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Sentencia numero: sesenta y tres


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SENTENCIA NUMERO: SESENTA Y TRES

En la ciudad de Córdoba, a los veintinueve días del mes de marzo de dos mil doce, siendo las doce horas, se constituyó en audiencia pública la Sala Penal del Tribunal Superior de Justicia, presidida por la doctora Aída Tarditti, con asistencia de las señoras Vocales doctoras María Esther Cafure de Battistelli y María de las Mercedes Blanc G. de Arabel, a los fines de dictar sentencia en los autos “Quiroga, Claudio Gabriel p.s.a. vejaciones calificadas, etc. -Recurso de Casación-” (Expte. “Q”, 14/2009), con motivo de los recursos de casación interpuestos por el Fiscal de Cámara, Dr. Jorge Alfredo Medina, y el querellante particular, Dr. Héctor Lucio Giuliani, y por el defensor de Claudio Gabriel Quiroga, Dr. Enrique Zabala, en contra de la Sentencia número ciento nueve, del diecisiete de noviembre de dos mil nueve, dictada por la Cámara en lo Criminal de Segunda Nominación de la ciudad de Río Cuarto, mediante Sala Unipersonal.

Abierto el acto por la Sra. Presidente, se informa que las cuestiones a resolver son las siguientes:

1) ¿Ha sido indebidamente fundada la resolución en cuanto a la absolución del imputado Claudio Gabriel Quiroga por el hecho nominado primero?

2) ¿Resulta indebidamente motivada la sentencia en cuanto a la conclusión relativa a la participación del hecho nominado segundo?

3) ¿Qué resolución corresponde dictar?

Las señoras Vocales emitirán sus votos en el siguiente orden: Dras. Aída Tarditti, María Esther Cafure de Battistelli y María de las Mercedes Blanc G. de Arabel.

A LA PRIMERA CUESTIÓN:


La señora Vocal doctora Aída Tarditti, dijo:

I. Por la Sentencia n° 109, del 17 de noviembre de 2009, la Cámara Segunda en lo Criminal de la ciudad de Río Cuarto, mediante Sala Unipersonal, resolvió: "II) Absolver a Claudio Gabriel Quiroga, ya filiado, del delito de vejaciones calificadas (art. 144 bis inc. 2º y último párrafo, en función del art. 142 inc. 3º del CP) que se le atribuye por el primer hecho, sin costas (art. 411 del CPP). III) Declarar a Claudio Gabriel Quiroga, ya filiado, autor material y penalmente responsable del delito de lesiones leves (art. 89 del CP) por el segundo hecho, e imponerle la pena de tres meses de prisión en suspenso y las costas (arts. 5, 9, 26, 29 inc. 3°, 40, 41 y cc. del C. Penal y arts. 412, 550, 551 y cc. del CPP). IV) Imponer a Claudio Gabriel QUIROGA, ya filiado, como reglas de conducta, las que se extenderán por el término que dure la condena, las siguientes obligaciones: a) fijar domicilio y comunicar al Tribunal cualquier cambio del mismo. b) Observar especialmente las obligaciones de abstenerse de usar estupefacientes e ingerir bebidas alcohólicas, obligaciones que regirán hasta el día en que cumpla íntegramente la condena impuesta, todo ello bajo apercibimiento del art. 27 bis del CP ultima parte".

II. El Fiscal de Cámara, Dr. Jorge Alfredo Medina, y el querellante particular, Dr. Héctor Lucio Giuliani, interponen recurso de casación en contra de la aludida decisión e invocan argumentos que sustentan el motivo formal (CPP, art. 468 inc. 2).

En concreto, denuncian que dicha resolución ha sido indebidamente fundada en cuanto a la absolución del acusado por el hecho nominado primero. A continuación, hacen consideraciones acerca de la motivación de la sentencia, del análisis de la prueba visto desde la teoría de la comunicación, a la vez que señalan que no se consignaron en el decisorio los argumentos elaborados por la parte acusadora, lo que impide contrastarlos con los del juez interviniente.

Reseñan elementos probatorios que resultan contradictorios con las conclusiones a las que arribó el Tribunal de juicio. Así, manifiestan que no existía una distancia de 30 ó 40 metros desde la cocina hasta la oficina de la guardia de la Sub Comisaría Centro (sólo se constató en la inspección ocular que había 10 o 12 metros); tampoco surge de los testimonios receptados que los testigos hayan observado sangre en Ángel Gómez, ni tampoco lesiones visibles hasta el momento de su detención -conforme las declaraciones de Amado Américo Lucero, fs. 276/277, Walter Paolini, fs. 274/275, Luis Alberto Jaime, fs. 13/14 y 88/89, e incluso la Sra. Roxana del Carmen Grande, fs. 22/23, y los funcionarios policiales Mario Sánchez, fs. 18/19 y Puertas Herédica, fs. 80/81 y 111-.

Cuestionan que los testimonios de Mario Sánchez y de Nieber Rojas Giordano hayan sido narrados conforme lo consignó el sentenciante, además que se omitieron extractos del de Luis Alberto Jaime, de los cuales surgía una profunda sospecha sobre la causa que los funcionarios policiales pretendieron llevar adelante sobre lesiones en riña.

Aducieron que el Dr. Rubén Aurelio Pieroni no atendió a Gómez cuando ingresó a la Alcaldía así como tampoco, cuando fue sacado de la misma, refiriendo que quienes lo trataron fueron los médicos del Nuevo Hospital. Iguales observaciones tuvo el abogado defensor del imputado en su alegato.

Advierten que no es posible obtener prueba independiente a los testimonios de la víctima y de Roxana Grande (que recibió la versión de ésta), dado que Quiroga era superior de los funcionarios policiales que prestaban labores en la Sub Comisaría Centro. Es que se demostró que en cuanto al segundo hecho, que presionó al padre del menor víctima para que retirara la denuncia, con lo cual "no es difícil imaginar lo que ha operado para obtener una posición favorable de sus compañeros y subordinados al declarar por el hecho de vejámenes".

Observan que debe ponderarse como elementos de convicción autónomos las constancias obrantes en los Libros de Guardia de la Alcaldía y de la Sub Comisaría Centro, de los cuales se desprende que quien entrega a Cristián Gómez a la Primera es Quiroga, que es quien luego lo retira de la misma, para trasladarlo al Nosocomio -Nuevo Hospital San Antonio de Padua.

Conforme los dichos del damnificado y de los Dres. Mazzuchelli y Pieroni, niegan que las lesiones del primero hayan sido producidas en la riña en la que participó previo a ser detenido. Señalan que el elemento contundente al que hacen referencia los galenos (punta de un palo de escoba), se asemeja a la tonfa que es un instrumento que Quiroga conoce porque es utilizado por la fuerza policial. Describen el origen y el uso de la tonfa.

Aducen que el Sr. Vocal no tuvo en cuenta el hecho objetivo y puntual relativo al ingreso del detenido a la Departamental de Río Cuarto, su identificación, traslado a la Alcaldía desde la Guardia de la Sub Comisaría Centro y el lugar preciso y exacto que detalló la víctima en donde fue golpeado por el imputado antes de ingresar al primer recinto.

Enumeran que no se consideró como prueba independiente la declaración del Dr. Mazzuccelli -médico forense de los Tribunales de la ciudad de Río Cuarto-, ni la documental incorporada -copias de los Libros de Guardia de la Alcaldía de la Subcomisaria Centro-, así como tampoco la historia clínica del denunciante, ni los testimonios de los funcionarios Mario Sánchez y Luis Puertas Heredia, Amado Américo Lucero, Walter Paolini, Alberto Jaime (que no ven sangre ni lesiones en Gómez antes de la detención), ni las deposiciones de los funcionarios a cargo de la Alcaldía esa noche, Paola Pérez y Guillermo Priotti, los que ven al funcionario Quiroga ingresar a Gómez, y que éste les manifestó "... que lo habían golpeado que le dolía todo el cuerpo", "no doy más, me duele el estómago, Quiroga me las va a pagar, yo soy una persona operada".

Afirman que estos elementos probatorios corroboran que el acusado se encontraba en el lugar del hecho, tal como surge y se ha constatado de las testimoniales y de la documental incorporadas en autos e incluso de la propia declaración que efectuó el imputado en el debate oral y público.

En suma, solicitan que se anule el decisorio recurrido en cuanto absolvió al acusado por el hecho nominado primero (fs. 558/570).



III. Por dictamen P N° 39/10 el Sr. Fiscal General de la Provincia, Dr. Darío Vezzaro, mantuvo el recurso deducido por el Sr. Fiscal de la Cámara del Crimen de la ciudad de Río Cuarto y del querellante particular, Dr. Héctor Lucio Giuliani -apoderado del querellante particular Ángel Alejandro Gómez- (fs. 578/580 de autos).

IV. De la atenta lectura del libelo recursivo, se advierte que el gravamen expuesto por los quejosos radica en que el Tribunal de mérito omitió valorar prueba dirimente que acreditaba que el acusado Quiroga detuvo a la víctima, la trasladó hasta la dependencia policial y una vez allí, le aplicó golpes de puño y con la tonfa y puntapiés, produciéndole lesiones que finalmente desencadenaron en fuertes dolores de abdomen. Además, señalan que en razón de ello el imputado, alertado por los otros detenidos que se hallaban en la celda del damnificado, debió trasladarlo al hospital, previo examen del médico de la policía que se encontraba en dicho destacamento, precisando, además, que el traslado se produjo mediante tirones de pelos.

Recordemos que en relación a la temática que aquí nos ocupa, la causa exhibe las siguientes constancias:



1. La plataforma fáctica del hecho primero atribuida al incoado Quiroga aparece fijada (conforme al auto interlocutorio Nº 66 de fs. 341/346 -que confirma la requisitoria fiscal de elevación a juicio de fs. 303/324) de la siguiente forma: "Con fecha veintiséis de agosto de dos mil siete, siendo aproximadamente las cuatro de la madrugada, en la vía pública, precisamente en la intersección de calles 25 de Mayo y San Lorenzo de esta ciudad de Río Cuarto, en el marco de un procedimiento policial, Claudio Gabriel Quiroga interceptó al ciudadano Ángel Alejandro Cristian Gómez, quién había mantenido una discusión con su pareja (Roxana Grande) en el interior del local bailable “Club el Sol”, y previo requerirle los datos personales, lo detuvo trasladándolo hasta la Sub-comisaría Centro de la UDRC, trayecto durante el cual mantuvo un intercambio de palabras con el detenido llegando a anunciarle “...cuando lleguemos a la Comisaría, vamos a ver si seguís contestando tanto...”. Una vez en la dependencia policial, junto a otro policía, aún no identificado por la instrucción, lo trasladó hasta el garaje de la Jefatura de la Unidad Departamental (lugar desde el cual se accede a la Alcaidía de la Jefatura) y en ese recinto le aplicó golpes con la tonfa que portaba, como así también con sus puños y piés, en distintas partes del cuerpo, hasta provocarle su caída al piso para, finalmente, guiarlo hasta la Alcaidía a los fines de su alojamiento en la celda N° 13.

Transcurrida aproximadamente media hora, debido a que Gómez se encontraba imposibilitado de reincorporase por los golpes recibidos, se le acercó y tomándolo de los cabellos lo condujo hasta la enfermería de esa misma dependencia, para finalmente trasladarlo hasta el Nuevo Hospital San Antonio de Padua de esta ciudad de Río Cuarto, en el móvil policial en que se conducía. Una vez en el nosocomio, lo ayudó a acostarse en una de las camillas de la guardia y mientras hacía esto le manifestó “...si tenés códigos espero que mueras callado con lo que pasó...” para luego retirarse del lugar dejando a Gómez en ese recinto. Como consecuencia de las agresiones recibidas, Ángel Alejandro Cristian Gómez sufrió traumatismo cerrado de abdomen que demandó su intervención quirúrgica, diagnosticándosele lesión intestinal con un tiempo de curación e inhabilitación para el trabajo mayor a treinta días".

Sobre tales circunstancias fácticas, Claudio Gabriel Quiroga, al momento de ejercer su defensa material dijo que negaba los hechos que se le atribuían y se abstenía de seguir declarando. A lo largo del debate, solicitó ampliar su declaración y manifestó que "nunca vio a Gómez, no participó del procedimiento pero puede ser que le haya leído su identificación; en el comando cumplió función de segundo jefe. Esa madrugada estuvo en la jefatura, tratando de enseñar a los jóvenes agentes. Escucha comentarios de un personal que habría ingresado a la guardia y un fuerte golpe, seguramente un detenido. Observa un espacio de treinta o cuarenta metros de la puerta con algunos rastros de sangre en la boca y nariz lo toma del hombro y le pregunta porque había ingresado y le contesta por una riña. Niega el imputado haber protagonizado el hecho, niega haber estado en el procedimiento de la detención de Gómez y reconoce haber estado en la comisaría centro tratando de calmar a Gómez ante una situación que generó el imputado, ante el estado de alcoholización. Ese día se manejaba en un Siena, Clío y camioneta (el destacado me pertenece, fs. 505 y vta.).



2. La Cámara del Crimen resolvió que existiendo duda acerca de la participación del imputado en el hecho nominado primero, Claudio Gabriel Quiroga, debía ser absuelto por el delito de vejaciones calificadas (art. 144 bis inc. 2º y último párrafo, en función del art. 142 inc. 3º del CP).

Luego de reiterar la declaración indagatoria del imputado y los testimonios de todos los testigos que depusieron en el debate (fs. 529/543 vta.), señaló que "como conclusión de la prueba valorada me hace ver que efectivamente en el Club El Sol, alrededor de las cuatro de la madrugada del día veintiséis de agosto de dos mil siete se habría producido una pelea entre Ángel Alejandro Cristian Gómez y Roxana Grande, quienes habrían discutido a la salida del mismo y Gómez le pegó a la mujer lo que le provocó un estado de nervios y llanto, que se descompuso y se sentó al costado de la vereda, ante esta situación Gómez fue interceptado por un grupo de personas que se encontraban en el lugar y tratando se separarlo le pegaron y que al tratar de defenderse cae al suelo y le pegan patadas, llegando luego personal policial, siendo retirado del lugar hasta la central de Policía, lugar donde llega y es trasladado a la celda de alojamiento, lugar donde por reclamo de los alojados allí interviene el personal de la guardia y lo retiran para ser trasladado al hospital".

Agregó que "a Claudio Gabriel Quiroga se le imputa haber golpeado a Gómez antes de ingresar a la celda, por su mal accionar con su pareja, lo que no surge de prueba independiente alguna, ya que son solo comentarios que parte del propio Gómez y nadie mas relata ese hecho salvo los dichos de Roxana Grande, que solo son fruto de lo que le manifestara el propio Gómez pero no ha podido ser corroborado por prueba independiente".

Descartó el testimonio de Gómez por cuanto "no fue verás en su declaración ya que manifestó que a la mujer nunca le pegó cuando en realidad si fue así ya que fue visto por los testigos entre los cuales se encuentra, Paolini y Escudero, así también Roxana Grande quiso justificar su estado diciendo que estaba embarazada y que la lastimadura del labio era por cuanto ella comía frutilla y cortaba con cuchillo, lo que en realidad fue el golpe de Gómez, también es cierto que Gómez padecía de una enfermedad en el estomago de vieja data y las fotografías acompañadas en la causa (fs. 135/136), son como consecuencia de un disparo de arma de fuego posterior al hecho que estamos investigando, por lo que estas fotografías no se pueden valorar como prueba válida".

Consideró que "por los dichos de los Dres. Mazzuchelli y Pieroni, coincidieron en decir que al ser el intestino un órgano móvil difícilmente pueda ser perforado por golpes de puño o patadas ya que es más propio de golpes con elemento contundente. Al haber declarado verdades parciales el testigo damnificado es imposible discriminar entre la verdad y la mentira y que aún no se corrobora con prueba independiente alguna, en relación a los golpes que dice haber recibido del oficial Quiroga, que si bien se efectuó una inspección ocular esta solo arrojó resultados de distancia, ángulos de visibilidad y lugares de acceso desde la guardia principal de entrada, ingresando por la cochera y hasta las celdas".

Finalmente, expuso que "mas aún Gómez es conocido en el ambiente por haber ingresos con anterioridad a la policía por conflictos con la ley penal, por lo que todos estos elementos no son suficientes para despejar toda duda en relación a la autoría y participación responsable de Claudio Gabriel Quiroga en este primer hecho, teniendo en cuenta que de la investigación y del desarrollo de la prueba no surge con certeza absoluta, que Quiroga sea el autor de este primer hecho por el que viene acusado".



V.1. Como cuestión liminar, corresponde recordar cuál es el límite que la solución en virtud del in dubio pro reo impone a la revisión casatoria, conforme se ha establecido en reiterados precedentes (TSJ, Sala Penal, "Angeloz", S. n° 148, 29/12/99; "Bona", S. n° 109, 11/12/00; "Franget", A. nº 298, 11/9/2003; “Figueroa”, S. nº 102, 30/04/2008, entre muchos otros).

En ellos, rescatando antigua y respetada jurisprudencia de la Sala, respaldada por autorizada doctrina, se concluyó que el estándar de revisión de la absolución por duda debe acotarse sólo a los supuestos de falta de fundamentación, fundamentación ilegal o fundamentación omisiva o ilógica, manteniéndose ajenos a esta vía los agravios enderezados a procurar el control de la aplicación de las reglas de la sana crítica racional en la determinación del valor conviccional de las pruebas (TSJ, Sala Penal, A. n° 114, 1/7/97, "Angeloz"; S. n° 91, 25/08/05, “Criado”; S. n° 193, 21/12/06, “Battistón”, entre muchos otros; cfr., Núñez, Ricardo C., El contralor de las sentencias de los tribunales de juicio por vía de la casación, Opúsculos de Derecho Penal y Criminología, N° 40, Marcos Lerner Editora Córdoba, p. 31; De la Rúa, Fernando, La casación penal, Ed. Depalma, p. 152 y 153; Bacigalupo, Enrique, La impugnación de los hechos probados en la casación penal y otros estudios, Ad-Hoc, Presunción de inocencia, in dubio pro reo y recurso de casación, p. 26 a 34, 44 y 45).

Este estándar se mantiene respecto del recurso de casación de los acusadores, pues el imputado tiene un derecho al recurso asegurado constitucionalmente (CADH, 8, 2, h) que provoca un mayor contenido revisable y entre éste se encuentra la determinación del valor convictivo de las pruebas con el límite de la inmediación, en procura de resguardar la interdicción de la arbitrariedad en el ejercicio de esas potestades por el Tribunal del juicio.

2. A continuación, reseñaremos la prueba dirimente que los recurrentes denuncian omitida a fin de contrastarla con los argumentos esbozados por el sentenciante.

En primer término, en orden al episodio transcurrido en el club bailable El Sol ha quedado firme que Ángel Gómez y su concubina, Roxana del Carmen Grande, mientras discutían en el interior del mismo fueron desplazados hacia afuera por Mario Sánchez y Néstor Luis Puertas Heredia, que eran policías que prestaban servicios adicionales en el lugar. Una vez allí continuaron la discusión a punto tal que Gómez le pegó a su concubina, que estaba embarazada de 6 meses, lo cual despertó la atención de Amado Américo Lucero y Walter Héctor Paoloni que casualmente se hallaban en las inmediaciones. Ello provocó que éstos lo increparan mediante golpes de puño. A raíz de este episodio, Luis Alberto Jaime, el cuidador de autos del sitio, anotició a los mencionados policías los cuales a su vez solicitaron refuerzos.

En principio, hasta este momento de los acontecimientos no hay controversia alguna. Con lo cual nos limitaremos al examen de las pruebas referidas a los hechos discutidos en razón de los episodios ocurridos dicha noche.

a. Oficiales de la policía que concurrieron a la intersección de calles 25 de Mayo y San Lorenzo.

Sobre este punto, el policía Sánchez expuso que "en la oportunidad no vio al Oficial Quiroga y no recuerda quién era el juez de faltas. Que Gómez sube a un móvil policial y cree que era un Fiat Siena, el acompañante del móvil era Rojas y cree que manejaba el Oficial Vildoza". Su compañero de servicio, Puertas Heredia, afirmó al respecto que "la Sra. de Gómez sale caminando a calle San Lorenzo momento en el que llega la ambulancia y el móvil policial con el oficial Rojas Jordano y Bildoza, se retiran en el móvil policial y la ambulancia y no sabe más que pasó... Que conoce al Oficial Quiroga y que es excelente" (el destacado me pertenece).

El Oficial Inspector Nieber Rojas Giordano que se encontraba a cargo del Comando Radioeléctrico, aseveró que "el oficial Mendoza le pide que lo acompañe, requieren ayuda policial ya que habría entre ocho o diez personas en 25 de Mayo y San Lorenzo, y en el lugar estaban los policías Mario Sánchez y Puertas Heredia. Llega un automóvil policial al lugar que era un Clío Azul, conducido por el oficial Vildoza, Quiroga no venía en el auto, lo recibe a Gómez y anota como si fuera él quién lo había llevado a la comisaría".

Lucas Francisco Vildoza, Oficial Inspector que ese día estaba de turno en la Jefatura y pide al comando un móvil para controlar al personal y ver el movimiento que había en la ciudad cree que el móvil era un Siena, cuando solicita el móvil, lo manejaba el oficial Rojas y que hace diez años que está en la fuerza, en ese momento era la máxima autoridad. Es normal que el superior de turno estuviera recorriendo la ciudad, que el automóvil pudo haber sido un Renault Clío, que los policías que se encontraban en el lugar eran Sánchez y Puerta, cuando llega estaba calmada la situación.



Luis Alberto Jaime luego de narrar el episodio entre Gómez y los dos sujetos que lo agredieron señaló que "cuando vio que llegaban más policías y una ambulancia, se retiró hacia la otra esquina llegando a calle Las Heras, por lo que dejó de observar lo que sucedía con estas personas... Que el refuerzo policial llegó en un auto de la policía marca Renault Clio y una camioneta de la CAP, sin poder decir cuántos policías bajaron de dichos vehículos ni tampoco describirlos o decir quienes eran, puesto que no los vio bien. Por último, aclaró que no sabe quien subió a la ambulancia y tampoco en qué trasladaron a la pareja de la mujer, porque como lo explicara, ya se había alejado del lugar. Que no vio bajar al policía Quiroga del Renault Clío" (el destacado me pertenece).

Por su parte, Gómez manifestó que "...cuando salieron del baile siguieron discutiendo, dirigiéndose hacia la esquina y cuando ya habían realizado unos cien metros, aproximadamente, se detuvo al lado de ellos un móvil policial, del interior del mismo bajaron dos policías, pudiendo reconocer sólo a uno de ellos como de apellido Quiroga. Que los dos uniformados les preguntaron los datos de ambos y como él no tenía documentos le dijeron que los tenía que acompañar hasta la central... aceptó subir al móvil policial y en el trayecto hasta la Sub Comisaría Centro recuerda que discutió fuertemente con Quiroga, quién permanentemente le anunciaba “...cuando lleguemos a la Comisaría, vamos a ver si seguís contestando tanto...”.

La hermana de la víctima, Florencia Matilde Sottelli, recibió de éste la declaración de lo ocurrido luego de que se escapara del hospital donde lo habían depositado, previamente y en cuanto al momento en que lo aprendieron señaló que "se hizo presente una camioneta de la CAP y un móvil policial que le describió como un vehículo marca “Renault Clio”. Le dijo que bajaron varios policías y comenzaron a pegarle, pudiendo identificar solamente a uno de ellos, puesto que llevaba una placa en el pecho con el nombre de Gustavo Quiroga".

La concubina de la víctima señaló que "una vez en la calle, caminaron aproximadamente una cuadra y ya finalizada la discusión, se detuvieron a esperar un remis. Que mientras esperaban, vieron llegar un móvil del comando –un auto chico de color azul oscuro- del que se bajaron dos policías, identificando a uno de ellos como Gustavo Quiroga, puesto que llevaba una placa blanca en el pecho con su nombre, pudiendo describirlo como un hombre morocho, morrudo, alto y que parece “un ropero” de lo grande que es"(el destacado nos pertenece).

Dados estos elementos de prueba, advertimos que el sentenciante no ha dado cuenta de los discordantes testimonios de los policías Sánchez, Puertas Heredia, Rojas Giordani y Vildoza acerca de cómo se distribuyeron las tareas al momento de aprehensión a Gómez en las inmediaciones del local bailable. Así, Sánchez y Vildoza afirmaron que este último y Rojas se conducían en el mismo vehículo, siendo que éste manifestó lo contrario; además los dos primeros difirieron sobre quién actuaba como conductor del rodado y quien como acompañante. Además, es claro que han sido varios los policías intervinientes en dicho procedimiento con lo cual pudo pasarles desapercibido la presencia de Quiroga.

Asimismo, tampoco ha ponderado el sentenciante que la víctima reconoció sólo a Quiroga porque llevaba consigo una placa que tenía inscripto su nombre, dato que horas más tarde transmitió a su hermana, también coincidió la concubina del damnificado en que identificó a Quiroga en ese momento por su insignia, dando además señas físicas concretas del acusado, diferenciándolo del otro policía que avistó en el lugar.

En suma, el Tribunal de mérito omitió ponderar tales probanzas lo cual deja huérfana de argumentos a la resolución al haber descartado este extremo que cuenta con clara incidencia en la hipótesis criminal por cuanto marca la intervención inicial de Quiroga.

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