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Que eres la luz, la verdad y la vida


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XXII AULA DE LA SAETA

Exaltación a la Saeta Año 2012

A TI, JESÚS DEL PRENDIMIENTO,

QUE ERES LA LUZ, LA VERDAD Y LA VIDA.

En esa noche doliente,

De sudor y lágrimas empapada

Hasta la luna su tristeza ocultaba,

Por las palabras que Tú pronunciabas.

¿A quién buscáis?

¡A Jesús el Nazareno!,

Respondió la turba enfurecida,

¡Yo soy!

Dijiste Tú,

Palabra santa.

Prendido te llevan,

Vendido por treinta monedas,

Monedas de vil plata,

Que Judas mezquino

Por un beso traidor cobraba.

Y a ti, Santa María siempre Virgen y Auxiliadora, Salesiana y Maestra, te pido que Tu auxilio, sea nuestra guía en esta tan significativa hora, cuando del corazón brota la oración hecha palabra, glosa, verso y canción, y pedirte quiero, que a la gran familia Salesiana y a Córdoba entera, siempre la ampares con tu auxilio de amor.



Ya huele a Semana Santa,

Y llega la primavera,

Que florida por doquiera

Se ven crecer a las plantas,

Como si un misterio lo hiciera.

Ya huele a Semana Santa,

Con cánticos de oraciones

Llegan las exaltaciones,

Y las saetas se cantan,

El Exaltador les habla,

Dando las explicaciones

Las raíces y las razones,

De estos sones que se cantan.
Excmo. Sr. Alcalde.

Ilustrísimas Autoridades.

Sr. Director del Colegio Salesiano San Juan Bosco

Sr. Presidente Asociación de antiguos alumnos

Sr. Presidente de la Agrupación de HH y CC.

Sr. Hermano Mayor de la Hermandad del Prendimiento.

Sres. Hnos. Mayores y representantes de Hermandades de esta ciudad.

Sras. Y Sres. Hermanos Cofrades y Peñistas de Córdoba.

Amigos y amigas, ante todo, sean bienvenidos y muy buenas noches.

Hace pocos meses Francisco Castellón me brindó el honor de dar un paseo por sus reinos domésticos y vecinales y sentir esa venerable sensación de pisar este barrio cordobés santo y cofrade, como es San Lorenzo y sus alrededores, como la populosa Plaza del Jardín del Alpargate. Sólo puedo decir, como una de mis mejores recompensas es, que acepté con orgullo ser el exaltador de la saeta, en la clausura de la XII Aula de la Escuela de Saetas.

Mi natural sereno, sosegado y reflexivo, en nada casa con la condición de un exaltado en el sentido de quien se deja arrebatar de una pasión perdiendo la moderación o la calma. El sentido del equilibrio y de la medida es una virtud que me creo en la obligación de tratar de alcanzar. Por esa misma razón raras veces he sentido la emoción que llega al paroxismo de quienes se han rasgado las camisas, se les han puesto los vellos de punta o se han tirado por un balcón, cosa que se cuenta de uno de Sanlúcar, en el siglo XIX, cuando escuchó a Tomás El Nitri cantar una saeta. Se ha hecho costumbre que para exaltar algo hay que ser un exaltado. Y ni yo me exalto con facilidad, ni yo exaltaría algo que no lo mereciera.

No cabe la menor duda de que estamos ante un hecho tradicional. La tradición viene de tradere, del latín, entregar, dar. Y el cante en todas sus facetas está hecho de múltiples entregas del testigo cultural de cada tiempo, como en una carrera de relevos, con resultados tan efímeros e irrepetibles que no hay dos veces que cuando se cante se cante igual.

El caso es que, lejos de hacer una lírica exaltación, me voy a contentar con recorrer el mundo de la saeta, picoteando la historia, la antropología religiosa, la etnología, la literatura tradicional y escudriñando en mis propias vivencias y recuerdos. A lo mejor, no es lo que ustedes esperaban de mí, pero es lo que yo, hoy, con todo el cariño del mundo, puedo ofrecer.

Desde una perspectiva simplista, podríamos decir que la saeta es cante y oración; que es un tratado mínimo de vida espiritual; es una llamada de atención sobre el momento de la Pasión de Cristo que se pone ante los ojos de una muchedumbre que contempla entre un mar de cabezas humanas, o desde un balcón, o desde una reja, cómo un hombre o una mujer anónimos lanzan un mensaje brevísimo que rasga el aire, como una flecha enamorada. No en vano, se le llamó saeta. Sagita, flecha.

Y de esta misma perspectiva os hago una llamada para escuchar a los siguientes saeteros:

Rosalía Jiménez Jurado Seguidilla

Natalia Flores Alcaide Martinete

Pedro Hidalgo Coca Seguidilla con cambio a martinete
Valla merecido homenaje al inolvidable y recordado Ricardo Molina, gran estudioso de la Saeta, aquel que junto a otros de buen nombre, fue creador y componente del “Grupo Cántico”, cuando en su libro titulado “Obra Flamenca” decía: “Que en Córdoba hace falta fomentar la Saeta”, afortunadamente parece que en esa línea lo han entendido varias Instituciones, Entidades, y Asociaciones Cordobesas, como nuestro Excmo. Ayuntamiento, Caja Sur, la Agrupación de HH. Y CC. Y la Federación de Peñas Cordobesas, al apoyar esta AULA DE LA SAETA, ojalá no quede solamente en un gesto de principios y lo continúe siendo de forma ininterrumpida en años sucesivos; desde aquí lanzo una llamada a quienes corresponda, para que esta labor sea continuada.
Permítanme que esta Exaltación, de forma especial, vaya dedicada al AULA DE LA SAETA, que este año cumple su décima segunda edición, y a su principal artífice, el Maestro Saetero Don Francisco Castellón Navajas, “PACO CASTELLÓN”, mis felicitaciones por el resultado tan extraordinario que se ha conseguido, fruto de muchas horas de dedicación y de soportar frío invernal, ensayos con extraordinarios dotes de talento y arte, y sobre todo de muchas y enormes ganas de impartir y recibir conocimientos, rodeado de buen agrado y mucha sintonía entre alumnos y maestro, a todos ellos decirles que sin vuestro especial esfuerzo no se hubiese llegado a final feliz; en estas clases se puede afirmar que se hace escuela, tarea en la cual les exhorto a seguir en el empeño.

Valla dedicada a la Gran Familia Salesiana, a la Hermandad del Prendimiento, y al Colegio con su Director al frente, y a todas aquellas personas que, junto al maestro son artífices por su colaboración, contribución y apoyo, sin las cuales, estos momentos no serían posibles.

Y a mi familia, especialmente a mi esposa, Aurora, por toda su comprensión, generosidad, humildad y apoyo que tengo en ella, y sobre todo a mi nietecilla Irene.

Y a todos ustedes, muchas gracias por su presencia en este acto.

Sirvan las siguientes palabras por mi parte, para presentación a este auditorio, quién es este cordobés que hoy tiene el inmenso honor de expresar sus sentimientos ante Vdes., les diré, que por nacimiento se siente cordobés y andaluz, que nació hace 56 años en esta hermosa y bella ciudad, por tal les pido, que sepan perdonar si en mi emoción hago referencias a mi Córdoba, pues son muchos los sentimientos que de ella tengo y que en el sentir cofrade y peñista, siempre lleva en el Corazón, al Cristo de los Esparragueros, el Cristo de las Peñas de Córdoba.

Y a CÓRDOBA y a su ARCÁNGEL, dedicarles lo mejor que de mí ha salido:


En lo más alto, donde gira la veleta,

Donde la voz de la campana reza,

El vuelo de una paloma, su gracia y custodia,

Atalaya de mármol de su triunfo coronada,

Destellos que al espacio lanza su figura protectora,

Horizontes pardos, arenas y nobleza de Rey

Iridiscencia que la noche en su agua refleja,

Verdes setos, piar cercano, alboroto de madrugada,

Su mira parece perdida, más Él nunca da la espalda,

Figura marmórea y alada, para Córdoba su Guarda y Custodia.


Y a Córdoba, que hace prisioneros de su encanto y hospitalidad, a todos los que habiendo nacido en otras tierras, viven en ella, haciendo que sus sentimientos se queden entrelazados en sus cosas y sobre todo entre sus gentes, que como dijo Cervantes, “Habitada por Gentes de Noble Abolengo”, gentes de esta Hermosa Ciudad Patrimonio de la Humanidad.

Por eso Córdoba decirte quiero, lo mucho que me embriagan tus callejuelas y tus olores a azahar, a geranio, a gitanilla y a clavel, olores de tus floridos patios en mayo, y lo mucho que me subyuga la radiante luz de tus moriscos barrios, y la belleza de tu Mezquita Catedral, porque tú Córdoba, tienes el embrujo de la mirada de ojos piconeros de tus mujeres, ojos de incomparable melodía, hechos piropo y canción por la maestría de Julio Romero de Torres.

Y decirte Córdoba quiero, que traigo ricos presentes en mis humildes alforjas, con las que vengo de Encinarejo, pueblecito situado a unos 15 Km., en plena Vega del Guadalquivir, cuando en él la luz de la primavera deja estallar la flor del olivo y ciruelo; las traigo repletas de cante y poesía, con mucho sabor a andaluz, y sobre todo con sabor a vida, (aunque al dolor y la pena esté dedicado), traigo, la ¡Saeta!, ese quejío de muerte, que se convierte en dulce tormento del alma, clavándose en los corazones con sones de oro, revistiendo de dorados crespones la incipiente primavera, traigo la dulce y bella jaculatoria llamada ¡Saeta!.

Su vida y el alma le dio,

De tul y caracola

Su pena negra la vistió,

Fue su padre el Martinete,

Su madre la Seguiriya

Carcelera fue su cuna,

Por padrinos dicen

La fragua gitana,

Su talle de mimbre,

Su voz aterciopelada,

El semblante de pena,

Y el alma, ¡el alma!

Andaluza y morena,

Es oración y plegaria,

Voz de mi pueblo

Que Cristo y a María

Su amor proclama,

Nació en Andalucía,

Bello canto de amor,

Que con toda su fuerza

Se clava en el corazón,

Es verso, piropo y oración

Que al cielo se eleva,

Es, ¡¡La Saeta!!
Saeta que a continuación escucharemos en la voz de los siguientes alumnos:

Javier Almagro Ramírez Seguidilla

Rafi Roldán Carrasco Martinete

Milagros Salazar Molina Seguidilla con cambio martinete

¡Saeta!. Rayo penetrante, dardo sublime y certero, que se clava en las entrañas del oyente, cuando por seguiriya, martinete o carcelera, hace aflorar profundos sentimientos de piedad religiosa de todo un pueblo, el Andaluz, que creyente o no se deja arrebatar por la sintonía de la Saeta, saboreándola con énfasis, alcanzando verdadera alegoría como la Saeta Ponteña que dice:
“Eres mi Virgen más bonita

Que la nieve en el barranco,

Y más hermosa eres, que

La azucena en el campo”.


Y es que a veces, la Saeta más bien parece un piropo dirigido a la imagen a la que se le canta, un ejemplo, la letra de esta que dice:
En el Barrio de San Lorenzo,

En la tarde del Martes Santo

Cuando de los Salesianos Tú sales,

Hasta la luna a su balcón se asoma

Por ver Madre Mía lo mucho que vales.
Se afirma, que la Saeta hunde sus raíces en los Autos Sacramentales de la España del siglo XVII, otros la sitúan como nacida en los tiempos de los Moriscos, dicen que en las letras antiguas hay reminiscencias moriscas.
Máximo José Khan asegura, que la Saeta desciende de las Salmodias Sefardíes, afirmando que, “El son melodial de la Saeta, hay que buscarlo en los cantes que los Judíos Españoles cantaban a modo de contraseña y comunicación entre ellos, para esquivar la inflexible y dura Inquisición Española, con canciones que disfrazaban con letras cristianas, por eso la Saeta, tiene el deje del cante en la sinagoga”.

Pero las noticias escritas que más nos acercan a los inicios de la Saeta, la sitúan en los postreros años del siglo XVII, pero no debemos confundir la saeta originaria con la actual, nos dice Ramírez Palacios, “que la saeta originaria no tenía en sus comienzos un sentido ascendente como alabanza al Señor o catequético, era impactante y estaba dirigida a la conciencia del oyente, para hacer despertar a los que duermen en el pecado y sus vicios”.

Sobre la antigüedad de la Saeta, posiblemente no se tenga respuesta concisa, las primeras saetas eran conocidas como “saetas penetrantes”, encaminadas a convertir al pecador, mientras se realizaba el Vía Crucis, ornados sus componentes de sogas y coronas de espinas, y entre estación y estación, se cantaban saetas”; también en esa época se cantaban otras, las llamadas “del pecado mortal”, cantadas por los hermanos de las novenas de ánimas, en las que se pedían por la conversión de los que estaban en pecado, de ahí su nombre, “saetas penetrantes del pecado mortal”.

Como penetrantes son las saetas que nos van a cantar los siguientes saeteros:



Francisco Camacho Garrido Seguidilla

Mª del Carmen Moreno Cañete Martinete

Montse Delgado Narbona Seguidilla con cambio martinete
López Fernández dice, “la Saeta de Semana Santa, nace como respuesta a una necesidad que tienen las Hermandades de penitencia en el siglo XVIII”, éstas serán conocidas como saetas narrativas, ya que narraban la Pasión de Cristo.

Y de nuevo sucede el prodigiosos fenómeno, el pueblo devoto una vez más ha adquirido una práctica religiosa, la hace suya, la hace afectiva, y con el corazón en la mano, la canta con devota unción a las imágenes sacras de Cristo y de María, su nacimiento tiene lugar a mediados del siglo XIX, sería pasado el tiempo de la Exclaustración.

Pero como dijo Aguilar Tejera, “llega un momento en que la saeta se emancipa, rompe los lazos que la unían a los dramas sacros, olvida sus orígenes moriscos y judíos, (si alguna vez llegó a tenerlos), deja de ser exclusiva de las misiones y prácticas devotas, y volando con alas propias, adquiere forma independiente, posándose en los labios del pueblo, que la convierte en expresión popular al paso de las imágenes en Semana Santa.

Añade López Fernández, “estas saetas al principio eran sencillas y melodiosas, sin grandes dificultades para cantarlas, ya que el pueblo llano le pone letra y melodía, expresando de esa forma sus sentimientos religiosos; a finales de 1800 su difusión había alcanzado a todos los estamentos sociales, eran sencillas y un tanto monótonas, circunstancia que provocó que cayeran en desuso”, que según Reina Gómez, “debido a su monotonía y poca expresividad, entre finales del siglo XIX y principios del XX, estuvieron a punto de desaparecer, pasando a ser un cante decadente”; siendo éstas transformadas por los aficionados y profesionales del cante flamenco, por las buenas interpretaciones que de la saeta hicieron cantaores y cantaoras, tales como, MANUEL CENTENO, MANUEL TORRE, ANTONIO CHACÓN, FRASQUITO HIERBABUENA, VALLEJO, ANTOÑITA MORENO, PEPE MARCHENA ETC., y en Córdoba, EL AUTOMOTO, EL NIÑO DE CASTRO, la recordada MARIA ZAMBRANO LA TALEGONA, ANTOÑITA BARRAGÁN, JUAN HIERRO, PEPE LORA, RAFAEL TAVIRA, LA PULGARINA, CURRO DURÉ, CHURUMBAQUE etc.

Decir saeta es hablar de oración hecha cante, decir saeta es remontarse en el tiempo y asistir al nacimiento de un pueblo, que canta su opresión de siglos porque así le es más fácil. Cuando hablamos de saeta lo estamos haciendo de la flecha aguijoneada que se clava hasta lo más profundo de nuestro sentimiento.

Por eso surge la saeta, por necesidad, porque es el mejor camino para auto confesarse, porque en el fondo se están simbolizando dos pasiones muy semejantes, y es un aliento último a Jesús, como un decirle ¡ánimo con esa cruz, que nosotros llevamos la nuestra a la par!


La saeta surge así pura, autóctona, inconfundible y funciona en el aire como serpentina que se arrojara de corazón a corazón, de labios a labios, de sentimiento a sentimiento. Es la mejor manera de unirse el hombre y Dios, por semejanza, por imagen, por humildad.

Mi misión no es la de darles a ustedes una conferencia esta tarde sobre la Semana Santa ni sobre sus manifestaciones, pero sí la de reivindicar lo nuestro, lo grandioso y magnificante que es la obra del pueblo: anónima, callada, pero profusa.

De la importancia que en Córdoba tiene la Saeta, significativo es, que una de las mejores marchas de Semana Santa, concretamente la dedicada al Santísimo Cristo de la Buena Muerte, compuesta por el inolvidable músico militar Pedro Gómez Lucerna, sea titulada “Saeta Cordobesa”.

¡Saeta!. Que cantada por seguiriya, martinete o carcelera, hace aflorar profundos sentimientos de piedad religiosa de todo un pueblo, el Andaluz, que creyente o no, se deja arrebatar por la sintonía, saboreándola con énfasis y agrado, y es que a veces, la Saeta, más bien es un piropo a la imagen a la que se le canta, ensalzando su intrínseca belleza escultural, apartando la lección de catequesis para la que como oración fue creada, porque:

Precisamente, la saeta cantada por seguiriyas, con el cambio por martinete, tiene una doble relevancia en el cante por saeta, ya que conserva la jondura de la seguiriya, y una vez que el saetero hace el cambio por martinete, le impregna un sabor a cante de fragua, lastimoso y monocorde, de tercios arrastrados, terminando con un quejío engrandeciendo dicho cante.


Porque respetable público, la Saeta tiene la virtud de ser alma del pueblo, creación precisa y meditada de ese pueblo humilde nuestro, con cuyas letras, podríamos formar tal romancero de saetas, que sería un auténtico tesoro de la lírica popular.
Como tesoro de la lírica cordobesa son las saetas que nos van a cantar los siguientes alumnos:
Manuel Romero Camacho Martinete

Aurora Barona Campos Martinete con cambio Toná
La Saeta en Córdoba, a decir de García Baena, “tiene más de salmo gregoriano que de cante jondo, porque la saeta en Córdoba es, llana, melismática, litúrgica, grave, sin divismos ni gorgojeos pulmonares, porque Córdoba, a diferencia de Málaga por ejemplo, nunca fue cantaora, y la elegancia de su pena le hace tragarse las lágrimas, y es que en Córdoba, la saeta más que teatro preparado y jaleante, es confesionario, y se hace piropo, sin dejar de ser oración, se hace plegaria, sin dejar de ser canción, aquí la seta, se hace melodía porque se canta, suave, armónica parsimoniosa, sin altibajos acusados, porque en Córdoba, la seta es requiebro del alma, es meditación y reflexión llena de profunda filosofía”, porque a este Pueblo, lo de filósofo le viene de antaño, se puede afirmar que lo lleva tan dentro de sí, que forma parte inseparable de él, lo dice el verso.

Madre de las Angustias herida

De Córdoba joya y flor

Llevas en tus brazos la vida

Y vas muerta de dolor
Y cuando Córdoba se congrega en la Plaza de Capuchinos, ante la divina presencia en piedra del Cristo de los faroles, cantando de plegaria en plegaria a Dios va rezando, y a su Madre de piropos va engalanando.
Plaza de Capuchinos

Cambia tus piedras en flores

Que pasa por tus caminos

La Virgen de los Dolores

Dando consuelos divinos.
En este pórtico de pasión, cuando el aire se ha impregnado de los azahares que transportan a nuestros sentidos, las cadencias de la Semana Santa vivida en la niñez, cuando en cualquier rincón de Andalucía se aboga por el ensayo costalero, el brillo del varal y la cadencia del lirio, cuando los aromas del limón rallado y la canela se disuelven en la vieja cocina de los pueblos; el eco de la saeta se pierde por cualquier calle, la más olvidada del menor pueblecito de nuestra tierra:

Todo será pensamiento.

La noche angustia y alegra

Una saeta en el viento…..

Novia del cinto de plata

Tiene tu gitanería, saeta,

Una tristeza que mata.

Y siete espadas de plata, saeta.

Semana de Pasión y de Saetas. La Saeta es, ante todo, la nota más apasionada y sentida de la Semana Santa, porque en las venas se siente y en las venas se lleva esta oración hecha cante. La saeta es la expresión de una liturgia popular, sentimiento derretido que quema las entrañas, grito de amor y agonía con el que el pueblo andaluz canta a sus Sagradas Imágenes, para contarles sus cuitas, para aliviarles sus penas, para ensalzar la belleza de María Santísima que, aunque transida de dolor por el martirio del Hijo, va guapa como Ella sola, como llena de gracia que es, y bendita entre todas las mujeres.



Del barrio de San Lorenzo

Rodeada de claveles,

Entre olores a incienso

Viene una rosa de nieve.

 

Madrecita de la Piedad,



¡la de azul mantilla!

No he visto Virgen más guapa:

¡Novia de esta mi ciudad!

La Semana Santa ya está a la vuelta de la esquina, y la Pasión seguirá su cauce, sucediéndose los misterios de la misma. Las saetas cortarán el aire, hasta perderse en el azahar o en la luminaria de un lucero. Se abrirán nuestros sentidos y seguiremos embriagándonos de emoción y belleza, de luz y cera, del aroma de las flores y del incienso, de los sonidos de las Marchas, de las cornetas y tambores, del color y el tacto de las túnicas de los nazarenos, de la grandiosidad de los pasos y de la majestad de nuestros Cristos y Vírgenes.


Ya lo dijo San Pablo en una de sus Cartas a los Cristianos de Éfeso, refiriéndose cuando cantaban en sus reuniones, “Hermanos, hoy expresáis con vuestra boca, lo que brota del corazón”, extraordinario calificativo que yo aplico a los Saeteros y Saeteras que hoy, con su voz, han enaltecido el espíritu de los que aquí estamos reunidos.

Como nos van a cantar las saetas que brotan de su corazón los siguientes alumnos:


Manuel Garrido Amil Martinete

Milagros de Sanz Seguidilla con cambio a martinete

Rosario Ariza Córdoba Seguidilla con cambio a martinete

Como nos dice en su obra flamenca Ricardo Molina, la Saeta es la genuina voz de nuestra Semana Santa, naciendo cada año nuevas modalidades, a la par que infinidad de letras, todas alusivas a estos temas propios de la Semana Santa y al sentimiento religioso de nuestra gente, dándose el caso que siendo un cante sumamente difícil de interpretar, son numerosísimos los cantaores y cantaoras, anónimos, los que salen a la calle a implorar a su Cristo y a su Virgen, interpretando saetas con letras por ellos mismos realizadas.


Pero, sobre todo, se nos quedará clavado en el alma, ese dardo de amor infinito, ese cante que va de dentro afuera, y emprende el vuelo desde las fibras del corazón, ese ¡ay!, salido de la profundidad del sentimiento, esa llamarada de fe que es......... la Saeta.

Como cordobés, cofrade y peñista que soy, no quisiera finalizar sin realizar una dedicación a la Hermandad del Esparraguero, el Cristo de las Peñas.

Y una vez más, la antigua Plaza del “Jardín del Alpargate”, se llena del Amor Fraterno del Padre inundando toda la calle, sale el Cristo de Gracia, al que con gran amor y cariño el pueblo llama “El Esparraguero”, devoción arraigada en el corazón Peñísta de Córdoba,.
Cristo de los Esparragueros, imagen de cañaheja

Tú vas por Córdoba repartiendo a manos llenas

Amor del Padre, amor divino, amor inmenso,

Yo te pido Señor, me dejes ser tu costalero,

Para sentir sobre mis hombros tu amor placentero

Y percibir el olor a espárrago, de tu divino huerto,

Cristo de Gracia, lleno de Amor Fraterno,

Cristo moreno que pasa, con las guedejas al viento,

Tú vas del Padre, repartiendo su amor inmenso,

Vencida en tu rostro la muerte

En tu entrega, la resurrección llevas,

Cristo de las Peñas, el Esparraguero.

Y así otro año más Hermano Cofrade, cuando en la puerta de la Iglesia Salesiana, la emoción te haga erizar los vellos, cuando el Capataz a golpe de “llamaor”, lance al aire ¡al Cielo con Ella!, Capataz con mayúsculas, también con mayúsculas Pregonero de la oración hecha saeta, al que dedicarle quiero.



¡Va por ti Castellón!
¿Y tú me preguntas?

¿Cómo es la saeta?,

Yo te digo, la saeta es

Como tiene que ser,

Con el alma viva,

La fuerza muy honda

Y perfume de mujer.

Es, la voz en la calle,

Que vive y pide libertad.

Es, la voz de mi pueblo,

Ya lo dijo el poeta,

Voz fuerte, voz suplicante

Con ansia de vida,

Que cantarle quiere a Cristo

Al que anduvo en la mar.

Es, vamos saetero ¡empieza ya!,

Que tengo el alma encogida

Que no puedo esperar más,

¡Dejadle! todo el espacio!,

¡Dejadle! que va a cantar!

Y la pena muy honda, muy grande

Llena la calle que en silencio está,

Y el saetero y la Virgen

Ya están frente a frente,

El saetero la mira, Ella a él también,

Éste calla un instante

Un segundo nada más,

Extiende su mano, abre la boca

Y el aire que se desboca

Huele a clavel, a lirio y a rosal.

Es ¡todo corazón!, es ¡puro amor!,

Es ¡la saeta!

HE DICHO

Córdoba a los quince días del mes de marzo, del año del Señor de 2012.

Alfonso Morales Padilla

Rosalía Jiménez Jurado Seguidilla

Natalia Flores Alcaide Martinete

Pedro Hidalgo Coca Seguidilla con cambio

Javier Almagro Ramírez Seguidilla

Rafi Roldán Carrasco Martinete

Milagros Salazar Molina Seguidilla con cambio

Francisco Camacho Garrido Seguidilla

Mª del Carmen Moreno Cañete Martinete

Montserrat Delgado Narbona Seguidilla con cambio

Manuel Romero Camacho Martinete

Aurora Barona Campos Martinete Cambio Toná

Manuel Garrido Amil Martinete

Milagros Mondaca Fuentes Seguidilla con cambio



Rosario Ariza Córdoba Seguidilla con cambio



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