Página principal

¿Qué es la filosofía?


Descargar 55.51 Kb.
Fecha de conversión23.09.2016
Tamaño55.51 Kb.
La liberación, la del nudo que uno tuviere, produce provoca alivio solivianta, invita, así me siento, interpelado a la reflexión, a la oración, a la introspección puesto que mi nudo se ha soltado. 

Le parece a este peregrino que tras tanto cálculo y tanto aplanar la tierra para que aposente el trípode, al fin la figura de una constelación emerge del caos de estrellas y, casi caballero medieval postrándose para recibir la espada sobre sus hombros, una forma pide nombre. Y el humano, en este caso: yo, nombra. 

Escoge o inventa nombre. Muy sutil el matiz entre escoger e inventar pero muy importante. 

Más claramente: tengo (sábado, el último de otoño) tres boniatos, unas pocas castañas, algunas almendras, miel, café, chocolate, ¡ratafía!, tengo el fuego encendido, son las cinco y mucho y ya rayan los rosados del crepúsculo y acabo de darle al play tras haber cargado la discografía completa de Apocalyptica en la lista de reproducción y haber activado el modo aleatorio y estoy en la sillita, bajo la mantita azul de rayas, con los pies repenchados en el filo de la chimenea (la tengo castrada, sellada y con una estufa de tubo), con las hojas en blanco y un lápiz sobre las piernas... 



ESCENA UNO¿Qué es la filosofía? 

(Cae la tarde. El maestro sentado en el suelo, junto al hogar del fuego (apagado), separa las hierbas que han estado recogiendo él y su joven discípulo. A un lado las medicinales y al otro las venenosas. En la estancia, muy asceta, un armarito está abierto mostrando muchos botes de cristal y utensilios alquímicos. El discípulo, en el exterior de la cueva, aprovecha la luz previa al crepúsculo. Juega con un palo y una piedra. 

De repente, el discípulo interrumpe su juego y se acomoda en el umbral mirando fijamente al maestro. Dirime unos instantes antes de aventurarse a preguntar.) 

- Maestro... 
- Sí... 
- ¿Qué es la filosofía? 

(El maestro no se inmuta y prosigue a su tarea sin levantar la mirada de las hierbas.) 

- Si quieres saber qué es la filosofía deberás fijarte meticulosamente en nuestro día a día, en lo cotidiano. La filosofía es la herramienta que usamos cuando dudamos o lidiamos con la incertidumbre. La filosofía nos sirve para penetrar con nuestro intelecto lo desconocido o lo problemático... se trata de una actitud de amor a saber frente a lo incierto; el talento filosófico se adentra en la oscuridad con intención de acrisolarla... 



(El discípulo hace tímidas y respetuosas muecas, gesticulando su error. No ha escogido la pregunta adecuada. Pide perdón, interrumpe y prueba otra vez...) 

- Maestro, ¿qué es la flor amarilla? 



(El maestro hace un leve gesto de sorpresa que prosigue en orgullo e hinchamiento de los mofletes... sigue separando las últimas hierbas.) 

- ¿Quieres conocer el secreto de la flor amarilla? 



(Ignora los espavientos con los que el discípulo explicita que ha acertado su pregunta, recoge los cuencos y dispone las plantas seleccionadas en su bote correspondiente del armarito. El discípulo acepta el silencio y entiende que la lección empezará cuando tenga que empezar. Acarrea leña y prepara el fuego para la cena.)

En definitiva, me dispongo a hacer balance y a recapitular y pasaré página si cuadran las columnas o permaneceré gestionando hasta compensar el debe y el haber de mi almario y hasta que pueda cerrar el ejercicio anual o, en términos alegóricos, a rendir cuentas con Abraxas y entregarle los recibos y presentarle los resultados de lo que he hecho y ha pasado con la gracia y la mercé que han significado para mí su espacio y su tiempo desde el invierno pasado acá. No te olvides: un Abraxas = una vuelta de la Tierra alrededor del Sol. 

Yo he completado el ciclo, in time, que dicen los anglocabrones. 

¡Ea, a descabalgar y a limpiar la tabla; tiene mucha mácula y mucho deterioro que restaurar, el surf de este año ha sido: ataráxico y frenético! ¡De las treinta y tres que llevo, ésta ha sido mi mejor ola! 

Carezco de jefe a quien rendir cuentas y a quien enorgullecer con mi servil productividad y a quien beneficiar con la alienación de la obra de mi trabajo. A modo de compensación, Abraxas no podrá decirme que le traigo vivo al invierno mi ego de primavera y verano. Lo he pulido enterito. 

¿Recuerdas? la semana pasada mi ego acabó, igual que en El Bosque del Luto, igual que cualquier hoja de almez, muerto en un agujero de tierra ficticio. Ni corto ni largo, muerte final en la doceava semana para que el trece, umbral al renacimiento, haga lo suyo. 

Seguro que si yo fuera un comercial o un ejecutivo en el sobre de las Navidades me vendría una bonificación por méritos. No lo soy y no tendré sobre, ni siquiera paga doble, puesto que no tendré paga... ¡Cuidado no me ahogue tan sumergidito! Escribió, o transcribió, Martí i Pol en la última página de la segunda, y también última, parte de su poemario "La fábrica" un texto advertencia que acolo en mis propias palabras: «a la fábrica no se le entra por las puertas secundarias sino por la principal y previo agujereo de la ficha con el nombre de cada trabajador». ¿Estamos? 

Para cuando Abraxas apague definitivamente el fuego y nos deje los tres meses invernales a la oscura y gélida frialdad, a mí ya no me resta en el coleto una brizna ni un madero... tengo el corazón, ahorita mismo, duro como el hielo... frío dentro ¡qué venga el frío fuera! 

¡Ha sido el mejor año de mi vida! Des que en marzo se me hincharon las alas hasta que en diciembre he venido aterrizando... y sigo vivo, que no me parece poco. 

ESCENA 2Un Abraxas y cuatro estaciones. 

(Todas las velas menos una están apagadas. El discípulo, cabizbajo y defraudado, acude a su esterilla. Albergaba la esperanza de ser enseñado sobre la flor amarilla durante o tras la cena y reinó un silencio absoluto. El maestro trae la vela, la deja entre las dos esterillas, arropa al chico y también se tiende. Quedan los dos bocarriba... 

El joven, muy inquieto, se reprime y se obliga a dormir. De pronto, advierte que la vela sigue encendida. Normalmente, el maestro la apaga antes de acostarse. Entonces comprende y se sosiega rápidamente. 

El maestro, manos sobre el pecho, ojos cerrados, comienza...) 

- A la flor amarilla la circundan cuatro hojas, una para cada estación del año. Le penden dos raíces: la del día y la de la noche. La flor amarillea cuando la luz circula en su interior, de otro modo no es amarilla. 


- Cuatro hojas, dos raíces, luz... -(Repite flojito, memorizando.)- ¿y pétalos? 
- Sí, también tiene pétalos: mil. O, quizás, novecientos sesenta. 
- Un montón de pétalos... -(Quedan en silencio unos instantes.)- Maestro... 
- Sí... 
- ¿Dónde nace? ¿Saldremos mañana a recoger flores amarillas? 
- No. -(Alarga el brazo de esterilla a esterilla y, después de acariciarle la frente, abre la palma de su mano acogiendo la coronilla del niño y la deja, activa, unos segundos.)- Duerme, pequeño. Mañana nos levantaremos antes de que salga el sol y subiremos la colina. Oteando el horizonte, tendrás una tarea especial: te fijarás en el punto exacto y, en relación a la entrada de nuestra cueva, marcarás el sitio por donde aparece el sol. 
- Ahhh.... ¿y así aparecerá una flor amarilla? 
- No. Hasta el día en que el sol vuelva a pasar por tu marca, ya no hablaremos de la flor. Duerme... -(Retira la mano de la coronilla del joven, apaga la vela. Quedan en penumbras...) 

(El discípulo imagina una flor de cuatro hojas, dos raíces y mil pétalos y luego, como si fuera una botella vacía, la rellena de luz amarilla... el sol regresa sobre sí mismo cada año, eso ya lo aprendió: primavera, verano, otoño e invierno. 

Musita:) 

- Un año... (se duerme.)

¿Sabes?, te digo lo que he visto surfeando mi treinta y tresava (¡qué feo me parece "trigésimo tercera"!) ola: Dios, el del Razinger y el de las juventudes muy católicas y nada cristianas que se confrontaron con los indignados en la plaza del Sol de Madrid so capa de los eventos e indignaciones de agosto, es un ludópata que se pasa el día apostando en un casino sito en uno de los muchos paraísos fiscales. Dios, el dios acuario y tecnológico del tercer milenio, es un putero que manda le suban al empíreo mujeres del tercer mundo y del cuarto. 

Eso he visto este año y así te lo cuento. 

¡Yo no creo ni tengo fe en un dios ludópata y putero! 

En fin, ya sabes, el Sol baja a la Tierra y recoge, alcanzando su sima, a quien quiere subírsele para volar de solsticio a solsticio y ¡porque nos toca! El falso dios, el antropomorfo, el de los siete días, te dice un gnóstico pansexual y panecástico: a la hoguera... Para ello, para incorporar mi tabla a la ola que nace en diciembre y muere doce meses después en el mismo punto, permanecí (y lo mismo esta temporada haré) el invierno agazapado, pendiente, latente, atento... resiguiendo, aunque no lo viera, el sendero del Sol... ¡cogiendo impulso! y cuando despuntaron los albores de la primavera: ¡¡zas, salto a la ola y a dejarse llevar bailando en su cresta!! ¡Dónde el corazón te lleve! ¡Aunque a veces corte y hiera la navaja! 

¡La vida es una espinita que me hace cosquillas! ¡Es hora de salir de la conciencia y ser aire en el desastre mundanal y de que salgan los dragones a volar para sacar del alma esta violencia! 

No somos fracaso, no estamos de paso. La fiesta que tengo la llevo aquí... ¡amparo y paranoia! 

Ellos y ellas quieren salud, amor y dinero, yo quiero vida por salud y muerte por dinero... amor queremos todos... 

ESCENA TRESIluminación 

(El discípulo, un año después, desayuna engullendo. Acaba antes que el maestro, suelta el cuenco ante sí y, juntando las palmas, pide permiso. Se lo concede y se incorpora de un salto. Lava el cuenco y corre al exterior de la cueva. 

El maestro también acaba el desayuno. Agradece entornando los ojos, comienza a silbar. Un soniquete multívoco que parece remarcar o subrayar cada uno de sus gestos. Una vez queda en orden la estancia, prende dos llamas al buda que preside en un pequeño altar hundido en la piedra y sale. 

Discípulo y maestro apostados entorno a la marca que hicieron un abraxas atrás. El discípulo, azoradísimo...) 

- Ya maestro... hoy ha cruzado. 


- Arrodíllate y agradécele y convócale para el año que viene. 

(El discípulo abandona por completo el nerviosismo y entra en trance. Ejecuta los requerimientos del maestro sentándose en sus piernas y cerrando los ojos. Gesticula facialmente cuando la luz solar le ilumina los párpados. El maestro inicia la lección...) 

- ¿Qué ves? 


- ¡Maestro! No puedo abrir los ojos, el sol me cegaría... 
- ¡No te disperses! Con los ojos internos, ¿qué ves? 

(El joven ve esto.) 

- Nada. 
- Esfuérzate. Dirige la mirada a tu corazón. ¿Lo ves? 



(El discípulo aprieta los ojos y recibe una colleja suave. Entonces se relaja... ve esto.) 

- Sí... naranja el fondo y el corazón rojo pero le falta... 


- Ahora intérnate, aléjate de la superficie... ¿se apaga la luz? 

(El discípulo permanece arrodillado, sentado sobre sus piernas, con los ojos entornados cara al sol. Ve esto.) 

- Sí... negro pero le falta... 


- ¡Piezas! Sí, uno nunca lleva el corazón entero. Ni siendo niño. ¿Qué más ves? 

(El discípulo ve esto.) 

- Nada más. Igual, mi corazón, le falta una pieza, en negro... 



(El maestro retoma el silbido provocando que el discípulo se desespere porque conoce su significado; silbará y silbará sin echarle un capote hasta que él consiga el resultado esperado. Permanece unos minutos, no ve nada diferente. Comienza a padecer el ajusticiamiento de la posición y se queja...) 

-¡Nada! El corazón... 



(El maestro, sin cesar el silbido, pasa sus brazos por los hombros del niño y le dirige acomodándole en la posición del loto. Le baja las manos y se las coloca, hacia el cielo, izquierda sobre derecha, en el regazo. Le propina unos golpecitos con los dedos en la coronilla. Acto seguido, le masajea el pecho para que el gesto le recuerde que debe cimentar la mente en la respiración. Silba... Al momento el discípulo grita victoria... ve esto.) 

- ¡Dos brazos! 


(Cesa de silbar)¿Y qué sostienen? 
- Mi cora... 
- ¡No me digas que tu corazón! ¡Fíjate bien! 
- Un reloj... de arena... 

(El discípulo está viendo esto. El maestro, para concluir el ejercicio, ultima su silbido elevándolo a una frecuencia tal que penetrará, en unos segundos, en la visión del niño. ) 

- Escucha, todos tenemos corazón y reloj... el corazón late y nos ata al espacio y la arena nos ata al tiempo, quien descubre el secreto de la flor amarilla puede rellenarlos de luz. Si permaneces en la superficie y te encaras al sol podrás iluminar tu corazón pero no tu tiempo. Debes aprender y dedicarte para iluminar tu alma completamente no sólo con luz solar sino también con la tuya, así... 



(El discípulo recibe el fogonazo causado por la alta resonancia del silbido y los brazos y el reloj se hinchan de color. Ve esto.) 

- Cuando domines la técnica, tú mismo podrás iluminarte y llenar tu vacío de luz. Haz otra marca junto a la que hicimos el año pasado. 



(Lentamente, se disipa el fogonazo y la imagen de los brazos y del reloj regresan al blanco y negro y se cambia el reloj por el corazón y un brazo se borra y regresan las luces de la superficie y el niño abandona la postura y la visualización y obedece susurrando esto y manteniendo en su memoria una imagen como esta:) 

- Un año... 



Bueno pues, el café me tiene como las cabras. Y la ratafía tibio como el fueguecito. Figúrate la magnitud del asunto que tras dar buenísima cuenta de los tres boniatos y pulirme las castañas (me quedan las almendras y el chocolate) he decidido, con mucho esfuerzo porque quemaba, apartar la estufa y aflojar los tornillos para retirar el tubo y ¡miro al fuego desnudo, en el suelo! 

La candela, soniqueteando pavesas y repiqueteando favilas (ya no suena Apocalyptica, ahora puse un disquito de Tomatito), me habla de misterio, un misterio así como de textura que se arde... madero, chimenea, humo y oxígeno... 

Vengan unos parrafitos en clave de una de las ramas de la nesciencia que es la filopraxis, ese arte de amar el despojo de las teorías...: 

Se dice que, en su adolescencia, la cultura helénica occidental, fluctuando entre épocas patriarcales (como el principio de la Edad Media donde el hombre vivía a caballo y bailaba con su lanza) y otras menos al servicio de la guerra y más al servicio de las mujeres o de la belleza (verbigracia, finales del s.XIX con el hombre maniquí de pluma y perfume, solo visibles manos y cara bajo gorro y capa, barbita de mosquetero...), se infectó de vanidad y, pecando de narcisismo y orgullo, dejando mártires y voceros de la catástrofe a su pasose arrancó de su simiente en la Tierra, en el mono, se encumbró al paso de los siglos y emergió resuelta dando por finalizado el Antiguo Mundo y aupó luces y se separó -¿mitosis?¿bipolaridad?- y desde ese instante fue dos -jinete y montura- lo que antes, hasta entonces, había sido uno -centauro-. (O, si no equino sino uro, minotauro). ¿O tal vez la escisión fue hace dos mil seiscientos, nada más nacer? 

Dos acotaciones. 

Primera, si Aristóteles fue el primero de los antiguos que advirtió el potencial pedagógico y económico de la filosofía y barrió el par de siglos que la cosa llevaba en marcha y sistematizó, clasificó y sentó cátedra poniendo en movimiento hacia los mundos bajo el sol, activando la circulación de lo que hasta entonces había permanecido estático en una cueva, Kant, en el extremo temporal opuesto, sacó el pito y la porra, se subió en una peana de rotonda y se puso a dirigir el tránsito. Fin del libre arbitrio, jaula con barrotes de razón. 

Yo creo, y Ortega-Gasset también (En verdad es al revés, primero lo cree él y luego yo.) que Kant es el prototipo de guardia urbano para regular el tránsito de los Kharmas. O sea, delimitando esta acotación y señalando su epicentro: las realidades performativas New Age y postmodernas son la cruz de la preformatividad que impuso al libre y dhármico devenir de los seres, imperativa y categóricamente, el filósofo mentado. Al estilo autoritario de un guardia urbano. 

Es un ejemplo de cruz, opino de que, misma moneda, el contrato contra-sexual de Beatriz Preciado. ¿Lo leíste? Ya lo comentaremos una semana de estas. 

Segunda acotación. Evidentemente, cuando arriba hablo de hombre y mujer no me refiero al individuo o al animal humano universal sino al hombre y la mujer helénicos y, en particular, al sector de alcurnia. Redundante sería advertir que si alguien busca en Grecia un hombre heleno puro, hoy día solamente va a encontrar tiburones financieros atiborrándose de carne social. Yo hablo del hombre despojo de la vieja Europa que, a estas alturas, ya no deja que el hombre americano le mire por encima del hombro. Los dos, tanto el europeo como el americano, han pasado al bando de las potencias caducadas. Ambos, hombres despojo. 

A todo esto, la máquina y la tecnocracia presionan y empujan y embisten y pronto cederán las últimas empalizadas humanistas políticas y sociales y entrarán a la Aldea Global... y los humanos serán robots y los políticos tecnócratas y lo social un enjambre virtual y mecánico de ciudades científicas y temáticas. ¡No se alcanzó la Ciudad de Dios y se van a lograr ciudades levitando y especializadas! ¡Ay qué alegría de evolución! Desde Aristóteles hasta Kant, ultreya, me asombra lo que propone Beatriz Preciado. 

Reinos de pensamiento finito, que lo son so capa de la irrisión y la subyugación del loco que nos habita... 

Por último, no me queda más que circunscribir esta acotación tanto en los cuerpos masculinos helénicos como en los cuerpos parlantes sin género del manifiesto contra-cultural. Ya volveré sobre esto. 

Conclusión y poesía. 

Conclusión, el mismo hombre que supo arrancarse de la Tierra y de sí mismo en cuanto animal y supo domar a su montura y cabalgar más allá del finisterre, ultreya, y toparse en el Oeste con un Nuevo Mundo que resultó ser el mundo redondo que regresaba, eternamente, abraxasmente, a nacer en Oriente, dejando a su paso un reguero de sangre y despojo y leña filogenética, y dejando a su paso un hongo de destrucción atómica, supo desmontarse de su animalidad y apañarse un cohete para subir a la Luna. O eso dicen. 

Poesía: Venus y Apolo 11, ¡qué ironía de romance entre la técnica y el mito! ¡Cópula selenita, un cuerpo hercúleo y helénico follándose una diosa de grandes mares tranquilos allí, en lo discreto e íntimo del espacio sideral sin atmósfera ni fuerza de gravedad terrestre! 

Y ahora, echándole un ojito al chocolate, ¡al teatro! No solamente de reflexión se escriben estas dragonteas. 

Se abre el telón... 



ESCENA 4El imperio de la física 

(Segundo encuentro, apostados en la marca que relaciona la entrada de la cueva con la sima de la trayectoria del sol circulando en nuestro firmamento. El discípulo, igual que hiciera la primera vez, de rodillas sentado sobre sus piernas; el maestro a su lado le recuerda los pasos del ejercicio: agradecer y convocar al sol un abraxas más, cerrar los ojos y mirar con los internos, enfocar el corazón, alejarse de la superficie en dirección a un reloj de arena. El discípulo recorre la secuencia en segundos sin detenerse en la imagen blanquinegra de los dos brazos que sostienen el reloj de arena, sino que la infla de luz y color e iluminado aparece en la escena, abrazado a su reloj de arena.) 

- Muchacho... 


- Sí, maestro... 
- Rompe sin contemplaciones el cristal del reloj y permite que se desparrame la arena... 
(Atemorizado) Pero... 
- Sin pero... rómpelo y deja que caiga la arena... no temas perderte de ti, sin tiempo también se sigue viviendo. De otra forma, empero. ¡Rómpelo!

Así, piedra en mano, sentado en un taburete bajo, ante un ripio de pino, saquito de almendras a la diestra, cubico de la basura pa las cáscaras a siniestra, fuego en el suelo, detrás, detrás de la puerta, un inmenso valle abierto hasta Collserola, casi cien kilómetros en el horizonte -uso el pirulí de telecomunicaciones que se ve a lo lejos para marcar la referencia del sol por la mañana; chiquito, en un obertura del paisaje, pegadito a Montserrat que cubre imponente y sinuosa el levante-, así prosigo la reflexión huyendo de la técnica, de la física y en general de la evolución. Regreso al centauro, me amparo en la falacia pre-trans de Wilber: ¡yo no quiero domar ni quiero espuelas ni quiero subirme a mí como caballo: quiero ser califa en lugar del califa! ¡Reivindico el centauro! ¡denosto a Teseo y tengo por vecinos minotauros! 

Con esto, quiero introducir esa relación interna entre lo menos racional de uno y lo más. Lo más occidental de uno y lo menos. Lo más diurno de uno y lo más selenita. ¿Lo más americano y lo más chino...? 

Inevitablemente, según y conforme las propiedades inherentes del sistema psíquico (o, mejor: paraje onírico) al que puedo referirme como yo y cuyo Número de Identificiación Fiscal es correlativo al de mi hermano mayor -el mío acaba en cuatro y el suyo en tres-, la elasticidad de mi pensamiento me regresa. Me trae al aquí y ahora, elástica y eternamente, desde la reflexión o la prospección por el universo y ese cierto tempotransitar que he efectuado hacia el parto de nuestra civilización helénica de veintiséis siglos de edad (¡toda una mocita!) en la cátedra de Aristóteles y hasta la peana en rotonda de Kant (y, ultreya, el manifiesto contra-sexual de la Preciado). Apunto mis pensamientos, ahora, aquende la materia y mi propio cuerpo. 

Tengo la suerte de haber nacido primo de amazona. Una tártara. Del Tartesios donde caen las puertas de Hércules. 

Intento ilustrar la relación o la simbiosis o la danza hombre-animal y lo primero que me salta a la memoria a corto plazo es yo montando a la "Malagueña". La cosa de las riendas y de las rodillas y la de su crin y su cola y nuestro paso y nuestro porte y la vida y la muerte y el amor... con quince años era capaz de salirme solo con la "Malagueña" a los olivos. Hoy creo que no me atrevería... en parte, porque no tengo la pierna derecha muy ducha y, quizás, el trauma del "miedo a caerse" se me haya enquistado en la valentía a raíz de lo de la Lucy y eso que ya contaré después. Sin duda alguna, si quiero ser honesto y cuadrar realmente las cuentas del año y presentarle a Abraxas mis resultados, este tema es crucial. El asunto de la Lucy, el típico lastre que arrastra toda empresa, aquél mal acuerdo, aquella pillada de dedos, que se chupó los beneficios del futuro y merma, día a día, el avance y el crecimiento. Eso luego. 

En verano, en agosto, a veces doce horas de Talgo y otras catorce de Seat Fura, íbamos al pueblo, de noreste a sur. Y, a los pocos días, encontraba a mi prima, y la merodeaba tarde a tarde, y, entonces, los tres veíamos propicia la jornada, y yo ayudaba a ensillar a la "Malagueña" y mi prima le daba unos golpecitos en el culo y nos abría el portalón y nos echaba a la vereda y, trotandico que aquella yegua tenía el ralentí muy alto, nos salíamos del pueblo y enfilábamos a los olivos y yo pilotaba y me sentía, me sentía... alegre... Y nunca era al alba, siempre era al atardecer. 

En verdad, antes de salir, mi prima la decía lo que teníamos que andar y cuándo habíamos de volver. Aunque, lo supe años más tarde (diez; con veinticinco, ya no era capaz de montar pero aún me atrevía a mirarles las pezuñas a las bestias), era un secreto entre ellas dos y para mí las riendas y los talones eran un puro volante y unos buenos pedales. ¡Urbanita! 



ESCENA 5: Señor, la jaula se ha volado, ¿qué haré con todo este miedo? 

(De trozos de cristal esparcidos por el suelo, el discípulo se ha herido oníricamente. Quizás pudo ser más cuidadoso, pero, en rigor, no quería romper el reloj de arena. Lo hizo obligado por su condición de discípulo; en consecuencia, se amparó en la valentía y no en la paciencia y tomó impulso y ejecutó, en lugar de planear y proyectar el proceso de ruptura. Abrazado al reloj se limitó a forzar el abrazo, apretando, hasta rebasar el límite de resistencia de los embudos de vidrio y estallarlos. 

El maestro a su lado lamenta el estilo del muchacho. Empero, él es el tipo de maestro que no se ocupa exclusivamente de la excelencia. Se entromete en el padecimiento del discípulo que se mantiene con la espada recta a pesar de la virulencia de sus pensamientos. Gentilmente, el maestro le sienta en la posición del loto, le sitúa las manos en el regazo y dirige la suya a la coronilla del niño y hace llover. En el interior. Estos movimientos acaban con su mano izquierda en el pecho para recordarle lo importante de cimentar el aire de la mente en el aire de los pulmones. 

Llueve en el interior del discípulo. Habla el maestro.) 

- En unos minutos se colmará tu dolor... 


- ¿Se calmará, maestro? 
- Se colmará. Se hará tan presente y amplio imponiéndose a tu inocencia que no concebirás ya la latencia inmaculada de la que te alejas abraxas a abraxas. Y las heridas de tu pecho y brazos sellarán. En realidad, esas heridas no son reales, son fantasmas, igual que el dolor. Memoria no real que se ha instalado en la mente por inducción o por silogismo, no por revelación instantánea. 
- Maestro, las palabras son difíciles... 
- Quiere decirse que sabes que el cristal roto corta. Y no puedes evitar transportar esa convicción a tus ilusiones. Esta lluvia que te arrojo en la cabeza lloverá intermitentemente y, al año que viene, será un mar. Acostumbrate a cambiar la visión del tiempo, de una cantidad de arena que sube y baja en tu reloj si te acuerdas de girarlo a una lluvia incierta que acabará por rellenar tu vacío... 

(En otro estadio de su aprendizaje, el discípulo azorado hubiese dado por buena su percepción y hubiese exclamado: "¡me ahogaré!" Sin embargo, esta vez detiene la pulsión y pregunta.) 

- ¿Me ahogaré maestro? 


- Tienes mucho tiempo para aprender a nadar. Ahora, sin tu reloj de arena, serás vagabundo de ti mismo. No te pierdas y que Abraxas te traiga a la tercera marca que vas a inscribir junto a las otras. 

(Acaban el ejercicio, descienden ladeando la colina y regresan a la cueva. El discípulo acarrea agua y el maestro enciende el fuego. Del armarito saca un saquito de harina, y levadura, sal, aceite...)

Me gustaría que dijesen de mi escritura algo parecido a lo que justificaba Enrique Morente de su cante: «no me importa si quedan fallos técnicos si puedo crear el concepto o acercarme al sueño del que nació la canción. Me importa más explorar y abrirle puertas al arte que regirme por una corrección y una exactitud completa». Siempre ahí, asomado en las ramas de la tradición, disparando al cielo girándulas de innovación y misterio. Descubrí su fórmula secreta y la aplico en la arquitectura de esta columna que, desde el día primero del año ciento veinticuatro, viene, a ladrillo por día, aupándose al cielo: «cabeza por la mañana y corazón por la noche». 

Me caí, forjando un punto o fulcro amnésico o reiniciador en mi trayectoria vital, de la moto. De la Lucy, una custom japonesa. Hasta hoy, cosas liminares de heridas y cicatrices, habría empleado los párrafos en el debate "me caí o me tiré; envía tu sms al 6660...". Ella, la Lucy, está ahorita mismo en una leñera, a cien metros de este teclado. La he vuelto a montar, y, es más -creo que narré la aventura el año pasado- me prestaron una Onda Shadow que es lo mismo que la Lucy pero "de verdad" y me hice las curvas del Garraf... estuve otra vez a lomos y bailé al compás de la velocidad y el asfalto... el miedo, si permanece, no me bloquea... 

La cuestión es lo cerquita que estuvo todo de acabarse. Estúpidamente. Y no es poco escribir hoy. Trincheras, campo abierto, soldados y metralla. Frente de Aragón, batalla de Málaga. ¿Dónde dices que ha ido ahora el poeta de Nueva York? ¿A Shangai? 

Me podía haber caído de un caballo, pero no, porque "Dios va en una Harley"... Vi cicatrizar las heridas en la pierna y vi disolverse las otras heridas. En verdad, no estaban ahí. Ilusiones, que aseveraría Eneko. 

El síntoma de la recuperación es que hoy no me discuto la intencionalidad o la casualidad del fenomenal batacazo que se complicó con una infección de un stafilococo llamado Marshall... me viene al pelo para mencionar la versión sevicia del plan Marshall (aquel que se enhebró al hilo de la segunda guerra mundial y de la propagación planetaria del dinero con rostro estadounidense) que ahora efectúa China en los países empobrecidos o masacrados (venta de armas, esclavización, devastación y robo de recursos etc...) por el primer mundo. Al parecer, en la mente aparecen cosas, por inducción o por silogismo, que en realidad, no están. Entonces, no me culpo o me doy la salve al respecto o, si soy culpable, entonces no me asqueo de la culpa ni la derrito ni la lavo ni la quito sino, mero, describo asombrado que estoy aquí, hablando de ello, vivo. 

¿Es poco? 

Estuve tres meses sin poder caminar con tibia y peroné fracturados: desde entonces cada día está siendo el "pronto volveré a caminar" ... hace ya bastante tiempo y cada mañana sigo preguntándome si ese día naciente sabré ponerme en pié y caminar... 

Y entonces, eso: cuando bailo ¡es único, mágico de verdad. Prodigioso! 

Algunos días ando mejor y otros cojeo imaginándome no la compresa de una coja, sino la sangre que recoge... 

¿No dicen que el hombre es un bicho en la falda de una montaña que tiene que subir un gran pedrusco a su cima y de allí caer cuando lo consiga? 

¡Pues que vuelva a empezar! Mañana, la última del otoño. ¡Hay que echar el resto! ¿hacen unas definiciones mientras entramos al teatro? Aquí van. 



Urbanita:

Código:

dícese del ser humano que nace en entorno urbano y en el interior tiene un vacío tan profundo que le da la vuelta al cosmos. Un vacío perforado mediante técnicas imagológicas practicadas al humanismo desde la santa inquisición hasta el Fondo Monetario Internacional pasando por Lehman Brothers, el libro 13'99 y la tensión energética que está acumulando el acelerador de partículas del CERN en Francia.



Campesino:

Código:

 descalificativo propio del urbanita sobre el ser humano que no nace en entorno urbano y que ridiculiza con su mera presencia -no huera sino animal en el centro- cualquier estética, pose, profesionalidad, estilo o tendencia que el urbanita use para ocultar su condición nimia, ripia y huera.

Acepción 2, ~ mitológico:



Código:

dícese del Prometeo que observando el panorama del urbanita en una encrucijada, triple crisis mundial ecológica, económica y alimenticia, corre a robarle el fuego y regresarlo al lugar de donde nunca debió quitarse: a las eras, al campo.



Aldea Global:

Código:

trama de polvo y tiempo y sueño y agonías donde habitan unos pocos gigantes y muchos enanos en un reino financiero superpuesto a otro reino biosférico que a su vez se superpone a otro fisiológico.



Habitante de la Aldea Global:

Código:

dícese de quien habita la Aldea Global, ya enano o gigante, ya campesino o urbanita.


Escena 6Pasar. Haciendo camino la senda que no volverás a pisar. 

(Para el discípulo, transcurre la primera estación del año de los cristales de tiempo rotos y de la lluvia creciente que acabará en mar.) 

(Un día de invierno, en el interior de la cueva, las velas del buda que preside prendidas. En silencio, el discípulo ora junto al maestro. Esta es una instantánea de los pensamientos del muchacho.) 

- ... 
- ... 

(Un día de primavera, en el interior de la cueva, las velas del buda que preside prendidas. El discípulo ora junto al maestro. Esta es una instantánea de los pensamientos del muchacho.) 

- ... 
- ... 



(Un día de verano, en el interior de la cueva, las velas del buda que preside prendidas. En silencio, el discípulo ora junto al maestro. Esta es una instantánea de los pensamientos del muchacho.) 

- ... 
- ... 



(El día anterior a cuando el sol regresando sobre sí mismo pasa por las marcas que viene inscribiendo el discípulo desde hace tres abraxas, maestro y discípulo orando en la cueva. Acaban y al levantarse, recogiendo los cojines, el discípulo ruega...) 

- Maestro: mañana quiero subir solo a la flor amarilla. Bueno, solo y con mis delfines, mis ballenas, mis tiburones y mis sardinas... 



(El maestro sonríe y se dirige al armarito. Alcanza un saquito de piel anudado por un cordel y se lo entrega al niño.) 

- Son setas, psylocibe. Todavía no las uses. No las necesitas. Tu flor amarilla no puede perturbarte y tu mar de pleroma aún no te ha parido y todavía no has salido del agua y no has notado livianas las columnas de aire en comparación con las de agua. Pero es bueno que te acostumbres a ellas. Dentro de muchos abraxas, cuanto tu flor amarilla sea mil flores amarillas y sus cuatro hojas sesenta y cuatro mil hojas y apenas reste agua de ese espacio, de ese mar de pleroma que ahora transitan tus cetáceos y tus bancos de sardinas, entonces, las setas te ayudarán a recordar estos años. Y, de igual forma, desde una altura que tu infancia no te ofrece, te ayudarán a recordar los anteriores a estos. ¡Disfruta de la vista mañana! 



(Al día siguiente, tras lavar su cuenco, el discípulo corre a trepar la colina. Comienza el ejercicio de la flor amarilla. En un momento dado, su mirar lo veríamos así.)

Andando. Esto es lo que ha dado de sí otoño, trece semanas. Y esto es lo que ha dado de sí mi tarde al caliu. 

Me quedan cuatro párrafos. ¿Los echamos o ya lo dejamos para después de Navidad? Dos semanas de abstinencia lírica, de ayuno literario, ¡voy a enfangarme en un milagro! 

Nada más pretendo hacer lo imposible o, usando conceptos menos rígidos y menos absolutistas: pretendo sacar algo de la oscuridad. De mis oscuridades. 

Venga, los echamos. Cuatro parrafitos. 

El primero es para el discípulo del teatro. En el ínterin, aprovecho este entre acto, minutos antes de asistir a la séptima y postrera escena, último cigarro, hilando unas ideas amarillas. Dice así: 


Naturalmente tenemos ansia de universo simbolizando al universo como problema filosófico, es decir, un problema al que se embarca uno sin saber si hallará o no solución o si hallará la solución que confirma que no hay solución. (Muy a contra de las ciencias, que solamente hacen de algo problema si lo pueden resolver y solo resuelven los problemas que se plantean e ignoran el resto porque lo que se puede hacer y lo que se puede resolver es lo único que toman en cuenta. Pero postergar algo, por ejemplo: la muerte, carece de validez. Igualito que la verosimilitud y la apariencia, sin vida, de la vida no vivida. Enfermedad arquetípica de la que se puede morir.) Sanamente, este ansia va en paralelo al crecimiento de los diferentes sistemas reticulares que tenemos en el cuerpo, el nervioso, el circulatorio, las sinapsis... a pesar de no conseguir verdades absolutas y precisas como las respuestas precisas que da la ciencia a problemas secundarios (a mí me suena a tratar de cocinar un pastel por raciones, ¿sabes?, en lugar de a lo tradicional: entero en el molde.), el viaje filosófico permite el contacto directo hacia un mundo en derredor que sentimos o presentimos completo, íntegro.

Este segundo párrafo que me resta antes de cerrar el chiringuito y levantar el vuelo es una apostillita al maestro del teatro. Dice: 


Mientras que el físico mira eslabón por eslabón, el filosofo se aleja a cada extremo buscando los eslabones que no tienen compañero... como si fueran dos piernas donde sujetar el paso de la humanidad... y si han reñido y una ha tratado de imponerse y desprestigiar a la otra, y si una le dice a la otra yo soy el puro conocimiento y tú pura teoría, acabado el mundo, se tendrán que hermanar y proseguir bailando, la física aquí y la filosofía allá, con lo inefable.

¡Ea! Tercer y cuarto párrafos. Estos los escribí pensando en ti y en mi productor y en mi mecenas. Pero, a quién más va dedicado es a Abraxas. Espero que le salde. Explican lo siguiente: 


Estoy ultimando una novela autobiográfica y con muchas ideas, fragmentada, de relatos, cuentos, diarios, poemas, crónicas, artículos, críticas y yo qué sé qué más he metido, todo muy orgánicamente vertebrado por mor o por muerte del tema central que -esto ya lo argumenté la semana 1 y presenté el storyboard- son los zombies y la parusía, que he intitulado "Paso página", cuya primera frase será (muy a rigor prospeccionador, vencida la procastinación, sin ya nada de insurgencia, hipostática, histriónica e irrisoria dispensa de juventud si el joven vale por lo que será y no por lo que es, eso dicen, yo no participo de esa relación secuencial niño/hombre/viejo -¿puedo hacerlo sin sufrir tu descrédito o a ti los matasanos tampoco te han extirpado la piedra de la locura?-, yo tiro por la línea: camello/león/niño, ¿o no, amiguitos? Renuncio al rol del adulto -Permíteme un chascarrillo barriero: "a la Wendy vino y al Peter farlopa"; ¿lo argumento? pues la uva que se convierte en vino y el polvo de estrellas me simbolizan la mística y la técnica, ambos elixires de prodigios pero cada uno con su colateralidad y su idiosincrasia; la mística, parece, emborracha de espíritus y la técnica, ¿no?, te pone en órbita a mil por hora, como la cocaína. Fin del chascarrillo y de su argumentación, prosigue el paréntesis: renuncio al rol del adulto- para mejor renunciar al rol del que sabe sobre el que es nesciente, ¡sin caer en la dictadura del nescientado! Me limito, dejando vivir y dejando trazar y rayar el devenir al gusto [carreteras, líneas de muy alta tensión, trazos de marketing inscritos en la población para adaptarla a la producción, etc...] a no usar líneas de tiempo, o, si las manejo entonces las supedito a la eternidad donde me he instalado no como un principito pero sí como un Sancho en su ínsula o un Copérnico en el resto de su vida cuando ya ha asumido que la verdad no resquebrajará la mentira en su época sino varias generaciones después... no mi verdad sino la que habitamos en Gaia): «Yo me fumaba hasta las colillas y acabo de arrojar al fuego -un fuego de chimenea, abierto (...)- la última o la penúltima.»

A su vez, esta conjunción es primera y última frase. Al final de la acotación en la segunda premisa, simbolizado por los puntos suspensivos que encierran los paréntesis, va el cuerpo de la novela, ¿entiendes? 


Si quieres apoyar la empresa, te digo cuál es la página web de la cooperativa alimenticia a la que estoy suscrito y tu mismo, o tu misma, me encargas las hortalizas y las carnes (el otro día, subiendo la ladera, me asaltaron los espavientos e hilaridades de una matanza del cerdo que habría de estar sucediéndose en alguna parte del valle, seguro que sus chorizos, sus chuletas &co. acaban en la cooperativa.)... es muy sencillo, solamente entras en la tienda virtual, te pone una foto de las cosicas de temporada, tú echas cuenta del euro con que quieres contribuir o de los mil que tienes pa mí, y allí, abajo de la foto de cada hortaliza, hay en pequeñito para que escojas la cantidad de producto a adquirir, automáticamente te sale el precio y un botón: añadir al carrito, pues nada, tú me lo metes, y así... luego te digo cuál es el número de los carroñeros que manejan la cuenta bancaria y tú ingresas. En cuanto José reciba el pedido y el ingreso, ¡me lo trae a casa! o si quieres, mucho más sano, quedamos y te traes las viandas y te las cocino en la parrilla, ¿cómo te llamas?, mi email es [gallardonegro@correo.nu], ¿conoces el servidor correo.nu? es muy malo pero está en román paladino... ¡ay qué ver lo henchida que tengo el alma y lo enjuto y escuálido de mi figura!

¡Agur si la muerte 1 o la muerte 2 no se nos llevan! 



Escena 7Tres heridas 

(Han pasado varios años. El discípulo, un hombre, abandonó la cueva y campea por el mundo. Siempre se preocupa de conectar con el maestro, envía cartas al poblado para que se las suban a la cueva. Esta vez, él recibe una carta del maestro. Es la primera que le llega. Y, cuando acaba de leerla, se da cuenta que es la última. 

Ahora vive en un piso pequeño de Calcuta. Escribe, y con la guitarra y la filosofía, trata de no perder del todo su cuerpo. Escuálido y enjuto. A pesar de todo, consigue colar algunos artículos, algunos relatos. Para ser preciso, consigue colar microartículos, microrelatos, porque la actualidad, en esa época, en la urbe, va aceleradísima y a penas si discurre en el instante. Siempre saltando de momento en momento, no hay tiempo para cuentos largos. El hombre ha entrado en el vestíbulo del bloque y guarda la carta en uno de sus bolsillos. Cierra el buzón. Sube cuatro pisos a pata a pesar del ascensor. Entra en el piso. Suelta la mochila, abre una lata y rasga la carta. Lee en voz alta, en un recorrido emocional desde la ataraxia hasta lo frenético para de nuevo regresar a la ataraxia. En el trayecto se le desprende una lágrima, exactamente una, y una sonrisa, o quizás varias. ) 

- Llegó con tres heridas: 
la del amor, 
la de la muerte, 
la de la vida. 

Con tres heridas viene: 


la de la vida, 
la del amor, 
la de la muerte. 

Con tres heridas yo: 


la de la vida, 
la de la muerte, 
la del amor.

p.d.: Ya no me busques en los bares. ¡Qué pague dos euros por un quinto tu puta madre! ¡Nos vemos en la plaza, con la litrona! 



p.d: El hombre guardó la carta en su maletita de recuerdos. Al hacerlo se detuvo unos instantes en el saquito de setas y pensó, ya que aquellas se habían pasado, en hacerse con unas pocas y probar. Ciertamente, ya no guardaba ni rastro de aquella inocencia original, todo cubierto de tallos y pétalos, tubos y radiadores.


La base de datos está protegida por derechos de autor ©espanito.com 2016
enviar mensaje