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Tutela Expediente N


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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA


SALA DE CASACIÓN LABORAL


MAGISTRADO PONENTE EDUARDO LÓPEZ VILLEGAS

Tutela Expediente No. 12625

Acta N° 48

Bogotá D.C., tres (3) de mayo de dos mil cinco (2.005)

Resuelve la Corte la impugnación formulada por el accionante JORGE ELIÉCER BORRAS CELÍN contra el fallo proferido por la Sala Civil – Familia - Laboral del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Valledupar el 8 de febrero de 2005.

I-. ANTECEDENTES.-


1-. JORGE ELIÉCER BORRAS CELÍN instauró acción de tutela contra el Juzgado Segundo Laboral del Circuito de Valledupar, con el fin de obtener la protección de los derechos fundamentales del debido proceso y de defensa que estima vulnerados con la providencia de 12 de enero de 2005, proferida dentro del proceso ejecutivo laboral que adelantó en contra suya la abogada Mercedes Vásquez Ramírez.


Como sustento de la petición expuso que suscribió contrato de prestación de servicios con la citada profesional del derecho, para que adelantara proceso ordinario contra el Instituto de Seguros Sociales. Debido a que fue nombrada en un cargo público, su apoderada sustituyó el poder sin su consentimiento en otro abogado, con lo cual incumplió lo pactado. Ella, tomando como título el contrato, inició proceso ejecutivo, cuyo conocimiento correspondió al Juzgado Segundo Laboral del Circuito de Valledupar, que libró mandamiento de pago.

Contra esta última decisión interpuso recurso de reposición, habiéndose pronunciado el Despacho mediante providencia de 12 de enero del presente año que es objeto de la presente acción, por cuanto negó su pedimento alegando extemporaneidad en la presentación del recurso y como si fuera poco, de manera irregular, actuando de oficio, impulsó el proceso dictando sentencia de seguir adelante la ejecución, y ordenó liquidar el crédito, cuando el contrato de prestación de servicios profesionales con su apoderada, no constituía título de recaudo por vía ejecutiva, dado que no hubo revocatoria del poder sino que la Abogada lo sustituyó en un colega, con lo cual no cumplió la totalidad del mandato.

Por lo anterior solicita al Juez de tutela el amparo de los derechos fundamentales y que decrete la nulidad de la decisión acusada, y en su lugar, revoque el mandamiento de pago librado el 14 de octubre de 2004.


2-. El Tribunal Superior del Distrito Judicial de Valledupar, mediante fallo de 8 de febrero de 2005, negó por improcedente el amparo deprecado por tratarse de providencia judicial. Por lo demás, señaló que no se observaba irregularidad en la actuación del Juzgado, pues al accionante le fue notificado en forma personal el mandamiento de pago, y el recurso interpuesto por su apoderado fue extemporáneo, por lo que la acción de tutela no era la vía adecuada para obtener la revocatoria de un pronunciamiento judicial cuando no se interpusieron en tiempo oportuno los recursos establecidos por la ley.


3-. Inconforme el accionante impugnó el fallo anterior; insistió en que el título presentado para la ejecución no contenía una obligación clara, expresa y exigible, requisito indispensable para que se hubiera dictado mandamiento ejecutivo.


II-. CONSIDERACIONES DE LA CORTE.-



Conforme se desprende del escrito de tutela, con esta acción se pretende dejar sin efectos providencias judiciales proferidas por el Juzgado Segundo Laboral del Circuito de Valledupar con ocasión del proceso ejecutivo de María Mercedes Vásquez Ramírez contra Jorge Eliécer Borras Celín, concretamente aquella mediante la cual se dictó mandamiento de pago y la que resolvió en relación con el recuso de reposición interpuesto en contra de la anterior y ordenó seguir adelante la ejecución, de 12 de enero de 2005.

Para la Sala tales pretensiones resultan a todas luces improcedentes, pues como lo ha sostenido en criterio uniforme y reiterado, el excepcional mecanismo de la tutela no puede utilizarse para buscar dejar sin validez sentencias o providencias judiciales como las que son objeto de cuestionamiento por la parte actora, por las razones que se exponen a continuación, so pena de quedar escritos los principios de la cosa juzgada y de la autonomía de los jueces consagrados en la Carta Política:


1-. EL PRINCIPIO DE LA COSA JUZGADA.

Tal como lo ha advertido la propia Corte Constitucional, la función de administrar justicia, “...lleva implícito el concepto de la cosa juzgada aún antes de su consagración en normas positivas, pues resulta esencial a los fines que persigue” (sentencia C-543/92) y, aunque no existe norma expresa, no duda ese ente colegiado en asignarle una raigambre estrictamente constitucional, no susceptible de ser desconocida por el legislador, tal como lo expresa en el mismo fallo de constitucionalidad:


El principio de la cosa juzgada hace parte indiscutible de las reglas del debido proceso aunque no se halle mencionado de manera expresa en el artículo 29 de la Constitución. Todo juicio, desde su comienzo, está llamado a culminar, ya que sobre las partes no puede cernirse indefinidamente la expectativa en torno al sentido de la solución judicial a su conflicto. En consecuencia, hay un verdadero derecho constitucional fundamental a la sentencia firme y, por tanto, a la autoridad de la cosa juzgada.


2-. EL PRINCIPIO DE LA AUTONOMÍA DE LOS JUECES.
El principio de la autonomía de los jueces encuentra su consagración constitucional en el artículo 228 de la Carta Política. Este claro mandato superior preserva tanto el respeto a las decisiones de los órganos constituidos – fundamentalmente el Congreso de la República- como que las decisiones judiciales no se orienten por el criterio personal de los administradores de justicia sino por la ley que están llamados a acatar. Cuando las prescripciones legales son claras y han sido declaradas avenidas a la Carta Política no pueden ser cambiadas por la opinión de ningún juez, sin importar su nivel en la organización judicial.

El cumplimiento de la ley dictada por la autoridad competente es la verdadera garantía de igualdad, es el auténtico antídoto contra el capricho judicial y la fuente inequívoca de seguridad jurídica.

La defensa de la autoridad del órgano que dicta las leyes y del contenido de éstas, antes que una postura jurisprudencial inconsistente, es el cabal acatamiento de un diáfano precepto constitucional, ese sí de ineludible cumplimiento, con carácter perentorio al exigirle al juez que “sólo” le deba obediencia a la ley, lo que descarta la sumisión a quien pretenda desconocerla o ignorarla.
Este postulado constitucional implica entonces, que las decisiones de los jueces no puedan ser interferidas, anuladas o cambiadas por otro juez o funcionario diferente al del proceso, que carece de competencia para decidir sobre el asunto en cuestión, de ahí que no encaje en nuestro orden constitucional, como lo sostiene la propia Corte Constitucional, un sistema que permita al juez de tutela invadir el ámbito de otras jurisdicciones para decidir puntos de derecho cuyo conocimiento la propia Carta ha reservado al conocimiento de éstas. Las siguientes son sus palabras:
Como se puede advertir, habiendo establecido el Constituyente jurisdicciones autónomas y separadas (Título VIII de la Constitución) y puesto que el funcionamiento de ellas ha de ser desconcentrado y autónomo (artículo 228 de la Carta), no encaja dentro de la preceptiva fundamental un sistema que haga posible al juez, bajo el pretexto de actuar en ejercicio de la jurisdicción Constitucional, penetrar en el ámbito que la propia Carta ha reservado a jurisdicciones como la ordinaria o la contencioso administrativa a fin de resolver puntos de derecho que están o estuvieron al cuidado de estas. Considerar que semejante opción se aviene a lo preceptuado por la Carta, tanto vale como aceptar que ésta consagró jurisdicciones jerarquizadas, lo cual no encuentra sustento en la normatividad vigente.” (sentencia C-543/92)

3-. LA TUTELA FRENTE A DECISIONES JUDICIALES.

3.1.- La única disposición que permitió la tutela contra decisiones del órgano límite fue estimada contraria al ordenamiento constitucional por la propia autoridad a quien se le confió la guarda de la integridad y de la supremacía de la Constitución, quien al declararla inexequible la retiró del mundo jurídico y no habiendo ninguna otra ley que permita la revisión de providencias judiciales, resultara manifiesto, por lo menos así lo considera la Sala, que ninguna autoridad está facultada legal ni constitucionalmente para alterar el carácter inmutable de que están revestidas las sentencias que han hecho tránsito a cosa juzgada.

En efecto, la propia Corte Constitucional mediante la sentencia C-543/92, declaró la inexequibilidad del artículo 11, y por unidad normativa, del 40 del decreto 2591 de 1991, que admitían la procedencia de la acción de tutela contra sentencias judiciales, sustancialmente, por considerar:


Conclusión forzosa de las consideraciones que anteceden es la inconstitucionalidad del artículo 11 del Decreto 2591 de 1991. Esta norma contraviene la Carta Política, además de lo ya expuesto en materia de caducidad, por cuanto excede el alcance fijado por el Constituyente a la acción de tutela (artículo 86), quebranta la autonomía funcional de los jueces (artículos 228 y 230), obstruye el acceso a la administración de justicia (artículo 229), rompe la estructura descentralizada y autónoma de las distintas jurisdicciones (Título VIII), impide la preservación de un orden justo (Preámbulo de la Carta) y afecta el interés general de la sociedad (artículo 1º), además de lesionar en forma grave el principio de la cosa juzgada, inherente a los fundamentos constitucionales del ordenamiento jurídico”.


3.2.- En dicha providencia que, de acuerdo al artículo 243 de la Carta Política, hizo tránsito a cosa juzgada constitucional, consideró la Corte que el Constituyente de 1991 no consagró la acción de tutela “...como medio de defensa contra los resultados de los procesos que él mismo hizo indispensables en el artículo 29 de la Constitución para asegurar los derechos de todas las personas” y al analizar los antecedentes constitucionales del artículo 86, concluyó que hubo en el seno de la Asamblea Constituyente la plena convicción de que no procedía este mecanismo contra las decisiones de los jueces dictadas para resolver los asuntos a su cargo. Sobre el punto se expresó de la siguiente manera:

De gran importancia resulta en este caso la consideración de los antecedentes constitucionales. En la Asamblea Nacional Constituyente se perfiló desde el comienzo el alcance del mecanismo hoy consagrado en el artículo 86 de la Carta como oponible a actos u omisiones de autoridades públicas, pero no a las sentencias ejecutoriadas. Apenas motivos relacionados con la forma o redacción del articulado llevaron a suprimir la limitación expresa en este sentido, de lo cual obra constancia de indudable precisión y autenticidad.


”…”
Existió, pues, en el seno de la Asamblea Constituyente la plena convicción sobre el verdadero entendimiento del artículo aprobado: se consagraba la acción de tutela como forma nueva de protección judicial de los derechos, pero no contra las decisiones dictadas por los jueces para resolver sobre los litigios a su cargo. Que hayan sido negadas proposiciones tendientes a consagrar de modo expreso tal limitación no supone que el Constituyente hubiese elevado a norma constitucional la tesis contraria a la que tales propuestas hubiesen deseado plasmar literalmente. El rechazo de ellas apenas significa la improbación de textos determinados , probablemente acogiendo la tesis del informe-ponencia citado en el sentido de que su inclusión no era necesaria, pero de ninguna manera sería lícito inferir de dicha negativa la actual vigencia de un "mandato implícito" en el que pueda apoyarse la tutela contra los proveídos judiciales.”
3.3.- Como consecuencia de las violaciones a los principios de rango constitucional de la cosa juzgada y de la autonomía funcional de los jueces, la obstrucción del acceso a la administración de justicia y el rompimiento de la estructura descentralizada y autónoma de las distintas jurisdicciones, que, observó la Corte en su extenso análisis, implicaría la figura de la acción de tutela frente a las decisiones judiciales, además de que él no está contemplado en el artículo 86 de la Constitución Política, la llevaron a concluir tajantemente que tal amparo no procede contra ninguna providencia judicial.”
Las razones consignadas, estima la Corte, son suficientes para confirmar la sentencia impugnada.
En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Laboral, administrando justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley,


RESUELVE



1-. CONFIRMAR por los motivos expuestos, la sentencia proferida por la Sala Civil – Familia - Laboral del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Valledupar, el 8 de febrero de 2005, dentro de la acción de tutela propuesta por JORGE ELIÉCER BORRAS CELÍN contra el JUZGADO SEGUNDO LABORAL DEL CIRCUITO DE VALLEDUPAR.

2-. Comunicar a los interesados en la forma prevista por el artículo 32 del Decreto 2591 de 1991.


3-. Enviar el expediente a la Corte Constitucional para su eventual revisión.
Notifíquese y cúmplase.

Eduardo López Villegas



GUSTAVO JOSÉ GNECCO MENDOZA CARLOS ISAAC NADER


Luis Javier Osorio López FRANCISCO JAVIER RICAURTE GÓMEZ

CAMILO TARQUINO GALLEGO ISAURA VARGAS DÍAZ






marÍA ISMENIA GARCÍA MENDOZA

Secretaria




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