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Rosemarie Trockel Alicia Romero, Marcelo Giménez


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Rosemarie Trockel

Alicia Romero, Marcelo Giménez

(sel., trad., notas)



Rosemarie Trockel

Schwete, 1952. Vive y trabaja en Köln
El arte de Rosemarie Trockel ha transformado las premisas sobre lo consistente, la autoridad, las oposiciones irreductibles, el sujeto unificado, los sentidos cristalizados y la autonomía. Es un arte de la diferencia, del rechazo a los códigos aceptados, a la seguridad de lo estandardizado, a las circunscripciones categoriales, que ofrece una perspectiva femenina sin necesidad de afirmar una superioridad o una exclusividad frente a lo masculino.

Nacida en 1952, en Schwerte (Alemania Oeste), RT estudió matemáticas y religión antes de dedicarse al arte. Como otros artistas de su generación, ella sufrió el doble impacto de Joseph Beuys y Andy Warhol. Este último plantea la relación del arte con el consumismo y la producción de masas. En Beuys está presente el abandono de los materiales tradicionales, la fusión entre arte y vida y la necesidad de restablecer los vínculos con la naturaleza. Lo común en ambos artistas es su concepción expandida del arte y la importancia acerca de cómo éste puede ser redefinido y percibido. Es de primordial importancia su rechazo a la existencia de un único y sacralizado orden simbólico y a la negación de lo banal y lo cotidiano en toda su idiosincrasia y ambivalencia. Los jóvenes alemanes respondieron a estas ideas de Beuys y de Warhol desde un contexto artístico en rebelión contra toda autoridad y en protesta contra el estado social existente. Lo hicieron en diversas direcciones: AR Penck, Walter Dahn, Reinhardt Mucha y Georg Herold, Katharina Fritsch y Thomas Ruff.

RT, según sus propias palabras, se ocupó como temas constantes de la mujer, la inconsistencia y la crítica a las tendencias de moda.

Entre 1974 y 1978 estudió pintura en la Werkkunstschule de Colonia. A inicios de 1980 comenzó a exponer, y en 1983 hizo su primera muestra individual en Colonia.

Desde 1985 realiza sus Knitted Pictures (pinturas tejidas), que expresan su alejamiento de la pintura tradicional, cuyo privilegio por sobre otras disciplinas denota el dominio de lo masculino en las Bellas Artes.

Sus obras se realizan a partir del tensado de un tejido de lana que incorpora diseños y textos declarativos. Estos motivos están dibujados en general en computadora y luego realizados a máquina. Si bien evocan lo femenino, rechazan la usual separación entre los modos de creatividad de los géneros (hombre/mujer). Al conjugar las esferas del oficio, el arte y la máquina, estas pinturas sugieren la asociación de referencias aparentemente contradictorias de lo doméstico, lo cultural, lo tecnológico y lo mercantil. RT articula semejanza y diferencia, pero no crea una unidad y tampoco borra las caracterizaciones dispares; así, el pensamiento de la artista queda asociado al feminismo crítico.

Mientras el formato tejido evoca lo femenino, ofrece un eficaz anclaje para la representación prototípica de la mujer (como diosa idealizada, como madre, virgen santa, objeto de la mirada y del deseo, poseedora de una esencia eterna que resguarda su naturaleza de las circunstancias actuales de la vida). Pero en la medida de su factura expande el significante mujer, agrega a la identidad femenina el sentido de ser del trabajo. No más mistificación en su labor sino atención a la funcionalidad, logrando por fin ser un par (no un igual) con el hombre trabajador.

Ya sea en las pinturas tejidas como en las esculturas que incluyen hornos, planchas, escobas, cucharones, etc., RT comunica la idea de que el trabajo de la mujer está generalmente restringido al hogar, pero, en tanto lo hace artísticamente, introduce una torsión a este concepto. Confundiendo la apariencia de los objetos domésticos logra expandir las asociaciones del espectador más allá de la zona de actividad hogareña.

RT ha utilizado numerosas representaciones de la mujer. A veces aparece tras la iconografía de la sirena en tanto símbolo legendario de la seducción femenina, o también puede aparecer como un tipo de maniquí de vidriera comercial, etc. En todos los casos, será el elemento de un relato más amplio que pendula entre lo mítico y lo fáctico, en una historia, la historia de la mujer, que en el pensamiento de RT no es ni progresiva ni regresiva. Los símbolos de la actividad doméstica que acompañan a las figuras femeninas pueden tener un tono amenazador o irónico, y así plantean que en ocasiones son las propias herramientas asignadas a la mujer las que puede poner en conflicto y hasta destruir su imagen estereotipada por el sistema patriarcal.

Made in Western Germany (1987) es una “pintura tejida” fue producida mecánicamente a máquina. Utiliza un logo cuyo significado es “todo lo que se manufactura en Alemania del Oeste”. Pero este logo no aparece sobre una etiqueta como “west” sino como “western”, vocablo del lenguaje cinematográfico que en el inconciente está relacionado con lo salvaje indómito, los espacios abiertos a toda aventura, un paisaje sin límites; en esta obra provee un diálogo metafórico entre las referencias sociales y comerciales y la abstracción poética.


El trabajo con los estereotipos es también frecuente en la obra de RT para confrontar a través de la parodia una idea extensamente glorificada por el arte mundial: la de la representación auténtica. Frente al aura exagerada de tal concepto, RT suele contrarrestar disponiendo objetos comunes (algunos emblemáticos de la división de los géneros) sobre pedestales artísticamente diseñados. Además de esta idea de monumento, puede aparecer la idea de espécimen o vestigio cuando utiliza vitrinas, muchas de ellas dispuestas para connotar un valioso descubrimiento, un estudio científico riguroso o un hallazgo arqueológico, que deben ser honrados para su preservación en el tiempo. Incluso algunos objetos aparecen como “curiosidades”. En todos los casos, la idea tiene que ver con lo femenino entendido como funciones ligadas a su identidad.

En otros trabajos, RT utiliza el cuerpo fragmentado, provocando el funcionamiento de la metonimia a partir de múltiples referencias producidas en torno a la cultura (convocatoria a las distintas formas de lo femenino en el mundo).

RT ha diseñado ropa con valor de objeto artístico. Lo fundamental es poner de relevo el papel que el vestuario ha tenido en la conformación de la identidad genérica. A veces remarca estos significados trabajando con decoraciones de signos opuestos, por ejemplo, más y menos, mostrando cómo el primer término está asociado siempre a la jerarquía masculina. Estos objetos-ropa socavan así la “naturalidad” de las oposiciones, y muestran cómo a partir de cierto momento histórico, las ropas del hombre se relacionan con su identidad laboral, mientras que las de la mujer permanecen ligadas al adorno y la apariencia. RT señala la desaparición de esta dicotomía en las últimas décadas, diseña objetos de indumentaria que exponen esos cambios. Pero también revela la cuestión actual de que la moda se ha convertido en un dominio de hombres: los diseñadores.

En el Esquizo Pullover (1988), se muestra una identidad que es la acomodación de tensiones entre el sí mismo y el otro. Este sweater doble está tejido para dos personas diferentes tanto como para una persona bicéfala: se trata de dos entidades no opuestas ni autónomas, sino necesitadas de dialogar en un contexto de incertidumbre, confusión y no convencionalidad.

En Máquina de Pintar (1990), el pelo se convierte en una herramienta artística eficaz. Por ella se confunden identidades y se revelan diferencias y similitudes. La escultura presenta pinceles realizados con mechones de pelo provenientes de cincuenta y seis artistas distintos, entre ellos G. Merz; J Baldessari; S. Polke; Alex Katz; W, Dahn; B. Kruger; Peter Schuff; M. Kippenberger; A. Messager; Gilbert & George, K. Smith; S. Calle; etc. Estas guedejas pueden ser embebidas en acuarela y movidas sobre una superficie para colorearla. Hay siete hileras de ocho pinceles que penden de rollos de acero. El movimiento se logra por medio de una polea motorizada.

Los pinceles fueron manufacturados por la fábrica de pinceles de Nüremberg Da Vinci. Cada pincel lleva el nombre del artista donante y evoca en su formato algunas de sus características personales. El producto, las Cincuenta y Seis Pinceladas consta de siete obras que devienen signaturas en el deslizarse de los pinceles sobre el soporte de papel japonés. El trabajo borra las diferencias hombre/mujer por la indeterminación figural y la similitud de apariencias. Cada lámina consta de ocho trazos que representan los diferentes artistas. Por ejemplo la lámina 1 reúne a Olivier Mosset, Arnulf Rainer, Vito Acconci, Annette Lemieux, Tishan Hsu; Gerhard Naschberger; David Robbins y Georg Baselitz.

La Máquina ha producido siete diferentes láminas en una edición de siete copias. Al finalizar esta producción los trabajos fueron destruidos, por lo que se recuerda junto a la edición de Cincuenta y Seis Pinceladas una máquina castrada: una escultura (abstracta) exhibida junto a la copia 1/1 de la edición como un trabajo autosuficiente.

Eva en Trance con Ectoplasma (1989), tanto por el nombre como por la forma, alude a las experiencias primarias. La referencia al ectoplasma introduce una sustancia científica no mensurable. Para el espiritualismo, el ectoplasma es también lo vaporoso, una sustancia que emana del cuerpo del médium durante el trance. Su apariencia en la escultura designa lo incontrolable e inanalizable de esta experiencia y un tipo de comunicación que nada tiene que ver con la dimensión cognitiva.

Así como con los estereotipos RT se ha ocupado del pasaje de los símbolos y emblemas a los logos y, haciendo un giro en su sentido, los ha utilizado como motivos irónicos y críticos; un ejemplo: la hoz y el martillo. En la Rosa de Kasanlak (1986) el martillo es reemplazado por una rosa y el nuevo emblema deviene la marca comercial para una línea de perfumes caracterizada por una esencia floral asociada con Kasanlak, una región de Bulgaria. Se debilita el significado político inicial, pero se repolitiza de manera inesperada por la elección del nombre: Rosa de Kasanlak fue en la realidad una disidente política de la década de 1970 devenida heroína porque fue asesinada por agentes del gobierno. Así RT vuelve a demostrar que ningún significado está cerrado, sino expuesto a seguir significando con el devenir de los acontecimientos.



Criatura de Hábito (Ciervo) (1990) es un trabajo de una serie en la que. usando animales en lugar de humanos para denotar lo que en español llamamos “animal de costumbres”, la artista instala la idea de que el hábito es una conducta fundamental más enraizada en el instinto o el condicionamiento que en el análisis intelectual. RT representa animales, como criaturas pasivas, profundamente dormidos, casi inanimados sino muertos. Con ello evoca la idea de que el hábito no involucra necesariamente el activismo; sus figuras ejemplifican una carencia de actividad, un condicionamiento a “no hacer nada” a ser apático o simplemente a hacer lo que ha devenido fácil y habitual. Estos animales son verdaderamente “de hábito” y resisten el aprendizaje de nuevas tácticas. Aparecen vulnerables de una manera que nos inquieta, expuestos a la mirada de todos y pareciendo tener poco control sobre su destino. Si se los mira como animales muertos se apela a nuestra ineptitud para comprender las fuerzas o peligros del mundo circundante.

Balaclava (1986) es una serie de máscaras de lana con cinco diseños diferentes: la hoz y el martillo; la svástica; líneas onduladas; signos matemáticos (+) y (-); y el conejito de Play Boy presentadas como obras de arte. Juega con los límites que separan la mercancía del objeto de valor simbólico y el ícono del logo. Rt entreteje los códigos sociales, culturales y vestimentarios, como lo han hecho Ashley Bickerton y Haim Steinbach. Para la artista la máscara no consiste sólo en lo que ellas dicen sino también en lo que excluyen, tienen como tema “la ausencia”.1

Rosemarie Trockel en Argentina
FUNDACIÓN PROA (Buenos Aires). Rosemarie Trockel. 2005

http://www.proa.org/exhibicion/trockel/trockel.html
Fundación Proa presenta dos muestras de arte contemporáneo, una de la artista alemana Rosemarie Trockel y De Rosas, Capullos y Otras Fábulas de un grupo de artistas argentinos. Estas dos exhibiciones dialogan entre sí dado que es la muestra de Rosemarie Trockel y su presencia en Argentina lo que motivó a realizar un taller de trabajo sobre su obra, coordinado por Victoria Noorthoorn.

Rosemarie Trockel, (n.1952) una de las artistas más críticas y fundamentales del arte contemporáneo alemán presenta por primera vez en la Argentina un conjunto de obras donde se destacan dibujos, instalaciones, fotografías y video que dan cuenta de la diversidad y riqueza del territorio plástico de la artista. La valoración de Trockel en la escena internacional se debe a que su trabajo explora la metamorfosis del sujeto. Artista y arquitecta, Trockel dedicó su arte provocador a desmitificar la figura del artista-genio hombre confrontándolo con roles y motivos típicamente femeninos, posicionándose en aquella escena artística predominantemente masculina de los años ‘80. La Documenta X, en Kassel, la 48° Bienal de Venecia en 1999, la EXPO 2000 en Hannover y una exposición retrospectiva individual en el Centre Pompidou de París en el año 2000 fueron sólo algunos de los importantes hitos en su exitosa carrera. La artista es una dibujante incansable, sus dibujos y collages (realizados mediante todas las técnicas posibles; lápiz, bolígrafo, acuarela, computadora), sus instalaciones, fotografías y grabados presentan una fuerza imaginativa desbordante.

Rosemarie Trockel es la estrella del arte contemporáneo en Alemania. Esta exhibición se organizó conjuntamente con el ifa/Instituto para las Relaciones con el Extranjero y el Goethe-Institut Buenos Aires.

“De Rosas, Capullos y Otras Fábulas”, curada por Victoria Noorthoon, presenta a los artistas Jane Brodie, Aili Chen, Mariana Cortés, Martín Di Girolamo, Flavia Da Rin, Marina De Caro, Inés Drangosch, Ana Gallardo, Guillermo Iuso y Florencia Rodríguez Giles.

Esta exposición es el resultado del proceso de diálogo y experimentación del que participaron los artistas en base a las afinidades existentes entre diversos escenarios del arte contemporáneo internacional –en este caso, entre el trabajo de Rosemarie Trockel– y el de cada uno de ellos.

“De Rosas, Capullos y Otras Fábulas" se gesta a partir de un taller de encuentro e intercambio sobre la obra de Trockel que mantuvieron estos artistas durante dos días. Conjuntamente diseñaron esta nueva experiencia cuyo objetivo es acercar a la escena local las problemáticas de la transformación y la metamorfosis, la subjetividad como un proceso resultante del cambio continuo, y lo femenino, a través de una variedad de técnicas donde predomina la instalación in situ. Todos los trabajos presentados fueron realizados especialmente para esta exhibición.

Figura clave del arte contemporáneo alemán, Rosemarie Trockel (n. 1952) irrumpió en una escena artística ampliamente dominada por grandes figuras masculinas hacia fines de la década del ’70, que incluía a Anselm Kiefer, Martin Kippenberger, Sigmar Polke, y Gerard Richter, entre otros. Desde temprano, en compañía de Mónica Spruth, primero colega artista y luego su galerista, se interesó en el lugar de la mujer tanto en el mundo del arte como en la vida cotidiana. Frecuentemente viajaban a Nueva York, ciudad en la cual la mujer artista cobraba una voz cada vez más vigorosa, como en los casos de Barbara Kruger, Jenny Holzer, o Cindy Sherman, todas notoriamente activas y visibles. En esa época, Trockel ya era una prolífica dibujante, al tiempo que realizaba sus primeros films y esculturas, que ocuparían gran parte de su producción en la década del ’80 junto a sus emblemáticas Pinturas tejidas. Por su parte, los ‘90 serán años de continua indagación en el dibujo, la instalación, y el video, las disciplinas principalmente presentes en esta exposición.

La exposición Rosemarie Trockel incluye una selección representativa del dibujo y el video en Trockel, así como sus Pinturas Tejidas (1992, 2002) y la prominente Máquina de Pintar (1990). Dibujo y video son aquí tanto obras en sí mismas como medios de exploración y propuestas, donde puede apreciarse la indagación de Trockel en los temas que principalmente la motivan. Entre éstos, la metamorfosis ocupa un lugar central. De imagen en imagen, Trockel transmuta al hombre en mono, al mono en hombre, al hombre en celebridad o incluso en monstruo o en animación. Es notorio el caso de su video Buffalo Milly + Billy (2000), donde no sólo se da un fluir de irónicos hombres-monstruos cuyos disfraces remiten al mundo infantil (o incluso primario), sino que aquí el dibujo se superpone al video convirtiendo a la filmación en una fascinante animación. Este constante devenir, tanto del hombre como del medio utilizado, refieren a la imposibilidad de establecer con certeza una identidad fija.

En la serie de dibujos “B.B./B.B.” (1993), Trockel trata el tema puntual de la identidad. Estos dibujos combinan los retratos de Bertold Brecht y Brigitte Bardot, posibilitando la creación de una imagen intermedia, “entre” estas figuras. Y al mismo tiempo, en estas obras, Trockel explora una temática que le fascina: el fenómeno de la celebridad, que como la marca, o el logotipo, son signos fuertes, cargados, y así perfectos para la deconstrucción que la artista procede a realizar sobre los mismos.

Trockel se resiste al dogma, en todas sus variantes, cuestionando preconceptos y lugares comunes. Entre sus exploraciones, cuestiona fervientemente dos situaciones: las categorías legitimadoras del sistema del arte, y los estereotipos construidos en torno a lo femenino.

En sus numerosos dibujos, Trockel invalida la noción de estilo, al proponer giros entre uno y otro, al pasar del comic al documento a la ilustración, o de la pincelada suelta al puntillismo. Así se niega a ser encasillada en una caracterización estática que pueda ser legitimada. Pero asimismo, en su Máquina de Pintar (1990), Trockel cuestiona los mecanismos de autoría en la pintura. Con su marco de hierro del cual cuelgan numerosos pinceles realizados con cabellos de sus colegas artistas -cuyos nombres aparecen identificados- la Máquina de Trockel produce dibujos que contienen las marcas de ocho pinceles / cabellos en simultáneo. Así debate irónicamente la noción de “marca de autor” en tanto instancia legitimadora del arte, mientras establece la paradójica posibilidad de la obra grupal bajo su propia autoría.

A través de la referencia a la máquina, Trockel cuestiona la situación de la mujer en el arte y en la vida cotidiana. Pues la artista constantemente revierte los preconceptos de lo mecánico como masculino, y lo artesanal como lo femenino, cuando en sus obras propone cruces entre estos conceptos usualmente disociados. Por ejemplo, sus Pinturas tejidas están realizadas mecánicamente a partir de un diseño digital. Así, Trockel une el tejido típicamente asociado al mundo de la artesanía femenina, con la máquina, aquella instancia asociada al trabajo del hombre. Y postula la posibilidad de una mujer conceptualizada desde el mundo del trabajo. Descoloca tanto una como otra referencia para tornarlas sinsentidos. Y aplica estos cruces entre géneros constantemente, como cuando recurre a la moda o al peinado para explorar tipologías sociales; o cuando aplica la clave minimalista—en un gesto típicamente masculino—a obras con hornallas eléctricas asociadas al mundo de lo femenino.

En la obra de Rosemarie Trockel estamos frente a una postura entre femenina y feminista, siempre distante y objetiva respecto de su sujeto de estudio. Esta distancia Brechtiana le permite proponer contínuamente una resignificación de lo dado, de lo legitimado y establecido, para postular la transformación misma y el continuo cuestionamiento como claves de su concepción del mundo.

De Rosas, Capullos y Otras Fábulas es la exposición resultante del proceso de diálogo y experimentación del que participaron Jane Brodie, Mariana Cortés, Aili Chen, Marina De Caro, Flavia Da Rin, Martín Di Girolamo, Inés Drangosch, Ana Gallardo, Guillermo Iuso y Florencia Rodríguez Giles. Los artistas fueron invitados a conformar un taller de trabajo sobre la base de las afinidades existentes entre diversos escenarios del arte contemporáneo internacional; en este caso, entre el trabajo de Rosemarie Trockel y el de cada uno de los artistas seleccionados. En un mundo de comunicaciones veloces y fluidas, las preocupaciones que dan lugar a la creación contemporánea rara vez existen en forma aislada, posibilitando la presencia de afinidades, cruces y diálogos.

De carácter netamente experimental, el taller posibilitó la creación de un espacio de conocimiento y cuestionamiento, así como de encuentros inesperados, y dio lugar a obras inéditas expuestas por primera vez en Proa. En este marco, la curaduría tomó la forma de un espacio de posibilidad definido por la selección de artistas y el contexto de Trockel, así como por la articulación general y el apoyo al riesgo y a la exploración de límites.

El taller se desarrolló por etapas, que incluyeron: el análisis de la obra de Rosemarie Trockel in situ (expuesta en agosto en el Museo Caraffa de Córdoba), la presentación de cada artista participante de su trabajo y el análisis de su posible relación con la misma, la exploración de los puntos de diálogo entre los artistas participantes, la elaboración de una propuesta integral curatorial sobre la base del material presentado, y la elaboración de proyectos puntuales dentro de dicho marco.

Si bien se partió de Trockel como gran telón de fondo, rápidamente concentramos la atención en temas de exploración y puntos de contacto puntuales. A grandes rasgos, los temas que despertaron mayor debate incluyeron la situación de la mujer, la fuerza del estereotipo, el rechazo ante las jerarquías impuestas por la sociedad y el sistema del arte, la metamorfosis, y la concepción de una subjetividad que se construye desde el cambio permanente.

Entre los puntos de exploración propios de nuestro grupo de artistas, se destacaron la puesta en escena en tanto acto de presentación teatral de un contenido real pero presentado como ficticio; y la dinámica misma de una ficción suspendida o historia congelada, donde se le ofrecen al espectador los elementos para la construcción de un relato que queda en suspenso, esperando activar el desconcierto y la imaginación.

Estas historias en varios casos se centraron en la construcción del sujeto-artista y sus sucesivas mutaciones y transformaciones. Tal es el caso de Flavia Da Rin, quien deviene comic en sus fotografías, y de Guillermo Iuso, quien en su mural lleva al límite el estereotipo del hombre más banal. Ambos se exponen a sí mismos visiblemente alterados. Y es el caso de Ana Gallardo, quien construye su propio paisaje de artistas a través de la mirada interpretativa de su retratística conceptual, donde cada sujeto resulta del cruce entre realidad y ficción.

La subjetividad pensada desde lo femenino fue otro tema de exploración, ya sea por el cuestionamiento de estereotipos sociales –de la mujer bella, como en Martín Di Girolamo, o del hombre argentino, en Iuso– como por la revalorización de una otra mirada, aquella mirada no jerárquica y por lo tanto históricamente femenina, en el conjunto de la exposición. Pues en De Rosas, Capullos... los artistas proponen una imagen que resulta de una reubicación en otro contexto a primera vista extraño, como cuando Marina De Caro presenta un paisaje tejido, casi lunar, en el espacio mismo de la sala, o cuando Jane Brodie interviene las ventanas clausurándolas paradójicamente con una frágil cinta transparente.

Se trata de un continuo revertir de lo conocido, para, en su traslación, dar lugar a la aparición de nuevas imágenes, experiencias, y mensajes. Como en Inés Drangosch, que usa como base al propio poema literario para imaginar nuevas cartografías y diálogos entre sus poetas-sujetos.

Pero es también el caso de Aili Chen y de Florencia Rodríguez Giles, las artistas en la exposición que desde la ficción más se acercan al mundo de lo desconocido, del híbrido. Sus propuestas resisten el anclaje del conocimiento; es imposible describir las cosas tal como son, y menos aún comprender y abarcar al mundo como para responder. Así surgen imágenes sólo existentes en la imaginación o el delirio, en el caso de la tierna niña de la animación de Chen, o en las inquietantes figuras-muñecos de Rodríguez Giles. Así nos encontramos, en esta exposición, ante la pregunta, la fragilidad, la vulnerabilidad, la propia exposición, el terror.

Se trata de una incertidumbre que invade también la arquitectura, como en las instalaciones in situ de De Caro y Mariana Cortés, quienes desde el cruce entre arte y diseño, proponen alterar la vivencia del cuerpo al generar una nueva percepción del espacio, que aquí también deviene espacio social. Lo blando genera metamorfosis y cambio a partir de su entrada en escena.


LÓPEZ ANAYA, Jorge. “Rosemarie Trockel. Transformaciones, Metamorfosis y Mutaciones”.Arte al Dí (Buenos Aires). 2005. http://argentina.artealdia.com/content/view/full/48798
Desde el 11 de octubre hasta el 26 de noviembre de 2005 se presenta en la Fundación Proa la exposición de esta artista que emerge en el arte contemporáneo alemán como una nueva subjetividad estética. El extraño carácter de su obra fluctúa entre lo racional y lo intuitivo. Fue conocida en sus comienzos por sus grandes cuadros de lana tejidos con máquinas domésticas en los que se aprecian diseños intencionalmente carentes de estilo, como logos de empresas, la hoz y el martillo o la cruz gamada. También imitó algunas prendas de vestir como las máscaras de los terroristas y las medias gigantescas. Su obra siempre despierta una oleada de críticas y adhesiones de toda clase.

Rosemarie Trockel, de quien se presenta una exposición con más de setenta obras en la Fundación Proa, es una de las figuras principales del arte contemporáneo en Alemania. Pertenece a la generación emergente en la década de los ochenta, marcada por una substancial revalorización de valores y comportamientos (la era de Ronald Reagan, de Margaret Thatcher, del sida, etcétera) que incidió en el desarrollo de una nueva subjetividad estética. Era la época de notorio protagonismo del Nuevo Expresionismo alemán, en el que actuaban Georg Baselitz, Jörg Immendorff, Anselm Kiefer, Markus Lüperz y A. R. Penk.

Los videos, assemblages, instalaciones, dibujos, fotografías y esculturas de Trockel se relacionan con los temas que estudió en la universidad antes de dedicarse a las artes visuales: antropología, sociología, teología y matemáticas. Sus trabajos, con escasas excepciones, interrogan una y otra vez la condición femenina, así como el lugar de la mujer en el mundo del arte. Estas cuestiones, que aparecen mostradas de manera metafórica, por lo general revelan mundos privados, íntimos; todo es misterioso y evocador.

En los dibujos, medio del que se vale en muchas ocasiones (expuso un centenar de ellos en el Centre Pompidou, de París, en 2001), nunca falta el humor. Muchos trabajos de estas series –en los que se advierten raíces románticas- tienen como cuestiones recurrentes la transformación, la metamorfosis y la mutación. Para la artista las cosas no son nunca lo que parecen ser, los dobles sentidos asoman constantemente. Los seres humanos se animalizan y los animales se humanizan, los objetos más variados adquieren formas humanas y los humanos cambian de sexo.

Rosemarie Trockel nació en Schwerte, Alemania, en 1952 y comenzó sus estudios de arte recién en 1974 en la Werkkunstschule de Colonia, donde se enseñaban artes aplicadas. Esta formación influyó, sin duda, en el extraño carácter de su obra, que fluctúa entre lo preciso, como las ciencias, y lo intuitivo, como las humanidades. Sin duda, el movimiento Fluxus constituyó una fuente de inspiración para su obra; también recibió del influjo del arte conceptual y sociopolítico de Joseph Beuys. Su primera exposición individual la presentó en 1983, en Colonia.

La obra de Trockel, por otra parte, se ubica en el contexto internacional del debate feminismo-postfeminismo en el que también estuvieron involucradas, en la década de los ochenta, Bárbara Kruger, Jenny Holzer, Sherrie Levine, Cindy Sherman y Louise Lawler.

Trockel fue conocida en sus comienzos por los grandes cuadros de lana, tejidos con máquinas domésticas. En ellos aparecían pequeños diseños con motivos intencionalmente carentes de estilo e ingenuos, como los logos de corporaciones, la hoz y el martillo, la cruz gamada o la frase Alemania del Oeste. También imitó algunas prendas de vestir como las máscaras de los terroristas, las medias gigantescas y algunas prendas de moda con acotaciones críticas.

Una de sus obras más recordada es Cogito, Ergo Sum, de 1988. Esta es una “pintura” tejida en lana, con el pensamiento de Descartes (una de las frases de la filosofía más repetida, de la que sin duda desconfía) bordada con una caligrafía temblorosa sobre una superficie completamente blanca. Se trata de una afirmación postfeminista de la identidad femenina. En la base del rectángulo, en el lado derecho, subrayando el sentido, hay un cuadrado negro. Este es una respuesta feminista al cuadro de Signar Polke, de 1969, titulado Los poderes superiores del orden! pintar el ángulo superior derecho en negro! (la artista desobedeció la orden masculina cambiando la posición de la superficie negra).

En el comienzo de los años ochenta, Trockel empleó la fotocopia para alterar dibujos de Van Gogh, de Käthe Kollwitz y de Andy Warhol. Otros trabajos, realizados una década más tarde, remiten a los utensilios domésticos, como los de su envío a la Bienal de San Pablo, donde utilizó cocinas eléctricas de diseño minimalista.

Trockel no ha hecho sólo representaciones de animales en dibujos y esculturas de bronce. En la Documenta X de Kassel, Alemania, en 1997, presentó en colaboración con Carsten Höller, una instalación con animales vivos: Casa para cerdos y seres humanos. La obra, que despertó una oleada de críticas y adhesiones de toda clase, fue la más comentada de la gran exposición internacional.

La muestra de Rosemarie Trockel está organizada de manera conjunta por Ifa-Instituto para las Relaciones con el Extranjero, Goethe Institut de Buenos Aires y Fundación Proa. La curaduría es de Gudrun Inboden, en la coordinación participan Nina Bingel y Victoria Noorthoorn.

De Rosas, Capullos y Otras Fábulas

De manera simultánea con el exposición de Rosemarie Trockel, en la Fundación Proa, se presenta “De rosas, capullos y otras fábulas”, una muestra en la que participa un conjunto de artistas argentinos integrado por Jane Brodie, Aili Chen, Mariana Cortés, Marina De Caro, Flavia Da Rin, Martín Di Girolamo, María Inés Drangosch, Ana Gallardo, Guillermo Iuso y Florencia Rodríguez Giles. Victoria Northoorn es la curadora del proyecto. La exposición, según se anuncia, “es el resultado del proceso de diálogo y experimentación del que participaron los artistas sobre la base de la afinidad existente con el trabajo de Trockel”.
“Miradas con sello femenino. La alemana Rosemarie Trockel y la israelí Aliza Olmert muestran un arte capaz de desmarcarse de los estereotipos de género”.La Nación (Buenos Aires)2
En los años 70, la escena del arte alemán estaba dominada por artistas varones y por una cosmovisión masculina tradicional. Entre los grandes nombres ya se destacaban Anselm Kiefer, Sigmar Polke o Gerard Richter. En ese contexto emergió Rosemarie Trockel. Y es de imaginar que no debe de haber sido fácil para una chica forjarse un lugar en ese ambiente cultural, en el cual "lo importante" era sinónimo de "lo masculino".

Quizá por eso, Trockel se vinculó rápidamente con el ambiente neoyorquino, mucho más liberal, cosmopolita y abierto. En Nueva York las mujeres artistas tallaban fuerte y la experimentación estaba a la orden del día. A comienzos de los años 80 ya ocupaban un lugar significativo las fotógrafas Nam Goldin y Cindy Sherman, así como también los artistas gay (Keith Haring y Jean-Michel Basquiat, especialmente, pero también Robert Mapplethorpe), que ya se estaban transformando en la primera generación de estrellas internacionales.

A lo largo de tres décadas, Trockel recorrió diversos caminos, apostó a soportes diferentes y sostuvo -con la obra y con la reflexión teórica- diversas posiciones en el mapa del arte contemporáneo. Pero, como bien se puede ver en esta primera muestra antológica que se le dedica en la Argentina, hay en esos cambios y ramificaciones una profunda coherencia, ligada a la experimentación y a la búsqueda constante.

El de Trockel es un arte que surge de una conciencia crítica: enfrenta tanto los estereotipos de género ("La mujer es sensible; el hombre, racional") como las apuestas de poder que se sustentan en esas ideas ("La mujer debe reinar en la cocina y dedicarse al cuidado de los niños; el hombre se encarga de transformar el mundo"). Pero el suyo no es un arte discursivo, menos aún panfletario. Su obra es profundamente poética, ambigua, siempre abierta a nuevas lecturas.

En el dibujo Joven dormitando, por ejemplo, si bien el título dice una cosa, la imagen invita a imaginar otros varios estados posibles: desde la muerte hasta el entrecerrar los ojos para dejarse llevar por la imaginación alucinada. Sus pinturas tejidas y sus videos, su máquina de pintar y sus dibujos no son apuestas sencillas a sentidos simples: siempre hay un plus en la forma y en la energía que hace que sus obras vayan más allá de lo explícito.

Esta muestra de la artista alemana se acompaña con otra, curada por Victoria Noorthoorn, que surgió de un laboratorio sobre la obra de Trockel en el que participaron diez artistas: Jane Brodie, Aili Chen, Mariana Cortés, Flavia Da Rin, Marina De Caro, Martín Di Girolamo, Inés Drangosch, Ana Gallardo, Guillermo Iuso y Florencia Rodríguez Giles.

El espíritu que reinó en ese laboratorio fue tan amplio y abierto como la obra de la alemana que los convocaba: los artistas que participaron pertenecen a las más diversas tendencias; trabajan con soportes diferentes. Y produjeron obras tan disímiles entre sí como sólo pueden surgir de experiencias profundamente personales.

En el primer piso de la Fundación Proa se pueden ver estos trabajos, que van desde el minimalismo transparente y resueltamente poético que caracteriza la obra de Jane Brodie hasta el trazo mágico del dibujo animado de Aili Chen, pasando por el cartel, pleno de humor e inventiva, de Guillermo Iuso o por la instalación trágica de Florencia Rodríguez Giles (quien además, posó para una de las obras de Di Girolamo, esas esculturas "en pose de combate", que ponen en escena la mirada enamorada del artista). El conjunto de la obra de estos artistas es de una sutileza y de una potencia visual que, si no es la belleza, se le parece bastante.


"Córdoba: Rosemarie Trockel. Exposición Museo Caraffa”

http://www.goethe.de/hs/cor/Bildende_Kunst/rosemarie/spindex.htm
La escena artística, en la década del ochenta todavía dominada por los hombres, despierta en Rosemarie Trockel el deseo de contradecir. Con firmeza formula posiciones opuestas en las que opone roles y temas femeninos al genio masculino. Cada uno de sus grupos de obras refleja su punto de vista, que es el de un arte decididamente femenino. Para ello, no escatima críticas al sistema artístico imperante

A pesar de esta actitud crítica, las obras de Rosemarie Trockel confrontan al observador con constructos llenos de fantasía y proyectos artísticos claramente convincentes. Así, la artista logra mostrar, con ironía y humor, una difícil trama de ideas, al tiempo que evita las oposiciones dogmáticas, e incluso la polémica. La ironía y el humor la mantienen siempre distanciada de los contenidos, casi como si durante el proceso de trabajo retrocediera un paso en actitud autocrítica. De este modo logra abordar prejuicios y clichés que atacan a las mujeres en la sociedad y en el mundo del arte, y replicarlos con ingeniosas variaciones temáticas.

El surrealismo intentó aproximar el mecanismo de creación que llamó escritura automática con el método utilizado por Freud en psicoanálisis, la asociación libre.

El desencuentro fue manifiesto, dado que este emprendimiento privilegiaba el lenguaje y la palabra, eludiendo dominio del objeto. Por el contrario, el objeto reaparece cuando Lacan toma como modelo el collage surrealista en su abordaje de la pulsión: “una dínamo, empalmado a una toma de gas, de la que sale una pluma de pavo real que cosquillea el vientre de una hermosa mujer, que permanece allí inmóvil por la belleza del mecanismo”

En Rosemarie Trockel es posible interrogar esta maquinaria donde el objeto se presenta pero en una disolución tan marcada del campo de su experiencia nos lleva a preguntarnos por la temática de lo femenino, el simulacro y el goce en la vida contemporánea. ¿Quién es el partenaire, cual es el prójimo en la fragmentación de lo actual?

11 de agosto al 21 de septiembre. Museo Caraffa (Hipólito Yrigoyen 651, Plaza España, Córdoba. Organizan: Goethe-Institut Córdoba y Museo Caraffa. Auspicia: Plano Azul. Conferencias: Viernes 12 de agosto, martes 20 de septiembre, 19 hs. Conferencistas: Gerardo García (psicoanalista, fundador de la Escuela Freudiana-Córdoba; se ha interesado por el cruce entre psicoanálisis, arte, malestar en la cultura que precipitó en la publicación del texto La metamorfosis del objeto -Alción, 2004-). Clara Álvarez (psicoanalista, Secretaria de Cartel de la Escuela Freudiana-Córdoba; reside en Mendoza; dicta la materia Psicoanálisis y Arte en la Universidad del Aconcagua).


COMBALÍA, Victoria. “Rosemarie Trockel. Dibujos”

http://www.masdearte.com/item_critica.cfm?body=yes&id=56&criticoid=10
Rosemarie Trockel se dio a conocer en los años ochenta en Alemania, coincidiendo con la emergencia de los nuevos expresionistas. Su Cogito ergo sum, bordado en lana, se hizo famoso. Paralelamente ha desplegado una actividad de dibujante en la que sobresalen sus raíces bien ancladas en el romanticismo, en cuanto a temas (gnomos, sueños, fantasías), y una factura desenvuelta en la que prima el lirismo antes que la técnica. Aquí, un tema recorre toda una sala: los durmientes, y el resultado es espectacularmente poético (Centro Georges Pompidou, París. Hasta mediados de enero de 2001).

www.de artesypasiones.com.ar ©DNDA Exp. N° 340514

ROMERO, Alicia, GIMÉNEZ, Marcelo (sel., trad., notas) [2005]. “Rosemarie Trockel”, en ROMERO, Alicia (dir.). De Artes y Pasiones. Buenos Aires: 2005. www.deartesypasiones.com.ar.



1 Reseña realizada a partir de THE INSTITUTE OF CONTEMPORARY ART (Boston). Rosemarie Trockel. Ed.: Sidra Stich. Tex.: Sidra Stich, Elisabeth Sussman. Boston; Berkeley: The Institute of Contemporary Art; University Art Museum; Prestel, 1991.

2 http://www.lanacion.com.ar/herramientas/pda/nota_mostrar_pda.asp?categoria_id=364%7Cpda=4%7Cnota_id=751624%7C


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