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Simposio 15: Minería y mercado en América Latina: Formas de financiamiento, trabajo y circulación, siglos XVII-XIX plata, Circulación Monetaria e Integración Regional del Mercado Novohispano: Guadalajara, 1783-1810


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Simposio 15: Minería y mercado en América Latina: Formas de financiamiento, trabajo y circulación, siglos XVII-XIX
Plata, Circulación Monetaria e Integración Regional del Mercado Novohispano: Guadalajara, 1783-1810.
Antonio Ibarra

División de Estudios de Posgrado, Facultad de Economía, UNAM



ibarrara@servidor.unam.mx


  1. Introducción: el problema relevante.

La minería de Guadalajara no fue ni la mayor ni la más importante actividad económica regional. A lo largo del siglo XVIII, la producción de plata en la región creció tendencialmente --declinando en la segunda mitad-- aunque lejos del esplendor que caracterizó a la minería novohispana en la misma época. De cualquier manera, un rasgo esencial de su modesto desempeño fue que la mayor producción de plata se tradujo en una proporción correlativamente creciente de la obtenida por el método de azogue, lo cual nos destaca varios procesos técnicos y de mercado concurrentes como un mayor abasto de mercurio, una más alta productividad metálica y un mejor aprovechamiento tecnológico en su explotación1.

En ausencia de grandes centros mineros con alta productividad y costos de operación decrecientes, como ocurrió en la minería norteña y del Bajío, la explotación argentífera de Guadalajara se caracterizaba por un patrón peculiar: una explotación más extendida regionalmente, ubicada en cuencas mineras determinadas en su laborío por su productividad natural, métodos de explotación alternativos y dependientes de la calidad del metal, sujetos de la disponibilidad de insumos, así como por grandes dificultades técnicas y financieras en su operación

De esta manera, la minería regional estuvo dispersa en una variedad de explotaciones ubicadas en los lomos de las sierras y en las cañadas de los valles intramontanos, con un patrón de explotación de corta escala, de rendimientos variables y dependiente en sus mecanismos de financiación del capital de comerciantes de Guadalajara2.

La mayor relevancia de la producción platera regional, sin embargo, estaba en el papel que ésta cumplía dentro del sistema de intercambio de importaciones por plata, así como la dinámica incorporada al desempeño económico local. Es decir, la aparente marginalidad de la minería en la producción total de la región esconde la enorme importancia que tuvo la existencia de un saldo interno positivo en plata, esencial para el comercio a larga distancia.

De esta manera, nuestra evaluación de la importancia de la circulación regional de platas responde a la percepción que, ya en su época, había hecho notar el intendente Abascal en estos términos:


“... la compensación de los efectos de industria y agricultura de Europa y Asia que se consumen en la provincia se hace con la plata en pasta y acuñada, aquélla producto de las minas y ésta atraída con la circulación de que se amonedaba en México, y resultativa ventaja de lo que se da sobre lo que recibe ésta en su comercio recíproco con las demás provincias. Solo dicho renglón, y algún oro en tejos, es el que de estas producciones tiene parte en el comercio fuera del reino.”3
Entre sus aspectos esenciales, el enfoque del intendente señala muy precisamente el valor de la plata regional: en pasta para el comercio fuera del reino y la acuñada, atraída con la circulación, resultante del comercio interprovincial. Y es que esta distinción es crucial, ya que del total mineral en circulación, la plata regional --aun siendo menor-- se orienta a cubrir los pasivos regionales con el mercado de importación, mientras que el metal acuñado proveniente del mercado novohispano lubricaba la circulación regional.

De esta manera, el flujo monetario de la economía regional era parte constitutiva del movimiento interprovincial de mercancías, en donde los excedentes de la producción regional suponían un virtuoso circuito de atracción monetaria, que favorecía la entrada de una mayor masa monetaria y estimulaba la velocidad interior de circulación4.

Y es que la existencia de este doble flujo de circulación, mercancías regionales por plata amonedada y plata en pasta por bienes de producción y consumo minero, reflejan con puntualidad las restricciones particulares a la circulación de platas en la época, pero también, la convivencia de un doble sistema de intercambios en donde lo fundamental es concluir con el intercambio de mercancías, hace del dinero la rueda de la circulación5.

En esta forma, la plata amonedada atraída en la circulación está en relación con la producción regional para el mercado interno novohispano y sus magnitudes dependen, precisamente, de su capacidad de atracción que es simultáneamente su productividad expresada en el intercambio interior de mercancías. Y como ya hemos advertido en la contabilidad económica de Abascal, el excedente de producción regional supuso una cantidad superior al producto minero regional, con lo cual es aquí donde es posible advertir la articulación regional con la producción económica dominante del reino: la plata.

Por su parte, la importancia de la plata producida regionalmente está, precisamente, en su relación funcional con el mercado de importación, con lo cual su negociación interna depende del control establecido entre el sector de producción y el de importación. Este nexo, esencial al comercio regional, dependió de la capacidad de control de la plata en pasta por los comerciantes de Guadalajara. Fueron estos quienes pudieron capitalizar la cualidad de un remanente de plata que, en otras circunstancias, sólo sería un modesto total de producción de una minería mediocre en sus rendimientos y limitada en sus alcances.

Pero además, si esta apreciación es correcta, el mercado de la plata regional es fundamentalmente de plata-mercancía, esto es, de plata no-amonedada que se intercambiaba por insumos, mercancías de consumo y avíos en efectivo que sólo los mayoristas de la capital regional estaban en posibilidades de ofrecer a los mineros aplicados al rescate de platas. Esta peculiaridad hace relevante el examen del tejido de intereses entre minería y comercio regional, aun dadas las modestas proporciones del producto minero en la región6.

Así pues, nuestra apreciación de la relevancia regional de la producción de plata está en las cualidades de esta mercancía, es decir, en la peculiaridad de ser medio de cambio y de circulación, así como por su inscripción en un sistema de intercambios que privilegió el comercio a larga distancia, las importaciones, su redistribución y la integración territorial del mercado concéntrico a Guadalajara: a su hinterland comercial. Es este, a nuestro parecer, el aspecto esencial de la minería en el esquema regional de circulación y, de manera correlativa, la importancia de la producción regional en la atracción de plata amonedada para la circulación interior: la región producía poca plata pero, dada su oportunidad y valor, era buena plata.

2. La minería regional en el siglo XVIII: evolución de los grandes ciclos mineros

La minería, como se ha señalado, no era en la Guadalajara del siglo XVIII un sector de producción que marcara significativamente la economía regional. A lo largo del siglo, en la cadencia de la producción de plata regional es posible advertir una tendencia de crecimiento con dos momentos diferenciados: hasta mediados del siglo el producto minero expresó más bien un moderado incremento, mientras que entre 1760 y 1800 se advierte un marcado movimiento cíclico, mostrando un notable aumento sobre la tendencia promedio, entre 1763 y 1785.

En este periodo, transcurrido entre 1763 y 1785, podemos ubicar el gran ciclo de productividad minera de aquel siglo, justamente cuando el valor nominal de la producción se mantuvo por encima del millón de pesos anuales. Adicionalmente, fue entonces cuando la plata refinada por el método de azogue cobró mayor relevancia: hasta 1740, la proporción se mantuvo entre el 70 y 80 % del total, después aumentó a lo largo de tres décadas hasta que en la de 1780 se advirtió una caída que se recobró con cierta significación en la década de 1790.

En cualquier caso, el auge señalado, probablemente debido a una mejor asignación del azogue, así como al impulso general de la economía regional en la segunda mitad del siglo, transformó la dinámica de la producción platera fiscalizada y sus registros contables7.

Por su parte, hay que destacar que la producción observada a través del diezmo minero disminuyó tendencialmente entre 1780 y 1800, si bien con marcadas oscilaciones cíclicas, cuando los niveles promedio de producción rebasaron la media de cincuenta años antes. Sin embargo, este comportamiento ha sido interpretado como una acusada “decadencia” al ser evaluado el producto minero solamente en su peso cuantitativo, sin considerar su papel funcional en la economía regional, con lo cual ser restringe su explicación y se ignora el cambio en el modelo económico regional8.

Ahora bien, si esta medición de tendencias de largo plazo expresa, con sus limitaciones, la evolución secular del sector minero fiscalizado, entonces también es posible advertir que junto a la evolución cíclica de la producción minera es perceptible también la importancia relativa, en los ingresos fiscales totales, de los provenientes del sector minero de la economía regional.

La participación de la minería en los ingresos fiscales tendió a disminuir acusadamente en la segunda mitad del siglo, particularmente en la década de 17709. La Caja Real de Guadalajara, que hasta la primera mitad del siglo XVIII bien podría considerarse una recaudación minera, ya que casi dos terceras partes de los ingresos fiscales tenían su origen en esa actividad económica, sufrió una transformación notable: a la vuelta del siglo, la disminución progresiva hizo notar la declinante producción minera local, acompañada de una correspondiente disminución de la presión fiscal en ese sector, pero también puso de manifiesto el hecho de que los ingresos fiscales persiguieron actividades económicas más rentables, como el comercio10.

El cambio para la estructura de la recaudación regional, amén de sus peculiaridades contables, supuso también una transformación de las actividades económicas regionales: al declive minero se sobrepuso una mayor actividad mercantil, la cual se reflejó en los registros de sus imposiciones fiscales. La Caja de Guadalajara puso en evidencia el hecho de que la economía regional se había transformado en su estructura productiva, inclinándose hacia la agricultura y manufactura, de lo que resultó una mayor orientación hacia el comercio interno y más tarde hacia el de importación11.

Bien podemos concebir que, pese al declinar de la producción minera de la región, así como a su modesta participación en los ingresos fiscales y a la menor influencia de su producción económica en la dinámica del mercado regional, el nuevo papel que supuso la obtención de un remanente de plata regional para los intercambios a distancia sería la característica decisiva del nuevo papel de la minería en el mercado de Guadalajara y en la nueva inscripción de la economía regional en el mercado interno novohispano.

3. La plata regional: valor e importancia en el esquema regional de mercado, 1783-1809.

Cuando el intendente Abascal, ya referido por su agudeza, advirtió que la característica de la minería regional era su gran número y dispersión de realitos, llegando a calcular en su número en 300, no dejó de lado una cuestión esencial: “una u otra mina tiene aviador; con la misma facilidad que se descubren y registran se abandonan”. En el carácter relativamente efímero de la explotación minera regional probablemente se resumen las dificultades de la minería local, así como también en los inconvenientes de una productividad declinante, un deficiente laborío y una escasez de inversión en la escala que se producía en otras regiones del reino. No obstante, un aspecto crucial de la misma estimación del intendente nos alerta sobre su importancia relativa: según sus propios cálculos, el importe de la minería de plata y oro local promediaba 835 mil pesos anuales entre 1802 y 1803, representando el 10,5 % del valor de la producción regional en circulación12.

Si comparamos dicha estimación con otras de la época, corregidas en estudios recientes, advertiremos que para la Nueva España la minería representó entre el 8 y el 12 % del valor bruto de la producción13. Esto podría hacernos pensar que, proporcionalmente, la minería regional tenía un peso macroeconómico semejante y su relevancia se debería reflejar en la estructura sectorial de la economía. Sin embargo, es pertinente advertir que a diferencia de la economía novohispana, en la cual la minería ejerció un poderoso efecto de arrastre sobre el resto de la economía, en Guadalajara las características físicas y de localización de las minas, su escala de producción tanto como las limitaciones de su laborío, impidieron que tuviese un efecto semejante.

Eran muchas, ciertamente, pero sus rendimientos escasos, así como sus ciclos de productividad cortos y variables, sin una sólida base técnica, restringieron su impacto en la economía local. Aún así, y pese a sus limitaciones, las minas tuvieron un papel esencial en el desempeño económico regional ya que como en el reino, aunque a menor escala, su demanda generó un crecimiento en el entorno de sus ámbitos rurales, diversificó el tráfico interregional y estimuló el comercio a distancia, con lo cual cumplió una función virtuosa en el proceso de expansión del mercado regional y de integración del mercado interno novohispano.

No podemos establecer aún, con mayor precisión, los niveles de producción y los ciclos de productividad de las distintas zonas de la minería regional de Guadalajara: carecemos de datos y de estudios contemporáneos que nos dibujen las fases de su desempeño económico14. Sin embargo, gracias al ensaye y sus registros fiscales, podemos trazar algunos rasgos de aquélla producción a fines del siglo XVIII y principios del XIX, más precisamente entre 1783 y 1812.

Como ya pudimos advertir mediante el diezmo minero, el periodo a analizar se inscribe en una fase declinante de la producción minera regional, esto es, inmediatamente después del auge expresado en la contabilidad fiscal entre 1765 y 1785. Por tanto, nuestras estimaciones harán referencia a ese manifiesto cambio de tendencias entre la producción de platas para la exportación y el aprovechamiento interior de sus rendimientos decrecientes. Si bien la plata fue poca, su utilidad marginal fue creciendo conforme el mercado regional de Guadalajara se imbricó con el mercado interno novohispano.

Pero para tener una mejor apreciación del volumen de metales producidos, justamente a partir de esta coyuntura de descenso cíclico, es que contamos con los registros del ensaye de platas y oro como un registro de la variable calidad metálica que requería de este procedimiento para acreditar su valor intrínseco, antes de cualquier destino comercial o monetario15.

Gracias a ellos, es posible calcular las proporciones de plata que fueron procesadas mediante cada uno de los dos métodos de obtención del metal --el de azogue y el de fundición-- así como su peso en el total del producto minero regional. Pero no sólo eso, sino también es permisible advertir las características de los ciclos de productividad de ambos métodos16.

Una primera apreciación, entre 1783 y 1812, muestra una clara secuencia cíclica de la producción entre cinco y siete años con sus fases bien marcadas, pero también un movimiento de largo plazo que muestra con claridad una acompasada caída cíclica en la última década del siglo XVIII y una definida recuperación diez años después, proceso interrumpido hacia 1811 como consecuencia del tránsito de Hidalgo por Guadalajara y sus secuelas.

Una ulterior aproximación permite advertir la importancia relativa de los diferentes métodos de labor de plata en el ciclo de producción: es, desde luego, el de azogue el que mejor revela las oscilaciones del producto minero debido a su proporción en el total. Un 85 % de las casi 22 mil barras ensayadas en Guadalajara, que tenemos noticia entre 1783 y 1812, lo fueron por el método de azogue y el resto de fundición.

Además, el movimiento de las curvas muestra que mientras la primera --plata de azogue-- tiende a una marcada alternancia cíclica, el ensaye de barras por método de fuego manifiesta una tendencia depresiva sostenida hasta disminuir, entre 1785 y 1810, a un tercio de su producción lo que ya muestra el virtual abandono de este procedimiento o bien un empobrecimiento de la ley de los metales extraídos. Pero también, la crisis de oferta de azogue derivada del bloqueo marítimo entre 1798 y 1801, que está en el fondo del valle de producción regional de 1797 y 1803, demuestra que el desabasto impactó severamente a la plata ensayada y no pudo ser compensado por la plata de fuego. Ello sugiere que el primer indicador, la plata de azogue, dibuja mejor los ciclos regionales de producción como de la circulación de metales.

El patrón regional de la circulación metálica, que obedece a los requerimientos internos de medios de cambio para la circulación interior, parece ser el reflejado en la producción de plata beneficiada por azogue. Por otra parte, la curva total de barras producidas nos revela la importancia de la producción regional de esta minería, aún siendo marginal comparada con otros espacios regionales, sobre todo si se recuerda que Guadalajara en aquel siglo no era considerada una región minera y que, aún más, era un importante centro de acopio y distribuciones de importaciones ultramarinas que debían saldarse con plata.

Por tanto, para esta investigación resulta importante constatar que aún cuando fuese limitada la producción regional de plata su importancia bien pudo haber estado en suplir la demanda metálica que requería la importación ultramarina. Es decir, que una parte considerable de la capacidad importadora de la región se debía a su producción metálica, limitada pero complementaria a la que se obtenía del intercambio con el mercado interno novohispano.

Por el ensaye de platas sabemos que, entre 1783 y 1812, se manifestaron más de 21 mil barras de plata a ensayar: 18 mil quinientas de azogue y 3 mil doscientas de fuego. El oro rescatado, por su parte, sumó 474 piezas. Lo notable, como podrá apreciarse, es que el 85 % de la plata afinada correspondió a la beneficiada por azogue, lo cual nos destaca el hecho de que tanto su abasto, probablemente a precios cómodos y en mejores condiciones de pago, así como el conocido proceso de rehabilitación de viejos minerales, hayan rendido tanta plata como la que otros beneficios anteriores habrían dejado. Pero también es notable que, por medio de este método, se haya contrarrestado la caída en la productividad y calidad metálica de los yacimientos.

En cualquier caso, es relevante tomar en cuenta que la dinámica de la producción regional de platas puede ser advertida a través del derecho de ensaye, tanto en su dinámica como en su estructura productiva, y con ello determinar los ciclos de productividad de la minería regional.

Justamente dicho indicador fiscal es el que nos permite delinear los ciclos de producción de la plata regional ensayada, en la cual son distinguibles dos momentos, a saber: el declive escalonado entre 1785 y 1801, al que sucedió un señalado ciclo decenal con su fase de ascenso hasta 1805 y un moderado declive en el lustro siguiente, acusado en 1811 en su descenso, quizá por efecto de la guerra interior que sacudió al reino.

De la misma manera, resulta coherente a la evolución cíclica de la producción la correspondiente fluctuación de los métodos de refinación en la que se percibe una estabilidad en sus proporciones, con independencia de las fases en el ciclo del producto minero. Esto nos permite destacar, muy precisamente, que pese a sus bajos rendimientos la producción regional se regía por el principal método de refinación en la época: el de azogue.

Lo anterior queda de manifiesto, de una manera elocuente, si se comparan las evoluciones cíclicas de la plata ensayada por ambos métodos: el de azogue, como se ve, define la trayectoria de la curva total de plata ensayada y destaca con mayor fuerza sus incrementos frente al desempeño del ensaye de fundición que tendió a disminuir de manera sistemática, entre 1785 y 1799.

Ahora bien, si la evolución del derecho nos revela el comportamiento de las tendencias de producción ajustadas al ensaye, resulta entonces pertinente relacionar el total de piezas de metal presentadas para su afinación, dado que nos revelan montos unitarios de barras de plata registrados en la oficina de ensaye, aunque de calidad y peso diferentes.

Esta apreciación, más cercana a su equivalente nominal de valor, nos revela una tendencia semejante a la dibujada por los derechos de ensaye: la sistemática caída de la producción entre 1785 y 1801, así como la recuperación que le siguió y que se tradujo en un ciclo decenal que se cerraría en 1811.

Pero, por otra parte, resulta más valioso el dato referido al número de piezas presentadas para ambas platas, ya que la producción anual llegó a un promedio superior a las 820 piezas, 685 en promedio las de azogue y 136 las de fuego. Además, la marcada evolución cíclica nos obliga a hacer una distinción crucial: entre 1783 y 1797 el promedio de piezas de plata alcanzó las 850 piezas, después disminuyó drásticamente a 500 en promedio, entre 1798 y 1802, para dibujar años más tarde, entre 1803 y 1810, una parábola productiva con 834 barras en promedio anual, que habría de interrumpirse con la revolución de Hidalgo.

La imagen con las piezas de platas y oro nos muestra, también, el progresivo abandono del método de fundición y la marginal pero consistente proporción de oro en la plata refinada, de la cual podemos advertir un cierto movimiento en las equivalencias de los métodos de refinación de plata y de obtención de “algún oro”, como decía Abascal.

Esta evidencia, nos destaca dos procesos simultáneos: por una parte, el extensivo recurso del método de azogue en las haciendas de beneficio de la región que nos revela, también, una intensificación en el laborío de minas y una salida técnica eficiente a la decreciente productividad de las minas locales. Adicionalmente, es probable que haya ocurrido una mayor movilización de recursos financieros en la habilitación de mineros para la obtención de azogue que, como es sabido, gracias a la rebaja de su precio y a la flexibilización de su distribución, alcanzó a estimular áreas marginales a la gran minería de la época17.

De esta forma, pese a la modesta escala de la producción regional, el atenuado declive de fines del siglo XVIII y el impulso recibido a principios del siglo XIX hicieron de la producción regional de platas un enlace virtuoso con el proceso de mercantilización del espacio regional.


3.1. La plata regional ensayada: producción regional y medida nominal de valores, 1783-1809.

Pese a las evidencias que el ensaye nos aporta sobre la producción metálica y sus métodos de refinación, estamos lejos de conocer los valores nominales de la producción minera regional, si bien ya hemos advertido sus tendencias globales. Efectivamente, la descripción hecha hasta aquí sobre la evolución de la plata ensayada no nos permite conocer detalladamente el producto neto de la plata producida, ni calcular su valor nominal en pesos corrientes de la época. Primero, porque la presentación de platas supone una recurrente variabilidad entre el peso declarado y el resultante del propio ensaye practicado; segundo, porque la afinación del mineral apenas si señala su calidad metálica (sobre 12 dineros) y el peso efectivo en marcos de cada una de sus piezas y; tercero, porque el valor nominal de la plata ensayada supone una serie de deducciones correspondientes a los distintos procesos de fiscalización, negociación y conducción de las mismas a su amonedación terminal.

Sin embargo, es precisamente tal circuito el que se cumple en el espacio regional de Guadalajara: de la extracción a la refinación, en los reales de minas y haciendas de beneficio locales, al ensaye y fiscalización en las cajas reales de la capital, así como la negociación final que las pone en camino de la casa de moneda de México, para saldar las operaciones de cambio que le precedieron. Estamos hablando, entonces, de un mercado regional de platas en pasta en que la negociación de las mismas se establece desde el momento mismo en que son ensayadas, esto es, cuando se determina su calidad metálica y peso correspondiente. Sólo en este momento podemos establecer que la plata ha adquirido un valor nominal socialmente reconocido, fincado en la determinación de su calidad y peso y ajustado a un promedio legal de conversión entre marcos y pesos18.

Para poder aproximarnos a una estimación consistente sobre el valor de la plata ensayada, acudiendo a su peso y calidad metálica, debemos examinar cada operación asentada en el libro donde se registran los datos de las piezas presentadas, se afina su peso y se determina su valor nominal por la equivalencia correspondiente. Además, es mediante los registros particulares que podemos averiguar el origen de las platas presentadas, los agentes que intervienen en ellas y los enlaces que se establecen entre mineros y comerciantes a escala local19.

Con este nivel de detalle hemos podido analizar las guías del 85 % del total registrado en libros, esto es, más de 3 mil cuatrocientos registros del Real ensaye de Guadalajara: un 75 % de las guías presentadas correspondió a platas de azogue20 y el resto de ellas correspondieron a las de fundición21.
PLATA ENSAYADA EN LA CAJA REAL DE GUADALAJARA, 1783-1809.

PLATA

Refinada

GUIAS

Ensaye

%

PIEZAS

plata

%

PESO NETO

(marcos)

VALOR

(pesos 8 rs)

%

Azogue

2,592

74.6

15,850

86.2

1,983,168.125

16,856,828

86.8

Fuego

881

25.4

2,537

13.8

299,745.625

2,547,838

13.2

TOTAL

3,473

100.0

18,387

100.0

2,282,913.750

19,404,674

100.0

Fuente: AFRAG, libros de ensaye 1783-1809.

De acuerdo con los registros computados, más de 18 mil piezas de plata fueron presentadas y asentadas con propiedad, lo que supone el equivalente al 85 % del total registrado para el periodo en diversos libros. Entonces, estamos considerando la enorme mayoría de la plata que pasó por el ensaye22.

Por otra parte, la proporción de la plata de azogue registrada superó el 86 % del total de las piezas presentadas y el resto sumaron las de fundición: a un promedio anual de 660 piezas de azogue y 150 las de fuego sumaron más de 15 mil las primeras y 2 mil quinientas las segundas. En su evolución cíclica se advierte, también, una correspondencia con los datos sobre el ensaye global.

Otro tanto es perceptible en la composición del producto minero ensayado y computado en marcos: casi 300 mil marcos de plata de fundición y un total cercano a los 2 millones de marcos de plata de azogue sumaron los registros del ensaye. Anualmente, se marcaron más de 17 mil marcos de plata de fuego y cerca de 83 mil marcos de azogue, en conjunto, un promedio anual cercano a los 100 mil marcos de plata pasaban por la oficina del ensayador local.

En su dimensión cíclica, la dinámica de la producción regional ensayada acusa los rasgos de un movimiento declinante con oscilaciones cíclicas en periodos de tres a cinco años, entre 1784 y 1798, cuando la depresión del periodo entre los siglos cambia la trayectoria del ciclo.

Ahora bien, si juzgamos esta evidencia como reflejo de la producción minera regional, podemos adelantar que hasta antes de la crisis finisecular el movimiento acompasado caracterizó la secuencia declinante de su productividad. Por oposición, el cambio de siglo supuso una expansión en la duración del ciclo de producción que, en su caso, se vio interrumpido por la crisis de la guerra interna. Por tanto, bien podríamos afirmar que la recuperación de la minería regional a principios del siglo pasado refleja una mayor inversión de capital en la misma y un correlativo cambio en sus rendimientos, probablemente como resultado del mayor empeño de los comerciantes de Guadalajara para proveerse de metales suplementarios al ingreso de plata amonedada por el saldo activo de su comercio.

En cualquier caso, el desempeño mostrado por las cantidades físicas de la plata ensayada se advierte más claramente con base en sus valores nominales: el declive cíclico anotado, entre 1784 y 1798, se traduce en un desplazamiento a lo largo de una franja que va del millón de pesos a los 700 mil. De la misma manera, resulta notorio el peso decisivo de la plata de azogue en la tendencia general de la curva, por contraste con el declive en el valor de la plata de fundición que, desde la década de 1790 hasta el fin del periodo, mostrará un sistemático declive, oscilando en la cota de los 150 mil pesos.

La suma del valor computado, en atención a las consideraciones previas, demuestra que pese a la mediocridad de la minería ésta aportó una significativa parte de la renta regional, casi 20 millones de pesos, a un ritmo promedio anual cercano al millón de pesos; pero también constituyó un sector relevante del mercado de metales no amonedados que, como hemos supuesto, vino a proveer ventajosamente a los comerciantes mayoristas de la capital. Conviene, por tanto, hacer un examen más detallado de su desempeño.



3.2 El origen de la plata regional: minas, mineros y comerciantes.
La remota época de prosperidad minera en el siglo XVI, con los minerales del Espíritu Santo de Compostela y Guachinango, había quedado en el olvido ante los descubrimientos de Zacatecas y la expansión septentrional del reino. Para el siglo XVIII, sólo el mineral de Rosario y el real de minas de Bolaños eran centros de producción de plata de notable importancia en el occidente del Reino. Empero, su distante ubicación así como el manejo de sus platas por el comercio de la ciudad de México los hicieron lejanos al mercado regional de Guadalajara.

La minería regional, por oposición, no se concentraba en centros de alta productividad, como Bolaños, ni en regiones mineras distantes, como Rosario y Cosalá en Sinaloa, sino en las faldas de sierras dependientes del sistema montañoso occidental. En efecto, en las cañadas montañosas del río Lerma-Santiago así como en los subsistemas de la Sierra Madre es posible ubicar la región mineral de Guadalajara, conformada por un amplio conglomerado de explotaciones de corta escala, irregulares rendimientos y dificultosas rutas de aprovisionamiento y salida de metales: aún con sus barreras naturales y económicas, la producción de metales se escurría de los socavones y escarbaderos a la capital regional, alentando el comercio de platas y la explotación de reales de poca y mediana monta23.

Fueron tres las regiones mineras de mayor relevancia regional, entendidas como expresión de la minería local. La primera de ellas, Hostotipaquillo24, característica del modelo regional de explotación dispersa, adquirió una progresiva importancia en la producción regional, por su movilización de recursos, población y mercancías, al grado de convertirse en el epicentro del producto minero regional que transitaba por Guadalajara.

Por su parte, Guachinango y San Sebastián, aunque habían experimentado auges de importancia en el periodo, no lograron mantener sus niveles de productividad ni retener la población y recursos sino de manera episódica.

La enorme distancia que mediaba entre Rosario, 108 leguas al noroeste, y el real de Bolaños, 60 leguas al noreste, respecto a Guadalajara, así como sus características productivas los hicieron complejos locales exógenos al modelo regional de explotación minera. Por el contrario, en el eje minero regional entre Hostotipaquillo y Etzatlán25 se establecieron las minas de mayor importancia productiva en una serie de círculos concéntricos al corazón territorial señalado: en un radio no mayor de 20 leguas se concentraron minas y escarbaderos de creciente importancia regional. Entre los de mayor importancia local estaban Santa María de la Yesca26, San Pedro Analco27 y Santo Domingo28.

Fueron estos territorios mineros los que conformaron el tejido de una minería geográficamente dispersa pero comercialmente integrada. La población, los recursos de habilitación y las mercancías de consumo fluían en el entramado local como un conjunto mercantil articulado, procurando atraer la pasta del metal hacia el comercio de la capital.

MINERALES DE LA DIPUTACION DE HOSTOTIPAQUILO A FINES DEL SIGLO XVIII

CIRCULOS UBICACION

Número

DISTANCIA Y VIENTO DESDE HOSTOTIPAQUILLO

Hasta 10 leguas

5

Guajacatlan (4 leguas E), S Domingo (5 leguas E), S José Aranjuez (5 leguas S), S Pedro Analco (10 leguas E), Etzatlán (10 leguas SO)

11 a 20 leguas

5

Ahualulco (12 leguas S), Amatlán de las Cañas (13 leguas SO), Amatlán de Jora (20 leguas N), El Espino y Rondanera (20 leguas SO)

30 a 40 leguas

4

Acuitapilco (30 leguas N), Eliso (32 leguas N), Aguacatancillo (35 leguas N), Mojarras (30 leguas NE)

41 a 50 leguas

6

S Sebastián (41 leguas SO), Los Reyes (43 leguas SE), Guachinango (44 leguas S), S Nicolás el Rojo (44 leguas S), Jolapa (45 leguas SE), Huachichila (50 leguas NO)

Más de 50 leguas

8

S Francisco Tenamachi (60 leguas NO), S Joaquín (60 leguas S), Pernazo (60 leguas S), S Rafael (60 leguas SE), Pozole (60 leguas SE), Caramota 64 leguas NO), Cuale (75 leguas S), Autlán de la Grana (80 leguas S)

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