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República de Cuba

Ministerio de Educación Superior


Trabajo publicado en www.ilustrados.com

La mayor Comunidad de difusión del conocimiento




Título:

Las corporaciones transnacionales. Una visión contemporánea”


Integrantes: Leidy de la C Bello Rodríguez

Roberto Campbell Tross

Isidro Campbell Tross

Dinardo Thomas Campbell

Raquel Campillo Hernández

Victor Mackchaser Svright

Oscar Fernández Naranjo

Damián Betanzos Hernández

Ciego de Ávila enero de 2008

Resumen
El trabajo que ponemos a su consideración, titulado "Las Corporaciones Transnacionales. Una visión contemporánea" pretende exponer los elementos esenciales que caracterizan la actividad transnacional en el mundo de hoy. Al valorar el papel de estas organizaciones lucrativas, creemos conveniente apartar toda una serie de prejuicios ideológicos y políticos que en muchos casos han obstaculizado la seriedad de los análisis. Resulta, por tal razón imprescindible, realizar una interpretación coherente acerca del papel de las CTNE en el mundo de hoy, a la luz de las nuevas realidades de un mundo donde se han impuesto una concepción liberal acerca del modo de organización de la vida económica de las naciones y de las relaciones internacionales.

Introducción
Las Corporaciones Transnacionales (CTNs) en la economía mundial es, en ocasiones, ignorado o menospreciado por los que de una forma u otra investigan temas relacionados con la economía internacional. Estas gigantescas organizaciones económicas, resultado de un largo proceso de evolución empresarial, constituyen hoy día una fuerza colosal, cuya influencia trasciende el ámbito económico y se adentran en la vida social y política de las naciones.

Desarrollo
Según el enfoque científico preciso elaborado por los marxistas, las corporaciones transnacionales son súper monopolios internacionales modernos, es decir, constituyen la forma de organización empresarial internacional más poderosa y decisiva en la marcha de los asuntos económicos mundiales, con decenas y hasta centenares de filiales en el extranjero. Con frecuencia, son utilizados en la literatura económica indistintamente los conceptos de transnacionales y multinacionales para hacer referencia a estas gigantescas empresas internacionales. En este sentido nos parece indispensable aclarar que, a pesar de este uso indistinto, existe una diferencia conceptual entre ambas definiciones. Según el concepto que compartimos, una corporación o empresa transnacional se diferencia de una multinacional en que ésta ha sido fundada por capitales de una sola nación y, aunque opera en varios países, su centro o casa matriz se haya en el país de origen, desde el cual se controla y dirige toda la actividad de cada una de sus filiales. Una multinacional, por el contrario, está conformada por capitales de varias naciones y por lo tanto no tiene una "patria" definida. Aunque esta distinción pueda parecer superficial, le concedemos a esta diferencia una gran importancia, pues consideramos que en ella radica una de las causas que han ocasionado el hecho de que en la economía mundial las empresas Transnacionales hayan alcanzado un auge considerablemente mayor que las multinacionales.
Desde el punto de vista jurídico las CTNs se definen como: "sociedades transnacionales son personas jurídicas de derecho privado con múltiple plantación territorial pero con un centro único de decisión." Desde el punto de vista económico se definen como:"Una empresa transnacional es una organización privada con fines de lucro que desarrolla actividades de producción, distribución e investigación en más de un país. La flexibilidad de trasladar la producción de un lugar a otro del mundo es uno de sus rasgos fundamentales. Según CETIM. Sub-Comisión de Derechos Humanos 2002. Exposición Presentada conjuntamente por el CETIM, la Asociación Americana de Juristas, La liga internacional por los derechos y la liberación por los pueblos en el congreso de la ONU sobre los derechos humanos y el derecho internacional. Expertos del tema, las CTNE controlan en la actualidad alrededor de dos tercios del comercio internacional y el 80% de las inversiones en el extranjero.
En este sentido es necesario señalar que la actividad transnacional y su éxito en la gestión de sus asuntos están asociados, fundamentalmente, a su estructura organizativa y al andamiaje tecnológico que utilizan. Desde el punto de vista organizativo utilizan métodos de dirección altamente eficientes y la práctica ha demostrado que, a diferencia de lo que en ocasiones se ha querido mostrar, el grado de centralización en la dirección y en la toma de decisiones es muy alto.
La utilización de un andamiaje tecnológico de última generación ha sido la base para la efectividad y la agilidad de la toma de decisiones de estas corporaciones. La tecnología informática y el uso de los más sofisticados medios de comunicación han hecho posible el destino exitoso de estos gigantes. Según un informe del Washington Institute for Policy Studies, las empresas trasnacionales son las primeras instituciones del siglo en las que se piensa y planifica a escala mundial y las mismas crean cuatro redes de actividad comercial que se entrecruzan:
El centro comercial mundial; un supermercado planetario con una deslumbrante variedad de cosas para comer, beber, usar y disfrutar basada en los sueños de los ricos que viven comunicados en el mundo entero. Esta fabulosa red comercial mundial está constituida por un abigarrado engranaje de establecimientos de diversa índole y características que ofrecen los más inimaginables bienes y servicios, desde artículos de cocina tradicionales, pasando por armas y ofertas de viaje al espacio hasta objetos sexuales.
El lugar de trabajo mundial; una red de fábricas, talleres, estudios jurídicos, hospitales, restaurantes, etcétera, dirigidos con la lógica del resultado final. Esta red se ha establecido mediante un proceso violento de supeditación real del trabajo al capital que, entre otras consecuencias ha provocado un deterioro significativo de las condiciones de contratación de los obreros y de precarización del empleo.
La red financiera mundial; un laberinto en constante cambio de transacciones monetarias, valores mundiales, tarjetas, swaps y mecanismos especulativos creadores de valores ficticios sin ningún respaldo en la economía real y que constituye uno de los mayores peligros para la estabilidad de la economía mundial.
El bazar mundial de la cultura; es la más nueva de las redes mundiales y la que va más retrasada en su alcance universal; consiste en ofrecer, entre otras cosas, películas, programas de televisión y de radio, música, revistas, juegos, juguetes y temas que divulgan imágenes globales y difunden, en su mayor parte, los sueños estadounidenses de dominio mundial. En tal sentido monopolizan la media e intentan hacer de la educación un aparato propio, interviniendo en la planeación, privatizando espacios educativos e impartiendo educación de servicio para el sistema que están entrando a dominar.
El aspecto más característico de este sistema es que el formidable poder de las empresas mundiales socava la efectividad de los gobiernos nacionales y en todas partes el Estado-nación enfrenta una crisis de redefinición. Ninguna ideología política o teoría económica ha llegado aún a tener en cuenta el cambio de estructura que ha ocurrido. Mientras que las antiguas nociones de civilización mundial y cultura mundial estaban arraigadas a un lugar determinado, la Era de la Mundialización celebra la liberación de los lazos que unan a cualquier territorio.
El cuestionamiento acerca de la actividad transnacional en el mundo se ha visto frecuentemente afectada por concepciones políticas e ideológicas. Sin embargo, en el mundo de hoy, tal y como se han conformado los elementos del espacio económico mundial, las Empresas Transnacionales han monopolizado en un grado muy alto aquellos elementos que pudieran conducir al desarrollo a cualquier empresa, rama e incluso nación, a saber: tecnología, capital y mercado. Sin embargo, esta anterior idea no nos puede conducir a la conclusión de que son cruciales para el progreso de las poblaciones del mundo en desarrollo. La historia de la evolución del desarrollo de estas naciones es la demostración de lo contrario. A pesar de las justificadas críticas a la actividad transnacional en el mundo, las valoraciones que acerca de ellas se hagan deben considerar lo anteriormente expresado en el diseño de cualquier programa de desarrollo nacional más o menos significativo.
Las corporaciones transnacionales son, además de entes económicos, entes culturales. Aunque no sea habitual encontrar valoraciones de esta naturaleza en los textos de economía, no nos parece ocioso hacer referencia a este aspecto. La actividad transnacional es muy variada y comprende actividades de toda naturaleza. Sin embargo, independientemente de las actividades específicas tradicionales de una u otra transnacional, cada una de ellas transporta a los países donde actúan los valores culturales de sus naciones de origen. Los mecanismos de publicidad y promoción que utilizan para maximizar sus ganancias constituyen potentísimas armas de creación de conceptos culturales que se van imponiendo en los consumidores y en las sociedades en conjunto. Esta influencia se refuerza cuando se trata de empresas cuya actividad está directamente vinculada con la esfera de la difusión de las artes, la televisión, la prensa y las comunicaciones.
Un análisis consecuente desde la óptica de la Economía Política nos debe conducir a la conclusión de que las Empresas Transnacionales son la expresión del desarrollo de la concentración y centralización del capital, una vez rebasados los marcos nacionales. Las empresas transnacionales son, a nuestro entender, las portadoras por excelencia de las relaciones capitalistas de producción del mundo moderno y su influencia trasciende el ámbito económico.

La Monsanto Chemical Company, con su sede central en las afueras de San Luis, Missouri (EE.UU.), fue fundada en 1901 por John Francis Queeny. Queeny, un químico autodidacta, llevó la tecnología de fabricación de la sacarina, el primer edulcorante artificial, de Alemania a los Estados Unidos. En los años 20, Monsanto se convirtió en uno de los principales fabricantes de ácido sulfúrico y de otros productos básicos de la industria química, y desde la década de los 40 hasta nuestros días, es una de las cuatro únicas compañías que han estado siempre entre las 10 primeras empresas químicas de EE.UU.

En los años 40, el negocio de Monsanto giraba en torno a los plásticos y las fibras sintéticas. En 1947, un carguero francés que transportaba nitrato de amonio (utilizado como fertilizante) explotó en un muelle a unos 90 metros de la fábrica de plásticos de Monsanto en las afueras de Galveston, en Tejas. Más de 500 personas murieron en lo que llegó a ser considerado como uno de los primeros grandes desastres de la industria química2. La planta producía estireno y plásticos de poli estireno, que aún se usan en la actualidad para envases de alimentos y otros productos de consumo. En los años 80, la US Environmental Protection Agency (EPA- Agencia de Protección del Medio Ambiente de EE.UU.), colocó al poli estireno en el quinto lugar de su clasificación de productos químicos cuya producción genera las mayores cantidades totales de residuos peligrosos.

En 1929, la Swann Chemical Company, adquirida poco después por Monsanto, desarrolló los bifenilos policlorados (PCBs por sus siglas en inglés), que fueron muy alabados por su extraordinaria estabilidad química y su ininflamabilidad. Su uso más frecuente se dio en la industria de equipos eléctricos, que escogió los PCBs como refrigerantes incombustibles de una nueva generación de transformadores. En el transcurso de los años 60, los compuestos de la cada vez más numerosa familia de los PCBs de Monsanto fueron también usados como lubricantes, líquidos hidráulicos, aceites lubricantes de herramientas, revestimientos impermeables y selladores líquidos. Las pruebas de los efectos tóxicos de los PCBs se remontan a los años 30, y científicos suecos que estudiaban los efectos biológicos del DDT comenzaron a hallar concentraciones significativas de PCBs en la sangre, pelo y tejidos grasos de los animales salvajes en la década de los 60.

La investigación durante los años 60 y 70 reveló que los PCBs y otros compuestos organoclorados aromáticos eran carcinógenos poderosos, y también los relacionó con un amplio conjunto de trastornos reproductivos, de desarrollo y del sistema inmunológico. La afinidad química de estos compuestos por las grasas es responsable de sus enormes tasas de acumulación y bioconcentración, así como de su expansión a través de la cadena alimenticia marina en el Norte del mundo. El bacalao ártico, por ejemplo, presenta concentraciones de PCBs 48 millones de veces mayores que las de las aguas en las que vive, y los mamíferos predadores, como el oso polar, pueden albergar concentraciones que superan en más de 50 veces las del bacalao. Aunque la fabricación de PCBs se prohibió en los Estados Unidos en 1976, sus efectos tóxicos y perturbadores del sistema endocrino persisten en todo el mundo.

El centro mundial de producción de PCBs era la planta de Monsanto en las afueras de East St. Louis, Illinois. East St. Louis es un suburbio con un empobrecimiento crónico, situado en la orilla del río Mississippi opuesta a St. Louis, y flanqueado por dos grandes plantas metalúrgicas, además de las instalaciones de Monsanto. El escritor sobre temas educativos Jonathan Kozol afirma que «East St. Louis tiene algunos de los niños más enfermos de América». Kozol informa que la ciudad tiene la tasa más alta de muerte fetal y de nacimientos prematuros del estado, la tercera tasa más alta de mortalidad infantil, y uno de los índices más altos de asma infantil en los EE.UU.

Los habitantes de East St. Louis continúan soportando los horrores de una alta exposición a productos tóxicos, la pobreza, el deterioro de la infraestructura urbana, y el colapso de incluso los más básicos servicios públicos, pero la cercana ciudad de Times Beach, Missouri, fue evacuada en 1982 por orden del gobierno de los EE.UU., debido a que estaba totalmente contaminada con dioxinas. Al parecer, el ayuntamiento, así como varios propietarios privados, pagaron a un contratista para que regara sus calles con aceites de deshecho para mantener el polvo pegado al suelo. El mismo contratista había sido contratado por empresas químicas locales para vaciar sus tanques de lodos contaminados con dioxinas. Cuando 50 caballos, otros animales domésticos y cientos de pájaros silvestres murieron en una plaza cubierta que había sido regada con el aceite, se ordenó una investigación que acabó relacionando las muertes con la dioxina de los tanques de lodos químicos.

La relación de Monsanto con la dioxina se remonta a la fabricación del herbicida 2,4,5-T, que comenzó a finales de la década de los 40. «Casi inmediatamente, los trabajadores comenzaron a enfermar, con erupciones en la piel, dolores inexplicables en las extremidades, articulaciones y otras partes del cuerpo, debilidad, irritabilidad, nerviosismo y pérdida del deseo sexual», explica Peter Sills, autor de un libro sobre la dioxina a punto de aparecer. «Documentos internos muestran que la compañía sabía que aquellas personas estaban realmente tan enfermas como decían, pero la empresa mantuvo todas las pruebas ocultas. Una explosión en la planta de herbicidas Nitro de Monsanto en West Virginia en 1949, atrajo aún más atención sobre estas quejas. El contaminante responsable de las dolencias de los trabajadores no fué identificado como dioxina hasta 1957, pero antes de esa fecha, los especialistas en guerra química del ejército de los EE.UU. se habían interesado por dicha sustancia como una posible arma química. A consecuencia de una petición de la revista St. Louis Journalism Review, invocando la Ley de la Libertad de Información de EE.UU., se descubrieron casi 600 páginas de informes y correspondencia entre Monsanto y los especialistas en guerra química del ejército de los EE.UU. sobre este subproducto de la fabricación de herbicidas; algunos de estos documentos eran de 1952.

El herbicida conocido como Agente Naranja, que fue usado por las fuerzas militares de los EE.UU. para defoliar los ecosistemas de selva tropical de Vietnam durante los años 60, era una mezcla de 2,4,5-T y 2,4-D que provenía de varias fuentes, pero el Agente Naranja de Monsanto tenía concentraciones de dioxina muchas veces superiores al producido por Dow Chemical, el otro gran productor del defoliante. Esto convirtió a Monsanto en el principal acusado en la demanda interpuesta por veteranos de la guerra del Vietnam, que experimentaron un conjunto de síntomas de debilidad atribuibles a la exposición al Agente Naranja. Cuando en 1984 se alcanzó un acuerdo de indemnización por valor de 180 millones de dólares entre siete compañías químicas y los abogados de los veteranos, el juez ordenó a Monsanto pagar el 45,5% del total.

En los años 80, Monsanto emprendió una serie de estudios con el fin de minimizar su responsabilidad, no sólo en la causa del Agente Naranja, sino en reiterados casos de contaminación de sus trabajadores en su planta de West Virginia. Un caso judicial de tres años y medio de duración, derivado de una denuncia de trabajadores ferroviarios expuestos a la dioxina a consecuencia de un descarrilamiento, reveló la existencia de datos manipulados y diseño experimental engañoso en dichos estudios. Un funcionario de la EPA concluyó que los estudios fueron manipulados para apoyar la posición de Monsanto, que defendía que los efectos de la dioxina se limitaban al cloracné (una enfermedad de la piel). Los investigadores de Greenpeace Jed Greer y Kenny Bruno describen el resultado: «De acuerdo con testimonios dados en el juicio, Monsanto clasificó mal a trabajadores expuestos y no expuestos, borró arbitrariamente varios casos claves de cáncer, no verificó la clasificación de pacientes con cloracné según los criterios comunes de dermatitis industrial, no dió seguridades de que los registros aportados no estuvieran manipulados e hizo falsas afirmaciones sobre la contaminación por dioxina en los productos de Monsanto.

Hoy día los herbicidas de glifosato, tales como el Roundup, representan al menos una sexta parte de las ventas anuales totales de Monsanto, y la mitad de los ingresos por operaciones de la compañía, o quizá algo más desde que la compañía segregó sus actividades de productos químicos industriales y tejidos sintéticos en una empresa aparte, llamada Solutia (en septiembre de 1997). Monsanto promociona agresivamente el Roundup como un herbicida seguro y de uso general en cualquier lugar, desde céspedes y huertos hasta grandes bosques de coníferas, donde se utiliza la fumigación aérea para impedir el crecimiento de plantones de frondosas y matorrales, y favorecer así el crecimiento de árboles rentables como abetos y piceas. La organización North West Coalition for Alternatives to Pesticides (NCAP), con sede en Oregón, revisó más de 40 estudios científicos sobre los efectos del glifosato y de las aminas polioxietilénicas (usadas como agentes tensioactivos en el Roundup), y concluyó que el herbicida es mucho menos inocuo de lo que dicen los anuncios de Monsanto.

La agresiva promoción que Monsanto realiza de sus productos biotecnológicos, desde la hormona recombinante del crecimiento bovino (rBGH) a la soja «Roundup Ready» y a sus variedades de algodón resistentes a los insectos, resulta a ojos de cualquier observador como una continuación de sus largas décadas de prácticas éticamente discutibles.

Originalmente, Monsanto fué una de las cuatro empresas que querían poner en el mercado una hormona sintética del crecimiento bovino, producida por la bacteria E. coli manipulada genéticamente para producir la proteína bovina. En 1990, cuando parecía inminente la aprobación de la rBGH por parte de la FDA, un patólogo veterinario del laboratorio de investigación agraria de la Universidad de Vermont, proporcionó a dos legisladores del estado varios datos anteriormente suprimidos, que describían un aumento significativo en las tasas de infección de ubres en vacas inyectadas con la hormona (entonces experimental) de Monsanto, además de una incidencia anormal en los defectos de nacimiento consistentes en graves deformaciones en los descendientes de las vacas tratadas con rBGH. Una revisión independiente de los datos de la Universidad realizada por un grupo regional de defensa de los agricultores, denunció nuevos problemas de salud para las vacas debidos a la rBGH, como gran incidencia de lesiones en pezuñas y patas, dificultades reproductivas y metabólicas e infecciones uterinas.

Con esta inquietante historia, se entiende porqué muchos ciudadanos informados de Europa y EE.UU. se resisten a confiar a Monsanto el futuro de nuestra comida y nuestra salud. Pero Monsanto hace todo lo que puede para aparecer como no afectado por esta oposición. A través de iniciativas como su masiva campaña publicitaria en Gran Bretaña, su patrocinio de una nueva exposición de alta tecnología con el tema de la Biodiversidad en el Museo Americano de Historia Natural de Nueva York, y muchas otras, está intentando aparecer más verde, más justa y con más visión de futuro que sus propios opositores.

Por último, se nos quiere hacer creer que la agresiva promoción de la biotecnología que lleva a cabo Monsanto no es fruto de la arrogancia empresarial, sino simplemente una «ley de la naturaleza». Los lectores del Informe Anual de Monsanto se encuentran con una analogía entre el rápido crecimiento del número de pares de bases identificadas en el ADN y la tendencia exponencial de la miniaturización en la industria electrónica, que ya empezó en los años 1960. Monsanto ha bautizado el aparente crecimiento exponencial de lo que llama «conocimiento biológico» con el nombre de «Ley de Monsanto» -nada menos-. Como con cualquier otra presunta ley de la Naturaleza, poco se puede hacer fuera de observar cómo se cumplen sus predicciones, y en este caso, la predicción es ni más ni menos que el crecimiento exponencial continuo del poder mundial de Monsanto.

Pero el crecimiento de cualquier tecnología no es simplemente una «ley de la naturaleza». Las tecnologías no son fuerzas sociales en sí mismas, ni simples herramientas neutrales que se pueden utilizar para alcanzar cualquier fin social, sino el producto de unas instituciones sociales y de unos intereses económicos particulares. Una vez que se toma un camino particular de desarrollo tecnológico, las consecuencias pueden ir mucho más lejos de lo que sus creadores podrían haber predicho: cuanto más poderosa sea la tecnología, más profundas pueden ser sus consecuencias.

Por ejemplo, la llamada «Revolución Verde» de la agricultura de los años 60 y 70 aumentó temporalmente los rendimientos de los cultivos, e hizo también a agricultores de todas las partes del mundo cada más dependientes de costosos insumos químicos. Esto provocó desplazamientos generalizados de campesinos fuera de sus tierras, y en muchos países ha ido en detrimento del suelo, las aguas subterráneas y las tierras comunales, que han sustentado a la gente durante miles de años58. Estos desequilibrios a gran escala han alimentado el crecimiento de la población, la urbanización y la pérdida de poder social de las comunidades, lo que ha conducido a su vez a otro ciclo de empobrecimiento y hambre.

La «Segunda Revolución Verde», prometida por Monsanto y otras compañías biotecnológicas, amenaza con una destrucción aún mayor de las relaciones sociales y de la posesión tradicional de la tierra. Al rechazar a Monsanto y su biotecnología, no estamos necesariamente rechazando la tecnología «per se», sino que queremos reemplazar una tecnología de manipulación, control y beneficios, que niega la vida, por otra verdaderamente ecológica, diseñada para respetar el funcionamiento de la Naturaleza, mejorar la salud personal y comunitaria, sustentar a las comunidades que viven de la tierra y operar a una escala genuinamente humana. Si creemos en la democracia, es necesario que podamos elegir qué tecnologías son las mejores para nuestras comunidades, en lugar de que decidan por nosotros entidades a las que es muy difícil pedir responsabilidades, como Monsanto. En vez de tecnologías ideadas para el enriquecimiento continuo de unos pocos, podemos basar nuestra tecnología en la esperanza de una mayor armonía entre nuestras comunidades humanas y el mundo material. Nuestra salud, nuestros alimentos y el futuro de la vida en la Tierra están realmente en juego.




Conclusiones
Las Corporaciones Transnacionales constituyen la expresión del alto grado de concentración y centralización de la producción y el capital en la nueva era de la globalización. En el mundo globalizado de hoy, ellas son las portadoras, por excelencia, de los elementos necesarios para conducir al desarrollo de sectores, ramas y naciones. El poder de las CTNs ha superado ya al poder de las naciones aisladas y, por tanto, constituyen entes ingobernables.
La influencia del dominio trasnacional, en su expansión incontenible, ha alcanzado ya a las organizaciones multilaterales internacionales. En las condiciones de la globalización imperantes en el mundo de hoy, son las CTNs las que están dictando las directrices de política económica que se aplican en diferentes naciones.
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