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Texto: 1 Reyes 22; 7-14


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LA LABOR DEL PROFETA
TEXTO: 1 Reyes 22; 7-14

PREDICADOR: Samuel David Mejía



Vamos a leer 1 de Reyes capitulo 22 versos 7 al 14, “Y dijo Josafat: ¿hay aún aquí algún profeta de Jehová, por el cual consultemos? El rey de Israel respondió a Josafat: Aun hay aun varón por el cual podríamos consultar a Jehová, Micaias hijo de Imla. Y rey de Israel y Josafat rey de Judá estaban sentados cada uno en su silla, vestidos con sus ropas reales en la plaza junto a la entrada de la puerta de Samaria; y todos los profetas profetizaban delante de ello. Y Sedequías hijo de Quenaana se había hecho unos cuernos de hierro, y dijo: Así a dicho Jehová: con estos acorneará a los sirios hasta acabarlos. Y todos los profetas profetizaban de la misma manera, y diciendo: sube a Ramot de Galaad, y serás prosperado; por que Jehová la entregara en mano del Rey. Y el mensajero que había ido a llamar a Micaias, le hablo diciendo: He aquí que las palabras de los profetas a una voz anuncian al rey cosa buena; sea ahora tu palabra conforme a la palabra de algunos de ellos, y anuncia también buen éxito. Y Micaias respondió: Vive Jehová, que lo que Jehová me hablare, eso diré”. Está es una historia que nos muestra la diferencia entre un hombre que le sirve a Dios de verdad; por la convicción de un llamado y hombres que profesan solamente, porque esa es su profesión. Profeta quiere decir enviado, y el que habla las palabras que oyó de otro. En otras palabras dicho en él término teológico es el que habla el oráculo divino, o sea el que habla las palabras directas del trono de Dios para dárselas al pueblo. Esta labor del profeta aparece mencionado también en el nuevo testamento en el libro de Efesios cuando dice: “Dios mismos constituye a unos apóstoles” y luego enumerando dice: “a otros profetas también”. El profetizar es un ministerio que hoy poco se reconoce, o se nombra; pero otros abusan de su término. Porque en nuestros medios a todo tipo de ministerio itinerante, de hombre de Dios que valla de sitio en sitio llevando el mensaje, se le da el titulo de evangelista aunque realmente el ejercicio de su ministerio sea diferente. Porque evangelista es aquel que ejerce un ministerio itinerante, pero va llevando Palabra exclusiva de salvación a las almas, respaldadas por su puesto por señales que van de acuerdo con ese ministerio. Pero hay muchas otras personas que llevan un ministerio itinerante que son puestas por Dios para edificación de la iglesia. Y nosotros los generalizamos y los ponemos dentro del mismo plan, nivel o dentro del mismo marco de evangelista. El profeta es aquel hombre o mujer de Dios que ha recibido de parte de Dios primero una formación, porque hay quienes pretende salir al ministerio como profetas, porque se imaginan que el profeta es un hombre que se para en un lugar a profetizar todo lo que va a pasar de aquí a cien años, a predecir eventos futuros y no es así. Cuando un profeta predice eventos futuros en un momento determinado no es que eso sea el ministerio de un profeta, sino que en ese momento esta ejerciendo un don que puede ir acorde con su ministerio y se llama el don de profecía. Pero el profeta en si es una persona llamada a edificar, a confirmar y a consolar el pueblo de Dios. Y cuando ese hombre es llamado para hablarle a la gente de fuera esta llamado a exhortar, a sacudir y a mostrar al pueblo la realidad de lo que esta pasando. Ese es realmente el ministerio de un profeta. En el libro de los Hechos en el capitulo 15 en el verso 32, nosotros encontramos un ejemplo claro. Había acontecido algo y era que unos varones judíos iban detrás de donde iba el apóstol Pablo y sus ayudantes predicando y les decían que ellos tenían la obligación de circuncidarse y guardar la ley para que fueran también salvos. Pero en ese concilio que hubo en Jerusalén el Espíritu Santo aclaro y la Palabra de Dios también; que uno es salvo por la gracia, o sea porque el Señor Jesucristo nos salva y que no puede depender de la ley para esa salvación, sino que tiene que depender de la gracia; del favor de Dios manifestado en Jesucristo, para obtener esa salvación. Lo cual también nosotros podríamos mirar desde diferentes ángulos, diciendo que esta salvación incluye un nuevo nacimiento, una transformación, que nos es dada una nueva naturaleza, aunque la naturaleza humana no se haya ido de nosotros. También podríamos mirar que esa salvación es una libertad total para servir a Dios, podríamos mirar también de acuerdo a Romanos capitulo 8 versículo 1 que esa salvación es la libertad que el ser humano encuentra de su naturaleza antigua y que ya no es preso, sino libre, por lo tanto ya no hay ninguna condenación para los que están en Cristo Jesús; los que no andan conforme a la carne sino conforme al Espíritu de Dios. También esa salvación incluye libertad de la opresión del diablo, que ya el diablo no puede venir para jugar con la vida de esa persona que es salva, o sea no puede moverlo a su antojo. Porque el Señor Jesucristo dijo estas señales seguirán a los que creen y las enumera. Lo primero que enumera es: “en mi nombre echaran fuera demonios”, o sea que el diablo ya perdió la batalla con aquel que de verdad nació de nuevo, no porque el que nació de nuevo sea más grande o más pequeño, sino porque Jesucristo entra a vivir en su corazón y ahora el diablo ya no tiene ninguna autoridad legal contra esa persona, ni en la vida de esa persona; todo eso le incluye la salvación. Entonces en el concilio de Jerusalén se explica todo esto, se les envía la razón a la gente que está en Antioquía y cuando ya llegaron, en el verso 30 dice, “así pues los que fueron enviados descendieron a Antioquía y reunieron a congregación, entregaron la carta, habiendo leído la cual se regocijaron por la consolación” y luego en el verso 32 dice: “y Judas y Silas como ellos también eran profetas consolaron y confirmaron a los hermanos con abundancia de palabras”. Usted ve ahí la labor de los profetas ¿que estaban haciendo? Estaban confirmando, o sea estableciendo a los hermanos, confirmando a los hermanos, consolando, estableciéndolos, dándoles fundamento en sus vidas cristianas. ¿Cómo? Con abundancia de Palabra por que ellos tenían bien claro la verdad de Dios y ahora se la transmitían para edificarlos, para fortalecerlos, para confirmarlos, en otras maneras para darles crecimiento espiritual y formación para que ya no fueran más cristianos que se los fuera a llevar cualquier viento de doctrina. Ahora, esta labor de profeta no es una labor fácil, porque el profeta aparte de ser llamado; en su labor debe consolar y confirmar al pueblo con la Palabra de Dios. También a veces esta es una labor es un poco difícil, para el hombre que el Señor llama, capacita y envía en un tipo de ministerio así. ¿Por qué? El profeta en el antiguo testamento aparte de ser llamado profeta era llamado vidente. Se consideraba que era un hombre con una capacidad tremenda para ver dos cosas: primero para ver lo que Dios le mostraba y segundo para ver la condición de pueblo. Entonces el profeta no siempre estaba diciendo solamente cosas bonitas, sino que a veces estaba diciendo cosas que a los ojos y oídos de las personas resultan agrias. Aparentemente cuando el profeta esta en una labor donde Dios lo manda amonestar, donde Dios lo manda a sacudir y a mostrarle a la gente su condición. Esa es una labor que no atrae mucho, ¡esa no es la parte mas bonita del ministerio!, de este hombre que le llaman profeta. Porque entonces tiene que entrar en una contradicción con la gente, por que a nosotros los seres humanos nos gusta es que nos digan lo bonito, lo hermoso, que nos digan lo bueno, que nos digan lo maravilloso, que nos muestren cosas para progreso, para prosperidad. Si usted comienza a examinar las predicaciones y las respuestas de la gente a esa predicación, si usted lo viera o lo escuchara en una agravación, usted encontraría a la gente: «Dios lo va a prosperar»; «amen», «Dios lo va ayudar»; «amen», «usted va para el cielo»; «amen»; «Dios le va a dar casa al que no tiene»; «amen», «el Señor le va a dar trabajo»; «amen», «el Señor va a bendecir donde usted ponga sus manos»; «amen». Ahí siempre usted va a encontrar la gente alegre diciendo amen y aplaudiendo de la alegría; no se sabe a quien aplauden sí a Dios o al predicador de todas maneras le dijo cosas bonitas. Pero cuando el profeta está llamado por Dios a amonestar y a mostrar a la gente su condición a la luz de la Palabra de Dios, entonces usted no va a escuchar muchos amenes, usted no va a encontrar muchas respuestas entusiastas a este mensaje; algunos hasta cambian de colores, se ponen pálidos, colorados, morados, algunos se levantan de la silla y se van. Porque dicen: «ese pastor, es un hombre que no habla sino de juicios, ese pastor no habla sino de cosa feas, ese pastor no habla sino de que hay que arreglase, ese pastor siempre esta buscándole problemas a uno, ¡no me gusta ese pastor! Yo quiero llevarle ahora al libro de Jeremías en él capitulo 20, para que usted sé de cuenta que ese mal no es de un solo hombre profeta, sino es un mal generalizado en los que quieren que Dios pueda manifestarse en ellos para que pueda hacer esta labor. Jeremías 20 en el verso 7 dice: “Me sedujiste o Jehová y fui seducido, mas fuerte fuiste que yo y me venciste, cada día e sido escarnecido, cada cual se burla de mi, porque cuantas veces hablo doy voces grito, violencia, destrucción, porque la palabra de Jehová me a sido para afrenta y escarnio cada día, y dije: No me acordare mas de él, ni hablare en su nombre, no ostente había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos, trate de sufrirlo y no pude porque oí la murmuración de mucho, temor de todas partes denunciad denunciémosle, todos mis amigos miraban si claudicaría, quizás engañara decían y prevaleceremos contra el y tomaremos de el nuestra venganza, mas Jehová esta conmigo como poderoso gigante”. Usted ve aquí que este no es un profeta de ahora es un profeta de antes, pero tenía el mismo problema de cual quiera que Dios llame a una labor como esa. ¿Qué es lo que dice aquí? Dice: he sido escarnido, la gente se burla de mí y el mensaje que recibo para dar, es un mensaje que me hace gritar y el mensaje es de destrucción, de violencia, de juicio; la Palabra de Jehová me ha sido para escarnio, cada día, para afrenta. O sea el profeta se sentía afrentado, después de una predicación nadie venía a darle reconocimientos, nadie venía a decirle: ¡ay hermano Jeremías que bueno, me alegro de ese mensaje! Él dice: «!mis amigos!, mis amigos están mirando haber si de pronto dejo de hablar así, haber si claudico, si ya dejo eso, mis amigos consideran que yo debería cambiar el mensaje, creen que el mensaje está salido de contexto». ¡Eso eran los amigos!, los demás se burlaban, los otros lo escarnecían. Porque la Palabra no era buena, no era agradable a los oídos de la gente. Pero hay que darle gracias a Dios que en esta época todavía quiera levantar ministerios, y gente que use su Palabra y le hable claramente al pueblo y a la nación. Porque sino hubieran profetas de Dios, que él los usara para sacudir al pueblo, seria el acabose, tiene que haber hombre que Dios les de un ministerio para sacudir constantemente; hasta que entendamos que nuestro Dios siempre tiene control sobre su pueblo, que no somos ruedas sueltas. No es fácil, los que han entregado sus vidas en las manos del Señor y algún día Dios les haya puesto ese encargo, no se van a sentir bien, lo que el dijo fue no me acordare mas de ti, no hablare más en tu nombre, porque era muy complica. A este hombre se le conoce como el “profeta llorón”, porque este hombre lloro a lagrima viva. Así lo llaman los estudiosos, los teólogos el “profeta llorón”; este hombre se derretía en lagrimas, pero no era por los juicios, sino porque veía que la gente no recibía su palabra. (Porque tenemos el concepto de que somos perfectos, de que ya estamos bien, de que somos buenos y el Señor nos recibe como vengamos. Y es cierto, él nos recibe como vengamos, pero él no quiere que nos quedemos como venimos; él quiere que cambiemos, él quiere que aprovechemos nuestro tiempo, él quiere usarnos como canales limpios, como canales de bendición. El Señor se lo dijo a Abraham, ven sal de tu tierra de tu parentela, a la tierra que yo te mostraré, y haré de ti una nación grande, y te bendeciré y serás bendición. Lo que Dios quiere de su pueblo, no es solo lo que la gente quiere; la gente solo quiere que Dios los bendiga, pero ellos no quieren ser bendición; y para que el pueblo sea bendición tiene que estar en la manera que Dios quiere. Porque que bendición inspira una persona que se siente defraudada consigo mismo; por su estilo de vida aunque sea cristiano. Por eso encuentra usted a la gente diciendo: «estoy aburrido, me provoca morirme, quiero salir corriendo, me voy por las calles». ¿Sabe por qué? Porque están defraudados. ¿Y por qué se sienten defraudados? ¿Es que acaso Dios les ha fallado?; ¿es que acaso Dios es infiel? ¡NO¡ Pero Dios dice algo en su Palabra: “el que me busca me allá, si me buscare me hallaréis”, pero Dios dice: “si me dejareis yo también te dejare”, y dice en el libro de Deuteronomio: “si oyeres atentamente todas estas cosas que yo te mando hoy y las hicieres, serás bendito en la ciudad, en el campo, al entrar, al salir, bendita la cría de tus vacas, bendito el rebaño de tus ovejas, bendito el fruto de vientre, bendita tu artesa de amasar, bendito donde pongas tu mano”, bendito todo, ¡todo!; ¡todo!; ¡todo es bendito! Pero aun no termina ahí pues sigue diciendo: “Jehová te pondrá por cabeza y no por cola y te pondrá encima solamente y no estarás debajo” y ¡aaa! cuando termina el ultimo verso, lo terminamos con una expresión de gloria, ¡esos somos nosotros! y ahí se acaba la predicación. Pero resulta que el profeta que escribió ahí, no pudo terminar ahí, porque el Señor le siguió dictando. Y muchas veces nosotros los cristianos cuando terminamos de leer ahí donde dice: “y Jehová te pondrá por cabeza y no por cola y estarás encima y no debajo”, después de eso nos hacemos los ciegos, entonces ya no leemos más. ¿Pero sabe que sigue diciendo ahí? dice: “pero acontecerá que si no oyeres atentamente las palabras de Jehová tu Dios, para cumplirlas, sino que fueres desobediente a estas palabras, entonces vendrán sobre ti todas estas maldiciones que te voy a decir y te alcanzaran también, las maldiciones te perseguirán”. Así como las bendiciones persiguen a los que quiere ser fiel a Dios, las maldiciones también persiguen al desobediente. Por eso es que le digo a usted que esto no es fácil; alguno dirá: «hermano ya se tiró la conferencia, iba todo lo más de bien, eso sonaba a conferencia pura, como para darla en un seminario, pero ya la daño». Porque dice: “te alcanzarán esas maldiciones”; así como las bendiciones lo persiguen a uno cuando uno es fiel y hace la Palabra de Dios, también las maldiciones comienzan a perseguir a aquel que dice ser siervo de Dios, pero no quiere hacer la voluntad de Dios. Y sigue diciendo: “será maldito en la ciudad, serás maldito en el campo, el negocio que hagas se te va a dañar, será maldito el fruto de tu vientre, se te van a morir las ovejas, las vacas, tu canasta no te va a rendir, el arroz y el aceite se te va a acabar en una sola hechura de almuerzo; eso es lo que quiere decir ahí, será maldita tu canasta de amasar, tu artesa, tu cocina será maldita, donde pongas tu mano se verá que todo anda mal, ¡terrible!; Jehová te herirá con tisis, con fiebre, con locura; eso es Palabra de Dios también.) Lo que pasa es que es difícil predicarlo, no es popular predicar ese mensaje, pero ese era el problema de Jeremías y de muchos profetas que ellos no se ponían a vender su mensaje, sino que lo que Dios les daba ellos lo predicaban y por eso, hasta los amigos se les venían encima, no los querían oír, no era fácil, pero le doy gracias a Dios porque ahí está ese profeta Jeremías y ahí está ese profeta Ezequiel y ahí esta Moisés el profeta de Dios para que nos diga lo que se necesita, no lo que queremos. Porque mucha gente quiere que le diga lo que quiere. ¡No señor!, cuando Dios llama a un hombre, no lo llama para que le diga a la gente lo que ellos quieren; que ahora es navidad, prediquemos mensajes de navidad. ¡No señor! O es que porque entramos a primero de Diciembre, entonces tenemos que cambiar la Palabra, ¡No! Pero si Dios le da un mensaje de navidad, ¡trasmítalo! Pero en cuanto aquel a quien Dios le dio una palabra, no puede estarle sirviendo a la gente el plato a la carta, porque uno tiene una necesidad, le pueblo tiene una necesidad y el profeta de Dios es responsable delante del Señor de hablar la palabra que Dios le da. Y por supuesto, todos no somos profetas, todos no somos apóstoles, todos no somos evangelistas, todos no somos pastores, todos no somos maestros y cada uno ministrara en el radio de acción que Dios le dio. Pero al que Dios le haya dada una palabra así, pobre de él si no la trasmite. Pero va a tener que enfrentarse a las murmuraciones de todas partes, dice que hasta miedo por todas partes tenía. Dice: “he oído la murmuración de muchos y hay temor por todas partes, ¡miedo!”. Todo mundo quería buscarle la caída a Jeremías, a ver si se lo quitaban de encima. Ellos siempre andaban buscándole la caída, a ver cuando se deshacían de él. Pero nosotros queremos que Jeremías siga ahí; ¿cuantos quieren que Jeremías siga ahí diciéndonos la Palabra?, ¿Cuantos quieren que Ezequiel siga ahí diciéndonos la Palabra? ¿Cuantos quieren que Moisés siga ahí diciéndonos la Palabra? Porque la gente solo habla de la parte bonita de la profecía; la bendición: “Jehová te llevara a la tierra que fluye leche y miel”, pero casi nadie nombra cuando Dios lo usaba y decía: “pero acontecerá que después que estés en esa tierra, si te volvieres a dioses ajenos, Jehová te desarraigara de esa buena tierra que te había dado y te echara por todas las naciones, y serás espanto a las naciones”. Nadie quiere predicar eso, porque no es la parte popular, ¡entiéndalo! Nadie le va a dar un aplauso por haberlo dicho, pero Dios habrá mirado eso, él desde el cielo esta notando que un hombre, o una mujer, puso su vida, porque eso es poner su vida, eso es deshacerse uno de las comodidades. Yo le doy gracias a Jeremías a Ezequiel y a todos los hombres de Dios que se dejaron usar para decirnos esto, ellos estaban poniendo en riesgo sus amistades y todo, pero nos ayudaron y hasta hoy estamos bendecidos por esa Palabra así sólida. Yo siento una bendición tremenda cuando hablo de eso; yo no soy profeta, ni hijo de profeta, pero me gozo cuando veo a los profetas hablándonos. Yo soy el menor de todos, pero cuando me toque hablar, de todas maneras aunque no sea profeta yo prefiero decir lo que me toca, porque es para la edificación del cuerpo. Siempre el hombre de Dios al cual él le haya dado un mensaje así; que le muestre a la persona su condición para hacerla reaccionar, se convierte como un muro de contención, se convierte en una espina del costado, se convierte en un clavo en la espalda de la gente que lo hace sentir incomodo y a Dios le gusta eso. Por eso él dice, que el mismo constituyo a unos apóstoles, y a otros profetas a otros evangelistas a otros pastores y maestros. El profeta no va a levantar su imagen, en lo que leímos al comienzo encontramos una historia tremenda Acad había sido un rey muy malo y llego el día en que Dios iba a detenerlo en su maldad y él iba a pelear una guerra que Dios ya sabia que el hombre la tenia que perder. Pero resulta que Acad invito a otro rey; él cual era honesto que servia a Dios y se llamaba Josafat. Y Josafat cuando vio que tenían que ir a pelear dijo: «oiga, perdóneme rey Acad, pero no tenemos por acá algún profeta para consultarle a Dios, porque acuérdese que uno pone su vida en riesgo cuando uno sale a la batalla» y el hombre dijo: «si por ahí hay uno, se llama Micazas», pero que dijo: “¿me cae bien?”, que dijo: “¿me gusta ese ministerio?”. ¡NO! ¡Yo lo aborrezco!, nunca dice nada bueno, todo lo que dice es malo. Y cuando el rey de Juda le dice: «no hay alguien por el cual preguntemos a Dios». Y dijo Acab: «sí, hay uno, pero yo le tengo un fastidio, ese no sabe predicar nada bueno, todo lo que predica es malo, todo lo que dice es malo, y yo no quiero verlo ni en película», pero el rey Josafat dijo: «hay no hable así el rey». En otras palabras: «no diga así, mandémoslo a llamar, quien quita que Dios nos hable hoy». Y lo mandaron a llamar y mientras el mensajero fue, le dijo a Micaias: «el rey le ha mandado a llamar para que vaya; y le preguntara, si él debe ir a la guerra, o no. Mire allá hay una cantidad de profetas que están profetizando», y el jefe de ellos se llamaba Sedequías hijo de Quenaana. Y ese se había hecho unos cuernos de hierro, el los había hecho (era ilustrada su profecía). Se había hecho un casco con unos cuernos de hierro y cuando venia el rey y preguntaba: «¿subiremos a pelear contra los sirios en Ramot de Galaad?» Quenaana se ponía los cuernos y decía: «así dice Jehová; con estos cuernos acornearas a los sirios hasta acabarlos»; y envestía con los cuernos, y le ilustraba para que viera como era. Y los demás que estaban con el; detrás de el, porque eran los profesionales de le rey y tenían que quedar bien con el rey. Era un cuadro muy triste; todos decían lo mismo: «así dice Jehová: con esos cuernos de Sedequías, con esos desbaratara al ejercito de siria».

Mientras tanto fue el mensajero y le dice a Micaias: «esa gente allá está profetizando con cuernos, y todo, así que yo te ruego que tu palabra se a buena como uno de ellos» y Micaias dijo: «vive Jehová que la palabra que Jehová me diere esa daré». Y cuando llego el rey le dijo: «Micaias»_ «a la orden mi señor el rey», «¿iremos a pelear contra Ramot de Galaad o la dejaremos?» Y el le dijo: «pues suba y serás prosperado», porque como eso era lo que quería oír. Pero cuando un hombre de Dios tiene una palabra de Dios, la gente conoce cuando el hombre no esta hablando lo que Dios le dio, la gente también se da cuenta. Él le dijo: «suba, Jehová lo va a entregar en su mano», pero dice que el mismo Acab que era un hombre que quería que le profetizaran bien, cuando oyó hablar a Micaias se dio cuenta que este no le estaba diciendo nada de parte de Dios. Porque el hombre de Dios se conoce por su mensaje y cuando el hombre de Dios habla el mensaje de Dios trae una unción especial, trae algo que lo sacude a uno por dentro. Entonces el rey le dijo: «¿hasta cuantas veces he de exigirte que me hables la verdad, en el nombre de Jehová?» O sea él se dio cuenta que Micaias no le había dicho la verdad, porque le había dicho lo que el quería oír. Pero cuando un hombre de Dios recibe una palabra se siente, y lo que Micaias le había dicho no era, y el mismo rey impío se dio cuenta. Entonces Micaias le dijo: «yo vi a todo Israel esparcidos por los montes, como ovejas que no tienen pastor y Jehová dijo: estos no tienen señor vuélvase cada uno a su casa en paz». En otras palabras que ya habían matado al rey en la batalla. Él dice: «yo vi una visión; Israel estaba esparcido por los montes y no había rey. Y una voz dijo que cada uno se fuera para su casa en paz», o sea perdieron la batalla y al rey lo mataron. Y el rey de Israel Acab le dijo a Josafat: «¿no te lo había dicho? Que este hombre nunca profetizara nada bueno acerca de mi, ese solamente habla mal». ¡A pero reconoció que si era palabra de Dios! Porque hay gente que quisiera sentir la unción cuando el hombre de Dios le hable, pero solamente le hable cosas bonitas, pero el profeta de Dios esta llamado a hablarle al pueblo y sacudir al pueblo de esa condición de apatía, de esa condición amarga de la desventura espiritual, para que reaccione y pueda ver la gloria de Dios. Para que no sea un cristiano de esos de a peso; solo una Biblia debajo del brazo y eso es todo su cristianismo, ni la abren para leerla, no van a los cultos, no asisten a la casa del Señor; no les interesa, ya no oran, (la gente ora sentada ahora esa es la moda), le duelen las rodillas, no pueden arrodillarse; si se arrodillan mas de un cuarto de hora, les duelen la columna, todo les duele, los cultos de oración en las iglesias prácticamente han desaparecido, porque la gente no va. Hasta hay lideres de iglesias que al culto de oración tampoco van, encargan a un ayudante, (razón tiene la gente en no ir), con semejante líder como les esta enseñando de bien a clamar el día de la oración. Hay lideres que dicen: «hijo hoy hay culto de oración»; le dice a cualquier ayudante que encuentra, «valla y diríjalo usted»; «¿cuanto lo hacemos?»; «Eso hágalo de 45 minutos, cante tres coros, dirija dos himnos, haga una petición especial, lea una parte de la Palabra, explíquela y acaben». En 45 minutos ¿qué orarían?

La gente no querían oír de Micaias si no cosas buenas. Pero que buenos iba a decir si todo andaba mal. Y uno espera que el Señor le diga solamente las cosas bonitas ¿será que nosotros andamos muy bien? ¡No! Hay que darle Gloria a Dios para que él nos sacuda diariamente con su Palabra; para darnos calidad en el servicio, que cuando usted y yo nos paremos a hablar esta Palabra al mundo, el mundo también sienta que el que le esta hablando lo hace de parte de Dios, porque tiene autoridad moral y espiritual, para hablarle al mundo. No esa gente que tenga esconde el mensaje de la Palabra; porque le da miedo, porque no tiene la autoridad moral. Muchos le dirán: «no hable del divorcio y mucho menos del recasamiento». Porque ya ellos están viviendo en esa condición. No hable de la santidad externa, porque ellos también ya tendrán su problema por algún lado, su conciencia no los deja en paz. Otros no quieren oír de la oración, «hermano no hable de eso, hable de cosas mas edificantes» ¿habrá tema mas edificante que la oración y el estudio de la Palabra del Señor? ¿Pero sabe de que quiere la gente oír hablar? De los dones espirituales, de cómo ministrarlos, quieren manejar al Espíritu Santo con un dedo ¿como profetizar? “Cinco pasos para ejercer un ministerio evangelistico”, “siete pasos como para conmover a una ciudad con el evangelio”, “ocho pasos para que usted sea exitoso en lo económico”, “diez reglas para que usted sea el mejor alumno de la escuela”, “Veinticinco pasos sobre como puede usted sanar a los enfermos”, ¡a eso es un éxito tremendo! La gente no quiere que le hablen de su vida, de lo de ellos, de lo propio, de la vida de uno con Dios, lo que la gente quiere que le hable es como hacer cosas para que otros los reconozcan, como hacer cosas para quedar bien, como vivir la Biblia para volverse rico, como creer la Palabra para tener muchas pertenencias. ¿Pero su vida cristiana y espiritual donde quedan? Hay que entender que Dios no establece hombres en ese ministerio para decirles cosas bonitas a la gente, sino para que le digan a la gente, lo que Dios quiere que le digan. El profeta es llamado por Dios para que le muestre a la gente su condición y para que lo amoneste.

En Ezequiel hay un ejemplo tremendo; en el capitulo dos hay una parte que conmueve, porque desde el mismo momento que Dios le dice a este profeta, que vaya para hablar las palabras de Dios, de una vez le está advirtiendo que el tipo de trabajo que le ha encargado no es fácil, le dice en el verso 3 de el capitulo 2: “hijo de hombre, yo te envío a los hijos de Israel, a gentes rebeldes, que se rebelaron contra mi; ellos y sus padres se han rebelado contra mi hasta este mismo día. Yo, pues, te envío a hijos de duro rostro de empedernido corazón; y les dirás: Así ha dicho Jehová el Señor. Acaso ellos escuchen; pero si no escucharen, porque son una casa rebelde, siempre conocerán que hubo profeta entre ellos”. La labor del profeta es así; tal vez lo oigan o no lo oigan. Lo que Dios está mirando ahí es que el profeta haga lo suyo, lo que él quiere es que el pueblo no diga que nunca tubo profeta, que nunca tubo quien le dijera, que nunca tubo quien le amonestara, que le dijera que su vida espiritual estaba seca, que vivía una vida de pura apariencia sin oración, vidas frívolas superficiales, gente sin carga, sin entrega, sin compromiso. Dios quiere que aunque ellos nunca lo hicieran, que por lo menos sepan que sí hubo quien se lo decía de parte de Dios, ¡eso es lo importante! Que si hubo quien le dijera que así no iba a llegara ninguna parte, que así no podía servir al Señor, que esto no es ninguna religión, que esto es un camino, que para disfrutar las bendiciones de Dios hay que entrar en este camino de pies a cabeza, que hay que olvidarse de uno, que hay que hacer lo que el Señor dijo: “el que quiere venir en pos de mi niéguese así mismo, tome su cruz cada día y sígame”. Si quiere disfrutar a Cristo tiene que olvidarse de la basura del mundo, tiene que haber alguien que se lo diga, eso fue lo que el Señor le dijo a Ezequiel; que tal vez te escuchen o tal vez no, pero que si hubo quien se lo dijera. Mire la iglesia, el mundo y todos, podrían hacer todo lo contrario, pero eso no debe desanimar al hombre de Dios, porque el hombre de Dios debe estar consiente, que está haciendo su parte. Cuando ese hombre o mujer de Dios lleguen a la presencia del Señor, no tendrán que recibir regaños, ni avergonzarse porque le digan: «¿que hizo toda la Palabra que le di?» No Señor es que la gente en el dos mil uno ya no quería recibir esa palabra, ya ese mensaje era por allá de hacia cinco o siete siglos, ya era difícil Señor, ya a la gente no le gustaba, entonces yo cambié mi mensaje. ¡Que tristeza!... Y sigue diciendo: “tu hijo, de hombres, no les temas ni tengas miedo de sus palabras aunque te encuentres entres zarzas y espinos, y mores con escorpiones; no tengas miedo de sus palabras ni temas delante de ellos porque son casa rebelde pues mis Palabras, escuchen o dejen de escuchar son casa muy rebelde más tu hijo de hombre oye lo que yo te hablo no sea rebelde como la casa rebelde.” Usted se da cuenta que aquí dice unas palabras tremendas. Pero lo que queremos mostrar con este tema; es que Dios necesita y quiere tener gente en este planeta tierra, en medio de la iglesia que le hable al pueblo la Palabra, no solamente al pueblo inconverso, sino también al pueblo cristiano. No será fácil, pero será bueno.

La labor de el profeta la ejerce, porque es su responsabilidad delante de Dios; en Ezequiel capitulo 3 de el verso 17 en adelante usted encuentra a Dios diciéndole al profeta: “tu eres un atalaya, si tu vez que viene la espada y no avisas a la gente, la gente se va a morir, pero yo te voy a reclamar a ti”. Y luego le dice: “pero si vieres venir la espada y le avisas a la gente y la gente se apercibiere, ellos librarán su vida y tu también librarás tu alma”. Es responsabilidad del profeta hablar la Palabra, es responsabilidad del hombre de Dios hablar la Palabra, porque es un atalaya, porque para eso lo puso Dios. Esto no es fácil y ¿quien dice que es fácil? Si el Señor mismo le está diciendo ¡Ay hijo!, cayó entre escorpiones, entre zarzas, entre espinos, ¡no cayó bien!, pero yo quiero que usted haga eso. Hoy el Señor nos está llamando a tomar conciencia de que Dios debe levantar gente que le hable a este mundo la verdad de Dios, y también a la iglesia. Todos no somos llamado a los mismo, eso queda claro, pero aun si usted no considera que sea un profeta, cuando Dios le conceda la oportunidad de hablar, lo tiene que hacer con mucho amor, con mucho cariño, pero con mucha firmeza, porque Dios desea bendecir al mundo y solamente lo puede bendecir en la medida que la Palabra le llegue.



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