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Temporada n° 53 Cine gaumont


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Exhibición n° 6632 Martes 7 de marzo de 2006

Temporada n° 53 Cine GAUMONT

MATCH POINT (Ídem., Inglaterra / Estados Unidos / Luxemburgo, 2005) Dirección: Woody Allen. Guión: Woody Allen. Fotografía: Remi Adefarasin. Diseño del film: Jim Clay. Asistente de dirección: Christopher Newman. Montaje: Alisa Lepselter. Mezcla de sonido: Lee Dichter. Dirección de arte: Nicola Barnes. Vestuario: Jill Taylor. Decorados: Caroline Smith. Elenco: Jonathan Rhys Meyers (Chris Wilton), Alexander Armstrong (Sr. Townsend), Paul Kaye (Agente del Estado), Matthew Goode (Tom Hewett), Brian Cox (Alec Hewett), Penelope Wilton (Eleanor Hewett), Emily Mortimer (Chloe Hewett Wilton), Janis Kelly (cantante de 'La Traviata'), Alan Oke (cantante de 'La Traviata'), Mark Gatiss (jugador de Ping-Pong), Scarlett Johansson (Nola Rice), Philip Mansfield (mozo), Simon Kunz (Rod Carver), Geoffrey Streatfield (Alan Sinclair), Mary Hegarty (cantante de 'Rigoletto'), John Fortune (John), Rupert Penry-Jones (Henry), Patricia Whymark (operador de teléfonos), Anthony O'Donnell (custodio), Miranda Raison (Heather), Rose Keegan (Carol), Zoe Telford (Samantha), Margaret Tyzack (Sra. Eastby), Scott Handy (amigo de Hewetts), Emily Gilchrist (amigo de Hewetts), Selina Cadell (Margaret), Georgina Chapman, Colin Salmon, Toby Kebbell, Steve Pemberton, Ewen Bremner, James Nesbitt. Productor: Letty Aronson, Nicky Kentish Barnes, Lucy Darwin, Helen Robin, Jack Rollins, Stephen Tenenbaum, Gareth Wiley. Productor ejecutivo: Stephen Tenenbaum. Productora: BBC, Magic Hour Media, Thema Production, Invicta Capital Ltd., BBC Films. Duración original: 124’.

Esta exhibición se realiza por gentileza de Alfa Films.
El film

Curiosa y estimulante la trayectoria de Woody, de humorista a autor dramático, de "negro" asalariado que pulía los gags de otros cómicos a creador. Desde sus épocas entre bambalinas construyendo los espectáculos para otros intérpretes hasta la actualidad, su obra refleja las pasiones más elementales del ser humano. De manera coherente y constante, Allen desglosa, repasa, revisa, analiza y pormenoriza los temores cotidianos de sus personajes. Más allá de la burguesía de Manhattan, el catálogo de manías, ambiciones, deseos y obsesiones de los personajes retratados por el director judío se universalizan en Occidente. No es por ello tan extraño que este Match Point se integre perfectamente en la trayectoria previa de su autor y que no se diferencie del resto de su obra en cuanto a temática ni estilo.

La high class londinense, con su impostada naturalidad, no está tan lejos de los grupos humanos, familiares, profesionales o sociales, retratados en Sombras y niebla (Shadows and Fog, 1992), Alice (1990), Crímenes y pecados (Crimes and Misdemeanors, 1989), Maridos y esposas (Husbands and wives, 1992), Celebrity (1998), La mirada de los otros (Hollywood Ending, 2002) o Melinda y Melinda (Melinda and Melinda, 2004). Estamos muy lejos de la complacencia con que el mismo autor contemplaba a sus criaturas en la encantadora Todos dicen te quiero (Everybody says I love you, 1996). Pero, sin embargo, los personajes son los mismos.

Los Hewett van a su casa de campo como los productores de Poderosa Afrodita (Mighty Aphrodite, 1995) o La mirada de los otros, se refugian en sus fincas. Su mundo está cerrado en torno a sí mismo como el del entorno de Alice o Todos dicen te quiero. La infidelidad de Crímenes y pecados es equivalente a la de William Hurt en Alice, a la de Kenneth Branagh en Celebrity y a la de Tom Hewet quien deja a su devaluada novia en cuanto encuentra mejor partido.

La diferencia a la que público y crítica han aludido al recibir la nueva cinta de Allen no radica, pues, en el tema, sino en el tono. El gag man que era Allen se recicló en uno de los mejores guionistas americanos y, con los años, Woody, aún con su nombre en diminutivo y con su aspecto desmañado y tímido de vecino de al lado, se ha erigido como uno de los más destacados demiurgos del cine. Creador de tipos y situaciones, este God Man determina el destino de sus personajes, les hace prisioneros de sus pasiones y luego les lanza al río de la vida. Aquel divertido, irónico, coro griego que puntuaba la acción en Poderosa Afrodita, se desvanece en la última propuesta de este autor que plantea la suerte como el determinante último de nuestras vidas, por encima del libre albedrío o de cualquier divinidad.

Match Point podría ser la película complementaria de Crímenes y pecados. Sin embargo, más allá de una valoración inicial, podemos darnos cuenta que Allen no nos dice exactamente lo mismo. Crímenes y pecados, una de las obras maestras del director, y también una de las más ignoradas, narraba en clave dramática, tres historias paralelas: la de Cliff Stern (el propio Allen), insobornable director de documentales que perderá a la mujer que ama ante un frívolo productor, la del fervoroso rabino (Sam Waterston) que ve las almas de los hombres pero pierde la vista por una retinopatía incurable y la del oftalmólogo que le atiende, Judah (Martin Landau), padre y médico modelo, envuelto en un apasionado love affair que concluye con el asesinato de su amante. Cliff y Judah alcanzan el final de la película fracasados, pese a haber tomado sus decisiones con libre albedrío. Su derrota moral se deberá tanto a la insatisfacción personal como al hecho de reconocer que no hay justicia alguna, humana o divina, que determine los actos ni las consecuencias de los mismos. Cliff no obtiene premio alguno para su labor ni para sus deseos y Judah desespera por un castigo que no llegará. Crímenes y pecados se cerraba con una amargura que posiblemente la castigó en taquilla. Y, sin embargo, la amargura (suavizada) de Melinda y Melinda la ensalzó sobradamente. Tanto como para que todos esperásemos ansiosos un nuevo Allen.

¿Es el azar lo que determina que Allen guste a la gente? ¿Qué determina que una película concreta, o un autor, caigan en gracia? ¿Por la presentación, por el tema, por el “boca a boca”? ¿Por qué Match Point adquiere una repercusión de la que no disfrutó ni disfruta Crímenes y pecados? Quizás por estar en el lugar adecuado en el momento adecuado…

Sea cual sea el motivo, Allen valora ahora en Match Point, con lucidez y precisión, el efecto del azar en la vida de un personaje. Alguien a quien este factor cambia el rumbo de manera sucesiva.. Chris Wilton no es un brillante estratega que planifica su trayectoria a largo plazo. Su arribismo no alcanza las cotas del personaje de Branagh que perseguía a ricos y famosos en Celebrity para compartir sus fastos. Chris ha luchado en el Grand Slam y se ha cansado, optando por una vida más fácil, cuando el azar pone la suerte de su lado. Más adelante, en circunstancias realmente difíciles, será el azar quien de nuevo decida por él. La metáfora de la pelota de tenis golpeando la red, oscilando sobre ella, dudando de hacia dónde caer, refleja fielmente la filosofía que Woody refiere, el azar que determina nuestras vidas. Allen, soberbio guionista, revisa en una narración que se prolonga sin ostentación varios años (y estructurada en torno a numerosas elipsis, como en Manhattan) el itinerario de un personaje aparentemente amoral que finalmente se revela como un inmoral a quien el destino le favorece, aun en contra de su "yo" más profundo.

Allen está en forma y utiliza sus bazas de puesta en escena para que reluzca la trama: los juegos de miradas (que ya utilizara también en la ópera en Manhattan), las elipsis de largos periodos (explicitadas por el cambio de vestuario o de clima), la banda sonora y las panorámicas o travelling con objetos interpuestos entre la cámara y los personajes. Y, además, hay que tener en cuenta que Woody encontró a Scarlett. La cámara del veterano amante contempla extasiado a la joven actriz y se recrea en su sensualidad sacando un excelente partido de su rostro y su cuerpo. En pocas ocasiones Allen había conseguido captar este erotismo y transmitirlo a la pantalla como en esta ocasión.

Chris Wilton conseguirá finalmente su lugar bajo el sol. Se hace espacio a codazos, pero sin demasiado ruido y sólo con la cámara de Allen (y los espectadores con ella) seremos testimonios de sus actos. En un implacable final, Woody nos lleva a una conclusión no menos brillante por amarga, no menos sabia por ácida. La imagen de la pelota de tenis oscilando sobre la red adquiere todo su significado aunque este pueda no ser el que inicialmente valoramos. ¿Es Chris Wilton un vencedor? ¿Ha ganado o ha perdido? Woody Allen ejerce de demiurgo y decide los actos y el destino del atormentado tenista pero será el propio Wilton quién decidirá, fuera de nuestro alcance, hasta que punto disfruta de un destino afortunado. Y aquí radica la diferencia principal con Crímenes y pecados. Judah comprendía con amargura que su acto era moralmente reprobable y, simultáneamente, de que no tendría castigo. La moral en la que su vida se había basado se revelaba como falsa y desprovista de sentido. En el momento en que Chris debe enfrentarse a sus fantasmas, responde cínicamente frases aprendidas sabedor de que puede esconder la conciencia bajo la alfombra y que toda acción comporta daños colaterales. El deseo de castigo, la menor esperanza de justicia, darían sentido a la vida de Judah. En el caso de Chris no son sino artefactos que no sólo no desea sino que el destino, para su suerte, le niega. El demiurgo Allen riza el rizo en una brillantísima escena. Un desconcertado inspector, sabedor de la verdad, ve alejarse toda esperanza de una justa resolución del caso. Al igual que el espectador, pero trazando un envoltorio de comedia mediante el distanciamiento dramático. Una sabia opción por parte de Allen que aleja de esta manera el mal sabor de boca que la conclusión moral puede acarrear. A nadie le amarga un dulce y, como en Melinda y Melinda, el dramatismo queda suavizado.

En cuanto a Chris, los ecos del pasado y de toda moral se disuelven frente a las espléndidas vistas de su apartamento que iluminan la llegada de su hijo, mientras su frívolo cuñado desea que su sobrino sea, por encima de todo, afortunado. La pelota cae a su favor.

(Extraído de www.miradas.net)

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Ciclo Retrospectivo

Como siempre en el cine Cosmos, a las 19hs.


Lunes 13: CARTOUCHE (Ídem., Francia-1962) de Philippe de Broca, c/Jean-Paul Belmondo, Claudia Cardinale, Jess Hahn, Marcel Dalio, Jean Rochefort, Philippe Lemaire, Noël Roquevert. 114'. Clásico de aventuras en copia nueva de 35mm., rescatada por APROCINAIN, gracias al aporte de Kodak y Cinecolor.

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Usted puede confirmar la película de la próxima exhibición llamando al 48254102, o escribiendo a nucleosocios@ragentina.com

Todas las películas que se exhiben deben considerarse Prohibidas para menores de 18 años.



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