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Señor Ministro de Cultura y Patrimonio; señor presidente de la


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DISCURSO

Señor Ministro de Cultura y Patrimonio; señor presidente de la Asociación de funcionarios y empleados del servicio exterior ecuatoriano; señores miembros de la mesa directiva, amigos, amigas:

Que se me permita comenzar mi intervención con una breve y conocida historia:

Al razonar sobre la invención de los disparatados libros de caballerías que han vuelto el juicio al ingenioso hidalgo de la Mancha, el canónigo esgrime ante el cura una norma fundamental para escritores de ficción: “tanto la mentira es mejor cuanto más parece verdadera”. Y añade: Lo escrito ha de ser verosímil, apacible de estilo y con ingeniosa invención, que tire lo más que fuere posible a la verdad, para conseguir el fin mejor que se pretende en los escritos, que es enseñar y deleitar juntamente”.

He traído esta referencia cervantina, porque este bello libro indispensable, es, como quería Cervantes, ‘apacible y de ingeniosa invención’. No precisa de verosimilitud, pues sus autores no se propusieron contar ficción alguna, sino referirse a personalidades con logros y valores históricos, comprobables, a su labor de diplomáticos, a sus libros. Realizado a base de exhaustiva búsqueda biobibliográfica, expresa, como debe hacerlo la historia, luchas, sinrazones y temores que acompañan a todo trabajo en beneficio de la patria, primero, por el logro de su independencia, y luego, por su camino indeclinable, hecho de renuncias heroicas, hacia la constitución de una verdadera nación, y su influencia posible, ante todo cultural, en el devenir universal. Su lectura deja en el lector el deseo de que sigan sirviendo al país diplomáticos nutridos de inteligencia y fortaleza, ajenos a la frivolidad a la que el camino que eligieron, lamentablemente, se presta; luchadores en lo público y en lo privado, que integren su inquietud por la nación con el cuidado por ese ámbito más universal y grande que es el de la búsqueda del conocimiento intelectual y la conquista de la belleza creadora.

Cada capítulo nos entrega, en estilo apacible y profundo, estudios esenciales; la concepción del libro, la elección de nombres y obras; el escrutinio y sondeo en textos expresivos de la doble condición de cada biografiado, todo se ha conseguido, y el libro cumple el fin que Cervantes atribuía a la obra lograda: deleitar y enseñar. Carlos Abad Ortiz, Presidente de la Asociación de funcionarios y empleados del servicio exterior ecuatoriano, en el enjundioso prólogo que, como todo lo que empieza, es una pregunta, inquiere: producción literaria y servicio exterior, ¿son actividades complementarias? ¿Es posible la armonía simultánea entre ellas? ¿Pueden conciliarse el ámbito burocrático que exige la diplomacia, con esa suma de inteligencia, rebeldía e interrogación íntimas que requiere la tarea de escribir? El prologuista cita al poeta francés Alexis Léger que, para seguir la exigencia de su vocación de escritor reniega de la tarea diplomática, renuncia a su propio nombre, y se convierte en Saint John Perse, poeta y premio Nobel. Pero también podemos evocar la vida del gran dramaturgo, diplomático y poeta Paúl Claudel, que sin renunciar a la diplomacia, tanto contribuyó al merecido prestigio de la literatura francesa. Los dos pertenecen a una patria en la cual la reputación de la literatura y de la libertad de creación es inconmensurable, y que da muestras de igual respeto por la tarea diplomática. En la nuestra, una gran mayoría de los más altos representantes de la literatura y el pensamiento nacionales han formado parte del servicio exterior mostrando, a la vez, la fortaleza intelectual y la vocación de servicio de la diplomacia de carrera.

Como toda búsqueda es reiteración y cada encuentro, coincidencia, no extrañe que yo haya buscado, entre tantos nombres ilustres, los de quienes pertenecieron a la Academia Ecuatoriana de la Lengua. No es un dato ilusorio: demuestra, a la vez, la exigencia de la Academia y la relevancia de sus miembros. Entre los cuarenta y cuatro personajes citados, más de la mitad, veinticuatro de ellos fueron académicos. Los nombro en orden alfabético de apellidos: Raúl Andrade, Alfonso Barrera, Leopoldo Benites, José Rafael Bustamante, Jorge Carrera Andrade, Benjamín Carrión, Gonzalo Escudero, José Modesto Espinosa, Antonio Flores Jijón, Renán Flores Jaramillo, Cristóbal Gangotena y Jijón. Francisco Guarderas, Darío Lara, Numa Pompilio Llona, Hugo Moncayo, Alfredo Pareja, Víctor Manuel Rendón, Jorge Salvador Lara, Filoteo Samaniego, Carlos R Tobar, Francisco Tobar García, Carlos Tobar y Borgoño, Honorato Vázquez, Gonzalo Zaldumbide.

Antes de citar, a manera de ejemplo, tres cortos textos de tres diplomáticos-poetas, he de referirme, en justicia, a la sutil lucidez del crítico, diplomático, novelista y académico, Francisco Proaño Arandi, cuya contribución, junto a la de Alejandra Adoum que realiza los minuciosos estudios biográficos, son resultado de notable y generoso esfuerzo. Los pasajes citados de los cuarenta biografiados no son solo literarios, y lo relevo, en este tiempo de apuros y logros fáciles, cuando entre nosotros resulta arduo encontrar a alguien que escriba bien: sorprende y encanta el estilo en que se escribían informes, comentarios, cartas, como si cada documento fuera digno –y lo es- de la mejor palabra. Para dar sabor a las mías, elijo textos de tres académicos-poetas, lo cual no es un azar, pues la gran poesía es el súmmum de la perfección idiomática. Al atender a la penúltima cita, veremos cómo la visión del poeta ilumina tanta cuestión inevitablemente prosaica exigida por la diplomacia.

Leeré breves textos de Jorge Carrera Andrade, Francisco Tobar García y Gonzalo Escudero. Los tres, eximios poetas y académicos, aunque Tobar García, en los avatares de su ir y venir vital, no llegó a leer el discurso en su calidad de recipiendario. Los capítulos que los autores dedican a cada uno de ellos tienen extensión singular, dentro del gran conjunto.

De Carrera Andrade, uno de los más relevantes poetas ecuatorianos del siglo XX, el crítico nos regala el encanto metafórico de sus microgramas: “Ostión de dos tapas:/ tu cofre de calcio / guarda el manuscrito / de algún buque náufrago”. O “Araña del suelo: /charretera/ caída del hombro del tiempo”. Y Caracol: / Mínima cinta métrica / con que mide el campo Dios”.

En cuanto al profano y querido maestro Francisco Tobar García, rebelde contra toda realidad, rebelde contra sí mismo, el crítico Francisco Proaño eligió textos de informes enviados al canciller Edgar Terán, sobre ciertas circunstancias de su misión en Haití y su mirada, llena de amor y sensibilidad por ese hermano y sufriente país:

En cuanto a la situación económica de Haití, hay que decir que, lejos de mejorar, se deteriora cada día más. Solo el miedo y la desconfianza sembrados por “Papa Doc”, hacen que el pueblo permanezca mudo y pasivo. El país más pobre de América, paradójicamente, es el más caro. He estudiado pacientemente el nivel de los precios en EE UU y en Venezuela, y estos son tres veces menores que los haitianos. Es tremendo reconocer que la gran masa de campesinos se alimenta de raíces y que en algunas zonas del país, subsiste la antropofagia. […] Durante los cinco años que he estado en Haití he ido pergeñando un libro, cuyo título es “En la abrasada calma”. Me parece que esto es lo que ocurre en Haití: un calor que embriaga a la gente sin ser excesivo. Nadie se afana por nada y esta calma se rompe solo a partir del mes de enero en que comienzan los preparativos del Carnaval. ¿Pan y circo? No, solamente circo. Una barra de pan cuesta cincuenta sucres… [Diplomáticos en la literatura ecuatoriana, p. 467]

De Gonzalo Escudero, la expresión poética más acendrada, limpia y trabajada del extraordinario lapso de poesía que fue el siglo XX en el Ecuador, recordemos



Contrapunto

I

Ah cómo y cuándo en el ocaso puro / se juntaron el pájaro y la ola. // Ola de pluma, el pájaro maduro, / y pájaro de espuma, la ola sola. // Rota su voz, quedó el arpegio oscuro / en el registro de la caracola. // De mar como de cielo, contrapunto, / ola trizada y pájaro difunto.



II

Orilla de eco y litoral de aroma, / pájaro y ola en el azar deshechos. / Pero la niña al vendaval asoma / de nuez y aurora sus frugales pechos. // Ya la atavían, brasa de paloma, / delfines con oceánicos helechos. // Y se desnuda en cántico y en cobre, / pájaro y ola de la mar salobre.

III

A soledades juntas advinieron / el ángel y el vestiglo descendidos. / A la niña de nardo se ciñeron / las algas de sus ecos balbucidos. // Sus plumajes de niebla se rompieron / con celajes de pluma confundidos. / Cítara de perfume en el lamento, / quedó la niña sola con el viento.



Confío en haber contribuido a acercar a ustedes a este hermoso volumen. Bello por su contenido, como también por el arte de su diseño, diagramación e imágenes. Que su lectura nos ayude a liberarnos de las noticias siempre breves con que nos abruma la comunicación actual y a sentir el calor y la gracia de una lectura insinuante, lenta, sugestiva, que envía, incansablemente, a otra, a otras.

Susana Cordero de Espinosa



Directora de la Academia Ecuatoriana de la Lengua


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