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¿Se puede hablar del Reino de Dios, anunciado por Juan Bautista y por Jesús de Nazaret, sin hablar de los romanos?


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¿Se puede hablar del Reino de Dios,
anunciado por Juan Bautista y por Jesús de Nazaret,
sin hablar de los romanos?

E
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el diàleg amb Pope Godoy
sta pregunta me iba creciendo en mi interior a medida que leía el artículo de Jon Sobrino, “El Reino de Dios y Jesús. Compasión, justicia y mesa compartida”, publicado en Concilium (nº 326, junio 2008, pag. 399-409).

Recordaba que hacía unos años me habían dado cinco razones para explicar la muerte de Jesús. Ninguna de ellas hacía referencia a los romanos. Temía que me encontraría en un caso parecido.

Me parece que muchos se ponen a hablar del “Reino de Dios” sin haberse leído el libro “Los mitos políticos” de Manuel García-Pelayo. Y me parece también que algunos hablan del “Reino e Dios” sin haberse leído los primeros versículos del tercer capítulo del evangelio que llamamos “de Mateo”.

En diálogo con Pope Godoy

Pues yo soy uno de los que no ha leído “Los mitos políticos”. Y, como la inmensa mayoría de quienes intentamos acercarnos a Jesús de Nazaret y su mensaje sobre el Reinado de Dios, entendemos que tenemos derecho a bucear en su contenido aunque no hayamos leído el libro de Gª-Pelayo. Y es que esto del Reino de Dios empezó muchos veranos antes de que Gª-Pelayo escribiera su libro. (Un poquito de humor, ¿no?)



Mi contra-respuesta

En primer lugar agradecerte que te hayas leído mi panfleto (que no tenía pretensiones de ser un “estudio”) y que te hayas tomado la molestia de añadirle unas estrofas. Sin querer repetir un tópico, veo que es más lo que nos une que lo que nos separa. ¡No podía ser menos!

No sé si te has dejado “atrapar” por mi chulería: me refiero a mi mención al libro de Manuel García Pelayo (Los mitos políticos). En mi intención era casi un párrafo de agradecimiento: una forma de agradecer a un amigo (a Domingo Melero) la pista que me dio hace ya muchos años. El libro lo compré en Salamanca después de recorrer infructuosamente diversas librerías y, al final, lo compré a precio de nuevo (era el último ejemplar que quedaba), aunque tenía todos los visos de haber sido ya leído por más de un lector.

Era también una manera de agradecer a un laico (Don Manuel García Pelayo) el que me hubiera ayudado a situar un tema “religioso” en el contexto de la historia de hombres y mujeres en búsqueda de esperanzas liberadoras. Don Manuel también nos advierte -y es de agradecer- del posible uso “maligno” que este mito del Reino de Dios (o su más amplio mitologema del “Reino feliz de los últimos tiempos”) ha tenido a lo largo de la historia (también dentro de la historia del cristianismo).

Me parece que, por mi parte, después del trabajo que te has tomado, es un deber reseguir las “diferencias” que podamos tener.

Y así, entre los unos y los otros, la feligresía puede salir con la impresión de que el tema del “Reino de Dios” no sólo es el tema central de la predicación religiosa de Jesús, sino un tema original de Jesús, el que nos da la clave interpretativa de su revelación de Dios.



En diálogo con Pope Godoy

Efectivamente, yo soy uno de quienes piensan que el tema del “Reino de Dios” es el tema central de la predicación religiosa de Jesús. Sobre si es un tema original de Jesús puede haber más matizaciones. Lo iremos viendo a medida que comento tu trabajo.



Mi contra-respuesta

Supongo que podríamos llegar al acuerdo de decir que “el tema del Reino de Dios es el tema central de la predicación de Jesús”, suprimiendo el adjetivo “religiosa”. Hoy día, nuestra feligresía (educada por los malos predicadores de “dar a Dios lo que es Dios y al césar lo que es del césar) puede hacer compartimentos estancos entre lo “religioso” y lo “no-religioso”. Suprimir este adjetivo no es suprimir la dimensión “teológica” del mensaje de Jesús. Teología que no sería muy diferente de la que Flavio Josefo otorga a los de la “cuarta filosofía”, la que nació con la llamada dirigida al pueblo a la sedición por Judas de Gamala y Sadok, un fariseo.

Un solo Dios a quien haya que reconocer por señor y rey (mo,non hvgemo,na kai. despo,thn to.n Qeo.n)

Un tan ardiente amor a la libertad (tou/ evleuqe,rou e;rwj) que no hay tormento que no sufran… antes de dar a un hombre el nombre de señor y maestro (μηδένα ἄνθρωπον προσαγορεύειν δεσπότην)

Vayamos poco a poco, empezando por lo que puede ser más fácil. Primera afirmación que es necesario hacer:

Jesús de Nazaret no fue el primero que habló del “Reino de Dios”

Mt 3, 1-2 VEn de. tai/j h`me,raij evkei,naij paragi,netai VIwa,nnhj o` baptisth.j khru,sswn evn th/| evrh,mw| th/j VIoudai,aj

Îkai.Ð le,gwn( Metanoei/te\ h;ggiken ga.r h` basilei,a tw/n ouvranw/nÅ

Por aquellos días se presentó Juan Bautista que predicaba en el desierto de Judea, diciendo: Convertíos, que el Reino del cielo está cerca.

Mt 4,17 VApo. to,te h;rxato o` VIhsou/j khru,ssein kai. le,gein( Metanoei/te\ h;ggiken ga.r h` basilei,a tw/n ouvranw/nÅ

Desde entonces Jesús empezó a predicar. Y decía: Convertíos, que el Reino del cielo está cerca.

No es preciso insistir más en este punto: el tema del “Reino de Dios” no es un tema original de la predicación de Jesús; es un tema que viene de lejos. Y por eso nadie le pregunta: ¿Qué es esto del Reino de Dios? Y por eso, desde el primer momento encuentra fervientes partidarios. Y por eso, también desde el primer momento, tiene enemigos que ya piensan cómo condenarle a muerte (Mc 3,6).



En diálogo con Pope Godoy

Desde el punto de vista histórico, es poco probable que Juan Bautista hablara del Reinado de Dios. Sólo aparece en una de las seis fuentes independientes relativas a la vida de Jesús. Falta en la Fuente Marcos, en la Fuente Q, en la Fuente específica de Lucas, en la Fuente Juan y, por supuesto, en la Fuente Pablo. Sólo aparece en la Fuente específica de Mateo.

El tema no tiene más importancia, pero no podemos pasarlo por alto. Ahora bien, queda una pregunta clave: ¿decían lo mismo el Bautista y Jesús con ese hipotético uso de la expresión “reinado de Dios”? De esto no dices nada.

Me parece importante destacar que la fórmula “Reino-Reinado de Dios” no aparece en ningún libro hebreo del AT. Con mucha frecuencia aparece que Dios es Rey, pero nunca se formula Reinado de Dios. Sólo aparece una sola vez en el libro de la Sabiduría (10,10), que, como sabes, ya se escribe en griego y utiliza la versión griega de los LXX para sus referencias a otros libros del AT. Parece que este libro se escribió en Alejandría. Y la fecha se sitúa en tiempos de Jesús o poco antes. Es seguro que Jesús no lo conoció, mucho menos estando escrito en griego.



Mi contra-respuesta

¿Habló Juan Bautista del “Reino de Dios”? No seré yo quien quiera dar una facticidad histórica a cada una de las afirmaciones de los evangelios, pero en algún punto han de coincidir el maestro y el discípulo (en este caso, el “maestro” es Juan y el “discípulo” es Jesús). A Mateo, quien poco después intentará romper e invertir esta relación “maestro-discípulo” (Mt 3, 13-15), no le podía interesar de ninguna manera que Juan Bautista se hubiera adelantado en el mensaje central de Jesús. Luego, difícilmente se lo hubiera inventado. Releyendo cosas que me has ido mandando, he visto que a principios del 2007 no tenías inconveniente en admitir que “Respecto al RD, pienso que Jesús, en un primer momento, es deudor del Bautista (va a su rueda)”.

¿Cómo se puede explicar que sólo lo diga Mateo? ¿Y las otras cinco fuentes? Juan Bautista no entra en la temática de Pablo (tú ya lo das por supuesto que no se puede encontrar tal cosa en la Fuente Pablo). Juan el Bautista, en la presentación que el evangelio de Juan hace de él, queda sin personalidad propia: no es el mesías, no es Elías, no es el Profeta… Sólo es el que da testimonio de Jesús. Ya sabes, que en mi opinión, Lucas era alérgico al tema del “Reino de Dios” y lo excluye de toda presentación programática, tanto de Juan Bautista como de Jesús. La Fuente Q, si no voy equivocado, es una reconstrucción a posteriori de todo lo que es común a Mateo y Lucas. Y Marcos no demuestra demasiado interés en la predicación de Juan Bautista.

La pregunta clave: ¿Decían lo mismo el Bautista y Jesús con ese hipotético uso de la expresión “reinado de Dios”? Quizás la pregunta la deberíamos plantear de otro modo: ¿Entendían lo mismo los oyentes del Bautista y de Jesús?

.

La segunda afirmación nos exigirá un poco más de tiempo:



El tema del “Reino de Dios” es una forma concreta de un mito que descansa en las profundidades del imaginario humano y que sale a la superficie cuando se dan unas determinadas condiciones psico-sociológicas.

Y es en este punto donde la lectura de Los mitos políticos nos puede ayudar



  1. Cada una de las grandes configuraciones del pensamiento, antes de recibir su específica forma y carácter lógicos, ha tenido que pasar por un preestadio mítico y las grandes construcciones científicas son expresión de imágenes primordiales, es decir, de arquetipos míticos (Jung).

Mito y razón son dos formas de estar y de orientarse en el mundo, que, por lo tanto, dan origen a dos esquemas interpretativos: una misma idea puede expresarse en forma mítica y en forma racional, de modo que la diferencia radicaría no tanto en su contenido cuanto en su modalidad.

  1. Los mitos sirven también para mantener la esperanza en la destrucción del status social existente y para la movilización de las fuerzas necesarias para tal objetivo. Pero si bien podemos admitir que el mito existe siempre como un componente necesario de la dialéctica social, no es menos cierto que irrumpe hasta adquirir su imperio sobre las actitudes y las formas racionalizadas en los momentos críticos.

Cada nueva irrupción suele tener un carácter recurrente, es decir, reproduce en imágenes y símbolos nuevos, adecuados a su coyuntura, arquetipos míticos originarios, que se repiten, aunque en distinta forma, a lo largo de la historia. Por ejemplo, imágenes míticas como la edad de oro en el comienzo de los tiempos, la subsiguiente decadencia en la servidumbre y degeneración, la recuperación en la edad de oro al final de los tiempos, la redención por el sacrificio del redentor, la catástrofe que señala la liquidación del mundo caduco y el nacimiento de un nuevo eón, todas ellas son intuiciones míticas que se encuentran desplegadas racionalmente por el marxismo.

J


Ver un resumen
ung ha explicado psicológicamente la reiteración de los motivos míticos, viendo en ellos expresiones del inconsciente colectivo existente en la psique de cada persona individual y cuyo contenido no se debe a experiencias personales, sino a experiencias colectivas constantemente repetidas a lo largo de la historia desde el comienzo de la vida. Estas experiencias se configuran en lo que Jung denomina arquetipos, que son así "ideas estampadas en el cerebro humano" que "no pertenecen al dominio de la historia personal, sino a los secretos de la historia de la humanidad". Esos módulos preexistentes e innatos -los arquetipos- reproducen en los individuos más ampliamente diferenciados y en situaciones históricas distintas, similares ideas míticas y cuyo origen no puede, por tanto, imputarse a ninguna experiencia individual.

  1. Nuestra época racionalizada ha redescubierto la realidad del mito como un profundo fenómeno psíquico y social y ha adquirido conciencia de la función histórico-social del mito, es decir, de su utilidad para mantener sistemas o para promover movimientos sociopolíticos.

  2. A través de tiempos, culturas y sistemas sociales podemos captar la permanencia de un mitologema político al que designamos como reino feliz de los tiempos finales. En todo caso, al final del tiempo vendrá un reino feliz en el que la humanidad se verá libre de los problemas que la agobian, un orden coincidente con el hombre, y en el que, por tanto, éste se sentirá feliz.

Mitologema: conjunto de representaciones manifestadas en imágenes y símbolos, confundidas y mezcladas en un todo, susceptibles de cambios, mientras se conserve el núcleo.



Formas del mito en la historia

El Cakravartin (o "el que gira la rueda")

En la India se desenvolvió el mito -ya originado en los tiempos pre-arios- de un monarca salvador que, reduciendo todos los pueblos a unidad política, les daría un régimen de paz y de bienestar.

Nacerá un hombre, reconocible por ciertas señales de su cuerpo y de su alma, como llamado a ser el rey universal de la paz. La presencia de lo sobrenatural se ratifica en cuanto que el momento de iniciar su misión le será indicado por la aparición en el cielo de una rueda o círculo radial (cakra) que, poniéndose en movimiento, precederá al rey y le guiará en sus campañas… estableciendo así el imperio universal de la paz y de la virtud.

En éste como en otros casos, el mito sirvió de cobertura ideológica para ciertos monarcas que, dominando a los pueblos no precisamente por la fuerza moral sino por la violencia de las armas, asumieron la denominación de cakravartn, que se convirtió así en un título equivalente al de emperador o rey de reyes



E
Ahura Mazdâ

Déu suprem de l’Iran antic, el nom del qual esdevingué Ôrmazd en texts posteriors. És el déu principal dels aquemènides, creador del bé i del mal, de la llum i de la foscor, en lluita amb l’esperit maligne Ahrimân, el qual ell vencerà a la fi del temps. És el principi monoteista en el pensament de Zaratustra.


l triunfo de Ahuramazda

Según el zoroastrismo, la unidad preexistente a la creación, unidad personificada en Ahuramazda, se dividió, una vez creado el mundo, en el principio del bien y de la concordia (personificado en Spentamainyo) y en el del mal y la discordia (personificado en Angramainyo). Para ayudar en la lucha entre estos dos principios, Ahuramazda envía ciertos salvadores que impiden que todo se hunda e introducen mejoras transitorias de la creación. Al fin de los tiempos, el último de los salvadores vencerá definitivamente al dragón y entonces no sólo habrá una salvación individual, sino también una salvación social (unidad de la humanidad fundada sobre el amor recíproco que, siendo reflejo de la unidad divina, se convierte en vía de integración con Dios). Se inaugurará un orden suprahistórico en el que el mundo será perfecto, pues no habrá cambio ni mortalidad, desaparecerá la corrupción y la descomposición, serán excluidos el mal, la mentira y las malas costumbres, se introducirá el buen hablar, desaparecerán el hambre y la sed, resucitarán los muertos y los vivos compartirán la inmortalidad.



En Roma

Pretensiones romanas de establecer no solamente un imperio universal, sino también una era feliz que cerraría la historia, reproduciendo así el tema arquetípico de la plenitud de las gentes, del espacio y de los tiempos. De este modo, el mito del reino final se politiza definitivamente al ser encarnado por una potencia política.

Tenemos fragmentos de las sibilas, el Carmen Saeculare de Horacio y la Egloga IV de Virgilio.

El reino definitivo y feliz sólo se realizará a través de una intervención sobrenatural: un emperador salvador, de naturaleza divina ("Salvador del género humano", "Guía de la Fortuna", "Tiempos de felicidad", "Restituye los tiempos", "Conservador de la vida sempiterna", "Viene el Esperado", "Trae la Luz eterna"…).

En más de un testimonio, el imperio romano se manifiesta a algunos contemporáneos como la realización de la edad dorada sobre la tierra.

Pervivencia del mito

De este mito oriental de un reino venidero que cerraría la historia dando una forma definitiva y feliz a la humanidad, nunca se ha desprendido del todo el ser humano y está presente en nuestra época, como más adelante veremos, en más de una versión.



En diálogo con Pope Godoy

Los datos y la documentación que aportas aquí me parecen muy interesantes. Nos permiten ver que los seres humanos tenemos aspiraciones muy profundas y muy comunes, más allá de las diferencias culturales o religiosas.

Me pregunto: ¿Cita Gª-Pelayo el Antiguo Testamento en esta relación de fuentes donde se plasma esa utopía colectiva?

Y si no la cita el autor, ¿cómo es que no la citas tú? Porque Jesús de Nazaret no conocía El Cakravartin, ni a Ahuramazda ni a Virgilio. Jesús bebió de las fuentes del AT. ¿No te parece que, al hablar del Reino de Dios que anuncia Jesús es importante conocer sus fuentes más cercanas? Pienso que no tenemos que ser chovinistas, pero tampoco acomplejados. El AT tiene metáforas bellísimas sobre la utopía del reino final, sobre todo Isaías.

Pero, además, sería interesante conocer cómo el NT incorpora esa utopía final, incluso en Pablo. Pero sobre todo en el Apocalipsis, que es el libro por antonomasia de la utopía final en Dios.

Mi contra-respuesta

Te preguntas si García Pelayo cita el Antiguo Testamento. Sí, pero yo me lo salté, porque mi intención sólo era hacer ver que este mito se daba en otras culturas.

El esquema del capítulo es el siguiente:


EL REINO FELIZ DE LOS TIEMPOS FINALES

  1. INTRODUCCIÓN

    1. Sobre el interés por los mitos

    2. Objeto de este trabajo

    3. Formulación del mito del reino

  2. FORMAS DEL MITO

    1. El Cakravarin o el “que gira la rueda”

    2. El triunfo de Ahuramazda

    3. El León de Judea

    4. Roma, revelación del poder divino en la historia

    5. El comienzo de la idea del milenio

    6. El último emperador

    7. De Joaquín de Fiore a los anabaptistas de Münster

    8. Utopía y mito en el mundo moderno

    9. El mito del reino en nuestra época

      1. La sociedad sin clases

      2. El Reich milenario

      3. Formas populares y primitivas

  3. PALABRAS FINALES

El libro de García Pelayo es una reunión de diversos artículos anteriormente publicados. Te mando, en fichero adjunto, lo correspondiente a “El León de Judea” y, en otro fichero, “Las ideas hebreas del Reino de Dios”, que es un apartado de otro capítulo, esto es de otro artículo (“El Reino de Dios, arquetipo político”). De García Pelayo, me basta quedarme con la idea de que el “Reino de Dios” es una especie del género “El Reino feliz de los últimos tiempos” (género y especie en el sentido de las divisiones escolásticas).

¿Por qué yo no cito las fuentes del Antiguo Testamento? Mi pretensión no es hacer un “estudio” sobre el Reino de Dios, sino sólo hacer una afirmación, la que resumo en mi segunda tesis o afirmación: “El tema del “Reino de Dios” es una forma concreta de un mito que descansa en las profundidades del imaginario humano y que sale a la superficie cuando se dan unas determinadas condiciones psico-sociológicas”.

Que el tema del “Reino de Dios” anunciado por Jesús tiene una historia pasada ya lo apunto: “es un tema que viene de lejos”; y que esta historia pasada es la del pueblo hebreo también lo dejo apuntado: “…para que hiciera irrupción, una vez más en la historia de los pueblos y clases oprimidas, el mito del “reino feliz de los tiempos finales”, que tomó sus formas concretas modeladas por la historia del pueblo hebreo con la denominación de “Reino de Dios”.

Naturalmente que estoy de acuerdo contigo de que “sería interesante conocer cómo el NT incorpora esta utopía final”.

Juan Bautista y Jesús de Nazaret vivieron en unos tiempos de intensas esperanzas mesiánicas y de movimientos insurreccionales más o menos serios contra la dominación romana y sus colaboracionistas, herodianos y aristocracia sacerdotal. Eran unos tiempos en que se daban las condiciones psico-sociológicas para que hiciera irrupción, una vez más en la historia de los pueblos y clases oprimidas, el mito del “reino feliz de los tiempos finales”, que tomó sus formas concretas modeladas por la historia del pueblo hebreo con la denominación de “Reino de Dios”.

En diálogo con Pope Godoy

¿Me quieres decir en qué textos de los evangelios te basas para hacer estas afirmaciones? Hombre, lo mismo que te has detenido tanto en el libro de Gª Pelayo, tendrías que haber hecho algo semejante con textos del NT. Haces unas afirmaciones muy generales, pero sin avalarlas con citas y textos concretos.



Mi contra-respuesta

Me pides que “avale con citas y textos concretos” las “afirmaciones muy generales” que hago. En el párrafo al que te refieres la afirmación que hago es la siguiente: “Juan Bautista y Jesús de Nazaret vivieron en unos tiempos de intensas esperanzas mesiánicas y de movimientos insurreccionales más o menos serios contra la dominación romana y sus colaboracionistas, herodianos y aristocracia sacerdotal.”

Es posible que hubiera tenido que repetir toda la “documentación” que puse cuando traté el tema de la parábola del hijo pródigo, (¿Era realmente un “hijo pródigo”?), tema que me gustaría que leyeras, ya que hablo de Lucas, ese “autor tan fascinante

La “documentación” que ponía era la siguiente:



La pax romana vista por un campesino de Palestina

Cómo el imperio de Roma incide en la vida de un campesino de Palestina: el reverso de la pax romana.



Imperio y empobrecimiento

Los sucesivos imperios que habían dominado la región habían producido un proceso de empobrecimiento con la consiguiente destrucción de las estructuras tradicionales del mundo campesino



Agobiados por los impuestos

La multitud de impuestos y tributos de las distintas administraciones significaban una verdadera sangría económica del pueblo y una destrucción de la alianza.



Endeudados

Cómo muchas familias se habían ido endeudando progresivamente.



Renovar la alianza socio-económica

Apoyándose en los principios de la alianza mosaica, Jesús intenta rehacer los vínculos tradicionales de las comunidades rurales.



Solidaridad rural

El Reino de Dios implica una mutua ayuda socio-económica en las comunidades rurales



La tierra acaparada

Herodes el Grande continuó acaparando la tierra para él y para su familia



Unos monarcas constructores

La ambivalencia de la actividad constructora de los reyes herodianos



Te adjunto un “cuadro” que fabriqué hace ya algunos años: está sacado de Crossan

Sin los romanos, sin su conquista-dominación-opresión sobre Palestina, sin sus clases colaboracionistas -los herodianos de Galilea, la aristocracia sacerdotal de Jerusalén-, nos hubiésemos quedado sin “Reino de Dios”.

Sin estos romanos, sin estos herodianos, sin esta aristocracia sacerdotal, muy posiblemente nos hubiésemos quedado sin la predicación de este Jesús de Nazaret, hijo de madre soltera. A lo más, nos veríamos obligados a buscar sus enseñanzas en el Talmud, mezcladas con las sentencias de R. Aquiba, o de Janiná ben Dosá o de Iojanan ben Zacai...

Sin estos romanos, sin estos herodianos, sin esta aristocracia sacerdotal, muy probablemente nos hubiésemos quedado sin la comida multitudinaria (“eran unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños” Mt 14,21) de los cinco panes y dos peces.



En diálogo con Pope Godoy

Yo no lo sé. Pero vamos a ver. ¿No había dominación romana en Antioquía, por ejemplo, o en Corinto, o en Éfeso? Por citar ciudades donde se extendió el cristianismo y donde predicó Pablo. Incluso en Roma, con una estratificación social pavorosa y con una sociedad esclavista implacable. ¿No te parece que las condiciones de explotación eran muy parecidas a las de Palestina? ¿Y no crees que esas condiciones no desaparecieron a la muerte de Jesús?



Mi contra-respuesta

Me preguntas: ¿No te parece que las condiciones de explotación eran muy parecidas a las de Palestina? ¿Y no crees que esas condiciones no desaparecieron a la muerte de Jesús?

No me pidas ahora un estudio socio-económico comparativo. Mi respuesta sería decir que -siguiendo a García Pelayo- he hablado de “condiciones psico-sociológicas”. Ante unas parecidas condiciones “sociológicas” diversos grupos humanos pueden responder de maneras diversas.

Quizá Espartaco, el caudillo de la rebelión de los esclavos de Roma, fue quien utilizó -en unas determinadas condiciones psico-sociológicas de un determinado grupo humano- el mito del "reino feliz de los tiempos finales". Esto eran cosas de los años 70 antes de Cristo: la rebelión, después de unas cuantas vistorias, acabó derrotada por la imponente maquina militar de Roma que juntó 20 legiones contra ellos. La batalla final dio como resultado 60 mil muertos por un lado (el de los esclavos) por mil muertos entre los legionarios. Y seis mil prisioneros: todos ellos fueron crucificados a la largo de la Via Apia entre Capua y Roma. Estos hechos pueden explicar el por què el "cristianismo" aceptó el sistema esclavista. No era conveniente embarcarse en aventuras que ya todos sabían cómo acababan: en la cruz.

Ni la palabra de Dios “se hizo (fue creada) sobre Juan Bautista” (Lc 3,2) ni Jesús de Nazaret era “el hombre que venía de Dios”. Pero ambos, el uno y el otro, eran la respuesta humana a una situación histórica determinada, a unas condiciones psico-sociológicas de su pueblo sometido a un continuo proceso de empobrecimiento.

Y esta respuesta humana fue reconocida como “tan humana” por las masas empobrecidas de Palestina que, avanzándose unos años a un gran teólogo dijeron que sólo podía venir de Dios. "Humano, tan humano como Jesús, sólo podría ser el mismo Dios" es una afirmación de Leonardo Boff en Jesucristo libertador, cap. XIII.

Llegados a este punto una tercera afirmación se hace necesario como pura deducción:

Cuando las condiciones psico-sociológicas que hicieron posible la proclamación del Reino de Dios, como una formulación adaptada del mito del “reino feliz de los tiempos finales”, desaparecen, desaparece también la vigencia del tema del Reino de Dios.

Y esta lección (que algunos todavía no la tienen aprendida) nos la dan los mismos autores del Nuevo Testamento cuando, situados en un mundo cultural y sociológicamente diferente de la Palestina bajo la dominación romana, prescinden de la predicación del Reino de Dios. Sin estos autores, el “cristianismo” no hubiera llegado hasta nosotros: se hubiera quedado como un grupo marginal dentro de aquella sociedad y hubiera desaparecido.

En diálogo con Pope Godoy

Sin duda, la historia tiene muchos vericuetos y siempre es difícil imaginar qué hubiera pasado sin en lugar de ocurrir aquello hubiera ocurrido lo otro. Pero yo creo que podemos buscar algunas explicaciones al hecho de que se desdibujara la predicación del Reino de Dios. Como el tema es largo, prefiero añadirte en fichero aparte lo que yo escribí a Gonzalo Haya, antiguo jesuita y compañero de curso en filosofía y en teología.



Mi contra-respuesta

Tú también admites que el tema del Reino de Dios va desapareciendo en otros autores del Nuevo Testamento y que nos queda una pregunta a responder: ¿Cómo es que el tema central de la predicación de Jesús desaparece en la predicación posterior?

Mi “panfleto” sería una hipótesis más a añadir a las cinco que tú planteas en tu escrito a Gonzalo y a la que añades proveniente de tu hermano Rufino. Sería, pues, una séptima hipótesis para dar respuesta a una cuestión que no debemos rehuir.

Estos autores del Nuevo Testamento ya pensaban lo que veinte siglos más tarde Salvador Pannikar expresaría con estas palabras:



Insisto en que la realización histórica del Reino de Dios, con o sin compromiso político explícito, es un paradigma trasnochado. Luchar por la justicia está muy bien, claro que sí. Raimon Panikar.-

Los Hechos de los Apóstoles nos hablan de algunos de Chipre y de Cirene que, llegados a Antioquía, anunciaron también a los griegos la buena nueva de Jesús, el Señor (Act 11,20). Estos “algunos de Chipre y de Cirene” -que se han quedado en el anonimato y sin lugar en el santoral-fueron los primeros de quienes consta que pensaron que el Reino de Dios era un “paradigma trasnochado”.


No puedo acabar sin añadir una cuarta afirmación:

Hoy día se dan muchas situaciones en las cuales las condiciones psico-sociológicas permitirían y exigirían nuevas irrupciones del mito del “reino feliz de los tiempos finales”.

Y muy posiblemente ya se dan, y alguna de ellas en las mismas tierras que fueron testimonio de las proclamaciones de Juan Bautista y de Jesús de Nazaret, pero estas nuevas irrupciones no vendrán modeladas por las formas concretas que adoptó en la Palestina del siglo I como “Reino de Dios”. Es necesario que los cristianos, al menos los que nos podemos considerar “hijos del Reino”, lo sepamos reconocer.

Septiembre 2009

Escrito en Los Fayos,
un pueblo en la falda del Moncayo,
ese “dios que ya no ampara”,
en canción de José Antonio Labordeta.

Dicen que hay tierras al este
donde se trabaja y pagan.
Hacia el oeste el Moncayo,
un dios que ya no ampara

Y el "auténtico" ¿ampara?

El Dios de la historia (a no ser que sigamos justificando holocaustos escatológicamente) ha fracasado, ha perdido su credibilidad. Para defenderlo hay que hacer piruetas de todas clases. En el fondo se reducen a dos: primero, en afirmar que a la larga, al fin de los tiempos, Dios triunfa; segundo, en sólo considerar a la corta, al Dios histórico de los vencedores. Asistimos, entonces, como en los tiempos más remotos, a una lucha entre Dioses.

La imagen más saliente del Dios bíblico, visto desde Asia, no es la de Dios como Ser, ni siquiera como Ser supremo, sino la de un cabecilla divino, el Dios de un pueblo, el Dios de unos guerrilleros, el Dios de una causa cuyos creyentes creen que es buena; el Dios de los cruzados de hace unos siglos y el de los pobres de ahora, pero que parece que de hecho es impotente para liberar la humanidad de la pobreza así como antes tampoco triunfó en los "Santos Lugares", ni antaño defendiendo Jerusalén contra los romanos.

Este Dios bíblico, caudillo de pueblos, de ejércitos o de guerrilleros viene intentando pelear causas justas según sus combatientes. Digámoslo con llaneza pero también con claridad. Yo vibro y me entusiasmo al igual que todos ustedes por el Dios de los pobres ahora y creo que su causa es justa, pero no puedo evitar dos observaciones.

La primera: también los cruzados creían luchar por una causa justa.

Segunda, y para nosotros más decisivo aún: este Dios de los pobres, que tan tarde parece haberse despertado, viene intentando restablecer la justicia desde hace mucho; pero, dicho sin sarcasmo, para los millones de vencidos y explotados en estos últimos miles de años no les ha aportado mucha consolación.

Raimon Panikkar



Dios en las religiones
V CONGRESO DE TEOLOGÍA.
Madrid, septiembre 95

Este tema, con sus debidos recortes y arreglos, me sirvió de “sermón” en una eucaristía celebrada con el grupo de IMS (Instituto Misionero Seglar) de Tarragona. Por los comentarios que hicieron vi que debería añadir algo. Otros comentarios recibidos me lo confirmaron.

He de decirte que me parece interesante este estudio, pero mi postura o reflexión personal es creer en el fondo de la cuestión. Esto requeriría bastante explicación, pero "bote pronto" sería: creo en una humanidad que siempre y en todo lugar ha reflexionado de dónde viene y a dónde va, que se siente inmersa en un conjunto muy amplio. Que, por lo que a mí respecta, creo que han vivido muchas personas que, de una u otra manera, han transmitido su visión del mundo y de la humanidad. Que me identifico más con unas que con otras (o, mejor dicho, me identifico con unas y rechazo a otras). Que, en mi trayectoria personal destaca la adhesión a Jesús de Nazaret, su vida y su mensaje. Y, en consecuencia, intento alejarme de unas maneras de proceder e intentar otras. Desde esta postura, es evidente que asumo como ideal humano -y por tanto válido para mi vida- ideas de igualdad, fraternidad, justicia, paz...

Aproveché, al cabo de pocas semanas, otra eucaristía con el mismo grupo para añadir una quinta afirmación.

El otro día, si lo recordáis, hice cuatro afirmaciones sobre el Reino de Dios proclamado por Jesús de Nazaret y acababa, aprovechándome de Labordeta y de Raimon Panikkar, hablando del “dios que ya no ampara”.

Por los comentarios que hicisteis deduje que os había parecido una exposición -digámoslo así- pesimista, pues me pareció que vuestros comentarios eran una reivindicación de la esperanza, una afirmación de que no vivíamos en un mundo sin posibles salidas o alternativas.

Como está bien lejos de mí apartarme de todos aquellos (y aquellas) que gritan que “otro mundo es posible”, vi que, al menos, me era necesario añadir una quinta afirmación:

Dadas las condiciones psico-sociológicas de nuestro mundo occidental, nuestra esperanza en “otro mundo es posible”, compartida con gente de muy diversas creencias, no pasa por los esquemas del “Reino de Dios”.

Esta afirmación tiene una doble vertiente. Por una parte, afirma y reivindica nuestra esperanza en “otro mundo es posible”. Cuando Raimon Panikkar dice que este Dios de los pobres, para los millones de vencidos y explotados en estos últimos miles de años no les ha aportado mucha consolación”, no nos está diciendo que son inútiles todos nuestros pequeños pasos (digo “pequeños” porque a nuestras edades ya no se nos puede pedir grandes cosas) que puedan conducir a este “otro mundo es posible”.

Y Labordeta, mirando el Moncayo, ese “dios que ya no ampara”, puede seguir cantando aquello de “Habrá un día en que todos al levantar la vista veremos una tierra que ponga libertad”.

Por otra parte, la segunda vertiente afirma cosas sencillas: que Jesús vivó en un tiempo que no es el nuestro; que Jesús vivó en una tierra que no es la nuestra, que Jesús vivió en un mundo religioso que no es el nuestro, que el Dios de Jesús -si me lo dejáis decir- ya no puede ser el nuestro.

En diálogo con Pope Godoy

Miquel, yo alucino contigo. Y me explico:



  1. Hablas del Dios de Jesús, pero no aportas ni una sola cita bíblica para explicar o aclarar cuál es el Dios de Jesús.

  2. Hablas de “nuestro” Dios, pero en nada concretas las características de ese Dios.

  3. Y terminas afirmando que “el Dios de Jesús ya no puede ser el nuestro”.

¿Te refieres a la metáfora de un dios intervencionista desde fuera de la historia? Para ese viaje no hacen falta alforjas. Pero ¿no crees que Jesús de Nazaret nos descubre muchas más cosas sobre Dios? Yo creo que dejas completamente en penumbra ese hecho tan repetido en la vida de Jesús de que Jesús consiguió inyectar esperanza en la historia humana. Y, sobre todo, que precisamente nos cambió la idea de Dios...

En fin, Miquel, me queda en la mente esa afirmación que te he oído otras veces: el Reino de Dios no es el tema central de la predicación de Jesús. Pero nunca me he enterado de cuál es para ti el mensaje central de Jesús. Y si es posible conocer las grandes líneas de ese mensaje.

Echo mucho de menos que tú justifiques, analices o expliques tus afirmaciones desde un estudio de textos bíblicos. Y saques tus conclusiones desde ahí.

Especulas mucho, eres brillante en tu exposición. Pero yo me quedo muy distante de este tipo de análisis.



Mi contra-respuesta

Vayamos a tus alucinaciones (“yo alucino contigo”).

Esta temporada estoy leyendo (y resumiendo para que algo se me quede en la cabeza) el libro de Roger Haight, Jesús, símbolo de Dios, dentro de mi interés por la cuestión del “pluralismo”. ¿Te puedo recomendar Las 14 tesis de John Hick? Un muy breve resumen, hecho por mí, de su libro La metáfora del Dios encarnado.

Hace un par de días leí en el libro de Haight:

Jesús presentó a Dios y enseñó sobre él en dichos y parábolas, además de por su misión, por sus acciones y su conducta general. El Dios de Jesús es personal; Dios interactúa con los seres humanos. Dios es trascendente, infinitamente más allá de lo que puede pensarse de este mundo. Dios es un Dios de amor, y este amor se muestra en la idea de que la divinidad es salvadora, es decir, Dios actúa a favor de la plenitud de los seres humanos. Este es también justo, y juzga en nombre de la justicia precisamente porque es un salvador amoroso.

Lo que quiero recalcar es cómo concluye Haight este párrafo sobre el “Dios de Jesús”:

Esta imagen de Dios, como se ve, no difiere sustancialmente del Dios de la tradición judía que recibió Jesús.

Lo cual coincide con lo que, desde ya un cierto tiempo, voy diciendo:

Yo no creo que Jesús aportara mucha "originalidad" en la concepción judía de Dios que existía en su tiempo (recordemos que había varias "escuelas").

Por eso te preguntaba (yo también alucino a veces) de dónde sacaba José M. Castillo su afirmación de que “Jesús llevó a cabo la revolución más asombrosa que se ha producido en la historia de las tradiciones religiosas de la humanidad.”

Este año, en Lamiarrita, dije que el que quiera ese Dios, presentado por Jesús en la parábola del juicio final (Mt 25, 31-46), cuyo último acto con la humanidad de hombres y mujeres será separarlos en ovejas a su derecha y cabras a su izquierda; los primeros a la vida eterna (“heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo”), los segundos al castigo eterno (“id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles”)…, pues el que quiera ese Dios que se lo quede.

Esto lo dije este año, pero ya lo llevaba incubando hace muchos años. Un e-mail de abril del 98 a mi amigo Ramón Alaix (jesuita en Bolivia), sobre cosas de la teología indígena, ya da fe de que este Dios no me caía muy bien. (¿Religiones de salvación?)

Sigues pidiendo algo que mi “panfleto” colgado en la web no tenía pretensiones de dar: ¿cuál es para mí el mensaje central de Jesús? Y si es posible conocer las grandes líneas de este mensaje.

Es posible que nunca haya tenido la osadía de definir el mensaje central de Jesús, una osadía parecida a la de seguir recitando “hic et nunc” la oración que Jesús enseñó a sus discípulos en una situación bien determinada.

El otro día, en la reunión de “Capellans Obrers dels Països Catalans” uno dijo, después de haber leído el “planfeto” que quizás deberíamos empezar a dejar de decir el Padre Nuestro o, al menos, algunas frases de él.

A lo largo de los años, sin embargo, he ido formulando (en sermones, charlas, escritos breves…) cosas sobre “mi Jesús”, algunas de las cuales las seguiría manteniendo hoy día.

Aceptar tu reto sería reunir todos estos “fragmentos” y utilizo esta palabra consciente de que sólo llegaría a formar una especie de mosaico.

De momento puedo invitarte a leer, sin prisas, estos temas:



Autores que me han ayudado a la hora de hablar de Jesús

Algunos autores se convierten en testimonios que abren camino hacia un conocimiento no mágico de Jesús de Nazaret



Jesús de Nazaret, ¿es la divinidad encarnada?

Las afirmaciones de los cristianos sobre la divinidad de Jesús, ¿qué sentido pueden tener hoy día en un mundo intercultural y en contacto con otras religiones?



Jesús, ¿la única solución?

La contemplación de la encarnación nos cuestiona si Jesús es el único mediador, único salvador y sobre el papel de las otras religiones salvíficas



Con estos temas empezaba mi web a finales de 1998. Eran mi respuesta a una encuesta que se hizo para la reunión anual de Misión Obrera de 1997. Todavía me puedo sentir identificado con lo que decía, sabiendo que el tiempo no corre en vano (“non vacant tempora nec otiose volvuntur per sensus nostros”, que diría san Agustín)

Bueno, Pope, me has hecho “especular” demasiado durante unos cuantos días. Cada vez más cundiendo menos el tiempo, ¿te pasa a ti lo mismo? Y no sé si me he alargado demasiado, pero te agradezco que me hayas dado ocasión para dar vueltas sobre estos temas. Para mí, son como momentos de “oración”.

Ya hace años un obispo americano, John Shelby Spong, de la iglesia episcopaliana nos avisaba que era cosa muerta

un Dios entendido como un Ser, de poder sobrenatural, viviendo por encima de los cielos y siempre preparado para invadir periódicamente la historia humana para imponer su divina voluntad. Por lo cual casi todo nuestro hablar sobre Dios de hoy día no tiene sentido, a menos que encontremos una nueva manera de hablar de Él.

Jesús, al hablar del Reino de Dios, tenía esta concepción de Dios, la normal (pero no exclusiva) del judaísmo de su tiempo: un Dios que podía intervenir, según su voluntad, en la historia humana. Un Dios que, para intervenir, podía poner sus condiciones.

En un sermón de Primera Comunión, hace ya años, decía:



Recordar no es copiar; hacer memoria de alguien no es imitarlo, no es repetir. Recordar no es querer revivir una situación ya pasada. Sería tan fácil, si nos fuera posible, seguir repitiendo las palabras de Jesús, ir copiando sus gestos y sus acciones, hablar de Dios como Jesús lo hizo, seguir manteniendo sus esperanzas y sus planteamientos políticos… Sería tan fácil, si ello fuera posible, vivir los mismos radicalismos de Jesús: ni pan, ni bolsa, ni dinero (Mc 6,8). Jesús nos queda muy lejos. Recordar a Jesús, hacer memoria de él es aceptar esta primera verdad: que Jesús nos queda muy lejos

A nadie de nosotros -supongo- si algún día participa en una de estas manifestaciones por “otro mundo es posible” se le ocurrirá gritar: “Convertíos, que el Reino de Dios está cerca”. Un grito así, hoy día, no tendría ningún sentido.

Aquello que en la calle, en los espacios abiertos y compartidos con otra gente, no tiene sentido, tampoco lo tiene en los espacios cerrados de nuestras iglesias o de nuestros pequeños grupos.

Las esperanzas, que los cristianos podemos compartir con gente de muy diversas creencias, en un “otro mundo es posible” ya no esperan ni piden una intervención de Dios, como Jesús esperaba y pedía al proclamar la cercanía del Reino de Dios.

Reunión IMS

Tarragona

18 octubre 2009

Manuel García-Pelayo


Manuel García Pelayo (23 de mayo de 1909 - 25 de febrero de 1991) fue un ilustre jurista y politólogo español nacido en Corrales del Vino (Zamora), presidió en 1980 el recién creado Tribunal Constitucional de España. Dejaría una extensísima obra sobre cuestiones jurídicas, políticas e históricas, convirtiéndose en un referente jurídico de gran prestigio. Murió en Caracas (Venezuela), a la edad de 82 años.

Tras acabar sus estudios en el Instituto de Zamora, en 1926, se trasladaría a Madrid, donde estudiaría Derecho en la Universidad Complutense. Tras finalizar la carrera en 1934, obtendría una beca de la Junta de Ampliación de Estudios, pudiendo así visitar la Universidad de Viena.

Cuando estalla la Guerra Civil Española el 18 de julio de 1936, pasará a formar parte de las filas republicanas, pese a que su padre y su hermano serían reclutados por el bando sublevado. Tras luchar en gran cantidad de batallas, obtendría el rango de capitán en la Plana Mayor.

Una vez acabada la Guerra Civil, fue recluido en campos de concentración hasta 1941. Tras ser liberado, se casaría con Mercedes Velásquez Fernández-Pimentel. En 1947 el director del Instituto de Estudios Políticos de Madrid, Francisco Javier Conde le ofrecería una plaza de profesor en el centro. A partir de 1950, comenzaría a ser reconocido su trabajo sobre Derecho constitucional comparado, pasando a ser uno de los autores más reconocidos en la materia.

En 1951 emigraría a Argentina, comenzado a ejercer de abogado mientras daba clases de Derecho en la Universidad de Buenos Aires. Entre 1954 y 1958 daría clases de Ciencia política en la Universidad de Puerto Rico. Se trasladaría después a Venezuela, donde fundaría el actual Departamento de Ciencia Política de la Universidad Central de Venezuela y el Instituto de Estudios Políticos de esa Universidad.

Continuaría con la labor docente hasta su retiro como profesor titular de la Universidad Central en 1979. No obstante, en 1980, el rey Juan Carlos I le invitaría a formar parte del Tribunal Constitucional de España. Sería elegido presidente de ese órgano, y ocuparía ese cargo hasta 1986, fecha en la que dimite de sus cargos de Magistrado y Presidente del Tribunal Constitucional, sin cumplir el periodo de nueve años que prevé la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional.

Antes de dimitir, protagonizó una de las decisiones más polémicas de cuantas ha protagonizado el Tribunal Constitucional desde su creación, en 1979, con relación a la inconstitucionalidad del Real Decreto-ley 2/1983, de 23 de febrero, sobre expropiación, por razones de utilidad pública e interés social, de los Bancos y otras Sociedades que componen el Grupo RUMASA, S. A. Por medio de este decreto-ley, el Gobierno de España había procedido a la expropiación de las sociedades que integraban el Grupo Rumasa. El grupo parlamentario de Alianza Popular presentó un recurso de inconstitucionalidad contra el decreto-ley. Seis magistrados del Tribunal Constitucional se mostraron a favor de declarar la inconstitucionalidad de la medida, mientras que los seis restantes estaban a favor de su constitucionalidad. Ante semejante empate, fue el voto de calidad de Manuel García Pelayo como presidente el que inclinó la decisión de declarar la constitucionalidad de la medida adoptada por el Gobierno de Felipe González Márquez. La decisión de García Pelayo fue duramente criticada, sobre todo tras el apoyo del Tribunal Europeo de Derechos Humanos a la causa de Ruiz-Mateos, y dio pie a hablar de la politización del Tribunal Constitucional.

Regresó de nuevo a Caracas en 1987, y falleció en 1991 tras una larga enfermedad.



Extraido de Wikipedia




Un resumen…

Cuando hablamos de mitos no hablamos de fábulas ni de cuentos, sino que hablamos de una forma de conocimiento y de una manera de transmitir y de comunicar este conocimiento. Podemos decir que los mitos se refieren al conocimiento de "verdades primordiales", que en su núcleo más originario son el resultado de experiencias colectivas repetidas a lo largo de la historia y que descansan en el inconsciente de cada persona.

Los mitos transmiten y comunican esperanzas, que son la expresión de los anhelos profundos que llevamos colectivamente dentro. Los mitos son dinámicos, son un conjunto de fuerzas que, cuando se pongan en movimiento, tienen capacidad para destruir (o para soñar que pueden destruir) el status social existente y crear uno de nuevo ("otro mundo es posible"). Pero también pueden ser utilizados por el poder político de turno para seguir manteniendo el satatus social existente.

Para que este dinamismo se ponga en marcha se necesitan una serie de condiciones determinadas



Uno de estos mitos es el del "reino feliz de los últimos tiempos" que a lo largo de la historia y en diversos pueblos y culturas ha hecho ha hecho su aparición, reproduciendo y repitiendo imágenes, pero siempre con la necesaria adecuación al momento histórico concreto. Una de estas manifestaciones del "reino feliz de los últimos tiempos" es la del "Reino de Dios".



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