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Sobrevivir a otro Renacimiento: las consecuencias para las mujeres de la privatización de la Naturaleza, con el apoyo de la ciencia, en el Renacimiento y en la Globalización


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Sobrevivir a otro Renacimiento: las consecuencias para las mujeres de la privatización de la Naturaleza, con el apoyo de la ciencia, en el Renacimiento y en la Globalización1
Rosario Hernández Catalán, Universidad de Oviedo,

charoheca @yahoo.es


Palabras claves: Renacimiento, enclosures, control reproductivo, Caza de Brujas, proletariado, Universidad, terratenientes, vidatenientes, semillas Terminator, patentes de la vida, nuevos cercamientos, cambio climático, ecofeminismo…
Resumen: Entre 1450 y 1650 miles de mujeres europeas fueron perseguidas en la llamada Caza de Brujas. Algunas investigaciones relacionan este feminicidio con las sucesivas privatizaciones de terrenos comunales que inauguran la economía moderna renacentista. Otras, relacionan la caza de brujas con la expropiación por parte de las jóvenes Universidades de un saber de las mujeres cuya presencia se prohibirá durante años en dichas Universidades. Sucede en la actualidad que numerosas tierras, ríos y semillas, de uso y disfrute común durante milenios en Asia, África y Latinoamérica, comienzan a privatizarse con el amparo de un discurso científico que justifica estas expropiaciones a manos de multinacionales bajo criterios de mayor rentabilidad y calidad en la producción de los alimentos. Ayer la tierra, con su terratenientes, y hoy la información genética y el agua, con sus vidatenientes, constituyen las dos caras de la misma moneda patriarcal. Comparar cómo en el Renacimiento y en la actual Globalización el discurso científico enmascara y legitima privatizaciones que atentan contra la vida de miles de mujeres es el objetivo del artículo.

Las cifras bailan, siete millones, centenares de miles, un millón… no sabemos exactamente cuántas fueron las mujeres que entre 1450 y 1750 murieron en Europa en el primer feminicidio de la historia que fue la Caza de Brujas. Para lo que ahora nos interesa resumiré dos de las diversas teorías que explican el fenómeno, la que relaciona este feminicidio con el cercamiento de las tierras comunales y la que lo relaciona con la necesidad de superpoblar Europa para aumentar el “ejército de reserva” de trabajadores y trabajadoras. La primera teoría, propuesta por Alan Macfarlane, se resume así: la Caza de Brujas expresaba el conflicto generado entre los viejos códigos morales comunales y el individualismo suscitado con la implantación del capitalismo en el campo inglés. En el orden medieval las gentes más depauperadas, entre quienes abundaban las mujeres, veían asegurado su sustento a través de los derechos a proveerse de las tierras comunales (1991). La implantación de los cercamientos o enclosures, “método idílico de la acumulación originaria capitalista”, en irónica expresión de Marx2, dejó desamparadas a unas gentes, sobre todo mujeres, que suscitaban en los miembros más afortunados un conflicto entre el rechazo capitalista a estas desposeídas y el sentimiento de culpa ocasionado por incumplir con el viejo código ético comunal. Así mismo, la Inquisición se apoderó de las tierras que algunas afortunadas todavía llegaban a poseer: no era tanto la superstición, sino la expropiación, una de las principales motivaciones de la Caza de Brujas. La otra explicación que interesa rescatar porque concilia muy bien con la de McFarlane es la propuesta por Gunnar Heinsohn y Otto Steiger que relaciona las prácticas anticonceptivas de las sociedades premodernas, conocimientos en manos siempre de mujeres parteras y curanderas, con el interés del incipiente capitalismo por poseer un buen ejército de reserva que pasase de campesinado a proletariado. Si las mujeres medievales se conformaban con tener a lo sumo tres criaturas y para ello se servían de conocimientos ancestrales de plantas anticonceptivas3, lo que sucedió con el inicio del Renacimiento es que el poder persiguió masivamente a unas mujeres que se negaban a reproducirse sin autocontrol y, lo que es peor, ayudaban con sus saberes a que el resto de mujeres no viviesen en un parto perpetuo. Es por practicar abortos y por conocer anticonceptivos por lo que había que perseguir a las mujeres sabias. De hecho, el famoso Malleas maleficarum insiste en que las brujas más peligrosas son las que elaboran abortivos y anticonceptivos:

Es brujería no solamente cuando alguien no puede hacer el acto carnal... sino también cuando a una mujer se le evita la concepción o se le hace abortar después de la concepción. Un tercer método es cuando fracasan en procurar un aborto, en cual caso después se devoran al niño o se lo ofrendan al demonio (1956, 68)

En resumidas cuentas había que cercar las tierras comunales de las que hasta entonces se nutrían los grupos marginales4, con mayoría femenina, con lo cual la Inquisición se convirtió en tribunal privatizador que se deshacía de las mujeres depauperadas cada vez más abundantes en el campo. Se convertía en tribunal expropiador para el caso de que alguna poseyese tierras, y se convertía en tribunal que canalizaba las necesidades de búsqueda de chivos expiatorios de una comunidad que se sentía culpable y por ello atacada por unas mujeres que demandaban viejas caridades. Su papel de tribunal antiabortista no fue menor, pues toda aquella que frenase la posibilidad de que las mujeres se convirtiesen en proletarias en su sentido más etimológico, es decir, en productoras de extensa prole, debía ser aniquilada física y culturalmente.Decidirse a tener sólo tres criaturas, como era habitual hasta entonces, frenaba las posibilidades de enriquecimiento a costa de mano de obra que trabajase los enclosures y facilitase la acumulación originaria capitalista. Las mujeres habían de producir numerosos brazos que generasen plusvalías y por ello no podían limitar sus partos. El incipiente capitalismo europeo estaba ávido de la mano de obra proveniente del éxodo rural forzado por los cercamientos de las tierras comunales y de la mano de obra producida por las primeras proletarias, las primeras hacedoras de prole.5

Ante todo esto, ¿cuál era el discurso de los sabios renacentistas que estaban impulsando el auge de las Universidades en Europa? Pues un discurso legitimista que alentaba el feminicidio. Recuérdese que la Universidad se instaura en Europa sobre una paradoja: se exigió la posesión del título universitario de medicina para ejercer y se prohibió a las mujeres acceder a la Universidad, lo cual significó acabar con la competencia femenina incluso quemándola, pues si alguna sabía curar era entonces porque se lo había revelado el diablo, y por tanto había que llevarla a la hoguera (Ehreinch y Deirdre English 19-20). De entre los intelectuales renacentistas defensores de la Caza de Brujas destaca Jean Bodin, consejero del Rey de Francia, antecesor de Adam Smith y promotor del Mercantilismo en Los Seis Libros de la Comunidad. Bodin publicó además en 1558 uno de los primeros tratados políticos en pro de la tolerancia religiosa, el Colloquium Heptaplomeres, y ocho años antes, en 1580, De la demonomanie,  bastante más agresiva que el Malleus Maleficarum de Sprenger y Kramer. En Los Seis Libros de la Comunidad Bodin defiende el aumento a toda costa de la población europea para aumentar la riqueza de las naciones. Puesto que las naciones ricas eran siempre naciones muy pobladas, se tuvo que condenar el infanticidio, el aborto y el cuidado anticonceptivo:

De la bruja no se puede hablar sin gran impiedad, que la más buena de la criaturas que Dios ha creado, no solamente sea desechada después de ser nacida, sino también destruida en el vientre de su madre....En mi opinión se equivocan mucho aquellos que dudan de los beneficios de una multitud de niños y ciudadanos, desde el momento que no hay ciudades más ricas o famosas en las artes y disciplinas que aquellas que desbordan de ciudadanos Cit. en (Heinsohn y Otto Steiger)

Bodin declara, por tanto, en De la Demonomanie des Sorciers

Quien sea que practique (el arte malvado) no puede negar que viola las leyes de Dios y la naturaleza: porque obstruye el propósito del matrimonio el cual fue ordenado por Dios. Por consiguiente ello lleva hacia el divorcio o la infertilidad y esto constituye un sacrilegio del acto sagrado. Aun más, tampoco puede negar que cometió omicidio: porque quien previene una concepción o un nacimiento de un niño comete no menor homicidio que aquel que le corta la garganta a otro..

Bodin: sabio, político, padre del mercantilismo, defensor de la tolerancia religiosa y todavía estudiado y respetado fue quien mejor supo poner a las europeas a parir a la futura masa proletaria y por ello persiguió a las mujeres sabias que facilitaban la autonomía reproductiva. Sin llegar a escribir manuales para torturar mujeres como Bodin, Sprenger y Kramer, otros sabios de la época a través de su lenguaje, también avisaban de las estrechas relaciones habidas entre nacimiento de la ciencia moderna y misoginia. Las epistemólogas Evelyn Fox Keller y Carolyn Merchant analizaron la imaginería patriarcal utilizada en algunos textos de científicos renacentista (Keller 61-62). Keller, basándose en el lenguaje utilizado en los debates renacentistas entre ciencia alquímica e incipiente ciencia mecanicista, llega a varias conclusiones sobre cómo la nueva conceptualización de la Naturaleza tiene mucho que ver con las ideologías misóginas de la modernidad y con la misma Caza de Brujas. Cercamientos, inicio de la acumulación capitalista, establecimiento de las Universidades, la luz de la ciencia…: los hitos del Renacimiento se fundamentan en un feminicidio carnal y cultural, en la obligación de producir una extensa prole, en la persecución de las sanadoras y en la violación simbólica de una Naturaleza que empieza a concebirse en minúsculo y en pasivo, en hembra a violentar. Bacon, otro prohombre renacentista de la talla del padre del mercantilismo y de la tolerancia que fue Bodin, Bacon, el creador del concepto de investigación moderna, de la ciencia industrial y de las ideas que inspiraron a la Royal Society, habla así de la Naturaleza: “He llegado a la verdad misma al traerte a la naturaleza con todos sus hijos para someterla a tu servicio y hacerla tu esclava”, hay que “llegar a las habitaciones privadas de la naturaleza”, “acosar a la naturaleza en sus vagabundeos”, y los inventos mecánicos “tienen el poder de conquistarla y someterla”(Keller 42-49, 61)

Y que pasa ahora

Aunque todas las generaciones consideran que les ha tocado vivir tiempos de profundos cambios, también es cierto que la actual Globalización merece ser considerada la etapa de la historia en la que la humanidad, o más bien el capital, tras conquistar el fuego y conquistar la materia, conquista la vida y la patenta. En el actual paradigma de la producción inmaterial, la “biopropiedad” cotiza al alza. Bacterias devoradoras de crudo propiedad de la General Electric Company, arroz basmati propiedad de Rice Trade Mark, el Oncomouse propiedad de Harvard y la Dupont… la información, sobre todo la genética, es y será fuente inagotable de capitales. No basta con cercar tierras comunales, ahora también hay que cercar, patentar, conocimientos y seres comunes. Es entonces cuando emergen nuevas expropiaciones y feminicidios como consecuencias de una “acumulación capitalista originaria” que, como ya apuntaba Claude Meillassoux, no cesa de repetirse (154)



Personas que nunca se reconocerían como machistas ni misóginas pueden estar favoreciendo a través de sus prácticas científicas y de sus intereses económicos los feminicidios del siglo XXI. Y cuando hablo de feminicidios del siglo XXI me estoy refiriendo, sobre todo, a la desaparición de miles de mujeres indias ocasionada directa e indirectamente por la introducción de unas prácticas desarrollistas y biotecnológicas que desde los años 60 se introducen en las comunidades campesinas indias bajo la excusa mediática de acabar con el hambre6. Miles, millones de mujeres y hombres de todo el planeta, mujeres que basaban su economía como nuestras ancestras europeas en el aprovechamiento de los recursos comunales (ríos, lagos, bosques, selvas, pastos…), y que carecen por tanto de títulos de propiedad de unos bienes de la Naturaleza que hasta ahora estaban siendo comunes, se ven perseguidas, desplazadas, obligadas a emigrar a unas grandes urbes en las que sus saberes campesinos de poco sirven. Asesinadas u obligadas a emigrar y a morir en epidemias y hambrunas, pues, como ya apuntaba Meillassoux en Mujeres, graneros y capitales, el mercado laboral capitalista no siempre puede absorber ese éxodo rural forzado (197). Este éxodo rural es forzado porque una serie de multinacionales compra a precios irrisorios a los Estados indios, nigerianos, ecuatorianos o brasileños unas tierras comunales que eran el hogar de unas comunidades que carecen de títulos de propiedad, de las comunidades indígenas desheredadas por antonomasia donde ser mujer es entonces doble depauperación. Compran para crear latifundios con monocultivos industriales y transgénicos, compran bosques milenarios en el Himalaya para fabricar tablas de surf y se desplaza a comunidades indígenas para plantar en sus ancestrales bosques nuevos bosques de eucaliptos que cotizan en bolsa como venta de derechos contaminantes con el visto bueno del protocolo de Kyoto. “Los sumideros en los CEDM (Clean Development Mechanism) constituirán una estrategia mundial para expropiar nuestras tierras”7 La corrupción intelectual y la política de puertas giratorias (hoy dirige una consultora medioambiental y elabora un informe para la ONU quien ayer dirigió una bioempresa como Monsanto) permite lo denunciado por el Foro Indígena: expropiar y talar bosques autóctonos para reforestar con eucaliptos, y además, mejorar la llamada Imagen Social Corporativa porque, supuestamente, se ha luchado contra el cambio climático al plantar un bosque.8 La lucha contra el cambio climático está sirviendo de coartada perfecta para acabar con unas tierras comunales que eran hogar y alimento de miles de mujeres y hombres y que ahora pasan a multinacionales. Los cercamientos como motor de la llamada “acumulación originaria capitalista”, tan bien descritos y denunciados por Marx en El Capital y que vimos según Alan Macfarlane propiciaron la caza de brujas, llegan a las últimas tierras, aguas, bosques, aires y conocimientos comunales del planeta. El feminicidio actual, el del nuevo Renacimiento, también se acentúa desde el momento en que las prácticas agrícolas industriales y genéticas desplazan a las mujeres de espacios de decisión y poder que antes poseían. Es a los hombres a quien se ve en la región del Punjab controlando todo el proceso, echando pesticidas y fertilizantes de Cargill o Monsanto, comprando semillas transgénicas, conduciendo tractores… las mujeres han dejado de cumplir su rol productivo y por ello han perdido valor socieconómico, el desplazamiento de las mujeres en la producción de alimentos las está convirtiendo en prescindibles, en miembros inútiles de la comunidad, lo cual, como denuncian las ecofeminista Vandana Shiva y Bina Agarwal, de traduce en las altas tasas de feminicidio en la región industrializada del Punjab Anteriormente, para casar a un hijo su familia debía pagar una dote a la familia de la novia en reconocimiento de que ésta perdía a un miembro valioso. Hoy sucede que la familia de la chica tiene que pagar una dote si quiere casarla: la hija se convierte entonces en una fuga de capital, en feto que es mejor abortar porque merma la riqueza familiar. En regiones donde se practica una agricultura más tradicional las mujeres son más respetadas como miembros valiosos y decisivos que son en la producción del alimento (Shiva 2004,154-176)

Además de las enfermedades que pueden ocasionar en quienes las consuma, lo que conviene recordar a la hora de reflexionar sobre la licitud del uso de semillas transgénicas en tierras indias, africanas o latinoamericanas son las consecuencias sociales ocasionadas por este nuevo negocio de las patentes de la vida. Del terrateniente estatal que cercaba tierras comunales en la Europa Moderna, pasamos al terrateniente multinacional que no sólo cerca bosques autóctonos, si no que cerca semillas, información genética de tiempos geológicos que pasa a ser propiedad de multinacionales como Cargill, Novartis, Dupont, Monsanto… Son los vidatenientes (expresión de Vandana Shiva utilizada en Manifiesto para una democracia de la tierra) quienes están provocando que miles de campesinos y sobre todo campesinas se suiciden cada año en la India al no poder hacer frente a las deudas contraídas con multinacionales que les habían convencido de que sus semillas transgénicas eran las más productivas (56). La trampa: además de necesitar más in put para producir más que las semillas naturales, estas semillas han sido modificadas, no para acabar con el hambre en el mundo, sino para que sean estériles, de hecho se llaman semillas Terminator. Qué se consigue con esto: monetarizar lo que antes se hacía gratuitamente a través de ceremonias ancestrales como el Akti, consistente en que cada año las comunidades campesinas se reúnen para intercambiar las mejores semillas de cada cosecha. Las semillas transgénicas que iban a acabar con el hambre son estériles, con lo cual si al año siguiente la campesina quiere volver a sembrar no podrá guardar unas pocas, tendrá que volver a comprar las semillas a Monsanto que multiplica el precio de estas semillas cada año hasta en un 1000% (45-54) Los suicidios, las hambrunas, las ruinas de las campesinas y campesinos indios y sobre todo los feminicidios son la respuesta al milagro de la revolución verde,, la respuesta a la visión reduccionista y cientifista occidental que diseña en lujosos laboratorios y despachos los cercamientos contemporáneos. Los cercamientos crean personas excedentarias en su mayoría mujeres que son abortadas selectivamente, asesinadas, depauperadas, perseguidas y obligadas, en el mejor de los casos, a engordar las villas miseria de las grandes urbes9.

Y no entramos a valorar las consecuencias medioambientales, sanitarias, ni las simbólicas que entraña el producir semillas como las Terminator que no guardan en sí mismas la posibilidad de la reproducción. Sólo basta recordar unas consecuencias sociales que parecen obviar demasiados científicos y científicas que consideran que las modificaciones genéticas son fuente de progreso. Ante la celebración del 2007 como Año de la Ciencia en España, el manifiesto “Ciencia, progreso y medio ambiente” , una declaración firmada por numerosas personalidades científicas sobre las aplicaciones de la biotecnología en la mejora de plantas, se ratifica en las bondades de los transgénicos para acabar con el hambre y mejorar el medioambiente y declara que son necesarias iniciativas objetivas como la suya10 para llevar adelante la necesaria mejora genética de la agricultura (Declaración). Lo escandaloso es que dicho manifiesto lleva el membrete de ASEBIO, Asociación Española de Empresas de Biotecnología, con dirección y teléfono incluidos. Un manifiesto escrito bajo la atenta mirada de una asociación de empresas entre quienes destacan Dupont, Monsanto o Bayer, es garantía de objetividad y de lucha contra el hambre y la degradación mediambiental… Sí, la muestra está en la India, en las nuevas hambrunas, suicidios y feminicidios denunciados por intelectuales y activistas de la talla de Vandana Shiva y del premio Nobel de Economía Amartya Sen.

Hay que repetirlo: personas que nunca se reconocerían como misóginas, como quienes firman dicho manifiesto, pueden estar favoreciendo a través de sus prácticas científicas y de sus intereses económicos los feminicidios del siglo XXI. Al fin y al cabo Bodin y Bacon, los respetados padres del mercantilismo y de la ciencia moderna, respectivamente, no tuvieron ningún empacho en promover o legitimar el feminicidio que fue la Caza de Brujas. Hoy, evidentemente, la responsabilidad moral de científicos y directivos de multinacionales como Monsanto es más difícil de explicitar, ninguno de ellos escribiría una tratado para deshacerse de campesinas indias o brasileñas, son buenos hombres y mujeres, tolerantes en su plácida vida urbanita (como tolerante era Bodin) que pueden estar favoreciendo desde la ceguera que propicia el alto despacho y el sofisticado laboratorio nuevas catástrofes humanitarias y medioambientales.

La lógica del beneficio capitalista es racional pero no razonable, es una lógica aplastante que comienza con bosques europeos y acaba con bosques indios, manantiales, conocimientos ancestrales, información genética vegetal, información genética animal e incluso aire. Y por el camino se va llevando sobre todo mujeres, brujas, ayer e indígenas, hoy. Pero hoy hay brechas ecofeministas que permiten la resistencia. En este sentido el mejor ejemplo de intelectual, de mujer sabia que tuvo la oportunidad de formar parte de la élite científica actual y que la rechazó por lucidez moral es Vandana Shiva, modelo de mediadora entre dos mundos, Malinche afortunada al servicio ya no de conquistadores sino de la multitud india, de la multitud de mujeres acosadas por un patriarcado tradicional y por la lógica de beneficio capitalista también patriarcal. Nosotras, las nietas de las brujas europeas, sobrevivimos a la revolución industrial. En Europa costó sangre pero sobrevivimos en buena medida a la colocación de excedente humano en colonias, a la explotación de sus recursos para permitir esta sobrereificación en la que vivimos clase consumidora mundial y a la colocación de nuestros contaminantes en basureros como África. Hay un patio trasero al que arrojar las miserias de nuestro desarrollismo, de nuestro mito cientifista del progreso, por eso nadamos todavía con la cabeza fuera del agua, pero la misma lógica capitalista, el mismo proceso vivido en Europa, que supongamos ha tenido final feliz (y es suponer mucho), no puede exportarse al resto, porque entonces qué gentes servirán de granero, de vertedero, esclavas y esclavos. Serge Latouche, economista del decrecimiento, defiende la necesidad de reducir la impronta ecológica a una Tierra, es decir, sostenernos con 1,8 hectáreas por persona y año, pues recuerda que si cada terrícola viviese como muchos españoles y españolas harían falta dos planetas y medio, y si quisiera vivir como estadounidense, seis. Las descendientes de las brujas europeas estamos haciéndonos hueco, después de siglos de lucha feminista, en espacios públicos opulentos, pero, ¿qué hueco quedará para las descendientes de las brujas-indígenas de hoy? Problematizar la Globalización capitalista de raíz, como hace el ecofeminismo, no es el electoralismo de la sostenibilidad, es la supervivencia de la mayoría, de una mayoría minorizada que trabaja para que comamos.

Es lo que producimos a través de nuestro trabajo intelectual, es nuestra contribución al sistema neoliberal lo que no nos atrevemos a problematizar. Hombres y mujeres progresistas en la convivencia urbanita, pueden ser piratas especuladores en su investigación globalizada. Hemos estudiado el Renacimiento como un período luminoso en que el hombre se libera de las constricciones religiosas, como un período de alta creatividad intelectual. Renacer: hastiadas contemplamos la obra de los prohombres renacentistas pero tras el Renacimiento, millones de mujeres muertas. “Daños colaterales, no podemos empañar un período tan luminoso por esos defectos”, dirán algunos. Así mismo, podrá llegar un tiempo en que valoremos la que ahora llamamos Globalización como un Segundo Renacimiento, como la etapa en la que el ser humano (sobre todo el hombre) se liberó al fin de las constricciones de la Naturaleza, se reinventó genéticamente, inició la era posthumana, la era de la agricultura hidropónica, de las semillas de laboratorio, pero mucho me temo que no tendremos más patios traseros que basurear para poder llegar a este análisis sonriente.


Rosario Hernández Catalán, Universidad de Oviedo,

charoheca @yahoo.es


Bibliografía

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Harris, Marvin. Vacas, cerdos, guerras y brujas, Barcelona: Alianza, 1992.
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Keller, Evelyn Fox Keller. Reflexiones sobre género y ciencia, Valencia: Edicions Alfonso el Magnánim, 1991, (1985).
Latouche, Serge. El planeta de los náufragos, Barcelona:Acento Editorial, 1993, (1991).
Macfarlane, Alan. Witchcraft in Tudor and Stuart England. A regional and comparative study, Illinois: Waveland Press, 1991.
Marx, Carlos. El Capital. Libro Primero. El proceso de producción del capital, Vol. III, Madrid: Siglo XXI Editores, 2000 (1867).

Meillassoux, Claude. Mujeres, graneros y capitales, Madrid: Siglo XXI Editores, 1982, (1975).


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Shiva, Vandana. Abrazar la vida. Mujer, ecología y desarrollo, Madrid: Horas y horas, 2004, (1988).
——. Manifiesto para una democracia de la tierra, Barcelona: Paidós, 2006, (2005)

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VV.AA. “Ciencia, progreso y medioambiente. Declaración de científicos y técnicos sobre las aplicaciones de la biotecnología en la mejora de plantas, ante la celebración de 2007 como Año de la Ciencia en España”. 10 septiembre 2007. www.asebio. com/publicaciones/index,


1 Publicado en en Historia y representación en la cultura global (ed, Carla Rodríguez y Rubén Valdés).KRK, 2007, 91-103. Existe otra versión más amplia y exhaustiva


2 La implantación de los cercamientos es uno de los hechos económicos mejor retratados por Marx en el capitulo XXIV del libro primero de El Capital: “los cercamientos que abolieron los derechos de usufructos las tierras comunales el robo de la propiedad comunal, la transformación usurpatoria, practicada con el terrorismo más despiadado, de la propiedad feudal y clánica en propiedad privada moderna, fueron otros tantos métodos idílicos de la acumulación originaria. Esos métodos conquistaron el campo para la agricultura capitalista, incorporaron el suelo al capital y crearon para la industria urbana la necesaria oferta de un proletariado enteramente libre” (917)

3 Las sociedades nativas limitaban los nacimientos en relación con los recursos ecológicos disponibles para alimentarlos, por ello las mujeres conocían diversos métodos de facilitar abortos así como anticonceptivos naturales. La bibliografía es extensa, como ejemplo: (Riddle)

4 Los movimientos campesinos (albingenses, anabapatistas, vandois, munsteritas…), conocidos como movimientos mesiánicos medievales, surgen en buena medida como reacción a la creciente privatización de los bienes comunales. Recuérdese el lema munsterita Omnia sunt comunia!, (todo es común) hoy reivindicado por los movimientos a favor de la propiedad común del conocimiento. De hecho, Marvin Harris considera que la caza de brujas sirvió para que las poblaciones campesinas, cada vez más depauperadas por la privatización de las tierras comunales, achacasen sus problemas a las mujeres. Teoría válida pero insuficiente, se las perseguía no sólo para proporcionar un chivo expiatorio que calmase las ansias campesinas, sino también por lo ya expuesto: expropiación, aniquilación de las desheredadas y aniquilación de las que favorecen la contracepción.

5 Ejemplo paralelo al de las europeas en el Renacimiento es el de las africanas, que habían limitado sus embarazos mediante remedios naturales, y que tras la abolición de la trata internacional de esclavos vieron como su capacidad reproductiva se revalorizó, pues era el método más seguro para los esclavistas de reponer e incrementar la población esclava doméstica. Como respuesta, algunas mujeres negras abortaban o practicaban el infanticidio como forma de liberar a sus criaturas de vivir bajo el esclavismo. Más adelante, Anatole France y Rosa Luxemburgo llegaron a proponer la “huelga de nacimientos” para evitar la afluencia de mano de obra al mercado capitalista (Ángela Davis 15, 204 y 212).

6 Como ejemplo de esas revoluciones desarrollistas y etnocéntricas que supuestamente iban acabar con el hambre es bien significativa la llamada “revolución blanca” que en los años 80 introduce vacas suizas en India porque producían más leche que las autóctonas. La introducción de esta especie foránea fue considerada por los ingenieros agropecuarios europeos método infalible para acabar con la desnutrición en la India. Consecuencias resumidas: la vaca Suiza produce más leche que la india en condiciones óptimas, con más in put de forraje y de agua, elementos bastantes escasos en la India; proliferación de enfermedades en unos animales incapaces de soportar las inclemencias climáticas indias; depauperación de una gente que no podía asumir los in puts de forraje, agua y veterinarios; privatizaciones de pequeñas ganaderías que pasan a poseer grandes empresas que sí disponen del capital necesario para criar vacas Suizas; desaparición de buena parte del ganado autóctono cuya rentabilidad económica y ecológica permitía incluso el regalo de excedentes a las gentes más pobres de la comunidad, etcétera. Evidentemente, los índices de desnutrición aumentaron tras la revolución blanca. (Shiva, 2004, 217-232)


7 Declaración del Primer Foro internacional de pueblos Indígenas sobre el Cambio Climático, (Lyon, 4-6 septiembre 2000). Cit. en (Bachram, Bekker, Clayden, Hotz y Ma´anit 18).

8 Planes de reforestación con eucalipto donde antes había bosques autóctonos hogar de comunidades como los Tupinkin y Guaraní en Brasil llevan el visto bueno de Kyoto por convertirse en sumideros de carbono. Más ejemplos en Eucador y Guinea en (Bachram, Bekker, Clayden, Hotz y Ma´anit 19).

9 Aunque nos centremos en el caso indio por ser el mejor estudiado por parte de Vandana Shiva, Mira Shiva y Amartya Sen, conviene recordar el similar proceso sufrido por las mujeres campesinas brasileñas, que como sus compañeras indias, ya se han organizado y han iniciado acciones contra el cientifismo neoliberal que llena sus tierras de eucaliptos, las expropia y depaupera. (Paulino)

10 La alabada independencia y objetividad científica es difícil de mantener desde el momento en que, como denuncia Carlos Sentís, profesor del Departamento de Biología de la Universidad Autónoma de Madrid, los resultados negativos o inesperados en las investigaciones de la industria biotecnológicas son secretos (637). La verdadera incidencia tanto en la salud como en el suelo es y debe ser desconocida, según el profesor. Quienes hayan firmado un contrato de investigación en este campo para trabajar para la industria biotecnológica firman también la confidencialidad de sus resultados. Sea lo que sea lo que descubran, deben callarse.





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