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Érase de un marinero que hizo un jardín junto al mar y se metió a jardinero. Estaba el jardín en flor y el marinero se fue por esos mares de Dios


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Érase de un marinero

que hizo un jardín junto al mar

y se metió a jardinero.
Estaba el jardín en flor

y el marinero se fue

por esos mares de Dios.
(Antonio Machado)






  1. Retiro ………………….………..............................3–9

  2. Formación…………….………........................10 - 32

  3. Comunicación………………………………………… 33 - 36

  4. Vocaciones…...….….............................. 37 - 45

  5. La solana………………………………………………. 46 - 49

  6. El anaquel……….……............................. 50 - 66




  • Mensaje del Papa………………………… 50 – 55

  • Don Rua……………………………………… 56 – 57

  • Año Sacerdotal…………………………… 58 – 66



Revista fundada en el año 2000

Segunda época
Dirige: José Luis Guzón

C\ Paseo de las Fuentecillas, 27

09001 Burgos

Tfno. 947 460826 Fax: 947 462002

e-mail: jlguzon@salesianos-leon.com
Coordina: José Luis Guzón

Redacción: Urbano Sáinz

Maquetación: Amadeo Alonso

Asesoramiento: Segundo Cousido, Mateo González, Óscar Bartolomé e Isidro Revilla


Depósito Legal: LE 1436-2002

ISSN: 1695-3681






La corrección fraterna1

Bonifacio Fernández, CMF


La corrección fraterna no es cuestión de crítica negativa sino de escucha. Cuando escuchamos con el corazón acogemos la información del hermano sobre sí mismo. En la convivencia comunitaria enseñamos y nos dejamos enseñar. La fraternidad religiosa está en la Iglesia particular para recordar que el mundo no puede ser transformado sin el espíritu de las bienaventuranzas; es la memoria viva de la gravitación escatológica de toda la Iglesia. El perdón de Jesús forma parte de la gran liberación que nos ha traído y que ha culminado en el acontecimiento de la Pascua.
“Nos fatigamos trabajando con nuestras manos; si nos insultan, bendecimos. Si nos persiguen, lo soportamos. Si nos difaman, respondemos con bondad. Hemos venido a ser, hasta ahora, como la basura del mundo y el deshecho de todos. No os escribo estas cosas para avergonzaros, sino más bien para amonestaros como a hijos míos queridos" (1Cor 4, 12-14).
El tema a desarrollar a partir del texto paulino es la corrección fraterna dentro de las relaciones fraternas y pastorales; ¿cómo la vive Pablo en su ministerio apostólico? ¿Cómo vive su relación con las comunidades que han nacido por el Espíritu gracias a su ministerio apostólico? Las comunidades nacen gracias a la predicación del kerigma y a la respuesta de fe y conversión.
Los que reconocen a Jesucristo como el Mesías en el ámbito judío, y como Salvador en el ámbito helenista, forman parte de la comunidad cristiana. El predicador y testigo expresa su relación con la comunidad de distintas maneras... La misión implica la entrega de la vida entera. Por eso el apóstol establece con sus comunidades una relación pastoral afectuosa y cariñosa. Pablo predica, forma, exhorta; muestra afecto paternal hacia los nuevos cristianos. Esa relación pastoral hace crecer a las comunidades. Es una relación de reconocimiento y alabanza, de acción de gracias y de oración por las comunidades. Pero la relación pastoral es compatible con el enfado y la reprimenda, con el conflicto y la polémica. La comunidad de fe y de vida que experimenta dificultades de relación tiene que hacer constantemente memoria de los dinamismos de la fe y de la misión.

Elementos de la fraternidad
Vivencia
La fraternidad es relación de personas adultas y libres; personas que han optado por el seguimiento de Jesús como sentido, camino y prototipo de su vida. La fraternidad supone la vivencia de cada persona como sujeto activo, que va descubriendo y construyendo su identidad personal y social a través del tiempo. La identidad más profunda de cada persona es su relación con Dios, su escucha a la llamada permanente de Dios en su conciencia e historia, en la lectura de la Escritura.

Per-vivencia
Los animales perviven; es decir, viven según las pautas de sus instintos, de las normas sociales de la horda; son de "piñón fijo". Los seres humanos, por nuestra parte, tenemos capacidad de realidad. No estamos encerrados en las pautas de los instintos o apetencias. Hemos sido capaces de crear cultura. El primer gran invento cultural es el lenguaje. La ética, la técnica, el derecho son las formas culturales de orientar y encauzar nuestra vida personal. Vivimos en un horizonte abierto. Somos capaces de crear nuevas posibilidades de vida. Creamos cultura y la cultura nos recrea. Nuestro mundo de vida es abierto. Por eso nos cuesta tanto orientarnos en este mundo complejo y pluralista, cada vez más global. Como el escultor, vamos cincelando nuestra vida a golpe de decisiones personales sobre nuestro propio mármol endurecido. Encontrar las decisiones correctas y los perfiles adecuados es susceptible de error, cambio, correcciones del sentido de la marcha La comunidad religiosa tiene como horizonte permanente la búsqueda de la voluntad de Dios. Tiene el centro en la pasión por Dios y su reino.

Con-vivencia
Las piedras coexisten: los seres humanos con-vivimos. "No es bueno que el hombre esté sólo". Nacemos de otros seres humanos. Y gracias a ellos. Además, de alguna manera, todos necesitamos convivir para poder vivir. La afiliación y pertenencia a un grupo es una necesidad de todo ser humano. Puedo adoptar niveles muy dispares de cercanía: el anacoreta, el solitario, el soltero, los casados, la familia, la comunidad. En la actualidad, sin embargo, las vinculaciones grupales son frágiles. El deseo y la apetencia es fuerte; los compromisos son frágiles. Vivimos pertenencias múltiples.
En la convivencia comunitaria nos enseñamos y nos dejamos enseñar. Y esto tiene muchas formas: el ejemplo, el testimonio, el diálogo... La convivencia es un flujo constante de acciones e interacciones; las hay positivas y negativas. Esos flujos de acciones, reacciones e interacciones crean climas: unos negativos y mortificantes y otros vitalizantes y estimulantes. Los climas negativos dificultan la convivencia fraterna y restan energías a la misión.


Supravivencia
El ser humano vive por encima de la realidad actual: la esencia del hombre, según Spinoza, es el deseo; el hombre se supera a sí mismo. El hombre es capaz de crear posibilidades nuevas; es el ser de lo posible. Necesita crear. Su esencia es el amor, se va construyendo en la medida en que ama; en que hace lo que ama y ama lo que hace. El ser humano vive sobre sí mismo; va siempre por delante de sí mismo. Vive en el futuro, en la promesa, en la programación y previsión. Puede utilizar el pasado como un "trampolín" y no como un "sofá". Nuestra vida está hecha con la trama de nuestros sueños", recuerda José Ortega y Gasset refiriéndose a Shakespeare (Estudios sobre el amor, Madrid 1973, p. 27). Precisamente esta dinámica del deseo es también una fábrica de frustración. Los deseos no se cumplen del todo. Las esperas sobre los demás quedan defraudadas. Los hermanos de la comunidad no evitan mi sentimiento de soledad; no llenan mi necesidad de pertenencia; recortan mi necesidad de libertad y espontaneidad. La vida fraterna está empedrada de olvidos, omisiones. Todo ello genera decepción. Y se expresa en forma de quejas, críticas, lamentaciones.

Super-vivencia
La vida humana es mortal y caduca; es efímera y tiene vocación de duración. El ser humano vive en sí mismo; pero no se deja encapsular en sí mismo; establece una red tupida de relaciones con la realidad; es capaz de percibir la limitación. Se sabe a sí mismo habitado por semillas de plenitud. Experimenta con fuerza el deseo y la sed de Dios.
La fraternidad religiosa está en la Iglesia particular para recordar que el mundo no puede ser trasformado sin el espíritu de las bienaventuranzas; es la memoria viva de la gravitación escatológica de toda la Iglesia.

La corrección fraterna y las culpas
Hay dos conceptos que han perdido su vigor negativo que tenían en otro tiempo. Se han dulcificado. Tal vez neutralizado. Me refiero al concepto de seducción y de tentación. Los dos vocablos significaban incitación al mal, al pecado. En nuestra cultura que ha perdido el sentido del pecado. Estos vocablos ya no despiertan el deseo pecaminoso.
La seducción es la capacidad de fascinar, de atraer, de persuadir En este sentido, la vocación es seducción y Jesús mismo es un seductor. Muestra una gran capacidad de hacer discípulos de su vida y de su mensaje.
La tentación ha sido secularizada; ahora significa el atractivo de la trasgresión; trasgresión en las costumbres sociales; trasgresión en las dietas alimenticias. Los trasgresores resultan simpáticos. Y son aclamados. La mujer que se presenta casi desnuda ante una sesuda reunión de políticos y ante las cámaras y lo hace en señal de protesta ecológica, cae muy bien; se convierte en una heroína. El periodista que se quita los zapatos y los exhibe lanzándolos contra un presidente, se hace famoso en todo el mundo Nadie se lo reprocha. Nuestra sociedad ha perdido, en gran medida, el sentido de la culpa moral; pero ha multiplicado la culpa sicológica y social.
Es verdad que estamos creando una sociedad enormemente culpabilizadora. Hay montañas de culpabilidad en la sociedad que públicamente se agreden unos a otros en el mundo de la economía, de la política, de la sociedad y de la Iglesia. Se buscan culpables de todo lo que uno cree que no funciona bien; no se cuenta con lo imprevisible, los límites, los desgastes. Vamos creando grandes máquinas de culpabilización y de exigencia.
Por otro lado hay una exigencia de reconocer los errores y de pedir disculpas por ellos. La sociedad está dispuesta a "perdonar" y aceptar a la persona que reconoce públicamente sus faltas de responsabilidad.
Algo similar acontece a nivel más doméstico en las comunidades y congregaciones. Los juicios negativos, las críticas a los hermanos son, a veces, muy abundantes. Tendemos a exigir a los demás un grado de responsabilidad y coherencia que cada uno no tenemos personalmente, Nadie somos del todo responsables y coherentes: tenemos olvidos, omisiones, egoísmos. Las tareas mal hechas o los comportamientos inadecuados se convierten en motivo de crítica. Y como hay un margen de irresponsabilidad colectiva, el grupo humano crea sus "chivos expiatorios a los que culpabiliza de casi todo lo que no funciona bien. En muchos casos serán las personas con autoridad; en otros casos serán algunas personas que ya llevan la pesada carga de una etiqueta: el despistado, el "manazas"...
Todos nos defendemos de la crítica negativa y culpabilizadora; intentamos liberarnos de tres maneras: negando los hechos, autocastigándonos, echando las culpas a los otros. ¿Cómo neutralizar estos dinamismos que impiden la fraternidad?
En otro tiempo se tenía en la comunidad el capítulo de faltas. Cada uno se sometía a la observación de los demás; se dejaba interpelar. Se exponía a que le recordaran sus límites, sus incoherencias, sus errores, sus manías…Y esto se entendía como ayuda para el trabajo ascético y el crecimiento espiritual. La naturaleza evangélica de la corrección fraterna quedaba muy en entredicho por un instrumento que llegó a ser del todo inadecuado. En lugar de neutralizar los sentimientos de culpa, los expandía; en lugar de ser un ejercicio de perdón y aceptación, se convertía en un ejercicio de castigo y humillación.

La corrección fraterna, ayuda mutua
La corrección fraterna no es cuestión de crítica negativa. La crítica abierta o solapada produce sufrimiento y sentimientos de culpa. Es cuestión de perdón, aceptación y ayuda mutua. La convivencia comunitaria, en este sentido, es ya corrección mutua, aprendizaje común de vida evangélica y autocrítica común a la luz del evangelio tal como se concreta en las constituciones, en los proyectos comunitarios y pastorales.


La escucha con el corazón
La corrección fraterna es cuestión de escucha. La escucha con el corazón consiste en acoger la información del hermano sobre sí mismo. Esa información puede ser de alegría; puede ser de dolor, de decepción, de frustración. Cuando acojo en el corazón la opinión del otro, contraria a la mía, puedo reafirmarme en mis convicciones. Si lo que me comparte es su sentimiento de descontento, de decepción con motivo de un olvido, una palabra, una desatención mía, si lo acojo con el corazón, me dejo afectar. Me dejo formar y transformar. No contraataco ni me defiendo. Sopeso la posible verdad.

La inclusión como corrección
La convivencia en la fraternidad se articula en una red de relaciones. Ciertamente tienen que ver con la red de relaciones que cada uno somos dentro de nosotros mismos, formadas y conformadas, a través de nuestra historia, pero articuladas desde la unidad de nuestro yo.
Esta red de relaciones en la fraternidad incluye un proceso de adaptación. La necesidad de inclusión suscita dinamismos de acomodación, de aprendizaje constante. El grupo impone sus normas y sus pautas para poder recibir e integrar a los nuevos hermanos.
En esta constante búsqueda del lugar propio y significativo en el grupo influye especialmente la emulación de aquellos a quienes el grupo admira y confiere autoridad moral y carismática. Estos actúan con su ejemplo, con sus acciones y sus omisiones. Su manera de ser y su presencia en la fraternidad constituyen un foco de influencia. Esas personas tienen encanto, ejercen atracción, suscitan imitación. Llaman a la superación. Son, en alguna medida como la luz. Allí donde están irradian a través de sus gestos, de sus acciones de sus comportamientos.
La aprobación o el desdén de estas personas es una forma importantísima de corrección fraterna. Corrigen, con su excelencia, la tendencia a la mediocridad y al conformismo con los mínimos a que tiende la dinámica grupal. Estas personas ejercen de un modo especialmente eficaz el poder de la alabanza, del reconocimiento. Es una energía que todos tienen en la fraternidad; pero hay personas que la tienen en proporción mayor. Su aprobación constituye un gran estímulo; su desaprobación, latente y patente, una forma de corrección

El proyecto de vida evangélica como prototipo
El evangelio pone ante nuestros ojos el proyecto de vida que se desprende de la experiencia y la enseñanza de Jesús. Jesús es el modelo y paradigma de vida. Ese proyecto de vida es retomado y concretado por las constituciones de cada Instituto.
Pues bien, la fuerza de ese ideal se cierne sobre la fraternidad entera. Y lo hace como energía innovadora y sancionadora. Es capaz de suscitar nuevos deseos, proyectos y sueños, nuevas ideas; alienta la fidelidad creativa en el proceso de cristificación de la vida. Además, por la fuerza del Espíritu, la vida de Jesús resucitado se toma una energía que actúa en nosotros contra la mediocridad, contra la dispersión, la superficialidad. Llama a la comunión fraterna admitiendo y reconociendo los pecados contra ella.

El perdón como liberación
Jesucristo ha introducido en nuestra historia de pecadores un nuevo comienzo. Ya en su vida histórica Jesús rompió el círculo diabólico de culpa-castigo introduciendo el perdón. La fuerza del perdón es la única capaz de renovar la vida y superar el círculo vicioso de la violencia-contraviolencia, culpa-castigo, ofensa-venganza. E1 perdón de Jesús forma parte de la gran liberación que nos ha traído, que ha culminado en el acontecimiento de Pascua. El perdón constituye un nuevo comienzo en la vida personal y comunitaria; nos libera de las culpas acumuladas. Nos recuerda que ninguno de nosotros puede darse a sí mismo la plena realización de sus expectativas. Nos hace experimentar que sólo Dios es Dios: el único que sacia del todo nuestra sed.

En conclusión
La comunidad es lugar de relación, de interacción y ayuda mutua. Y por ello también lugar de corrección fraterna. Será efectiva en la medida de la disposición para dar, acoger y celebrar el perdón. La actitud de apertura al aprendizaje conlleva el dejarse formar por las experiencias y acontecimientos de la vida. Y es así como se experimenta el perdón en la vida Y éste, a su vez, es la preparación para la celebración del perdón en el sacramento.
Para el trabajo personal y comunitario

SÍMBOLO PARA MEDITAR

EL RÍO

Érase una vez un río. Discurría por la montaña y ya soñaba presuroso con el mar Un buen día advirtió que había nubes sobre él. Eran hermosas y caprichosas. El río quería tener una sola para él. Pero las nubes eran esquivas. De pronto sopló el viento con fuerza y barrió todas las nubes. El río enamorado pensó que ya no valía la pena vivir. Quería morirse. ¿Para qué seguir viviendo si ya no había nubes?


Esa noche, sin embargo, el río volvió sobre sí mismo. Jamás había mirado en su interior. Y escuchó su llanto. Y descubrió algo muy importante. Comprendió que las nubes no eran más que agua. Y que él mismo era agua.
Al día siguiente vio el cielo azul por primera vez en su vida. Jamás había reparado en él. Por la noche recibió en su corazón de río la imagen de la luna llena. No se podía imaginar tanta belleza. Más tarde volvieron las nubes, pero ya no quiso poseer a ninguna. Comprendió que no debía correr tras ellas, que podía ser él mismo y disfrutar de su belleza- (Thich Nhat Hanh)
- ¿Qué me revela esta narración sobre la manera de vivir las esperas y expectativas con respecto a los demás?
- ¿He vivido últimamente algún acontecimiento de decepción en mis esperas en la comunidad?
- ¿Cómo elaboro mis sentimientos de venganza?
- ¿Cómo recibo la corrección fraterna?


  • ¿Cómo manejo mis sentimientos de culpa?




  • ¿Soy una persona que, en lugar de buscar soluciones a los problemas, tiendo a buscar culpables?




  • ¿Soy una persona culpabilizadora? ¿Experimento sentimientos de venganza? ¿En qué situaciones? ¿Con respecto a quién?




  • ¿Veo en la comunidad alguna persona cargada con la función de "chivo expiatorio"?




  • ¿Cómo doy el perdón? ¿Cómo lo pido? ¿Cómo lo recibo? ¿Cómo lo rechazo?







Reinventar la catequesis en un mundo en movimiento2
Henri Derroitte

INTRODUCCIÓN

La mayor parte de los asistentes a esta Asamblea conoce a Jacques Audinet. Había escrito, hace más de 35 años, un artículo para la revista francesa "Catéchèse" en el que desgranaba algunas notas un tanto amargas2. Anotaba frases claras, como "la catequesis está acabada, es necesario hacer otra cosa", “al final de un largo camino, después de haber gastado tesoros de inteligencia y esfuerzo, nos encontramos ante un muro", "camino sin salida". "Se habla todavía de catequesis como si se hablara de aquellos buenos tiempos pasados, casi como antiguos combatientes". Jacques Audinet hacía inmediatamente el siguiente comentario: "Tales frases las he oído tantas veces en los últimos tiempos, no como una tontería, sino como una cuestión inquietante; los que las dicen no son unos humoristas, son hombres y mujeres que, desde hace años, han trabajado y construido, tienen en su haber un trabajo considerable. Han formado catequistas, han puesto en funcionamiento una organización, han consagrado su tiempo y su energía al anuncio de la Palabra de Dios”3.

¿Sería igualmente provocador hacer la misma pregunta en 2008, con ocasión de este coloquio internacional de Lumen Vitae, reconocido más allá de las fronteras por la calidad de las investigaciones que se han llevado a cabo sobre la transmisión religiosa?

Os digo mis inquietudes y mis preguntas. Después de años y años, hemos tenido numerosas y buenas ideas sobre el futuro de la catequesis, pero decidme dónde se han puesto por obra estas ideas sobre el futuro. Hemos renovado teorías referentes a la catequesis; ya no decimos más "catecismo", décimo "catequesis". No hablamos de catequesis de niños, sino de catequesis de adultos, de catequesis intergeneracional, de catequesis comunitaria. Ya no decimos que la catequesis es colorear o hacer trabajos manuales, decimos que la catequesis es bíblica, hermenéutica, simbólica. No hablamos de que la catequesis debe imitar la pedagogía escolar, sino que es mistagógica, diferenciada, abierta, que es un itinerario atento a la singularidad de cada persona. Cada uno de estos desplazamientos era necesario, lo acepto totalmente, pero observad conmigo la realidad de encuentros de catequesis en nuestras ciudades y haced cuentas: raros son los lugares en los que realmente se haya cambiado y se hayan llevado a la práctica las ideas.

Hay razones para proponer como ejemplo el "Texto nacional francés para la orientación de la catequesis, una pedagogía de iniciación, camino posible para engrandecer y descubrir la riqueza de ser cristiano”4. Pero reconocemos que al organizar los contenidos, los tiempos y los objetivos de la mayor parte de las catequesis de preparación de niños a la confirmación o a la profesión de fe, hacemos a sabiendas lo contrario. Cuando un escolar dedica años para culminar sus estudios, el diploma que recibe marca el final definitivo de sus esfuerzos y puede pasar a otro nivel. Cuando la catequesis mantiene, sea como sea, contingentes de jóvenes hasta el día de su confirmación, hacia los 14-15 años, les da algo parecido: han satisfecho sus exigencias, no debe venir más a la catequesis, pueden irse, no se les verá más. Emilio Alberich y Ambroise Binz son lúcidos cuando dicen: "el proceso de iniciación se ha convertido a menudo en el proceso de conclusión”5.
Tomamos otros dos ejemplos. Primero el de la catequesis de adultos. Ha llegado a ser casi como una fantasía. Las palabras de la exhortación "Catechesi Tradendae" (nº 43), que hacen de la catequesis de adultos "la principal forma de catequesis" se citan con frecuencia. Muy bien. Pero el hecho es que un observador neutro podría extrañarse, con razón, de ver una institución tan fuertemente ocupada en transmitir su patrimonio de una generación a la siguiente, dedicarse tanto al mundo de la infancia y de la juventud. Esto nos plantea una pregunta: ¿Ha llegado la catequesis de adultos a ser, realmente, la principal forma de catequesis? En vuestros países, en vuestras diócesis, ¿cuántas parroquias tienen un plan realista de promoción de la catequesis de adultos? ¿Cuántas parroquias pueden decir que han puesto en ella su prioridad catequética, no en teoría, sino asignándole medios financieros, personas cualificadas, pedagogías apropiadas?

Segundo ejemplo: lo intergeneracional. Aquí se podría, sin duda, ser más optimista. Han surgido numerosas iniciativas para organizar jornadas de catequesis intergeneracional, es verdad; pero hay un gran desfase entre la teoría y la práctica. Los autores anglosajones, que han descrito con todo detalle los beneficios de este proyecto intergeneracional, insisten en la importancia de la dimensión comunitaria. Hay comunidades que tienen reuniones frecuentes prolongando la misa de las familias e invitan a los padres a vivir una parte de las actividades catequéticas con sus hijos. El hilo conductor sigue siendo la catequesis de niños, a menudo en un recorrido marcado por los niños, un año de catequesis, una etapa hacia la confirmación o la profesión de la fe. De nuevo nos podemos preguntar: la catequesis intergeneracional, ¿no es una "falsa buena idea", en la medida que prolonga la vieja asociación de la preparación sacramental y la obligación? ¿No es simplemente buscar el apoyo de los padres que están implicados en la catequesis, no tanto sobre la base del deseo del adulto de profundizar la maduración de su fe, sino por fidelidad a la educación dada a sus hijos? ¿Vienen a la catequesis intergeneracional como si fueran a un partido de fútbol del niño el domingo por la mañana, o como si fueran a ver un espectáculo preparado por los pequeños?

Intentemos ahora un primer análisis y explicación: ¿podemos realmente creer que estas ideas generosas, "catequesis de adultos", "catequesis intergeneracional", "catequesis iniciática", pueden desarrollarse en cualquier lugar? Por decirlo de otra manera, antes de inquietarse por la escasez y la fragilidad de signos de renovación de la catequesis, ¿no sería mejor comenzar por mirar la vitalidad de las comunidades cristianas?

Estamos en una paradoja tremenda para la pastoral de nuestras regiones. La opción tomada por varias diócesis de reagrupar las parroquias y de crear nuevas unidades pastorales ¿va a servir a la renovación de la catequesis? Odile Ribadeau-Durnas y Philippe Bacq constatan que estas nuevas estructuras producen nuevas dificultades: disminución de la participación en las asambleas debida a la lejanía geográfica, mayor anonimato entre las personas que no se conocen, dificultad para el clero de tener relaciones de proximidad, riesgo de funcionalizar a los agentes pastorales6. Para un nuevo despliegue catequético, en la cercanía y al servicio de itinerarios personales, ¿es una opción pertinente? Para que una comunidad sea el origen, el lugar y la meta de la catequesis, como dice el Directorio de 1997 (n2 254), sería necesario que se consigan la autenticidad y la visibilidad de las parroquias.

Las parroquias, que por naturaleza están construidas por reagrupamientos llamados "adscriptivos" por los sociólogos, ya dados de antemano7, ¿son aptas para llevar proyectos de anuncio, de catequización, de evangelización? Se les puede hacer esta pregunta al constatar el paisaje religioso occidental que es cada vez más abigarrado y de mayores contrastes. Esta constatación clásica hace que la transmisión religiosa sea menos automática y pida formas más diversificadas y singulares de despertar la fe: ¿qué estilo de vida y forma de existencia predica la catequesis, en definitiva, para los adultos del siglo XXI?8 Como apunta Jean-Marie Donegani, "es difícil para una institución asegurar la transmisión que consiste esencialmente en hacer que las actitudes y los comportamientos de los individuos sean conformes a sus propias normas"9.

En este contexto moderno, en que el individuo construye él mismo el sentido que da a su propia existencia, "se constata la inadecuación de la problemática funcionalista que ve la socialización como "poner en conformidad al individuo con el sistema". Fundamentalmente, hay un problema en relación a la comunidad: no se siente casi comprometida en su conjunto y no se deja inquietar apenas en su manera de vivir. Podéis permitirme esta nueva pregunta: ¿Representan las comunidades parroquiales existentes un espacio real de vida cristiana?"12.


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