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Saludo del prior generala los miembros del capítulo


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SALUDO DEL PRIOR GENERALA LOS MIEMBROS DEL CAPÍTULO

El escritos alemán del siglo XVIII Johann Wolgang von Goethe, vieno a Roma en 1786. el viaje de Goethe que le trajo a Roma dos años no fue solo de placer, sino más bien un renacimiento, como se puede ver de lo que escribió: “En Roma me encontré a mi mismo. Por primera vez alcancé la armonía interna: Fui feliz y razonable”.

En su obra Viaje a Italia, Goethe describe experiencias de esta época en Roma, y de un modo muy interesante su reflexión puede sugerirnos algo hoy a nosotros. El deseo de Goethe de descubrirse a sí mismo en los objetos que veo puede recordarnos, de alguna forma, la búsqueda de Dios de San Agustín mientras él seguía su propio camino de conversión. Pero Goethe creía que la excesiva autoreflexión y la mucha introspección podría ser dañina, llevarnos a confusión emocional y a la parálisis. Su aproximación al dicho de Sócrates “conócete a ti mismo” no fue la de rumiar sobre el estado de su alma, sino el de lanzarse a sí mismo a la vida, dando alas a su curiosidad sobre las personas, los lugares, el arte y los paisajes. “El hombre sólo se conoce a sí mismo en tanto en cuanto conoce el mundo” escribió Goethe.

Pero la frase de Goethe también trae resonancias de algo que el Papa Francisco dijo en su homilía a los sacerdotes durante la Misa Crismal, el Jueves Santo de este año. El Papa Francisco lo dijo de esta forma “Por tanto necesitamos ir fuera, para poder experimentar nuestra propia unción (nuestro propio ministerio), su poder y su eficacia redentora: a las “periferias” donde hay sufrimiento, donde se sangra, donde hay cegueras que buscan ver, prisioneros esclavos de muchos amo malvados. No es en la búsqueda del alma o en la constante introspección que encontraremos al Señor: los cursos de autoayuda pueden ser útiles en la vida, pero vivir nuestra vida sacerdotal yendo de un curso a otro, de un método a otro nos llevará a convertirnos en pelagianos y a minimizar el poder de la gracia, que revive y florece en la medida en que nosotros, con fe, salimos y nos damos a nosotros mismo y el mismo evangelio a otros, dando la poca unción que tenemos a los que no tienen nada, nada de nada”.

Esto no significa, por supuesto, que debamos llenar nuestros días con incesantes actividades, ocupándonos en una serie de activismo vacío de reflexión. Creo que el punto que tanto Goethe como el Papa Francisco tratan de destacar es el hecho de que la comprensión viene no sólo de la introspección personal sino de la seria reflexión sobre el mundo que nos rodea, sobre lo que otros experimentan, y así, llegar a comprender lo que podemos ofrecer a este mundo fuera de nosotros.

Durante estos días o semanas de este Capítulo General, se nos invitará a reflexionar sobre lo que significa ser agustinos, no en una interminable autoreflexión interna, sino más bien mirando fuera de nosotros, para ver lo que el mundo de hoy nos presenta como retos, y donde podríamos responder mejor con nuestro carisma, nuestro ministerio, nuestro servicio. Roma, con todo lo que significa, puede que sea uno de los mejores lugares en el mundo para haer esto, y creo que es un auténtico don que todos vosotros estéis aquí para trabajar juntos, dialogar, y tomar decisiones que ayudarán a toda la Orden a avanzar durante los próximos años.



Citando de nuevo a Goethe, “Sólo hay una Roma en el mundo y aquí me siento tan en casa como un pez en el agua”…. Espero que todos vosotros os sintáis de hecho totalmente en casa en Roma, y especialmente aquí, en Santa Mónica, en la Curia, y en nuestra casa vecina de María Bambina. Que nuestro tiempo juntos sea dichoso y que recibamos la luz de reconocer lo que tenemos que hacer, y el coraje para tomar las decisiones que marcarán la diferencia mientras avanzamos, con la apertura al cambio, queriendo realmente marcara una diferencia. Como dijo San Agustín: “Si queréis cambiar los tiempos, cambiad vosotros, y los tiempos también cambiarán”.

Bienvenidos, hermanos, a Roma, ¡y que Dios bendiga este tiempo juntos!


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