de clase en defensa de los intereses de los trabajadores y de la nación.

Larga, larga ha sido nuestra lucha por desarrollar el Partido en la clase obrera, en el campesinado y en los sectores más avanzados y esclarecidos de la intelectualidad. Hemos intentado aplicar creadoramente el marxismo-leninismo en el análisis de la realidad nacional. Nos falta mucho aún en este campo. Pero bregamos por el desarrollo del Partido en todos los frentes de masas y en la utilización certera de todas las formas de lucha...".


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