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Taller d'Idees Llenguatge i Política: el cas de Podemos. Què li deu Podemos al nom de Podemos?


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TALLER DE POLÍTICA 2014-2015

Taller d'Idees
Llenguatge i Política: el cas de Podemos. Què li deu Podemos al nom de Podemos?

Debat el 17 de setembre de 2014, amb una presentació d' Antoni Gutiérrez-Rubí

Llibreria Alibri (c/Balmes, 26 ) a les 19 hores
ALGUNS ANÀLISIS SOBRE PODEMOS
Una intuïció premonitòria
Pablo SIMÓN, “¿Por qué surgió la Alianza Juvenil Radical” a Politikon (29-08-12)

http://politikon.es/2012/08/29/por-que-surgio-la-alianza-juvenil-radical/

“La Alianza Juvenil Radical (AJR) consiguió un éxito inesperado en los comicios de 2014, superando el 7% a nivel estatal y obteniendo diputados en Madrid (4), Barcelona (3), Sevilla (2), Valencia (1) y Zaragoza (1). La mayoría de los comentaristas políticos estaban atónitos antesemejante éxito. Sin que las encuestas le dieran mucho más de un 2%, de repente el nuevo partido tenía grupo parlamentario propio y buenas perspectivas para entrar en los parlamentos autonómicos en 2015. Esa noche había diferentes expertos reunidos en el plató de televisión comentando los resultados electorales y el tema de la AJR era inevitable. El moderador lanzó la pregunta al aire “¿Por qué había aparecido un partido nuevo que dice representar a los jóvenes?”

El doctor A de la escuela sociológica habló en primer lugar. Lo primero que dijo es que es los partidos tienen la finalidad de servir como canales de representación política de determinados grupos sociales. “Eso lo sabemos desde hace tiempo”, añadió. “Cada vez que se producen grandes transformaciones socio-estructurales aparecen partidos nuevos. Por ejemplo, en el siglo XIX se creo el Estado moderno, lo que generó que hubiera ejes de conflicto sobre el rol de la Iglesia (apareciendo partidos cristianodemócratas) o sobre el nivel de centralización o construcción nacional (lo que hizo nacer partidos regionalistas-nacionalistas). Algo parecido pasó con la modernización económica, que generó la eclosión del eje izquierda derecha (con partidos comunistas o socialdemócratas) o la urbanización (que hizo aparecer partidos agrarios)”.

El profesor sorbió de su vaso de agua y continuó hablando. “Es indudable que cuando aparece un nuevo cleavage en la sociedad se abre la puerta a que aparezcan nuevos partidos para representar determinados intereses”. En pantalla se vio una foto de una de las muchas manifestaciones de jóvenes del pasado año. “En España estamos viviendo cada vez más acusadamente una diferencia estructural y material entre generaciones. Todos los nacidos durante los 80 y 90 ven como sus opciones de bienestar se diluyen, como se rompe el contrato social en su perjuicio. Por lo tanto, era natural que la AJR surgiera para canalizar los intereses de ese grupo”.

El moderador dio paso a B, un académico institucionalista, el cual carraspeó antes de empezar a hablar. “Bien, yo tengo que empezar diciendo no estoy de acuerdo con mi colega. Quizá la crítica más fácil que se puede hacer a su enfoque es que, al fin y al cabo, los jóvenes tienen múltiples identidades. Hay jóvenes de izquierdas y de derechas, los hay ricos y pobres, los hay mujeres y hombres, los hay nacionalistas de todo pelaje… ¿No podrían haber optado por un partido que representara cualquier otra de sus identidades? ¿Cómo deciden que su identidad de jóvenes es la más importante ? Y más importante ¿Por qué pensar que, aunque ser joven sea lo más importante para ellos, iban a votar automáticamente al AJR?” El doctor hizo una pausa brevísima y continúo.

“A mi juicio hay que ver a los partidos políticos como lo que son: coaliciones de intereses entre elites, el producto de empresarios políticos interesados en ganar elecciones. Sí, es cierto que puede haber diferencias de intereses en la sociedad, pero estas al fin y al cabo son las que crean los propios políticos. Ellos las activan y movilizan de manera estratégica. El caso del AJR es de manual. Un líder político carismático, J.F., decide que el contexto es propicio para fundar un partido en España dada la crisis económica y política en la que estamos. Mira a su alrededor y dice, ¡Ajá, los jóvenes son un colectivo en el que me puedo apoyar! Por lo tanto funda este partido, moviliza el tema en la agenda política y, aprovechando sus recursos, consigue un éxito razonable. Creo que su origen se entiende fácil”.

C se pasó la mano por la barba y tomó la palabra en ese punto. “Bueno, creo que mi colega está siendo demasiado sesgado en su enfoque. Si parte de que los actores políticos son racionales ¿Por qué esta asunción solo la considera para una parte de la ecuación?” El profesor miró al institucionalista a los ojos “Según su argumento los políticos son seres racionales y sofisticados, capaces de pensar manipuladoramente para ganar, pero los votantes son directamente idiotas. Los ciudadanos se limitan a actuar o pensar en función de lo que le dictan las elites políticas, que las teledirigen. Por lo tanto, usted rompe el principio básico de racionalidad en el lado de la demanda, por emplear su jerga”. El moderador hizo algunos gestos fuera de cámara.

“Pero volvamos al tema del AJR” continuó el profesor C “Su enfoque, además del sesgo anterior, tiene el problema de que no nos da ninguna pista sobre el tipo de compromiso ideológico de los partidos. ¿Por decidió el ambicioso y calculador político fundar un partido de los jóvenes? Eso le limita a un segmento de edad ¿Por qué J.F. no prefirió fundar, por ejemplo, el Partido del Fútbol (hay muchos más futboleros que jóvenes en España) o el Partido de los Simpsons (que tiene muchoshare)? Pues fácil, porque en el fondo tiene que haber unas condiciones materiales e ideológicas reales capaces de movilizarse políticamente. Y si existe el partido de los jóvenes y no el de los rubios es porque los primeros, y no los segundos, cumplen esa condición.”

El profesor D, que había estado callado hasta entonces, se adelantó para intervenir “Su punto tiene sentido, señor C, pero lo que no puede hacer usted es negar el papel endógeno de la propia política. Al menos por dos razones. Primera, existe cierto nivel de “activación” de los conflictos que es realizado por parte de las elites políticas. No diría todo, como A, pero sí parcial. Por ejemplo, cuando surgió UPyD fue porque el tema territorial se activó en la agenda por parte de la elites del sistema (Estatut, terrorismo y demás), por más que hubiera gente antes al que ese tema le parecía importante. Algo parecido pasó cuando surgió Solidaritat en Cataluña, igual en sentido ideológicamente opuesto. Fueron elites interesadas, empresarios políticos como Rosa Díez o López Tena los que aprovecharon el tirón de un determinado conflicto politizable y, en parte, lo activaron y retro-alimentaron.”

“Y un segundo punto crucial, usted ignora totalmente el rol de las instituciones. Por ejemplo, nuestro sistema electoral determina que algunos partidos lo tengan más fácil que otros para obtener representación. Las reglas determinan qué tipo de intereses sociales aparecen en la arena.” La pantalla de detrás sacó una imagen del Congreso “¿Piensa usted que fundar un partido hoy en España sería igual de costoso hacerlo en un sistema aún más mayoritario? ¿O con un distrito único?  Que hubiera demanda de un partido de jóvenes no tiene sentido si no se mira la estrategia de sus líderes, determinada a su vez por las reglas. ¿O es que se piensa que es casual que los diputados del AJR vengan de lo distritos más proporcionales? ¿O es que se cree que los jóvenes de Teruel o Valladolid están menos concienciados que los de Madrid o Barcelona?”

En ese momento se levantó un murmullo entre varios contertulios. “A ver” intercedió C entonces “Es posible que sea exagerado pensar que un cambio en las estructuras sociales lleva automáticamente a la emergencia del partido, del mismo modo que parece descabellado pensar que solo las reglas y la ambición de élites racionales lo hacen.  Sin embargo el cambio existe, los partidos nacen y mueren, y si no consideramos a la vez el impacto de …” En ese punto, el moderador hizo una señal y tomó la palabra. “Disculpe que le interrumpa pero tenemos que parar un momento para conectar en directo con la sede de la Alianza Juvenil Radical. Nuestro corresponsal se encuentra ahora mismo con J.F., el líder del partido y ya diputado electo.” El presentador se giró hacia la gran pantalla que tenía detrás de él, en la que ya se veía la cara del candidato, con un rictus de euforia contenida. “En primer lugar, darle desde este plató nuestra más sincera enhorabuena”.

El sorgiment d'un tercer eix: un empelt populista en el sistema democràtic?
Ignacio URQUIZU, “Élites contra ciudadanos” a Piedras de Papel (5-06-14)

http://www.eldiario.es/piedrasdepapel/Elites-ciudadanos_6_267783244.html

Como muy acertadamente ha señalado Belén Barreiro en diversos foros, gran parte del debate actual se centra en un conflicto entre élites y ciudadanos. Estos últimos perciben que sus élites no sólo no les representan, sino que además consideran que las élites son unas privilegiadas. Para los ciudadanos, sus representantes políticos y el poder económico no han sufrido la Gran Recesión como el conjunto de la población. Además, creen que son impunes. La realidad, lamentablemente, parece estar dando la razón a los ciudadanos. No se entiende que haya tardado tanto tiempo en producirse la primera sentencia condenatoria contra aquellos que saquearon parte del sector financiero y que, además, no acaben en la cárcel si devuelven el dinero. Nada que ver con la vara de medir para el resto de los mortales.

Este discurso es el que ha alimentado el éxito de Podemos. Sus líderes se han presentado como un grupo de ciudadanos normales frente a la "casta". De hecho, para Pablo Iglesias y sus seguidores el conflicto izquierda-derecha parece superado y en estos momentos el debate político lo han centrado en "ellos contra nosotros", siendo ellos la élite y nosotros el conjunto de la población.

No obstante, este discurso tiene algunas fracturas. En primer lugar, me cuesta imaginar una sociedad sin élites. Es decir, incluso en los escenarios más revolucionarios, siempre existe una "vanguardia". Dicho en otras palabras, la alternativa no puede ser que se acaben las élites, porque siempre está la necesidad de delegar determinadas tareas en un grupo de dirigentes.

En segundo lugar, si seguimos considerando que el mérito y el esfuerzo son valores defendibles en una sociedad, no podemos negar que hay diferencias individuales. Siempre hay gente que se esfuerza más que los demás y que valora el trabajo bajo parámetros distintos. Ellos, seguramente, deberían acabar formando parte de esa élite.

En tercer lugar, un cambio de élites puede ser una condición necesaria pero no suficiente para abordar nuestros verdaderos problemas: los cambios institucionales. De hecho, centrar el debate en exceso en la “casta” nos está apartando de lo realmente importante: cómo conseguir una democracia con instituciones más representativas y más participativas.

 Por todo ello, el debate es otro y tenemos que responder a dos preguntas: ¿cómo debe ser esa élite? ¿Cómo debemos elegir a los dirigentes que nos representan dentro de las organizaciones?

Sobre la primera de las preguntas, creo que la situación actual exige perfiles distintos. Uno de los éxitos de Podemos es que se han mostrado ante todos como ciudadanos normales, siendo muchos de ellos muy cualificados. Con ello no sólo ponían de relieve la lejanía de algunas élites respecto de la ciudadanía, sino que también mostraban que algunos de los que nos dirigen adolecen de mediocridad. Esto último no es algo nuevo. La idea de que existe una selección adversa en las organizaciones políticas es algo que ya viene de lejos.


Y esto nos lleva a la segunda cuestión: ¿cómo seleccionar a las élites dentro de las formaciones políticas? No existen fórmulas mágicas. Tanto si usamos el método del dedo, del congreso o de las primarias nos vamos a encontrar siempre con múltiples problemas. Pensar que existe un método infalible que nos conducirá al mejor de los mundos es un tanto ingenuo. Los congresos no son menos democráticos que unas primarias si son realmente representativos. Es decir, si el resultado del congreso es lo que hubiese votado el conjunto de la militancia. El problema se produce cuando los cuadros intermedios de un partido se comportan de forma distinta a los integrantes de la formación política. Además, las primarias tampoco son la panacea de la democracia. Su mayor patología es la generación de hiperliderazgos y caudillismos. Dicho de otra forma, pensar que sólo es democrático elegir de forma directa al líder es pensar que una democracia parlamentaria no es realmente una democracia.

La gente de Podemos parece haber interiorizado parte de este discurso y dicen diferenciarse de los demás por su método. De hecho, si no llegaron a un acuerdo con Izquierda Unida es justamente por ello. Pero lo cierto es que la fórmula de Podemos es un tanto tramposa. ¿Tenían todos los que compitieron en las primarias ciudadanas las mismas oportunidades? ¿No había una élite dentro de la organización que tenía más visibilidad pública que los demás? ¿Acaso los que quedaron entre las primeras posiciones no eran más conocidos que los que acabaron últimos? De hecho, si esta crítica no fuese cierta, no entenderíamos por qué luego utilizaron la imagen de Pablo Iglesias en las papeletas. Dicho en otras palabras, incluso sus propias primarias acabaron adoleciendo de uno de los problemas que ellos denuncian: la existencia de una élite. Pero es que las élites son un elemento consustancial a cualquier organización”.


Berta BARBET, “Tres són multitud (reflexió en l'emergència de nous eixos polítics)” a Cercle Gerrymandering (10-06-14)

http://www.cerclegerrymandering.cat/esquerra-dreta-globalitzacio-nou-eix/

“... L’eix esquerra-dreta és un dels conceptes més utilitzats en l’anàlisi de la política europea. Tant per analistes i partits com pels propis ciutadans: segons l’últim baròmetre del CIS fins a un 73,5% dels espanyols és capaç de posicionar-s’hi i els estudis demostren que la posició en l’eix esquerra-dreta és un dels millor predictors del vot. Sovint, però, ho fem sense massa precisió. I és que, com explicava Catherine De Vries en aquest article, l’eix esquerra-dreta ha acabat absorbint molts dels conflictes que han anat sorgint en política al llarg del temps, fet que a acabat tornant-lo un concepte de significat difús.

En aquest sentit, hi ha dos conflictes amb significats molt diferents que tradicionalment s’han posicionat perfectament a l’eix: el social i l’econòmic. O el que és el mateix el conflicte al voltant de la distribució del recursos i el que s’ha anomenat conflicte GAL-TAN per sigles en anglès del que ara mateix són les principals disputes sobre el model social: Green-Alternative-Libertarian vs Traditional-Authoritarian-Nationalism.

Tot i que la sensació és de que aquests dos eixos se solapen bastant i la majoria de partits que se situen en l’extrem de la no-distribució se situen al extrem TAN de l’eix econòmic, i viceversa, el cert és que els estudis sobre opinió pública sempre han demostrat que no són exactament iguals. I casos de gent amb preferències creuades són numerosos. Per exemple, fa uns mesos el bisbe de l’església anglicana, una persona clarament de dretes en l’eix social amb unes idees d’allò més conservadores, va denunciar les retallades del govern Cameron perquè considerava que estaven deixant a la gent sense xarxa de protecció, una idea més comuna al costat esquerre de l’eix. De forma similar, molts dels líders revolucionaris de l’Amèrica Llatina, gent amb idees molt d’esquerra en l’eix econòmic, han fet més d’una vegada declaracions demostrant les seves idees sovint molt conservadores a l’eix social. Existeix doncs, gent amb preferències creuades per a qui, segons quin sigui el conflicte més visible, la seva posició o aliances pot canviar radicalment.

En general aquests dos conflictes estan molt consolidats en el debat polític i, per tant,  la majoria dels ciutadans ha aconseguit ubicar els dos conflictes en l’eix d’alguna forma. De manera que podem utilitzar un únic concepte tot i estar parlant de dos conflictes diferents. Malauradament, però, els problemes amb l’eix no acaben aquí, i és que, com explica aquest magnífic article, l’aparició de l’anomenada globalització i la possibilitat de que els diferents estat nació interactuin d’una forma molt propera ha obert un tercer conflicte polític: el conflicte entre avançar en la integració o desmarcar-se’n.

L’aparició d’aquest tercer eix, com explica bé l’article de dalt, suposa un repte diferent per als dos extrems de l’eix. Al costat esquerra, en l’eix econòmic, s’obre el repte de com combinar el paper redistributiu de l’estat amb el fet de que en un món interelacionat l’estat no té el poder d’imposar les seves decisions amb facilitat. Per al costat dret, en l’eix social, s’obre el repte de com combinar la obertura de fronteres i fluidesa de circulació amb el control cultural i la imposició de uns valors i principis socials. Fins fa poc, aquests reptes s’havien solucionat gràcies al fet de que tots els grans partits, a banda i banda de l’eix, havien pres la mateixa posició en aquesta nova clivella.

Defensant l’obertura unànimanent, ningú prenia una posició perdedora i ningú dividia la base electoral de ningú.Provocant, això sí, que tots aquells que hi estaven en contra no poguessin expressar-ho a les urnes, creant els, ara famosos, perdedors de la globalització, que durant anys només van poder més que desencantar-se de la política. Aquesta situació ha deixat de ser sostenible en el moment en què apareixen els anomenats partits d’extrema-dreta defensant posicions contràries a la major integració. Aquests partits han obert un conflicte que fins ara s’havia evitat i tots aquells partidaris de desmarcar-se i intentar recuperar el control de l’estat han trobat una opció a la qual votar, donant rellevància electoral al conflicte. Crec que els moviments cap a la dreta observats en molts països s’expliquen sobretot en aquest sentit, i per tant, no mostren cap tipus de rebuig a polítiques com les que proposa el laborisme, sinó un rebuig quelcom molt diferent.

Tot això té dues conclusions. La primera, relacionada amb la frase del principi de l’article, que cal anar amb cura quan analitzem moviments de la població en l’eix esquerra-dreta, perquè dins d’aquest eix s’hi amaguen nombrosos conflictes i no tots els moviments es donen en tots els eixos a la vegada.

La segona, més política, que la aparició de partits com l’UKIP, el FN, o en certa mesura també Podemos, obliga els partits tradicionals a afrontar el conflicte de la globalització d’una manera o altre. Ja no es pot confiar en què ningú et prendrà vots en aquest eix, perquè ara sí, la gent que creu que no hi té res a guanyar té partits als quals podrà votar. Cal repensar el projecte i buscar formes de combinar les propostes històriques dels moviments amb el context de internacionalització actual. La dreta sembla haver començat a fer-ho amb propostes demanant la limitació de la llibertat de circulació a la UE. L’esquerra no pot trigar massa si no vol sortir molt escaldada de tot això”.



Eduard GÜELL, “El 'momento populista'” a Agenda Púbica (6-09-14)

http://www.eldiario.es/agendapublica/nueva-politica/momento-populista_0_299920675.html

“... En España, el curso 2014-2015 promete, quizá demasiado. Si en el curso anterior pocos esperaban la exitosa cristalización en candidaturas electorales de la ebullición social bautizada con el nombre de “15-M” (para simplificar), este curso pocos no esperan que su irrupción afecte y condicione cualquier acontecimiento político. Yendo al hueso, el último barómetro del CIS otorga a Podemos un 15,3% de estimación de voto, siendo esta joven formación la tercera opción política de la ciudadanía española. 

Mientras que en el Reino Unido y en EE.UU laboristas y demócratas están siendo sacudidos por movimientos que pretenden orientarlos hacia un perfil más populista, el PSOE ha perdido cualquier opción en este sentido y los ciudadanos parece que ya han escogido un nuevo vehículo para hacer visible su indignación. Podemos, anticipándose, parece ganarle la partida y pretende configurar el espacio donde puedan llegar a confluir ‘prácticas de corte populista’ y devenir alternativa real de gobierno.


Acusados de demagogia, populismo, utopismo, incitación a la rebelión, amistades peligrosas… Eppur si muove. Y se mueve hacia arriba, partiendo (como ellos se esmeran en recordar) siempre desde abajo.

Con toda la intención, Íñigo Errejón -responsable de campaña de Podemos el pasado mayo- recientemente decía en televisión que los ciudadanos no van a seguir resignados a votar lo de siempre, sino que el éxito electoral de un partido va a depender de que sea capaz de seducir. El mismo Errejón a menudo señala que la confrontación política se libra en el campo del lenguaje, en la capacidad de imponer a través de la acción comunicativa un conjunto de valores que marquen los vértices de un marco conceptual que responda a un interés concreto. El momento político español actual sería un momento complejo en el que ya no bastaría con articular los acontecimientos, hay que narrarlos y hay que narrarlos de una manera seductora. Hay que situarse pues en el contexto de una lucha en el campo ideológico y cultural -de una ‘guerra de posiciones’. Del bipartidismo del patriotismo constitucional mal entendido, al patriotismo de raíz popular anti-casta, esa es la dialéctica que proponen. Podemos se presenta así como el mañana pero hoy, mientras que el bipartidismo sería el hoy pero ayer.

Destruir es siempre mucho más espectacular que construir y movimientos como Podemos son conscientes de ello. El riesgo de que el dominio de la retórica que desmesuradamente exponen devenga en sofistería es demasiado elevado como para no sospechar que después de rascar en el contenido concreto de sus propuestas no haya nada. De ahí, quizá, su obsesión por presentar baterías de ellas, moviéndose muchas entre la fina línea que separa lo factible de lo ingenuo considerando el contexto institucional actual. 

En conclusión, en la cultura política española el populismo como concepto no describe nada, sino que juzga. Probablemente tan sólo sea otro lugar común en el que verter miedo ante aquellos que aparentan ir contra lo establecido. Pero al mismo tiempo el populismo es ya lo establecido. Puede ser que en pocos años Podemos no sea más que un caso de estudio en las facultades de ciencias políticas por aquello del “what easy comes, easy goes”. De momento, es un actor cierto que incide en lo real. Tal vez no más (¡ni menos!) que una construcción estética, pero su atractivo relato dibuja nuestro particular ‘momento populista’”.

L'incert camí de moviment a partit polític
Jorge SAN MIGUEL, “Podemos y la nueva vieja política” a Jot Down (28-05-14)

http://www.jotdown.es/2014/05/podemos-y-la-nueva-vieja-politica/

“... Una buena vieja campaña

Quienes pretenden hacer pasar sin más al fenómeno Podemos por una muestra de la «nueva política» tienen mucho que explicar de esta campaña. Una campaña tradicional en el mejor sentido del término. Con un equipo profesional y concentrado, joven pero curtido en elecciones dentro y fuera de España desde el propio líder y sus personas más cercanas, Podemos sabía desde el principio a qué jugaba, planteándose objetivos razonables sin renunciar a nada. Cocineros de la política antes que frailes, Iglesias y los suyos han evaluado correctamente el contexto y han conjugado los elementos lógicos (fuerte personalización; rebaja del eje izquierda-derecha y sus elementos más folclóricos en favor del populismo arriba-abajo; guiños generacionales; uso inteligente de lo digital sin perder la perspectiva del mundo «real») con una buena factura técnica que en ocasiones resultaba sorprendente. Una campaña clásica de asalto a la representación, ensayada en ocasiones por IU en sus horas más bajas, pero que en este caso contaba además con dos ventajas: no asociarse al pasado por sus siglas ni personalidades, y un candidato que se pasea con naturalidad por los canales de televisión. Mientras las acusaciones de personalismo y hasta mesianismo menudeaban, Pablo Iglesias esbozaba una sonrisa desde las papeletas.

Compárese la suerte de Podemos y su omnipresente candidato, que se ha pateado no solo los platós sino las universidades de España en una gira triunfal, con otras propuestas que, desde el éter del ciberespacio, pretendían entroncar con el 15M representando una suerte de nuevo tiempo o «reseteo» de la política. Donde Podemos personalizaba hasta el umbral de la autoparodia, otros presentaban nombres poco conocidos fuera de los públicos más cultos y las élites ultraconectadas; y los enmarañaban en procesos laberínticos de propuesta y designación que impedían reconocer un colectivo y una organización a la que confiar el voto o pedirle cuentas. Donde Podemos recurría, en el más sencillo de los lenguajes, a la vieja demagogia de «los de abajo» contra «los de arriba», otros disfrazaban ideas no mucho más complejas con metáforas cyberpunk y jerga de programador que levantaban una barrera de idioma y de clase ante la mayoría de sus votantes potenciales. Y si desde el oficialismo de IU se entraba al trapo de las menciones a Cuba, Putin y la nostalgia soviética, Podemos hacía desaparecer mágicamente las referencias a la utopía bolivariana a la que tan afectos han sido hasta no hace tanto. Ni siquiera la inoportuna aparición en escena del siniestro Verstrynge y su discurso lepenista hizo descarrilar la campaña.


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