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Tema 12 la poesía española posterior a 1936: tendencias, rasgos principales, autores y obras más significativas


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TEMA 12

LA POESÍA ESPAÑOLA POSTERIOR A 1936: TENDENCIAS, RASGOS PRINCIPALES, AUTORES Y OBRAS MÁS SIGNIFICATIVAS.

1.- INTRODUCCIÓN
Política y sociedad: La guerra Civil supone una trágica convulsión histórica que habrá de marcar en todos los órdenes de la vida de los españoles. El régimen de Franco impone una dictadura, caracterizada por la represión política y la censura. España sufre el aislamiento internacional durante diez años, ingresará en la ONU en 1955, en el plano político-social, las prohibiciones de todo tipo, la falta de libertades o la pobreza cultural ahogan a una sociedad que va a mostrar mayor descontento en la medida en que va siendo posible el contacto con el pensamiento, la cultura y las democracias europeas. Poco a poco el régimen encuentra contestación entre los movimientos obreros clandestinos, la Universidad o la prensa.

Economía: la penuria de muchas familias, las desigualdades, la inflación, el atraso en agricultura, la ausencia de tejido industrial o la falta de infraestructuras hacen de España uno de los países más pobres de Europa. En los años sesenta la entrada de dividas por el turismo, el dinero de los emigrantes, la inversión extranjera y los planes económicos hacen que poco a poco se vaya adquiriendo cierto desarrollo y los españoles alcanzan mayor nivel de vida.

La literatura: a causa de la Guerra Civil, nuestra literatura pierde gran parte del magisterio y de las referencias anteriores: muchos escritores e intelectuales han de salir al exilio. La censura provoca durante años su olvido, al tiempo que los nuevos autores han de sortearla lo mejor posible. Otros, con una literatura más evasiva o menos comprometida, se adaptan mejor a las circunstancias. Nuestras letras van poco a poco recobrando el aliento en los diversos géneros y tendencias.
2.- POESÍA DE POSTGUERRA
Hasta los años cincuenta, los poetas muestran tres tendencias que implican formas distintas de situarse literaria, poética, estética y vivencialmente ante la tragedia de la Guerra Civil y ante el propio ser humano, estas tendencias son:


  • Poesía arraigada, años 40, es la de un grupo de poetas que se fijaron más en la perfección del verso y en la expresión de la belleza que en pintar la triste situación del momento. En sus versos, acudieron a los sentimientos religiosos o a temas tradicionales como el paisaje, el amor y la expresión de la belleza. Pretendían una forma serena y clásica, evitando las estridencias y gritos de angustia. A este grupo pertenecen los siguientes poetas: Luis Rosales, Leopoldo Panero, Luis Felipe de Vivanco, Dionisio Ridruejo, se agrupan en torno a las revistas Escorial y Garcilaso, fundadas por José García Nieto.

  • Poesía desarraigada, en la misma década de los 40, contra el esteticismo clasicista de los arraigados, surge una reacción en otros poetas a los que se les llama desarraigados. Un hecho importante es el libro Hijos de la ira (1944), de Dámaso Alonso. La manifestación más duradera de esta poesía es la revista Espadaña que se publica entre 1944 y 1950 bajo la dirección de los poetas Victoriano Crémer y Eugenio de Nora. Los poetas de Espadaña elevan su tono para gritar la desesperación del hombre.

  • Poesía social: cuando el yo angustiado y existencial mira más hacia el exterior, la voz puede volverse poesía social, de testimonio, comprometida y de denuncia. Entre otros, son poetas sociales Gabriel Celaya y Blas de Otero.

  • Otros poetas: son grandes líricos que inician entonces su andadura, algunos con obras en la línea existencial o social son: José Hierro, Vicente Gaos, Rafael Morales, José Mª Valverde, Carlos Bousoño, José Luis Hidalgo, Germán Bleiberg, Leopoldo de Luid, Ramón de Garciasol y Juan Gil Albert. No hay que olvidar que dentro y fuera de España, continúan publicando Juan Ramón Jiménez o los poetas del 27. En el exilio está también una voz que adquiere gran resonancia tras la guerra: León Felipe.


Luis Rosales escribe su primer libro, Abril, sobre temas amorosos y religiosos. Se publica antes de la guerra española, utiliza un lenguaje brillante y utiliza formas estróficas clásicas. Su obra más relevante y de influencia en la poesía posterior es el poema unitario La casa encendida, publicado en 1949. Rosales emplea largos versículos, y un lenguaje más directo en el que no faltan imágenes cercanas al surrealismo, para expresar su propio mundo, su realidad anímica, sus vivencias, sus recuerdos y emociones, sus experiencias personales y vitales.

Victoriano Crémer. Su palabra es, en general, solidaria y de honda preocupación humana. Poesía total recopila su obra hasta 1966. Aborda temas como la justicia, la libertad, el mundo del trabajo y el amor. Su actitud es crítica, inconformista y comprometida con el ser humano en su propia circunstancia histórica. Sus versos son de gran fuerza expresiva y han sido a veces clasificados de tremendistas.
José Hierro. Su obra poética es una de las más sólidas y personales de la lírica española del siglo XX. Es un poeta de palabra densa y cuidada, y sus versos se suelen afirmar en hondas raíces vitales. En su larga y ejemplar trayectoria poética, aparecen el hombre y su realidad histórica, la temporalidad, el arraigo social. El amor y los sentimientos, el paraíso perdido, el recuerdo, la cultura y la poesía misma. Es el autor de títulos como Quinta del 42, Cuanto sé de mí, Libro de las alucinaciones, Agenda y Cuaderno de Nueva York.
León Felipe si bien es de una generación anterior (en 1920 publica Versos y oraciones de caminante) es importante mencionarlo porque es una de las voces más auténticas de la poesía española en el exilio. Su verso es fuerte y vibrante, despojado a menudo de todo elemento ornamental. Es el poeta que más que el recuerdo y la añoranza por una patria lejana, muestra el drama personal del exilio y el drama de España. Obras del exilio son: Español del éxodo y del llanto, Ganarás la luz y Llámame Publicano.
Blas de Otero no posee una poesía muy extensa pero está dotada de una extraordinaria calidad, de enorme fuerza expresiva, de gran profundidad temática y conceptual, y de indudables valores líricos. Podemos estructurar su obra en tres etapas.

  • Primera etapa: Ángel fieramente humano y Redoble de conciencia; en estas dos primeras obras, que más tarde funde en Ancia (1958) juntando la primera sílaba del libro y la última del segundo, muestra a un poeta que se dirige y busca a Dios, ausente e impasible ante el clamor de su voz, ante el peso de su angustia y de su desasosiego. También a un hombre que cada vez se va acercando más al dolor y al sufrimiento de los demás hombres. Junto a las formas clásicas muy bien resueltas como los sonetos, el autor utiliza también el verso libre.

  • Segunda etapa: Pido la paz y la palabra, En castellano y Que trata de España. Etapa plenamente social y solidaria en la que el poeta, con un verso más sencillo, pero sin perder su conciencia artística, se dirige ya de forma decidida “a la inmensa mayoría”, a los otros, para cantar sus deseos de paz, de libertad, de justicia y para clamar por la dignidad del hombre. Dios sigue sonando en algunos de sus versos y España se convierte en preocupación y tema central de su poesía, para sentir su realidad presente, para afirmar su esperanza en el futuro o para rememorar sentimental y emocionalmente diversos lugares. El verso libre domina gran parte de los poemas, alguno de los cuales adquieren un aire de poesía popular.

  • Última etapa. Con Historias fingidas y verdaderas ahora el poeta busca la renovación formal, se trata ahora de una obra formada por diversas composiciones en prosa en las que se adentra en la literatura experimental. Con toques surrealistas, trata aspectos autobiográficos o reflexiona sobre la condición humana.

Es el artífice de un lenguaje poético elaborado y trabajado cuyos rasgos son: uso del encabalgamiento, abundancia de adverbios, juegos de palabras, utilización, como préstamos literarios, de versos o expresiones de otros autores, empleo de repeticiones y paralelismos sintácticos, aliteraciones, introducción de frases hechas que adquieren nuevo valor en el contexto poético…
3.- LA POESÍA DE LOS AÑOS 50 A LOS AÑOS 70
LA GENERACIÓN DEL 50

A mediados de los cincuenta, en pleno auge de la poesía social, surge un grupo de poetas encuadrados por la crítica como “generación del 50” (o del 60) o “segunda generación de postguerra”.

No es posible determinar unas notas que encuadren a todos, aunque participen de ciertos rasgos: actitud ética o una posición crítica ante la realidad, de tono en general distinto al de la poesía social. Se aprecia también la voluntad de lograr un estilo personal que huya del prosaísmo. Lo consiguen gracias a una mayor depuración del lenguaje coloquial. Hay una vuelta al intimismo, y dejan que aparezca el sentido del humor, la ironía o el escepticismo. La poesía se entiende no solo como comunicación, como en la poesía social, sino como forma de experiencia personal, de conocimiento y de exploración de la realidad. Entre los poetas de este momento, se encuentran Ángel González, Ángel Crespo, José Agustín Goytisolo, José Ángel Valente, José Manuel Caballero Bonald, Carlos Barral, Claudio Rodríguez, Jaime Gil de Biedma, Carlos Sahagún, Félix Grande o Francisco Brines.
Ángel González es uno de los poetas de su generación en cuyos versos late un mayor espíritu crítico y social. Sin embargo, junto a la denuncia, y el “testimonio colectivo” e histórico, hay también una poesía de firme asiento en el “yo”. En ella caben el amor, los sentimientos, la esperanza, la desesperanza, el paso del tiempo o el mimo sentido de la vida. Y siempre un hondo latido humano. Su estilo, que adopta a menudo un tono irónico, tiende a la sencillez. El lenguaje, siempre cuidado, adquiere, a veces, un tono coloquial.

Sus obras son: Áspero mundo, Sin esperanza, con convencimiento, en donde “el término convencimiento debe referirse a la Historia, y la desesperanza a “mi historia”, Tratado de urbanismo y Otoños y otras luces, 2001.


Jaime Gil de Biedma. La actitud irónica y sarcástica del barcelonés Jaime Gil de Biedma, fruto de una visión desencantada, escéptica y crítica del mundo y de la realidad, es una de las constantes de sus versos. La infancia, el amor y el erotismo o el ahondamiento en el propio yo y en su experiencia recorren la poesía de un hombre de confesión sincera y de palabra sencilla y expresiva. Es autor de obras como Compañeros de viaje; Moralidades o Poemas póstumos.
Francisco Brines utiliza el lenguaje cotidiano de una forma elaborada y artística y acude a veces al simbolismo para crear una poesía de acento personal, contemplativa y meditativa, cargada de pensamiento y de reflexión serena, que le pueda llevar al conocimiento. El amor y el fluir inevitable del tiempo, expresados mediante un tono elegíaco, se constituyen en preocupaciones poéticas del autor y temas centrales de muchos de sus versos. Entre su poesía se encuentran títulos como Las brasas, Palabras a la oscuridad, Aún no, Insistencias en Luzbel, El otoño de las rosas y La última costa, reunidos todos en Ensayo de una despedida: Poesía completa (1960-1997).
Claudio Rodríguez. Es una de las voces más intensas de su generación. Con 19 años gana el premio “Adonais” con Don de la ebriedad, obra en la que sorprende su madurez. Escribe poemas de aliento metafísico en los que la naturaleza adquiere una dimensión trascendente, misteriosa y sugerente.

Sus siguientes obras: Conjuros, Alianza y condena, El vuelo de la celebración o Casi una leyenda, prolongan la densidad y la expresividad de su poesía. Claudio Rodríguez ahonda en la visión y emoción de la tierra y el paisaje, en la experiencia, en el amor, en la búsqueda de la verdad, en la reflexión y el conocimiento de la vida, del mundo y de las gentes, en su solidaridad y en el hombre mismo.


LOS NOVÍSIMOS

En 1970, José María Castellet publica la polémica antología Nueve novísimos poetas españoles (Manuel Vázquez Montalbán, Félix de Azúa, Pere Gimferrer, Guillermo Carnero, Leopoldo Mª Panero, etc.) La obra, que da nombre a esta promoción de poetas nacidos tras la guerra, marca nuevas tendencias y un punto de inflexión en la lírica.

Son autores esteticistas y de gran formación, que se trasvasa a su poesía, calificada de “culturalista” por la abundante presencia de alusiones filosóficas, literarias, artísticas e históricas. Se advierte en ellos un deseo de renovación alejada de la preocupación social y de toda preceptiva. En su poesía, diferente en cada caso, cabe desde el surrealismo hasta la experimentación formal, desde un lenguaje cultista hasta el aprovechamiento del lenguaje cotidiano. José Mª Castellet caracteriza a sus novísimos por la ruptura con la poesía anterior, su formación en los medios de comunicación, el gusto por lo camp (lo pasado de moda) y el gusto por la mitología popular que proviene del mundo del cine, del deporte… la consideración de la poesía con valor en sí misma o el aprecio por poetas extranjeros (Ezra Pound, William B. Yeats, Octavio Paz…) Tanto los novísimos como otros poetas de los 70 no incluidos en dicha antología, han seguido su propia evolución. Con similares poéticas o no, hay en estos años otros relevantes autores no incluidos en los novísimos: José Miguel Ullán, Antonio Colinas, Jaime Siles, Luis Alberto de Cuenca, Agustín Delgado, Luis A. de Villena, Justo Jorge Padrón o Antonio Martínez Sarrión.
Pere Gimferrer comienza su andadura lírica en castellano. Más tarde cultiva la poesía en lengua catalana en obras como La llum. Es un poeta esteticista, con gran capacidad de sugestión poética, fuerte culturalismo e influencia surrealista en muchos de sus versos.

Gimferrer cuenta en castellano con títulos como La muerte de Beberly Hills o Arde el mar. En esta obra, que supuso un hito en la nueva orientación de la lírica española, el autor hace gala de un brillante y original lenguaje poético para expresar la nostalgia de una “adolescencia perdida” o no vivida.


Guillermo Carnero. Desea renovar el lenguaje poético. En 1971 escribe Dibujo de la muerte. La obra aparece un año después de Arde el mar y, como ésta, alcanza gran relevancia en la nueva o novísima poesía española. Obras suyas son: El sueño de Escipión, Variaciones y figuras sobre un tema de La Bruyère o El azar objetivo, en las que aúna la belleza y la muerte, son de una marcada preocupación estética y una gran imaginación. En 1979 compila su poesía escrita hasta ese momento en Ensayo de una teoría de la división.
Antonio Colinas se caracteriza por un cierto romanticismo y por la serenidad de su poesía. Igual que otros autores de su generación, asume en sus versos la tendencia esteticista, el ansia de belleza y un denso culturalismo, a veces vertido en temas y contenidos de inspiración clasicista. Entre otras obras, ha escrito Sepulcro en Tarquinia, Astrolabio, Jardín de Orfeo, o Los silencios del fuego.
Luis Alberto de Cuenca. Las primeras obras Elsinore y Scholia contienen una gran carga cultural, que va desde la cultura popular a la clásica y que puede llegar incluso a lo libresco y lo erudito. Con La caja de plata, El otro sueño, El hacha y la rosa, Por fuentes y fronteras y El bosque y otros poemas se advierte un cambio en su quehacer poético, más vitalista, menos retórico y más narrativo, con poemas que adquieren a veces un tono desenfadado y a menudo se mueven entre la realidad y el sueño.
Justo Jorge Padrón. Desde sus primeros versos, cuidados y de bellas y sugestivas imágenes, la obra de este poeta no adopta el esteticismo y el culturalismo dominantes. Padrón busca que su poesía sea una forma de conocimiento donde adquieren valor el sentimiento y las emociones, la experiencia, la visión y comprensión del mundo y de la vida o el latido cósmico. Suyos son títulos como Los oscuros del fuego, Los círculos del infierno o Los dones de la tierra.

4.- LA POESÍA FEMENINA
Ernestina Champourcin. La densa y bella creación lírica de Ernestina Champourcín se prolonga desde antes de la Guerra Civil hasta finales de los ochenta. En su poesía tiene asiento el amor humano y divino y la evocación. La evolución de tan larga trayectoria va desde los ecos modernistas de En silencio de 1926, hasta los símbolos de sus últimos poemas: Huyeron todas las islas. Otras obras suyas son El nombre que me diste o Cartas cerradas.

Carmen Conde. Empieza a publicar antes de la guerra. Ha escrito Ansia de la gracia, Mujer sin Edén o La noche oscura del cuerpo. El amor ocupa buena parte de su obra, desde versos surrealistas o de aire popular hasta una visión casi trascendente. El dolor por la guerra, la familia, los problemas humanos, la condición de la mujer, la tierra y el mar, la juventud o la reflexión sobre el tiempo son temas que recorren su poesía. Sus versos están llenos de misterio, preocupación metafísica, sensualidad y bellas imágenes.

Gloria Fuertes se caracteriza por su variedad de temas, por su humanidad y ternura, y por su autenticidad y su compromiso social. Su lenguaje es directo y vivo, atento a inesperadas imágenes, juegos de palabras, humor y notas irónicas. Siempre en versos de libre y personal disposición. Además de poesía para niños, son obras suyas: Aconsejo beber hilo, Que estás en la tierra, Poeta de guardia o Historia de Gloria.

Clara Jarnés. Su poesía se caracteriza por la fluidez rítmica y en la belleza, canta a la vida, la existencia, el ser, el sentimiento, la realidad y los sueños o la emoción y pasión amorosa. Su voz lírica se serena y sosegada a veces, otras de mayor fuerza y tensión expresiva. Ha publicado Límite humano, Eros, Vivir, Lapidario o Rosas de fuego.






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