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Rito de conclusión Rito de despedida


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Rito de conclusión

Rito de despedida

Tiene dos partes: el saludo y la bendición del celebrante1  y la despedida propiamente tal2 .

El saludo expresa el deseo de que los misterios celebrados influyan, con el auxilio divino, en la vida de quienes han participado en ellos.

La despedida implica a los fieles y al altar. En relación a los fieles, se les dice: «Ite, missa est», en la liturgia romana (o similares). La despedida del altar la hace el sacerdote besándolo e inclinando la cabeza, en señal de reverencia.

Ya había pedido el sacerdote que las oraciones del pueblo y del sacerdote, los sacrificios espirituales, sean presentados a Dios por el ángel asistente a los divinos ministerios. Y por mano del Ángel subió delante de Dios la humareda de los perfumes con las oraciones de los santos (Ap 8,4) y por él las «envía». Por todo esto se denomina «missa». Ya que el sacerdote «envía» (mittit) a Dios sus ruegos con el ángel, como el pueblo los manda por el sacerdote.

También por ser Cristo la Víctima «enviada» (missa). Por eso la despedida al pueblo diciendo: «Ite, missa est», como diciendo: «Podéis iros, la Víctima ya se ha enviado» a Dios por el ángel para que Dios la acepte. San Alberto Magno dice: «Ite, missa est» como si dijera: La Hostia –la Víctima– y nosotros en la Hostia –missa est– está enviada al Padre: Id con el aumento de virtudes como incorporados a la Hostia y enviados –missi– a Dios. Y el coro responde: «Demos gracias a Dios», porque ésa es la gracia cumbre de la que el mismo Hijo dio gracias al Padre en tan alto sacramento. Dice textualmente Santo Tomás: «Por todo esto se denomina "missa", ya que el sacerdote «envía» a Dios sus ruegos con el ángel, como el pueblo los manda por el sacerdote. Tal vez también por ser Cristo la víctima «enviada». ... (se) licencia al pueblo diciendo: «Id, la Hostia se ha enviado» a Dios con el ángel para que la acepte»3 .

El ofrecer –enviar– implica una santificación de lo ofrecido –una bendición descendente– («te pedimos ... que aceptes y bendigas estos dones»). La despedida va unida a una bendición (descendente) de ahí que se considera bendición descendente y juntamente como «missa» todo el conjunto de la Eucaristía: «Para que cuantos recibimos el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, al participar aquí de este altar, seamos colmados de gracia y bendición».

También, puede verse más que como despedida, como una invitación a prolongar la Misa en la vida diaria, como si dijese: «Id sois enviados a prolongar la Misa con vuestra vidas»; a vivir la vida de todos los días como una misión («missio»), para extender el Reino de Dios en la tierra por medio del testimonio y del apostolado, luego de haber sido fortalecidos por la participación en el Sacrificio de la cruz y haber recibido la Víctima divina, como dijese: «Id, sois enviados a la misión para llevar a Cristo a todo hombre y a todas las manifestaciones del hombre».

 

 1 cfr. OGMR 57.



 2 cfr. OGMR 57.

 3 Santo Tomás de Aquino, S. Th., III, 83, 4, ad 9.


Final

Al terminar de escribir este libro sobre un tema tan apasionante y tan difícil1  como la Eucaristía, no puedo no pensar como Santo Tomás luego de su experiencia en la Misa del día de la fiesta de San Nicolás, el 6 de diciembre de 1273, cuando dejó de escribir: «Todo lo que he escrito me parece como pasto seco...» en comparación con la realidad2 . ¡Y eso que era nada menos que Santo Tomás!

Como él pongo bajo el juicio actual o futuro de la Iglesia jerárquica todo lo escrito, aceptando, de manera anticipada las posibles censuras, retractándome desde ya de mis errores y condenándolos.

Las consideraciones acerca de la Sagrada Eucaristía que hemos realizado, en más de 100 aspectos, perspectivas, enfoques o como quiera llamárseles, hablan a las claras de la realidad poliédrica del augusto misterio y del equilibrio teológico que hay que tener para no desdibujar, en ningún aspecto, la grandeza de la realidad del misterio que nos causa asombro y estupefacción adorante.

El sacrificio de la Misa es el abrazo gigantesco de la infinita misericordia de Dios con la inmensa miseria de los hombres3  y es la más rotunda y contundente afirmación de que «todo lo que existe es bueno, y es bueno de que exista»4 , que es el fundamento insoslayable de toda fiesta. Es común escuchar a los feligreses: «fue algo distinto», «se sentía uno en otro mundo», «me parecía estar en el cielo» ... porque en el fondo se capta el mundo verdaderamente «distinto» y absolutamente «nuevo» de la majestad de Dios5 . Platón llamaba a la fiesta un «respiro»6 . Un grande como San Juan Crisóstomo decía: «Fiesta es alegría y nada más»7 , la alegría es la manifestación del amor y: «Donde se alegra el amor, allí hay fiesta»8 . La fiesta vive de la afirmación y es fiesta cuando el hombre reafirma la bondad del ser mediante la respuesta de la alegría. De allí que «no puede darse una afirmación más radical que la glorificación de Dios, que la alabanza del creador de ese mismo mundo; no puede pensarse una aprobación del ser más intensiva, más incondicional. Si el núcleo de la fiesta consiste en que los hombres viven corporalmente su compenetración con todo lo que existe, entonces es el acto del culto, la fiesta litúrgica, la forma más festiva de la fiesta»9 . «Es decir, de hecho, un "decir sin límites: sí y amén"»10 , es el repetido grito de júbilo: ¡Aleluya!, «el alado imperativo», del hebreo Hal.lelú–Yah = ¡Alabad al Señor!11 . ¡Eso es la Misa!

El culto católico «es realmente la realización de un asentimiento expresado como alabanza, glorificación, acción de gracias y referido a toda realidad y a toda existencia»12 .

Es aquello profetizado por el Señor: Viene la hora, y es ahora, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad... Dios es Espíritu, y los que lo adoran, es necesario que lo adoren en espíritu y en verdad (Jn 4,23.24).

Comenta Santo Tomás:

1. «...cuando dice verdaderos, se oponen a tres cosas, según la exposición antedicha: primero contra el falso rito de adoración de los Samaritanos (Ef 4,25: abandonando la mentira, hablad la verdad); segundo, contra lo vano y transitorio que había en las ceremonias carnales (Sal 4,3: ¿por qué amáis la vanidad, y buscáis la mentira?); tercero, contra lo figurado (Jn 1,17: la gracia y la verdad fue hecha por Cristo...).

2. Se entiende ...por eso de en espíritu y verdad, que se indica la condición de la verdadera adoración. Para que la adoración sea verdadera, se necesitan dos cosas:

– Una que sea espiritual: por ello dice en espíritu, es decir, en fervor de espíritu (1Cor 4,15: oraré en espíritu, oraré con la mente).

– La otra que sea en verdad. Primero, por la fe, porque ningún fervor espiritual es apto para merecer si no se adjunta la verdad de la fe (Sant 1,6: pida en fe sin hesitación). Segundo, en verdad, es decir, sin ficción ni simulación13 .

Por lo tanto, para la misma oración se requiere el fervor de la caridad respecto de lo primero, y la verdad de la fe respecto de lo segundo, y la rectitud de intención en cuanto a lo tercero... ...Dios busca quienes lo adoren en espíritu y verdad, tanto en el fervor de la caridad como en la verdad de la fe... (Dt 10,12: ahora, Israel, qué te pide el Señor tu Dios, sino que temas al Señor tu Dios, y camines en sus caminos, y lo ames, y sirvas al Señor Dios tuyo con todo tu corazón...; Mi 6,8: Te indicaré, hombre, qué es bueno y qué te pide Dios: que hagas justicia, y ames la misericordia y camines solícito con tu Dios) ... Dios tanto nos ama cuanto nos asimilamos a Él; pero no nos asimilamos a Él por lo carnal, dado que es incorpóreo, sino según lo espiritual, porque Dios es espíritu»14 .

Nunca debemos presentarnos al altar con las manos vacías: No te presentarás ante mí con las manos vacías (Ex 23,15; 34,20; Sir 35,6), sino llenas de buenas obras que son los frutos de virtud: «La vida moral es un culto espiritual. Ofrecemos nuestros cuerpos como una hostia viva, santa, agradable a Dios en el seno del Cuerpo de Cristo que formamos y en comunión con la ofrenda de su Eucaristía. En la liturgia y en la celebración de los sacramentos, plegaria y enseñanza se conjugan con la gracia de Cristo para iluminar y alimentar el obrar cristiano. La vida moral, como el conjunto de la vida cristiana, tiene su fuente y su cumbre en el sacrificio eucarístico»15 .

Por eso, el sacerdote, luego de la presentación de los dones, inclinado delante del altar, en actitud oblativa, se presenta y pide: «Con humildad y corazón contrito nos presentamos ante ti, Señor; recíbenos y acepta con agrado el sacrificio que hoy te presentamos»16 . Alguno podrá decir: «Me resulta difícil asimilar tanta doctrina y luego vivirla en la Misa»; ciertamente que, de hecho, es mucho más simple la participación en la Santa Misa: se trata de mantener la fe y disposiciones interiores de pureza, asombro, entusiasmo, humildad, confianza, amor... que teníamos el día de nuestra Primera Comunión. ¡Así de simple!

Como decía San Pío de Pietrelcina: «El mundo podría estar aún sin sol, pero no sin la Santa Misa»17 .

Que la Virgen Inmaculada con paciencia de madre y sabiduría de maestra nos acompañe en nuestro eucarístico peregrinar.

 

 1 San Buenaventura, IV Sent., 8, I, 1: «Inter credibilia difficillimum», entre lo que hay que creer es la verdad más difícil, dificilísima.



 2 cfr. James Atanasio Weisheipl, Tomás de Aquino (Editorial EUNSA, Pamplona 1994) 367.

 3 cfr. AA.VV., I Sacramenti (Città del Vaticano 1959) 521.

 4 Josef Pieper, Una teoría de la fiesta (Rialp, Madrid 1974) 36.

 5 Ibidem, 15–16.

 6 Leyes, 653 d 2: anápula.

 7 De sancta Pentecoste, hom. 1; MG 50, 455.

 8 cit. en Luis Thomassin, Traité des Festes de l’Église, II (París 1683) 21; Pieper, Una teoría de la fiesta, ed. cit., 33.

 9 Josef Pieper, Una teoría de la fiesta, ed. cit., 42.

 10 Ibidem, 48.

 11 cfr. Isidro Gomá Civit, El Magníficat (BAC, Madrid 1982) 43.

 12 Josef Pieper, Una teoría de la fiesta, ed. cit., 49.

 13 cfr. Mt 6,5. (En el Misal norteamericano se traduce en el ‘Quam oblationem’ : «an offering in spirit and in truth»; The Roman Misal, New York, 1985, 544. En italiano: «in sacrificio spirituale e perfecto»; Messale Romano, CEI, 2da. ed. 1983, p. 387).

 14 In Ioannem IV, 23–25, Marietti 611–615.

 15 Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2031; cfr. 1368.

 16 Misal Romano, 22.

 17 Saverio Gaeta, Padre Pío sulla soglia del Paradiso, cap. «Como un ostensorio vivente», p. 78; publicado como suplemento de la revista Famiglia cristiana, Anno LXXII, n. 24, 16 de junio de 2002.



2. ¡Nada más difícil que la fe en la Eucaristía!

Muchos de sus discípulos al oírlo dijeron:

«Es duro este lenguaje. ¿Quién puede escucharlo?»

(Jn 6,60).

No hay nada más simple, y al mismo tiempo, nada más complejo que la fe en la Eucaristía. Ahora me referiré a esa «complejidad» de nuestra fe, que nos obliga a profundizar más y más en ella.

Es necesario profundizar más nuestra fe en la Eucaristía como sacramento y como sacrificio porque, como decía muy bien Inocencio III, «en la Eucaristía se cree otra cosa de la que se ve, y se ve otra cosa de la que se cree»1 . De ahí que diga Juan Pablo II: «Verdaderamente la Eucaristía es "mysterium fidei", misterio que supera nuestro pensamiento y puede ser acogido sólo en la fe»2 .

Quiero ahora presentar el proceso que se debe tener en claro para poder sostener con certeza la fe en la Eucaristía; es decir, todas las cosas que un sacerdote o seminarista, un religioso o una religiosa, un laico o laica comprometidos, deben conocer apologéticamente para poder dar razón de su fe en este misterio, a sí mismos y a los demás.



1. Necesidad de comenzar todo desde el principio

Habrán notado en nosotros una seria preocupación por la formación de los seminaristas. En los jóvenes que ingresan al Seminario es notable la ignorancia que hay, por ejemplo, de nuestro idioma español; por eso es que en nuestro plan de formación se estudia castellano en el Noviciado y después se estudia años más en el Seminario Mayor, porque resulta que hoy les pasa a ellos como nos pasó a nosotros: ¡somos hijos de nuestro tiempo! A nosotros nos enseñaban a escribir sin errores, pero ahora, últimamente con todo eso de la «nueva pedagogía», resulta que hay quienes escriben vaca con «b» larga, o caballo con «y» griega... Me imagino que se darán cuenta de eso, aunque no tanto como nosotros. Pero si eso ocurre respecto a la lengua, es mucho más grave lo que ocurre con respecto a la formación religiosa. Muchos han estudiado un Catecismo que no les sirve para nada, que les ha dejado la cabeza vacía y –lo que es peor– el corazón frío. Es la realidad. Nosotros sabíamos de memoria el Catecismo y a la pregunta: «¿Quién es Dios?», respondíamos: «Ser infinitamente perfecto Creador del cielo y de la tierra». Pero hoy suele pasar que le preguntas a un niño de primero, segundo, tercero o cuarto año del Catecismo: «¿Quién es Dios?», y no sabe qué responder. Me acuerdo de un diálogo que tuve con un chico:

– A ver, ¿sabrías decirme quién es Dios?

– Y ... Dios es mi Padre.

– ¿Quiere decir que tu papá es Dios?

– No.


– Entonces, ¿quién es Dios?

– Y... es el Libertador.

– El general San Martín es libertador, ¿el general San Martín es Dios?

– No.


– ¿Y quién es Dios?

– ¿¿¿¿¿¿¿???????

¡Ya no sabía decir nada más!

Cuando éramos jóvenes, en Acción Católica se le daba mucha importancia a la formación, nosotros estudiábamos doctrina y apologética. Esa era la columna vertebral de la Acción Católica: la formación doctrinal. Recuerdo que para ello teníamos textos que eran claves: «Nociones de Apologética» de Marín Negueruela (de este libro había dos ediciones: una que era un resumen y otra más amplia que constaba de dos tomos). Estudiábamos también «La religión demostrada» del Padre A. Hillaire3 , y nos preocupábamos por conocer nuestra fe para profundizarla y también saber defenderla; o sea que uno tenía un bagaje de conocimiento religioso que hoy día no se tiene. Y es por eso que hoy hay que comenzar las cosas desde el principio. Dice el Papa en un discurso memorable sobre las Misiones populares: «Hoy día hay que tener paciencia, hay que comenzar todo desde el principio, desde los preámbulos de la fe hasta los novísimos con exposición clara, documentada, satisfactoria»4 . Noten que dice: «Comenzar todo desde el principio». ¡Todo!



2. Proceso apologético para llegar a la fe en la Eucaristía

En la fe en la Eucaristía, como pasa con cualquiera de los otros artículos de la fe, nos encontramos previamente con los «preambula fidei», es decir, aquellas cosas que todavía no llegan a ser fe pero son como el soporte negativo de las verdades de fe. Si uno se encuentra con alguien que ya de entrada niega un «preambula fidei», no hay que asombrarse de que no quiera ir a Misa ni quiera comulgar: ¡muy difícilmente va a creer en la Eucaristía si niega un preámbulo de la fe! Si alguien niega la existencia histórica de Nuestro Señor Jesucristo, ¿va a creer que Jesús es Dios y que Él está en la Eucaristía? Esto es obvio, pero sucede que en el apostolado muchos no lo tienen en cuenta, y no saben comenzar «desde cero», proponiendo con argumentos racionales adaptados a la diversidad de personas los «preámbulos de la fe».

Antes de desarrollar el proceso apologético, repasemos rápidamente estos preámbulos, que son cinco:

1º. El problema crítico, es decir, es posible obtener conocimientos objetivos. Un relativista que niegue la existencia de la verdad objetiva no va a llegar ni siquiera a este «preambula fidei».

2º. El problema psíquico: La comprobación de la espiritualidad del alma. Si una persona cree que todo es materia, ¿cómo va a creer que la Eucaristía es alimento espiritual del alma, si no tiene alma? Entre comulgar una hostia chiquita y comer una pizza, va a preferir una pizza. No hay que gastar mucho en sesera para darse cuenta de eso.

3º. El problema teodiceo: El conocimiento de la existencia de Dios desde el punto de vista natural. Por las criaturas llegar a la certeza de la existencia del Ser Supremo. Si Dios Todopoderoso no existe, ¿cómo será posible la transustanciación?

4º. El problema ético: La aceptación de la ley natural. Si no hay ley natural, no hay religión natural, ¿por qué habríamos de religarnos, de rendir culto a Dios?

5º. El problema histórico: La historicidad de Jesucristo y de los Evangelios. Si Jesucristo no existió históricamente, Él no instituyó la Eucaristía.

Veamos ahora las etapas del proceso para llegar a la fe en la Eucaristía:

a. Primera etapa: Religión natural

Una primera etapa es conocer lo referente a la religión natural. Evidentemente, lo central y más importante es la certeza de la existencia de un Ser supremo. Una persona que se llama atea, o que se dice agnóstica, ¿cómo va a creer en la presencia real, sustancial, verdadera de Nuestro Señor en la Eucaristía si la Eucaristía es un milagro teológico? Por eso no hay que ponerse a hablar con un ateo de la Eucaristía. Hay que tomar algún punto de partida firme –siempre debería haberlo, a menos que estemos frente a alguien reducido a ser una planta, como dice Aristóteles de los que niegan el principio de no contradicción5 – y entonces, a partir de ese punto, comenzar a hablar primeramente sobre la existencia de Dios. Noten que como están las cosas en la actualidad el ateísmo adquiere muchas facetas. El Padre Fabro señala que la creencia en Dios implica seis realidades para que sea verdadera (si falta alguna, por ese lado se está filtrando el ateísmo):

– Primero: que Dios es espíritu puro;

– segundo: que es primera causa creadora;

– tercero: que Dios es libre;

– cuarto: que Dios es personal;

– quinto: que Dios es providente;

– sexto: que Dios es trascendente6 .

Entonces cuando el hombre capta la existencia del Ser supremo y quién es –esto pertenece a la religión natural–, necesaria y fatalmente se dan estas dos conclusiones:

1° Que dependemos totalmente de Él;

2° Que estamos obligados por ley natural a practicar la religión, es decir a «religarnos» a Dios de manera interna y de manera externa. Esa es la religión: la relación con Dios.

Hay estudios muy hermosos sobre esto. Preparando esta plática, leía que habían encontrado una tribu que aparentemente no creía en Dios. Fue un investigador y estuvo viviendo dos años con esa tribu y a los dos años llegó a la certeza de que ellos adoraban a Dios. Lo que sucede es que lo que concierne a la relación con Dios es un tema muy personal, no es una cosa muy hablada. De tal manera que uno de los puntos firmes de la ciencia antropológica es que todos los pueblos universalmente han rendido culto al Ser supremo.

Afirmamos, por tanto, la existencia de una religión natural. Ahora bien, si Dios quiere determinar más en concreto los dictados de la religión natural o la forma de culto con que ha de ser honrado, el hombre, por su dependencia absoluta respecto al Ser supremo, deberá abrazarse con tales prescripciones positivas. Esto da pie a la segunda etapa.

b. Segunda etapa: Religión cristiana

¿Ha determinado Dios en algún tiempo o lugar de la historia una forma más concreta de moral o de culto? Si la respuesta es afirmativa, hay que aceptar sus consecuencias. Si Dios revela ha de aceptarse la revelación de Dios. Si Dios se manifiesta, ¿cómo no aceptar su revelación si Él es el Ser supremo? La pregunta es precisamente esa: ¿Dios ha revelado?, es decir, ¿ha determinado una forma más concreta de religarse con Él?

En este plano entramos ya en la religión cristiana, pero antes hay varias etapas que se tienen que cumplir si uno quiere hacer el proceso apologético científicamente. Esto lo trata muy bien el libro «Teología fundamental para seglares» de Vizmanos–Ruidor7 . Esta charla es un resumen de lo que allí se trata con mucha profundidad. Yo simplemente indico de manera telegráfica estos puntos para hacerlos pensar en estas cosas.

Previamente se debe hacer lo que se llama el «estudio filosófico de la Revelación», respondiendo a varios interrogantes:

– ¿Qué es la revelación?

– ¿Qué posibilidad hay de que ocurra la revelación?

– ¿Cuál es la conveniencia de la revelación?

– ¿Cuál es su necesidad?

– ¿Cuál es la certeza de su conocimiento?

A renglón seguido hay que estudiar lo metodológico:

– ¿Cuál es la naturaleza de los criterios objetivos que se tienen que tener para discernir la revelación verdadera de falsas revelaciones?

– ¿Cuál es el valor de esos criterios?

– ¿Cómo deben usarse?

– ¿Cómo de hecho se han usado?

Luego hay que preguntarse por el estudio de las fuentes. Éste es el estudio crítico propiamente dicho:

– ¿Cuáles son los principales escritos que aparecen revestidos de cierta autoridad religiosa?

Detengámonos un poco más en la respuesta de esta pregunta. Siete son los principales escritos:

1. En Egipto: tenemos los Textos de las Pirámides, los Textos de los Sarcófagos, El libro de los muertos8 . Otros escritos antiguos son sapienciales, líricos o sociales.

2. En Babilonia: las Leyendas de la creación y el diluvio, himnos y oraciones, textos rituales para las ceremonias litúrgicas.

3. En la India tenemos los Vedas, los Brâhmana, los Upanishad, y Aranyaka; los Sutra, cuyo principal representante fue el Mânava–Dharma Sâstra o Leyes de Manú. Las grandes epopeyas como el Râmâyana y el Mahâbhârata, la literatura en torno a Sihva y Visnú llevada a su apogeo en el Bhagavad–Gitâ. Las obras referentes a las iluminaciones de Siddârta Gautama (Buda), o las directrices ascéticas de Mahavîra y Granth Sáhib, libro sagrado de los Sikhs.

4. En China: se nos ofrecen tres grandes bloques formados:

a. Por los cinco libros canónicos (los tres King, o libros de la historia, de los versos y de las mudanzas; el Li ki, o libro de los ritos, y el Tchuen Ts’ieu, o primavera y otoño);

b. Los cuatro libros clásicos chinos: «Anales», «Gran estudio», «Doctrina del Medio» y «Enseñanzas de Meng», debidos a las máximas de Kung–Fu–tse y sus discípulos principalmente su nieto Ts’eu–Sseu y el maestro más ilustre del confucianismo, Meng.

c. Y la obra de Lao–Tse, base originaria del taoísmo.

5. Japón: el shintoísmo descansa en tres obras de los siglos VII, VIII y X de nuestra era respectivamente: el Kojiki o «Anales de las cosas antiguas»; el Nihongi, o Crónicas del Japón, y el Engishikí, o Instituciones de Engi, donde se recogen los rituales del Shinto.

6. Persia: el Zend–Avesta en su redacción actual fue compuesto hacia el siglo IV de nuestra era con las tradiciones orales y restos de manuscritos antiguos destruidos en la invasión de Alejandro Magno.

7. Grandes libros presentados con autoridad en Arabia y toda la zona de influencia: El Corán, fundamento del Islamismo.

Todos estos libros se presentan con cierta autoridad religiosa.

Hoy día hay que agregar, por ejemplo, las pseudo revelaciones de Moroni a Joseph Smith, fundador de los Mormones; hay que agregar el tema de las sectas que proliferan y en forma veloz.

En ellas se encuentran muchas «semillas del Verbo», pero no tenemos tiempo ni espacio para examinar todas esas obras, una por una, y remitimos a las obras especializadas9 .

Pero, hay una serie de escritos religiosos que sí merecen toda nuestra atención. Estos son los que posteriormente se han reunido en una colección denominada Nuevo Testamento, cuyos principales son los Evangelios, Hechos de los Apóstoles y cartas de San Pablo.

De tal manera que el estudio crítico de estas fuentes nos tiene que llevar a conocer:

– ¿Cuáles son?;

– ¿Son auténticas?;

– ¿Han sido corrompidas?;

– ¿Son históricas?

Después de estudiar las fuentes sigue el estudio histórico del hecho. Cuando uno estudia las grandes religiones y las sectas, llega a la conclusión de que la religión cristiana es la revelación verdadera.

Luego tienen lugar las preguntas del estudio histórico del hecho de la religión cristiana:

– ¿Existió Jesús?

– ¿Cuál fue su misión?

– ¿Cuáles sus testimonios como Legado Divino, como Mesías, como Hijo de Dios?

– ¿Cuáles son las pruebas de que su testimonio es verdadero? Su Persona moral, sus milagros, sus profecías, los vaticinios del Antiguo Testamento, su Resurrección…

– ¿Cuál es su mensaje?

Una vez respondidas, seriamente, estas preguntas, queda firmemente establecido que la religión cristiana es la única verdadera. Pero después de tantos siglos desde la aparición de Jesús, ¿dónde encontrar su doctrina divina?


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