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¿Repensar o impensar la metrópoli?


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¿REPENSAR O IMPENSAR LA METRÓPOLI?

Una obligada reflexión epistemológica



Rafael López Rangel

Estoy cada vez más convencido de que los conceptos de los que nos servimos para concebir nuestra sociedad –toda sociedad- están mutilados y desembocan en acciones inevitablemente mutilantes.

E. Morin, “El Método” 1991,1998

Tengo la impresión de que los actuales defensores de la epistemología no se retractan ni intimidan al expresar su punto de vista. También me parece que quienes critican la actual epistemología, aun si sus críticas son formales y pertinentes, siguen ligados a la Weltanschauung o cosmovisión a la que renuncian; incluso confieso que ni yo mismo estoy exento de esta reincidencia, lo que confirma mi opinión respecto a lo arraigados que están en nosotros estas suposiciones metodológicas y lo “importante” es que las “impensemos”

Wallernestein, “unthinking social sciencie”. 1998, 2003.
Estas reflexiones tienen como referente a la denominada Zona Metropolitana de la Ciudad de México (o de la Cuenca de México), aunque, en general podrían referirse a la mayoría de las metrópolis latinoamericanas, en términos de sus problemáticas compartidas. Para entrar en el tema, en primer lugar nos preguntamos:
¿Es necesario y pertinente “impensar la ZMCM” en lugar de repensarla?

¿Cuál es la diferencia entre repensar la metrópli e impensarla?
Una respuesta a cabalidad tendría que ser extensa y profunda. Aunque de inmediato podemos asegurar que ya cualquiera de sus habitantes reconoce la gravedad de la descomunal problemática de nuestra metrópoli, ya que ésta es sentida de manera cotidiana por millones ciudadanos, a grado tal que se ha convertido en interés público. Pero también reconocemos que las respuestas a esa problemática, por lo general parecen moverse en un círculo vicioso.
Una parte significativa de ese interés público se ha manifestado en diversas y sucesivas reuniones abiertas –cuando menos desde los años ochenta del siglo pasado, que ante la dificultad de enfrentar con éxito la problemática citadina y metropolitana, se preguntan, palabras más o menos: ¿que ciudad queremos? ¿cuáles son los retos que nos plantea la ciudad para el siglo XXI?, y también han manifestado la necesidad de repensar la metrópoli 1.
Asimismo dan cuenta de este interés un cúmulo de investigaciones y publicaciones, que en este momento sería largo enumerar (ver bibliografía).
Ahora bien, una problemática “estrictamente metropolitana”, ha sido objeto de una serie de estudios que se han realizado para definir la delimitación física-geográfica del “Área Metropolitana de la ciudad de México” o de la Zona Metropolitana de la Cuenca de México: desde los pioneros trabajos de Luis Unikel y su equipo (1976) hasta la reciente delimitación hecha por los gobiernos del Distrito Federal y del Estado de México anunciada el 23 de diciembre del 2005, pasando por las propuestas de Metrópoli 20-25 (2005). De un buen número de estos estudios dan cuenta investigaciones como la de Connolly y Cruz (2004) 2. Sin embargo y no obstante que la determinación de los elementos o indicadores para llevar a cabo la delimitación metropolitana, es de interés extendido y compartido en otras ciudades incluso a nivel mundial, pues forma parte ya del acervo temático de los estudios metropolitanos, se puede afirmar que ésta problemática es de tal naturaleza que se requiere el reconocimiento –para no seguir moviéndonos en el circulo vicios que ya hemos mencionado- de que estamos implicados en un magno conjunto de procesos, interacciones complejas, y retroacciones que muestran una organización compleja. Y sin duda, una tarea de nuevo cuño sería indagar que lugar ocupa el problema de la delimitación metropolitana en este conjunto de procesos. Para ello, tendríamos que impensar la metrópoli en lugar de sólo repensarla.
Aparece aquí la segunda de nuestras preguntas iniciales: ¿Cuál es la diferencia entre una actitud y la otra? Para intentar responderla con precisión, tenemos que ser concientes que estamos ante una cuestión epistemológica, y más si implicamos al pensamiento complejo en nuestra reflexión. Por ello, nuestros referentes bibliográficos fundamentales son: por un lado, I.Wallernstein, en especial su inquietante trabajo “Impensar las ciencias sociales” (1998-2003), y al mismo tiempo, la literatura acerca del pensamiento complejo, sobre todo Piaget (1983), Prigogine (1977), Rolando García (2000) y E. Morin (1991, 1998).
En el texto citado de Wallernstein se argumenta que ante el alto número de suposiciones engañosas y restrictivas de las ciencias sociales heredadas del siglo XIX, nos obligamos ahora a cambiar una actitud que ha sido continua entre los investigadores y que ha consistido en repensar las ciencias sociales. Nuestro autor es contundente al referirse a los efectos de aquellas ciencias decimonónicas:
Dichas suposiciones, otroras consideradas liberadoras del espíritu, hoy en día son la principal barrera intelectual para analizar con algún fin útil el mundo social”3
No se trata, en consecuencia, de un simple juego de palabras sino del establecimiento de una frontera, ciertamente ancha y sinuosa, plena de incidentes entre una forma del conocimiento, de las concepciones y paradigmas de las ciencias sociales decimonónicas y que se prolongaron a lo largo del siglo XX a formas superiores del conocimiento, que está significando la construcción del pensamiento complejo. Ahora bien, parecería innecesario despejar una duda que pudiera surgir de las citadas aseveraciones de Wallernstein y es en términos de su aplicación al conocimiento de la ciudad y la metrópoli, pero los imprintings (en el sentido de Morin) del positivismo, que nos han hecho creer que el conocimiento de “lo social” y en nuestro caso de “las cuestiones urbanas y metropolitanos” es un espejo fragmentado de disciplinas, se presta para la incomprensión de la unidad de éste.

Solo basta con pensar si hay algo más social que la ciudad y la metrópoli para reconocer la vinculación entre las ciencias sociales y “las ciencias de la ciudad”

No se trata solo de proclamar la interdisciplinariedad, sino de eliminar lo que Morin llama el principio de disyunción entre ciencias que debieran estar unidas. Como afirma este pensador: “Por todas partes se sabe que el hombre es un ser físico y biológico, individual y social, pero en ninguna parte puede instituirse una ligazón entre los puntos de vista físico, biológico, antropológico, psicológico, sociológico. Se habla de interdisciplinariedad, pero en todas partes el principio de disyunción sigue cortando a ciegas. Aquí y allá se empieza a ver que el divorcio entre la cultura humanista y la cultura científica es desastroso para una y para otra, pero quienes se esfuerzan por ir y venir entre una y otra son marginados y ridiculizados. Aquí y allá se empieza a poner en cuestión el reino de los expertos y los tecnócratas, pero no se pone en cuestión el principio de hiperespecialización que los produce y reproduce…” (Morin, 1991, 1998)-
No nos queda duda que la proclama de impensar la ciudad y la metrópoli es tan válida, y necesaria, como la de impensar las ciencias sociales
Ahora bien, en base a las convicciones planteadas, ¿Cuál es el problema que creemos pertinente abordar?: tratar de dar cuenta de las transformaciones de las ideas que se han generado en torno a la ciudad-metrópoli de la ciudad de México, sobre todo desde que se determina que ha alcanzado la condición de “Zona Metropolitana”.
Hay que reconocer abiertamente que estamos ante una tarea de construcción histórica de ideas acerca de nuestra ciudad, y este es el sentido fundamental de la proclama de repensarla e impensarla, y para lograrlo también partimos del planteamiento wallernsteniano de abordar la historia como un sistema complejo.
Procederemos así porque si bien el “paso” de repensar la ciudad a “impensarla” significa un radical “salto cualitativo” este tránsito no se da súbitamente sino que implica todo un proceso “enmarañado y sinuoso”. Ahora bien, ese recorrido por las transformaciones de las ideas nos arroja ya, en una primera ojeada a lo que se ha producido una percepción inicial: en nuestro país, ese proceso se ha iniciado y un indicio y apoyo fundamental es el surgimiento y desenvolvimiento de la epistemología constructivista.
La construcción de esa organización compleja tiene que darse a través de sucesivas transformaciones de los estudios que se realizan acerca de la “problemática de la ciudad-metrópoli. De hecho, ese proceso se ha venido produciendo, y se puede caracterizar a través de dos etapas: a.-un conjunto de estudios iniciales para repensar la ciudad y la metrópoli, y b.- en virtud de las dificultades que presenta actualmente la problemática, se están generando condiciones para dar el “salto cognoscitivo” que representa “impensar” la metrópoli.

Si bien los esquemas iniciales de caracterización de nuestra ciudad ya en la etapa funcionalista ( fines de los años treinta a mediados de los cincuenta) manejan de manera evidente esquemas o paradigmas de simplicidad, ya desde finales de cincuenta hasta finales de los sesenta y principios de los setenta, cuando la mancha urbana ha rebasado ampliamente los límites del Distrito Federal y la complejidad se va mostrando ante los investigadores, van apareciendo cada vez con mayor fuerza otros procesos que se vuelven temas de análisis. Y así, se presentan múltiples aspectos: planificación física, administración y políticas públicas destinadas a la ZMCM, transporte metropolitano, infraestructuras, vivienda, salud, cultura, medioambiente-sustentabilidad (años 80 y 90), pobreza urbana, etc . Asimismo, a raíz de la agudización de la llamada globalización y de los efectos ambientales tanto a nivel planetario como local desatado procesos que la hacen adquirir nuevos perfiles y contenidos. Y todo esto se produce de manera inter - vinculada con la agudización de los problemas socioeconómicos de la ciudad y el descenso de la calidad de vida de la mayoría de su población. Lo interesante de esto es que los estudios sobre la ciudad van acelerando la necesidad de la concurrencia de disciplinas que no habían sido consideradas en las “explicaciones” de la ciudad, o que habían sido contempladas de otra manera, o por la forma de concebir sus vinculaciones. Esto último es de lo más importante, porque conduce a la consideración de los “problemas estructurales” de la ciudad y de manera consecuente, del Area Metropolitana.
Se entiende entonces que “repensar la ciudad” y ahora “impensar la metrópoli” ha sido, desde enfoques distintos, un ejercicio constante en el curso de la construcción de nuestra modernidad urbana y social. Este proceso ha sido lento, no regular, con sobresaltos, aunque ahora se puede vislumbrar un rebasamiento cognoscitivo en los estudios e investigaciones de nuestras grandes ciudades y específicamente de la Zona Metropolitana de la Cuenca de México (López, 2003)4, y tal hecho nos coloca ya en el ámbito de “impensar la metrópoli”.
Ahora bien, una afirmación reiterada por nosotros con respecto a estos temas, es que las concepciones convencionales, heredadas del positivismo, establecidas en torno a la ciudad y ciertamente de su planificación no son ya eficaces para caracterizar la complejidad de los procesos urbanos actuales, incluidos los “metropolitanos”, y que se requiere otra actitud epistemológica, y no sólo para pensar, repensar e impensar esos procesos sino para abordarlos por las vías pertinentes, e incluso innovadoras en la medida que asumen el pensamiento complejo ( Wallernstein 1998, Morin 1991, 1998).
De lo anterior se desprende una tarea central: seguir el paso, de una manera sistemática y profunda, a las transformaciones de la idea de ciudad y específicamente de la ciudad de México, así como determinar el momento y la manera en que se le asigna el calificativo de metrópoli y la formas en que ha sido concebida, así, y sobre todo, no las “causas”, sino las determinaciones complejas de esas transformaciones. En ese proceso investigativo, se pondrá a prueba la propia necesidad de “repensarla” o más radicalmente, de impensarla.
Se trata, entonces y ni más ni menos de construcción de la historia reciente de las ideas sobre la ciudad y la metrópoli, concretamente de la Cuenca de México.. Y para ello tendríamos que basarnos en el precepto constructivista de que el problema de la historia es la historia del problema, que en este caso se tendría que expresar como “la historia del conjunto problemático”, de la zona Metropolitana de la Cuenca de México, tal como ha sido visto y concebido por los estudiosos.
Es obvio que la necesaria construcción histórica de las ideas científicas acerca de la ciudad y la metrópoli es una tarea gigantesca sólo abordable con eficacia por medio de una magna estrategia cognoscitiva transdisciplinaria, que reconozca esa complejidad y que haga posible construir el sistema que aborde el “mundo de ideas que se han dado acerca de los procesos que pretendemos abordar. En este texto sólo estamos tratando de contribuir con algunas ideas generales al respecto.
Evidentemente en el cúmulo de publicaciones que se han realizado en torno a estos temas, se encuentran aportaciones múltiples, intentos, aproximaciones, así como algunos trabajos de gran validez 5 de tal manera que no estamos partiendo de cero.

Con lo planteado, queremos decir que lo que hace falta es una organización compleja de las ideas que nos permita encontrar el conjunto del proceso mediante el cual surgen las ideas sobre la metrópoli. Porque si bien habrá pocos que duden que la Zona Metropolitana de la ciudad de México representa una problemática compleja, el gran reto es construir el sistema adecuado para abordarla, mismo que, como lo hemos ya establecido, se tiene que adscribir a la conceptualización de los sistemas complejos.
Consecuente con el pensamiento complejo, tenemos que reconocer que la obligada incursión epistemológica que emprendemos, nos lleva a una cuestión básica: En virtud de que nuestro objeto-sujeto es “el conjunto de ideas –e incluso de “teorías acerca de la metrópoli, nos preguntamos ahora ¿Qué es lo que hace que las ideas surjan?, que se puede plantear de esta manera ¿En el entendido que los procesos de la construcción de las ideas y teorías acerca de un “objeto de conocimiento” es producto de un conjunto de determinaciones, cuál es ese conjunto?

Un lúcido planteamiento de Edgar Morin calza perfectamente al respecto:
¡que prodigiosa reunión de determinaciones sociales, culturales e históricas se precisa para que nazca la menor idea, la menor teoría! De este modo, existen las determinaciones del lugar, del “clima”, del momento histórico. Existe, y ello es capital, la determinación socio-céntrica que toda sociedad impone a los conocimientos que en ella se forman, y existen, en el seno de las sociedades modernas, las determinaciones de clase, de casta, de profesión, de secta, de clan. Estas determinaciones se envuelven, se impenetran y refuerzan entre sí”. Sin embargo, advierte: “Sería insuficiente atenerse a estas determinaciones que pesan desde el exterior sobre el conocimiento. Hay que considerar también los determinismos intrínsecos al conocimiento, que son mucho mas implacables.” (Edgar Morin)
Esto indica, en primer lugar, que no basta con pensar –a la manera del positivismo- que lo que sucede en la metrópoli “se debe a las condiciones de la época” y contentarnos con “registrar” esas “condiciones” lo cual de alguna manera aún persiste, sino tampoco tomar en cuenta solo algunos procesos por determinantes que parezcan a primera vista, (como los económicos y los políticos), sino enfrentar la construcción del conjunto problemático a través de proceder a una organización de ideas que nos de cuenta de la complejidad metropolitana, referidos naturalmente a su transformación a través de sus tiempos específicos.

Para lograr esto, tendríamos que desentrañar ese conjunto de determinaciones de las diversas teorías e ideas sobre la ciudad y la metrópoli, y considerar la influencia “poderosa e implacable” de esas propias ideas sobre los procesos metropolitanos. Esto implica reconocer la dialógica retroactiva del conocimiento (Morin 1983, 2002).

Ahora bien, esta es una tarea que está por construirse y por ello aquí haremos solamente, una aproximación episemológica, de establecimiento de criterios al respecto de ese proceso de construcción de las ideas científicas acerca del Area Metropolitana de la ciudad de México, dándole prioridad, dentro de las determinaciones comúnmente aceptadas, al proceso de las propias ideas, y planteamientos realizados al respecto.

Tomando en cuenta que nuestro sistema complejo u objeto de conocimiento es el tantas veces mencionado conjunto de las ideas y trías acerca del Área Metropolitana de la ciudad de México, en una primera aproximación, epistemológica correcta, se requeriría partir de una serie de preguntas conductoras referidas a nuestro `problema (R.García, 2000),6
Por ejemplo, preguntas obligadas ¿Cuál es el “marco” o “contexto” sociohistórico y político en que se producen las preocupaciones investigativas acerca del Area o Zona metropolitana de la ciudad de México? ¿Qué tipo de caracterizaciones teóricas acerca de la ciudad y la metrópoli se utilizaron en los primeros años de estudios sobre nuestra metrópoli? ¿Obedecen a determinada línea epistemológica? ¿Cuáles son los procesos que se tomaron en cuenta para la caracterización de la ciudad-metrópoli? ¿Cuáles fueron los investigadores que inician los estudios y cuales son sus adscripciones institucionales? ¿estaban vinculadas las investigaciones a políticas públicas? ¿Cómo fueron evolucionando las investigaciones desde entonces (años setenta a la fecha)? ¿Hay antecedentes importantes?

Estas preguntas nos lleva a otras, nada triviales y de alta potencialidad ¿Cuáles eran las preocupaciones compartidas por los investigadores de la ciudad de México en la década de los setenta? ¿Cuál era el estado de la disciplina de los estudios urbanos en el ámbito mundial y en América Latina? ¿Cuál es ahora, ya comenzada la segunda mitad de la primera década del siglo XXI? ¿Qué características ha tenido su proceso de transformación? Ahora bien, una pregunta fundamental, porque se dirige a las por décadas consideradas “causas estructurales” del desarrollo urbano y metropolitano: ¿Cómo se han considerado, por parte de los analistas, los procesos económicos, la acumulación de capital, tanto a nivel global como local, en la transformación de la ciudad y la metrópoli? ¿Cómo han influido en el pensamiento investigativo las denominadas economías y actividades “informales”, “ilegales” delictivas, como el narcotráfico? En fin, ¿Qué papel representa o que vínculos establece en la conformación metropolitana el complejo y extensísimo imaginario colectivo o culturas de los habitantes urbanos? En cascada se van planteando las interrogantes, que se agrupan en torno a la cuestión clave acerca de la indagación de la multiplicidad de determinaciones del pensamiento sobre la ciudad, en un momento específico. Esto nos lleva a replantear o repensar la historia de la ciudad y la metrópoli , siguiendo la línea del planteamiento de I. Wallernstein acerca de “concebir la historia como un sistema complejo” para lo cual se requeriría seguir su inquietante propuesta de impensar las ciencias sociales (Wallernstein, 1991, 1998).

Se advierte que el planteamiento de preguntas es clave, ya que la naturaleza de éstas muestra el marco epistémico, mediante el cual se analiza la ciudad, así como el interés de los investigadores por temas específicos. Aquí solo esbozaremos el tema concerniente a la transformación del pensamiento investigativo sobre la ciudad-metrópoli de México.
Cabe reconocer que los estudios e investigaciones acerca de nuestras metrópolis, y específicamente, de la Zona Metropolitana del Valle de México, muestran un alto interés en el tema, por una serie de razones que iremos explicitando7. Estos estudios se han dado en cascada, y son el resultado de un conjunto de procesos de índole diversa, que se organizan trans – formándose continuamente: el lanzamiento de políticas públicas que intensificaron desde los sexenios 70-76 y 76-82 el interés por la ciudad de México y se inscribieron en un marco nacional de planeación, y sobre todo, dentro de un reconocimiento del fracaso de las estrategias de desarrollo anteriores, lo que originó el llamado “desarrollo compartido”8. Asimismo, la evidencia de las patologías sociales correspondientes a un acelerado y crecimiento urbano que incluso pusieron en evidencia la vulnerabilidad de la ciudad a raíz de los sismos de 1985. De ahí en adelante, agudización, ahondamiento y extensión de la denominada globalización, manifestada en una más agresiva extensión planetaria de la acumulación de capital, acompañada de una distribución en redes, incentivadoras de un consumo alienante – en el cual se manifiestan de manera clara o embozada las ambivalencias de la modernidad (Habermas, 1987). Estos procesos y muchos más, de naturaleza sociocultural, se van concretando con un alto componente “exógeno” y con ello también sus componentes endógenos se modifican, y así perfilan a los denominados procesos territoriales. Destacaremos, al reflexionar sobre los llamados procesos territoriales, a la presencia de una aguda problemática ambiental, que contribuye a la generación de la idea de la sustentabilidad. Hay que considerar también, el aumento de la dificultad de “controlar” en múltiples aspectos una ciudad que ha rebasado los límites administrativos de su entidad central (el Distrito Federal) y se ha desbordado a municipios de su entorno que tienen administraciones diversas; decir de una ciudad que se ha “convertido en metrópoli”. Una metrópoli que contiene innumerables patologías y como lo hemos reiterado, cuya población mayoritaria ve menguar su calidad de vida, en términos alarmantes.
Estas son apenas algunas de las determinaciones tanto del interés actual de la investigación de la problemática urbana como de las transformaciones de las preocupaciones investigativas y del contenido de las mismas. Están, potencialmente en el núcleo del mencionado rebasamiento cognoscitivo, cuya argamasa estará dada por el interactuar unas con otras, a tal grado que muestren su interdefinibilidad.
Es necesario reconocer que las transformaciones de la ciudad-metrópoli y las teorías o ideas acerca de la misma, no es privativa de nuestro país sino que se está dando en todo el mundo, incluso tanto en Estados Unidos como en Europa en donde se habla de la ciudad-región9. También en México y América Latina este tema se está tratando, ya que no es pertinente ni concebir a la expansión del territorio como si se realizara sobre un “papel en blanco” (Connoly, Cruz, 2004), a ese territorio ni tampoco pensar que el territorio expandido depende exclusivamente del metabolismo “endógeno” de la ciudad. De cierta manera este hecho cognoscitivo es mencionado entre otros por G. Aguilar (G. Aguilar 2004).10

En consecuencia, los procesos vinculatorios de la ciudad con la región y con los “espacios de la globalización” formarían parte de la reflexión acerca de “repensar la metrópoli”, que intentan ahora buscar las direcciones y características de las transformaciones actuales de la ciudad metrópoli y del pensamiento acerca de éstas.

Nos encontramos con dos características naturalmente vinculadas:

1.-Surgimiento de nuevos temas o tratamiento más agudos –o cuando menos, diferentes- de los temas establecidos.
2.-Búsqueda de nuevos contenidos y asunción de nuevas estrategias epistemológicas.
Empero, el surgimiento de nuevos temas, se va produciendo, aunque no se asuma aún el pensamiento complejo; esto último es un proceso no lineal ni correspondiente en términos unívocos. Sin embargo, la aparición de los nuevos temas puede ser un indicador de la transformación de la preocupación investigativa (I. Lakatos, 1976, 1978).

Cesar Garcés F., investigador de la Unam, hace un enlistado interesante de los “nuevos temas

por décadas: 50s: Estudios demográficos y sociológicos de ciudades, Migración rural-urbana, distribución de la población, 60s. Prioridades regionales de desarrollo. Proceso de urbanización y condiciones de vida, Migración regional, Marginación ,vivienda y desarrollo urbano. Servicios urbanos. Dinámica económica. Mercado de trabajo. Sector informal.70s:Planificación regional y urbana, Relaciones campo-ciudad. Renta de la tierra. Financiamento de la vivienda. Estructura del empleo economía urbana. Distribución del ingreso. Medio ambiente, Transporte modelos de localización, 80s: Planificación municipal, Gestión local, Descentralización, Participación ciudadana, Políticas y estrtategias metropolitanas, Mujer y desarrollo Transporte urbano Ciudades intermedias Empleo informal, 90s: Participación ciudadana, Gobierno Metropolitano, Gestión urbana, Desarrollo sustentable, Descentralización, Doblamiento de centros históricos, Políticas ambientales urbanas, Gestión y manejo de residuos, Seguridad ciudadana y violencia.(“El estudio de las zonas metropolitanas de América Latina” Diseño y Sociedad, No 14/03. UAM-X. CYAD, México)


Ahora bien, los nuevos temas verdaderamente significativos son aquellos que se crean y manejan con los nuevos contenidos, y que tienden a integrar procesos que han sido objeto de “otras” disciplinas, (sociología, economía, ciencia política, antropología, ecología, etc), habida cuenta de que en esas disciplinas se esta dando un acercamiento e incluso incorporación de los “procesos territoriales”. En otras palabras: los procesos territoriales van transformando su objeto de estudio al interdefinirse con procesos que también están siendo transformado en el mismo sentido. Se da así la superación del “paradigma interno de disyunción, el cual fue calificado por Morin como aislador de las ciencias positivistas y que por cierto sigue utlizándose: el “ paradigma interno de disyunción, que aisló a unas ciencias de la otras y, en el seno de estas ciencias (físicas, biológicas, ciencias humanas), unas disciplinas de las otras, recortando, de forma arbitraria y abstracta, su objeto en el tejido solidario de lo real” (Morin, 1991, 1998)
Para nosotros, que buscamos “impensar la metrópoli”, tal aseveración constituye una matriz epistemológica: reconstruir en el ámbito del conocimiento de la ciudad-metrópoli, el tejido solidario de lo real urbano.

El todo y las partes.
Empero, hay que reconocer la dificultad que implica ocuparse de “todos” los procesos o determinaciones –que en términos tradicionales se denominaban “factores” o “instancias”- de la metrópoli. Y por ello se está requiriendo de un requisito clave del constructivismo: partir de problemas (las preocupaciones investigativas), plantearse preguntas al respecto de éstos, y así sacar a luz los procesos que contienen y que constituyen, en principio, el sistema complejo a construir (R. García 2000).
Y así, la condición para abordar una problemática “parcial” o un “subsistema” es no es perder la visión del todo. Y a la inversa: la concepción del todo debe contemplar el “conocimiento” de las “partes”. Es más las partes y el todo forman una unidad problemática. ¿Cuál es el todo de la metrópoli? En principio, el conjunto de procesos que conforman la ciudad-metrópoli. Pero como se desprende de lo que hemos planteado en términos epistemológicos eso no basta: no se trata, y en esto estaremos insistiendo, de una suma simple de procesos sino de una organización compleja de éstos
Sin embargo, es obvio que no podemos de manera inmediata conocer a profundidad el “todo metropolitano” en primer lugar, en virtud de las transformaciones aceleradas de la ciudad, y en segundo por la dificulta que implica el manejo de un número muy considerable de “variables” o procesos, y más, si se pretenden utilizar los manejos cuantitativos usuales. Podríamos caer, en lo que Fernando Tudela llama “holismo incontrolable”. Por su parte, Morin nos habla de dos tipos de cegueras: la holista y la reduccionista:



Zocalo y zona central de la Ciudad de México, 2006
Desde que se concibe el sistema, la idea de unidad global se impone hasta tal punto que ciega, lo que hace que a la ceguera reduccionista (que no ve más que a los elementos constitutivos), le suceda una ceguera ´holista` (que no ve más que el todo). Así se ha remarcado muy a menudo que el todo es más que la suma de las partes, muy raramente se ha formulado la proposición contraria: el todo es menos que la suma de las partes. Y que yo sepa ni siquiera se ha soñado en unir las dos proposiciones.” (Morin, 1977, 2001). De aquí surge la paradoja: el todo es más, y menos, que las partes.
Ahora bien, al mismo tiempo que la paradoja establecida por Morin parece complicar el estudio de los procesos metropolitanos, el siguiente precepto, de este pensador francés, sugiere un camino promisorio: “El todo se forma con la transformación de las partes” porque lleva a la convicción de que analizando las partes –en su proceso de transformación- nos acercamos al conocimiento del todo y accediendo simultáneamente al conocimiento de las partes. Pero también, y esto es contundente, se requiere el reconocimiento de que “el todo”, no es “todo”. Porque aprehender todo es imposibe, ya que sería buscar una entelequia. La clave, de “el todo” en el pensamiento complejo, está en la organización de las ideas (Morin, 1997, 2001)
Pues bien, los procesos metropolitanos, que concebimos como sistemas complejos abiertos (García )11 , tienen sin duda, una singular aptitud para ser estudiados con las estrategias cognoscitivas que estamos delineando, en virtud de la evidente complejidad que encierran.
Al mismo tiempo, de acuerdo con R.García, las características sobresalientes de los sistemas abiertos son:Sufren transformaciones a través del tiempo.La evolución de tales sistemas no se realiza a través de procesos que se modifican de manera gradual y contínua, sino que procede por una sucesión de desequilibrios y reorganizaciones . Cada reestructuración conduce a un período dinámico relativo durante el cual el sistema mantiene sus estructuras previas con fluctuaciones dentro de ciertos límites. (Nicolis y Prigogine, 1977, 1980. García, 2000).

El acceso cognoscitivo a “el todo” y las partes en los procesos metropolitanos y el caso del AMVM. Revisión de algunos trabajos representativos.
Si “el problema” es la indagación de las determinaciones que hacen que una ciudad se transforme en metrópoli es obvio que tenemos que considerar simultáneamente del conocimiento de las determinaciones de la “ciudad central” y las transformaciones producidas por interacción de éstas con las “externas o exógenas”.
En cuanto a estas últimas interacciones –y empezamos con éstas para partir de nuestro objetivo central- han estado surgiendo un cúmulo de trabajos. En uno de ellos, -Ana María Chávez y Julio Guadarrama (2004)- se señala la presencia de “un nuevo patrón de expansión y crecimiento de las grandes aglomeraciones urbanas” y ubica como causas de esta presencia, el surgimiento de un “nuevo orden global configurado por la creciente movilidad internacional de capital y trabajo” y por “los avances tecnológicos en el campo de las telecomunicaciones , los transportes y los procesos de producción …” Incluso, los autores señalan que ante la magnitud de las transformaciones, un buen número de autores han propuesto nuevas denominaciones para las ciudades así transformadas.
Por ejemplo, Friedmann y Wolf proponen el tèrmino “ciudad mundial” (1982, 1986); Castells, el de “ciudad informacional”(1989); Sassen, , “ciudad global” (1991); Ascher, “metápolis” (1995; Borja y Castells, “megaciudad”(1997); Geddes, “metrópolis desbordada”; Soja, “postmetrópolis”. ..(Chávez y Guadarrama, 2004)
Por su parte, los ya citados Virgilio Partida Bush y Carlos Anzaldo Gómez, en “Escenarios demográficos y urbanos de la Zona Metropolitana de la ciudad de México” centran su atención en el actual “derrotero demográfico de la metrópoli” que la ha convertido en una zona de intensa expulsión de población”. Atribuye este proceso a los cambios del modelo económico producidos durante la segunda mitad del siglo pasado en la transformación del patrón de urbanización de la ciudad (Partida y Anzaldo, 2005)
El interés por los procesos demográficos provoca que en cierto momento la atención de los investigadores se amplíe hacia otros procesos, aunque solo los mencionen de pasada, como la contaminación y la inseguridad pública, cuando afirman que son “atribuibles al crecimiento urbano”.
Ya hemos trascrito las características que proponen estos autores para la conformación de zonas metropolitanas: son fundamentalmente demográficas: población, densidad, junto a situaciones de contigüidad, de conurbación, e integración funcional.
Por su parte, Adrián Guillermo Aguilar y Concepción Alvarado, en su texto La reestructuración del espacio urbano de la ciudad de México. ¿Hacia la metrópoli multimodal?, exhibe de manera clara su preocupación fundamental: la estructura urbana – espacial y la transformación-redistribución de la centralidad.
Es interesante para lo que nos hemos propuesto la manera como accede a su problemática investigativa, ya que privilegia a la función “económica” de la ciudad:
Desde el punto de vista de su función económica, las principales ciudades siempre han estado asociadas a un concepto de ¨centralidad¨, porque entre otros aspectos concentran economías de aglomeración, grandes cantidades de información, áreas de mercado, etcétera”. Con esta premisa, surge una proposición básica para el desarrollo de su trabajo: “Durante la actual fase de globalización esta centralidad urbana se ha mantenido aunque se pueden observar algunas variaciones territoriales; por ejemplo, el distrito central de negocios tiende a fragmentarse en varios nodos de actividad productiva.” (Aguilar y Alvarado, 2004).
Después de un acucioso examen cuantitativo, centrado en el empleo llega a la constatación de su presupuesto básico, sólo que lo puntualiza en el tiempo (a partir de los años 70 se manifiesta la dispersión) y en el espacio en subcentros y “corredores”, llegando a observaciones interesantes desde ese enfoque, como aquella de que la falta de empleos en las ocupaciones periféricas provoca en gran medida desplazamientos laborales en las zonas centrales (Aguilar y Alvarado, 2004).
Queremos destacar el significativo texto de Daniel Hiernaux y Alicia Lindon, porque en él, se habla de la apertura hacia otras disciplinas: “Repensar la periferia: de la voz a las visiones exo y egocéntricas. En este trabajo habla de cómo “los estudios territoriales vistos desde la geografía, la sociología o la economía urbana, entre otras disciplinas, han tendido a privilegiar la dimensión geográfica espacial de este proceso, sea a destacar los mecanismos políticos, económicos y materiales según los cuales se ha construido el espacio periférico” Enseguida, muestra la preocupación mencionada: “sin embargo, un buen número de dimensiones de este proceso han sido escasamente estudiados, particularmente las que remiten a imaginarios, la subjetividad colectiva y la construcción social del territorio periférico , temas todos ellos que vienen cobrando una fuerte presencia en los estudios más recientes de las ciencias sociales que se realizan en distintos contextos nacionales.”
Y en las conclusiones de este trabajo, los autores asientan:
La reflexión sobre los diferentes enfoques y visiones para estudiar la periferia, e incluso la ciudad en sentido amplio, no resulta demasiado frecuente en el campo de los estudios urbanos , sin embargo, no por ello es poco necesario. En otros campos de las ciencias sociales, sobre todo de tipo disciplinarios, como puede ser la antropología, y también el de la sociología, se han dado importantes niveles de reflexión en la perspectiva que aquí hemos denominado exocéntrico y egocéntrico, aunque en esos casos ha sido identificado con otras expresiones.”
Ahora bien, de acuerdo a lo planteado a lo largo de nuestro trabajo, estamos de acuerdo que ese reclamo tendría que extenderse a la totalidad de la ciudad y la metrópoli y no sólo a los espacios periféricos.
En suma , la apertura Hiernaux y Lindon, constata la presencia de ese proceso de transformación cognoscitiva en los estudios urbanos que se ha venido incubando desde la década de los ochenta y que posee un entorno que abarca no solo ámbitos locales, sino nacionales e internacionales12. En el campo del conocimiento esas transformaciones tienden –y ya se habla de ello, y de manera muy especial desde las ciencias sociales- a la búsqueda de “nuevos paradigmas”.13


El tratamiento de la ciudad-metrópoli en la revista Ciudades.
En el conocimiento de las transformaciones del pensamiento sobre la ciudad-metrópoli ha representado un importante papel la revista Ciudades, de la Red Nacional de Investigación Urbana, la cual, desde su primer número (1989) con el tema “La cuestión urbana en la década de los ochentas” he mostrado esa búsqueda14.
Del interesante historial de Ciudades, nos interesa destacar por lo pronto, su tratamiento abierto o implícito a los procesos metropolitanos, la sistematicidad de la presentación de los trabajos sobre el medioambiente vinculado con la ciudad y mas adelante de la sustentabilidad urbana, y naturalmente, de un tema actual: el surgimento de nuevos paradigmas en el conocimiento de las ciudades. O sea: a aquellos temas y problemas implicados en el mencionado rebasamiento cognoscitivo y que nos brindan elementos para la preocupación de repensar la metrópoli y los pasos para el cambio cualitativo radical: impensarla.
Con respecto a los procesos metropolitanos, debemos reconocer que en casi todos los casos el tratamiento de las problemáticas urbanas contienen en la medida de su pertinencia, rasgos y procesos de la metropolización, cuando se ha tratado la problemática de ciudades que tienen esa condición15. Empero, queremos destacar dos números, distantes entre sí : “Procesos metropolitanos” (No. 6 abril-junio 1990) y el 53, de enero-marzo del 2002, con el tema “Procesos de Metropolización. Nos interesa subrayar, para los fines de este trabajo, las formas de tratamiento de la problemática de la metrópoli de los autores representativos de ambos, para así esclarecer las diferencias de “pensar la metrópoli” al transcurso de doce años.
El primer texto de este número 6, es un ensayo de Gustavo Garza, denominado “Metropolización en México”.Para empezar, maneja un paradigma clásico de la ideología institucional de la modernidad: “La interacción entre el desarrollo económico y la urbanización es universal” y reconoce la posibilidad de diferencias de patrones de urbanización entre los países desarrollados y subdesarrollados.
Señala que en los países desarrollados el proceso de urbanización si bien “ha concluido”16 se ha producido una suburbanización polinuclear; con baja densidad de población y extensas áreas verdes… en cambio en el Tercer Mundo, se da una urbanización acelerada pero acompañada con grandes carencias sociales y de infraestructura en las ciudades. Al plantear que la ciudad es de gran importancia para el desarrollo económico 17 , lanza una crítica a los gobiernos de esos países, ya que “no han sido conscientes de la necesidad de establecer políticas urbanas acordes a los requerimientos del desarrollo económico”. En fin en este ensayo se propone el autor los nexos principales entre los procesos de urbanización y de industrialización en el México del siglo XX.
Con un manejo estadístico también clásico, establece su ahora conocida periodización del proceso de urbanización de la ciudad de México.18Define el momento en que surge la dinámica metropolitana (1950-1980) con criterios de contiguidad, conurbación y naturalmente, demográficos. Al establecer los vínculos con el proceso de industrialización y afirma: “A partir de 1982, el crecimiento económico se ha interrumpido, pero no así el proceso de urbanización. Este sigue una dinámica propia y a reserva de confirmarlo con los censos de 1990, todo parece indicar que las ciudades siguen creciendo…” Señala finalmente que las únicas ciudades que crecen económicamente son algunas de las fronterizas y de las turísticas.
El reconocimiento de esas asimetrías y la mencionada leve critica a la política gubernamental al respecto de la economía de las ciudades de nuestro país muestran como la inquietud por la inequitativa situación de la mayoría de la población urbana y metropolitana permeaban a conspicuos estudiosos de la problemática de nuestras ciudades, aunque es de subrayarse que la demanda epistemológica de nuevos enfoques, y para alcanzar el cometido de “impensar la metrópoli” requiere todavía en este tipo de estudios de una visión hologramática que tome en cuenta el conjunto de retroacciones entre los diversos procesos. (Morin 2000)
En fin lo que queremos destacar en este trabajo de Garza, es la prioridad que otorga los procesos económicos y como los coloca en una posición privilegiada en la determinación de la metrópoli.
Otra variante del análisis urbano es el artículo de Emilio Duhau, quien, en “¿Una catástrofe anunciada?, refuta la idea de que el gran tamaño de la ciudad de México –y aclara en una nota que ese término es indistinto, para él, al de Zona Metropolitana de la ciudad de México- ha conducido a ésta al borde de la catástrofe19 y despliega todo un argumento comparativo para mostrar que ciertas características negativas están presentes en casi todas las ciudades del país: “congestionamiento vial, contaminación ambiental, falta de transporte público, insuficiencia en la recolección de basura, déficit habitacional, en general carencia de servicios públicos e infraestructura” Para este estudioso, esas características se deben al “modelo de urbanización” y al “modelo social”, y que han llegado a límites peligrosos: “elevada concentración del ingreso, políticas sociales fragmentadas, institución populista-corporativa de los conflictos sectoriales y de clase, juridización de los procesos urbanos con el predominio de las normas de urbanización sobre la especificación de los derechos de los habitantes de la ciudad, desarrollo limitado de las prácticas y los procedimientos derivables del principios de ciudadanía”.
Lo significativo de este planteamiento es que Duhau esta sacando a luz, sin mencionarlo, al “Sistema Mexicano”. Además, ya antes había situado a nuestro país, en la periferia capitalista. También es significativo que este autor señale a la “sociedad urbana” como la protagonista para vencer los limites mencionados.
Va apareciendo así, la complejidad de la problemática metropolitana al irse reconociendo la presencia de nuevas determinaciones en su conformación. Esta aseveración se refuerza en mayor o menor medida con las reflexiones y planteamientos de otros textos de este número.20
Por último, es importante señalar que en este número de Ciudades aparece una significativa convocatoria: la del VII Encuentro de la Red Nacional de Investigación Urbana con el tema “ Ambiente Urbano y Calidad de Vida”. En ella, se invita a discutir sobre el deterioro del medio ambiente en las ciudades y la consecuente degradación de la calidad de vida de los pobladores. La vinculación de la calidad de vida con “el ambiente urbano” es de mencionarse. También hay que reconocer que el término calidad de vida estaba cobrando fuerza, sobre todo en los sociológicos que se ocupaban de los procesos urbanos, aunque cabe aclarar también a juzgar por los temas de la convocatoria que por medio ambiente urbano estaban considerando a: la red urbana y tejido urbano; los equipamientos colectivos y edificios públicos; la vivienda; la imagen urbana y el aparato productivo, financiero y comercial. La cuestión del medio ambiente implicado en la ecología se iría incorporando en números posteriores, e iría a provocar, junto a la concepción del desarrollo sustentable, una polémica de considerables dimensiones.
Por lo que se observa, durante la década de los ochenta, hasta 1990, la metrópoli se iba nuevamente, “repensando” y se daban algunos indicios para pasar a “impensarla”
Vayamos ahora a la pregunta, ¿de que manera es tratado el tema de la metrópoli, a poco más de una década, en la revista Ciudades?
Lo primero a destacar es la presencia de nuevos temas (o temas poco usuales) de parte de los estudiosos de los procesos urbano-territoriales. Lo segundo, pero no menos importante, es que se publican trabajos que se acercan al pensamiento complejo. Algunos de estos trabajos comparten las dos características.
Y así, aparece el tema de políticas públicas en la administración de la ciudad-metrópoli.
Se entiende que una ciudad que desborda sus límites administrativas también “es desbordada en tanto administración”. A tal grado que ya es preocupación de urbanistas e investigadores de los procesos territoriales, aunque realmente el tema no es precisamente “nuevo”. El trabajo de Juan Manuel Ramírez Saíz, Experiencias internacionales de administración y gobierno metropolitanos es representativo de esta preocupación.
También, en el interés por las políticas públicas y vinculadas estrechamente con nuestra disciplina, aparecen los temas de la planeación, en los que necesariamente aparece la problemática metropolitana, e involucran ya a lo planteado por los primeros gobiernos electos del Distrito Federal: Avatares de la planeación urbana en el DF, Mario Bassols Ricardez y Socorro Arzaluz Programas Parciales de Desarrollo Urbano. Angel Mercado Moraga.
El trabajo de Bassols y Arzaluz es un intento de ver la planeación tomando en cuenta el carácter político de la planeación en el DF y de una búsqueda en la que nos encontramos un buen número de estudiosos: la diferencia entre la planeación de las administraciones prisitas y las del primer gobierno electo, y muestra el carácter no neutral de la planeación y del analista de la misma. Señala la disyunción -sin usar este término- entre los actores del gran capital y la participación de la población, como parte de un urbanismo democrático y participativo. Asimismo señala la presencia de lo global y lo local como una característica de esta etapa de nuestras sociedades y ciudades.
Otro tema inusual en nuestra disciplina y que es incorporado por la presión sociopolítica que hay al respecto es Seguridad pública y ámbito metropolitano, de Juan Carlos Hernández E., Georgina Isunza Visuet. Destacaremos una declaración significativa que hecen los autores en sus conclusiones, ya que tiende a reconocer la complejidad de la delincuencia, e involucra a la estructura urbano-demográfica:“Lo anteriormente expuesto permite demostrar que existe una relación muy estrecha entre la dinámica demográfica, la expansión urbana, la estructura urbana y la movilidad intraurbana de la población, con los patrones de incidencia delictiva.”Finalmente, plantea la necesidad de fortalecer un gobierno metropolitano.
Aparecen dos artículos que se abren a temas, hasta ahora de otras disciplinas, lo cual es un síntoma positivo de flexibilidad:

Cartografiar o narrar: prácticas del espacio urbano en Michel de Certeau, de Martin Mora Martinez, y Modos de vida y utopías urbanas. Daniel Hiernaux y Alicia Lindon, estos autores reconocen los sentidos urbanos incluidos los de progreso y de las utopías, de los diversos grupos urbanos, elementos importantes para el conocimiento de la ciudad:
Asi conviven, en forma pacífica o a veces conflictiva, diversas formas de concebir la ciudad que derivan en modos de vida paralelos y fecundos para encauzar las utopías del progreso, a veces más individuales otras más familiares. La ciudad no es solo la pluralidad cultural que se suele reconocer actualmente, es también una especie de deseo y de estrategias divergentes, aunque complementarias (por manejar una disyunción necesaria) en algún nivel que hacen de ella el sitio de la reproducción social. La ciudad es el resultado de estrategias múltiples que la enriquecen y al mismo tiempo reactivan el sentido de la vida urbana que el sueño periférico unívoco había derrumbado.”
Por último, señalemos que en la sección Notas de lectura, aparece una propuesta a la preocupación de la problemática medioambiental de nuestras ciudades, en el texto Unidades ambientales urbanas, de las investigadoras Clío Capitanachi. Elsa Utrera Barillas, Carmen B. Smith del Instituto de Ecología A.C. de Xalapa, Veracruz.
En este texto -que es síntesis de un libro y CD de las mismas autoras- se reconoce la complejidad de la ciudad y se postula la necesidad de una integración transdisciplinaria para abordarla. Y proponen una estrategia de análisis en la cual se construyan cuatro subsistemas: Subsistema natural, subsistema urbano, subsistema social. Una vez identificados, se buscan las “relaciones significativas”.
En cuanto a la complejidad de la ciudad, se afirma “De manera que la ciudad como objeto de estudio nos remite a un conjunto de estructuras físicas-arquitectónicas que manifiestan las transformaciones y contradicciones de las sociedades que las habitan. Estas son procesos complejos en que interactúan diversos agentes sociales, en diversas situaciones: espacio territoriales, económicas, socio políticas y culturales, resultantes de su propia evolución histórica.” (Y citan a B. Smith, 1998)
Esa aseveración subraya nuestra convicción de que no es posible repensar la metrópoli –y a la ciudad- sin considerar al medio ambiente y la sustentabilidad, dentro del pensamiento complejo, con la aclaración de la necesidad de aclarar que la sustentabilidad entendida en un sentido integral, como parte indispensable de la retroacción de la sociedad con la naturaleza.
Y ciertamente Ciudades, en su número 10 de abril-junio de 1991, registra una preocupación que se venía gestando desde los años 70:

La problemática del medio ambiente genera consenso entre la población respecto a su gravedad y la urgencia de atenderla. Esta problemática tiene, sin duda, una clara connotación territorial; sin embargo, la investigación urbano-regional en nuestro medio sólo recientemente ha desarrollado esfuerzos sistemáticos de interpretación y reflexión propositiva.” (Ciudades, No.10, 1991)


En ese sentido, es importante reconocer que la emergencia y ulterior desarrollo de la ecología y las transformaciones de las ciencias ambientales han sido consideradas un paso en la superación al parcelamiento de las ciencias y en consecuencia es un avance hacia la unidad compleja de las disciplinas del conocimiento El multicitado Morin, llama a la ecología la primera ciencia nuova (Morin, 1983, 2002)21, y afirma, de manera contundente: “Mejor aún: la ecología general plantea el problema de la relación hombre/naturaleza en su conjunto, su amplitud, su actualidad….. Y es la primera vez que una ciencia, y no una filosofía, nos plantea el problema de la relación entre la humanidad y la naturaleza viviente”

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