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Sexualidad e identidad: un análisis crítico de la educacióN sexual en chile


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SEXUALIDAD e IDENTIDAD: un ANÁLISIS crítico de la

EDUCACIÓN sexual en chile
Artículo publicado en En Olavarría, J.; Moletto, E.: Hombres: Identidad/es y Sexualidad/es,

FLACSO-Chile, Universidad Academia de Humanismo Cristiano, Red de Masculinidades, Santiago, 2002: 95-109 (ISBN: 956-205-163-3)


Autor : Francisco Vidal*

Esta presentación pretende demostrar que los cambios ocurridos en la sexualidad de los y las adolescentes y jóvenes de nuestro tiempo requiere que el sistema educativo cambie su anquilosado rol de transmisor de contenidos para convertirse en un elemento activo, centrado en las preocupaciones reales de los jóvenes, que lejos de tratar de imponerles criterios morales personales -por muy legítimos que éstos puedan ser para cada persona en particular- entreguen información concreta de cómo ejercer una sexualidad sana y responsable para quienes han optado por comenzar su actividad sexual. Los docentes, en este contexto, deben convertirse en personas cercanas a los estudiantes, en amigos en los cuales puedan confiar sin temor de recibir por parte de éstos reprimendas ni respuestas evasivas. Para ello, se hace necesario formar docentes especializados en educación sexual que cuenten con la información, la empatía y la preparación necesaria para asumir los nuevos desafíos que implica la docencia en los tiempos de hoy.


En la primera parte de esta exposición haremos referencia a los problemas que ha tenido la implementación de programas de educación sexual en Chile y se describirán los resultados de algunos estudios de sexualidad realizados en nuestro país. La segunda parte, en tanto, enmarcará los cambios ocurridos a nivel de la sexualidad dentro del contexto más amplio de las transformaciones sociales ocurridas en la modernidad. La tercera parte estará dedicada al análisis de los desafíos que la epidemia del VIH/SIDA plantea a la sociedad, mientras que en la cuarta y última parte, se describirán las dificultades que han tenido los agentes tradicionales de socialización para enfrentar esta pandemia.

1. Educación, Juventud y Sexualidad
La sexualidad ha sido, desde hace mucho tiempo, uno de los temas que más polémicas ha despertado en ámbitos sociales, educacionales, culturales, jurídicos y políticos. Un claro ejemplo de ello son los debates que suscitaron –y siguen suscitando- los programas de educación sexual implementados por los ministerios de salud y educación en algunos establecimientos educacionales del país. Así, las Jornadas de Conversación sobre Afectividad y Sexualidad (JOCAS)1 fueron blanco de duros ataques por parte de distintos sectores políticos y religiosos. Por ejemplo, María Angélica Cristi acusó al Estado de «transgredir los principios y valores fundamentales a la hora de diseñar programas para la formación de niños y adolescentes como son las JOCAS». Además, en el mismo medio de comunicación, el entonces Obispo de Valparaíso, Monseñor Jorge Medina declaró que «se estaba rebajando el sexo a un nivel como no lo conocen ni los animales y los animales no tienen "chipe libre" en materia sexual»2. Por otro lado, cuando el Ministerio de Educación hace un par de años adquirió textos europeos para servir de guía en la enseñanza de la sexualidad, éstos debieron ser prontamente retirados de los establecimientos educacionales. En este caso, la polémica la despertó un capítulo dedicado al amor de uno de los textos educativos, el cual iba acompañado de ilustraciones donde se mostraban parejas heterosexuales y homosexuales tanto masculinos como femeninas. Estas ilustraciones motivaron la ira de Carlos Bombal, cuyas críticas condujeron al retiro de los textos educativos.
Para finalizar, el Programa de Sexualidad Responsable impulsado este año por las carteras de salud, educación y SERNAM debió ser suspendido dos meses, ya que “las autoridades religiosas cuestionaron que los criterios de salud primaran por sobre los valóricos y afectivos”3. En todo caso, las polémicas desatadas por la enseñanza de los métodos anticonceptivos que incluía el anterior programa, fueron claramente delimitadas por la encargada del programa de educación sexual del Ministerio de Educación, quien señaló: “Se dejó muy en claro cuál será el rol que cada uno de los sectores tendría dentro de la propuesta. Salud trabajará en los consultorios y dónde se les solicite, pero no va a ir a los colegios a enseñar métodos de anticoncepción. Cada uno tiene líneas de trabajo claras en base a su misión y hay una preocupación valórica común”4. Después de la suspensión temporal del programa, éste fue lanzado finalmente en Noviembre de este año, ocasión a la cual fue invitado Monseñor Ricardo Ezzati, Presidente del Área de Educación de la Conferencia Episcopal, quién rechazó la invitación de los personeros gubernamentales a fin de no avalar lo que no conoce. Sin embargo, a pesar del conservadurismo y del anacronismo de la postura de la Iglesia Católica en materias de sexualidad, su influencia en las políticas públicas no parece pasar tan desapercibida. Al menos así queda evidenciado en la investigación periodística realizada por Pía Rajevic, quien destaca la falta de formación de los y las jóvenes y adolescentes en relación a la sexualidad. “Sin duda que una gran responsabilidad tiene la fuerza que la Iglesia Católica ejerce en Chile, más allá del mensaje doctrinal dirigido a sus fieles, con una fuerte injerencia en las grandes decisiones que tocan la vida privada de los chilenos. Hoy se erige como defensora de un cierto status quo que no corresponde a los tiempos que se viven, y transforma al país en baluarte mundial de la defensa de ciertos dogmas del más conservador catolicismo”5.
Sin embargo, a pesar de las restricciones, críticas, limitaciones y necesarios consensos a los cuales se debe llegar para poder implementar programas de educación sexual en los establecimientos educacionales, muchos padres y, sobre todo, muchos alumnos, se han manifestado a favor de la puesta en marcha de este tipo de programas. La importancia de realizar programas de educación sexual por parte del Estado -o por otro tipo de organismo- tiene que ver con que, durante las últimas décadas, la sexualidad de los y las adolescentes y jóvenes ha experimentado notables cambios, los que tiene que ver principalmente con una mayor apertura y expresión vivencial de la misma. Esta consideración se fundamenta en los resultados de algunas investigaciones empíricas realizadas en torno al tema, tanto en nuestro país como en el extranjero.

Por ejemplo, un estudio realizado por Rubin en Estados Unidos sobre las historias sexuales de casi mil personas heterosexuales de entre 18 y 40 años, reveló «la crónica de un cambio de gigantescas proporciones en las relaciones entre hombres y mujeres durante las décadas pasadas. La primera experiencia sexual de los entrevistados de más de 40 años contrastaba dramáticamente con la relatada por los grupos de edad más joven»6. Estos resultados son concordantes con los obtenidos por Pollak en Francia, quien encontró que la edad de inicio de la actividad sexual de los menores de 35 años era radicalmente distinta de las de los grupos de mayor edad7.


Nuestro país no se ha mantenido al margen de los cambios que ha experimentado la sexualidad entre los y las adolescentes y jóvenes de Estados Unidos o Francia, ya que los resultados de los estudios de sexualidad muestran una clara tendencia a la precocidad en el inicio de las relaciones sexuales. Así, un estudio realizado entre varones mostró que los encuestados mayores de 40 años se iniciaron sexualmente entre los 18 y 21 años, mientras que los menores de 40 lo hicieron entre los 15 y 178. En el caso de las mujeres, se evidencia que el promedio de edad en que éstas inician su vida sexual entre los 18 y 19 años, en la mayor parte de los casos, antes del matrimonio9. Estos datos son coherentes por los encontrados por el Ministerio de Salud en una muestra de 5.407 personas, donde se constata que el 94% de la población mayor de 18 años de edad ya ha tenido experiencias sexuales. Comparando los tramos de dad extremos, el estudio muestra que, “entre las mujeres mayores y las jóvenes de hoy, la entrada a la sexualidad se ha adelantado en dos años: las edades medianas de iniciación bajan de los 20 a los 18 años. Entre los mismos grupos de dad de hombres se constata que la mediana de iniciación se ha reducido en un año: baja de 17 años 8 meses a 16 años y 8 meses”10
Los estudios que han abordado específicamente los estratos jóvenes de la población indican que de una muestra de más de cuatro mil personas, el 52% de los consultados inició su vida sexual antes de los 17 años, mientras que el 79% se encontraba sexualmente activo a los 1811. Resulta interesante destacar que los datos arrojados por la Tercera Encuesta Nacional de la Juventud también muestran diferencias en cuanto al estrato socioeconómico, ya que los jóvenes de estratos altos se iniciarían en la sexualidad más tardíamente que los de nivel bajo, probablemente por su menor permanencia en el sistema educacional y por la menor preparación de los padres12. En cuanto a las opiniones de los y las adolescentes y jóvenes sobre las entidades encargadas de interlocutar en materias de sexualidad y de educación sexual, una encuesta aplicada a 928 estudiantes de entre 17 y 19 años mostró que éstos reivindicaban la autonomía moral frente a la evaluación externa de la institucionalidad estatal o eclesiástica. En este sentido, Ramos concluye que los jóvenes no le reconocen ni al Estado ni a la Iglesia el derecho de controlar moralmente el comportamiento privado en materias de vida sexual13. Sin embargo, este mismo estudio también reveló que la mayor parte de los y las jóvenes considera que el amor y el afecto constituyen los principios que legitiman la vida sexual prematrimonial. Así, en la visión de los y las estudiantes, la expresión de la sexualidad se encontraría íntimamente ligada a la expresión de los afectos.
Otra manifestación concreta de la temprana iniciación sexual de los y las adolescente y jóvenes en nuestro país lo constituye el aumento en el número de adolescentes embarazadas. Las estadísticas señalan que, cada año, cerca de 40.000 niñas se convierten madres, con variaciones que van desde 40 por mil en la XII región a más de 95 por mil en la III región14. En concordancia con ello, un estudio realizado en torno a la ilegimitimidad muestra un proceso sostenido de aumento de los nacimientos ilegítimos en Chile. Entre los nacimientos ocurridos hasta 1960, un 15,9% correspondía a hijos ilegítimos, mientras que hasta 1990, el porcentaje se elevaba al 34,3%15. También debemos considerar los 150.000 abortos al año y que un grupo importante de jóvenes no usa métodos anticonceptivos, a pesar de encontrarse sexualmente activos16.
Sin embargo, los cambios observados a nivel de la sexualidad de los grupos más jóvenes, no sólo tienen que ver con la edad de inicio de la actividad sexual, sino que también -como lo han demostrado algunos estudios- con el tipo de práctica sexual en que se involucran las personas. En Estados Unidos, Rubin encontró que entre hombres y mujeres de más de 40 años, sólo un poco más del 10% había practicado el sexo oral, mientras que, en la generación actual de adolescentes, -aunque no practicado universalmente- el sexo oral frecuentemente forma parte de la actividad sexual de los jóvenes17. En cuanto a la masturbación -antaño sinónimo de sexualidad fallida- uno de los primeros informes sobre sexualidad -en Informe Kinsey- descubrió que el 90% de hombres y el 40% de las mujeres se habían masturbado alguna vez18. Estudios más recientes han elevado estas proporciones a casi el 100% en los hombres y a cerca del 70% en las mujeres19.
En el caso de nuestro país, los datos indican que esta tendencia se mantiene, ya que, de una muestra de 1.209 santiaguinos, el 39% de ellos había practicado el sexo oral20. El estudio de comportamiento sexual del Ministerio de Salud, en tanto, muestra que el 60,2% de los entrevistados declara practicar sexo oral en sus relaciones sexuales21. Nuevamente encontramos diferencias al relacionar este tipo de práctica con el estrato socioeconómico, ya que el 60% de las personas de nivel alto y el 49% de las de nivel medio declararon realizar esta práctica, mientras que sólo el 27% de las de estrato bajo respondió del mismo modo. Estos resultados parecen concordar con los obtenidos en poblaciones universitarias, donde este tipo de práctica parecería tener mayor aceptación que en otro tipo de poblaciones. El estudio de Gysling, Benavente y Olavaria mostró que los varones le asignan mayor importancia al goce sexual de su pareja, por lo cual dedican un tiempo importante a juegos sexuales previos a la penetración22. Entre estos juegos sexuales previos, los jóvenes se permiten practicar una gran diversidad de posturas y caricias, dentro de las cuales se incluye el sexo oral. Sin embargo, el grado de confianza y de preocupación por el otro que implica este tipo de práctica incide –de acuerdo a estos autores- en que éstas se lleven a cabo dentro del marco de la pareja estable y no en otro tipo de encuentro sexual ocasional.

2. Sexualidad y Sociedad Moderna
Desde un punto de vista sociológico, Giddens enfatiza que los cambios ocurridos a nivel de la sexualidad guardan íntimas relaciones con las transformaciones que han tenido lugar en las sociedades contemporáneas23. Este autor plantea que uno de los cambios más importantes de los últimos años tiene que ver con el papel que han desempeñado las mujeres en la producción de una "igualdad sexual". Esta igualdad sexual habría conducido al establecimiento de una "relación pura" entre hombres y mujeres, la cual formaría parte de una reestructuración genérica de la intimidad. Para Giddens, la relación pura es «una relación de igualdad sexual y emocional que tiene connotaciones explosivas respecto de las formas preexistentes de poder entre los diversos papeles sexuales»24. Estas transformaciones, unidas a la contracepción efectiva y a la tendencia a limitar el número de hijos, habrían influido en el surgimiento de lo que Giddens denomina la "sexualidad plástica", que es una sexualidad descentrada, liberada de las necesidades de reproducción. Esta separación que se establece entre sexualidad y reproducción encuentra su más clara expresión en que, con la ayuda de tecnologías "de punta", es posible que la segunda tenga lugar sin la intervención de la primera. Otro de los rasgos que Giddens considera característicos de la sociedad moderna se relaciona con la salida a la luz pública de las minorías sexuales. La conducta homosexual -indica este autor- ha sido influida por las mismas transformaciones que han afectado a la conducta heterosexual y su "aparición" en el escenario social han tenido profundas implicancias para la vida sexual en general.
Este planteamiento es concordante con la caracterización que hace Vattimo de la sociedad moderna, a la que denomina "sociedad transparente", cuyo rasgo central tendría que ver con la pérdida del sentido de "una sola realidad". Ello habría ocasionado la liberación de las diferencias entre las personas. Para Vattimo, esto se expresa en los esfuerzos que han hecho las minorías sexuales por hacer valer su derecho a vivir, a pensar y a actuar del modo que estimen conveniente25. Al respecto, este autor señala: «En cuanto cae la idea de una racionalidad central de la historia, el mundo de la comunicación generalizada estalla en una multiplicidad de racionalidades "locales" -minorías étnicas, sexuales, religiosas, culturales o estéticas- que se toman la palabra, al no ser, por fin, silenciadas y reprimidas por la idea que hay una sola forma verdadera de realizar la humanidad, en menoscabo de todas las peculiaridades y de todas las individualidades»26.
Esta idea de la caída de una racionalidad central de la historia puede relacionarse con los planteamientos de Lyotard sobre las sociedades modernas -o postmodernas como sostiene este autor. Para Lyotard, la sociedad moderna se caracteriza por la pérdida de legitimidad de los metarelatos anteriormente sostenidos como verdaderos -la dialéctica del espíritu, la hermenéutica del sentido o la emancipación de los trabajadores27. Esta incredulidad en los saberes sostenidos como verdaderos -como el saber científico- habrían influido en el surgimiento de conductas apáticas y desarraigadas, ya que no existiría un proyecto común que vincule a las personas28. La falta de una visión socialmente compartida de "lo verdadero" concuerda con lo que Vattimo denomina "pérdida del sentido de una realidad" ya señalado.
Un planteamiento similar al de Vattimo es el de Hegel, quien entiende la modernización como una época que extrae su normatividad a partir de sí misma y que rechaza criterios normativos provenientes de épocas anteriores. El principio básico de la modernización sería el principio de la "libertad de la subjetividad". En términos generales, Hegel caracteriza la Edad Moderna por un modo de relación del sujeto consigo mismo, que él denomina subjetividad: «El principio del mundo moderno es la libertad de la subjetividad, el que puedan desarrollarse, el que se reconozca su derecho a todos los aspectos esenciales que están presentes en la totalidad espiritual»29.
El planteamiento de Vattimo y de Lyotard sobre la sociedad postmoderna, no obstante, ha sido blanco de duras críticas por parte del continuador de la tradición sociológica frankfurtiana Jurgen Habermas, quien considera que el proyecto de la modernidad todavía no ha concluido. En este sentido, señala que los intentos de negarla corresponden al esfuerzo de los neoconservadores para que el modernismo cultural cargue el lastre de una modernización capitalista con relativo éxito en la economía y en la sociedad. Para Habermas, la cultura ha influido muy indirectamente en los rasgos considerados postmodernos, como la falta de identificación social, la falta de obediencia y el hedonismo. Así, este autor señala que las protestas contra la modernización tienen su origen en que «las esferas de la acción comunicativa, ocupadas de transmitir normas y valores, se encuentran penetradas por formas de modernización guiadas por normas de la racionalidad económica y administrativa»30.

3. Sexualidad y VIH/SIDA
Volviendo al tema de la sexualidad, Alfaro destaca que, ante la nueva realidad social y cultural que hemos descrito, existen una serie de riesgos asociados al ejercicio de la sexualidad adolescente que, según hemos señalado, se ha hecho mucho más precoz y más frecuente que en tiempos anteriores31. Estos riesgos, indica este autor, tendrían que ver con tres planos distintos:

* El plano biológico: relacionado con el embarazo adolescente y con enfermedades de transmisión sexual;

* El plano psicológico: relacionado con la vivencia dificultosa de la sexualidad y con las disfunciones sexuales;

* El plano social: relacionado con la generación de patologías sociales como la prostitución infantil y con la pornografía con menores de edad.


Con la aparición del Síndrome de la Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA), los debates suscitados en torno al tema de la sexualidad han adquirido particular relevancia. El SIDA aparece en un momento en que el hombre siente plena confianza en su razón y en su poder para controlar el mundo social y natural, dejando entrever lo que Fineberg ha denominado «las vulnerabilidades de la naturaleza humana»32 y mostrando una serie de fisuras y de conflictos no resueltos en una sociedad que aparentemente vivía sin los antagonismos que habían caracterizado la convivencia anterior. Las profundas implicancias sociales que ha tenido la aparición del SIDA en el mundo han sido adecuadamente expuestas por Nelkin, quien señala: «El SIDA no es una epidemia ordinaria. Más que una enfermedad devastadora, ésta carga con profundos significados sociales y culturales. Más que una tragedia pasajera, ésta tiene efectos de largo término en las relaciones personales, las instituciones sociales y las configuraciones culturales .... Sus efectos se extienden más allá de los costos médicos y económicos, moldeando todas las formas en que organizamos nuestras vidas individuales y colectivas»33.
En el caso de nuestro país, las personas más afectadas por el VIH son jóvenes o adultos jóvenes, encontrándose una mayor prevalencia en los grupos etáreos de entre 20 y 30 años. Los motivos de ello probablemente radiquen en que los jóvenes todavía creen que el SIDA no afecta a las personas "comunes y corrientes" sino sólo a ciertos grupos marginales dentro de la sociedad. En una encuesta realizada en las principales ciudades urbanas de nuestro país a 4.522 estudiantes de entre 15 y 17 años, se evidencia que un 72,9% de ellos considera que existen muy pocas probabilidades de adquirir el VIH/SIDA34. Ello concuerda con otros estudios realizados en torno al tema en nuestro país, donde se ha encontrado que sólo el 27% de una muestra de 1.209 santiaguinos se consideró en riesgo de adquirir alguna enfermedad de transmisión sexual35. Por otra parte, si consideramos que el 70% de los universitarios y el 25% de los alumnos de enseñanza media se encuentran sexualmente activos36, resulta claro que el tema de la sexualidad debería ser abordado de manera seria por organizaciones gubernamentales y no gubernamentales involucradas en el tema de la educación y/o de la juventud37.
Otro estudio realizado en estudiantes universitarios sexualmente activos muestra que éstos rechazan la abstinencia sexual como método de prevención del SIDA, no creen que el condón sea confiable en un cien por ciento como mecanismo preventivo y están de acuerdo que todas las personas que tengan vida sexual activa están en riesgo de contraer el VIH38. Frente a estos resultados cabe preguntarse de qué manera creen los y las jóvenes que se puede prevenir la adquisición del virus del SIDA. Al parecer, la mayor parte de los y las estudiantes cree que la pareja única representa la forma más adecuada de mantenerse alejados de los peligros implicados en una probable transmisión del VIH. Sin embargo, lo que no consideran los estudiantes es que a pesar de ser mutuamente fieles mientras dura la relación, sus parejas sexuales van cambiando rápida y sucesivamente con el transcurso del tiempo -lo que Giddens ha denominado “monogamia serial”- y que la probabilidad de adquirir el VIH en estas condiciones aumenta considerablemente. También es probable que se mantenga la creencia de que el SIDA afecta a las personas que practican los que ellos y ellas conceptualizan como “relaciones de promiscuidad sexual”, ya que, según sus respuestas, ésta sería una de las causas del SIDA39
Otra de las características de la pandemia del SIDA en nuestro país tiene que ver con sus patrones de diseminación. Así, mientras en un primer momento, los principales afectados por el VIH eran homosexuales, en la actualidad el SIDA se encuentra en todos los grupos sociales, sin distingos de ninguna especie, evidenciando una creciente heterosexualización40, feminización41 y pauperización42. Los antecedentes estadísticos muestran que la proporción hombre:mujer ha pasado de 15:1 en 1991 a 7:1 en 199643. La situación de mayor vulnerabilidad en que se encuentra la mujer con respecto al SIDA probablemente tenga que ver con las ideas machistas predominantes en nuestra sociedad. De hecho, los estudios indican que a las mujeres les da vergüenza pedir a sus parejas sexuales que usen preservativos44 y que, en caso de hacerlo, finalmente es el hombre quien decide respecto de su utilización.

4. Dificultades para una Efectiva Educación para la Prevención del SIDA
Frente a los peligros que implica la extendida actividad sexual en nuestros días, cabe preguntarse a quién le corresponde asumir la responsabilidad de formar a los y las jóvenes en el tema de la sexualidad45. En primera instancia deberíamos respondernos que la familia debe tener un rol central en este sentido. Sin embargo, la mayor parte de los padres muchas veces se sienten incómodos para hablar con sus hijos temas referidos al sexo. Seguramente esto se explica en que sus padres tampoco les hablaron estos temas cuando ellos eran pequeños. Los resultados de un estudio realizado en mujeres de distintos estratos socioeconómicos destaca la escasa preparación de las mujeres para asumir su vida sexual adulta. Al respecto las investigadoras señalan: “Esto hace que las mujeres aprendan en la práctica, casi por ensayo y error, y tengan una primera experiencia sexual cargada de dudas. Por supuesto el desarrollo de la sexualidad antes del matrimonio se hace a escondidas de los padres, confiándose algunas veces en hermanas o amigas. De hecho ninguna de las mujeres mantiene relaciones sexuales prematrimoniales con el consentimiento de los padres; ellos sólo vienen a enterarse formalmente cuando hay embarazos”46. Otra investigación realizada en hombres, también de distintos estratos socioeconómicos, mostró que, “los varones de estratos bajos no recibieron información sobre sexualidad de parte de sus progenitores, mientras que los de sectores medios y altos fueron informados por los padres, especialmente sobre biología y reproducción, pero en general la enseñanza fue pobre y ocasional. Sin embargo, se transmitió claramente el mensaje que la sexualidad activa, la expresión del deseo y el placer del varón no correspondían al ámbito de la familia. Debían invisibilizarse, eran vulgares y pecaminosos”47. Esta dificultad de los padres para hablar de sexo podría tener que ver con que éstos sean considerados como fuentes de información en materias de enfermedades de transmisión sexual por sólo el 11% de una muestra de más de mil santiaguinos48. Los medios masivos de comunicación social representan la principal fuente de información para el 74% de los entrevistados según el mismo estudio.
Las estrategias para prevenir el SIDA adoptadas en los distintos países a través de los medios masivos de comunicación han pasado por distintas etapas: [1] dar a conocer los hechos; [2] causar miedo; y [3] proporcionar una respuesta adecuada para prevenirlo49. Sin embargo, aún cuando las campañas preventivas han evolucionado en el transcurso del tiempo, lo han hecho a un ritmo que no ha podido contrapesar los avances del SIDA en el mundo. Según la Organización Mundial de la Salud a diciembre de 1999, existían en el mundo 34,3 millones de personas viviendo con VIH/SIDA50. En el caso de nuestro país, las estadísticas indican que el SIDA ha ido aumentando progresivamente año tras año, alcanzando un total de 3.741 enfermos y 4.395 personas asintomáticas hasta el 30 de junio de 2000. Además, según datos de la Comisión Nacional del SIDA (CONASIDA) han muerto a la misma fecha 2.479 persona a causa de este mal51.
En el caso de nuestro país, las dificultades para la realización de campañas preventivas sobre VIH/SIDA han sido objeto de las mismas restricciones que han sufrido los programas de educación sexual52. La expresión más clara de esto fue la negativa de megavisión y de la Corporación de Televisión de la Universidad Católica a transmitir los spots preventivos impulsados por el Ministerio de Salud en 1997. Aún cuando esta negativa fue duramente criticada desde el Gobierno, resulta curioso ese mismo año la cartera de salud decidiera terminar con esta línea de prevención. Sólo a fines de este año, a raíz de los compromisos adquiridos por Chile en la Reunión extraordinaria de Naciones Unidas para tratar el problema del SIDA, se decidió reponer la campaña de 1997. Pese a lo débil y descontextualizada que resulta la reposición de esta campaña en un contexto epidemiológico distinto, las mismas estaciones televisivas que las censuraron en 1997, también lo hicieron este año. En la actualidad, megavisión y el canal católico sólo transmiten las campañas de la línea telefónica fonosida.
El sistema educacional representa otra de las entidades que debería tener un rol central en la preparación del joven para enfrentar la vida en un sentido amplio, no sólo en términos de habilidades académicas. Sin embargo, los problemas que el sistema educacional ha puesto en evidencia para asumir su rol formativo han sido de variada índole53, enfrentando incluso las presiones de sectores eclesiásticos54. En primer lugar, los alumnos y las alumnas de los establecimientos educacionales no tienen, en su gran mayoría, cursos de educación sexual y, cuando los tienen, se asemejan a cursos de anatomía de la sexualidad o de biología de la reproducción, que se alejan de los requerimientos e intereses reales de los y las jóvenes. Ello se refleja en los resultados de una encuesta realizada en nuestro país, donde las investigadoras concluyen que «lo dicho por los profesores era muy general y poco específico. Un ejemplo de ello son las siguientes declaraciones: "... cosas muy vagas, casi no recuerdo", "... en una escuela industrial es poco lo que te pueden dar en ese aspecto, tuvimos una charla sobre enfermedades, pero no me acuerdo ..."»55. En otros casos, el sistema educacional no sólo se ha desentendido de entregar información correcta a los y las jóvenes acerca de la sexualidad, sino que además, como demuestra Olavaria, se ha encargado de transmitir un mensaje censurador y represor de la sexualidad. “Entre los varones populares, el colegio ni siquiera mencionó la genitalidad. Para los varones de sectores medios altos que estudiaron en colegios católicos, la sexualidad, el goce y el placer –fuese el autoerotismo (la masturbación) o las relaciones sexuales prematrimoniales- eran pecaminosos. El que se masturbaba debía ir al confesionario, ofendían a Dios y a su cuerpo”56.
También debemos recalcar –como hicimos al comenzar esta presentación- que la temática de la homosexualidad ha sido permanentemente invisibilizada en los programas de educación sexual y que las veces que ha sido incorporada ha sido objeto de duras críticas tanto de parte de la derecha política como de las filas eclesiásticas. En este contexto, cabe preguntarse por la calidad y normalidad del proceso de desarrollo de la identidad de las personas homosexuales. Para Laing, el proceso de formación de la identidad no es un proceso puramente psicológico, ya que en él intervienen fuertemente elementos de naturaleza social, por lo cual la “identidad propia” de una persona nunca podría ser completamente abstraída de su “identidad para los otros”57. Al respecto, Goffman distingue entre una identidad social virtual, que corresponde a la imagen que proyectan las personas y una identidad social real, que equivale a lo que efectivamente son58. Estas identidades podrían tener un cierto grado de discrepancia cuando la persona posee un atributo que desea ocultar, ya que lo podría hacer susceptible de estigmatización. Esta susceptibilidad de estigmatización estaría en función del grado de "visibilidad" de signos portadores de información social que al ser accesibles, buscados y recibidos de forma regular y frecuente, pasan a ser "símbolos de estigma"59.
Los sujetos susceptibles de estigmatización tienden a evitar sufrir el descrédito y los devastadores efectos emocionales que la estigmatización pudiera producir a través de la utilización de mecanismos defensivos tales como el control de la información proporcionada y el uso de símbolos de status propios del grupo al cual se desea pertenecer. De acuerdo a Goffman, las personas susceptibles de estigmatización sufren una gran ambivalencia del Yo, puesto que adquieren estándares de identidad que aplican a sí mismos, a pesar de no poder adaptarse a ellos.
Si aplicamos el esquema de análisis de Goffman a las minorías sexuales, resulta claro que los homosexuales aprenderán, desde su más tierna infancia, que sus deseos son malos, que sus impulsos son sucios y que sus sentimientos son pecaminosos. Como consecuencia de ello tratarán de mostrar al resto de las personas una identidad social virtual, que entrará en un conflicto con su identidad social real. La permanente tensión y el constante temor de que su identidad social real sea descubierta los llevará a tratar de invisibilizar sus símbolos de estigma y a adoptar los símbolos de status heterosexuales, con el consecuente daño a su identidad que esto provocará.
Si entendemos la educación como un proceso de humanización cabe preguntarse por la humanidad que tiene para las minorías sexuales un proceso en el cual se ven forzados a vivir una discrepancia entre su identidad social virtual y su identidad social real y a vivir en el permanente temor a ser objeto de burlas y de discriminaciones en caso que su identidad social real sea descubierta. Desde esta perspectiva, quienes no aceptan que el tema de la homosexualidad sea abordado como parte de los contenidos de un Programa Nacional de Educación Sexual están siendo cómplices de una discriminación arbitraria, injusta y poco democrática. Resulta contradictorio que la institución que promueve esta arbitrariedad sea la misma que se considere la portadora de los valores de humanidad, igualdad y solidaridad de la cultura occidental.

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* Magíster en Sociología, docente de la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación y de Universidad ARCIS. Asesor Metodológico VIVO POSITIVO

1 Las JOCAS son una estrategia educativa «cuya finalidad es satisfacer las necesidades de aprendizaje en educación sexual tanto de los/as alumnos/as como de sus padres y profesores. Supone, a la vez, la participación activa de los agentes educativos de la comunidad» (Ministerio de Educación; Programa de la Mujer, 1996: 6).

2 La Tercera, 10 de Septiembre de 1996: 4.

3 La Segunda, 5 de noviembre de 2001: 2.

4 La Segunda, 5 de noviembre de 2001: 2.

5 Rajevic, 2000: 19.

6 Rubin, 1990: 8. En Giddens, 1995.

7 Pollak, 1992.

8 Diagnos, 1984.

9 Valdés, Benavente & Gysling, 1999.

10 Ministerio de Salud, Comisión Nacional del SIDA, 2001: 32.

11 Bernal, Boncacic, Edwards, Méndez y Guler, 1994.

12 Instituto Nacional de la Juventud, 2001.

13 Ramos, 1995.

14 Ver CORSAPS, SERNAM, 1994:7.

15 Guevara, 1994.

16 Ver Bernal y Bonacic, 1992; Kleincsek, Aravena, Oróstegui y Unger, 1996

17 Rubin, 1990: 8. En Giddens, 1995.

18 Kinsey, 1953.

19 Masters y Johnson, 1993.

20 Kleincsek, Aravena, Oróstegui y Unger, 1996.

21 Ministerio de Salud, Comisión Nacional del SIDA, 2001: 38.

22 Gysling, Benavente y Olavaria, 1997.

23 Un análisis de la aplicación de las Teorías de Modernización en América Latina se encuentra en Brunner, 1986.

24 Giddens, 1995: 11-2. Una definición más acabada de la relación pura señala que ésta «se refiere a una situación en la que una relación social se establece por iniciativa propia asumiendo lo que se puede derivar para cada persona de una asociación sostenida con otra y que prosigue sólo en la medida en que se juzga por ambas partes que esta asociación produce la suficiente satisfacción para cada individuo» (Giddens, 1995: 60).

25 Vattimo, 1990.

26 Vattimo, 1990: 84.

27 Para Lyotard, el término "postmoderno" «designa al estado de la cultura después de las transformaciones que han afectado a la ciencia, la literatura y las artes a partir del siglo XIX [ ... ]. Simplificando, se tiene por postmoderna a la incredulidad con respecto a los metarelatos» (Lyotard, 1989: 9-10).

28 Si para la modernidad el sujeto se presenta como integrado, coherente y centrado, para la postmodernidad el sujeto está esencialmente fragmentado y descentrado en su ser íntimo, incapaz de unificar sus experiencias» (Larraín, 1991:12).

29 Hegel, G.: Suhrkamp-Werkausgabe tomo 7: 439. Citado en Habermas, 1989: 28-9.

30 Habermas, 1988: 2

31 Ver Alfaro y otros, 1993.

32 Fineberg, 1988.

33 Nelkin, Willis y Parris, 1990: 1. Un interesante análisis del SIDA desde un punto de vista socio-cultural con énfasis en el lenguaje se encuentra en Sontag, 1989.

34 Bernal, Boncacic, Edwards, Méndez y Guler, 1994.

35 Kleincsek, Aravena, Oróstegui y Unger, 1996.

36 Bernal y Bonacic, 1992.

37 Al respecto, ver Vidal, Zúñiga y Donoso, 2001

38 Vidal, y Donoso, 2001

39 Vidal, Donoso, Guajardo & Canales, 2001

40 Rosenthal y Reichler, 1994.

41 Bascuñán y Guerrero, 1996.

42 Chauvin, 1996.

43 Comisión Nacional del SIDA (CONASIDA), 1998.

44 Vidal y Donoso, 2001.

45 Ver Vidal, 1995.

46 Valdés, Benavente & Gysling, 1999: 66.

47 Olavaria, 2001: 43.

48 Kleincsek, Aravena, Oróstegui y Unger, 1996.

49 Bush y Boller, 1991; Vidal y Ramos, 1994.

50 ONUSIDA, 2000

51 Comisión Nacional del SIDA (CONASIDA), 2000. Un análisis epidemiológico de los diez años del SIDA en Chile se encuentra en Comisión Nacional del SIDA (CONASIDA), 1995.

52 Un análisis de los medios de comunicación en relación al SIDA se encuentra en Vidal y Ramos, 1994.

53 Ver Miranda, 1990.

54 Una clara expresión de la separación que existe entre el pensamiento de la Iglesia Católica y el de la juventud en materias de sexualidad quedó claramente expresada cuando el Papa Juan Pablo II, ante 70.000 jóvenes católicos congregados en el Estadio Nacional, les pregunta “queréis renunciar al ídolo del sexo” y la respuesta de los jóvenes fue un rotundo “no”. Un análisis de esta temática, se encuentra en Rajevic, 2000.

55 Kleincsek, Aravena, Oróstegui y Unger, 1996:96.

56 Olavaria, 2001: 44.

57 Laing, 1974.

58 Goffman, 1970.

59 Goffman se refiere a los símbolos de estigma como "aquellos signos especialmente efectivos para llamar la atención sobre una degradante incongruencia de la identidad, y capaces de quebrar lo que de otro modo seria una imagen totalmente coherente, disminuyendo de tal suerte nuestra valorización del individuo".


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