Página principal

Temas 13 y 14: la literatura de posguerra. La novela en los años cuarenta


Descargar 63.04 Kb.
Fecha de conversión23.09.2016
Tamaño63.04 Kb.

TEMAS 13 Y 14: LA LITERATURA DE POSGUERRA.

  1. LA NOVELA.




1.1. La novela en los años cuarenta.

Podemos hablar de tres hitos fundamentales en la novela de esta década: La familia de Pascual Duarte, de Camilo José Cela (1942), con la que se inició una corriente literaria denominada tremendismo, que es una modalidad de realismo que se complace en la selección de los aspectos más duros de la vida; Nada (1945), obra en la que Carmen Laforet presenta a Andrea, una muchacha como ella que había ido a estudiar a Barcelona, donde vive con unos familiares en un ambiente sórdido de mezquindad, de histeria, de ilusiones fracasadas, de vacío...; y La sombra del ciprés es alargada, de Miguel Delibes (1947), que hablaba de tristeza, frustración, con el contrapeso de una honda religiosidad.

El reflejo amargo de la vida cotidiana es, pues, una nota frecuente en la novela de posguerra. Su enfoque se hace desde lo existencial. De ahí que los grandes temas sean la soledad, la inadaptación, la frustración, la muerte... Es sintomática la abundancia de personajes marginales y desarraigados, o desorientados y angustiados. Todo ello revela el malestar del momento, malestar que es social y se trasluce en pinturas grises y sombrías, ya que la censura hace imposible cualquier intento de denuncia y limita los alcances del testimonio. Por eso, en conjunto, aún no se puede hablar de una novela social.
1.1.1. Autores más significativos.
Camilo José Cela, el novelista camaleónico. Son constantes en la obra de Cela (1916-2002) la innovación de las estructuras narrativas y la creatividad verbal, dentro de una concepción pesimista del mundo, que promueve una imagen grotesca de la realidad.

La familia de Pascual Duarte (1942) es el relato autobiográfico de un parricida que espera su ejecución. La Colmena (1951), que supuso el origen de la novela social, retrata el Madrid de la posguerra a través de un vasto censo de personajes. San Camilo, 1936 y Oficio de tinieblas 5 constituyen dos experimentos narrativos. En la etapa final de la novelística de Cela destacan Mazurca para dos muertos y Madera de boj.
Miguel Delibes o la novela de Castilla. Delibes (1920) escribe movido por inquietudes morales y sociales. El tema central de su obra es la defensa de la dignidad humana.

En su Trilogía del campo (El camino, Las ratas, Los santos inocentes) aborda el tema de la compenetración con la naturaleza. En la Trilogía de la ciudad (Mi idolatrado hijo Sisí, La hoja roja, El príncipe destronado) presenta a un personaje urbano en una situación que lo sobrepasa. En los años sesenta, Delibes explora nuevos caminos formales (Cinco horas con Mario y Parábola del náufrago). Posteriormente, ha publicado Madera de héroey El hereje.


Gonzalo Torrente Ballester: del realismo a la fantasía. Torrente Ballester (1910-1999) es autor de una brillante novela experimental: La saga/fuga de J.B. Antes había escrito una trilogía realista: Los gozos y las sombras.
1.2. La novela en la década de los cincuenta.
A partir de 1950, los autores asumen un compromiso social. La finalidad de la novela es reflejar la realidad del momento: el realismo se impone en esta década.

En los temas se desplaza el interés de lo individual a lo colectivo, de los problemas personales a los sociales. La sociedad deja de ser un puro “marco” para convertirse en el tema mismo del relato. Los ambientes de sociedad que aparecen con más frecuencia son: la sociedad rural (La zanja, de Alfonso Grosso), la sociedad urbana (La colmena, de Cela), el mundo del trabajo (El Jarama, de Sánchez Ferlosio), el mundo burgués (Entre visillos, de Carmen Martín Gaite, quien se interesó sobre todo por la juventud desocupada y abúlica).

Aunque el contenido tiene prioridad sobre la forma, puede observarse en las novelas de estos años una serie de novedades en la técnica narrativa:


  • El autor es un simple observador y transmisor de la realidad que observa; utiliza una técnica cinematográfica: cuenta lo que ve y lo que oye, pero sin comentar.

  • El protagonista es un personaje colectivo; no hay un único protagonista. Los personajes están vistos desde fuera, sin entrar en su psicología.

  • Los diálogos tienen más importancia que la acción. Por él se conoce a los personajes y el desarrollo del argumento. Se utiliza un lenguaje coloquial, acorde al grupo social que dialoga.

  • La estructura es sencilla: una narración lineal, con pocas descripciones, y una acción que se desarrolla en breve tiempo.


1.2.1. Autores más significativos:
Ignacio Aldecoa (1925-1969) es autor de excelentes cuentos y de novelas como El fulgor y la sangre, Con el viento solano y Gran Sol.
Carmen Martín Gaite (1925-2000) novela el universo de la mujer de posguerra en Entre visillos o Retahílas.
Rafael Sánchez Ferlosio (1937) ha escrito tres novelas: Industrias y andanzas de Alfanhuí, narración en la que se mezclan el lirismo y la fantasía; El Jarama, novela de carácter objetivista; y El testimonio de Yarfoz, ubicada en un mundo imaginario de resonancias medievales.


    1. La novela experimental (De 1960 a 1975).

La novela que se escribe en España en la década de los sesenta está influida por los grandes novelistas europeos del siglo XX, como Kafka, Joyce y Proust, y norteamericanos, como Faulkner.

Se trata de una novela muy distinta de la de los años 50. Los rasgos más significativos son:


  • El argumento pierde importancia, es una excusa para introducir varios temas sobre los que el autor quiere reflexionar. Además se entretejen distintas historias, como hacen los novelitas extranjeros que hemos citado, y algunos hispanoamericanos, como García Márquez, Vargas Llosa y Cortázar.

  • En la presentación externa, la secuencia sustituye al capítulo. Esta unidad, compuesta por espacios sin numerar, está más acorde con lo inconexo del relato.

  • En cuanto a la estructura interna, aparece el punto de vista múltiple, en el que se entretejen las distintas versiones de la realidad que presentan los personajes (técnica caleidoscópica o perspectivismo).

  • En el aspecto visual, nos encontramos con la supresión de signos ortográficos, uso de distintos tipos de letra, disposición de la prosa como si fuera verso, presencia de textos ajenos a la novela tradicional, como informes, anuncios, etc.




      1. Autores más significativos:


Luis Martín-Santos (1924-1964) es el autor de Tiempo de silencio, novela de inspiración barojiana que acoge muchas de las innovaciones introducidas por James Joyce en la narrativa contemporánea.
Juan Goytisolo (1930), que se inicia en el realismo social, cambia de orientación en Señas de identidad, novela que incorpora múltiples argucias técnicas y en la que se realiza un examen crítico del franquismo, completado en Reivindicación del conde don Julián y Juan sin tierra.
Juan Marsé (1933) fue un cronista irónico y amargo de la Barcelona de posguerra en Últimas tardes con Teresa, La oscura historia de la prima Montse o Si te dicen que caí. En obras posteriores evoca el mundo y los escenarios de la infancia (El embrujo de Shanghai, Rabos de lagartija).
Juan Benet (1927-1993) escribe obras de gran complejidad estructural y estilística, que rozan el hermetismo (Volverás a Región, Saúl ante Samuel); en Herrumbrosas lanzas modera sus audacias técnicas.


    1. La novela de la democracia (a partir de 1975).

Hacia 1975 se recupera el interés por el argumento, sin que ello suponga una renuncia a las conquistas técnicas alcanzadas por la narrativa experimental. Obra emblemática de la nueva estética es La verdad sobre el caso Savolta, de Eduardo Mendoza.

En la década de los ochenta se perfilan distintas tendencias: novela fantástica, de aventuras, histórica, detectivesca, de la memoria generacional, metaficcional.

En la última década del siglo se observan nuevos focos de interés: el neocostumbrismo juvenil, el autobiografismo moral y un realismo abierto, que oscila entre la realidad y la ficción.

Nombres destacados en la novela española del último cuarto de siglo XX son, entre otros, los de Álvaro Pombo (El héroe de las mansardas de Mansard), Eduardo Mendoza (El laberinto de las aceitunas, La ciudad de los prodigios), Luis Mateo Díez (La fuente de la edad), Juan José Millás (El desorden de tu nombre), Javier Marías (Todas las almas, Corazón tan blanco, Mañana en la batalla piensa en mí, Tu rostro mañana) y Antonio Muñoz Molina (El invierno en Lisboa, El jinete polaco, Plenilunio, Sefarad).


  1. LA LÍRICA.



2.1. La lírica en los años cuarenta.

La Guerra Civil y sus dramáticas consecuencias intensifican el proceso de rehumanización que ya se había iniciado en la lírica española a partir de la década de los treinta. La preocupación por el hombre es patente: primero en los años cuarenta, con un enfoque existencial; después, en los años cincuenta, con un enfoque social.

En torno a 1910 nacen una serie de poetas que empezaron a escribir antes de la Guerra Civil. Dámaso Alonso divide la poesía de estos jóvenes en dos grupos:


  • Poesía arraigada.

Se caracteriza por la utilización de formas clásicas, que traslucen un deseo de armonía y perfección, y por el cultivo de temas tradicionales (el amor, la belleza, el paisaje...), intimistas y religiosos. Se percibe una visión ordenada y serena del mundo y de la vida. Estos autores se agrupan en torno a la revista Garcilaso, que vuelve su mirada hacia ese poeta del siglo XVI.

Pertenecen al grupo: Luis Rosales, Leopoldo Panero, Luis Felipe Vivanco, José García Nieto...

  • Poesía desarraigada.

Es una poesía arrebatada, de agrio tono trágico, una poesía desazonada que se enfrenta con un mundo deshecho y caótico, invadido por el sufrimiento y la angustia (enfoque existencialista).

La religiosidad también está presente en los poetas “desarraigados”, pero adopta en ellos el tono de la desesperanza, de la duda, o se manifiesta en desamparadas invocaciones e imprecaciones a Dios sobre el misterio del dolor humano.

La revista que acoge a los poetas de esta tendencia e Espadaña, fundada en 1944 por Victoriano Crémer y Eugenio de Nora.

Nómina de autores y obras: Ramón de Garciasol, Ángela Figuera, Leopoldo de Luis; las primeras obras de Gabriel Celaya y de Blas de Otero (quienes de la poesía existencial pasaron a la poesía social y comprometida); Hijos de la ira, de Dámaso Alonso, Sombra del paraíso, de Vicente Aleixandre.
Surgen asimismo en esta época dos movimientos de continuidad con la poesía de preguerra: el postismo (Carlos Edmundo de Ory) y el grupo de Cántico (Ricardo Molina, Pablo García Baena...).
2.2. La lírica en los años cincuenta.
Desde 1950, la mayor parte de los poetas del grupo que cultivaba la denominada poesía desarraigada comienza un proceso hacia la poesía social. De la preocupación existencial se pasa a la denuncia de la injusticia y la opresión, expresada en un lenguaje llano, claro y prosaico; la poesía es un instrumento de acción social y política.

2.2.1. Autores más significativos:
Blas de Otero (1916-1979) va de la preocupación religiosa y existencial –en Ángel fieramente humano y Redoble de conciencia- a la poesía de compromiso social –Pido la paz y la palabra- y a nuevas formas de escritura poética (Mientras).

José Hierro (1922-2002) logró conciliar, en libros como Quinta del 42, la inquietud existencial y el testimonio solidario. Posteriormente evolucionó hacia una poesía que oscila entre lo subjetivo (las “alucinaciones”) y lo objetivo (los “reportajes”).
2.3. Renovación y experimentación: desde 1960 hasta 1975.
Desde finales de los años cincuenta la poesía española va a experimentar un cambio, tanto en los temas como en la forma. Las vivencias personales de los poetas cobran un mayor protagonismo.


      1. La lírica desde 1960 a 1975.

En esta época se concibe la poesía como un medio del que dispone el poeta para conocerse a sí mismo y al mundo que lo rodea. Los rasgos fundamentales de la poética de este período son:



  • Intimismo e individualismo. Los poetas le dan mucha importancia a la introspección, a sus puntos de vista y también a sus sentimientos personales.

  • Tratamiento de temas de la vida cotidiana (recuerdos, vivencias, anécdotas...).

  • Empleo de la ironía como punto de vista para tratar la realidad que los rodea.

  • Dignificación del lenguaje poético que se había vuelto demasiado prosaico. Defienden la obra bien hecha.

Hubo dos grupos geográficos: el núcleo barcelonés, integrado por Jaime Gil de Biedma, José Agustín Goytisolo y Carlos Barral; y el grupo madrileño, formado por Ángel González, José Manuel Caballero Bonald, Claudio Rodríguez, Francisco Brines y José Ángel Valente.





        1. Autores más significativos:


Ángel González. La obra de Ángel González (1925) tiene un tono irónico que evoluciona hacia la metapoesía. Los libros Áspero mundo y Sin esperanza, con convencimiento se insertan en la poesía social. Palabra sobre palabra, que dará título a su obra completa, tiene un contenido amoroso enmarcado en la Historia. Breves acotaciones para una biografía comienza una escritura más imaginativa y lúdica, que se acentúa en Procedimientos narrativos y en Prosemas o menos.
Claudio Rodríguez. La poesía de Claudio Rodríguez (1934-1999) constituye una teoría del conocimiento del mundo, que celebra la realidad circundante. Son obras destacadas Don de la ebriedad, Conjuros y Alianza y condena.
Jaime Gil de Biedma. El tema constante de la poesía de Jaime Gil de Biedma (1929-1990) es su propia vida. Su estilo, antirretórico y coloquial, salpicado de citas literarias, ha tenido gran influencia en los años ochenta y noventa. Su poesía se agrupa bajo el título Las personas del verbo.


      1. Los novísimos.

Hacia 1965 se agota la poesía social y se apuesta por la experimentación y el gusto por el artificio. En 1970, la antología de José María Castellet Nueve novísimos poetas españoles reúne como representantes de ese cambio a una serie de jóvenes poetas, a los que se va a conocer como novísimos y entre los que cabe destacar a Pere Gimferrer y Guillermo Carnero. Poetas con intereses similares a los de los novísimos fueron también Antonio Colinas o Luis Antonio de Villena.


2.4. Últimas promociones.

En los años ochenta y noventa existe una gran diversidad de estilos y orientaciones; entre las corrientes que se han perfilado con mayor nitidez está la llamada “poesía de la experiencia”, una especie de costumbrismo urbano desengañado e indolente. Como representantes de esta tendencia cabe citar a Luis García Montero y Felipe Benítez Reyes.


3. EL TEATRO.
Comparado con el bullir de experiencias del teatro extranjero (Bertolt Brecht, Antonin Artaud, Ionesco, Beckett...), el panorama de la escena española resultará pobre debido a condicionamientos comerciales e ideológicos. Tal situación persiste tras la guerra con agravantes:

- Las compañías siguen dependiendo de los intereses de unos empresarios que, a su vez, se someten a las exigencias de un público burgués de gustos dudosos.

- Junto a ello, se agravan hasta extremos impensables las limitaciones ideológicas, ejercidas por una censura férrea.

Todo ello explica que el teatro de posguerra sea un terreno poco propicio para las inquietudes renovadoras, que no suelen ser “negocio” o que son tachadas de “perniciosas”. Así, prosperan de una parte los autores de “diversión” intrascendente o conformista. De otra, los autores “serios” se abrirán difícilmente camino en el teatro comercial. Por ello, junto a un teatro visible (el que accede a los escenarios), se habló de un “teatro soterrado”, que intentaba responder a nuevas exigencias sociales y estéticas y que apenas logró mostrarse.


3.1. El teatro bajo la dictadura.
3.1.1. El teatro en los años cuarenta.
Continúa en los años cuarenta la comedia burguesa, cultivada por José María Pemán, Juan Ignacio Luca de Tena o Joaquín Calvo Sotelo (La muralla).

El teatro de humor está representado por Enrique Jardiel Poncela (Cuatro corazones con freno y marcha atrás, Eloísa está debajo de un almendro) y Miguel Mihura (Tres sombreros de copa, Melocotón en almíbar, Maribel y la extraña familia), autores que practican una comicidad basada en lo ilógico o lo incongruente.
3.1.2. El teatro realista y de denuncia.
A finales de los cuarenta nació un teatro realista, de inconformismo social, representado por Antonio Buero Vallejo, con una actitud posibilista que busca eludir la censura oficial, y Alfonso Sastre, defensor de un realismos social revolucionario (imposibilismo).

En los sesenta aparecen autores que partieron del realismo pero evolucionaron hacia formas alegóricas o farsescas de abordar la realidad: Lauro Olmo (La camisa), José Martín Recuerda (Las salvajes de Puente San Gil), Carlos Muñoz, José María Rodríguez Méndez.


3.1.2.1. Autores más significativos:
Antonio Buero Vallejo (1916-1999) se dio a conocer con Historia de una escalera (1949), drama de lo cotidiano en el que ya aparecen las constantes de su obra: la pugna del hombre por gobernar su destino y la defensa moral de valores como la dignidad, la justicia o el amor a la verdad.

En la obra de Buero se pueden distinguir tres etapas:




  1. En la primera etapa predomina el desasosiego existencial (En la ardiente oscuridad).

  2. En la segunda etapa, el autor se enfrenta por medio de figuras del pasado (Las Meninas, El concierto de San Ovidio, El sueño de la razón) o de la perspectiva que procura el futuro (El tragaluz).

  3. En su última etapa, utiliza recursos escenográficos para implicar al público en la realidad subjetiva de los personajes (La Fundación, La llegada de los dioses).


Alfonso Sastre (1926) desarrolló una doctrina teatral revolucionaria. En los años cuarenta cultiva un teatro metafísico y existencial. A partir de 1950 practica un teatro de crítica social que busca transformar la realidad política: Escuadra hacia la muerte, La mordaza, Guillermo Tell tiene los ojos tristes. A su tercera etapa corresponde la tragedia compleja, que combina la caricatura grotesca de Valle y el distanciamiento de Brecht (La taberna fantástica).
Fernando Arrabal (1932). En él convergen la tradición satírico-grotesca hispánica y la vanguardia. Arrabal es el creador del “teatro pánico, que se propone provocar al espectador. Entre sus obras destacan Pic-nic y El cementerio de automóviles.
3.1.3. La neovanguardia teatral.
En los años sesenta el realismo testimonial entra en crisis. Aparecen autores que experimentan con el lenguaje teatral (Luis Riaza, Francisco Nieva, José Ruibal, Miguel Moreno Esteo...) y grupos de teatro independientes, como Tábano, Los Goliardos, Els Joglars, Els Comediants, La Fura dels Baus, Akelarre o La Cuadra.

Este neovanguardismo mantiene el compromiso social a la vez que se convierte en teatro simbólico que requiere la complicidad dele espectador.

El teatro de Francisco Nieva (1927) tiene tres vertientes: el “teatro furioso” (Coronada y el toro), el “teatro de farsa y calamidad” (La señora tártara) y el “teatro de crónica y estampa” (Sombra y quimera de Larra).

3.2. El teatro de la democracia.
En los primeros años de la democracia conviven un teatro simbólico o farsesco, un teatro primitivista y ritual y otro más comercial, en el que destaca Antonio Gala.

En los años ochenta y noventa el teatro recibe un notable apoyo institucional. Aparecen nuevos autores, cultivadores de un teatro realista, sobre los que han ejercido su magisterio tres dramaturgos:



  • José Luis Alonso de Santos, maestro de la comedia costumbrista y del habla popular (La estanquera de Vallecas, Bajarse al moro).

  • José Sanchís Siniestra, que tuvo un gran éxito con ¡Ay, Carmela!

  • Fermín Cabal, dramaturgo que trata temas de gran autoridad, como el oportunismo político (Tú estás loco, Briones) o el mundo de la droga (Caballito del diablo).


4. ESTUDIO MONOGRÁFICO SOBRE LA FAMILIA DE PASCUAL DUARTE, DE CAMILO JOSÉ CELA.
La Familia de Pascual Duarte se editó por primera vez en Burgos en el año 1942. No encaja en un subgénero específico, puede considerarse inserta en la picaresca, o en la novela de protagonista criminal propia del subgénero policiaco, o en la novela rural...

4.1. TEMAS





  • El odio. El tema central de la novela es la historia de un odio, el que siente Pascual por su madre. El odio determina todos los actos de Pascual. El proceso de su desarrollo es lento. Primero aparece en forma de rabia e impotencia del niño Pascual frente a los actos brutales de su madre. A medida que avanza el relato el odio va cobrando cuerpo hasta convertirse en un monstruo de tales dimensiones que inunda el alma y el cuerpo de Pascual y se convierte en una sombra que lo acompaña de día y noche, sin dejarle sosiego. Por eso, el asesinato de su madre significa un acto de liberación.

  • La fatalidad. Junto al tema del odio encontramos la idea de que la fatalidad preside la vida de Pascual. Pascual no se considera responsable de sus actos, se siente aprisionado en un mundo hostil y proyecta su culpa en los demás. No obstante, si bien resulta una víctima del medio en el que vive y de las circunstancias que concurren en su vida, también es el causante de sus propias desgracias al no saber refrenar sus impulsos mediante la razón.

  • La violencia. El protagonista da rienda suelta a sus impulsos que nunca trata de dominar. Por ello, la violencia es una constante en la novela. En ese mundo de marginación la violencia es un modo de afirmar la propia identidad.

  • La venganza. Es también una manifestación de la violencia. Al daño se responde con la venganza. Pascual se venga de personas y animales.

  • El amor. No existe como tal en la novela. Pascual nunca se entrega desinteresadamente, sino que más bien responde a muestras de agradecimiento o ternura a aquellos que le demuestran cariño o interés.

  • El miedo. De la visión irracionalista del mundo nace el miedo, que se manifiesta siempre ante lo desconocido. Este miedo solo se concreta cuando al final de la novela Pascual desfallece y es presa del terror a la vista del patíbulo.

  • La honra. Es un tema obsesivo. Para Pascual gira alrededor de las cuestiones sexuales y de la palabra dada.

  • El machismo. Aparece como una manifestación degradada de la honra y se caracteriza por actitudes de valentía que consisten en “dar la cara” a situaciones difíciles o en recurrir a las armas para dirimir las diferencias.



4.2. PERSONAJES

La nómina de personajes se eleva a cuarenta individualizados y cinco colectivos. Los nombres son corrientes y no entrañan simbolismo. No obstante, el nombre de Pascual, en opinión de Gonzalo Sobejano, da idea de que el protagonista es una víctima que va al sacrificio lo mismo que un cordero Pascual. El tratamiento de don se reserva para los personajes de la clase social superior. Los apodos y el artículo antepuesto delante de los nombres femeninos, se aplican a proletarios y marginados.



Los personajes que mayor relieve alcanzan en la vida de Pascual son todos femeninos: su madre, Lola y Rosario.

  • Pascual. Nada se dice en la novela de su aspecto físico; sólo se mencionan su edad y sus hechos, por los que deducimos que es un inadaptado que tiene reacciones patológicas. Es un hombre extremadamente elemental. Siempre reacciona movido por los impulsos y por el instinto. Es egoísta, carece de imaginación y no tiene sentido del humor. Siempre cree que los demás sufren menos que él o que, simplemente, no sufren. Considera a los niños crueles, malas a las mujeres y a los hombres indignos de su confianza. Es antisocial porque no logra integrarse ni con los de su condición. Las relaciones con sus padres aparecen marcadas desde la infancia por la indiferencia y la hostilidad. Con sus hermanos mantiene un trato afectivo. El trato de Pascual con sus dos mujeres es radicalmente diferente: pasional y violento con Lola y apacible y fiel con Esperanza.

  • Esteban Duarte Diniz. Es hombre de carácter violento y autoritario, pero débil y pusilánime. Al igual que en las novelas picarescas, es hombre de malas costumbres que ha tenido que ver con la justicia por causa del contrabando.

  • Mario. Ocupa un lugar importante en su recuerdo. Destacan su inocencia y desvalimiento. Vivió, en un abandono completo, una vida de animal rastrero, como se pone de manifiesto a través de los recursos animalizadores que emplea Pascual para referirse a él. Despierta el odio de Pascual hacia su madre, por su incapacidad maternal.

  • El Estirao. Es un elemento perturbador del orden familiar. Su aspecto físico corresponde al de un golfo que no sabe controlar sus impulsos y que acaba siendo víctima de su bravuconería.

  • Las mujeres de la familia Pascual (La madre, Lola y Rosario). Ninguna de las tres cumple la función que la sociedad asigna a lo femenino: procrear y ser núcleo de la familia. Rosario es estéril; Lola, pese a sus embarazos, no consigue descendencia; la madre de Pascual engendra monstruos (Mario en lo físico y Pascual y Rosario en lo moral). Desde el punto de vista social las tres subvierten el orden establecido a través del adulterio (Lola y su madre) o a través de la prostitución (Rosario).




    • La madre. Aparece sin nombre, se designa únicamente por su vínculo familiar con Pascual. Pascual la ve como antítesis de lo que debe ser una madre. Responde a la tipología de las madres de los protagonistas de las novelas picarescas: es sucia moralmente, fea e insensible.

    • Rosario. Es una mujer lista. Aplica su natural despierto a inclinaciones de mala índole. Aparece en momentos importantes de la vida de Pascual haciendo la función de madre. Carece de autoestima, al igual que otros personajes marginados, y considera normal que el Estirao la maltrate.

    • Lola. Tiene un gran atractivo sexual y responde a la tradición literaria de la campesina saludable: alta, morena de tez y de pelo... Su mentalidad es tan primitiva como la de Pascual. Carece de conciencia moral que le permita distinguir el bien del mal y actúa por impulsos, sin prever las consecuencias de sus actos.


4.3. ESTRUCTURA EXTERNA
La obra se compone de dos dimensiones narrativas dispares aunque relacionadas entre sí:
a) Los documentos, situados al comienzo y al final, que establecen un marco estructural en el cual se inserta la historia de Pascual Duarte.

b) Las memorias del protagonista.

Los diversos elementos que conforman la obra se ordenan de la siguiente manera: un transcriptor anónimo publica las memorias escritas por un condenado a muerte desde su celda, memorias que iban dirigidas a don Joaquín Barrera López. Amigo íntimo de una de las víctimas de Pascual. Entre los documentos adjuntos al manuscrito se encuentran las notas del transcriptor, los informes de dos testigos y parte de un testamento. Los documentos que preceden al relato y los que le siguen articulan la novela en tres partes: documentos previos, relato, documentos finales.
4.4. ESTRUCTURA INTERNA
La línea argumental es simple. Se relata el encadenamiento de circunstancias que llevan al protagonista al asesinato, a la cárcel y a la muerte. La narración está articulada en torno a tres núcleos temáticos que aparecen separados por dos intermedios reflexivos. Los núcleos de la narración son:


    1. La familia de Pascual.

    2. La vida con Lola.

    3. El asesinato de su madre.

Los tres intermedios reflexivos, que se sitúan a continuación del relato de la muerte de Mario (cap. 6), tras la muerte de Pascualillo (cap. 13) y el último después del asesinato del Estirao (cap. 17) recogen los puntos de vista y las reflexiones de Pascual sobre su propia vida. Su función estructural es anticipar ciertos elementos de la narración que se introducirán después.

En cuanto al discurso, el relato es lineal. Primero presenta a los personajes y el mundo en el que viven (cap. 1-3), luego ofrece el desarrollo temático (cap. 7-16), y finalmente el desenlace (cap. 17-19).

Los episodios vividos por Pascual durante su vida de adulto tienen un correlato en los de su infancia:


  • Muerte de Mario-------------------muerte de Pascualillo.

  • Desamor de la madre--------------desamor de Lola.

  • Amante de la madre----------------amante de Lola.

  • Muerte del padre-------------------muerte de Lola.


4.5. TÉCNICAS NARRATIVAS
El autor prefiere no intervenir directamente, con el fin de que el lector haga el esfuerzo de extraer sus propias conclusiones, para lo cual utiliza otros narradores interpuestos. La familia de Pascual Duarte es una novela autobiográfica en la que Pascual Duarte actúa como narrador protagonista, por ello su perspectiva de los hechos es unilateral e incompleta. Para completar el relato se hace necesaria la presencia de otros narradores que fueron testigos de su muerte: don Santiago Lurueña, sacerdote que lo confesó, y Cesáreo Martín, cabo de la Guardia Civil; cada uno de ellos ofrece una versión diferente de la muerte de Pascual Duarte y constituyen un desdoblamiento del narrador omnisciente. Otro narrador es el transcriptor, que da a la imprenta las memorias de Pascual Duarte. Este narrador oculto se identifica con Cela (narrador omnisciente), gracias al cual podemos conocer toda la historia, incluido el final.

Cada uno de los narradores citados desempeña una función distinta en la novela. Pascual relata en 1ª persona. La picaresca había establecido el empleo de la narración autobiográfica para relatar hechos que no eran dignos de ser celebrados, bien por su falta de ejemplaridad, bien por la condición del personaje.

Los escritos de don Joaquín Barrera López, a quien no hemos incluido entre los narradores, cumplen la función del prólogo de las novelas picarescas al informarnos de la falta de ejemplaridad de las memorias y el motivo por el que se publicaron.
4.6. SOCIEDAD.
La novela se desarrolla en un medio rural pobre en el que existe una aristocracia representada por don Jesús; un proletariado que habita en casas malas, y un grupo de seres marginados que viven como Pascual en casa estrecha, de un solo piso...

Se trata de un medio agrícola y ganadero con fuertes diferencias sociales. Por un lado están los terratenientes ricos, y junto a ellos, los pequeños labradores y los peones que realizan trabajos eventuales, quizá como Pascual. Pero en la novela aparecen otras clases sociales que no viven de la tierra: el proletariado urbano (Estévez y el grupo de obreros) y la burguesía representada por el boticario, el tabernero, el cura...

El tipo de economía que se describe es característico de tierras pobres, con cultivos extensivos de olivos y dehesas de alcornocales donde pastan los cerdos. Se trata de un sistema latifundista, en el que se concentra la riqueza en manos de unos pocos y se padece el caciquismo y la miseria.

El proletariado tiene un trato de respeto a la aristocracia, al clero y a la burguesía. En el trato entre iguales se da el “decoro social” que obliga a invitar a todos los vecinos a acontecimientos importantes, como una boda, a pesar del coste económico.

En las relaciones sociales entre hombres y mujeres existe una fuerte separación entre los sexos. Así, por, ejemplo, los hombres se reúnen en la taberna, las mujeres reciben en casa...

En la novela se retrata una sociedad atrasada con pocas posibilidades de mejorar sus condiciones de vida. Al final todo queda como estaba, y los pobres siguen siendo pobres.


4.7. EL TIEMPO





  • El tiempo histórico.

La novela transcurre en la posguerra española, aunque no haya ninguna referencia concreta que lo indique expresamente para soslayar la censura. Todas las referencias temporales de la vida del protagonista corresponden a fechas anteriores a 1936. Las posteriores se refieren al manuscrito (1937), al transcriptor (1939) o a los testigos de la muerte de Pascual (1942).




  • El tiempo narrativo.

Al comienzo de la novela, Pascual afirma que tiene 55 años de edad, por lo cual debió nacer en 1882. Mató a su madre el 10 de febrero de 1922. Fue excarcelado de febrero de 1936, probablemente, y quizás por aquellas fechas cometió su tercer asesinato en la persona del conde de Torremejía, asesinato por el que fue condenado a muerte y ejecutado a garrote vil. El protagonista da la última noticia directa de su vida en la carta que adjunta al manuscrito de sus memorias, fechada el 15 de febrero de 1937, lo que indica que todavía vivía, en el penal de Badajoz.

Hay algunas referencias temporales que atienden a la escritura del relato. Pascual dice (cap. 6) que, después de terminar la redacción del capítulo 5, tuvo que interrumpir el relato porque estuvo sometido a interrogatorios durante quince días. En el capítulo 13 afirma que lleva casi cuatro meses escribiendo. La última noticia de la redacción de las memorias es del 15 de febrero de 1937 que coincide con la última noticia directa que el lector tiene del protagonista.

La novela selecciona las etapas y momentos más representativos de la vida de Pascual. Hay largos períodos de los que no se dice nada, probablemente porque no son significativos. Nada sabemos de su segundo matrimonio con Esperanza que debió durar bastantes años, ni de los hijos que tuvo con Esperanza, a los que menciona de pasada al principio de la novela.

Pascual escribe sus memorias desde la cárcel. Los hechos retrospectivos que evoca no siempre se relatan siguiendo una cronología rigurosa; en ocasiones hay saltos hacia delante.

4.8. EL ESPACIO

La acción transcurre en un ambiente rural y se sitúa en un pueblo que, aunque no se nombra, se localiza en Extremadura, a dos leguas de Almendralejo. También describe las ciudades de Mérida, a donde va Pascual en viaje de novios, Madrid y la celda del penal de Chinchilla.

En la novela existe una multiplicidad de espacios por los que transita el protagonista, estos pueden clasificarse en:


  1. Abiertos: el campo, las calles, el Retiro, la estación de ferrocarril...

  2. Cerrados: las casas de Pascual, don Jesús y Estévez, el prostíbulo...

Los abiertos (salvo la descripción inicial del pueblo y la del paisaje que contempla desde la celda) se describen brevemente y cumplen la función de situar la acción narrativa. Los cerrados, en cambio, están descritos con toda minuciosidad y precisión.

Las viviendas de los personajes son signos que caracterizan a sus propietarios. El campo es signo de libertad. Los lugares de esparcimiento reflejan un ambiente popular. La cárcel denota frustración, tristeza y, sobre todo, asfixia por el encierro prolongado.



5. ANEXO A HISTORIA DE UNA ESCALERA DE BUERO VALLEJO
En Historia de una escalera un profundo conflicto individual de marcado sesgo existencial es el constituyente básico de unas personalidades que chocan contra un muro de soledad, aislamiento, incomprensión y desarraigo, propiciados por una sociedad que tiene su reflejo en el miscrocosmos interior de una escalera vecinal. Por su construcción se aproxima al protagonista colectivo, donde el ciudadano es situado en su entorno y los conflictos individuales forman parte de un acontecer colectivo.
5.1. ESPACIO.
Es un escenario de “puertas afuera”. El espacio de la escalera está perfectamente descrito desde la primera acotación que, en su detallismo y funcionalidad, constituye un perfilado boceto escenográfico. Sólo la adjetivación permite observar que este lugar goza también de valor simbólico al coincidir en su decrepitud y desgaste con el proceso seguido por las vidas que se desarrollan en ella y con la imposibilidad que los seres que la pueblan tienen para modificar su destino. Un escenario de “puertas afuera” impone la fugacidad de las situaciones y coloca al espectador en posición distanciada, para captar únicamente aquello que los personajes están dispuestos a expresar en el lugar de paso. La calle, los conflictos sociales y políticos y las viviendas con su bullir interior son espacios omitidos por el receptor, lo cual determina que éste sea conducido hacia el reconocimiento de situaciones y personajes por breves retazos conversacionales que, sin embargo, producen la sensación de un proceso vital completo.

El casinillo es un espacio para la confidencia. En él se da información de los movimientos políticos del exterior, como el renacer de la conciencia obrera.




    1. TEMAS.

El tema central es la frustración colectiva e individual, ninguno de los personajes logra hacer realidad sus sueños y proyectos. Su vida consiste en un ir perdiendo día a día. Otros temas son: el sufrimiento humano inherente a la existencia de los personajes; la pobreza; la falta de sinceridad en el amor; la angustia por el paso del tiempo; la resignación o rencor ante la realidad; el choque generacional que se observa en el conflicto entre padres e hijos; la falta de libertad del hombre marcado por su destino; la muerte; la solidaridad...




    1. SÍMBOLOS.




  • La escalera, espacio en el que se desarrolla la obra, es símbolo del paso del tiempo;, la escalera se humaniza hasta el punto de compartir simbólicamente la historia vital de los personajes envejeciendo con ellos; es símbolo de inmovilidad social, es una barrera que divide a los hombres en una serie de estados económicos y de oportunidad social, sin la menor concesión en treinta años; es símbolo de inmovilidad personal, un espacio cerrado que asfixia las ilusiones de los personajes que viven en ella; es símbolo del fracaso, la escalera representa la vida que los está derrotando (el escenario no ha variado, la reaparición de los personajes es una demostración de que su situación tampoco ha sufrido cambios).

  • La leche derramada. Es un signo de lo que, una década después, se advierte que ha sucedido en la escalera.

  • El joven y el señor bien vestidos. Aparecen al comienzo del tercer acto. Ocupan las viviendas de doña Asunción y la Señora Generosa. Su charla revela que el valor principal de la sociedad en que viven es el dinero. Tienen una actitud de desprecio hacia sus convecinos ya que se consideran de otra categoría. Son símbolos de la posibilidad de salir de la escalera, de ascender en la sociedad. Suponen una crítica a la sociedad de consumo donde la posesión de bienes y objetos es un signo del éxito social.







La base de datos está protegida por derechos de autor ©espanito.com 2016
enviar mensaje