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Teología paratodos un curso de religión -multimedia- a distancia y personalizado


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TEOLOGÍA PARATODOS


Un curso de religión -multimedia- a distancia y personalizado

Seminario II: Teología Moral

Envío 18vo.

PARA SALVARTE del P. Jorge Loring



66.- EL CUARTO MANDAMIENTO DE LA LEY DE DIOS ES: HONRARÁS A TU PADRE Y A TU MADRE.

66,1. Honrar a los padres es obedecer, si se vive bajo su potestad, sus mandatos; mientras no manden lo que es pecado, pues «es preciso obedecer a Dios antes que a los hombres»1 .

También asistirlos en sus necesidades y venerarlos con amor.

Dice San Pablo: «Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso le gusta al Señor»2 .

Y el libro del Eclesiástico: «El que honra a su padre repara su pecado. El que honra a su madre amontona tesoros (...) El que abandona a su padre es como un blasfemo, y maldito del Señor el que irrita a su madre»3 .

En algunas malas traducciones del Evangelio hay una frase que no se entiende. Ponen en boca de Jesucristo: «El que no odia a sus padres no es digno de Mí»4 .

Esto, tal como suena, es un disparate.

Hay que tener en cuenta que la palabra «odiar» en hebreo no tiene el mismo sentido que en castellano.

En hebreo significa «tener en menos».

Por lo tanto el sentido de la frase es: «El que antepone sus padres a Mí, no es digno de Mí».

Esto ya se entiende.

66,2. La desobediencia a los padres es más grave cuando se trata de cosas relacionadas con el bien de nuestra alma5 : deberes religiosos, amistades, diversiones, etc.

«Esta obediencia la deben los hijos a sus padres mientras forman con ellos la sociedad parental, cuya finalidad y compromiso, tanto por parte de los padres como por parte de los hijos, es la educación de los hijos. (...) Los hijos tienen el derecho y la obligación de ser educados por sus padres y de dejarse educar por sus padres »6 .

«Los hijos deben estar sujetos a sus padres: deben obedecer, pero libremente, no como esclavos. Y sólo es capaz de obedecer libremente quien ama a aquellos de quienes depende y deben mandarle. (...)

»La obediencia, la sujeción de los hijos debe ser una consecuencia del amor a sus padres»7 .

«La obediencia a los padres cesa con la emancipación de los hijos, pero no el respeto que les es debido, el cual permanece para siempre»8 .

Tus padres lo son todo para ti. Aunque sean viejos y achacosos, debes conservarles el respeto y el cariño. No seas jamás un hijo desagradecido9 . Todo lo que tienes, a ellos se lo debes. «¿Cómo podrías pagarles lo que han hecho por ti?»10 .

Piensa en los pobres niños abandonados que no conocen a su padre, ni saben lo que es el cariño de una madre.

A los padres no basta quererlos, hay que manifestárselo.

No hay en el mundo amor más desinteresado que el de los padres: no es mucho pedir que ellos reciban alguna cálida manifestación de cariño de sus hijos, que tanto agradecen.

Hoy se habla poco de obedecer a los padres. Incluso algunos hijos se creen que desobedeciendo dan muestras de independencia y personalidad. Es decir, que consideran la desobediencia como un valor.

Esto es una equivocación.

Esos mismos jóvenes que no obedecen a sus padres que les aman, luego obedecen a los amigos, a las modas, o a sus caprichos que les tiranizan. Cambian de obediencia: la buena, por la mala.

Ser libre no es hacer lo que me da la gana.

Ése es esclavo de sus caprichos.

Libre es el que voluntariamente cumple con su deber.

La persona más libre fue Jesucristo, que era Dios. Sin embargo cumplió con la voluntad de su Padre.

Hoy día es muy fácil que los hijos se contagien del espíritu de rebeldía y libertad desenfrenada del ambiente. El P. César Vaca, O.S.A. escribió en el periódico Ya de Madrid:

«Criticar los falsos maestros, los malos educadores, los padres incomprensivos y egoístas, está bien; pero rechazar la disciplina familiar en globo, menospreciar sin compasión a cuantos ejercen la ardua tarea de la educación y la enseñanza, presentando como la mejor de las escuelas la anarquía de una libertad incontrolada, es colocarse al borde de la ruina».

«Los problemas que destacan en las páginas frontales de los periódicos de todo el mundo, son un reflejo de la falta de disposición de nuestra juventud para someterse a ningún sistema de valores que no sea la jerarquía de valores de su propio criterio. (...)

»Todos somos testigos de casos de adolescentes que son advertidos y aconsejados una y otra vez por padres experimentados y responsables, pero ellos prefieren “discurrir por su cuenta”, para descubrir demasiado tarde lo que su padre le predecía certeramente.

»Por desgracia, son muchos los jóvenes que no quieren escuchar consejos. Semejante hostilidad de la gente joven hacia la autoridad paterna supone que ellos se oponen irrazonablemente a los beneficios de la experiencia»11

«Los hijos deben ayudar en la vida de familia. En todas las familias se necesita la colaboración de los hijos. Entre todos se puede conseguir una vida familiar agradable y alegre.

»En nuestra sociedad el número de personas que alcanza una edad avanzada es cada vez mayor.

»Los ancianos se encuentran con problemas que hacen más dura su ancianidad: ya no pueden trabajar, algunos están enfermos, otros solos.

»Todos los miembros de la sociedad deben sentirse responsables de la atención a los ancianos, especialmente los hijos»12 .

66,3. En este mandamiento se contienen también las obligaciones de los padres para con sus hijos13, que son, además de amarlos: alimentarlos, vestirlos, instruirlos en religión y en cultura, vigilarlos, corregirlos, darles buen ejemplo14 y «procurarles un porvenir humano proporcionado a su estado y condición social»15 . Es decir, educarlos física, intelectual, humana, espiritual y moralmente16 ; y protegerlos de los peligros de alma y cuerpo.

Los padres tienen el derecho y el deber de educar a sus hijos17 .

«Recuerden los padres que es deber suyo vigilar cuidadosamente para que los espectáculos, las lecturas y cosas parecidas, que puedan ofender a la fe o a las buenas costumbres no entren en el hogar, y para que sus hijos no las vean en otra parte»18 .

Dijo Pío XII en su discurso del 9-V-57: «La sociedad es para la familia, no la familia para la sociedad. La familia es una institución natural: es el origen de la vida humana, y el recinto de la educación.

La familia es vínculo de transmisión normativa. Pero es necesario que la normativa moral y religiosa se dé con convicción, con motivación y con el ejemplo».

Algunos, enemigos de la educación y amigos de la libertad absoluta, defienden que se deje al niño hacer lo que espontáneamente quiera.

Esto es una aberración.

A los niños, desde pequeños hay que enseñarles lo que es bueno y correcto. Después, cuando sean mayores lo harán libremente, o no la harán; pero cuando son niños hay que enseñarles.

Si tu niño te dice:

- Se me ha morido mi pajarito.

Tú le dices:

- No se dice morido. Se dice muerto.

Después, de mayor, dirá «muerto» libremente.

Y si es un rebelde, dirá «morido». Si prefiere el error, es su problema.

Pero el padre es lógico que trasmita a sus hijos lo que él considera valores, ideales, la verdad, el bien, lo correcto, la virtud, la honradez, la servicialidad, la responsabilidad, etc., etc.

No para oprimir al niño, sino para ayudarle, para educarle, en su propio bien.

Por eso le ayuda a hablar con corrección, a escribir sin faltas de ortografía, a ser limpio, a comer con urbanidad y a mostrarse bien educado en todas partes.

Y, por supuesto, a ser buen católico, amando a Dios y al prójimo.

Debemos colaborar con nuestros padres al bien espiritual de la familia, manifestándoles aquellas cosas que ellos deben saber para corregirlas.

A no ser que haya otro modo más eficaz.

Pero quien oculta los malos pasos de sus hermanos, por un falso criterio de compañerismo, puede hacerse responsable ante Dios de las faltas que queden sin corregir.

El padre tiene obligación de corregir; pero para esto necesita estar informado de lo que pasa. No exagerar las cosas. Pero no quitar importancia a lo que la tiene.

«Los padres son los primeros educadores, y son ellos quienes deben decidir, y no el Estado, el tipo de educación que crean mejor para sus hijos.

»El Estado debe ayudar a todos los niños en edad escolar sin discriminaciones. Sería injusto que si los padres necesitan ayuda para la enseñanza de sus hijos, y el Estado quiere cooperar, sólo ayude a los que asisten a las escuelas estatales, y no ayude a los de las escuelas libres»19 .

«Los padres, como primeros responsables de la educación de sus hijos, tienen el derecho de elegir para ellos una escuela que corresponda a sus propias convicciones.

»Este derecho es fundamental.

»En cuanto sea posible, los padres tienen el deber de elegir las escuelas que mejor les ayuden en su tarea de educadores cristianos.

»Los poderes públicos tienen el deber de garantizar este derecho de los padres y de asegurar las condiciones reales de su ejercicio»20 .

La educación es de una importancia trascendental y de una gran responsabilidad para los padres.

Hay en la vida muchos hombres que lamentan su desgracia por las faltas y descuidos de sus padres.

Los padres no pueden hacer creer a sus hijos, pero pueden educarles en la fe.

Lo mismo que no pueden decidir por ellos, pero pueden enseñarles lo que es bueno y lo que es malo.

En educación, como en todo, se recoge lo que se siembra.

A los niños, gradualmente, según ellos vayan siendo capaces de asimilar, hay que inculcarles la limpieza, el orden, la obediencia, el sacrificio, la lealtad, la servicialidad, la honradez, el saber renunciar, etc. etc.

«Acostumbrarlos a portarse bien en todas partes, a practicar el bien aunque sea penoso, y a huir del mal aunque sea seductor, (...) espontáneamente, y por propia iniciativa, aunque nadie le vigile ni castigue»21 .

De mayores será muy difícil que adquieran virtudes que no se les sembraron de pequeños.

Los niños, para su buen desarrollo, necesitan caricias desde el primer momento.

Se han hecho estudios de niños atendidos perfectamente en sus necesidades vitales, en centros especializados, pero faltos de cariño, que muestran anormalidades características.

«Quien sabe amar, sabe corregir, negar, conceder y premiar. El amor que consiste sólo en dar gustos, tolerar caprichos, y dejar sin sanción las culpas, es un amor equivocado»22 .

Con ocasión de la fuga de dos adolescentes madrileñas a Portugal, con dos amigos en un coche robado, José María Carrascal publicó en el ABC un acertado artículo en el que entre otras cosas decía:

«Siempre se han escapado niños y niñas de casa.

»Pero antes se marchaban porque les trataban mal, y ahora se largan porque les tratan demasiado bien.

»Se aburren.

»Y les entra el cosquilleo de la aventura. (...)

»Saben, además, que cuando vuelvan no les va a pasar nada»23

Los hijos no se pueden tener mimados y consentidos.

El niño mimado y consentido se hace caprichoso y poco sociable. Esto le va a traer problemas de aceptación entre sus compañeros en su edad escolar, y esto le va a dificultar su madurez psicológica.

Está comprobado que el niño que es bien aceptado por sus compañeros, por sus cualidades personales, tiene un gran porcentaje de probabilidades de una buena maduración psicológica en el futuro.

Los hijos, ni se pueden tener mimados y consentidos, ni tampoco castigarlos sin razón.

El castigo es inevitable, pues es moralmente imposible que tus hijos no cometan alguna falta que lo requiera: «sin castigo no hay educación posible», dice uno de los más célebres pedagogos de nuestra época, Foerster24 .

Pero para que el castigo sea educativo y eficaz ha de ser siempre25 :

a) oportuno: escogiendo el momento más propicio para imponerlo pasada la ira en unos y otros;

b) justo: sin exceder los límites de lo razonable;

c) prudente: sin dejarse llevar de la ira;

d) poco frecuente, para que sea eficaz26.

e) cariñoso en la forma, para que el niño comprenda que se le impone por su bien. «No somos eficazmente castigados sino por aquellos que nos aman y a quienes nosotros amamos»27 .

El castigo corporal tiene sus dificultades. Puede engendrar terquedad, rencor, debilitamiento del sentimiento del honor.

Los niños nerviosos no debieran ser castigados corporalmente, pues se corre el peligro de aumentar su nerviosidad.

En las niñas el castigo corporal debilita el sentimiento de su intocabilidad corporal, tan precioso para el recato de su vida futura.

A veces puede ser más eficaz que un castigo corporal el ponerlo a comer solo en una mesita de cara a la pared, privarle de una habitual muestra de cariño, o de un dulce que le gusta, o del dinero que se le suele dar: depende de edades y circunstancias.

El castigo debe facilitar al niño el camino de la honradez, la obediencia, la aplicación, etc., para hacer de él un hombre moral.

El castigo más que para expiar la culpa cometida debe servir para la corrección. Para esto es necesario que el niño reconozca la falta, y lo justo del castigo.

El castigo tiene mucho más valor cuando el niño lo acepta voluntariamente, o se lo impone él mismo.

Después de aplicado el castigo, se deben hacer las paces con el niño lo antes posible28 .

Hay que tener tacto para corregir con eficacia.

Poco se logra con herir y humillar solamente.

Hay que alentar. Despertar el sentimiento de la propia estima.

Una corrección eficaz debe dejar siempre abierto un portillo a la esperanza de la propia superación29 .

El dejarle hacer lo que él quiera, algún día lo interpretará como falta de interés por su bien.

En cambio el contrariarle manifestando que se hace por amor e interés por él, terminará por ganarle el corazón.

«Corregir no es coaccionar. Corregir no es usar violencia. Corregir es decir lo que hay que decir, en privado, no delante de otros; sin comparaciones, que son odiosas; con tino, tacto y comprensión. Con dificultad ejercerá bien una corrección el que la hace apasionadamente, con ira, o con amor propio herido. Quien tiene que corregir debe hacerlo con humildad, sin aire de superioridad como si nosotros fuéramos impecables. Hacerlo por caridad, y no por venganza, rencor o resentimiento. Sin lastimar ni herir. Con ánimo de curar, no de hundir. Sólo cambiando el corazón de las personas la corrección es duradera»30 .

Decir: «te quiero demasiado para permitirte eso», o un trato cariñoso después de un castigo, restablece la armonía.

El amor debe estar por encima de las travesuras.

Una madre después de castigar a un hijo le dijo:

«No estoy furiosa contra ti, sino contra tu travesura».

Y el hijo agradeció aquel castigo.

Si es importante saber manejar el castigo en orden a una buena educación, no lo es menos el saber utilizar el premio; por ejemplo, el elogio.

La recompensa pedagógica puede revestir muchas formas: una mirada de aprobación, un gesto cariñoso, una palabra, la concesión de un permiso deseado, un regalo, etc.

Pero tampoco se pude ser excesivo en los premios y alabanzas, pues perderían eficacia, y se correría el peligro de hacer al niño egoísta, obrando bien sólo con miras al premio y a la recompensa.

El estímulo es más eficaz que la represión.

A veces ésta será inevitable, pero su eficacia será mayor si el hijo está acostumbrado a que se le reconozca la obra bien realizada, y se le aplauda el esfuerzo realizado, aunque no siempre estos esfuerzos hayan sido coronados por el éxito.

Todo el mundo queda agradecido a quien sinceramente le anima.

Un elogio correcto, justo, oportuno, estimula y educa para el bien.

«Las personas necesitamos experimentar situaciones de éxito. (...)

»De esta manera vamos adquiriendo lo que Harter llama “motivación de eficacia”, es decir, que la propia tarea en la que conseguimos el éxito se convierte en una fuente de satisfacción que nos motivará a seguir realizando otras tareas, con lo que aumentará nuestra probabilidad de volver a tener éxito en el futuro»31.

«Todo el arte de la Pedagogía consiste en saber sonreír y en decir NO a los hijos en el momento preciso y de la manera exacta»32 .

El elogio obra maravillas.

Pero conviene que se refiera a cosas concretas más que a cosas generales.

En lugar de decir: «eres muy valiente», es mejor decir: «me ha gustado verte subir a la bicicleta después de haberte caído»33 .

«Los padres tenemos que ser portadores de referencias. (...)

» Una consecuencia de la libertad es que el hombre tiene que elegir.

»Tiene que tomar decisiones.

» Los animales no eligen, no toman decisiones, se dejan llevar por sus instintos necesariamente.

»Pero el hombre, no.

»Cuando se deja llevar por sus instintos es porque el hombre quiere. Aunque los instintos sean fuertes, más lo es la libertad.

»Elegir es una consecuencia de la libertad.

»Cuando elegimos podemos equivocarnos.

»Y esto produce inseguridad. (...)

»Por eso es muy importante la educación de la libertad.

»Porque tenemos libertad para elegir lo que se debe hacer o lo que apetece. (...) La falta de referencias hacen al hombre inseguro. (...)

»Y la inseguridad lleva a la inmadurez. (...)

» Los padres debemos ser portadores de referencias, es decir, portadores de seguridad»34.

Una de las cosas peores que puede hacer un padre con sus hijos es dejarlos que se hagan caprichosos y testarudos.

Es de la máxima importancia en la educación de los hijos la formación de la voluntad.

La voluntad se fortalece enseñándola a renunciar.

A esto hay que empezar de pequeño.

Que empiece a renunciar a gustos, caprichos, comodidades, etc., en bien del prójimo.

Por ejemplo: que reparta entre hermanos y amigos la caja de bombones que le han regalado, que se levante de la silla para echar el papel del caramelo en la papelera, que ceda el sillón a una persona mayor, que deje un juego ruidoso porque a la abuelita le duele la cabeza, etc., etc. Hay multitud de renuncias y privaciones de alto poder formativo.

La sonrisa de un hijo proporciona a los padres tanto placer que se hace durísimo contrariar al niño.

Por otra parte, hay corazones de padres que no pueden resistir el oír llorar a sus hijos.

Sin embargo, han de saber que por no querer contrariarlos hoy y darles esos caprichos, los están preparando para grandes disgustos en la vida, porque las cosas no siempre van a salir a sus deseos.

Es una equivocación decir: «Déjale hacer. Pobrecito. Ya tendrá tiempo de sufrir».

Todo lo contrario.

El niño mimado sufrirá el doble que el que se ha acostumbrado a renunciar con naturalidad. ¡En la vida hay que renunciar por fuerza tantas veces!.

Es menester acostumbrar al niño, desde pequeño, a portarse bien en todas partes, espontáneamente y por propia iniciativa, aunque nadie lo vigile ni le castigue.

Hay que saber apartarlos del mal y orientarlos al bien, de modo que ellos mismos estimen la virtud y el deber, y lo abracen voluntariamente.

Es muy importante en la educación de los niños saber proporcionarles placeres lícitos con alegría, y que sepan renunciar a lo ilícito sin angustia.

Es imposible que los niños tengan siempre lo que desean. Hay que acostumbrar a los niños a que acepten estas frustraciones con naturalidad, pues la vida está llena de frustraciones.

«El joven que se acostumbra desde niño a hacer su voluntad es un inútil para la vida.

»Porque la vida es un tejido de deberes desagradables, y el que desde niño no se acostumbra a cumplirlos severamente, sino que obra a impulsos de sus gustos, caprichos y pasiones, se hace víctima de su propia voluntad al llegar a la edad madura»35

Dijo Montaigne que la mayor libertad es la de dominarse a sí mismo36 .

Dice el gran educador Stuart Mill: «Quien nunca se ha privado de algo permitido, no sabrá privarse de lo prohibido»37 .

La voluntad es la facultad de la persona humana por la cual el individuo cumple lo que se ha propuesto sin dejarse llevar por lo que le gusta o disgusta. Es muy importante para ser una persona de carácter. Es lo que hace al hombre «más hombre».

Para lograr el dominio de la voluntad es necesario entrenarse, como en el deporte.

Hay que adquirir un hábito por la repetición de actos realizados con una motivación de superación personal.

El entrenamiento debe empezar por cosas relativamente fáciles.La constancia engendra el hábito. Los actos repetidos fortalecen la voluntad.

Un agota de agua que cae sobre la mano, ni se nota.

Pero si cae continuamente, termina por horadar la piedra. Ya lo dijo Ovidio: Gutta cavat petram, son semel, sed saepe cadendo: La gota de agua horada la piedra si cae, no una sola vez, sino constantemente.

Un niño mimado no es aquel por quien se hace demasiado. Nunca se hace demasiado por un niño. Niño mimado es aquel a quien nunca se le ha exigido, aquel a quien no se le ha enseñado a devolver en proporción a lo recibido. Condescender a los caprichos del niño es hacer de él un pequeño tirano. «No hay manera más segura de labrar la desgracia de un hijo que darle todos los caprichos»38 .

Formar la voluntad exige hacer renuncias: «Nadie puede hacer estatuas sin rechazar piedra»39 .

La idea lleva al acto. La repetición de actos crea el hábito.

El hábito se fortalece con la motivación.

La motivación hay que caldearla con los afectos, sentimientos y emociones.

Dijo Williams James: «Siembra una acción y recogerás un hábito. Siembra un hábito y recogerás un carácter. Siembra un carácter y recogerás un destino»40 .

Dice el psico-pedagogo Bernabé Tierno:

«Sin los hábitos voluntarios, queridos libremente tras múltiples esfuerzos, no llegaremos a alcanzar la seguridad y la rapidez no sólo en la ejecución sino en las decisiones. Nuestra voluntad es poderosa gracias a los hábitos por los cuales ejecutamos, casi automáticamente, aquello que hemos querido y decidido previamente. Desarrollar la voluntad consiste en contraer hábitos de querer; pero no hay hábitos de querer, no hay voluntad, no hay éxito posible sin esfuerzo. (...) Ese esfuerzo inicial por algo que nos conviene, que es necesario, aunque no nos guste, constituye la fase más costosa y ardua de la formación de la voluntad, que no es otra cosa que la repetición de actos positivos sin escatimar esfuerzos. (...) Concedo una especial importancia a la formación de la voluntad constituyente, es decir, a una educación y entrenamiento del ser humano en el esfuerzo, en la capacidad de elegir todo aquello que le conviene, que es necesario y bueno para el desarrollo integral de su personalidad, aunque no le guste, aunque ello le suponga denodado esfuerzo y sacrificios. No hay otro camino»41 .

«El objeto de la educación es fortalecer la voluntad humana. (...) Educar es hacer que el educando quiera, libre y habitualmente, cumplir con su deber»42 . Y esto se consigue con la acción. Para aprender un idioma hay que practicarlo. Para aprender a hacer zapatos hay que hacerlos: no basta leer un libro de cómo se hacen.

Educar, formar a un niño, es hacerle obedecer, ayudarle a superarse, enseñarle a amar, a querer lo que no quiere, lo que no ama, lo que no hace espontáneamente, pero que le servirá...

Se ha definido al educador como quien presta voluntad. Dejado a sí mismo, el niño queda esclavizado a sus instintos y caprichos.

La intervención de la voluntad fuerte del educador le libera...

Ese pequeño ser tan encantador y tan débil, hacia el que nuestro amor y nuestra compasión se desbordan, es terriblemente egoísta y codicioso. Hay que enderezarlo, moldearlo, humanizarlo. No hay rectitud moral en la vida si no se obedece a los principios, a pesar de las tentaciones y los caprichos.

«Además, no hay verdadero placer, incluso para el niño, en las cosas obtenidas sin esfuerzo. En todos los terrenos hay que pagar con horas de penosa ascensión la alegría de contemplar un hermoso panorama.

»La resistencia vencida produce su goce. Hay que dar al niño la experiencia y el gusto de estas ásperas y profundas alegrías que brotan de la dificultad vencida»43 .

Y desde luego, jamás permitas una desobediencia. Antes de dar una orden, piensa si es conveniente. No mandes muchas cosas seguidas; y nunca, contradictorias.

El padre y la madre deben estar siempre de acuerdo en cuanto a órdenes y castigos. Nunca deben contradecirse.

Y las órdenes, que sean claras, que el niño las entienda. Y bien descritas en sus detalles: plazo de tiempo en que debe realizarse, resultado que se pretende, etc.

Por ejemplo: «Recoge el cuarto de baño después de ducharte». Aclarar que se entiende al terminar de ducharse, no a media noche; todo limpio, no basta recoger la ropa sucia, etc. No mandarles demasiadas cosas. Ni prohibirles tonterías.

Dijo el doctor psico-pedagogo Luis Riesgo en una conferencia a la que asistí en el Casino GADITANO DE Cádiz, el 15 de Noviembre de 1995: «No hacer montañas de las colinas. Ser transigentes en pequeñeces. En toda pedagogía familiar vale más ganar una batalla importante que cien escaramuzas sin importancia».

Procura no mandar cosas demasiado difíciles. Pero dada la orden, que sea ejecutada por encima de todo. Si el niño logra imponer su voluntad una vez, no lo olvidará, y siempre intentará conseguirlo de nuevo. «El niño debe saber que hay ocasiones en las que son inútiles los llantos y los gritos»44 .

Y tú, por tu parte, cumple también la recompensa o los castigos a que te hayas comprometido. Son desorientadores para los niños y fatales en la educación, esos padres que mandan, amenazan y prometen muchas cosas; pero después nada de eso llega a la realidad, sin razón alguna45 : «El castigo anunciado no debe suprimirse sin causa»46 . Pero hay que tener cuidado de que el castigo no corresponda a nuestro mal humor, sino a la gravedad de la falta y a la responsabilidad del niño. Reconocida la culpa por el niño, y aceptado el castigo, es muy pedagógico disminuir éste con la promesa de enmienda.

- Educar es aceptar que cada hijo tiene su modo de ser, y permitirle ser «él mismo».

- Educar es reforzar y alentar todo lo bueno que tenga el educando.

- Educar es procurar el bien del educando con autoridad y firmeza, pero sin violencia y con ternura.

- Educar es inculcar los valores que pretendemos, por medio del ejemplo47 .

«Educar es acompañar a alguien para que vaya sacando lo mejor que lleva dentro.

»Es desarrollar las facultades que están soterradas en el fondo de la personalidad, y que necesitan de la ayuda del maestro para aflorar. (...) No hay educación sin disciplina. (...) Ser libres es liberarse de las cargas negativas que uno tiene y potenciar las positivas»48 .

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