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Tema el renacimiento del cuento en el siglo XIX


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TEMA 8. EL RENACIMIENTO DEL CUENTO EN EL SIGLO XIX.


  1. Definición de cuento y antecedentes.

El cuento es una narración breve de ficción con la máxima condensación de un asunto en forma sugestiva con un final a menudo inesperado. Por su tema puede ser fantástico, realista, simbólico o mágico. Dada su brevedad se centra en un tema, evitando tramas secundarias y con un número reducido de personajes, los cuales suelen estar esbozados con pocos trazos pero de tal intensidad que el lector pueda hacerse a la idea de cómo son.


La tradición cuentística tiene sus orígenes en la literatura árabe con Las Mil y una noches y en la hindú con el Panchatantra –traducido como Calila e Dimna en la Escuela de Traductores de Toledo-. Posteriormente, Fedro -latino- y Esopo -griego- escribieron sus fábulas en la Antigüedad grecolatina.
El cuento también gozó de gran difusión en Europa durante la Edad Media con colecciones como el Decamerón de Boccaccio en Italia, los Cuentos de Canterbury de Chaucer en Inglaterra, o El Conde Lucanor en España.
Durante los siglos de oro, XVI y XVII, sobre todo en este último, el cuento adquiere una fuerte carga crítica y moralista. Quevedo escribe los Sueños y Vélez de Guevara El diablo cojuelo –el diablo va levantando los tejados de las casas para observar en su interior a maridos cornudos, viejos avaros, médicos tramposos o mujeres indecentes-.
El siglo XVIII es un período puente entre esta época y la gran eclosión del siglo XIX. Se mantiene en forma poética con las fábulas de La Fontaine en Francia o de Samaniego en España ambas al estilo de los clásicos Fedro y Esopo. Destaca el cuento didáctico y filosófico alecciona y refleja el predominio de la razón sobre el sentimiento. Un ejemplo de ello es el cuento Zadig de Voltaire.
2 El cuento romántico.
Pero es el siglo XIX el gran siglo del cuento gracias a la existencia de un público lector burgués y al auge de la prensa escrita, canal por el que se dio a conocer gran parte del cuento decimonónico.

El Romanticismo alemán, completamente vinculado al nacionalismo, busca la idiosincrasia germánica en las narraciones orales primitivas. Los hermanos Grimm recorrieron los pueblos buscando ese primitivismo folklórico y recogieron por escrito narraciones populares de transmisión oral; Pulgarcito, La Cenicienta o Hansel y Gretel son algunas de las recogidas en Cuentos para la infancia y el hogar. En la misma línea escribe el danés Hans Christian Andersen.



 

El cuento fantástico también tiene su origen en Alemania en la figura de E.T.A. Hoffmann quien crea en sus narraciones una atmósfera inquietante de irrealidad y misterio a base de mezclar lo fantástico y lo cotidiano. En El hombre de arena, Hoffmann, se complace en evocar visiones angustiosas y demoníacas con una apretada economía de elementos espectaculares que conviven con escenas de la vida cotidiana. En esta obra el protagonista cuenta a su amada cómo sufrió de niño porque su padre murió realizando experimentos de alquimia con un colega al que él creía el hombre de arena, figura de ficción con la que la madre los asustaba. Ya en la madurez, encuentra al mismo individuo, esta vez con una hija hermosa y fría, de la que se enamora locamente, olvidando a su prometida. Al final se descubre que la extraña muchacha es una máquina creada por el inventor lo que le hace enloquecer hasta el punto de intentar asesinar a la que fue su amada. Por tanto predomina el tema de la locura, de los miedos de la infancia, del amor imposible y de la imposibilidad de llevar una vida normal. Todos, por tanto, elementos románticos organizados por medio de un trama de interés creciente que aumenta la intriga y el suspense hasta el insólito final.


En Inglaterra, la mayor aportación al relato de terror fue realizada por el secretario y médico de Lord Byron, John William Polidori. En una noche de 1816, recluidos por una tormenta en Villa Diodati, al lado del lago Leman en Ginebra, Lord Byron, Polidori, Percy Shelley y su flamante esposa Mary, pasaron la noche leyendo historias de fantasmas y se propusieron escribir sus propias historias. Mary Shelley y Polidori llevaron a cabo el desafío. Aquella escribió Frankenstein y este escribió El vampiro, un cuento cuya importancia radica en la creación de la imagen prototípica del vampiro. Su personaje principal, Lord Ruthven, aristocrático, sofisticado, misterioso, frío, encantador para las mujeres y bebedor de sangre, se pasea por los círculos más selectos. No hace falta ser muy sagaz para descubrir que el siniestro, flaco y pálido Lord Ruthven no es otra cosa que un retrato despiadado de Lord Byron. El que eligiera la figura de un vampiro para descargar su reprimida animadversión hacia el poeta, sugiere que era así como Polidori vivía inconscientemente esa relación: con su personalidad vampirizada por la del otro.
Desde Norteamérica, llega el gran impulsor del género: Edgar Allan Poe (1821-1867), el primer escritor estadounidense con una nueva forma de entender la ficción y la poesía. Como narrador destacan sus Narraciones extraordinarias, relatos que sobresalen por la dosificación de la intriga y por la capacidad de sorprender. Poe prefiere los detallados análisis psicológicos a la acumulación de acciones externas. En vez de la descripción de lugares, se decanta por el análisis de la angustia que se siente en ellos. Contrasta el ambiente realista de sus historias con el fondo de misterio y terror que hay en ellas. En cuanto a los contenidos predomina el terror, el misterio, crímenes, personajes en situaciones límite, las pesadillas, los espectros, lo insólito y lo sobrehumano. Sus relatos más conocidos son Manuscrito hallado en una botella, El escarabajo de oro, El corazón delator, La caída de la casa Usher, o los relatos policíacos Los crímenes de la calle Morgue y La carta robada. En ellos aparece el detective Auguste Dupin, antecedente del Sherlock Holmes de Arthur Conan Doyle y Hercules Poirot de Agatha Christie. A Poe debemos también una novela de corte marinero y macabro Las aventuras de Arthur Gordon Pym y una serie de poemas, entre ellos El cuervo. En definitiva, Poe ha sido, después de Hoffmann, el autor que más ha influido sobre el género fantástico sobre todo en su compatriota H. P. Lovecraft.

Otro norteamericano, Washintong Irving, destaca por su estilo popular pero elegante, fácil y pintoresco. Dos de sus relatos, Rip Van Winkle y Sleepy Hollow  ambientados también en los días en que Nueva York era colonia holandesa, se han convertido en clásicos de la literatura estadounidense y Cuentos de la Alhambra (1832), una serie de apuntes y relatos inspirados en su estancia, en 1829, en Granada. También norteamericano es Herman Melville, el autor de Bartleby el escribiente, un oficinista que ofrece por respuesta “Preferiría no hacerlo –I would prefer not to-“ a cada una de las exigencias de su jefe.

Por último, cabe destacar la importancia que tuvo para el desarrollo de la narrativa española las Leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer quien, con una ambientación gótica y medieval trata todo tipo de argumentos, desde los más enigmáticos, a los más terroríficos. El amor idealizante e imposible típicamente romántico se percibe en El rayo de luna, El monte de las ánimas o Los ojos verdes.

3. El cuento realista

Cuando el Realismo se ha difundido por toda Europa, los cuentos siguen teniendo la vigencia que tenían en el Romanticismo. Entre sus rasgos realistas destaca el fiel reflejo de la realidad con propósito de crítica y denuncia y las técnicas del narrador omnisciente y el estilo indirecto libre. También la presencia de personajes que se sienten oprimidos en situaciones sociales adversas y el intento de mejora con final, a menudo, frustrante.

No obstante, muchos otros autores escriben desde una órbita eminentemente realista como el ruso Nikolai Gógol (1809-1852), el iniciador del realismo ruso en sus primeros relatos (Diario de un loco, El retrato) o en otros en los que no falta lo romántico (Taras Bulba), lo grotesco (La nariz) o lo fantástico (El abrigo). Su obra teatral El inspector  (1836), en la que denuncia la corrupta burocracia zarista provocó un escándalo.


Pero es Anton Pávlovich Chéjov (1860-1904) el gran renovador del cuento cuyas obras poseen elementos claves de la modernidad rusa además de estar presente la naturaleza de la campiña rusa y la idea de que el hombre compra la felicidad por medio de la pérdida de la inocencia y por medio de una degradación moral e intelectual. Por sus relatos breves desfilan todos los estratos sociales (médicos, artesanos, criados, aristócratas…) de los cuales Chéjov recrea sus vidas cotidianas con un estilo escueto y un humor no exento de crítica y las eleva a categoría artística y a símbolos de la existencia humana. Los relatos apenas tienen argumento y están relatados con sencillez y objetividad. El efecto de estos relatos depende más del estado de ánimo y del simbolismo que del argumento. Destaca su cuento Vanka, en el que el protagonista, un aprendiz de zapatero, escribe a su abuelo con nostalgia pidiéndole que le libere de la vida hambrienta y de explotación que sufre. En sus relatos, en definitiva, denuncia la existencia cotidiana de hombres vulgares sujetos a un destino mediocre, vidas monótonas y sin esperanza de la sociedad rusa antes de la Revolución. El Pabellón 6, sobre un psiquiátrico y La dama del perrito acerca de una historia de adulterio son ejemplos de lo anteriormente dicho.
4 El cuento naturalista.
El francés Guy de Maupassant (1850-93), discípulo de Flaubert, del que aprendió la doctrina realista que practicó en más de trescientos cuentos con una ironía mordaz y humor socarrón que a la vez rezuma pesimismo y desesperación. Sus temas favoritos son los campesinos normandos, los pequeños burgueses, la mediocridad de los funcionarios, la guerra franco prusiana de 1870, las aventuras amorosas o las alucinaciones de la locura. Su estilo suele ser sencillo, fiel transcriptor de la sociedad de su tiempo, como su maestro Flaubert, aunque en menor medida en sus cuentos de terror, género en el que es reconocido como maestro, a la altura de Edgar Allan Poe. En estos cuentos, narrados con un estilo ágil y nervioso, repleto de exclamaciones y signos de interrogación, encontramos la presencia obsesiva de la muerte, el desvarío y lo sobrenatural. El Horla (1887), en el que el autor a través de un diario nos muestra las supuestas alucinaciones del protagonista, el cual siente la presencia de un ente así llamado. De corte naturalista y realista respectivamente escribió Bola de sebo y El collar, que trata del esfuerzo de una mujer con aspiraciones de grandeza por devolver a su amiga un collar falso que le había prestado y que acabó perdiendo. Publicó asimismo algunas novelas como la aclamada Bel Ami (1885).
En España destaca Leopoldo Alas, Clarín (1853-1938) con ¡Adiós cordera! de ambiente rural en la que lleva a cabo una defensa de la tradición y del pasado puestos en peligro por la amenaza de la civilización. En Pipá, relato de corte naturalista sobre un muchacho cuya herencia genética le impide hacer una vida normal, pese a las oportunidades que se le dan vemos otro fiel reflejo del conflicto entre la sociedad y la civilización.
Por todos estos caminos, el género cuentístico adquiere la madurez para una nueva edad dorada ya en el siglo XX, esta vez de la mano de los escritores hispanoamericanos (Cortázar, Borges…).


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