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¿QUÉ nombra la moral?: El modelo deliberativo de carlos santiago nino como alternativa a la disputa metaética entre la moral sustantiva y la procedimental rodolfo Moreno Cruz


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¿Qué nombra la moral?..., pp. 129-149.

¿QUÉ NOMBRA LA MORAL?: EL MODELO DELIBERATIVO DE CARLOS SANTIAGO NINO COMO ALTERNATIVA A LA DISPUTA METAÉTICA ENTRE LA MORAL SUSTANTIVA Y LA PROCEDIMENTAL *

Rodolfo Moreno Cruz **

RESUMEN

A la pregunta ¿qué nombra la moral? se ha dedicado un importante lugar en la historia de las teorías metaéticas. En este laberíntico mundo ocupan un lugar primordial dos posturas tradicionales. Por un lado, las posturas que se agrupan bajo la idea de una moral sustantiva y, por otro lado, aquellas que se reúnen bajo la propuesta de una moral procedimental. Ambas parecen tener serias dificultades. Ante ello y en respuesta a las deficiencias de los dos anteriores grupos, se erige la propuesta deliberativa como una “tercera vía”. Este modelo deliberativo, como todas las ideas importantes, tiene un número importante de variantes. Aquí se pretende identificar los rasgos generales de una sola propuesta deliberativa: el modelo de Carlos Santiago Nino.


PALABRAS CLAVE

Moral, hechos morales, modelo deliberativo, hecho contrafáctico.


SUMARIO
1. Planteamiento inicial. 2. El caso Jodie y Mary ¿fue una decisión moralmente correcta? 3. El modelo deliberativo como alternativa. 3.1 Deliberación y sí hay hechos morales (aunque sea uno: el contra fáctico). 3.2 Deliberación: las razones de constituirse en un tercer modelo. 3.3 La regla de la mayoría como transformador de preferencias: la democracia como sucedáneo del discurso moral. 4. A manera de conclusión: ¿es suficiente el modelo deliberativo?

1. PLANTEAMIENTO INICIAL

A finales de septiembre del año dos mil, una noticia conmovió al mundo: el tribunal de apelación de Londres autorizaba la separación de las siamesas Jodie y Mary y con ello, tácitamente, permitía la muerte (asesinato, dijeron algunas personas) de la pequeña Mary.

Todo comenzó cuando la señora Rina Attard y el señor Michaelangelo Attard originarios de Gozo (Malta), a principios de abril de ese mismo año, se enteraron de que la señora Rina Attard estaba gestando siamesas. La preocupación por los servicios de salud les hizo trasladarse a Manchester. Ya en Manchester, y a principios de agosto de septiembre, la señora Attard dio a luz a Jodie y Mary. La inquietud inicial por las circunstancias de sus hijas se acrecentó: o se separaban o en menos de algunos meses morían las dos. Desde luego, alguien podría pensar que quizás era mejor mantenerlas unidas pero esta posibilidad era nula porque en su unión ambas se estarían dañando1. Específicamente, habían nacido con un solo corazón, un solo pulmón y unidas por (también único) el abdomen. Estos órganos vitales —y por decirlo de alguna manera— pertenecían a Jodie. La unión, explicaban los especialistas, ocasionaría que ambas murieran porque el único corazón de Jodie no soportaría mucho tiempo sirviendo a las dos pues trabajaría el doble para mantener la vida de los dos cuerpos. Pero si se separaban, eso implicaría cortar la arteria común y con ello causar de forma inmediata la muerte de Mary. La situación estaba fijada: o se dejaba morir a las dos o se favorecía la vida de Jodie.

Los médicos no dudaron mucho y estaban decididos en cortar la arteria común y dejar con vida a Jodie. No obstante la situación no era fácil. En primer lugar, la madre y el padre, eminentemente católicos, deseaban mantener la unión aun cuando eso acarreará la muerte de las dos. Su argumento principal consistía en que no era posible salvar una vida a costa de otra pues si habían nacido juntas “era la voluntad de dios” o que vivieran o que murieran pero siempre juntas2. En segundo lugar, los expertos legales informaron a los médicos que su actitud, conforme a las leyes del Reino Unido quedaba tipificada dentro de un homicidio. Ante ello, los directivos del hospital sometieron a los tribunales la decisión final: separar o no a las gemelas. En primera instancia, se resolvió que sí debía proceder la separación. No obstante (y para esto el asunto ya se expandía a los escenarios nacionales e internacionales), el padre y la madre decidieron impugnar la sentencia de primera instancia. En apelación, el poder judicial del Reino Unido tuvo que hacer uso de una variedad de argumentos legales (¿y morales?3) para dictar su orden final. A lo largo de sus argumentos, cada uno de los integrantes del tribunal colegiado reconoció la dificultad del caso. El caso se había polarizado y algunas personas estaban a favor de la separación de las siamesas, pero muchas otras también estaban a favor de que se les mantuviera unidas. Así que el asunto no era fácil de decidir. Incluso el Lord Justice Ward no dudo en calificar la dificultad de este asunto con estas palabras: “Each of us has truly agonised over this difficult case”4. Y no era para menos, el espacio público tenia puesta su mirada en ellos. Y después de una intensa deliberación, el veredicto final fue, como se dijo al inició de este apartado, la separación de las gemelas. Mary murió el día siete de noviembre del año 2000.



2. EL CASO JODIE Y MARY ¿FUE UNA DECISIÓN MORALMENTE CORRECTA?

El caso de las gemelas Jodie y Mary plantea una gran variedad de tópicos (jurídicos, sociales, políticos, morales) y casi todos ellos bastante polémicos. No obstante, la cuestión moral adquirió una posición estelar: ¿fue moralmente correcta la decisión de separar a las gemelas?5. Para responder a esta pregunta hay primero que contestar otra interrogante que es clave en las discusiones de carácter metaéticas: ¿qué nombra la moral? Y es aquí donde se centra el interés del presente trabajo.

Definir qué nombra la moral no es asunto fácil. Hay una inmensa variedad de escuelas y —como era de esperarse— las soluciones también son bastante ramificadas. Sin embargo, dentro de la múltiple pluralidad de escuelas6 es posible agrupar y confrontar dos especies de grupos: un grupo —que por llamarlo de alguna forma— se reúne bajo la defensa de una teoría moral sustantiva y otro grupo—que también por llamarlo de alguna manera— se congrega bajo el cobijo de una teoría moral procedimental. Para la teoría sustancial, la moral nombra algo que está más allá de nuestras decisiones; es algo a lo que se llega. Por otro lado, para la teoría moral procedimental, la moral nombra algo que se tiene que construir y por lo cual lo importante no es a qué se llega sino cómo se llega.

Los supuestos de cada una de ellas se fundamentan en lo siguiente: darle importancia a lo que se llega es considerar que hay hechos morales, por lo cual el razonamiento moral tiene como función llegar, conocer o reconocer dichos hechos morales. Por el contrario, enfocar la atención a cómo se llega es pensar que no hay hechos morales y por lo cual es necesario construir dichos hechos y darles una especie de carácter moral para solucionar nuestros problemas de índole colectiva. En si, la diferencia en estas posiciones es de carácter ontológico y ello ocasiona su enfrentamiento. Para ser más precisos, la diferencia ontológica consiste en la opinión de la posición metatética con respecto a la existencia de los hechos morales.

Ciertamente, Juan José Moreso7 explica que el debate contemporáneo de las diferentes posturas metaéticas, gira en torno a tres tópicos: la cuestión semántica, la ontológica y la objetividad. Es decir, en relación al tema de los hechos morales se puede preguntar: ¿es posible predicar verdad o falsedad de los hechos morales? (cuestión semántica); ¿hay hechos morales? (ontológica); ¿es posible alcanzar acuerdos morales unánimes? (objetividad). La teoría moral sustantiva y la teoría moral procedimental8 responderían de la siguiente manera:


Posición metaética

Semántica: ¿Es posible predicar verdad o falsedad de los hechos morales?

Ontológica: ¿Hay hechos morales?

Objetividad: ¿Es posible alcanzar acuerdos morales unánimes?

Teoría moral sustantiva







Teoría moral procedimental



No



¿Cuál de las dos teorías es la más adecuada? Creo que ninguna de las dos pues ambas tienen problemas internos que no logran superar. Por ejemplo, en el caso de las teorías morales sustantivas éstas tienen el inconveniente de no pasar la prueba o pregunta abierta de Moore9. Es decir, si definimos a los juicios morales con base en hechos empíricos podríamos volver a preguntar si esos hechos empíricos constituyen o no juicios morales. Lo anterior, daría lugar a una cuestión abierta pues no podemos cerrar el cuestionamiento ya que aún no hemos caracterizado de forma abarcadora y plena lo que puede caer o ser rechazado dentro de la categoría de juicios morales.

Una forma de ver con mayor claridad este punto de la pregunta abierta es acudir a los ejemplos empleados por Mackie10: imagínese, por ejemplo, que se define bueno con base en la idea de lo que “produce placer”; supongamos que decir mentiras produce placer en consecuencia (y aquí viene la pregunta) ¿es bueno? Nótese que si bueno fuera definible entonces una vez que se haya definido (como en el caso de “lo que produce placer”) ya no habría necesidad de preguntar algo más. La misma definición indicaría si es bueno o no lo es. Como contraejemplo, téngase por caso la definición de aceptar y su definición de “mostrar a alguien su conformidad”. Bajo estas ideas, si alguien muestra su conformidad queda claro que eso es una aceptación. Pues bien, lo mismo no sucede con bueno ya que éste siempre dejará la pregunta abierta sobre si ¿es bueno? El mismo Mackie alude que se puede ejemplificar el problema definiendo bueno como “lo aprobado socialmente”. Así que una guerra (piénsese en Estado Unidos como ejemplo paradigmático) quizás sea aprobada socialmente pero deja la cuestión abierta de si eso es ¿bueno o no lo es?

Pero si la teoría moral sustantiva tiene problemas, también lo tiene la teoría moral procedimental. Su principal problema gira en torno al tema de la falibilidad. Si los hechos morales o aquello que nombra la moral tiene ese carácter porque es el resultado de un procedimiento, ¿cómo explicar el caso de los equívocos? Es decir, imaginemos un proceso correcto pero que arroja un resultado erróneo. Según la teoría procedimental el resultado, si el proceso se siguió correctamente, siempre será correcto. Y no siempre es así. En ocasiones aun cuando llevemos a cabo un proceso correcto el resultado puede fallar y necesitamos de nuevas revisiones para corregir la conclusión. Por ejemplo, durante mucho tiempo los científicos consideraban que el mundo era plano. Esa conclusión se obtuvo con base en procedimientos adecuados al momento de dicha afirmación. Para superar dicho esquema hubo necesidad de rechazar la inefabilidad de todo conocimiento obtenido por un procedimiento. Aun más, también a la teoría moral procedimental se le adjudica el problema de la falta de explicación de los desacuerdos. Esto es, si son los acuerdos los que establecen lo que nombra la moral, ¿cómo explicar los desacuerdos? O en expresión de Rachels “Cuando una persona dice: ‘X es moralmente aceptable’ y alguien mas dice: ‘X es moralmente inaceptable’ están en desacuerdo”11 y esto ocasionaría, de ser correcta esta teoría, que en verdad no hay desacuerdo entre ellos.

Por ello, creo, es importante buscar una vía alterna entre la teoría moral sustantivista y la procedimentalista. Al respecto, hay importantes intentos de mediar entre ambas opciones y una de las más acreditadas es la propuesta deliberativa. ¿Las razones? Las veremos a continuación.



3. EL MODELO DELIBERATIVO COMO ALTERNATIVA

La fórmula salvadora, dicen los adeptos a la propuesta deliberativa, consiste en “haber encontrado el mejor camino para atenuar la tensión entre forma y sustancia”12 y agregan que “la clave estaría —no podía ser de otra manera— en la deliberación, que transforma el sentido y la función de los procedimientos”13. Y da con ello una respuesta al problema que aquí nos ha ocupado: “Frente a lo que sostenían las viejas teorías de matriz rousseauniana, por un lado, y frente a las viejas concepciones liberales, típicamente procedimentales o agregativas, por otro, los teóricos de la concepción deliberativa dicen que el valor” de esta nueva alternativa “no depende tanto de su capacidad para conjugar el interés o la voluntad de todos o de la mayoría, como de su capacidad para poner en marcha el más amplio proceso de intercambio de razones”14. En suma: la propuesta deliberativa es sustancia pero también es procedimiento.

Efectivamente, para Cohen15—uno de los más autorizados exponentes del modelo deliberativo—, esta propuesta logra establecer conexiones entre el modelo sustantivo y el modelo procedimental, dando con ello la posibilidad de un tercer modelo que permite armonizar (y canalizar las relaciones de recíproca necesidad) a los dos modelos en disputa.

Pero el inmenso número de variables teóricas de esta propuesta imposibilitan observarlas a cada una de ellas. Sin embargo, hay un teórico que de manera importante ha presentado su modelo deliberativo para el tema que aquí nos ocupa. Este autor es Carlos Santiago Nino. Desde la lectura de sus escritos se puede dar seguimiento adecuado a esta variante y con ello hacer una valoración de dicho modelo. Los siguientes aparatados estarán dedicados a ello.



3.1 Deliberación y sí hay hechos morales (aunque sea uno: el contra fáctico)

Como se dijo en líneas arriba, la diferencia que aquí importa entre las teorías de carácter sustancial y de carácter procesal son de índole ontológica. Es decir, la diferencia que las confronta en virtud del tema si hay o no hay hechos morales.

Para las teorías sustanciales sí hay hechos morales; por el contrario para las teorías procesalistas no hay hechos morales. Una y otra —como se ha visto en líneas atrás— tienen sus propias deficiencias. Las teorías sustantivistas no logran resolver el tema de la pregunta abierta. Por el otro lado, las teorías procesalistas dejan pendiente el tema de la falibilidad y de los desacuerdos.

Ante este panorama, Carlos Santiago Nino, con su modelo deliberativo, afirma enfrentar exitosamente esta problemática.

Ciertamente, para Nino sí hay posibilidades de ubicarse dentro de una teoría moral sustantivista de carácter débil sin tener que enfrentarse al tema de la pregunta abierta de Moore16. Es decir, para Nino sí seria posible sostener un hecho moral que sirva como parámetro de evaluación para resolver problemas morales como el caso de las gemelas. La estrategia consiste en utilizar la deliberación como un medio para reconocer los hechos morales sin que la conclusión sea necesariamente la última palabra (pero si la más consistente) en temas morales. Ciertamente, explica Nino, la deliberación es un hecho social altamente reconocido para fomentar la cooperación y resolver conflictos. Y esto precisamente es lo que hace de la deliberación un camino idóneo para aplicarse en el discurso moral.

La aplicación de la deliberación en el discurso moral, no es otra cosa, afirma Nino que “la aceptabilidad en condiciones ideales de racionalidad e imparcialidad de principios de conducta que satisfacen ciertos requisitos como la universalidad, la supremacía justificatoria, etc.”17. Y esto, afirma Nino, es el hecho moral que se busca (es decir, el hecho moral que puede servir de parámetro para evaluar los temas polémicos morales). Este hecho moral, continua Nino, enfrenta con éxito la cuestión abierta de Moore. Un juicio sería “bueno” sólo si pasa la evaluación racional en condiciones ideales y bajo el criterio de principios como la universalidad y la supremacía justificatoria. Por lo cual, no es válido preguntar si un juicio que no ha pasado dicha evaluación se le puede considerar “bueno”. Por otra parte, este hecho, lo califica Nino, como un hecho contrafáctico pero con posibilidades de ser corroborado empíricamente. Es contra fáctico porque parte de la idea de una hipótesis que no ocurre en la realidad. Pero aunque no ocurre en la realidad (y aquí está lo interesante) tiene posibilidades de ser corroborado empíricamente. Piénsese, explica Nino, en lo siguiente: “si Inglaterra hubiera tenido éxito en las invasiones de 1806 y 1807 a Buenos Aires, nuestra estructura económico-productiva hubiera sido diferente”. Esta situación no ocurrió pero a pesar de ello “es un juicio susceptible de recibir pruebas empíricas a favor o en contra sobre la base de generalizaciones de diferente índole”18.

Su propuesta, además, al partir de un hecho (aunque sea contra fáctico) evita, al decir de él, el tema de la falibilidad y explica, también según él, el hecho de los desacuerdos19 (sobre estos dos punto se volverá más adelante). Ciertamente, su propuesta, aun insertándose dentro de una larga tradición, y a pesar de que intenta —como se verá más adelante— adquirir ciertos rasgos de originalidad gira en torno a un lugar común compartido por todos los adeptos a esta propuesta: la ciencia moderna ha reconocido que los objetos tienen un significado esencialmente subjetivo y controvertido (desacuerdos, pues); la única forma de dotarles de objetividad es el método; el énfasis se traslada del objeto a la certeza en las herramientas conceptuales para asegurar un pensamiento correcto20.

Su propuesta filosófica empirista objetivista y monista, basada en el hecho peculiar (discurso moral) contrafáctico y con posibilidades de ser corroborado empíricamente (la aceptabilidad en condiciones ideales de racionalidad e imparcialidad) constituye un método de reconocimiento de los juicios morales. Este método de reconocimiento, lo enfatiza Nino, se llama constructivismo.

Con esta alternativa Nino se coloca dentro de los teóricos que parten de la idea de un pluralismo razonable como elemento primordial de toda propuesta filosófica-moral. Es decir, hay que aceptar el hecho de que “existen diferentes e incompatibles filosofías de vida hacia las cuales son atraídas las personas razonables en condiciones favorables para el ejercicio de la razón práctica”21.

Por otro lado, para que dicho discurso pueda tener viabilidad, reconoce Nino, es necesario satisfacer ciertas condiciones mínimas que caractericen a los principios morales obtenidos por el consenso y que también sirvan como pautas de conducta de la discusión moral. Y estos elementos son los siguientes22:

1.- Crítica: todo puede ser sometido a crítica excepto, quizás, la misma práctica de la crítica.

2.- Consenso: los principios solo pueden ser aceptados por libre aceptación.

3.- Publicidad: Los principios deben ser conocidos por todos, nadie tiene el derecho de alegar que conoce un principio que otros no pueden conocer.

4.- Generalidad: los principios tomarán en consideración propiedades genéricas y no casos individuales.

5.- Superveniencia: las propiedades genéricas tomadas en consideración deben ser de orden fáctico.

6.- Universalidad: esta característica se puede confundir con el de generalidad pero en todo caso la distinción consiste en que la generalidad atañe al contenido y la universalidad a la idea de justificación. “Si se admite que alguien puede justificar sus acciones y actitudes sobre la base de un cierto principio aplicable al caso, entonces cualquier potencial participante en el discurso moral puede también justificar sus acciones y actitudes.

7.- Primacía: los principios morales son la cúspide del razonamiento práctico.

8.- Jerarquía: entre los principios morales hay jerarquías y esto permite la resolución de conflictos entre ellos.

9.- Exclusión: una excepción al principio 1 (crítica) está dado por la exclusión de ciertos argumentos. Así, quedaran excluidas de la discusión moral la mera expresión de deseos o la descripción de intereses. Tampoco serán permitidas las meras descripciones de hechos como por ejemplo la tradición o la costumbre. También se excluyen las inconsistencias pragmáticas y, finalmente, intentos ridículos de justificación.

Los anteriores principios, explica Nino, buscan dos finalidades íntimamente relacionadas: lograr la unanimidad y mantener la imparcialidad. Ciertamente, apunta Nino, “la unanimidad parece ser un equivalente funcional de la imparcialidad”23. En este caso, continua el autor argentino, si todos los afectados han participado en la discusión y han tenido oportunidades iguales para argumentar y defender sus respectivas posiciones, entonces la solución al conflicto “será muy probablemente imparcial y moralmente correcta siempre que todos la acepten libremente y sin coerción”24.



3.2 Deliberación: las razones de constituirse en un tercer modelo

Hasta aquí, no se ha expuesto con claridad cómo es que Nino se separa de las teorías morales sustantivistas y procesalistas. Todo parece indicar que su propuesta consiste en una tesis procesal ya que para llegar a conocer la verdad moral es necesario recorrer el camino de la satisfacción de los presupuestos formales de la práctica discursiva. Esto es, tener acceso a dicha verdad moral a través del medio más confiable y que en este caso lo constituye la discusión y la decisión intersubjetiva. Pero esta primera impresión queda borrada cuando se analiza la propia explicación que el autor proporciona.

Ciertamente, para Nino las tesis metaéticas son las siguientes25:


CONSTITUCIÓN DE LA VERDAD MORAL

TESIS ONTOLÓGICA



PRINCIPIO

IDENTIFICACIÒN

Satisfacción de presupuestos formales inherentes al razonamiento práctico

01

Satisfacción de presupuestos formales o procesales de una práctica discursiva

02

Consenso que resulta de la práctica real de las discusión moral

03

Para Nino hay dos principales tesis ontológicas acerca de la constitución de la moral. La discrepancia entre ellas gira en torno a preservación de algún valor (consentimiento o igualdad) o por sus resultados26. Si lo que importa es la preservación de algún valor entonces estamos ante 01. Por el contrario, si lo importante es el resultado entonces estamos ante 03. Por ejemplo, explica Nino, Rawls (01), consideraría que un juicio moral es verdadero si con ello se preservan los dos principios de justicia y además, claro está, se cumplen los requisitos formales de imparcialidad, racionalidad y conocimiento de los hechos relevantes; por el contrario, un autor como Habermas27 (03), explica también Nino, sólo consideraría que se constituye un juicio moral o es verdadero cuando se obtenga el consenso de las personas involucradas. Es preciso tener en cuenta que para ambos autores los requisitos formales del procedimiento son importantes. Ciertamente para Habermas, reconoce Nino, es importante cumplir con los requisitos formales del proceso de razonamiento y algo similar pasa con Rawls. No obstante, Rawls alude al proceso de razonamiento individual; Habermas al razonamiento dialógico. Pero además para Rawls (en lectura de Nino), lo importante es lo que se alcanza y esto debe ajustarse a los principios de justicia pues en caso contrario, no son los principios los que fallan sino el proceso. Habermas (también en lectura de Nino), por el contrario, diría que si hay consenso esto presupone la satisfacción de los principios formales. En resumen, según Nino, Rawls al alcanzar los principios de justicia considera que se ha logrado la meta y se presupone que la forma fue válida. Para Habermas, por el contrario (y recuérdese que en lectura de Nino pues realmente esto no sostiene Habermas) el consenso es el indicador principal de que hubo un proceso adecuado28. Nino dice colocarse en una posición intermedia29. Acepta que la preservación de los valores es importante y también el resultado. Esto es, que el discurso moral se caracteriza, primero, por constituir la verdad moral a través de la satisfacción de ciertos valores morales y, segundo, porque dicho discurso debe generar un resultado: lograr la cooperación y evitar conflictos. Nótese que los presupuestos formales no son de carácter monológico como en el caso de Rawls sino dialógicos como es en Habermas. También nótese que más que consenso (como en el caso de lo que equivocadamente atribuye a Habermas) habla de cooperación y evitar conflictos (influencia de Rawls). Con ello, explica Nino, evita caer en el error de Rawls de no tener una base empírica. El diálogo proporcionaría dicha base. Además, tampoco cae en el error, dice Nino, de Habermas pues éste genera una tendencia a un convencionalismo conservador. Efectivamente, continúa Nino, si el consenso es lo que importa, hay que percatarse de que actualmente existen consensos que no pasarían la prueba de la universalización y la única forma de evitar el status conservador sería ir contra el consenso.

Pero así como hay posturas ontológicas, afirma nuestro autor, también hay posturas epistemológicas y estas se plasman en el siguiente cuadro:



CONOCIMIENTO DE LA VERDAD MORAL

TESIS EPISTEMOLÓGICO



PRINCIPIO

IDENTIFICACIÒN

Reflexión individual

E1

Discusión y decisión intersubjetivas procedimiento más confiable

E2

Discusión y decisión colectiva es la única forma de acceder a la verdad moral

E3

Las posturas epistemológicas señalan como se tiene acceso al conocimiento de la verdad moral. Para Nino, de nueva cuenta, hay dos principales posiciones: la de Rawls y la de Habermas. La distinción entre ellas es que para una (Rawls-E1) el medio para conocer la verdad moral es la reflexión individual y para la otra (Habermas-E3) el único medio para conocer la verdad moral es la discusión y decisión colectiva30. Pero estas posiciones, explica, presentan serias deficiencias. Para el caso de E1 si la única forma de acceder al conocimiento moral fuera la reflexión individual habría serios problemas para compatibilizar una decisión individual con la autoridad y aun más con las decisiones colectivas. E1, subraya Nino, desemboca o en un anarquismo filosófico o en una dictadura iluminada. Por otra parte, si la única forma de conocer la verdad moral fuera la discusión y decisión colectiva esto desembocaría en un populismo moral. E3, detalla el autor argentino, afirmaría en este sentido que la mayoría tiene la razón y esto es equivocado pues “es obvio que la mayoría a veces apoya posiciones muy equivocadas”31. Para salvar estas posiciones, él ofrece E2. E2 es lo que él denomina un constructivismo epistemológico. En este constructivismo epistemológico se valora la reflexión individual pero se considera que el mejor medio o el método más confiable para acceder a dicho conocimiento es el discurso moral en su variante dialógica. La reflexión individual no queda descartada: hay posibilidades (aunque improbables) que un individuo alcance la verdad moral a través de sus propias capacidades. No obstante, aunque improbable sí es posible que alcance soluciones más adecuadas que las que se alcanzaron en una discusión colectiva. Y esta posibilidad “explica la contribución que cada uno puede hacer a la discusión y porque un individuo puede legítimamente pedir que la discusión sea reabierta”32.

En suma, el discurso moral para Nino sólo puede verse representando por las posiciones O2 y E2; estas posiciones, según él, son los medios más confiables para obtener el resultado buscado en todo discurso moral: la unanimidad en los principios morales.

Ahora bien, el objetivo perseguido es la unanimidad pero es conciente de que esta meta es difícilmente alcanzable en un tiempo limitado (esto, aclara, no significa que no se pueda alcanzar la unanimidad sino que operacionalmente es necesario tomar un acuerdo en un tiempo limitado). Una segunda mejor solución es buscar un medio alternativo y este medio alternativo es el de la democracia. Ciertamente, escribe al respecto que: “la introducción de un límite de tiempo para finalizar la discusión y la necesidad de votar diferencian drásticamente en proceso informal de la discusión moral de su sucedáneo institucionalizado, la democracia como regla de la mayoría”33.

Efectivamente, la prolongación del discurso moral en el discurso democrático es para Nino una necesidad y una consecuencia obligada al asumir el compromiso moral de la imparcialidad. Como necesidad —y tal cual se adelantó en líneas atrás— el discurso moral sólo deberá concluir con la unanimidad pero esta vía en muchos casos resulta difícil de ser operativo34. El discurso moral no tiene límites de tiempo y por ello la discusión se puede prolongar incansablemente. Pero los acuerdos tienen que llegar sin importar si hay o no unanimidad. Y precisamente la democracia señala parámetros temporales y “fija límites para una decisión obligatoria”35. Pero también —se ha dicho— esta prolongación es una consecuencia obligada al asumir el compromiso moral de la imparcialidad y esto es así, escribe Nino, porque no hay otro mecanismo más idóneo para producir resultados imparciales que el de la democracia. La imparcialidad, continúa el autor, se ve asegurada al considerar que la democracia debe pasar por un proceso previo de deliberación antes de ser sometido a votación36.


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