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Tabaquismo, una enfermedad en la edad Infantil


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Tabaquismo, una enfermedad en la edad Infantil
José R. Calvo Fernández, Elsa Rodríguez Tadeo José Calvo Rosales, Elena Calvo Fernández , Anselmo López Cabañasc
Unidad de Investigación en Educación para la Salud y tabaquismo. Universidad de Las Palmas de G.C.

El tabaquismo es un problema de salud pública, y como tal no es ajeno al ámbito pediátrico. Es la primera causa de muerte evitable en el mundo, ocasiona el fallecimiento de una persona cada 10 segundos y causa un gasto al Sistema Nacional de Salud de España de más de 400.000 millones de pesetas al año, por lo que creemos merece un abordaje mucho más profundo que el que se ha realizado hasta ahora por parte de los profesionales sanitarios en general y pediátricos en particular. 1-2


Estudios realizados en España y otros países demuestran que más del 20% de los adolescentes consumen tabaco y que este consumo es mayor en mujeres. Entre los 14 y los 20 años, el consumo de tabaco llega a superar el 50% o incluso a cifras superiores, siendo los adolescentes españoles los más precoces en su consumo dentro de los países de nuestro entorno3-8.
Se ha constatado 9,10 que más del 40% de los alumnos de primaria y secundaria de nuestro país han consumido alguna vez tabaco y más de un 20% lo hace regularmente, declarándose como fumador habitual de 6-10 cigarrillos/día un tercio de los mismos11, lo cual contrasta con el de adolescentes de otros países, donde a veces no llega ni a la mitad, siendo la edad de establecimiento habitual del hábito en nuestro país alrededor de los 13 años, aunque en la Comunidad de Canarias la edad de inicio esporádico en el hábito es alrededor de los 11,4 años6.
Un problema añadido que presenta el tabaco es que ha demostrado ser una droga de inicio para el consumo de otras sustancias ilegales, siendo además factor predisponente en la adopción de otras conductas de riesgo12.
El perfil del niño o adolescente fumador de tabaco responde en mayor o menor medida a unos patrones de actitud, comportamiento o entorno predeterminados entre los que se encuentran: pocas habilidades sociales, carencia de estrategias para afrontar problemas, falta de capacidad para la toma de decisiones, aburrimiento, inclinación hacia conductas problema, baja autoestima, rendimiento académico por debajo de la media o entorno de fumadores, bien sea en su grupo de pares o por sus familiares más directos, en los que el grado de permisividad, tolerancia y aceptación es alto11,12.
A ello se añaden ciertos factores que desempeñan un papel decisivo en la adopción y mantenimiento del hábito, tales como, la publicidad, la facilidad de acceso o el precio.
Se ha comprobado que el factor publicidad13,14 es un poderoso estímulo para el consumo de tabaco; no olvidemos que la industria tabaquera gasta más de 2.000 millones de ecus cada año en este capítulo, siendo responsable directo según diversos autores de más de un 17% de inicios en el hábito. Un dato significativo: la introducción de un dibujo animado como elemento de promoción de una conocida marca de cigarrillos incrementó en el plazo de 3 años sus ventas de cigarrillos a menores de 16 años de 6 millones de dólares (0,5% de cuota de mercado) a 476 millones (32% de cuota de mercado)14. Además diversos estudios realizados por investigadores mexicanos demostraron que en ese dibujo se ocultaban mensajes sexuales subliminales 15

En efecto, documentos internos de esta compañía que fueron publicados por orden judicial desvelaron que desde 1973 se habían planificado estrategias de ventas para conseguir la captación de adolescentes desde los 14 años, llegando a afirmarse en un memorándum interno de una de estas empresas que "ellos son el negocio del mañana. Cuando crezca la generación que hoy tiene entre 14 y 24 años, será la clave para el consumo de cigarrillos durante los próximos 25 años"16. La razón para este espectacular incremento habría que buscarla en la figura amigable del personaje en cuestión, que llega muy bien a un joven que está saliendo de su niñez, que se siente extraño, angustiado porque aún no encuentra un amarre adecuado al mundo adulto y al que le llega una imagen publicitaria provocativa, desafiante que le tutea y le verbaliza ideas que él posee en su subconsciente, ofreciéndole la receta adecuada para que pase a ser un adulto con todas sus consecuencias.


Este factor ha mostrado ser tan importante para las compañías fabricantes que le destinan sus mejores recursos creativos, bordeando, cuando no vulnerando claramente, la legislación en esta materia. Ejemplos los observamos en el cine, en el que se exaltan a determinados ídolos juveniles mientras consumen cigarrillos, asociándolos al glamour y a la vida agradable con la que cualquier adolescente sueña, o en revistas y publicaciones, en las que presentan modelos y mensajes tendenciosos y equívocos, como la campaña, aún vigente, de una conocida marca española de cigarrillos que apela a la solidaridad con los más desfavorecidos a través de la aportación del 0,7% de sus ventas y en las que muestra modelos con aspecto aniñado, y minimiza en la composición gráfica el mensaje de alerta sanitaria, o las campañas dirigidas a asociar deporte y vida sana con consumo de cigarrillos, en las que utilizan medios como la TV que de otra forma les estarían legalmente vetados para publicitar sus marcas, con rallyes de aventuras o transmisión de carreras de velocidad en los que puede llegar a aparecer en menos de 3 horas una marca o su logotipo en más de 4.000 ocasiones, o el uso de publicidad, a veces subliminal y a veces descaradamente evidente, en publirreportajes camuflados de conciertos de rock o deportes playeros.
Todo ello viene a demostrar que este medio de llegar a los consumidores más jóvenes es tan eficaz como dañino y que exige, por parte de los responsables políticos, la adopción de medidas que a veces son excesivamente contemporizadoras con los intereses de la industria y en las que los profesionales sanitarios deberían dejar sentir su voz y ejercer su responsabilidad en la salvaguarda de los derechos de los menores.
La facilidad de acceso a los cigarrillos que pueden ser obtenidos en múltiples lugares, máquinas expendedoras automáticas, independientemente de la edad del comprador, en clara vulneración de las leyes en vigor, hace que en nuestro país este factor tenga ese valor añadido que no se encuentra presente, tan significativamente, en otros de nuestro entorno.
Respecto al precio, sabemos que es un factor muy importante como incentivo al consumo entre jóvenes. Diversos datos publicados sobre este tema dejan claramente establecido que un incremento del 10% en el precio reduce en un 3% el consumo en mayores de 16 años, porcentaje que se incrementa hasta un 5% entre los menores de esa edad
España es uno de los países de Europa que posee un precio más bajo de cigarrillos; por ello resulta paradójico que ocupemos uno de los lugares más elevados del ranking europeo de contrabando de cigarrillos que, no lo olvidemos, se ve favorecido en ocasiones por algunos fabricantes, quienes enfrentan en este momento demandas de gobiernos por estar involucrados en prácticas de este tipo17.
Después de todos estos datos la pregunta inicial que nos hicimos al comienzo de este editorial se va aproximado más a su respuesta.
Es evidente que el consumo de tabaco en la infancia y adolescencia constituye un problema sanitario que ha irrumpido en el ámbito de la pediatría y que como tal debe ser asumido por el pediatra.
Sabemos que ciertos problemas pediátricos se hallan relacionados directamente con el hábito tabáquico en el entorno del niño: muerte súbita del lactante, asma infantil o patologías crónicas del oído medio; lo propio sucede con la lactancia materna, que resulta incompatible con el consumo de tabaco por parte de la madre; por tanto creemos que el pediatra tiene que desempeñar un papel significativo en la prevención y solución de este problema no sólo aconsejando a sus pacientes preadolescentes y adolescentes, sino a los padres y entorno cercano de aquellos niños que acuden a su consulta.
En efecto, el pediatra debería incluir sistemáticamente en su historia clínica preguntar al niño en privado si fuma, sobre todo en las edades críticas de 12-16 años, y si es así, hacer lo que se conoce como intervención mínima, que consiste en dar un consejo antitabáquico, haciendo especial énfasis en las causas por las que fuma y en las consecuencias más directas que le afectan por su relación con el entorno, mal aliento, dientes y manos manchadas, dinero "quemado", etc. Igualmente sería bueno que se le facilitara algún material escrito que pudiese reforzar estos mensajes. Esto debe hacerse sistemáticamente en cada una de las consultas a las que acuda, y buscando siempre un momento para hablar a solas con el o ella y jugando con la complicidad de la información no compartida con sus padres.
El tabaquismo en la infancia constituye un problema prioritario de salud pública, cuya magnitud no ha sido debidamente valorada por las autoridades sanitarias, que suelen adoptar una actitud un tanto ambigua. No basta con decir que "el tabaco perjudica seriamente la salud". Es preciso una actitud más decidida y activa por parte de éstas y de la propia sociedad, aunque se trate de una lucha desigual por la enorme presión económica de las compañías tabaqueras y la escasa colaboración de muchos profesionales sanitarios fumadores habituales.
Aun así, tenemos el deber de luchar contra esta nueva epidemia pediátrica, pues está en juego el futuro de nuestros jóvenes.

Referencias Bibliográficas:

1. Ministerio de Sanidad y Consumo Desciende el consumo de tabaco en España. Tabaco Hoy 1994; 1: 8.

2. Ministerio de Sanidad y Consumo Encuesta Nacional de Salud. Madrid: MSC, 1997

3. Campins Martí M, Gasch Blasi J, Hereu Boher P, Rosello Urgel J, Vaqué Rafart J Consumo y actitudes de los adolescentes frente a sustancias adictivas: encuesta de prevalencia. An Esp Pediatr 1996; 45: 475-478. [Medline]

4. Spurgeon D Studies reveal increased smoking among students in Canada. BMJ 1999; 319: 1391. [Medline]

5. Gobierno de Canarias Servicio Canario de Salud. Plan Canario de Salud. Documentos 2 y 4. Tenerife, 1996.

6. Barrueco M, Cordovilla R, Hernández-Mezquita MA, De Castro J, González JM, Rivas P et al Diferencias entre sexos en la experimentación y consumo de tabaco por niños, adolescentes y jóvenes. Arch Bronconeumol 1998; 34: 199-203. [Medline]

7. Barrueco M, Hernández-Mezquita MA, Cordovilla R, Flores S, Vega MT, Garrido E et al Prevención del tabaquismo en los centros escolares españoles. Arch Bronconeumol 1998; 34: 496-499. [Medline]

8. Sociedad Española de Patología Respiratoria-SEPAR El 20% de los alumnos de primaria y secundaria fuman regularmente. Informe SEPAR. 23/7/1998. Disponible en SEPAR ­Press: http://www.separ.es

9. Perancho I Día Mundial sin Tabaco. Objetivo los jóvenes. El Mundo. Salud y Medicina. 30 de mayo de 1996. Disponible en: http://www.elmundo.es/salud/Snúmeros/96/S204/S204tabaquismo.html

10. Plan Nacional sobre Drogas Área de Prevención. La Prevención del Consumo. Madrid. 1999. Disponible en http://www.mir.es/pnd/doc/area/prevenci/escolar/adolesce.htm

11. American Academy of Child & Adolescent Psychiatry Información para las familias. El Tabaco y Los Niños. Documento 68, abril 1999. Disponible en: http://www.aacap.org/publications/apntsfam/FFF68.htm

12. Becoña E, Peralta A, García MP Tabaco o salud. Madrid: Pirámide, 1994; 44-47.

13. Calvo JR Tabaquismo. En: Del Rey Calero J, Calvo Fernández JR, editores. Cómo cuidar la salud. Su educación y promoción. Madrid: Hartcourt Brace, 1997; 299-311.

14. Pierce JP, Choi WS, Gilpin EA, Farkas AJ, Berry CC Tobacco industry promotion of cigarettes and adolescent smoking. JAMA 1998; 279: 511-515. [Medline]

15. Sansores, RH, Giraldo G, Reddy C, Ramirez A. CHEST 2002; 121: 2016-2022

16. Galen II Tobacco Control Archives. Mangini Collection. The smoking dynamics underlying the joe camel campaign. Febrero 1998. Disponible en: http://galen.library.ucsf.edu/tobacco/mangini/report/brief02.html



17. Bonner R, Drew C The black market. Nueva York: The New York Times, 25/VIII/1997


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