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Simposio 15: Minería y mercado en América Latina: Formas de financiamiento, trabajo y circulación, siglos XVII-XIX financiamiento de las compras de azogue por los mercaderes del Consulado de México


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Simposio 15: Minería y mercado en América Latina: Formas de financiamiento, trabajo y circulación, siglos XVII-XIX

Financiamiento de las compras de azogue por los mercaderes del Consulado de México

Guillermina del Valle Pavón

Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora

gvalle@mora.edu.mx
Uno de los mayores problemas que enfrentó la minería desde el inicio de la década de 1660 fue la escasez de azogue para beneficiar los minerales con bajo contenido de argento. Los mercaderes de plata, que llegaron a dominar el consulado de México, hacia la década de 1680, brindaron apoyo financiero a la autoridad virreinal para financiar las compras de mercurio. Este hecho resultó fundamental en el auge minero que se produjo en la década de 1690. Con el propósito de comprender cabalmente la coincidencia de los intereses existentes entre la corona y los mercaderes más acaudalados, analizaremos la participación que éstos tuvieron en el financiamiento de la minería y la amonedación de metales.

Examinaremos la estructura de los negocios de los mercaderes de plata que se dedicaban a la acuñación de metales. Procedentes en su mayoría del señorío de Vizcaya y las montañas de Santander dichos mercaderes se esforzaron por establecer vínculos familiares con el propósito de fortalecer sus negocios, por lo que las redes de parentesco desempeñaron un papel central. Se examinan la función financiera que desempeñaron dichos mercaderes, al brindar crédito a sus pares, a comerciantes del interior, carreteros y mineros, así como la importancia que tuvieron las relaciones de confianza para captar los caudales que manejaban.


1. Los mercaderes acuñadores de metales
La producción de plata y oro requería inversiones elevadas en infraestructura, insumos y moneda. Este hecho aunado a la escasez de circulante que privaba en Nueva España, condujo a los mineros a depender del crédito que otorgaban los llamados mercaderes de plata, quienes también fungían como fiadores para la compra de mercurio. Estos mercaderes que en su mayoría eran miembros prominentes del consulado de México, adquirían los metales en los reales mineros con el propósito de concentrarlos para financiar las principales actividades comerciales y productivas del virreinato, práctica que les redituaba beneficios elevados.

Gran parte de los mercaderes de plata del último tercio del siglo XVII eran de origen montañés y vizcaíno, aun cuando había criollos y algunos que procedían de otras partes de Castilla.1 Los mercaderes prósperos, en particular los del norte de la Península, hacían venir a Nueva España sus sobrinos de sus lugares de origen con el propósito de formarlos en el comercio, integrarlos como socios a las redes que formaban e, incluso, dejarlos a cargo de sus propios negocios. Esta práctica propiciaba la formación de cadenas migratorias que se reprodujeron por generaciones.2

Los patriarcas en algunos casos reforzaban los lazos familiares al dar a casar a sus hijas con sus sobrinos más destacados. En esta forma se estrechaban los vínculos filiales y de negocios, y a la muerte del tío, el sobrino, socio y yerno solía quedar a cargo de la administración de los negocios heredados por la hija. La endogamia y la “transmisión indirecta” del negocio garantizaban la conservación del patrimonio dentro del clan, daban cohesión al grupo familiar y consolidaban el negocio. Asimismo favorecían la integración del Imperio, al mantener el comercio en manos de peninsulares interesados en perpetuar el vínculo con el linaje originario.3

Tenemos buenos ejemplos de la constitución de redes de negocios basadas en la familia en dos de los principales mercaderes de plata de la segunda mitad del siglo XVII. José de Retes Largacha, natural de la villa de Arciniega, provincia de Álava, en el señorío de Vizcaya, y Luis Sánchez de Tagle, quien procedía del pueblo de Santillana, en las montañas de Burgos. Huerta observó cómo, en la medida que aumentaba la producción minera en las últimas décadas del siglo XVII, los mercaderes de México más importantes se concentraron en la habilitación de la producción minera y la compra de metales.4 Esto fue posible porque delegaron parte de sus negocios en los sobrinos que habían acogido en sus casas y formado en la práctica comercial.

José de Retes Largacha se distinguió como mercader de plata y acuñador de moneda, a raíz de que en 1655 compró a la corona el oficio de apartador general de metales5 y se asoció con José de Quesada Cabreros. Este había sido teniente del tesorero de la casa de Moneda por muchos años.6 De acuerdo con Huerta, la sociedad integrada por Retes Largacha y Quesada Cabreros, reemplazó la ausencia del mercader Simón de Haro.7 Antes de morir, en 1655, Haro había sido el mayor amonedador de plata de Nueva España.8

Retes Largacha mandó traer a los hijos de su hermana, Dámaso y Damián de Zaldívar y Retes,9 quienes, desde su llegada, en 1662, lo auxiliaron en sus negocios. Unos meses después el patriarca se asoció con Damián, a quien nombró teniente general del oficio de Apartador de metales y lo dejó a cargo de la agencia que tenía en San Luis Potosí.10 Retes Largacha y Quesada Cabreros concluyeron sus negocios en 1667. Dos años después Retes acogió a los hijos de su hermano mayor, Gabriel y José Sáenz de Retes. El primero fue colocado como administrador de la tienda que Dámaso Zaldívar había constituido en San Luis Potosí, en sociedad con su tío. En 1677 Retes Largacha estableció una compañía con sus sobrinos José Sáenz de Retes y Dámaso Zaldívar, con el objeto de aviar la minería, comprar plata y amonedarla en la ceca.11

Por otra parte tenemos a Luis Sánchez de Tagle, quien en 1684 delegó en su sobrino Francisco Díaz de Tagle la administración del almacén de ultramarinos que tenía en la ciudad de México. En adelante, el mercader cántabro se concentró en el avío de la minería y la compra de plata para acuñar en la casa de moneda.12 Entre 1690 y 1710 don Luis remitió entre 30,000 y 130,000 pesos anuales a sus agentes en la ciudad Zacatecas, principal centro de redistribución de mercancías del norte de Nueva España.13 Dichas cifras proporcionan una idea del monto de las operaciones que Sánchez de Tagle realizaba cuando se encontraba en la cúspide de su carrera.

Como puede verse en los cuadros 1 y 2, Retes Largacha y Sánchez de Tagle, mercaderes dedicados a la amonedación de metales, tendieron densas redes para el avío de los mineros y la compra de oro y plata en los principales reales mineros. Las redes tejidas por dichos mercaderes se extendían desde los reales más cercanos a la ciudad de México, como Pachuca, a los más lejanos. Sánchez de Tagle tenía agentes hasta en Cusihuiriachic, uno de los centros mineros más lejanos, ubicado en el camino que iba de Parral a Sonora.14 La dificultad para averiguar el origen de los individuos que conformaron las mayas en cuestión, impide conocer qué tanto influyó el carácter étnico en la conformación de las mismas.

El manejo de grandes caudales por parte de los acuñadores de moneda, los condujo a otorgar dinero a crédito a mercaderes de plata de la ciudad de México para que los canalizaran a los reales mineros en donde operaban. José de Retes Largacha, desde fines de la década de 1660, cuando empezó a operar por su propia cuenta, destinó la mayor parte de sus caudales a Parral. En 1674, año en que Retes llegó a ser prior del consulado de México, prestó a Diego García Cano, miembro del mismo cuerpo, grandes sumas para habilitar a un comerciante residente en Parral.15 Por su parte, Luis Sánchez de Tagle, a petición del mercader de plata Juan de Bassoco, prestó dinero a Cristóbal de Orrantia, Pedro de Bassoco y Manuel Iriarte, comerciantes avecinados en Parral, a través del agente que Bassoco tenía en dicha población.16

Los acuñadores de moneda integraron en sus redes a los principales transportistas de la época, los dueños de carretas. Estos aseguraban el abasto de dinero y mercancías a los reales de minas, así como el retorno de los metales preciosos. José Sáenz de Retes y su socio Quesada Saldivar, financiaban a carreteros que tenían entre diez y trece carros. Sánchez de Tagle habilitó la cuadrilla de carros del general Juan Fernández de Retana, quien se valió de su sobrino, el capitán Juan González de Retana, para negociar el crédito del mercader. La importancia que tenía el transporte de mercancías permitió a ciertos individuos forjar grandes empresas. José Mejía de Aguilar, quien conducía mercancías a Parral, entre otros destinos, llegó a poseer treinta carros, mil mulas, cuarenta caballos y diez esclavos.17

Aun cuando era central el papel que desempeñaban los carreteros, la escasez de circulante que privaba en Nueva España y los peligros que entrañaba el transporte de metales, hacia imprescindibles el uso de papeles para realizar los negocios. Sánchez de Tagle recurrió al empleo de documentos para otorgar avío a los dueños de minas. En 1692 el conde de Santa Rosa, minero de Zacatecas, tuvo que satisfacer una deuda de 6,000 pesos que tenía con la real hacienda, probablemente por la compra de azogue. Para pagar al real erario entregó un pagaré firmado por un comerciante local, que cubrirían Luis Sánchez de Tagle y otro importante aviador de la ciudad de México.18

En Nueva España no existieron instituciones de crédito formalmente establecidas. Los mercaderes de plata obtenían préstamos y depósitos de dinero a réditos para llevar a cabo sus negocios. Luis Sánchez de Tagle constituye un buen ejemplo de la forma en que los mercaderes obtenían y otorgaban financiamiento. El montañés recibió caudales de individuos e instituciones que se relacionaban con él por motivos profesionales y personales. Obtuvo dinero a rédito de mercaderes, quienes acostumbraban otorgarse préstamos mutuamente, de mineros y de un sujeto “involucrado en la distribución de azogue”, probablemente un oficial real. Este le dio en depósitos 12,000 pesos, en 1687, y 20,000 pesos más, en 1699. Hasta donde sabemos, dicho mercader pagaba por la recepción de capitales un 5% de interés anual.19

Las instituciones eclesiásticas se encontraban entre los principales rentistas de la época, en razón de que los religiosos y el culto se sostenían con los réditos de los capitales que formaban parte de su patrimonio. El chantre de la Catedral de la ciudad de México, Manuel Escalante Mendoza, colocó en el banco de Sánchez de Tagle 17,000 pesos.20 Es posible que esta persona haya influido para que ciertos conventos de monjas hicieran lo mismo con sus caudales. Entre los depositarios del mercader se encontraban los claustros de la Concepción,21 la Encarnación y Santa Teresa. Al igual que el resto de los miembros del consulado de México, Sánchez de Tagle brindaba a sus acreedores la confianza como única garantía, la cual se derivaba de la reputación de su “casa” o negocio.

El prestigio de Luis Sánchez de Tagle, sus relaciones con prelados prominentes y su cercanía con los dominicos influyeron para que fuera nombrado diputado de la mesa directiva de la Archicofradía de Nuestra Señora del Rosario,22 la cual colocó en su negocio 30,000 pesos a interés.23 Cuando falleció Sánchez de Tagle, en 1710, la parte de su negocio relacionada con la minería era conocida como el “banco de plata”, como se llamaba a las “casas” de los mercaderes que se distinguían por los grandes capitales que otorgaban a crédito a los mineros y por comprar plata en gran escala para amonedar. No existen registros sobre las operaciones que realizaba el banco de plata del mercader cántabro, sin embargo, en el inventario de bienes que se realizó después de su muerte, se registraron 740,000 pesos en depósitos y escrituras con obligación de pagar réditos.24

Pedro Sánchez de Tagle y Bustamante, en 1691 se había casado con su prima Luisa, la hija única de don Luis.25 A la muerte de éste, acaecida en 1710, doña Luisa quedó como la heredera única de todos los bienes y el título del marqués de Altamira, que había obtenido su padre en 1704. En consecuencia, don Pedro se hizo cargo de la administración de dichos bienes, incluido el banco de plata.26 Pedro Sánchez de Tagle formó parte del pequeño grupo de criadores y comerciantes de ganado menor que arrendó las tablas y carnicerías de la ciudad de México, cuando menos entre 1708 y 1716.27 En este negocio los Tagle establecieron una estrecha relación con Joseph de Torres y Vergara, Juez del tribunal de testamentos, capellanías y obras pías del arzobispado de México.28 Suponemos que este prelado canalizó al banco de plata de los Tagle parte de los capitales administrados por el tribunal que encabezaba.29 Poco antes fallecer, don Pedro nombró a Torres y Vergara su co-albacea testamentario, declaró que tenía en su poder 20,000 pesos que le pertenecían “a lo que me puedo recordar”, y mandó “que la cantidad que dijere dicho señor le debo, se le pague”, con los intereses que le adeudaba.30
2. Financiamiento de las remesas de mercurio
Al inicio de la década de 1660 se presentó una grave escasez de mercurio en Nueva España debido a los problemas para financiar la producción de Almadén.31 Los metales de mediana o baja ley sólo se podían beneficiar por el método de amalgamación, de modo que disminuyó la producción de plata. En 1663 el comandante de la flota se quejó las dificultades que se padecían para colocar las mercancías en Nueva España por la falta de plata, ocasionada “haber ningunos azogues para beneficiarla”.32 Los mercaderes presionaron al marqués de Mancera para que requiriera metal líquido de Huancavelica, cuyo tráfico estaba prohibido porque encubría el intercambio ilícito de plata peruana por bienes orientales.33 En 1666 Mancera requirió al virrey peruano el abasto urgente de mercurio. Carlos II autorizó la remesa varios años después, persuadido por los funcionarios virreinales y los intereses comerciales.34 Cuando el azogue arribó a Acapulco, en 1670, hubo graves problemas para descargar el metal líquido y no se liquidó la remesa por motivos burocráticos y el peligro de enviar el dinero por Mar del Sur ante la amenaza de piratas.35

En 1676 y 1678 llegaron remesas de mercurio procedentes de Cádiz y en 1677 arribaron a Acapulco 3,500 quintales de azogue de Huancavelica. Este era de menor calidad que el de Almadén y su precio era mucho más elevado.36 El navío que había conducido el mercurio a Acapulco fue descubierto en El Callao con una carga ilegal de mercancías asiáticas.37

En la década de 1680 el azogue continuó llegando a Nueva España de manera sumamente irregular, problema que mantuvo restringida la producción argentífera.38 En 1682 el monarca mandó que sólo en caso “muy preciso e inexcusable” se pidiera azogue peruano, como se había mandado en 1678.39 Cuando el conde de la Monclava se hizo cargo de la gestión de Nueva España, en noviembre de 1686, encontró que no había reservas de mercurio en la atarazana real y en muchas minas se habían suspendido los trabajos.40 Entonces se esforzó por obtener azogue andino, el cual debía pagarse a su arribo al puerto de Acapulco. Al parecer, tanto Monclava, como el conde de Galve, quien tomó el mando del virreinato a fines de 1688, pagaron las remesas del metal líquido a su arribo con el respaldo financiero de los mercaderes de plata.41

Como ha planteado Hoberman, cuando menos desde principios de siglo XVII, los mercaderes más acaudalados otorgaban a los virreyes préstamos sin interés. Cuando no habían llegado a la capital los fondos de las cajas reales del interior, financiaban al real erario para satisfacer los gastos regulares y extraordinarios. José de Retes Largacha y su socio José de Quesada Cabreros, formaban parte del pequeño grupo de “banqueros de los virreyes”, cuando menos a partir de la década de 1650.42 Sin embargo, todo parece indicar que en los primeros dos tercios del siglo XVII los mercaderes no contribuyeron para el pago de las remesas de mercurio.

Hasta donde sabemos, los principales colaboradores de los virreyes fueron el montañés Luis Sánchez de Tagle43 y Juan de Urrutia Retes, originario del señorío de Vizcaya. Ambos mercaderes, dedicados a la acuñación de metales, habían formado una compañía para comprar plata y aviar a los mineros de Zacatecas,44 entre 1683 y 1690. En este periodo prestaron a los virreyes 378,000 pesos, libres del pago de réditos, para diversas urgencias.45 En razón de su interés en la producción de plata, presumimos que Sánchez de Tagle y Urrutia Retes contribuyeron con el crédito por 100,000 pesos que otorgaron los “mercaderes” de México para saldar 1,601 quintales y 10 libras de azogue, de los 3,257 quintales y 44 libras que llegaron en la flota de 1689, así como el transporte de los primeros a la capital.46 Urrutia Retes obtuvo el título de marqués de Villar del Águila en 1689, donación regia en la que debieron haber influido los servicios financieros prestados por el mercader, que falleció unos meses después.47

Como puede verse en el cuadro número 3, cuando menos desde mediados de la década de 1680, los mercaderes de plata habían unido al poder financiero y mercantil que tenían en la mayor parte del virreinato, el control de la representación del consulado de México. El grupo de mercaderes que dominaban el cuerpo mercantil hacia mediados de la década de 1670, entre los que se encontraba José de Retes Largacha, consiguió que se modificara la normatividad electoral de la corporación en la Recopilación de 1681. El cambio en el proceso de elección permitió a los mercaderes que se ubicaban en la cúpula del consulado asegurar la designación de sus sucesores a los cargos de representación.48

Cuando Luis Sánchez de Tagle fue prior del consulado, en 1691 y 1692, arribaron procedentes de Huancavelica 3,000 quintales de mercurio, el primer año, y 3,047 quintales y 70 libras, el segundo. Los 309,000 pesos que importó esta última remesa, fueron saldados a su entrega mediante la cesión de letras a cargo de los “comerciantes de la capital”.49 En 1693, cuando el mercader de plata Dámaso Zaldívar y Retes se encontraba a la cabeza del cuerpo mercantil, se recibieron otros 3,000 quintales de azogue andino, los cuales importaron cerca de 292,500 pesos.50 Dámaso Zaldívar y su primo, Joseph Sanz de Retes, antes de 1695, año en que ambos fallecieron,51 prestaron a la corona 627,000 pesos en diversas ocasiones.52

En la década de 1690 la mina de Almadén enfrentó serios problemas de producción.53 En 1692 el conde de Galve planteó al Consejo de Indias los daños que ocasionaba la escasez de mercurio y se esforzó por obtener el azogue de diversas fuentes.54 El virrey promovió la compra de azogue chino con el apoyo de Fausto Cruzat y Góngora Rada, el gobernador de Filipinas (1690-1702), con quien Luis Sánchez de Tagle tenía vínculos estrechos. En China el tráfico del metal líquido era muy reducido, de modo que se obtuvo un suministro escaso, el cual se perdió cuando el galeón “El Santo Cristo de Burgos” se incendió antes de llegar a Acapulco, en 1693.55

A instancias del virrey, el consulado promovió la explotación de yacimientos de azogue en el virreinato. Siendo prior Dámaso Saldivar y Retes, se firmó un contrato con dos mineros peruanos para que trataran de extraer azogue con el financiamiento del consulado. Dichos expertos se esforzaron por hacer productivas las minas de Chilapa y Temascaltepec, sin embargo, en sus menas no abundaba el metal.56 En 1696, siendo cónsules Pedro Sánchez de Tagle y Felipe Vélez Escalante, ambos mercaderes de plata de origen montañés, el consulado ofreció una gratificación de 2,000 pesos por el descubrimiento y producción de azogue, pero los resultados fueron mínimos.57

Los perjuicios que ocasionaba al comercio la escasez de plata ocasionada por la carencia de azogue, llevó al consulado de Sevilla a hacerse cargo de la gestión de la mina de Almadén en 1694.58 En el mismo año, el prior y los cónsules del cuerpo mercantil de la ciudad de México, Dámaso de Zaldívar, Joseph de Larribas y Felipe Vélez de Escalante, se comprometieron a saldar el importe del mercurio que recibieran, en el término de seis meses.59 Entre 1695 y 1699 llegaron diversas cantidades de azogue anualmente, acerca de cuyo pago no tenemos noticia.60 En 1700, el prior Pedro Sánchez de Tagle tuvo dificultades para prorratear los 322,000 pesos que se adeudaban entre prior, cónsules, diputados y electores que habían contraído la obligación, por lo que prestó dicho monto de su propio caudal. Unos meses después, Sánchez de Tagle desembolsó poco más de 258,800 pesos61 que importaban 3,000 quintales de mercurio procedentes de Huancavelica.62

En 1701 se presentó una fuerte oposición a la reelección de Sánchez de Tagle, no obstante, los cónsules y los diputados que lo apoyaban recibieron autorización regia para volver a nombrar prior a don Pedro, en razón de la relevancia que tenía el financiamiento que otorgaba para satisfacer las remesas del metal líquido.63 Sánchez de Tagle se mantuvo como prior hasta 1703, por un periodo cercano a los cuatro años,64 aun cuando dicho oficio sólo se debía desempeñar por un bienio.

La generosidad con que Pedro Sánchez de Tagle desembolso la impresionante suma de 580,800 pesos65 para sufragar el metal líquido, puede comprenderse por la convergencia que había entre los intereses de la corona y los de los Tagle. A fines del siglo XVII, los Tagle eran, muy probablemente, los principales aviadores de la minería y acuñadores de plata, motivo por el cual se esforzaron por garantizar la producción argentífera mediante el abasto continuo del azogue. Presumimos que la regularidad en el suministro de mercurio repercutió en el incrementó de la producción minera que se presentó en la década de 1690.66 Sin embargo, este fenómeno no se reflejó en el envío de los fondos del erario a la metrópoli, por el contrario, la recaudación sobre la producción de plata se redujo67 a causa de la evasión que practicaban los mineros y mercaderes.

Por otra parte, los préstamos que otorgó Pedro Sánchez de Tagle para pagar las remesas del metal líquido, no implicaban grandes riesgos. En 1694 el cuerpo mercantil se había hecho cargo de la gestión del derecho de alcabalas que se imponía en la ciudad de México sobre la circulación, trueque e intercambio de mercancías.68 Siendo Sánchez de Tagle prior del consulado, tenía asegurada la restitución de sus capitales con los productos generados por la recaudación del gravamen en cuestión.
3. Los “mercaderes de la Casa de moneda”
En la Casa de moneda de la ciudad de México los oficiales reales se hacían cargo de fundir y acuñar los metales preciosos, así como de descontar de los mismos los derechos de señoreaje y braceaje.69 Hoberman expuso los mecanismos a través de los cuales ciertos mercaderes penetraron la ceca desde fines del siglo XVI: la adquisición de los principales oficios, el otorgamiento préstamos a los oficiales nombrados por el virrey y a los tenientes que desempeñaban las tareas, y la supervisión de los procesos de fundición y amonedación. Los “mercaderes de la casa de moneda” determinaban la cantidad y calidad de los “reales” que se producía en Nueva España. Además, se enriquecían mediante el cobro de las rentas que generaban los oficios adquiridos y las comisiones por amonedar, así como mediante la realización de fraudes en la acuñación y la evasión de los derechos correspondientes.70

El proceso de acuñación era controlado por quienes detentaban los llamados oficios mayores de la ceca: tesorero, ensayador, balansario, tallador y guarda mayor. En el siglo XVII y a principios del siglo XVIII estos oficios mayores se vendieron fundamentalmente a mercaderes,71 por ser quienes podían disponer de los elevados caudales que se pagaba por ellos.72 Los mercaderes de la casa de moneda se hacían cargo de que se acuñaran los metales que negociaban por su propia cuenta, así como los de otros tratantes, a quienes imponía una comisión por el servicio. Esta variaba en función de la escasez o abundancia que hubiera de plata y oro en el virreinato.73

El tesorero tenía la mayor jerarquía en la Ceca y su función consistía en supervisar los procesos de fundición y acuñación.74 En las últimas décadas del siglo XVII Francisco Antonio de Medina Picazo fue propietario de dicho oficio.75 En 1682 Medina Picazo se casó con la hija del tesorero de la real caja de Veracruz, Francisco de Amilibia.76 Poco después su hermana, Juana de Medina Picazo, contrajo matrimonio con Joaquín de Zavaleta, mercader de origen vizcaíno. Zavaleta realizaba grandes transacciones con bienes europeos y orientales,77 era propietario de una hacienda y varios molinos en Chalco,78 y llegó a ser prior del consulado en 1710 y 1711. José de Zavaleta, pariente de Joaquín, fue regidor y alcalde ordinario de Veracruz y arrendó la recaudación de las alcabalas del puerto, en sociedad con su suegro Francisco de Aguirre Gomendio, cuando menos de 1704 a 1722.79

A fines del siglo XVII e inicios del siglo XVIII, los principales mercaderes de origen cántabro y vizcaíno eran propietarios de varios oficios de la Casa de Moneda. El vasco Juan de Urrutia Retes adquirió el oficio de guarda mayor de la Ceca. A su muerte, acaecida en 1690, su sobrino Juan Antonio de Urrutia, heredó todos sus bienes, incluido el título de marqués del Villar del Águila. En 1728 Juan Antonio mantenía la propiedad del oficio, cuyo teniente era don Ignacio Antonio de Bustamante.80

Las grandes cantidades de plata que labraba Luis Sánchez de Tagle, la estrecha relación que estableció con el virrey y los servicios financieros que prestó al real erario, de manera individual y como representante del consulado, lo hicieron merecedor del nombramiento de “amonedador de las platas del monarca”.81 La tesorería de la ciudad México entregaba a Sánchez de Tagle la plata en barras que recibía por el pago de derechos, para que éste se hiciera cargo de labrarla y devolverle reales en moneda. Esta actividad reportaba ganancias de consideración por los grandes volúmenes de metales preciosos que le encomendaban. Además, como sucedía con la plata perteneciente a otros mercaderes, Sánchez de Tagle se beneficiaba de las variaciones de la ley que la plata en pasta tenía por naturaleza.82

Con el propósito de ejercer mayor control sobre los metales que mandaba acuñar, en 1700 Luis Sánchez de Tagle prestó a su sobrino Pedro Sánchez de Tagle y Bustamante 55,000 pesos para que completara los 90,000 pesos que le solicitaron por el traspaso del oficio de tallador mayor de la casa de moneda.83 Entonces se calculaba que dicho oficio generaba un rendimiento de 10,000 a 11,000 pesos anuales.84 Siete años después, Pedro Sánchez de Tagle obtuvo la posesión del oficio de tallador mayor a perpetuidad, mediante el pago al rey de 32,000 pesos.85 Puede tenerse una idea de la cantidad de reales que labraban los Tagle si consideramos que en 1710, año en que falleció don Luis, éste tenía en existencia 307,288 pesos “en plata y oro acuñados y por acuñar”.86

El oficio de apartador general de metales también formaba parte de la casa de moneda.87 Como vimos, José de Retes Largacha había comprado dicho oficio en 1655, cuya posesión a perpetuidad fue confirmada en 1680. Cuando Retes falleció, en 1685, heredó el cargo a su sobrino Dámaso Zaldívar y Retes. A la muerte de éste, acaecida en 1695, dejó el oficio a su hijo Francisco Antonio Bernardino de Zaldívar, cuya propiedad se ratificó en 1696. Por ser Francisco Antonio menor de edad, Diego de Zaldivar se hizo cargo de la administración de la Casa del Apartado. Cuando el primero profesó como sacerdote, en 1706, arrendó el oficio a su paisano Francisco de Fagoaga, quien recibió la sesión y traspaso del mismo en 1718.88

El dominio que ejercían los mercaderes de la casa de moneda sobre el proceso de acuñación y las relaciones que mantenían con el resto de los oficiales de la institución, les permitían llevar a cabo diversas prácticas ilícitas. Entre éstas se destaca la de fusionar plata ensayada y gravada, cuya ley o pureza había sido probada, con la de rescate, que no había cumplido dichas condiciones, así como con plata menos pura, como la peruana.89 En consecuencia, no todas las monedas que se elaboraban en la ceca de México cumplían con las condiciones impuestas por la corona.90

Según vimos, para los mercaderes de plata resultaba fundamental contar con el apoyo de los oficiales del erario y los alcaldes mayores para obtener la plata de rescate, que no había pagado los derechos reales. Pedro Sánchez de Tagle, el tallador mayor de la casa de moneda, casó a su segunda hija María Manuela con Juan Manuel Argüelles y Miranda, sobrino de Melchor de Miranda y Solís, propietario del oficio de tesorero de la real caja de Pachuca.91 En este importante distrito Luis Sánchez de Tagle poseía dos haciendas de minas.92 En 1710, poco antes de fallecer, Miranda y Solís, cuyos hijos eran menores de edad, designó a su sobrino Juan Manuel Argüelles y Miranda, su sucesor en el oficio de tesorero de la caja regia de Pachuca.93

En 1712 se descubrió que Pedro Sánchez de Tagle había enviado de Pachuca varias barras de plata sin quintar, acerca de lo cual “no se ha hablado por ser muy común y ordinario”.94 Presumimos que don Pedro podía extraer de Pachuca la plata que no había sido gravada, debido al vínculo de parentesco que estableció con Juan Manuel Argüelles y Miranda, quien llegó a ser contador y juez de la real hacienda y caja de dicha población.95 Asimismo es factible que el metal que había evadido el pago de derechos se destinara a la Casa de Moneda, en donde, la propiedad del oficio de tallador mayor daba a Sánchez de Tagle oportunidad para labrar la plata en cuestión.

Por otra parte, Sánchez de Tagle estaba protegido por los estrechos vínculos que tenía con el virrey duque de Linares (1711-1716), quien lo apreciaba de manera especial, entre otras razones,96 porque le había ofrecido su apoyo cuando se había perdido la nave Almiranta de Barlovento, durante la Guerra de Sucesión, y cuando la flota a cargo de Juan de Uvilla97 había sido alcanzada por un huracán en Las Bahamas.98 La confianza que el duque tenía en don Pedro se puso de manifiesto en 1712, cuando le pidió que invitara a la minería y el comercio del real de Pachuca a acogerse “al indulto que les ofrecía”, para impedir que el visitador Francisco de Pagave, que iba a realizar una investigación sobre la situación del real erario, impusiera medidas drásticas, como había hecho en Zacatecas.99
- Conclusiones
Los mercaderes se concentraron en el avío de la minería, la compra de metales y su amonedación, reclutaban a sus sobrinos del norte de la Península, los formaban e integraban sociedades con ellos. Los acuñadores de moneda se encontraban en la cima de la jerarquía que formaba el comercio de México. El manejo de grandes caudales les permitió otorgar parte de los mismos a crédito a otros mercaderes, a los agentes y socios que éstos tenían en los centros mineros y os transportistas de los valiosos cargamentos de plata. La falta de circulante, las dificultades para trasladarlo y las amenazas que acechaban al tráfico de convoyes, hacia imprescindible el empleo de pagarés.

La inexistencia de instituciones formales de crédito condujo a los mercaderes a prestarse dinero mutuamente, así como a tomar caudales a rédito de individuos y corporaciones. Entre los rentistas se destacan los funcionarios reales, los religiosos y cuerpos eclesiásticos. Los mercaderes dedicados a la acuñación se vincularon con los administradores de cofradías, los priores de los conventos y los prelados del clero regular, quienes les confiaron los capitales que formaban parte del patrimonio de las instituciones a su cargo. Al parecer las redes de crédito que tejieron los principales mercaderes de plata no estaban determinadas por el origen étnico.

Al inicio de la década de 1660, la escasez de mercurio de Almadén afectó la producción minera en Nueva España. Las autoridades virreinales y los intereses comerciales presionaron al monarca para que se enviara azogue de Huancavelica, tráfico que estaba prohibido para evitar la fuga de plata hacia el oriente. Hacia fines del decenio de 1680 los virreyes se esforzaron por asegurar el abasto de metal líquido con el apoyo financiero de los mercaderes de plata. Estos habían logrado controlar el acceso a los cargos de representación del consulado, circunstancia que facilitó el pago de las remesas en cuestión.

Con el propósito de garantizar la producción de plata novohispana, el cuerpo mercantil de Sevilla se hizo cargo de la mina de Almadén en 1694, al tiempo que los representantes del consulado de México garantizaron el pago de las partidas de azogue. Tanto éstas, como las que arribaron procedentes de Huancavelica fueron saldadas por Pedro Sánchez de Tagle, servicio le valió la reelección al oficio de prior, a pesar que hubo una importante oposición al interior del cuerpo mercantil. Así, en los últimos años del siglo XVII, la afinidad entre los intereses de la monarquía y los mercaderes que dominaban el consulado garantizó el abasto del metal líquido.

La venta de oficios públicos hizo posible que un puñado de mercaderes controlara el proceso de acuñación de moneda. Los mercaderes de la casas de moneda se enriquecían mediante el cobro de comisiones, así como de prácticas ilícitas. Las redes de parentesco del tesorero y el tallador mayor de la Casa de Moneda, confirman como los poderosos mercaderes incorporaban a sus clanes a los oficiales reales de núcleos comerciales estratégicos, como Veracruz y Pachuca, a fin de asegurar su apoyo en la realización de negocios turbios, como la evasión de derechos y el contrabando.

La alianza entre las autoridades regias y los mercaderes plata que controlaban el consulado y la casa de moneda dio lugar al auge de la minería. Sin embargo, las relaciones que establecieron dichos mercaderes con los oficiales de la real hacienda, los jueces y autoridades locales, impidieron que el incremento en la producción de plata redundara en el aumento de los ingresos fiscales por dicho concepto. Por su parte, los Sánchez de Tagle, que se dedicaban a la acuñación, logaron apuntalar el banco de plata y la casa de comercio, instituciones que se mantuvieron en la familia cuando menos por tres generaciones.


SIGLAS Y REFERENCIAS.
AGN Archivo General de la Nación.

AGNM Archivo General de Notarías, México.

AGI Archivo General de Indias.

AHH Archivo Histórico de Hacienda.

BNMa Biblioteca Nacional de Madrid.

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BAKEWELL, Meter J. (1976), Minería y sociedad en el México Colonial. Zacatecas (1546 1700), México, Fondo de Cultura Económica.
BERTRAND, Michel (1999), Grandeur et misères de l´office. Les officiers de finances de Nouvelle Espagne (XVIIe–XVIIIe siècles), Paris, Publications de la Sorbonne.
DOMÍNGUEZ Martín, Rafael (2005), “Cantabria y México: de la emigración selectiva a la emigración masiva” y “Desde la época del Virreinato a la Independencia”, en Domínguez Martín, Rafael (editor), Cántabros en México. Historia de un éxito colectivo, Santander, Gobierno de Cantabria.
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