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¿Qué decir de Yoko Ono que no se sepa? O quizá ¿qué decir que se sepa?


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Oh Yoko!
¿Qué decir de Yoko Ono que no se sepa? O quizá ¿qué decir que se sepa?
Transitando entre el genio y la impostura, todo (o casi todo) se ha escrito sobre la viuda más famosa del mundo, como ella misma gusta señalarse. De momento, es la segunda en esta lista de canciones con nombre propio de mujer, de la mano de Mary, de quien dijo Jimi Hendrix que fue su Yoko Ono. En este artículo viraremos 180 grados del propuesto en el primero, algo que Kathy no consiguió con Jimi pero Yoko Ono sí: la mujer como persona respetada, amada, tratada como igual, colándose en la definición de feminismo que proponíamos en la primera entrega: “todo el mundo ser educado con todo el mundo”.
Si Mary y Yoko van de la mano en esta lista de canciones, en la descripción del Swinging London que hizo la primera en su libro Through Gypsy Eyes, también habitaba la artista conceptual del grupo Fluxus. Aquel escenario fue el lugar exacto donde dio comienzo La balada de John y Yoko, en concreto en la Indica Gallery, un 9 de noviembre de 1966, con motivo de una exposición de las obras de la japonesa que había patrocinado Paul McCartney. Por entonces, el vanguardista de la banda de Liverpool era el otro beatle, pero fue Yoko quién inoculó con vehemencia este germen en Lennon. En seguida, el autor de Help! quedó maravillado del tono positivista con que vestía el vanguardismo la japonesa, una mujer de educación destapadamente exquisita (procedía de la aristocracia nipona y fue compañera de escuela del ahora emperador Akihito) cuyos conceptos estaban alejados del anti todo que caracterizaba esta corriente en los 60.
De esta suerte, The Beatles consiguieron dar un giro al pop de los primeros sesenta y se convirtieron en la banda referente de la época gracias al vanguardismo inicial de Paul McCartney, al despertar a la espiritualidad de George Harrison y a la influencia de Yoko sobre la música de Lennon. De aquella alquimia surgen sus mejores obras (Revolver, Sgt Pepper´s, White album) dando inmediatamente un gran empuje a la psicodelia (por cómo es recibido el Sgt Pepper´s, parece que la psicodelia es inventada por ellos mismos) y al arte conceptual aplicado al rock.
Dicen los detractores de Yoko Ono que su éxito no habría sobrepasado el reducido estrato intelectual que solía seguirla antes del 66 si no hubiese conocido a Lennon. Con abierta maldad le adjudican un solo mérito a su currículo: ser la silenciosa detonante de la separación del grupo más importante de la música moderna. Y utilizan como evidencia el vídeo sobre la grabación del álbum Let it be. No voy a opinar de lo primero, es pura inferencia, con alta significación estadística pero inferencia, y como el tiempo manda, lo ocurrido ha ocurrido y punto. Con respecto a lo segundo, que por culpa de Yoko Ono se deshicieran The Beatles no estoy en absoluto de acuerdo. Las desavenencias entre los cuatro de la rivera del Mersey eran públicas antes de que irrumpiera la artista oriental. También es inferir, pero coincidirán conmigo en que The Beatles no habrían aguantado unidos mucho más tiempo, y sus canciones no se hubiesen alojado en la cima del éxito si no es por esta oportuna separación. Aunque esta es otra historia, más se puede añadir, Lennon no habría sido Lennon sin esta secesión, y su obra conocida no hubiese existido sin Yoko.
En efecto, ya desde los años tardíos del beat, Lennon fue elevando su tono de creatividad de la mano de Yoko. Parece que abducido por ella, reconfortado en su abrigo, se rebautiza con Ono como su sobrenombre y lo utiliza -Plastic Ono Band- en los créditos de sus primeras canciones en solitario. Pero también de la mano de Yoko, John Lennon recupera el trono que le había arrebatado McCartney en The Beatles, y lo catapulta a lo más alto de la fama mundial y del respeto de sus coetáneos, convirtiéndose en un icono de la cultura pop y en uno de los individuos más comprometidos con la causa social del siglo XX. La nipona, por su parte, con gran olfato para el estrellato, encontró en John su escalera al cielo, y ya con él de protagonista vuelve a experimentar todo lo que ya había hecho antes del 66. Como un solo ente, la pareja se erige en adalid de la contracultura y la política de izquierdas de su época.
En una relación de equilibrio sin precedentes, la Balada de John y Yoko reparte arte, originalidad y esfuerzo por igual. De su baile en pareja destaca la performance más famosa de la historia. Se trata del Bed in for the peace, una luna de miel-protesta contra todas las guerras. Ocurrió después de su boda en Gibraltar, en la roca del fin del mundo. Las letras de The ballad of John & Yoko así lo recitan:
Os podéis casar en Gibraltar, junto a España" 
¡Cristo! no es nada fácil 
Ya ves lo difícil que puede ser 
Tal y como van las cosas 
Acabarán crucificándome

¡Qué razón tenían cuando presagian que va a ser crucificados! Ese junto a España les costó que esta canción estuviese censurada en la patria de los antecesores de Esperanza Aguirre.
Por el contrario, en los rincones democráticos del planeta, la luna de miel se presenció de otra manera. Yoko Ono propuso que todos los soldados se quedaran en la cama en lugar de ir a la guerra. Y en un acto de singularidad también sin precedentes, fue lo que hizo la pareja, pasando su luna de miel encamada una semana en el hotel Hilton de Amsterdam. Tal éxito causó el Bed in for the peace en tierras europeas que repitieron la escena allende el Atlántico, en Montreal, con un no menos estrambótico intermedio en Viena donde siguieron con el performance dando una rueda de prensa dentro de una bolsa (el Bagism). El fin de fiesta en la parte canadiense fue grandioso saldándose con el himno antibélico por excelencia coreado por gente de la contracultura como Timothy Leary y los últimos beatniks, aparte de músicos y todo tipo de artistas y gente de bien que habían peregrinado a los pies de su cama a decirle al mundo que la Paz merecía una oportunidad.

Originalidad aparte, si Kathy Etchingham ha reclamado un Feminismo auténtico, el que garantiza la igualdad de derechos y oportunidades para la mujer, Yoko Ono lo ha conseguido plasmar a lo largo de toda su carrera: antes, durante y después de haber convivido con el músico más influyente de la Historia. Y lo ha resuelto modelando la ética y la estética de Lennon, forjando su mito, participando en la Balada a partes iguales. Aunque malentendida y vilipendiada, ha interiorizado con elegancia las tildes de viuda más famosa y de impostora, y cuando se le pregunta por el tipo de artista que es, su respuesta es tan conceptual como sofista: "Yo trato con la música de la mente”. Y si expiamos en la lista de los que se han declarado públicamente seguidores de la japonesa, es amplia y traspasa las fronteras de los muchos participante en la Plastic Ono Band, englobando a algunos de los músicos más respetados de la escena americana en la new wave de los 80: el exótico David Byrne (Talking Head), las eclécticas Cindy Wilson y Kate Pierson (B-52) o la icónica Debbie Harry (Blondie).



Con este preámbulo, pienso que Yoko merece aparecer en esta lista de canciones con nombre de mujer. En la discografía de Lennon hay muchos temas para ella: explícitos (Oh Yoko!), implícitos (Julia), de beatle (The ballad of John and Yoko), post beatle (Woman), que hablan de su ruptura (You are here), para empezar de nuevo (Starting over), que quedarán grabadas para la eternidad (Imagine), incluso póstumas (Forgive me my little flower princess). He escogido la primera, se compuso apenas dos años después del Bed in for the peace y habla sencillamente de amor.
https://youtu.be/6u2h924m4IE
Aunque parezca eclipsada por la gloriosa Imagine del álbum del mismo nombre, no hay nubes suficientes que puedan cegar el amor que transmite Oh Yoko!. Mientras Imagine es la canción por excelencia, es insigne, es atemporal, es la mensajera de la Paz, de la Solidaridad y del Amor con mayúsculas; Oh Yoko! es la canción del amor cotidiano, del amor percibido en los silencios, del amor que no necesita constantemente un te quiero, del amor sin grandes gestos, del amor sencillo, cálido y tranquilo, del amor que habita en la mente del que ama por cada cosa –grande o pequeña- que haga su amada. Del amor en minúsculas.

En el medio de la noche 
En el medio de la noche yo digo tu nombre 
Oh Yoko,

En el medio del baño 
En el medio del baño yo digo tu nombre
Oh Yoko,

En medio de un afeitado 
En medio de un afeitado yo digo tu nombre 
Oh Yoko,

En medio de un sueño 
En medio de un sueño yo digo tu nombre 
Oh Yoko,

En medio de una nube 
En medio de una nube yo digo tu nombre 
Oh Yoko,

El arte ha contado el amor de mil maneras. Algunas de las amadas se recordarán por los siglos por ser el blanco de amores enajenados (la Dulcinea de Don Quijote), de amores apoderados por la pasión (la Mathilde de Wagner) o de amores imposibles (la Carlota de Wherter). Con seguridad, millones de mujeres anónimas en el pasado, en el presente y en el futuro habrán sido, son o serán depositarias de cualquier tipo de amor. Más ninguno se habrá explicitado tanto, se habrá mediatizado tanto, se habrá tarareado tanto por la especie humana como el amor a Yoko.


Oh Yoko, oh Yoko, mi amor te volverá loca
Mi amor te enciende 

Empequeñecida por el amor cotidiano, la parte técnica de la canción Oh Yoko!, nos ocupará unas pocas líneas. Destaca que fue la primera y última vez que Lennon usaría la armónica fuera de los Beatles. También que se acompañaría de un batería de excepción, Alan White, de los Yes, habitual en The Plastic Ono Band. Como el bajista, Klaus Voormann, también conocido por sus fotografías o por haber contribuido en el Concierto para Bangla Desh con el que se estrenó George Harrison en solitario. Pero sobre todo, la canción y el álbum Imagine se distinguen porque su producción fue compartida entre John y Yoko con el denso, iracundo, bipolar (y ahora recluso) Phil Spector.


En definitiva, Oh Yoko! es el paradójico cénit de una historia de amor escrita con letra pequeña. Aunque, sí, también retransmitida en directo desde su origen –pronto hará 50 años-, elogiada y malmirada a partes iguales. Curiosamente, la mayoría de las críticas que he leído sobre este amor ella están firmadas por mujeres. Dicen sus detractoras que las letras de las canciones de Lennon, más sus inmoderados gestos de empalagoso enamoramiento también se han traducido como la dependencia afectiva de un niño por su madre. Yoko representa lo femenino, el sustento, la nutrición y el amor incondicional. Deducción interesante. Más si recordamos que John Lennon fue educado por la sobreprotectora tía Mimi y encontró en Yoko una madre sustituta a la suya ausente (Julia). Es justo lo que hierve en la última fotografía en vida del músico, la que le hizo Annie Leibovitz la misma tarde del día que que falleció: él aparece desnudo en posición fetal al lado de Yoko, en un gesto de viva dependencia. Mientras, ella no ha querido quitarse la ropa y su cruda mirada delata a una mujer distante... Una compasión que también solloza Lennon en las canciones de su último disco. Esa sempiterna teatralización de que no existe el amor mutuo, que en una pareja uno quiere y otro se deja querer.
Mujer, sé que entiendes
El pequeño niño dentro de un hombre
Por favor recuerda mi vida está en tus manos
Y Mujer, mantenme junto a tu corazón

Amante, madre o compañera, Yoko ha protagonizado la vida y obra del Lennon de los 70. No importa si fue genio o impostora, lo que realmente interesa es cómo la percibe…y sobre todo cómo le canta. Así, ya no nos sorprende ninguno de sus gestos. Muchos explícitos, diríase que con difundida inocencia. Otros, recuperando un perfil de niño desvalido, tímido, con callada observancia. Pero todas sus acciones siempre se han mantenido dentro de los límites del feminismo que propone Caitlin Moran: “ser todo el mundo educado con todo el mundo”.
Con todo, la relación sentimental de John y Yoko pasó también por momentos tormentosos que igualmente fue radiada a los cuatro vientos. La artista conceptual ya tenía una larga experiencia en este tipo de inclemencias: Lennon fue su tercer marido, y con los otros dos (el músico Toshi Ichiyagani y el productor de cine Anthony Cox) vivió relaciones turbulentas que la llevaron en más de una ocasión a los tribunales. Así, la Balada de John y Yoko pasó por momentos poco luminosos y llegó a apagarse temporalmente durante 18 meses, en el que Lennon buscó en su asistente May Pang -también japonesa- una sustituta a Yoko.
Esa separación temporal, lo que John Lennon llamó “un fin de semana largo” coincidió con una época de escasa (y mala) producción por parte de los dos artistas. Hay quienes explican esta sequía por la falta común de recursos; lo cual no debe sorprendernos pues algo similar ha sucedido con casi todos los músicos de su generación que han llegado vivos al nuevo milenio. Pero en la justificación de Lennon a ese estiaje transitorio existe un añadido más que nos incumbe a los ginecólogos: Yoko Ono padecía abortos recurrentes. Sabemos que el sentimiento de frustración de una mujer ante esta pérdida es muy, muy alto. Y como le canta en la canción Oh Yoko!, la postura de John Lennon en este trance es hondamente loable: en medio de esos momentos también la tiene en su mente. De esta suerte, le dedica uno de sus primeros álbumes experimentales en solitario, el Unfinished Music Nº 2. Life with the lions de 1969. La foto de su portada presenta a la pareja abatida en la habitación del hospital donde ella había sido sometida a un legrado uterino. Además, dos de los tracks del disco son dedicados a la triste experiencia: el Baby's Heartbeat, una grabación de los latidos del bebé cuando estaba vivo, seguido de Two Minutes Silence, un memorial por la pérdida y –en palabras de la propia Yoko- “por toda la violencia y las muertes del mundo”.
Como apuntaba, la pareja del amor ilimitado también tuvo sus días tormentosos, pero el reencuentro resultó enseguida en un nuevo embarazo para Yoko. Esta vez la japonesa no esperó a la pérdida espontánea y rumió con la idea de interrumpirlo voluntariamente. Pensó que quizá no era el momento más adecuado y que Lennon no lo quería.
¡Ah, pero Lennon lo quería!
El de Liverpool lo dejó todo para dedicarse a la futura madre. La de Tokio, siguiendo la creencia nipona de que un hijo nacido el mismo día que su padre hereda su talento, se provocó el parto el 9 de octubre de 1975. El hecho despertó otro amor desconocido para Lennon y continuó embebido, ahora también en el cuidado de su Beautiful Boy, Sean. Abandonó la producción musical, recobró su relación con Julian, el hijo que tuvo con Cynthia y, en cierta medida reparó la felicidad que le fue robada de su infancia. Pasaron cinco años para que John y Yoko volvieran al estudio de grabación. Lo hicieron con la canción (Just like)Starting over justo tras el quinto cumpleaños de Sean y el cuadragésimo de John, en octubre de 1980. Este tema, aparte de encabezar el álbum Double Fantasy, estuvo cargado de intenciones. Se ofrecía a su familia y a sus amigos, a quienes pensaban felicitar la incipiente Navidad con la foto de su portada. Pero la noche del 8 de diciembre, cuando lean este artículo justo se habrán celebrado los 35 años, al volver del reportaje fotográfico de Annie Leibovitz, John no quiso cenar fuera sino que prefirió volver a casa antes de que Sean se hubiese ido a la cama. En el portal del edificio Dakota lo esperaba Mark David Chapman pidiendo un autógrafo para el nuevo álbum… Cinco ha sido un número maldito para John Lennon: su padre lo abandonó cuando tenía cinco años, él mismo se separó de Cynthia cuando los cumplió Julian (la canción Hey Jude de McCartney se encuadra en ese momento)… Sean quedaría huérfano a la edad de cinco años. El enajenado disparó cinco balas de su americano revólver en el cuerpo del ex Beatle. No solo no permitió la vuelta a los escenarios del que sigue siendo el genio más importante que ha dado la Historia de la música moderna, tampoco fue consciente de dar paso a su leyenda…y a la de la viuda más famosa del planeta.
PD: como muchos otros neoyorkinos, el joven matrimonio Smith despidió a John en Central Park ese fatídico diciembre. La propia Patti Smith perdió años después a su marido, y se ha fijado en Yoko como “un ejemplo de llevar la viudedad, de hacer su propio trabajo, de mantener a sus hijos, de encontrar alegría en la vida llevando a sus seres queridos caminando con ella”. En el 30º memorial por John Lennon, en el también neoyorkino Beacon Theatre, Patti Smith nos regaló a sus incondicionales con un cover de Oh Yoko!.
https://youtu.be/OXMM1pijmq8
Ella, que es la diosa auténtica del Feminismo, será nuestra próxima protagonista.


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