Página principal

Selección 3 En memoria de John Wood Campbell, Jr. (1910-71), por razones que esta obra revelará ampliamente. Títulos originales de los cuentos: Cronogato


Descargar 0.99 Mb.
Página1/14
Fecha de conversión18.07.2016
Tamaño0.99 Mb.
  1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   14



Isaac Asimov

Selección 3

En memoria de John Wood Campbell, Jr. (1910-71), por razones que esta obra revelará ampliamente.

Títulos originales de los cuentos:



  • Cronogato (Time Pussy; 1942)

The Early Asimov.

  • ¡Autor! ¡Autor! (Author! Author!; 1964)

The Unknown 5.

  • Sentencia de muerte (Death Sentence;1943)

Astounding SF, Nov 1943.

  • Callejón sin salida (Blind Alley; 1945)

Astounding SF, Mar 1945.

  • ¡No hay relación! (No Connection;1948)

Astounding SF, June 1948

  • Las propiedades endocrónicas de la tiotimolina re-sublimada (The Endochronic Properties of Resublimated Thiotimoline;1948)

Astounding SF, March 1948

  • La carrera de la reina encarnada (The Red Queen's Race;1949)

Astounding SF, January 1949

  • Madre Tierra (Mother Earth; 1949)

Astounding SF, May 1949.

Asimov y la SF posatómica

Con este tercer tomo finaliza la antología de relatos «juveniles» de Asimov, escritos en la década de los 40.

Tras la Segunda Guerra Mundial, y en función, sobre todo, del monstruoso genocidio de Hiroshima, el mundo, quizá por primera vez & escala masiva, toma conciencia del inmenso poder de la ciencia y la tecnología avan­zada... y también del terrible peligro que encierran. Y, poco después, con la llamada «guerra fría», el espectro nuclear conjurado en Hiroshima, lejos de desvanecerse como una horrible y vergonzosa pesadilla, se concreta en una apocalíptica espada de Damocles suspendida so­bre la cabeza de la Humanidad Son los años de la esca­lada de armamentos (solo aparentemente sublimada en la carrera espacial), los años neuróticos en que el esta­dounidense medio incluye entre sus aspiraciones inmediatas la de construirse un refugio antiatómico en el sótano de su casa.

De esta situación demencial sólo iban a beneficiarse los fabricantes de armas... y la ciencia ficción. La preo­cupación por el poder insospechado de la ciencia y la psicosis nuclear, parcialmente exorcizadas luego por la euforia de los primeros pasos por el espacio, constituye­ron un óptimo caldo de cultivo para la proliferación de los relatos de SF.

Y Asimov pertenece precisamente —tal vez sea su máximo exponente— a esa afortunada generación de es­critores de SF que se formaron durante los años 40 y alcanzaron su plenitud literaria en los 50, el período de mayor auge del género (lo que se ha llamado su «Edad de Oro»).

Si en los relatos de los dos tomos anteriores de esta antología —especialmente en el primero— asistíamos a los vacilantes tanteos iniciales de un autor joven en un terreno literario igualmente joven, en esta tercera selec­ción ya se perfilan claramente los elementos temáticos y conceptuales que darán pie a varias de las más logra­das obras de Asimov, así como algunas de las ideas que —a fuerza de ser abordadas una y otra vez y desde los más variados ángulos por diversos autores— acabarían convirtiéndose en «tópicos» (en un sentido no necesaria­mente peyorativo de la palabra) del género.

Así, en Sentencia de muerte nos encontramos ya con el concepto de «psicohistoria», ciencia hipotética que ser­viría de armazón al ciclo de las «Fundaciones» (de inmi­nente publicación en esta misma colección), a la vez que expone una de las ideas que con el tiempo se converti­ría en «clásica» dentro de la SF: la inquietante posibili­dad de que el hombre sea poco más que un conejillo de indias en manos de una raza superior.

En Callejón sin salida nos encontramos no ya con la temática pero sí con el escenario de las «Fundaciones»: un Imperio Galáctico regido por una burocracia necesa­riamente desmesurada, donde la interpretación y empleo de los «cauces legales» se ha convertido en un arte com­plejísimo y a menudo desconcertante.

Por su parte, Madre Tierra (uno de los relatos más sutiles de la antología, aunque también el más irritante ideológicamente) constituye un claro antecedente de las novelas El sol desnudo y Las cuevas de acero, esta últi­ma considerada como un clásico de la SF policíaca.

Y al margen de las temáticas asimovianas habituales, No hay relación nos traslada a un futuro remotísimo en el que el hombre ha desaparecido de la faz del planeta, mientras que en La carrera de la Reina Roja tenemos la paradoja temporal en su forma más clásica, un tema espectacular aunque de rápido agotamiento, que en los años 50 sería explotado hasta la saciedad.



De este modo, con un avance de los temas y enfoques más característicos tanto de la producción asimoviana madura como de la SF de los 50 en general, termina esta triple antología, destinada principalmente a ofrecer un panorama de la evolución del género a través de una selección cronológica de relatos y comentarios de uno de sus principales exponentes, en una etapa decisiva tanto para el autor como para la SF.
garlo frabetti

El 17 de noviembre de 1941, el día que presenté y ven­dí Bridle and Sadle, Campbell me habló de su proyecto de iniciar una nueva sección en Astounding, titulada «Probabilidad Cero». Sería una sección de relatos cor­tos, pero cortos de verdad, de quinientas a mil palabras, que habrían de ser unas mentiras plausibles y entrete­nidas al estilo de las famosas fanfarronadas del barón de Münchhausen Campbell pensaba que, además del valor como entretenimiento que tuvieran dichos trabajos, la sección ofrecería una puerta de entrada a los principian­tes, los cuales podrían empezar a introducirse en el mercado sin tener que competir tan duramente con los autores acreditados. Sería como una escalera para ascen­der a la categoría de profesionales.

En teoría, la idea era buena, y hasta dio cierto fruto, Ray Bradbury, que más tarde sería uno de los escrito­res más conocidos y apreciados de ciencia ficción, entró en el género con un trabajito para «Probabilidad Cero», en el número de julio de 1942 de Astounding. Hal Clement y George O. Smith también publicaron cosas en «Probabilidad Cero» casi en los mismos comienzos de sus respectivas carreras.

Por desgracia, no dio bastante resultado. Campbell tuvo que poner la sección en marcha con profesionales, en la confianza de que los aficionados la llevarían ade­lante en cuanto vieran qué quería él. Sin embargo, nunca hubo bastantes aficionados que alcanzasen el nivel que Campbell exigía, ni siquiera para narraciones ultracortas poco complicadas, y después de aparecer una docena de veces a lo largo de dos años y medio, la sección «Proba­bilidad Cero» se suprimió. Campbell abandonó el em­peño.

El mismo 17 de noviembre quiso que yo le escribiera un «Probabilidad Cero». A mí me encantó que me consi­derase ya en tal grado de virtuosismo como para poder encargarme que hiciera lo que él quería, a la medida. Me senté en seguida a la máquina y le escribí una narración ultracorta titulada El gran juego. El 24 de noviem­bre de 1941 se la enseñé. El le echó un vistazo, y con viva sorpresa por mi parte, me la devolvió. No era lo que necesitaba.

Me gustaría recordar de qué trataba este relato, por­que yo lo tenía en suficiente estima como para presen­tarlo a la revista Collier's (revista de gran tirada que infundía mucho respeto) en 1944... y, por supuesto, lo rechazaron. Sin embargo, el título no me trae nada a la memoria, y el relato ya no existe.

Lo intenté por segunda vez y produje un relato «robot positrónico» humorístico titulado Primera ley. Se lo en­señé a Campbell el 1 de diciembre, y tampoco le gustó. No obstante, esta vez guarde el trabajito. Gracias a Dios, había acabado aprendiendo que hay que guardar cuidadosamente para la eternidad las obras literarias, por muchas veces que te las rechacen. El gran juego fue el decimoprimero de los cuentos míos desaparecidos, y fue también el último.

En el caso de Primera ley, vino un tiempo en que una revista que en 1941 no existía me pidió un trabajo. La revista en cuestión era Fantastic Universe, cuyo di­rector, Hans Stefan Santesson, me pidió un relato a un precio que habría estado bien en 1941, pero que a mitad de los años cincuenta no me sentía inclinado a aceptar. Sin embargo, me acordé de Primera ley y se lo mandé. El lo aceptó y lo publicó en el número de octubre de 1956 de Fantastic Universe, y, más tarde, yo lo incluí en El resto de los Robots.

Pero volvamos a «Probabilidad Cero»... Probé por tercera vez con un cuento corto titulado Cronogato, que escribí la mañana del domingo 7 de di­ciembre de 1941, terminándolo momentos antes de que la radio enloqueciera con las noticias de Pearl Harbour. Se lo llevé a Campbell al día siguiente (¡la vida sigue!) y esta vez lo aceptó, aunque «no demasiado entusiásticamente», según mi diario.

  1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   14


La base de datos está protegida por derechos de autor ©espanito.com 2016
enviar mensaje