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Razones para una jornada partida


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RAZONES PARA UNA JORNADA PARTIDA

Remitido por ESTHER CLAUDIO


El modelo de jornada partida para Infantil y primaria es el más idóneo para los escolares, puesto que es el que mejor garantiza, el éxito de su formación integral, es el que mejor se ajusta a las necesidades del alumnado.

 
Deben de dejarse al margen las reivindicaciones laborales que afectan exclusivamente a una parte de la comunidad escolar, al profesorado, y que no deben de ser prioritarias, máxime cuando la principal preocupación debería ir orientada a lograr el mayor éxito escolar de nuestros hijos e hijas.

 
La jornada partida es el mejor instrumento pedagógico y la mejor respuesta a las necesidades sociales y familiares de la sociedad actual.
Desde el punto de vista pedagógico, es necesario personalizar en la medida de lo posible los tiempos de aprendizaje, pudiendo jugar con espacios de descanso, de distensión o de intensidad en la impartición de las materias, a efectos de una mayor comprensión de los alumnos. Ello lógicamente precisa, ampliar los tiempos escolares, tanto en cuanto a la jornada como al propio calendario. En sentido inverso, la jornada comprimida homogeneíza los tiempos de aprendizaje en detrimento de la calidad del mismo.

 
Es absolutamente nefasto para la educación de nuestros hijos que la jornada sea solamente de mañana.



 
Resulta contradictorio que la tendencia hacia la jornada comprimida coincida en un periodo histórico caracterizado por la masiva incorporación de la mujer al mercado laboral, la aparición cada vez más frecuente de familias monoparentales y en definitiva, de nuevos tipos de organización familiar que disponen, como elemento común, de menos tiempo libre y por tanto de menos capacidad para atender a sus hijos, creo que la escuela debe colaborar en este sentido con las familias en la atención de los alumnos ampliando la oferta educativa más allá de materia propiamente académicas  
 
El hecho de disponer de las tardes libres implica correr el riesgo de que un alto porcentaje de niños caigan, aún más, en las garras de la televisión los videojuegos, en definitiva el ocio improductivo.
 
La organización de los tiempos y los ritmos influye siempre en el aprendizaje, los niños y las niñas de 3 a 11 años necesitan momentos de cambio y ruptura que les permitan descansar y recuperar la atención. Y estos cortes no pueden ser excesivamente breves. La  jornada matinal aumenta la fatiga de los alumnos. En los recreos los alumnos aprenden cosas tan valiosas como en las aulas, como bien saben los profesores. Los espacios de ocio  son ámbitos privilegiados para educar en la afectividad, en la interacción social, aficiones, amista. Estos recreos deben de tener una duración que permita llevar a cabo juegos y actividades que exigen un mínimo de tiempo. La jornada que puede dar respuesta a esto no es desde luego la denominada continua.

 
El interés del menor debe prevalecer por encima de cualquier otro; bajo esta premisa es, sin ningún género de dudas, la jornada partida la mejor, en mi opinión el sistema educativo debe perseguir la excelencia, la formación integral de la persona no conformándose con alcanzar un sólido aprendizaje en las materias básicas, sino buscando desarrollar valores como la convivencia, la tolerancia, el respeto, a través de actividades deportivas, culturales o de ocio, practicadas en el centro. Y además que esta educación de calidad sea un logro para todos, al alcance de todos. En este sentido la jornada partida se erige como elemento integrador de todo el alumnado, frente a la jornada continuada, que acentúa algunas diferencias. Así, en la continuada los centros educativos tienden a concentrar las actividades no puramente académicas por la tarde, resultando inaccesible a los alumnos de nivel económico inferior, lo que conlleva a una larga tarde ociosa, a menudo sofocada en la calle, de igual manera en la jornada continuada se exige al menor una atención máxima, una concentración, durante 5 horas seguidas de clase, lo que provoca su cansancio, su desinterés, afectando a la calidad de la enseñanza. Razones Pedagógicas. Hasta ahora nadie ha demostrado con investigaciones, ni mediante la evaluación objetiva del proceso educativo en aquellos lugares donde ya se ha implantado, que la jornada consistente en concentrar el horario escolar del alumnado cinco horas diarias de forma continuada sea más eficaz, ni incida en la mejora del rendimiento escolar que la jornada partida. Es más, experiencias como la andaluza, la canaria o la más reciente en Alcalá de Henares no parece haber aportado nada positivo. Razones sociales. De ninguna manera podemos, ni debemos negar la función social de la escuela, más aún porque de esta manera atentaríamos indefectiblemente contra las capas más desprotegidas de la sociedad que no tendrían alternativas. La escuela tiene la obligación de considerar el mundo en la que está insertada que requiere mecanismos de protección social y de redistribución para que la tan manida igualdad de oportunidades sea posible. Razones económicas. Es posible diferenciar la jornada escolar, de la jornada lectiva y de la jornada laboral del profesorado. Más recursos para la escuela y coordinación de los mismos por parte de los Ayuntamientos. Es indispensable pedagógicamente ligar las actividades extraescolares con los proyectos educativos de los Centros, garantizando las personas que ejecutarán el imprescindible enlace de ambos tiempos escolares. Razones políticas. Siempre se olvidan y, desde mi punto de vista son muy importantes. Los que defendemos el modelo público de enseñanza como el más igualitario, el más democrático y plural y el único capaz de garantizar la igualdad de oportunidades, así como de luchar por disminuir los desequilibrios, no podemos hablar, hablar y hablar llenándosenos la boca de defender teóricamente el modelo y, desconociendo el mundo que nos rodea y la variedad de la oferta que plantea el otro modelo de enseñanza, echando al alumnado en brazos de aquella.  Razones laborales. Son las únicas que no tienen discusión. Es lícito que los profesionales de la enseñanza reivindiquen unas mejores condiciones laborales, pero este argumento deja de ser lícito si se buscan falsos amparos en hasta ahora no demostradas razones pedagógicas. Para terminar quiero insistir en algo que siempre se nos olvida: los intereses de la infancia. Algunos se amparan en reivindicaciones laborales, otros en mayor comodidad en el cuidado de su prole, pero casi nunca nos acordamos de los derechos de la infancia. Por ello, seamos honestos, potenciemos también desde dentro la escuela pública y trabajemos social, sindical y políticamente por el cambio del modelo de escuela, sólo desde el debate del modelo global podremos reiniciar, como un apartado más, el estudio sobre los tiempos escolares.”

 

Gracias y un saludo 


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