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Reportaje “La belleza es que un actor haga una obra de arte en directo”


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REPORTAJE

La belleza es que un actor haga una obra de arte en directo”

El director John Strasberg y el actor José Pedro Carrión logran cumplir su sueño de hacer 'Cyrano de Bergerac' juntos.- El montaje, en plena gira, se estrenó en el Teatro Español de Madrid

ROSANA TORRES - Madrid - 26/09/2007

 

Desde que Edmond Rostand estrenara en París, en 1897, Cyrano de Bergerac, esta obra se convirtió en uno de los textos emblemáticos del teatro universal, no sólo porque la belleza y fuerza de sus poemas han subyugado a los espectadores, sino porque grandes actores y directores han caído rendidos ante esta obra. Es el caso del director neoyorkino John Strasberg y el actor José Pedro Carrión, quienes desde hace años acariciaban la idea de abordar juntos esta aventura escénica.



Todo ha sido posible ya que la productora concha Busto también ha sucumbido al proyecto al que también se han sumado los actores Lucía Quintana, Cristóbal Suárez, Ricardo Moya y otros profesionales como el escenógrafo Daniel Bianco, el iluminador Juan Gómez Cornejo, el compositor Mariano Díaz y la figurinista María Luís Ángel. El espectáculo, en plena gira por toda España, se estrenó en el Teatro Español de Madrid, y después viajará a todo el norte, Andalucía, Valencia y las dos Castillas.

No es excepcional que se encuentre dirigiendo en España John Strasberg, hijo del mítico Lee Strasberg, fundador del Actor’s Studio en el que se formaron actores como Marlon Brando, Marilyn Monroe y James Dean, entre otros. De hecho nunca ha perdido el contacto con nuestro país desde que le llamara José Luís Gómez a finales de los años setenta para que colaborara con el Centro Dramático Nacional que entonces dirigía con Nuria Espert. También es normal que dirija a José Pedro Carrión, uno de los grandes actores españoles formado en el método, como se llama a la fórmula que aportó el ruso Stanislavski para la enseñanza de actores. Strasberg lo mamó vía familiar y desde pequeño. Carrión, que a los doce años decidió ser actor, en los pechos del inolvidable William Leyton, quien trajo este método a España.

Llevábamos años soñando hacer esto y lo hemos puesto en pie con mucho amor por nuestro entusiasmo y porque es un poema teatral, una gran obra”, apunta Strasberg, mientras su Cyrano añade: “John es listo, sabe que el público conoce la función, pero de lo que los espectadores conocen sólo está la nariz, ya que hemos huido del tópico”, y concluye el director: “Nos hemos concentrado en el ser humano de carne y hueso que está al fondo de Cyrano, para mostrar su honestidad, integridad, su elemento utópico, enamorado...”

Strasberg, que confiesa que lleva meses fijándose en las narices especiales que ve pasar por la calle, ha contado con la versión de John Sanderson quien ha partido de la traducción de Charlotte Moity. A partir de ahí toda la energía ha sido para conseguir lo que quería de los actores: “A partir de ahí el montaje es de ellos y la belleza es que un actor haga una obra de arte en directo…, ese es el principio de la escuela realista a la que pertenezco”, señala Strasberg quien también fue actor y presume de conocer lo que tiene entre manos: “Ese es mi placer y mi responsabilidad”.

A

la hora de escribir Cyrano de Bergerac, Edmond Ronstand se basó en un personaje real del París del siglo XVII. Pero si el auténtico Cyrano era un pendenciero y juerguista, el Cyrano teatral es un inteligente y brillante hombre de letras, sensible, heroico y profundamente romántico. Lo que sí comparten ambos es un apéndice nasal de tal desmesura que la vida de los dos, y lo que pasa dentro de ellas, están marcadas por un asunto de narices. Cyrano también marcó las vidas de su autor y se su primer intérprete, el famoso actor francés Coquelin, para quien escribió Rostand esta pieza y quien la dirigió en el primer estreno español de esta obra en 1899, protagonizada por la gran María Guerrero y su marido Fernando Díaz de Mendoza. Coquelin estrenó Cyrano con 56 años, la edad exacta que tiene José Pedro Carrión, actor especialmente preocupado porque el teatro le llegue a la gente joven y adolescentes: “Son el público del futuro y yo no puedo olvidar que soy actor porque a los doce años vi un montaje que me impactó”.

Posteriormente hubo varios montajes en nuestro país de este texto y fueron reconocidos Cyranos actores como Miguel Muñoz, que la estrenó en 1923, Enrique Rambal que la llevó en repertorio desde 1942; Alejandro Ulloa, desde 1946; Manuel Dicenta en 1955 (con María Dolores Pradera de Roxana), José María Flotats en 1985 y Manuel Galiana en el 2000. También han sido Cyranos los actores José Ferrer y Gerard Depardieu en cine y Plácido Domingo en la ópera de Franco Alfano, entre otros.



Rostand, aunque escribió otras obras de teatro, no pudo librarse del mito de Cyrano, ya que como él decía, el personaje tenía vida propia. El autor murió a los 50 años en 1918 y días antes llegó a decir: “Entre la sombra de Cyrano y las limitaciones de mi talento, no me queda más remedio que morir”. Muchos años después su viuda, al final de su vida, afirmaba: “Siempre he vivido a la sombra de Cyrano; hubo momentos en que no sabía de quién era viuda, si de Edmond Rostand o de Cyrano”.

La obra cuenta como la fealdad física de Cyrano impide que este conquiste a su prima Roxana, quien a su vez está enamorada de un joven mosquetero superficial y guaperas que es un inepto en la expresión verbal de los sentimientos amorosos. Así las cosas Cyrano le presta sus habilidades literarias y sólo treinta años después Roxana se entera del amor silencioso de Cyrano.


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