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Respirar no es vivir


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“RESPIRAR NO ES VIVIR” José Narosky
La cotidianidad, con su círculo vicioso de errores y desaciertos y sus interminables e inexplicables repeticiones de los mismos, nos va engarzando –como las partes de un collar- a una estructura de la que inevitablemente formamos parte, sosteniéndola. En la farragosa carretera diaria se ha vuelto lamentablemente común el duro tránsito obligado de la humanización consciente a la deshumanización consentida.
En esta brumosa realidad, extraviados en oscuros senderos alternativos, hemos perdido el rumbo que nos conduciría al camino principal del humanismo, que nos permitiría avizorar puntos de encuentro para el logro de metas comunitarias.
El individualismo, oscuro y peligroso callejón sin salida, se ha transformado en una de las opciones más exitosas al momento de decidir por el salvataje personal, desestimando la contundente evidencia de que su protagonismo crea un abismo tan profundo en las relaciones personales, que a la solidaridad le resulta imposible atravesarlo siendo condenada a un exilio forzoso.
Destierro inevitable que nos transforma a todos en gladiadores del despropósito, luchando en las arenas de la mediocridad y conformando una sociedad famélica de logros espirituales, que busca cubrirse con mantos de frustración del diluvio de calamidades que arrecian en la temible realidad.
¡Y no podría ser de otra manera! Vamos fluyendo por “este río sin fin” como definía Einstein a la existencia, pero hemos perdido la sensación de ser parte de una totalidad mucho mayor, abarcativa y cósmica, esa percepción oceánica a la que hacía alusión Freud, refiriéndose a la sensación de fundirse con el todo.
Atrincherados tras la barricada del individualismo, nos aislamos en la medida de nuestras posibilidades del otro y sus pesares, sus angustias, sus desesperanzas…Sin embargo, la vida bulle en la trastienda cotidiana y nos invita a seguirla, construyendo cada uno, con su propia historia, un abanico de luces que iluminen el panorama diario para construir un tiempo distinto. Ese tiempo que, según Chopra, es sólo trocitos cuantificados de inmortalidad en un presente que es “el único momento que nunca envejece”.
El individualismo, la falta de respeto hacia los otros y la violencia en todas sus formas, se han transformado en un cartel luminoso que habla a las claras -contundente e inequívocamente- sobre qué tipos de vínculos establece el hombre actual con sus semejantes.
¡Algo debemos hacer! Algo que nos involucre a todos, para poder detectar en la geografía del Alma a la paz, como un faro destellando señales que nos acerquen hacia el encuentro necesario. Y reconocer a la tolerancia como una de las herramientas fundamentales para restaurar los comportamientos sociales y las conductas individuales.
Mientras “el otro siga siendo mi infierno”, en palabras de Jean Paul Sartre, y la realidad ensamble patéticamente ambición e intereses como la forma más acabada de expresión social, el vivir –para muchos- seguirá cediendo terreno al sobrevivir a expensas del otro, en desmedro del otro.
De tal forma que seguiremos escribiendo, con nuestro andar cotidiano, el desquiciante libro del sinsentido transformado en lectura obligatoria del acaecer diario y acordando, inevitablemente, con Ricardo Palma: “No son los muertos los que en dulce calma la paz disfrutan de la tumba fría, muertos son los que tienen muerta el alma y viven todavía… La vida no es la vida que vivimos. La vida es el honor, es el recuerdo. Por eso hay muertos que en el mundo viven y hombres que viven en el mundo muertos.”…


Perla Rodríguez

unamiradainterna@yahoo.com.ar

Facebook: Unamiradainterna

Premio Internacional “Raíces”: en Literatura clásica

2011,02012 y 2013, y como Columnista de Gráfica 2013.



Premio para la Paz Universal (UPF) 2011 y 2012.


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