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Un instante de seducción


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Un instante de seducción

Domingo 11 de julio al mediodía. El día anterior la Selección uruguaya de fútbol cerró su participación en el Mundial de Sudáfrica en el cuarto puesto. Faltan pocas horas pocas horas para que se juegue la final entre España y Holanda. El viento y la lluvia son implacables este día, sin embargo, ninguna bandera uruguaya es retirada de los balcones, de las ventanas de las casas y comercios. El fervor sigue intacto como durante las últimas semanas. Los automóviles y los ómnibus continúan con sus pabellones y estandartes como lo han hecho durante todo el campeonato. Los puestos de venta de banderas, camisetas y todo tipo de objeto alusivo a la selección se multiplican en toda la ciudad. Las empleadas que atienden en el mostrador en la farmacia de un shopping continúan con sus caras pintadas y así despachan a los clientes mientras, en el Aeropuerto Internacional de Carrasco, en el medio de dos enormes pantallas que transmitían los partidos, sobre el pabellón nacional, la palabra “Patria” preside la escena. Se mire por donde se mire hay una señal celeste. El fervor popular fue y es una constante, en Montevideo y en todo Uruguay, durante todo el Mundial. En un edificio de la Rambla de Pocitos hay un cartel, escrito prolijamente con aerosol negro sobre una gran tela celeste que se destaca entre todas las balconeras en un quinto o sexto piso. La frase escrita es “HAY ALGO Q’ ESTA EN EL AIRE” (sic). Es una interesante afirmación que nos lleva a pensar qué es lo que “está en el aire” y que provoca una sintonía muy particular entre la mayoría del pueblo uruguayo y su selección de fútbol.


El desempeño, en los últimos lustros, del seleccionado uruguayo dejaba bastante que desear. Muchas razones motivaron un largo divorcio entre el público y el equipo de fútbol que representa al país: los malos resultados deportivos, un deterioro profundo de la organización directriz, la presencia omnipotente de empresarios, el pobre rendimiento de los jugadores que brillaban en el exterior, el inoportuno corporativismo de esos jugadores denominados “repatriados”, la búsqueda de un director técnico que lograra los resultados esperados, la falta de un equipo que fuera eficiente en su juego y la fama de golpeadores y bravucones, por nombrar solo algunas. Todo esto se revirtió al encausar un nuevo ciclo de conducción, tanto en la Asociación Uruguaya de Fútbol como en la política de selecciones. A todo ese “viento en contra” que tenía la selección se suman otros elementos más profundos y endémicos que padece el fútbol uruguayo.
El lugar que ocupa el fútbol en la sociedad uruguaya lo convierte en un elemento fundamental de su identidad como país. Eso se sintió y se siente. “Con ninguna otra actividad nos sentimos tan identificados los hombres de la cuenca del Plata, y muy particularmente los orientales. En el estilo y en la ‘garra’ de algunos jugadores, sobrevivientes de la época de oro en que se jugaba ‘con todo’, reconocemos de algún modo un estilo nacional, con sus rasgos negativos y positivos, la ‘viveza’ muchas veces cochina tanto como la firmeza y la imaginación, la manera de plantarse en la cancha y la fracción de segundo que demora un delantero en escapar por el costado donde no se le espera, abrir la brecha y meter el gol. Los uruguayos tenemos motivos de sobra para desear que la ‘garra’ legendaria de nuestros jugadores se proyecte más allá de las canchas sobre el asfalto de la ciudad y la desolada inmensidad del campo: que el heroísmo nazca de los grandes compromisos sociales y políticos. Pero no es culpa del fútbol que sólo en el fútbol sea esa ‘garra’ ofrezca, o haya ofrecido, resultados concretos, como no es culpa del fútbol que haya sido por el fútbol que el Uruguay adquirió cierta relevancia internacional o por lo menos nombre propio en el mapa del mundo.”1 Esta descripción que hace el escritor Eduardo Galeano tiene cuarenta y dos años y forma parte de la pesada mochila que tiene que cargar el jugador de fútbol que viste la camiseta celeste. “Cuando juega la celeste todo el mundo boca abajo” dice la canción popular, por lo que hay que trabajar mucho sobre la responsabilidad que significa integrar el grupo de jugadores y técnicos que disputarán, ni más ni menos, que la carrera que clasificará a un Mundial –en el caso de las Eliminatorias- y si clasifica, jugar el mayor torneo de fútbol del mundo. “Sin tragedia griega, sin canto gregoriano, casi sin concepción del mundo, el oriental es un ser feliz. Las dos únicas preocupaciones nacionales corren sobre la gramilla y son, a saber: las vacas y el fútbol. El fútbol es la actividad espiritual; las vacas constituyen el sustento de la carne. (…) Sin embargo el fútbol ha influido en nuestra cultura más hondamente que el cisma de la iglesia. Por ejemplo más que la vacuna antivariólica y los binomios de Newton, ha prendido entre nosotros, la dualidad Peñarol – Nacional y es seguramente esta forma bipolar de organizar las pasiones, la que ha mantenido los dos grandes partido de nuestra política. Como fenómeno espiritual, el fútbol es fuente de las más hermosas leyendas y nuestra única literatura anónima en prosa, versa sobre fabulosos goles, moñas y pases de los tiempos de oro”, escribió el escritor Carlos Maggi.2 Estos son solo dos testimonios que permiten observar que el aire uruguayo tiene color, ese color es celeste, como el de su camiseta. Y “hay algo en el aire”, como rezaba la balconera, que hizo que este grupo conducido por el maestro Oscar W. Tabárez tuviera un apoyo popular inusitado, respaldado por los resultados deportivos. El propio capitán del equipo, Diego Lugano, durante el acto de recibimiento a la selección lo dijo: "Es de esperar que todos juntos le demos al deporte la trascendencia que siempre ha tenido y que tiene, ya que esto es único e increíble y sólo Uruguay tiene esta cultura de fútbol. Por eso es necesario que todos trabajemos para que los Forlán, los Suárez y los Fucile que hay en el país tengan posibilidades que les permitan crecer".
Trabajo a conciencia

El trabajo del Director Técnico fue, justamente, hacer entender a los jugadores y a los directivos del fútbol que era posible revertir la opinión en contra que tenía la gente y el mundo del fútbol sobre la selección uruguaya. Y fue un trabajo de hormiga, silencioso, minucioso, de un verdadero zurcidor. Tabárez, que ya había padecido un Mundial (Italia' 90) que le provocó más dolores de cabeza que otra cosa, no sólo por haberlo vivido, sino que tenía veinte años más de experiencia, convocó a un jugadores jóvenes con la mira puesta en el Mundial del 2010. Sabía que tenía por delante un buen tiempo para generar un espíritu de cuerpo, entre otros objetivos, que era inédito en las últimas generaciones. La seriedad con la que el DT encaró su trabajo permitió que continuara pese a varias crisis institucionales que atravesó la Asociación Uruguaya de Fútbol. El Maestro estuvo ajeno a esos problemas y organizó un proceso que fue exitoso. Tabárez es el responsable, desde 2006, de las selecciones juveniles y fue quien eligió a los entrenadores de las sub 20, sub 17 y sub 15 y participaba de los entrenamientos de todos esos grupos, y él mismo asistió diariamente de todos los entrenamientos de esos muchachos durante los últimos cuatro años. "La salida del fútbol uruguayo pasa por tener selecciones nacionales permanentes y de tener un diagnóstico claro de los chicos que dejan el baby fútbol. Ver quienes esbozan el perfil para ser jugadores de selección y cuáles pueden hacer todo el proceso. En Uruguay cuando una de estas selecciones no clasifica para un mundial tenemos lío porque se cuestiona al técnico porque perdió y un montón de cosas más".3 Este proceso constó de veintidós partidos amistosos más veinte de la Eliminatoria, seis de la Copa América que le dio una competencia a la preparación, pocas veces vista en la historia del Seleccionado. Esto permitió al técnico probar futbolistas y convocar a quienes se adaptaban a su criterio futbolístico. De los 23 futbolistas que llevó al Mundial, quince comenzaron a trabajar desde el comienzo. De los que participaron de los primeros partidos de 2006, ocho integraron el grupo de Sudáfrica: Diego Godín, Andrés Scotti, Jorge Fucile, Diego Pérez, Maximiliano Pereira, Walter Gargano, Sebastián Abreu y Sebastián Fernández. Luego llegaron Diego Forlán e Ignacio González, más tarde Mauricio Victorino, Arévalo Ríos y Juan Castillo. Diego Lugano y Luis Suárez llegaron, en medio de polémicas, al año y el resto (ocho jugadores más) fueron convocados más espaciadamente. Es decir que los jóvenes -el promedio del grupo, hoy, es de 24 años- fueron creciendo juntos bajo la tutela de un cuerpo técnico que tenía bien claro que el equipo no podía padecer los vicios que tenían otros grupos. “El maestro Tabárez ha conformado un grupo humano excepcional. Ya no existen conflictos, nadie se mira de reojo", dijo el ex presidente de la AUF, José L. Corbo.


Fiebre mundial

En las primeras de cambio, la selección uruguaya de fútbol sedujo. Desde el comienzo del Mundial, cuando nadie le auguraba demasiado futuro en el torneo, inició un inusual flirteo con el público. Poco a poco el fervor fue ganando las calles y el estado de ánimo mejoraba cada día. Inclusive hasta el público femenino comenzó a seguir a la selección por sentirse atraído por “la facha” de Diego Forlán o Diego Lugano. Los posters de ellos con el torso desnudo eran el botín de guerra que cada día se disputaban las mujeres en los lugares de trabajo cuando recibían los diarios. Hasta en eso la selección entró con buen pie a la cancha. Y el entusiasmo se transformó en euforia y la euforia en felicidad, aun perdiendo. El color celeste tiñó al Uruguay. “Todo lo que había celeste se vendió. Camisetas, bufandas, gorros. Por Uruguay se agotó hasta la tela celeste”, comentó Rosana Sanz directora de la casa de deportes “Sanz”. Agregó que “la gente incluso protestaba si no encontraba la camiseta uruguaya. Nunca había ocurrido algo así. La campaña uruguaya en Sudáfrica fue un shock, nos sorprendió a todos”.4 El politólogo Oscar Bottinelli concluyó que el logro de la selección de fútbol produjo “el formidable crecimiento de la autoestima de los uruguayos.” 5


No solo por la pinta sedujo la Selección. Tampoco por un juego exquisito ni por su condición física. Sí hubo respeto, tolerancia, esfuerzo y ganas. Hubo una serie de características que la gente descubrió. Con un gran sentido de la oportunidad, la Presidencia de la República, una vez finalizado el Mundial, subió a su página en la web (www.presidencia.gub.uy) un spot en el cual resaltaba las cualidades del seleccionado uruguayo: “Dieron todo. Solidaridad. Tolerancia. Modestia. Creatividad. Arrojo. Humildad. Entrega. Profesionalismo. Unidad. Mística. Lealtad. Gracias por demostrarnos que con valores se puede llegar muy lejos.” No menos capacidad de respuesta tuvo la Intendencia de Montevideo que declaró a los jugadores y al cuerpo técnico como “Ciudadanos Ilustres” de la capital del país.
El periodista peruano Jayme Bayly, tan eufórico como un uruguayo más, escribió que “Tabárez es un maestro, Tabárez siempre fue un maestro. Escuche, usted, una conferencia de prensa de Tabárez y notará enseguida su humildad, su prudencia, su inteligencia con las palabras, su lucidez para decir sin jactancia ni aspavientos lo poco que tiene que decir. Como Tabárez es ante todo un hombre inteligente y educado, la selección uruguaya es la prolongación de su inteligencia y su educación y es también, por supuesto, la suma de once hombres entrenados en esa noble tradición uruguaya de que el juego del fútbol, cuando es al país al que se representa, lleva consigo el peso del honor, pone en entredicho ya no solo las aptitudes de esos hombres para jugar el juego, sino también su coraje, su nobleza, su lealtad, su entrega incondicional, como si esos once elegidos para llevar el emblema del país fueran un regimiento, un batallón, un cuerpo de élite que va a una guerra sin armas en la que habrán de demostrar heroísmo además de habilidad para prevalecer sobre los otros. Siendo un juego y estando sin armas, los uruguayos entienden el fútbol como una prueba de coraje y heroísmo, y solo por eso, no por ser más dotados técnica o físicamente, prevalecieron sobre los de Ghana, que a punto estuvieron de doblegarlos en esa batalla feroz.(…) Y cuando, puesto a ejecutar el quinto y último penal, Abreu no se intimidó, no se puso nervioso, no se acobardó, sino que recordó que por algo Uruguay fue dos veces campeón del mundo y tal vez recordó que por algo tiene fama de loco, y entonces hizo lo que solo los locos y los genios podrían hacer en un momento cargado de tal dramatismo, un momento del que dependía la felicidad entera de un país, millones de miradas y corazones y alientos entrecortados que de pronto Abreu representaba en ese penal, millones de almas en vilo que cifraban su ilusión en que Abreu convirtiera, y entonces vimos lo que vimos y no olvidaremos: que Abreu, más que valiente, fue insolente en correr con su aire desgarbado, amagar un disparo potente y luego picar la pelota en cucharita para que hiciera un vuelo manso y aterrizara como una masita desdeñosa en el arco de Ghana, demostrando de ese modo quién sabía más, quién podía más. En ese momento, Uruguay fue campeón del mundo y es ya campeón del mundo, no importa lo que pase después.”6
Uruguay celebró, con espíritu de campeón, el cuarto puesto en el Mundial de Sudáfrica. Cientos de miles de uruguayos superaron el frío del martes 13 de julio y le dieron una bienvenida al seleccionado, como pocas veces se ha visto en el país. El técnico reconoció que además de festejar partidos ganados “no nos quedamos sólo con los resultados para valorar lo que se hace”. Tabárez agregó que el éxito no son sólo resultados, sino las "dificultades que se pasan para obtenerlos, la lucha permanente, el espíritu de marcar ese desafío y también la valentía para superarlo".
Ahora viene el futuro. Después del Mundial, ¿qué? La responsabilidad está en los dirigentes, en los jugadores, en los técnicos de poder llevar dignamente la nueva carga en la mochila. Sudáfrica permitió que el lastre que se soportaba antes del Mundial se minimizara. Ahora el camino está más despejado, pero repleto de responsabilidades para lograr ubicar al fútbol de Uruguay en el lugar que se merece. Hay que demostrar que el cuarto puesto logrado no es algo efímero y procurar que el cortejo seductor con la sociedad uruguaya es todo un compromiso.

1 GALEANO, Eduardo. Introducción en Su Majestad el fútbol. Editorial Arca. Montevideo, 1968.

2 MAGGI, Carlos. Carne y fantasía. Publicado en Marcha (1952), editado en Su Majestad el fútbol op.cit.

3 TABAREZ, Oscar. Entrevista en 180.com. Abril de 2009.

4 SANZ, Rosana. Por Uruguay se agotó hasta la tela celeste. Entrevista en el suplemento Café y Negocios. El Observador. 11 de julio de 2010.

5 BOTINELLI, Oscar. Fuera del fútbol, lo que deja la celeste. El Observador 11 de julio de 2010.

6 BAYLY, Jaime. El Mundial 4. Columna publicada en Perú 21. Julio de 2010.


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