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Teología paratodos un curso de religión -multimedia- a distancia y personalizado


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TEOLOGÍA PARA TODOS: Seminario de Teología Dogmática.

Un curso del Instituto de Formación Teológica por Internet (www.institutodeteologia.org)



TEOLOGÍA PARATODOS


Un curso de religión -multimedia- a distancia y personalizado

Seminario I: Teología Dogmática

Cuarto envío

PARA SALVARTE del P. Jorge Loring

3,9. También hace falta orar.

¿Cómo puede orar un ateo, que no sabe si hay Dios?

¿Puede caer en ceguera culpable por no orar?

¿Esto es una paradoja inadmisible?

No: el que se encuentra perdido en un bosque, sin saber lo que hay en el entorno, grita pidiendo auxilio.

¿A quién grita? A nadie. A quien sea.

Grita por si hay alguien.

Pues bien, ningún ateo consecuente podrá eliminar, en conciencia, al menos, la sospecha de que haya Alguien1.

Ya dijo Pascal: «No hay más que dos clases de personas a las que se puede llamar razonables: aquellos que sirven a Dios con todo su corazón, porque lo conocen; y aquellos que buscan a Dios con todo su corazón, porque no lo conocen»2

Lo religioso es una dimensión necesaria, constitutiva del hombre.

No es algo accidental u opcional, como puede ser la afición al tenis o a coleccionar mariposas.

El increyente es, sin duda, un ser psicológicamente mutilado. El hombre no puede despreocuparse impunemente de Dios.

«Pero no es menos cierto que creer es un acto auténticamente humano»3 .

«En la fe la inteligencia y la voluntad humanas cooperan con la gracia divina»4 .

«Dios da una respuesta definitiva y sobreabundante a las cuestiones que el hombre se plantea sobre el sentido y la finalidad de su vida»5 .

Es una pena la ignorancia religiosa. La fe es lo más importante de la vida, porque es lo único que responde a las verdades fundamentales.

Todo ser racional, alguna vez en su vida, es lógico que se pregunte:

¿Qué sentido tiene la vida? ¿Qué será de mí después de la muerte?.

El agnóstico no sabe responder.

En la tumba de un ateo se lee: «He vivido en medio de dudas, y muero en la incertidumbre. No sé a dónde voy».

¿De qué me sirve saber el número de mis cromosomas o las vibraciones de la luz ultravioleta si no sé el sentido de mi vida? Sólo la fe tiene ante el dolor explicación y consuelo.

Para el ateo sólo hay tinieblas y desesperación. La fe da rectitud, alegría y esperanza.

El hombre tiene un dimensión religiosa que no se puede apagar. El hombre añora lo religioso.

Setenta años de ateísmo militante en la U.R.S.S. no han podido acabar con la fe del pueblo ruso que ha resurgido con fuerza mientras rodaban por el suelo las estatuas de Lenin y Stalin.

El alma humana tiende naturalmente a Dios, y es imposible ir contra la naturaleza:

Si tiras una piedra hacia arriba, al cesar el impulso, terminará por caer a tierra.

Si soplas sobre el fuego para que el humo vaya hacia abajo, cuando dejes de soplar el humo se irá hacia arriba.

El barco tiende a flotar. Sólo se quedará en el fondo del agua si está agujereado.

El alma que no siente su destino hacia arriba es que está rota, destrozada.

Por eso naufraga como un barco agujereado.

El que tiene fe ve a Dios detrás de todo lo mundano. Como el que sabe que detrás de los nubarrones está el Sol.

3,10. La fe es un don de Dios6 .

Es una gracia de Dios, que debemos pedir sin descanso. Incluso el que cree que no tiene fe, debe orar. Al menos podría decir: «Señor, si existes, concédeme el don de la fe». Como es cierto que existe, será oído y obtendrá la fe.

Carlos de Foucauld (1858-1916), oficial del ejército francés encontró la fe, a los 28 años, después de llevar una vida desordenada, repitiendo: «Dios mío, si existes, haz que te conozca»7

Dios sale siempre al encuentro del que sinceramente le busca8 . «Dios está cerca de los que lo buscan sinceramente»9.

«Dios no rechaza jamás al que hace lo que puede para acercarse a Él»10 .

«La fe es un don sobrenatural de Dios. Para creer, el hombre necesita los auxilios interiores del Espíritu Santo»11 .

Con ella profundizamos en el conocimiento de la Religión y vemos cosas insospechadas para el que no la tiene. Es la diferencia entre la contemplación de la partitura de un concierto hecha por un profano o por un gran músico.

Es triste ser sordo, y no poder oír la música. Es triste ser ciego, y no poder ver las flores. Pero más triste es no tener fe, y no poder tener esperanza en la misericordia de Dios, nuestro Padre.

El espíritu de fe nos hace juzgar de todas las cosas según las normas de la fe, desde el punto de vista de Dios. Esta iluminación hay que pedírsela al Espíritu Santo.

La fe ilumina la noche. Pero no suprime la noche.

Como las luces que señalan al piloto la pista de aterrizaje. Le señalan el camino, pero no iluminan las tinieblas. Vamos viendo según vamos avanzando. Como con la linterna que alumbra nuestros pasos.

La fe ilumina la Verdad. Nos da a conocer cosas insospechadas, y nos lleva a aceptar la Verdad y a adherirnos a la Persona que nos la transmite.

Se une a ella como dos ríos en uno solo.

Es una opción por Algo y por Alguien. Dios no se impone. Quiere ser elegido libremente. Dios se me ofrece en una declaración de amor, y espera mi respuesta.

La fe nos adhiere a Dios y nos impulsa a adherirnos cada vez más perfectamente a Él por la gracia. Precisamente nos hace ver que en realidad sólo podremos estar reunidos a Él si estamos en gracia.

3,11. En la fe «el hombre se entrega entera y libremente a Dios, le ofrece el homenaje total de su entendimiento y voluntad, asintiendo libremente a lo que Dios revela»12.

La fe no debe ser sólo intelectiva, seca, fría, sin palpitación vital.

Debe ser alegre, optimista, ardiente, que brote de las entrañas del espíritu, y vivifique todo nuestro ser y nuestro obrar.

Fe que se ilumine con la cabeza, y se caliente con el corazón.

La fe da optimismo para llevar esta vida tan llena de calamidades.

Es como el pájaro que oye crujir la rama sobre la que está, al ser zarandeada por vendaval: él no teme, porque tiene alas.

4.- DIOS HA HECHO EL COSMOS DE LA NADA13 .

4,1. Dios hizo el cosmos de la nada porque antes de la creación sólo existís Él y «y no podía hacerlo de sí mismo pues Él es absolutamente simple e inmutable: no había Él partes que pudieran ser tomadas y transformadas en un universo»14 .

Hacer algo de la nada es crear. «Crear es dar existencia, hacer que un ser comience a existir»15 .

«Nada existe sin razón suficiente».Es un principio filosófico. J. A. Wheeler, uno de los más prestigiosos físicos actuales16, se pregunta: «¿Por qué existe ALGO en lugar de NADA? La respuesta es evidente. Porque un SER ETERNO creó de la NADA todo lo que existe.

«El interrogante de por qué existe el ser y no la nada, parece haber sido planteado por primera vez por Leibniz. La fe cristiana responde: el mundo ha sido creado por Dios»17 . Entendemos por mundo todo lo que existe fuera de Dios.

La creación es el acto por el cual Dios da existencia a todo lo que existe fuera de Él18 . Antes de la creación no existía nada fuera de Dios. Por eso, Dios crea todo de la nada. Porque nada ni nadie existía antes de la creación del Universo, a excepción de Dios. Por eso decimos que Dios hizo de la nada todo lo que existe fuera de Él.

La palabra hebrea “bará” significa creación de la nada. Por eso en la Biblia se aplica sólo a Dios, porque los hombres no creamos, sólo fabricamos, transformamos la materia.

Dice la Biblia: Dios es Autor de todo lo que existe, y por tanto anterior a toda la creación19 . El Universo es obra de Dios20 . «Dios es causa primera de todo lo que existe»21 . Esto es lo que quiere decir el «Credo» con las palabras: «Creador del cielo y de la tierra».

5.- Los hombres no pueden hacer las cosas de la nada22 .

5,1. Hacer las cosas de la nada es crear. El único que puede crear es Dios23 . El hombre no puede crear, porque para hacer algo necesita materias primas: el carpintero necesita madera; el panadero, harina; el poeta, palabras, etc. Todos necesitan algo que ya existís.

El hombre solamente transforma la materia. Algunas veces estas transformaciones son tan originales que las llamamos «creaciones», pero este modo de hablar no es adecuado.

Dios ha creado el Universo, porque lo ha hecho de la nada.

5,2. Es admirable la generosidad de Dios en su creación:

- Millones de espermatozoides para fecundar un solo óvulo.

- Millones de granos de polen que no fecundan ninguna flor.

- Millones de flores en las montañas sin que nadie admire su belleza.

- Millones de peces de colores en las zonas abisales inasequibles para el hombre.

- Millones de galaxias conocidas solamente -que sepamos- desde el planeta Tierra.

- Etc., etc.

5,3. Dios también es conservador de todo lo creado, pues las criaturas desaparecerían si Dios no las sostiene en la existencia. Lo mismo que la sombra desaparece si falta la luz; y la luz desparece si no hay corriente eléctrica.



6.- Dios hizo algunos seres sirviéndose de otros ya existentes.

6,1. Lo mismo que un carpintero se sirve de la sierra para hacer la mesa.

Los padres son meros instrumentos de Dios. Ellos no saben si el hijo será listo o tonto, alto o bajo, sano o enfermo.

Normalmente, más que hacer las cosas directamente, «Dios hace que se hagan»24. “La creación no salió plenamente acabada de las manos del Creador”25 .

«La expresión “al principio” no sugiere que el mundo, tal como hoy lo vemos, haya salido entero de Dios en un momento dado. No hay ningún reparo en admitir una lenta evolución de los seres en su aparición, y progreso constante hacia formas cada vez más perfectas. Lo que se afirma es que el comienzo de todo, el arranque inicial, está en Dios. Ese momento en que se pasó del no existir nada de lo que vemos, al primer existir de las cosas es lo que llamamos creación. La idea de creación tiene un matiz muy preciso que la distingue de los similares de “producción” o “construcción”. Es un hacer absolutamente nuevo y original, un partir de cero, en el que no se presupone nada preexistente, sino es el Hacedor mismo. No hay materia previa, no hay instrumentos, sólo existe la posibilidad pura. Sobre esta posibilidad se vuelca el acto amoroso de Dios, que decide sacar a la luz este mundo. La evolución subsiguiente también es obra de Dios. Con esta diferencia: en su primer momento todo es creación; en los momentos posteriores es un desarrollo, un despliegue de la creación inicial»26.

6,2. Además de este mundo visible, hay también un mundo invisible al que se extiende igualmente la acción creadora de Dios, como profesamos en el Credo. En el Credo del Pueblo de Dios de Pablo VI se precisa explícitamente que bajo el nombre de «cosas invisibles» han de entenderse los «espíritus puros que reciben también el nombre de ángeles» confirmando la interpretación tradicional27 . El Concilio Vaticano I habló de los dos órdenes de criaturas, corporal y espiritual, como equivalentes a mundo y ángeles28.

Es aburdo negar la existencioa de los ángeles porque la Ciencia no puede verificarlo. La Ciencia estudia las leyes de la naturaleza material, pero los ángeles son espirituales; están en otro nivel. Lo mismo que la Ciencia no puede verificar si yo en mi corazón siento odio a mis enemigos o los perdono. El odio y el perdón no son materiales.

Hablando de los ángeles dice el Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica:

«Son criaturas puramente espirituales, tienen inteligencia y voluntad: son criaturas personales»29 .

«Jesús menciona a los ángeles como seres reales y activos»30. Por eso la existencia de los ángeles es dogma de fe31 . Fue expresamente definido por el Concilio IV de Letrán32 .

«La existencia de los ángeles está testimoniada por innumerables pasajes de la Sagrada Escritura, si bien es poco lo que se conoce de sus funciones y naturaleza. Son “mensajeros” de Dios en momentos extraordinarios de la Historia de la Salvación. Conocemos algunos nombres relacionados con la función para la que son elegidos, como los de Miguel, Rafael, Gabriel.

Se da por entendido que son muchísimos en número, distribuidos en jerarquías: el Antiguo Testamento habla de Querubines y Serafines; el Evangelio de Ángeles y Arcángeles; y San Pablo de Tronos, Dominaciones y Potestades.

Fueron sometidos a una prueba. Algunos sucumbieron por haberse declarado en rebeldía contra Dios: son los demonios que fueron condenados al infierno. Desde entonces su existencia parece concentrarse en odiar a Dios y en tentar a los hombres33 .

Entre los ángeles buenos, está el llamado «Ángel de la Guarda», que Dios da a cada hombre en este mundo para conducirle por el camino del bien34 .

«Se deduce de la Sagrada Escritura, según interpretación de los Santos Padres, que Dios ha dado a cada hombre un ángel para su particular defensa y protección»35 .

Dice la Biblia: “Dios te ha encomendado a sus ángeles para que te guarden en todos tus caminos”36.

En el Evangelio 37 encontramos este testimonio: «Dijo Jesús: “mirad que no despreciéis a uno de estos pequeños, porque en verdad os digo que sus ángeles ven de continuo en el cielo la cara de mi Padre”»38.

6,3. Dice Sertillanges que la obra maestra de Satanás ha sido hacer creer a los hombres que él no existe39 .



La existencia de Satanás es dogma de fe. Está definido en el Concilio Lateranense IV. El P. Justo Collantes,S.I., Catedrático de Teología en la Facultad de Granada dice que las palabras utilizadas en este capítulo son «una profesión de fe»40 .Dice el Concilio Lateranense IV: «Creemos firmemente y confesamos sinceramente que (...) el diablo y demás demonios fueron creados por Dios buenos, mas ellos, por sí mismos, se hicieron malos»41.

«Por lo tanto no se puede negar la existencia real de un ser creado por Dios»42.

El pecado del demonio fue de soberbia43 .

La Biblia dice que Dios creó los ángeles y que algunos pecaron y fueron condenados para siempre44 : éstos son los demonios. «Los demonios son ángeles caídos»45.

Por eso, Javier Ibáñez, en su obra La fe divina y católica de la Iglesia, califica la existencia del diablo de fe divina y católica definida46 .

La existencia del demonio también lo ha confirmado recientemente la Iglesia47

Al actualizar el ritual de los exorcismos demuestra que sigue vigente la doctrina del demonio.

El cardenal Jorge Arturo Medina Estévez Prefecto de la Congregación para el Culto Divino, dijo en Rueda de Prensa, El 26 de enero de 1999: «Sabemos que hay católicos que ponen en duda la existencia del diablo, pero esta realidad pertenece a la fe y a la doctrina de la Iglesia Católica. Quien diga que el diablo no existe no está ya en la fe. La doctrina católica nos enseña que los demonios son ángeles caídos a causa de su pecado, seres espirituales de gran inteligencia y poder; la potencia de Satanás sin embargo no es infinita. No es más que una criatura, potente por el hecho de ser espíritu puro, pero siempre una criatura: no puede impedir la edificación del Reino de Dios».

A propósito de Satanás, el cardenal Medina subrayó «que el influjo nefasto del demonio y de sus secuaces se ejerce habitualmente a través del engaño, la mentira y la confusión. Si Jesús es la Verdad, el diablo es mentiroso por excelencia. Desde siempre, desde el principio, la mentira ha sido su estrategia preferida. Engaña a los hombres haciéndoles creer que la felicidad se encuentra en el dinero, en el poder, en la concupiscencia carnal. Engaña a los hombres persuadiéndoles de que no tienen necesidad de Dios y de que son autosuficientes, sin necesidad de la gracia y de la salvación. Incluso engaña a los hombres disminuyendo, es más, haciendo desaparecer el sentido del pecado, sustituyendo la ley de Dios como criterio de moralidad por las costumbres y las convenciones de la mayoría. Persuade a los niños de que la mentira es un modo apto para resolver los diversos problemas, y así poco a poco se crea entre los hombres un atmósfera de desconfianza y de sospecha. Tras las mentiras y engaños, que llevan la imagen del Gran Mentiroso, se desarrollan las incertezas, las dudas, un mundo en el que no hay ya seguridad, ni Verdad y donde, en cambio, reina el relativismo y la convicción de que la libertad consista en el hacer lo que se quiere; así no se entiende ya que la verdadera libertad es la identificación con la voluntad de Dios, fuente del bien y de la única felicidad posible»48.

El demonio es un ser inteligente, no humano, que induce a los hombres al mal49 . Pero al demonio se le puede vencer con la ayuda de Dios50.

Al demonio se le pinta con cuernos y con rabo; pero ya se comprende que el diablo ni tiene cuernos ni rabo, pues es espíritu. Se le representa así para expresar que es un espíritu malo.

En la Biblia parece clara la existencia del demonio en la tentación de Eva, en las pruebas de Job, etc.; y sobre todo en el Evangelio51 . Cristo para rechazar a Pedro que le proponía huir de la cruz le dice:«Apártate de mí, Satanás»52. Es decir, Cristo supone que Satanás es alguien53 . Si no, ese modo de hablar no tendría sentido.

Dice el Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica que el demonio es persona54 . Así lo considera Cristo pues supone que tiene deseos: le dice a Pedro que «Satanás quiere cribaros como al trigo»55 . Y San Pedro llama a Satanás nuestro adversario y afirma que anda buscando el modo de hacernos daño56 .

En otra ocasión Cristo afirma que Él expulsa al demonio57 .



D. Salvador Muñoz Iglesias, Profesor de Sagrada Escritura en el Seminario de Madrid, en el espacio de Televisión El pulso de la fe, dijo: «Quien niegue la existencia real de Satanás tiene que admitir que Cristo o se equivocó o nos engañó. Si un cristiano no puede admitir ninguna de estas dos cosas, tendrá que aceptar la existencia real de Satanás».

«Si hay algo claro en una lectura de las páginas del Nuevo Testamento, es que para Jesús y los Apóstoles, el demonio es una realidad, una realidad viva; y no una simple figuración o un fantasma»58.



Pablo VI dijo: «Quien rehusa reconocer la existencia de Satanás se sale del marco de la enseñanza bíblica y eclesiástica»59.

Dice Monden: «No se puede eliminar de la Escritura la existencia del demonio como ser personal sin alterar el mensaje cristiano en su misma esencia»60.

A veces se dan casos, aunque rarísimos, de posesión diabólica.

Hay que distinguir entre la auténtica posesión diabólica y los enfermos mentales que se creen poseídos del demonio.

Para las auténticas posesiones diabólicas la Iglesia tiene sacerdotes especializados que practican exorcismos para expulsar los demonios.

También hay que distinguir entre el verdadero exorcismo, realizado por un sacerdote especializado con el ritual de la Iglesia, y las oraciones de liberación que puede hacer cualquier cristiano61.

El demonio «es el tentador que busca nuestra desgracia y quiere cerrarnos las puertas del cielo»62.

«Sin embargo, el poder de Satanás no es infinito. No es más que una criatura»63 «El diablo no tiene poder sobre la salvación eterna del hombre, si éste no se lo permite»64. «Aunque el diablo es capaz de tentarnos no puede arrancarnos nuestro consentimiento»65.

Dice la Biblia que el demonio nos tienta porque nos tiene envidia66 , pues siendo la naturaleza humana inferior a la angélica, nosotros podemos salvarnos y él no. Por eso quiere impedir nuestra salvación eterna67 .

Dice San Pablo que el diablo nos tienta68 .

Y para tentarnos, nos engaña. San Juan le llama «mentiroso»69 .

En el Nuevo Testamento se habla del demonio más de cien veces70.

El hecho de que la Biblia mencione en el Apocalipsis el 666 como el número de la Bestia, «para algunos es el signo de Satán, y es un número maldito»71 .

En nuestros días la presencia del diablo se da principalmente en las prácticas de espiritismo y el el juego de la «ouija».72 Y también en las sectas satánicas y en las posesiones diabólicas73 .

Puede ser interesante mi vídeo: ¿Existe el diablo? con mi intervención en un debate de la televisión vasca (ETB)74 .

6,4. «Nos interesa muchísimo conocer cuándo fue creado el mundo, en qué época apareció el hombre, cuál fue la cuna de la Humanidad; pero de nada de esto nos habla la Biblia, pues no es un libro científico sino religioso, y lo único que le interesa decirnos es que el mundo es obra de Dios, y que Dios intervino de modo especial en la creación del hombre»75.

El P. Antonio Romañá, S.I., en el discurso pronunciado al ser admitido en la Real Academia de Ciencias de Madrid, cita esta frase de San Agustín: «Dios en la Biblia no nos ha querido enseñar cómo va el cielo, sino cómo se va al cielo»76.

«La Sagrada Escritura no tiene como fin fundamental comunicar enseñanzas sobre ciencias profanas, sino guiar a los hombres hacia su salvación eterna»77.

Con todo, los descubrimientos arqueológicos confirman los relatos bíblicos.

Kenyon que fue director del Museo Británico de Londres, señala que la investigación arqueológica moderna ha corroborado la verdad de las Escrituras78.«Puedo afirmar categóricamente que jamás hallazgo arqueológico alguno ha desmentido una referencia bíblica. Docenas y docenas de descubrimientos arqueológicos realizados han venido a confirmar asertos históricos de la Biblia»79.

En 1957 el Profesor de la Universidad Complutense, Alejandro Díez-Macho, descubrió en la Biblioteca Vaticana el Codex Neophyti I, que es un manuscrito del Pentateuco bíblico en arameo, que era la lengua que se utilizaba en tiempos de Jesús. Este manuscrito ha sido editado en cinco tomos por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas80 .

6,5. La Biblia nos cuenta en el Libro del Génesis cómo creó Dios el mundo.

La Biblia habla de siete días. Pero la palabra hebrea «yom», día, también significa un período largo de duración81 .

«Tampoco se puede insistir en el orden que se atribuye a los seres creados. (...) Busquemos en ellos, no un orden cronológico sino un orden lógico y artificial.

»Pongamos un ejemplo:

»Quiere un escritor narrarnos la Historia de España durante la Edad Media.

»Dedica el primer capítulo al reino de Asturias; otro capítulo al de León; otro al reino de Castilla. Es natural que en esta distribución lógica y geográfica, se complique la cronología. En el primer capítulo nos darán hechos posteriores a ciertos hechos de los capítulos siguientes»82 .

Nuestro modo de hablar, moderno y occidental es distinto del de la Biblia, primitivo y oriental, al que se acomodó Dios en sus revelaciones. La Biblia se expresa en un estilo sencillo y figurativo, adaptado a la mentalidad de aquel tiempo. El teólogo tiene que distinguir el contenido del mensaje revelado, del contexto en el que ha sido expresado.

Hay que tener en cuenta que la Biblia lo que pretende es transmitir una enseñanza religiosa. Su misión no es enseñar ciencia ni historia83.

«La Biblia no se propuso ninguna finalidad científica. Por lo mismo, tampoco nosotros debemos buscar en la Biblia solución científica a los problemas que plantea la ciencia moderna»84. En el modo de hablar se acomoda al modo de pensar y expresarse del pueblo al que se dirigía. No es lo mismo decir una cosa, que afirmarla. Al decirla, me acomodo al modo de hablar. Al afirmarla, la quiero enseñar. Cuando a un niño se le dice que la cigüeña le ha traído un hermanito (aunque este modo de hablar no sea recomendable como lo digo en el nº 66,4) no se afirma que sea ése el modo de nacer de los niños; se emplea un modo de hablar metafórico y figurativo, erróneo y equivocado, pero el que lo emplea lo considera el más adecuado para hacerse entender85 .

6,6. No puede haber contradicción entre Ciencia y Fe, pues las dos vienen de Dios. En efecto, Ciencia es el conocimiento de las leyes que Dios ha puesto en la Naturaleza, y Fe el conocimiento de las verdades religiosas que Dios ha revelado. Con todo hay que tener en cuenta, que la Ciencia mira la creación desde el punto de vista de las causas naturales, y por ello se interesa directamente de su desarrollo en el tiempo, y del orden exacto de ese desarrollo. La Biblia, en cambio, mira la creación desde el punto de vista de Dios, como Causa Primera y Universal; por eso no atiende en su narración al desarrollo temporal objetivo, sino que toda ella está atenta a la afirmación de la causalidad divina en cada uno de los elementos de la creación. Y en cuanto al orden y duración del proceso creativo escogió un modo de hablar que se acomoda a lo que aparentemente tenía lugar en el cielo -tal como se contemplaría desde la Tierra-, y a una verdad que tiene sumo empeño en inculcar: la sabiduría divina en crear, que se muestra en proceder en orden ascendente, es decir, de lo más imperfecto a lo más perfecto86 ; aunque la valoración la haga conforme a las apariencias sensibles y al modo corriente de hablar sobre estas cosas en su época. Lo más importante en la Biblia es el mensaje que quiere enseñar, y no el modo de hablar que usa para enseñarla.

Hay que tener en cuenta que su lenguaje es sencillo y popular. Acomodado al pueblo al que se dirigía87 . Por eso, el orden que sigue en sus primeros capítulos, como en no pocos otros, no es precisamente el cronológico, sino un determinado orden lógico, y viendo las cosas desde la Tierra. Habla de un modo popular, según las apariencias, no según los principios científicos88 . Por eso dice que el murciélago es un ave89 , y es un mamífero; y que el Sol da vueltas alrededor de la Tierra, pues Josué mandó detenerse al Sol: «... y el Sol se paró en medio del cielo»90. También hoy en día, incluso en los libros científicos se dice que el Sol sale y el Sol se pone; como si fuera el Sol quien da vueltas alrededor de la Tierra. Y todos sabemos que el Sol, ni sale ni se pone, sino que es la Tierra la que, en su rotación, presenta a los rayos solares diversas partes de su superficie. Es que hablamos de las cosas del cielo tal como se ven desde aquí; y aunque este modo de hablar no es exacto ni científico, todos entendemos lo que queremos decir.

Igualmente, cuando en el primer capítulo del Génesis emplea la palabra «día» al relatar la creación del mundo, no hay que entenderla como un día de veinticuatro horas, sino como un espacio de tiempo91 .

El hablar de los seis días de la creación tiene un fundamento litúrgico: inculcar el descanso sabático. Presenta a Dios antropológicamente, trabajando seis días y descansando el séptimo92 .

«Teje una narración escalonada hasta llegar al hombre, como culminación»93 .

6,7. En lo que enseña la Biblia no cabe error alguno, pues es un libro inspirado por Dios94 ; pero la inerrancia aneja a cada uno de sus libros es la que cuadra con el género literario a que pertenece.

Hay que distinguir entre el género alegórico del Apocalipsis, y «el género histórico de los dos Libros de Samuel, que pueden considerarse como el nacimiento de la historiografía»95.

Cada género literario en la Biblia tiene su tipo de verdad. Como en un periódico una es la verdad de un artículo editorial, otra es la verdad de la noticia de una agencia, y otra la verdad del lenguaje hiperbólico de un anuncio: «Mejores no hay», «Superior al mejor», etc. Así, una es la verdad propia de la parábola, en la cual sólo se pretende enseñar una verdad sin afirmar cada uno de los elementos ornamentales que la hacen pedagógica; otra la verdad de un canto lírico que, en lo concerniente a su sentido y realidad, debe ser juzgado conforme a las leyes de la lírica; otra la verdad de un relato. En éstos puede su autor querer afirmar la realidad histórica de lo que narra, tanto en lo substancial como en los pormenores. Pero puede también afirmar sólo la substancia del hecho, sin privarse, por motivos pedagógicos y artísticos (la Historia entre los antiguos tenía no poco de arte), de añadir a lo substancial otros elementos cuya realidad histórica no asegura.

«Hay que tener en cuenta que en una mentalidad oriental no es faltar a la verdad ampliar la narración con la adición de detalles no históricos en sí mismos, pero que contribuyen a poner de relieve el suceso central que se trata de transmitir. Distinguir entre la base histórica y los detalles ornamentales no es tarea que pueda realizar cualquier particular, sino personas preparadas para ello con doble preparación científica y teológica. La Biblia es un libro que se debe a la acción conjunta e indivisible de Dios y del hombre, su instrumento, a quien Dios comunicó su inspiración. Su realidad divina exige, para interpretarla, preparación teológica; y su realidad humana, preparación científica: entre estas dos no puede haber verdadero conflicto si se ejercitan con lealtad y rigor intelectual»96.

«Los datos numéricos de la Biblia, al igual que los de todos los antiguos documentos orientales, no hay que entenderlos en sentido aritmético, porque se basan en el simbolismo numérico del Antiguo Oriente»97. «Los números tienen un valor convencional y sagrado; no pueden tomarse siempre en sentido propio»98. El conocido especialista bíblico Alejandro Díez Macho dice: «lo de menos es el valor matemático, cuantitativo. Son números simbólicos»99.

El lenguaje simbólico es muy frecuente en la Biblia, lo mismo que entre nosotros. Cuando yo digo que «he sudado tinta», no quiero decir que mi sudor haya sido negro, sino que me ha costado mucho trabajo.

La interpretación de la Biblia no es un quehacer que haya que forjarse a base únicamente de ciencia y competencia, sino ante todo mediante la adhesión a la fe y la aceptación humilde de la palabra de Dios. De aquí que su lectura suponga una cierta preparación religiosa, bien distinta del mero espíritu de crítica o curiosidad. Por encima de las interpretaciones particulares está el juicio de la Iglesia, a la que Cristo confió la inteligencia del verdadero significado de los libros santos, conservado por los Santos Padres, y transmitido por la Tradición y el Magisterio de la Iglesia.

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