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Salud y sociedad I primer semestre


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UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA FACULTAD DE MEDICINA

ÁREA SALUD Y SOCIEDAD

SALUD Y SOCIEDAD I - PRIMER SEMESTRE




LA PROFESIÓN DE MÉDICO A TRAVÉS DE LAS EDADES


Henry E. Sigerist
Reproducido con fines docentes de:

Historia y sociología de la Medicina

Traducción de Gustavo Molina G.

Ed.Guadalupe, 1974


Los rasgos característicos de la profesión médica en cada época están determinados, en muy amplio grado, por la actitud de la sociedad hacia el cuerpo humano y su valoración de la salud y la enfermedad. El propósito de la medicina fue siempre el mismo: curar la enfermedad y eventualmente, prevenirla. La medicina siempre significó servicio; y por lo tanto, en todos los tiempos se requerían en el médico ciertas cualidades: pronta disposición para ayudar, conocimiento acerca de la naturaleza de la enfermedad y destreza para la curación. Sin embargo, el modelo ideal médico varía considerablemente, en los diferentes períodos de la historia de acuerdo con la estructura de la sociedad en cada época y su concepción general del mundo.

La medicina primitiva era de carácter muy complejo. Mientras los achaques pasajeros no requerían explicación y eran tratados por el paciente y familiares mediante drogas, dietas y otros medios racionales, las enfermedades serias debían ser explicadas, y la explicación era mágica a religiosa. Se creía que alguien le había hecho mal al paciente, fuera otro hombre o un demonio, introduciendo un objeto en su cuerpo por medios mágicos o sacándole algo esencial para la vida. En otros casos, se creía que la deidad había enviado la enfermedad como un castigo al pecado o que un demonio había tomado posesión del cuerpo del paciente. De acuerdo con esta idea la terapia era mágica o religiosa, ya que un objeto debía ser eliminado o la parte removida del cuerpo tenía que ser devuelta, la divinidad aplacada o el demonio expulsado. Por lo tanto, el médico de la sociedad primitiva era a la vez médico, sacerdote y brujo. Su nombre varía de "hombre de la medicina" entre los indios norteamericanos, a "shaman" como le llaman las tribus de Siberia. Su vida era dura. Su pago dependía del éxito del tratamiento. Si el paciente moría, el propio médico podía ser acusado de haber causado el daño. Siendo perito en el arte de la magia se pensaba que no sólo podía remover un hechizo sino que también era capaz de causar mal por medios mágicos. En muchas tribus el "shamanismo” era hereditario; en otras, se nacía predestinado, según indicaban diversos signos al nacer (niños con un diente) o en la niñez (sobrevivir a un accidente ordinariamente fatal). El joven era entrenado por otro shaman hasta que era consagrado y se independizaba. En algunas tribus americanas este "hombre de la medicina" era un campesino como cualquier otro miembro de la tribu y practicaba su arte sólo ocasionalmente, mientras que en la mayoría de las tribus, el shaman vivía segregado aparte de los demás.

En Babilonia, los médicos eran sacerdotes. En una civilización de carácter enteramente religioso, todas las ciencias eran parte de la teología. Su propósito era mantener a los dioses bien dispuestos o aplacarlos cuando estaban ofendidos. A fin de conocer sus intenciones, había que observar los augurios o signos por medio de los cuales se revelaban. Todas las ciencias en Babilonia empezaron así y también la medicina. El médico sacerdote observaba las estrellas, el resplandor de una llama, una gota de aceite dejada caer en el agua o los órganos de animales sacrificados, para conocer el halo del paciente y ser capaz de contrarrestarlo. Pero también los síntomas de la enfermedad eran augurios que debían ser atentamente observados e interpretados. Gran cuidado se dedicó a estudiar y describir esos síntomas, ofreciendo así a la medicina posibilidades racionales, sin descuidar la actitud religiosa. El tratamiento consistía, principalmente en exorcismos y muchos textos describen gráficamente al sacerdote médico, vestido con una capa roja, un cuervo en una mano y un halcón en la otra, pronunciando sus conjuros sobre el paciente.

En todas las épocas, su profesión confiere al médico gran poder. Sabe de venenos y maneja libremente poderosas fuerzas químicas, físicas y biológicas. Se le entregan secretos que también dan poder sobre el paciente. Cualquier abuso de este poder constituye una amenaza para la sociedad, la cual siempre trató de protegerse estableciendo normas para regular la conducta del médico. Las primeras disposiciones de esta especie se encuentran en el Código Hamurabi (año 2.000 a.c) donde ya figura un tarifado. Los honorarios del cirujano variaban de acuerdo a la posición social de sus enfermos. Además se le hacía responsable por sus actos y en caso de muerte durante una operación, se le cortaba la mano derecha. Reglas similares se conocen en la antigua Persia, en un libro de los Avesta, el Videvdat, que contiene disposiciones muy interesantes, según las cuales no se permitía a un cirujano ejercer su práctica hasta que llevaba a cabo con éxito tres operaciones, no en Persas, sino en infieles.

En Egipto, los médicos pertenecen a la clase de los escribas. También solían ser sacerdotes, pero no necesariamente como en Babilonia. Recibían su formación en escuelas conectadas con las cancillerías, las cortes o los templos, destacando On, Menfis, Tebas y Sais.

En la era greco-romana


Cuando los griegos comienzan a viajar, reconocen en lmhotep, el dios egipcio de la salud, a su propio Asclepios. Sin embargo, eran dos deidades enteramente distintas: el primero, originariamente un hombre, un gran erudito y arquitecto del tiempo del rey Doser, fue mas tarde divinizado. Asclepios, Esculapio de los romanos, era en cambio un demonio local de Tesalia, una deidad del mundo subterráneo. Según la leyenda, fue extraído del útero de su madre por Apolo, cuyas flechas le habían causado la muerte. El niño Asclepio fue llevado a la cueva del centauro Quirón, quien le enseñó las virtudes medicinales de las plantas y muchos conjuros, llegando a convertirse en un médico que curó muchos enfermos y aún resucitó algunos muertos. Zeus castigó tal osadía con un rayo divino.

Esta leyenda tiene profundo significado: la interferencia del médico en las leyes de la naturaleza no es obvia, sino que representa una gran perturbación. Y Platón sentía la necesidad de justificar al médico, argumentando que la sociedad necesita cuidados sanos. Asclepios fue adorado en muchos templos y se pensó que sus sacerdotes los Asclepíades, fueron los primeros doctores griegos. Esto, sin embargo, no es correcto. La medicina practicada en dichos templos consistía en curas milagrosas. Era una medicina puramente religiosa que nada tenía que ver con el arte de curar originado en las escuelas de los filósofos pre-socráticos y que encuentra su más alta expresión en la escuela de Hipócrates. Los médicos hipocráticos se llamaron también Asclepíades, pues se organizaron en una especie de gremio cuyo patrón era Asclepios.

El médico griego era no obstante, un artesano. Recibía su adiestramiento como aprendiz de otro doctor. Igual que los demás artesanos, viajaba mucho y practicaba su arte mientras vagaba. No había muchos médicos en la antigua Grecia, solamente las ciudades mayores tenían su propio médico, cuyo salario era financiado mediante un impuesto especial. En tiempos de guerra o epidemia, se nombraban médicos de emergencia, pero en los pueblos menores no los había y sus servicios eran prestados exclusivamente por médicos viajeros que acertaban a llegar por allí.

No nos gusta la idea de este médico griego, artesano, yendo de ciudad en ciudad, golpeando las puertas y ofreciendo sus servicios como lo haría un herrero o un zapatero. Pero no cabe duda que así ocurría. Varios tratados hipocráticos lo describen de un modo muy ilustrativo. Había muy poca privacidad en las relaciones médico – paciente. La consulta del doctor, el “iatreion”, igual que el taller de cualquier artesano, estaba abierto a todo el mundo, y los problemas médicos se discutían abiertamente en la plaza del mercado. La llegada simultánea de dos médicos al mismo pueblo, por coincidencia, daba Iugar a una fiera competencia. De nuevo, los escritos hipocráticos cuentan como muchos doctores trataban de atraer la atención de los pacientes, vistiéndose de modo extravagante, perfumándose profusamente o exhibiendo instrumentos llamativos. El doctor Ludwig Edelstein ha demostrado de modo convincente, que el arte del pronóstico alcanzó en la medicina griega tan alta desarrollo principalmente a causa de las condiciones peculiares de la práctica profesional. El médico que llegaba a una pequeña ciudad era generalmente desconocido para la población. El mejor modo de asegurarse una buena reputación era haciendo un pronóstico correcto y diciéndole al paciente enseguida cual era su enfermedad, aún sin formular preguntas.

La posición social del médico hipocrático no era elevada, como correspondía a un artesano que trabajaba para ganarse la vida. Y sin embargo, entre todos los artesanos era uno de los más estimados, a causa de la actitud de los griegos hacia el cuerpo humano.

El mundo griego admiraba lo sano y lo perfecto. La salud era considerada como el mejor bien. El hombre ideal, para los griegos, era el ser armonioso cuyo equilibrio de cuerpo y alma lo hace noble, hermoso y perfecto. La enfermedad era considerada una gran maldición, pues aparta el hombre de su estado de perfección y lo convierte en un ser inferior. Por consiguiente, el médico cuya función es mantener y restaurar la salud, fue tan altamente estimado como podía serlo un artesano.

Ya en los escritos homéricos encontramos ese verso, a menudo citado, diciendo que un doctor es hombre que vale tanto como muchos otros hombres juntos.

En Roma, los primeros médicos fueron esclavos, de conocimientos muy primitivos. A partir del siglo IV a.c., comienza la inmigración de médicos griegos. En su mayoría aventureros, encontraron una fuerte oposición; sin embargo, pronto fueron reconocidos sus conocimientos superiores y como las continuas guerras requerían muchos cirujanos militares, se cambió la política hacia los médicos extranjeros, atrayendo hacia Roma el mayor número posibIe. En el año 46 a.c.,Julio César ofreció a todos los médicos griegos nacidos libres, el derecho a la ciudadanía romana, un presente en verdad muy notable. Augusto ordenó caballero a su médico personal, Musa. Y nuevos privilegios fueron otorgados a los doctores; libres de impuestos, del servicio militar, de la obligación de recibir huéspedes y de aceptar cargos públicos. Pero ahora surge la gran pregunta: ¿Quién era médico en la antigüedad? No existía forma alguna de control estatal ni Universidad que pudiera dar un título reconocido. Mientras mayores los privilegios, mayor era la tentación de autollamarse médico para gozar de esos beneficios. Así aparece la necesidad de algún grado de restricción y en tiempo de Antonino Pío, se aprueba un "numerus clausus" limitando estos privilegios a un número de 5, 7 o 10 doctores por ciudad, de acuerdo a su tamaño. Se les llamó "vaIe doctis" y para obtener su rango, debían demostrar que poseían conocimientos médicos. De este modo, se instituyó una especie de licencia, que protegía los derechos de los médicos competentes.

Muchas familias romanas tenían su médico de familia. Le pagaban un salario anual, a cambio del cual trataban a toda la familia durante un año. Uno de estos médicos de corte ganaba alrededor de $ 12.000 anuales. Pero sabemos de doctores en la capital cuyo ingreso alcanzaba a $ 15.000. Y había facultativos y cirujanos que cobraban hasta $ 2.000 y $ 10.000 por sus operaciones o tratamientos especiaIes. Esto era, por cierto, excepcional.

A través de inscripciones sabemos de la existencia de sociedades médicas en el Imperio Romano. Su principal propósito era el culto común de sus patronos Esculapio e Hygiea. Pero algunas de ellas perseguían acrecentar los conocimientos de los facultativos y estimular su celo profesional. La sociedad médica de Efeso ofrecía anualmente premios a la curación más brillante efectuada por uno de sus miembros o a la invención del mejor instrumento quirúrgico.



Bajo la Edad Media y el Cristianismo


La posición del individuo enfermo y del médico en la sociedad cambió radicalmente con el cristianismo. Esta nueva enseñanza se dirigía al enfermo, al débil, al paralítico, en agudo contraste con las viejas religiones, que se dirigían esencialmente a los individuos puros y perfectos. ¿No llevó a cabo curaciones el propio Cristo? Mientras que en el mundo semítico, la enfermedad era considerada como un castigo al pecado, y entre los griegos era de inferioridad, en el mundo cristiano, la enfermedad significaba purificación y gracia. El individuo enfermo es una persona que participa de la gracia de Dios. Preocuparse de él es la obligación del cristiano y beneficia el alma de quien practica esta buena acción. Se erigieron hospitales y, a partir del Siglo VI, los conventos y monasterios dedican su especial cuidado al enfermo. Pero el cuidado del enfermo no es medicina. Cristo había curado sin drogas. Apenas si había lugar para el médico en la sociedad cristiana primitiva, y la medicina griega era considerada un arte pagano. Los pupilos cristianos de Galeno eran excomulgados por dedicarse a esta ciencia idólatra. Incansablemente se trata de justificar al médico, citando las palabras de Eclesiastés, según las cuales éste debe ser honrado porque es necesario y porque también él es criatura de Dios. Reconociendo que el enfermo podía ser mejor atendido, no sólo prestándole cuidados sino también tratamiento médico, la Iglesia se reconcilió con la antigua medicina. Casiodoro, gran canciller de Teodorico, en el siglo VI, tenía libros médicos en su biblioteca y los Benedictinos, imitando su ejemplo, también empezaron a estudiar medicina.

A comienzos de la Edad Media, la mayor parte de los médicos eran monjes. Los monasteriosdisponían de piezas especiales dedicadas a la atención de los enfermos y los claustros se convirtieron en centros de estudios de la medicina. Allí se copiaban o compilaban libros médicos, y no siempre sin espíritu crítico. Un monje del monasterio de San Gall, copiando el herbario de Pseudo-Apulecio, eliminó las plantas que no crecían en su país y las reemplazó describiendo yerbas nativas. Sin embargo la literatura médica de la primera Edad Media no fue original, sino principalmente compilada de fuentes antiguas, de este modo indirecto la medicina y los principios de la terapia griega fueron respetados y seguidos.

Dado que los médicos medioevales pertenecían al clero, sus patrones éticos eran fijados por la Iglesia, y continuaron siéndole en períodos posteriores de la Edad Media, cuando muchos laicos ingresan también a la profesión, a causa de que médicos y pacientes, eran en todo caso antes que nada, cristianos. La Iglesia dictaminó que era deber del enfermo consultar un doctor. Quien eludía el tratamiento se dañaba a si mismo, lo cual es pecado igual que el suicidio. El servicio médico es para preservar la vida, lo mismo que el comer y beber, y es deber de todo cristiano, hacer todo lo posible para cuidar la morada de su alma. Un enfermo cristiano no podía consultar un médico árabe o judío, so pena de excomunión. La superioridad de estos médicos era tan evidente, sin embargo, que resultó imposible hacer respetar esta orden. Por otra parte, es obligación del médico tratar a cualquier enfermo, aún los casos incurables, en agudo contraste con las antiguas tradiciones griega y oriental cuyos médicos consideraban falta de ética atender un caso que no podía beneficiar con sus servicios. Se establecía también que el doctor tenía la obligación de curar gratuitamente a los enfermos pobres, y en algunos casos, aún regalarles los medicamentos. El médico era responsable de sus actuaciones y debía respetar las tradiciones.

La Iglesia no aprobaba, empero, que sus ministros practicaran la medicina. Después de todo era un arte terrenal. Especialmente inadecuado para los sacerdotes era considerada la cirugía, debido a que cualquier operación podía ser fatal y no estaba bien permitirles realizar una actividad que pudiera conducir a la muerte. A partir de 1131, se aprueban edictos restringiendo el trabajo médico de los clérigos. El cuarto concilio de Letran, en 1215, les prohíbe participar en cualquier acto quirúrgico, de allí que los cirujanos cada vez mas fueron laicos.

En el siglo X empieza a formarse una escuela médica en Salerno, que florece en el siglo XII, a impulsos de las nuevas traducciones de libros médicos árabes al latín. Esta escuela no fue fundada por la Iglesia y sus médicos eran clérigos y laicos. Su principal importancia consiste en haber creado una nueva literatura que, si bien no era completamente original, siguiendo las fuentes árabes y antiguas, acrecentó considerablemente el saber médico de su tiempo. En 1224, el emperador Federico II publicó decretos sobre las condiciones médicas del imperio, que tienen particular interés porque, por primera vez en la historia europea, se regula estrictamente la práctica de la medicina por medio de una ley. El derecho a ejercer la medicina pasó a depender de la capacidad de cumplir ciertos requisitos. El currículo comprendía tres años de filosofía, cinco de medicina y uno de práctica. El candidato tenía que aprobar un examen de Salerno, después del cual obtenía una licencia.

Salerno es la primera facultad médica del mundo occidental. Fue seguida por la creación de universidades en toda Europa. Durante los siglos XII y XIII se hicieron muchas nuevas traducciones de libros médicos del griego al latín, siendo la principal tarea de las universidades interpretar y asimilar la nueva literatura. El método usado fue la dialéctica aristotélica y el resultado el escolasticismo, en Oriente y Occidente. La educación médica era puramente teórica.

Sería un error suponer que en la Edad Media la medicina era principalmente mágica. Existía una medicina religiosa, seguramente, como siempre la existió, hasta hoy. Y es evidente que en un período en que todas las ciencias eran dominadas por la teología, la influencia de los elementos religiosos fue mayor que en otras épocas. Pero los principios rectores de la práctica médica eran los mismos de la ciencia griega, como lo demuestran los textos médicos y los Concilios en que los doctores discutían casos definidos.

En el siglo XII, nos encontramos con una cirugía altamente desarrollada, cuyas raíces son difíciles de seguir. Ello se explica porque en la Italia de entonces, los cirujanos se formaban en las universidades y existían textos, mientras que fuera de ella los cirujanos eran artesanos, sin educación, que no sabían escribir. Operaciones se hacían siempre, pero no oímos hablar de ellas. La cirugía tiene una tradición distinta de la medicina, en mucho independiente de toda literatura y trasmitida por vía oral de padre a hijo y de maestro a discípulo. En la mayor parte de Europa los cirujanos, igual que otros artesanos, estaban organizados en corporaciones. Eran barberos o, en los países germanos, encargados de los baños; su campo se limitaba al tratamiento de heridas y la cirugía menor. A comienzos del siglo XIII, en París, se fundan los Colegios San Cosme y San Damián, cuyos miembros se dividían en dos categorías: los cirujanos de capa larga, entre los cuales todavía hay clérigos y los de capa corta. Interminables conflictos surgían entre los cirujanos mismos y entre ellos y los médicos.

Desde la fundación de las universidades, el médico pasa a ser un hombre estudioso, un doctor; y así ha sido desde entonces. En la Edad Media cristiana, las profesiones eran consideradas una vocación, una misión divina que importaba obligaciones definidas hacia Dios y nuestros semejantes. El ascenso del capitalismo trajo una concepción diferente. Se da gran relieve a los aspectos económicos y la profesión pasa mas a ser un medio de ganarse la vida. En honor a la profesión médica, debe decirse que la vieja concepción medioeval se ha preservado hasta nuestros días, mas que en la mayoría de las profesiones. Jamás he oído de un ingeniero construyendo un puente sin remuneración. Sin embargo, a partir del siglo XVI los aspectos económicos adquieren importancia creciente en el desarrollo de la profesión.

Los médicos se reclutaban de las clases medias. Lo mejor que podía ocurrirles era ser médico permanente de una persona de alto rango. Esto les daba un ingreso fijo y la oportunidad consiguiente de dedicar la mayor parte de su tiempo al trabajo caritativo. El monarca tenía un cuerpo de médicos y cirujanos de cámara, y la aristocracia eclesiástica o mundana, imitaba su ejemplo. En los países mas democráticos, como Suiza, el médico no estaba contratado por la corte de un noble sino por una familia o grupo de familias. El médico de familia es la forma democrática del médico de cámara.



Tiempos Modernos y Contemporáneos

El advenimiento de la democracia en el siglo XIX y fines del XVIII, abolió los privilegios de clase, y la profesión se abrió a todo el mundo. El individualismo y el liberalismo se imponen. La salud y la enfermedad eran asunto privado de cada individuo, tanto que en Alemania, en 1869, a instancias de la sociedad Médica de Berlín, la práctica médica se abrió a cualquiera que deseara ejercerla, aún a quienes jamás habían estudiado medicina. Este es un ejemplo típico del liberalismo del siglo XIX. La ley se basaba en los argumentos de que siempre habían existido curanderos, de que siempre los habría, que el hombre tenía un derecho natural a elegir a su tratante, y que las gentes siendo razonables, sabrían distinguir un doctor verdadero del falso. En gran medida, Rudolf Virchow fue responsable de este paso.

La democracia representó, si lugar a dudas, un gran progreso, dio a todos una oportunidad, y como los grandes ideales cristianos estaban vivos, quienes alcanzaban el éxito sentían que era su deber ayudar a quienes no habían triunfado en la vida. Se hacía mucha caridad y se construyeron más hospitales que nunca.

El médico del siglo XIX era miembro de una profesión liberal altamente respetada. Se tenía en alta estima la educación académica y se premiaba a sus poseedores con grandes privilegios sociales. Las ciencias naturales habían crecido a pasos agigantados y el doctor, como representante de dichas ciencias, era aún más estimado, Aunque muy pocos médicos se enriquecían, en su gran mayoría tenían ingresos satisfactorios, que les permitían atender gratuitamente a los pobres. Durante mucho tiempo los hospitales eran exclusivamente caritativos y, evidentemente, la mayoría de sus médicos trabajan sin remuneración alguna. Todavía puedo recordar cuando en Europa, el facultativo no enviaba cuentas a las familias que atendía y recibía de ellas cierta cantidad de dinero para la pascua.

Esos tiempos se fueron. El mundo ha cambiado y la profesión médica está atravesando por una de sus mayores revoluciones de la historia. No es una revolución de la medicina sino de los servicios médicos. Durante el siglo XIX, la profesión estuvo absorbida por los problemas de la investigación. La medicina ha hecho más progresos y se ha hecho más eficiente que en cualquier período de su evolución. Mientras toda clase de esfuerzos han tendido a impulsar el progreso de nuestros conocimientos sobre mecanismos de la enfermedad, comparativamente poco se ha hecho para organizar la atención médica. Y en verdad poco había que hacer mientras el servicio médico, organizado sobre las líneas tradicionales, seguía siendo eficiente.

Hoy la situación ha cambiado por completo, y debido a variadas razones. La medicina es cada vez más técnica y especializada. Desde el siglo XVIII las escuelas empiezan a dedicar parte creciente de sus actividades a la investigación. En el siglo XIX los métodos de investigación alcanzan y una gran complejidad, de modo que también debe especializarse el investigador. A consecuencia de ello, la enseñanza también se especializa de modo creciente, ya que la mayoría de las universidades europeas se guiaban por el principio de que un tema médico sólo debía ser enseñado por quienes lo habían investigado activamente. En 1833, Johannes Muller fué nombrado en Berlín profesor de Anatomía, Fisiología y Patología. A su muerte la cátedra tuvo que ser dividida en tres. El próximo paso, finalmente, fué la especialización de la práctica médica, que aún sigue creciendo.

La especialización en medicina no es un fenómeno nuevo. Cuando Heródoto viajó por Egipto, en el siglo V a.c., encontró especialistas por todas partes, doctores para los órganos y enfermedades. Lo mismo ocurría en el Imperio Romano. Mientras que los médicos hipocráticos eran médicos generales, en los últimos siglos del Imperio, se multiplicaban los especialistas. O sea que en todas las civilizaciones se alcanzó un punto en el que el conocimiento médico parecía demasiado vasto para ser dominado por un sólo hombre y la especialización surgía por una necesidad. Gracias a ella la medicina ha llegado a ser más eficiente que nunca. Y sin embargo, tiene sus desventajas. El médico que toda su vida trata un grupo de enfermedades, fatalmente se vuelve unilateral. Por otra parte, el paciente que al comienzo consultaba a su médico de familia quien lo remitía al especialista, ahora se diagnostica él mismo los órganos afectados y decide a que especialista acudir. Una tentativa muy promisoria para salir de ésta situación, es el desarrollo de la medicina de grupo, en que doctores de diferentes especialidades, organizan un consultorio en conjunto.

Lo que hizo posible el progreso médico, fué el crecimiento gigantesco de las ciencias naturales. Un extraordinario desarrollo se produjo al mismo tiempo en otro campo -la tecnología- y su resultado fué la industrialización del mundo moderno. La misma fuerza elemental que hizo posible el progreso médico, había cambiado el aspecto del mundo de modo tan profundo que resulta difícil para el doctor, encontrar su lugar en ésta nueva sociedad, dirigida por la férrea necesidad económica. El número de doctores creció y surgió una ruda competencia. Mientras que el colega de ayer ni se preocupaba de sus cuentas, hoy tiene que comercializar sus servicios. Tiene que determinar el valor monetario de cada atención que presta, igual que cualquier comerciante, mientras más eficiente, más complicada y más cara se hace la medicina y más difícil le resulta al médico prestar atención gratuita. Nos encontramos hoy pues, ante una situación muy seria, en que se corre el riesgo de ver cómo un gran progreso se desbarata a causa de un desajuste en su aplicación.

Hace tiempo que se intentó encarar ésta situación en Europa, introduciendo el seguro social. El seguro contra la enfermedad fue implantado en Alemania por primera vez, no por los socialistas, sino por Bismarck y los conservadores, una circunstancia a menudo ignorada. Para la comunidad, el seguro contra la enfermedad es el modo más económico de prestar atención a los pacientes pobres, ya que los hace financiar su atención a ellos mismos, economizando una parte de su salario para caso de enfermedad. Es evidente que este seguro ha tenido notable influencia sobre la salud de los habitantes de diversos países europeos. Muy poco después de haber perdido la guerra y de pasar hambrunas y revoluciones, las condiciones de salud en Alemania eran tan buenas como en las naciones victoriosas. Ciertamente, ellos se debió, en amplio grado, a su régimen de seguro obligatorio contra la enfermedad. Y sin embargo, no cabe duda que los diferentes sistemas que hoy días funcionan en Europa, tienen diferencias muy serias. Un nuevo tipo de servicio médico ha emergido, pero muy orientado a preservar lo más posible, las viejas modalidades. En su mayor parte los doctores son pagados por cada atención y como los recursos de las compañías de seguro no son limitados, los honorarios son, a veces, muy inadecuados. Por otra parte, médicos y pacientes cometen abusos, haciendo necesario implantar controles. El resultado ha sido una gigantesca máquina administrativa y una burocracia sin fin.

El próximo paso en esta evolución correspondió a Rusia, donde toda la población, trabajadora, está asegurada contra la enfermedad y donde el médico tiene la misma posición que otras profesiones tienen ya en otros países, como el sacerdote, el juez ó el maestro.

Los médicos tenemos un fuerte espíritu de cuerpo, tenemos una gloriosa historia de la cual estamos legítimamente orgullosos; al revés de otras profesiones, lo que nos une a todos, sea que trabajemos al lado de la cama del enfermo, en laboratorios u oficinas, es que no tenemos sino un propósito: Servir al enfermo.

Hemos desarrollado poderosas organizaciones profesionales, desde el comienzo de la historia. Los médicos griegos tenían sus corporaciones, sus códigos y su ética, igual que los cirujanos medioevales. Los médicos de la edad media, pertenecían a facultades que eran organizaciones muy poderosas. A partir del siglo XVI se desarrollan las sociedades médicas, que hoy tienen una enorme influencia en el mundo entero. Todo ello nos hace necesariamente muy conservadores; pero debemos tener el valor de encarar la situación actual abiertamente. No debemos tener miedo a las palabras que tan a menudo son incorrectas y de significado oscuro para quienes las usan. Tenemos una profesión muy absorvente y desde el día que entramos a la escuela de medicina, tenemos que trabajar arduamente, lo que nos deja poco tiempo para mirar y descubrir lo que ocurre a nuestro alrededor. De este modo, bien puede ser que muchos de nosotros, no nos hayamos compenetrado de cuan rápidamente está cambiando el mundo. Hay una fuerte tendencia a abandonar el individualismo. La salud y la enfermedad ya no son considerados asuntos privados de cada persona. En muchos países se han dictado leyes para “imponer” salud. La sociedad se siente más y más responsable del bienestar de todos sus miembros. Ha puesto al alcance de todos, los medios para recuperar y mantener la salud y, en cambio, muy bien puede ofrecer salud al individuo. Puede o no gustarnos esta evolución; pero no podemos contrariarla. Todos dependemos unos de otros, si grandes sectores de la población sufren, es obvio que todo el resto, será afectado. Para nosotros, médicos, la idea de que un órgano enfermo compromete todo el organismo, debería ser familiar.



Hay una lección que puede ser deducida de la historia, esta es que la posición del médico en la sociedad, no es jamás determinada por el médico mismo, sino por la sociedad que sirve; podemos oponernos al progreso, podemos retardarlo, pero nunca podremos deternerlo. La historia de la profesión médica ha alcanzado hoy un punto crucial, y es nuestra tarea mantener la eficiencia de una noble profesión, que no sólo tiene un gran pasado, sino un futuro aun más esplendoroso. Quiero terminar repitiendo algo que he escrito antes: “Nunca, como ahora, la sociedad ofrece al médico tanta influencia y un campo tan amplio de actividad. Ciertamente, nunca como hoy puede el médico ser un estadísta, el Asklepios politikos, visualizado por Platón”.


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